Capítulo 42

Solo creemos que estamos vivos

Atención para aquellos a los que no les guste el gore y la violencia. Este capítulo trata sobretodo de Ethan, creo que con eso lo digo todo. Para mí ha supuesto un reto hacerlo casi en su totalidad desde su perspectiva, si seguís adelante solo espero que os guste y que os perturbe ya que esa es la intención con que lo he escrito.

Muchas gracias por vuestra atención, y ahora….

No siento nada… Solo una profunda concentración.

Todo se desarrolla ante mis ojos con una claridad capaz de hacer enloquecer hasta a la mente más sensata.

Por suerte yo ya no tengo que preocuparme por eso…

Mientras conduzco desecho todas las emociones salvo una, la ira.

La venganza es una necesidad tan intensa que logra que incluso respirar sea algo superfluo, una chuchería para alimentar la debilidad de las personas.

Manteniendo las distancias por el momento sigo al tanque en el que el Gobernador ha huido sin preocuparme por perder su rastro, ya que sé que él persigue al autobús que ha salido de la prisión, en cuanto lo alcance lo hará pedazos y luego… Luego se relajará porque su trabajo estará hecho.

En ese mismo momento empezará el mío.

Porque él nunca debió tocarla.

Mi Beth.

Mi Reina.

La dueña de mi corazón muerto.

Miro al asiento del copiloto, ella debería estar ahí sentada juzgándome con la mirada antes de reírse al saber de sobra que mi pasión por provocar el caos no tiene remedio.

O mejor dicho tenía, ¿quién habría dicho que la cura sería su vida? Aunque no sé hasta que punto le gustaría ver el resultado del nuevo monstruo que asoma en mis ojos.

O quizá sea el mismo de siempre, solo que sin ninguna correa que lo sujete para obligarle a contenerse.

Mi sonrisa muerta se estrella contra el retrovisor mientras la carretera va quedando detrás.

Ahora solo yo puedo darme órdenes, ya no soy súbdito de una voluntad ajena, por fin soy completamente libre.

Porque ahora yo soy mi propio Rey, y no dejaré vivir a nadie sin pagar un precio a cambio, diablos, puede que ni siquiera entonces.

¿Por qué tendría que tener piedad?

El juego está a punto de ser tan brutal como siempre deseé que fuera.

Y esta vez ninguno saldrá con vida.

Al anochecer encuentro el autobús ardiendo y al Gobernador sentado sobre el tanque observando a los caminantes que se acercan atraídos por las llamas.

Paso por la cuneta despacio sin que me hagan caso ya que el coche entero está recubierto con tripas y sangre de esos seres.

Poco a poco me acerco hasta donde está él.

-Buen truco.- Me dice cuando me detengo y bajo la ventanilla. –Sigues vivo.-

-Que va,- niego haciéndole una seña para que suba al coche. -¿Es que no te has enterado? Todos estamos muertos, solo creemos que estamos vivos, pero nos equivocamos.- Digo arrancando.

-Puede que tengas razón,- me dedica una mirada de reojo. –Pero para ser cierto tienes un aspecto estupendo.-

-Tú sin embargo solo te diferencias del resto de caminantes porque aún hablas,- me burlo, -¿cómo perdiste la nariz?-

-Me lo hizo la hermana de Maggie.-

-Beth.- Digo su nombre orgulloso por su fiereza.

-Sí, ella.- Me mira evaluándome, -creí que nadie de allí te caía bien.-

-Reconoce que ella tenía unos ojos de hielo.- Digo cogiendo la jeringuilla con cuidado.

-Solo era otra puta estúpida… ¿Sabes?- Se acomoda mejor en el asiento, -la verdad es que cuando llegué en parte me sorprendió ver la prisión intacta, suponía que después de tanto tiempo ya la habrías reducido a cenizas.-

-¿Entonces por qué fuiste?- Pregunto curioso.

-Por si no lo habías hecho.- Me apunta con una pistola y su ojo sano de entrecierra tratando de enfocarme. -¿Qué…?- Murmura confuso.

-Has sido demasiado lento,- digo mostrándole la jeringuilla vacía.

-Tú…- Trata de golpearme pero acaba cayendo de boca sobre mi paquete, lo que me hace poner los ojos en blanco.

-Eso no va a conseguir convencerme de que te mate rápido.- Me detengo para colocarle correctamente en su asiento y abrocharle el cinturón. –Sé que no me oyes, pero dado que no me volaste la cabeza en cuanto subiste al coche, el único puto estúpido que hay aquí, eres tú.- A duras penas me contengo de sacar el juego de instrumental quirúrgico que guardo en la guantera.

Me encantaría arrancarle la piel del rostro que le queda aquí y ahora, pero no es el momento… Todavía no.

Además, no sería suficientemente doloroso, y el Gobernador tiene que sufrir, a ser posible tanto que aunque desee pedirme que le mate lo único que consiga salir a través de sus labios sea un grito de agonía.

Entonces y solo entonces puede que me dé por satisfecho.

Me despierto atado a una camilla, por lo que poco que puedo ver parece que me encuentro en una especie de hospital.

-No deberías moverte tanto.- Me aconseja Ethan entrando en mi campo de visión. –Vas a hacerte daño.- Dice echándose a reír, como si encontrase la situación tremendamente divertida.

-Oye, no debí apuntarte con la pistola, es cierto.- Digo intentando excusarme para que me libere.

-Te equivocas, lo que debiste hacer fue disparar bastante antes.-

-¿Esto es por la chica?- Pregunto empezando a ponerme nervioso al recordar las palabras que ella dijo antes de que los quads le arrancaran los brazos de cuajo.

-Evidentemente,- dice apoyando una sierra para cortar huesos sobre mi abdomen.

-Si crees que me asustas con este numerito…- Niego dispuesto a no ceder, no he pasado por un infierno para que un niñato logre intimidarme a la primera de cambio.

-Ssshhh.- Me pone sobre la boca cinta adhesiva, -no quiero asustarte, solo con eso no me bastaría. Quiero que la próxima vez que me veas te cagues encima de miedo,- se acerca a mi oído, -quiero aterrorizarte mientras te amputo miembro a miembro.- Se separa y pone su cara sobre la mía. –Y lo voy a conseguir.- Me advierte de nuevo con una gran sonrisa enloquecida en los labios.

Con una elegante floritura coge la sierra y empieza a cortarme el pie izquierdo, abro mis ojos al máximo al sentir el dolor de mi carne siendo cercenada.

Trato de gritar pero me es imposible, desesperado me revuelvo, pero las correas que me sujetan a la camilla son firmes, un chirrido se oye paralizándonos a los dos por un segundo al chocar la sierra contra el hueso.

-Puede que esto te duela mucho.- Dice Ethan jovial, como si en lugar de torturarme me estuviese pasando una cerveza fría.

Para cuando acaba o eso creo estoy agotado, solo quiero llorar, eso y un arma para volarle la maldita cabeza.

-Dime una cosa Phillip. ¿Quieres morir?- Le miro transmitiéndole todo mi odio, cosa que parece que le regocija. –Buena respuesta, gran espíritu de lucha, envidiable en verdad.- Vuelve a desaparecer de mi vista. –Veremos cuanto tiempo eres capaz de mantenerlo ¿te parece?- Y entonces me quema el muñón para evitar que me desangre, sentir como quema mi carne y huesos es más de lo que soy capaz de aguantar.

El mundo se desvanece con un desagradable olor a parrilla quemada inundándolo todo.

…..

Cuando pierde el conocimiento termino de cauterizarle la herida, le doy crema antiséptica y vendo el muñón.

A continuación limpio y desinfecto el instrumental que he usado.

Una vez hecho le dejo solo y subo las escaleras hasta el despacho del rector de la universidad veterinaria, desde que logré limpiarlo tras la visita de Daryl y su grupo este lugar ha resultado ser bastante tranquilo, siempre claro, que no hagas demasiado ruido que atraiga visitas indeseadas.

Con ayuda de Beth para cubrirme cuando venía hasta aquí fue bastante fácil, alejé a los caminantes del exterior con radios de música y con los del interior me limitaba a encerrarlos en una habitación antes de hacer estallar bombas caseras hechas con metralla.

Luego simplemente tenía que entrar y atravesar los cráneos de todos para asegurarme.

Fueron dos semanas de intenso trabajo pero valió la pena.

Suspiro satisfecho dejándome caer sobre el caro sofá de diseño, de alguna manera esperaba traer aquí algún día a Beth, hacer de este sitio nuestro hogar, libres para ser tan violentos como quisiéramos con los incautos que lográsemos arrastrar hasta aquí.

Por ello me esmeré para convertir los quirófanos en pequeños cuartos de juegos, aunque cuando me imaginaba pasando el rato ahí, creí que serían Ale o mi hermanita quienes ocuparían esas camillas los primeros.

La vida da muchas vueltas sin duda.

El Gobernador nunca se me pasó por la cabeza, cometí el error de olvidarle, justo como hicieron el resto de idiotas de la prisión.

El alba está a punto de asomarse por la ventana con vistas al bosque, aunque para mí es hora de dormir, los ojos se me cierran y entonces vuelvo a verla… Preciosa, fuerte e inteligente.

-Beth, no sé qué hacer sin ti.- Digo cayendo de rodillas ante ella, solo para darme cuenta horrorizado de que he caído sobre sus brazos.

-Sí que lo sabes, demasiado bien de hecho.- Se arrodilla frente a mí, como si estuviese perfectamente bien. –Pero por favor, por favor,- me ruega, -no lo hagas, cuando acabes con él no les busques, déjalos ir.-

-No.- Niego molesto porque me pida eso ahora.

-Si me quisiste hazlo por mí.-

-Si siguieses viva lo haría.- Le aseguro, -pero estás muerta y esto no es real.-

-Sigo siendo tu Reina,- dice autoritaria.

-No,- niego despacio –tú eres un cadáver.- Digo atravesándole el pecho con mi mano para arrancarle el corazón y demostrar mis palabras, pero ella no hace nada, ni siquiera una mueca ante mi ataque.

-Si te empeñas en recorrer ese camino morirás.- Me explica con la sangre cayendo del agujero de su pecho.

-Sin ti ya lo estoy.- Replico sintiéndome cansado por tener que estar constantemente alerta.

-Si no eres capaz de vivir por mí, entonces no me querías tanto como decías que lo hacías.- Parece dolida, como si la hubiera traicionado de alguna manera.

-Tal vez.- Digo encogiéndome de hombros incapaz de soportar la fría ira de su mirada azul.

-Entonces recuerda esto, si muerte y sufrimiento es lo que buscas, eso será lo que acabarás encontrando.-

De pronto estamos en el patio de la prisión, bajo el sol ardiente y ella está intacta.

-Beth…- Apoya sus manos suavemente sobre mis hombros antes de besarme despacio en los labios.

-Adiós Ethan, yo sí que te quise de verdad, me habría ido contigo de aquí sin mirar atrás.- Da un paso para alejarse de mí mientras se abraza a sí misma. –Siento mucho que no quieras salvarte a ti mismo.-

-¿De qué hablas?-

-Oh créeme, lo sabrás cuando caigas en tu propia trampa.-

-Jamás sería tan idiota… ¿Beth? ¿BETH?- Grito su nombre desesperado mientras caigo en una oscuridad infinita, temiendo que nunca encontraré el fondo, que pasaré el resto de la eternidad consciente de mi propia mente pero ajeno a mi cuerpo.

Condenado a mi propio odio, sin nadie a quien poder herir con el más que a mí mismo.

Incapaz de morir, incapaz de vivir… Para siempre.

.

Me despierto sobresaltado al golpearme contra el suelo, miro a mi alrededor buscando a Beth pero estoy solo en el despacho.

Completamente solo en el edificio salvo por la compañía del Gobernador.

Lágrimas de furia intentan desbordarse de mis ojos pero no lo permito, ¿quién se cree que es para decirme lo que tengo que hacer?

Ella ya no tiene ese derecho, está muerta y se llevó lo que quedaba de mi corazón consigo.

¿Y aun así pretende darme órdenes?

Que los deje en paz, dice.

Que no los busque, me pide.

Grito cabreado lanzando contra la pared un pisapapeles manchado de sangre seca.

Voy a desenmascarar a todos y a cada uno de ellos para que descubran con quien han estado conviviendo realmente.

Después les obligaré a escoger quienes viven y quienes mueren, les obligaré a pagar un precio de carne por cada hora que quieran seguir respirando.

Y nada de lo que ella pueda decirme me detendrá, porque no me pienso contentar con provocar el caos, lo que quiero es bañarme en su sangre, quiero verles suplicar, quiero que sufran lentamente hasta morir.

Doy un mordisco a una galleta en busca de serenarme… Una sonrisa se dibuja en mi cara, -¿cómo no he caído antes?-

Me dirijo hacia el quirófano donde retengo al Gobernador.

-¿Piensas matarme de hambre?- Me reta con aires de grandeza a pesar de estar tumbado sobre su propia mierda.

-Que guarrada,- suspiro poniéndome unos guantes para limpiarlo, cuando termino reviso el gotero del suero, va bien.

-¿No piensas darme de comer?-

-Esto debe parecerte un hotel- le respondo poniendo un torniquete por debajo de su hombro ya que planeo cortarle el brazo a la altura del codo. –Me alegro de que estés tan cómodo.-

-¿Qué vas a hacer?- Pregunta asustado.

-Amputarte otra extremidad.- Digo obvio. -La verdad es que pensaba ir más lentamente, pero he tenido una mala mañana.- Contesto dándole un palo para que lo muerda y no se haga daño en los dientes cuando los apriete por el dolor. –Así que lo voy a pagar contigo.-

-No,- niega rechazando el palo. –Tú y yo ya fuimos aliados una vez, podemos volver a serlo, este sitio parece seguro, desde aquí gobernaremos sobre toda la zona.-

-No lo entiendes, no me interesa una mierda el poder.- Traga saliva nervioso cuando apoyo la sierra sobre la cara interna de su codo.

-¿Entonces qué es lo que quieres?- Pregunta tenso. –Por Dios responde.- Me exige.

-Es muy simple,- fijo mi mirada en su único ojo sano para asegurarme de que lo entienda. –Quiero oírte gritar.-

Empiezo a serrar de manera rítmica observando divertido como en su dolor el Gobernador abre y cierra las manos, como intentando escapar, eso consigue hacerme sonreír.

Y lentamente mientras separo el antebrazo del resto del cuerpo me relajo, olvidando mi sueño, porque las palabras de esa falsa Beth no significan nada.

Mi autentica Beth murió por culpa de este hombre, y esto lo estoy haciendo por nosotros, por el futuro que él nos ha arrebatado.

Nunca debió volver para terminar su guerra, le habría ido mucho mejor siguiendo su camino.

Desde luego habría vivido más tiempo en su mentira.

En su lugar se ha topado con la realidad de que no queda ningún poder gubernamental excepto la crueldad.

Y yo, Ethan Ford, soy quien mejor la ejerce en la actualidad.

Me levanto al oír un ruido, más caminantes cayendo en la trampa seguramente.

Han pasado dos días desde que tuve ese maldito sueño.

Dos días en los que he cuidado muy atentamente al Gobernador, una sonrisa se dibuja en mi cara al recordar la forma en que me miró anoche, me da que no me aprecia demasiado.

Me asomo a la ventana y para mi sorpresa veo a cuatro hombros muy vivos en mi trampa, llevan uniformes de policía, ¿quién después de tanto tiempo seguiría vistiendo así?

Unos idealistas o unos pirados, en cualquier caso… Los estudio con la mirada mientras cortan la red y caen al suelo, pueden llegar a serme útiles para cazar a los supervivientes de la prisión si es que los hay.

Me dirijo a la entrada más próxima a ellos y les permito entrar, ni si quiera se lo piensan, se lanzan corriendo a lo que ellos creen que es la seguridad que estaban buscando.

Estúpidos.

-Gracias,- dice el que parece el líder, un tío alto y de aspecto duro con un tatuaje en la mano de una estrella de siete puntas que representa sus años de condena en la cárcel.

-De nada.- Le disparo justo en la cabeza.

-¿Qué haces?- Grita un pelirrojo y le meto una bala entre las cejas, los dos que quedan me miran asustados.

-Tirad las armas al suelo, ¿a quién queréis asustar con ellas? No tenéis balas.- Ambos hombres me obedecen. –Vosotros no erais polis.- Digo divertido por su disfraz.

-Nos escapamos de una prisión de baja seguridad.- Dice un asiático de unos sesenta años.

-¿Y los trajes?-

-No íbamos a salir vestidos de presidiarios, además la gente confía en los polis, incluso hoy en día, aunque ya no tanto como antes.- Responde un chico de pelo castaño y bajito.

-Bien, entonces sabéis como funcionan las cosas.- Eso debería agilizar su adaptación y reducir los problemas al mínimo.

-Ahora eres nuestro nuevo jefe.- Dice el asiático.

-Así es, y mientras hagáis lo que yo diga, cuando yo os diga, viviréis.- No parece que vayan a rebatirme, tengo un refugio para ellos, que es más de lo que seguramente han tenido en mucho tiempo. –Pero si no os gusta, podéis salir por la misma puerta por la que habéis entrado.- Digo relajado.

El más joven da un paso atrás, como asustado, eso me hace entrecerrar los ojos, es perceptivo y eso no me gusta.

-Tú mandas jefe,- dice el asiático, -¿cómo nos deshacemos de esta basura? Porque no creo que quiera tenerla aquí en medio tirada.-

-Chin, eran nuestros amigos.- Le reclama el chico llevando lentamente una de sus manos hasta el pomo de la puerta.

-¿Amigos? Rob te obligaba a mamársela cada vez que le apetecía, y a Quinn le importábamos todos una mierda, espabila de una vez Pete.- Ante esa increpación el chico deja caer las manos a ambos lados de su cuerpo.

Los estudio por unos segundos, puede que Pete quiera irse cagando leches, pero no lo hará sin Chin, y él susodicho no irá a ninguna parte porque sabe que aquí es donde más posibilidades tiene.

Con una señal cogen uno de los cuerpos y me siguen, al llegar a las escaleras les señalo una ventana rota.

Lo tiran por ahí, y Pete se estremece al escuchar el sonido del cuerpo estrellándose contra el suelo.

-Ve bajando a por el otro, ahora te ayudará Chin.- Sin mirarme va a hacer lo que le he dicho. –No tiene pinta de delincuente. ¿Cómo acabó en la cárcel?- Le pregunto con interés.

-Era un crio al que le salieron mal las cosas, tenía diecisiete años pero como era reincidente le juzgaron como adulto, a la gente que hacia las leyes antes le importaban muy poco las circunstancias, solo querían acelerar los procesos. Así era como los chavales con malas cartas se malograban.-

-Ya veo, ¿crees que se comportará?- Le cuestiono apuntándole con la pistola, el hombre ni se inmuta, lleva capeando el carácter de gente como yo mucho tiempo, no mostrar emociones es lo más inteligente que puede hacer y lo sabe.

-Me encargaré de que lo haga, no será un problema.- Me asegura plenamente convencido de lo que dice.

-Bien, porque tengo a un invitado y no quiero que nadie le moleste, a no ser que yo lo pida.-

-Entendido jefe.-

-Bien, puede que os mate mañana a los dos.- Digo guardando mi arma despacio, Chin ni siquiera hace al amago de seguir el movimiento con la mirada, está centrado en mis ojos, sabe que es en ellos donde podrá ver con rapidez si las cosas se tuercen en realidad.

-Si intentamos irnos ahora sí que estaríamos muertos.- Afirma convencido.

-Eres un hombre inteligente, ¿no es así?-

-No demasiado jefe, pero sé cuando alguien sería capaz de destriparme más rápido de lo que yo sería capaz de dar un puñetazo.-

-Ve a ayudar a Pete,- comienza a bajar las escaleras tras mi orden, -y no os deshagáis de los uniformes, aún pueden resultar útiles.-

Una vez han terminado con lo que les he pedido los dos me siguen, les enseño como es el sitio y donde no quiero que vayan, Pete no sale de su puesto tras la espalda de Chin, me pregunto como soporta él que ese conejo asustado viva con la cabeza metida en su culo todo el rato.

Debe ser la pena supongo, o tal vez le recuerde a alguien.

Finalmente para terminar la ruta les hago entrar en el quirófano para que conozcan al Gobernador.

-Ayudadme,- ruega él al verme. –Está loco, por favor.-

Cojo la sierra y los miro, si no pasan esta prueba me desharé de ellos.

Chin mira con los ojos muy abiertos al Gobernador, él sabía que yo era alguien peligroso, pero no se imaginaba hasta que punto. En cuanto a Pete tiene toda la pinta de salir corriendo en tres, dos…

Chin sujeta la muñeca de su compañero para que permanezca en su sitio.

-Pete hazme un favor,- le lanzo una cuerda. –Átala bien fuerte a la altura del muslo.-

-¿Pa… Para qué?- Tartamudea.

-Si no quieres ocupar su puesto hazlo y punto, o te juro que seré yo quien ate esa cuerda alrededor de donde él me diga.- Le amenaza Chin.

El chico salta en su sitio ante eso y despacio, como si el Gobernador fuera a morderle, hace lo que le he pedido.

-Buen chico.- Le alabo poniéndome detrás de él, no dejando que retroceda. –Espera fuera.- El asiático evalúa la situación por unos segundos, finalmente me hace caso.

-Por favor,- dice el chico con temor, -yo…-

-Ssshhh.- Coloco mis manos de manera reconfortante sobre sus hombros. –Está bien, es normal que estés asustado, porque básicamente de la decisión que tomes a continuación dependerá el resto de tu vida.-

-¿Qué decisión?-

-Si le cortarás la pierna, o si te negarás.- Me mira por encima del hombro con una mueca de horror. –Piénsatelo un par de veces antes de decirme que no puedes.- Le aconsejo cogiendo la sierra que había dejado sobre el estómago del Gobernador, para ponérsela a Pete sobre el cuello.

-Está bien.- Accede derramando una lágrima.

-Así me gusta,- le ayudo colocando mis manos encima de las suyas. –Yo voy a ayudarte, no te preocupes si vacilas,- le susurro al oído, Pete cierra los ojos muy fuerte y dos lágrimas más se deslizan por sus mejillas.

Hay gente que no está preparada para este mundo.

El recuerdo de mi hermana escondida llorando en el armario mientras mi padre devoraba a mi madre en la cocina me hace apretar con fuerza sus muñecas, pero Pete no se queja.

Y juntos empezamos a cortar, poco a poco pero de manera constante.

Los gritos del Gobernador, se convierten en jadeos agotados y lamentos para cuando casi hemos llegado al final.

-¿Puedo irme ya?- Pide permiso Pete.

Yo observo el cuerpo agonizante del Gobernador, tengo que evitar que siga sangrando, aún tengo un último juego con el que entretenernos los dos.

-¿Cómo se piden las cosas Pete-Pie?- Le pregunto acariciando con mi nariz la punta de su oreja, él se encoje en su sitio, solo para chocar contra mi cuerpo.

-Por favor, jefe.-

-Buen chico, solo una cosa más antes de que te deje ir para que te mees fuera, ¿te das cuenta de lo que te pasará si alguna vez me enfadas?-

-Sí jefe.-

-Entonces a partir de ahora asegúrate de que sea feliz.- Su cuerpo se relaja en el acto, acostumbrado como está a ser usado para el sexo ni siquiera pasa por su mente el resistirse o que no tenga que ver con eso lo que quiero decir. Para él, acabo de hablar un idioma que aunque le asquee, comprende. –Vete.- Le doy espacio y él se va sin mirar hacia atrás una sola vez.

En cuanto me deja solo cauterizo la herida del gobernador y la desinfecto.

Una vez hecho eso, le vendo y reviso el resto de heridas para asegurarme de que no están en mal estado, no me interesa que se muera por una subida de fiebre solo por no haber sido más cuidadoso.

-¿Qué más quieres de mí?- Pregunta con un hilo de voz el maltrecho hombre ante mí. -¿Dejarás que me devoren los caminantes ahora?-

-Tengo pensado atarte de una cuerda y disfrutar del espectáculo.- Digo revisando el suero, pero creo que realmente no habla conmigo, está con la mirada perdida en el techo.

Seguramente delirando a causa del trauma por la tortura.

-Ella lo dijo ¿sabes? Dijo que me arrancarías la carne de los huesos.- Ese comentario consigue interesarme.

-¿Quién te dijo eso?- Pregunto curioso.

-La muchacha rubia.-

-Beth.- Le recuerdo su nombre, molesto porque después de todo lo que le he hecho siga negándose a usarlo, aunque no debería ser demasiado duro, ahora mismo ni quiera creo que se dé cuenta de lo que está diciéndome para empezar.

-Eso, Beth, ella sabía lo que harías.- Inclina su cabeza en mi dirección. –Debí escucharla, ¿no te parece?-

-Sin duda.- Le observo la pupila, la tiene completamente dilatada.

-¿Le harás esto a los demás?- Pregunta ido.

-Primero tengo que atraparlos.- Le respondo sonriendo.

-Lo harás, nos matarás a todos, no descansarás hasta que el mundo entero esté tan muerto como tú por dentro. ¿No es verdad pequeño cabrón?- Me dice de pronto con voz dura el Gobernador.

Eso consigue robarme una carcajada. –Me has cazado, lo admito.- Digo sorprendido porque aún le quede voluntad suficiente como para retarme, pero en cierta forma también satisfecho, así lo último que le espera será mucho peor para él.

Aunque… Ella dijo que le arrancaría la carne de los huesos, tendré que darle una vuelta a mi idea de dejar que le devoren… Tal vez podría hacer gala de mis conocimientos básicos de química.

Tener un nuevo reto en el que entretener mi mente consigue animarme.

Ignoro los gritos y las pullas del Gobernador, cuando salgo Chin está al otro lado de la puerta, unos metros a su lado hay un charco de vomito.

-Ha ido a por una fregona al piso de arriba, enseguida lo limpiará.- Me explica sin necesidad de que le pregunte.

-Bien, échale un vistazo durante la noche.- Digo señalando la puerta a mi espalda.

-Jefe, ¿él le cabreo?-

-Me arrebató a la única persona que podría no haberme detenido, pero sí hacer que fuera más…- Medito la palabra. –Magnánimo con él, por así decirlo.- El silencio nos rodea por unos segundos, -¿sigues queriendo trabajar para mí antes que jugártela ahí fuera?-

-Si algo he aprendido es que es mejor ser la mano izquierda del Diablo a interponerte en su camino.-

-Vas a serme muy útil Chin, muy, pero que muy útil.- Le palmeo la espalda y le dejo solo.

He desperdiciado tanto tiempo fingiendo ser inofensivo, urdiendo planes enrevesados para acabar con las vidas que quería, cuando podría haberme ido hace mucho del grupo de Rick haciendo estallar la prisión en mil pedazos y ser libre de dejar vagar mis instintos asesinos, los mismos que ahora saboreo a cada sangriento instante como si fuesen un banquete.

Soy plenamente consciente de que Chin no me obedece porque me admire, lo hace porque me teme, y ese sentimiento es lo que sin saberlo siempre eché de menos, él que la gente supiera que debía echarse a temblar en mi presencia o apartarse de mi camino para mantenerse a salvo.

Pero ahora ya no necesito fingir, ni controlarme.

Cierro con pestillo el despacho y me acuesto en el sofá, ahora puedo aterrorizarles hasta la muerte.

Una risa frenética de puro alivio me parte el pecho por la mitad, al fin los oiré gritar a todos por piedad.

Chin tiene que quedarse en el pasillo de los quirófanos para supervisar al pobre desgraciado de la camilla.

¿Es que no ve que de todas formas él nos terminará haciendo lo mismo? En cuanto nos deje salir para lo que necesite lo mejor será no volver jamás, maldigo mi suerte una vez más, todo por empeñar una puta tele robada, pero mi madre estaba enferma. Necesitaba dinero para pagar su tratamiento.

-Creo que quiere de mí lo mismo que Rob, o algo peor.- Susurro a la oscuridad.

-Pues asegúrate de mamársela mejor de lo que se lo hacías a él, porque este tío es infinitamente más peligroso.-

Aprieto mis manos sintiéndome solo y perdido.

-¿Cuándo te enteraste?- Pregunto incómodo.

-Lo sabía desde el principio. Era evidente.- Dice con voz cansada.

-¿Por qué no hiciste nada nunca?-Cuestiono incapaz de comprender su indiferencia ante lo que Rob me obligaba a hacer para permanecer en el grupo.

-¿Por qué debería haberlo hecho?- Eso me hace daño. –Me caes bien, pero no me jugaría el cuello por ti, no de esa manera, si tú no eres capaz de luchar por tu vida, ¿por qué debería nadie tener la responsabilidad de hacerlo por ti?-

Porque habría sido lo correcto, pienso pero no lo digo, me guste o no, Chin es lo único que tengo.

-Tengo miedo.- Reconozco en un susurro.

-Siempre tienes miedo.- Responde él sin darme importancia.

-Es diferente, si le cabreamos no se trata de que nos mate, o nos dé una paliza, él nos haría lo mismo que a ese tipo solo por diversión.- Intento hacer que Chin vea lo evidente.

-Mientras seamos útiles estaremos a salvo.- Asegura tranquilo.

-Te equivocas.- Niego cansado de todo.

-¿Qué has dicho?- Pregunta con intención de intimidarme, pero lo cierto es que está preocupado por mí.

-Que te equivocas, y los dos lo lamentaremos.- Digo levantándome despacio, necesito salir de este pasillo, la oscuridad está oprimiéndome el corazón

-Ey, ¿a dónde vas?-

-A buscar un mejor sitio en el que dormir, uno en el que al menos le vea venir, aquí estamos ciegos.- Le respondo encaminándome al laboratorio, un vez dentro cierro la puerta con pestillo y me acurruco debajo de una de las mesas, intentando ser invisible, intentando a pesar de saber que es imposible, desaparecer dentro de mi propia piel.

Para así no volver a sentir nada nunca más, ni mi miedo, ni la derrota de Chin, ni el dolor de ese tío atado, ni sobretodo el odio de ese monstruo que se esconde al acecho en algún lugar de este edificio esperando el momento adecuado para hacer el mayor daño posible, de la manera más horrible.

Ojalá no fuese un empático. ¿Por qué estoy condenado a sentir las emociones de los demás cuando al resto le dan igual las mías?

No es justo.

No es justo en absoluto.

…..

Después de que el Gobernador perdiese otro miembro tras la llegada de mis nuevos subordinados por llamarlos de alguna manera, estos permanecieron durante dos días reforzando con mi ayuda los puntos flacos que quedaban y que yo solo hasta ahora no había podido atender.

Dos días en los que Pete se mantuvo cuidadosamente alejado de mí, pero a la par completamente dócil a mis órdenes.

En cuanto a Chin, diría que parecía feliz, tenía un objetivo y un lugar seguro, en resumidas cuentas había encontrado todo cuanto un hombre como él podría necesitar. Aunque claro, en verdad eso no garantizaba nada a ciencia cierta.

Pero ahora eso era pasado y el pasado para mí cada vez es más intrascendente por la simple razón de que no hay posibilidad de retorno, siendo así, lo único para lo que puede servir aferrarse a él es para morir más rápido.

Doy una respiración profunda contemplando lo que tengo ante mí tras tres días de búsqueda por parte de subalternos.

Sorprendentemente ha valido la pena esperar, no estaba seguro de si aprovecharían para escapar al tener la oportunidad, pero al parecer Chin es un hombre de palabra.

-¿Es lo bastante grande?- Pregunta el asiático. Observo el acuario una vez más. No está en perfectas condiciones, pero dadas las circunstancias no voy a ponerme puntilloso con los detalles.

-Es perfecto.- Sigo a Pete con la mirada al notar como se esconde tras Chin. –Déjanos solos.-

Sin dudar lo hace y Pete queda desprotegido, enseguida se arrodilla, como si eso fuera a servirle de algo.

-Jefe.-

-No esperaba que volvieras,- le digo poniéndome a su altura. –Estaba convencido de que escaparías.-

El chico se estremece, -no tengo ningún sitio al que ir.-

-El sitio te da lo mismo, has vuelto porque Chin lo ha hecho, quieres protegerle de mí.- Le obligo a levantar la barbilla. –Tú sabes más de lo que parece a simple vista ¿no es así Pete-Pie?-

-Yo…- Sus ojos desprenden terror.

-Tú me la sudas.- Me levanto y tiro de él para incorporarle. –Metete en el acuario.- Renuente me hace caso, una vez tumbado me mira desde dentro con evidentes ganas de gritar.

Oh sí, él sabe mucho más de lo que le conviene.

-Por favor.-

-No has intentado hacerme feliz.- Llevo una mano hasta su cuello y empiezo a apretar, pero no tanto como para que no pueda hablar.

-Tú no quieres eso de mí.- Masculla a duras penas.

-Chico listo, quiero que a partir de ahora cuando te llame te hagas daño para mí.- Aprieto con más fuerza y sonrío al ver como se mea encima si tan siquiera intentar apartar mi mano de su garganta. –Solo hacen falta dos kilos de presión para romper una tráquea, ¿lo sabías?- Aprieto un poco más y él empieza a asentir. -Sí ¿qué?-

-Lo haré, me haré daño para ti.- Lucha por contestar entre jadeos. En cuanto las palabras salen de su boca le libero sin más.

Tosiendo y arrastrándose como un gusano sale del acuario tan rápido como puede.

Me acerco a él para acariciar su cabeza con suavidad. –Ten presente una cosa, cuanto más tiempo consigas apañártelas para hacerme feliz, más tiempo evitarás que sea yo quien decida hacerte esas cosas que tanto miedo te dan, claro que para cuando llegue el momento podrás intentar huir, pero Chin te atrapará.-

Me incorporo una vez más para mirar el recipiente. –Si jefe.- Se levanta despacio sin mirarme, repentinamente más tranquilo. Es tan extraño, más que yo incluso, y eso ya es decir.

-Como sea, bajad esto al quirófano y llenadlo de agua, después meted dentro lo que queda del hombre de la camilla. Chin ya sabe lo que tiene que hacer para mantenerlo sentado.-

Contrario a lo que podría esperarse no he estado ocioso, durante estos tres días he estado ocupado en algo más que en mantener vivo y relativamente sano al Gobernador.

Razón por la cual me adelanto a ellos para asegurarme una vez más de que lo que preparé sigue en su sitio, después del estúpido error de Merle con los barriles de lejía no puedo evitar sentirme algo paranoico al respecto.

Al pensar en obligarme a hacerme daño para él se ha excitado, como después de cortar juntos la pierna de ese hombre.

Es un monstruo, pero tiene instintos que entiendo, es curioso que me dé más miedo las emociones que me obliga a sentir al estar cerca, al hecho en sí de ser usado.

Tengo que estar muy roto por dentro para que algo así no me importe.

-Vamos,- Chin sale de las sombras en las que se había escondido y entre los dos llevamos el acuario de langostas que encontramos en un restaurante a los quirófanos mediante una especie de remolque.

Tal vez debería acabar con todo de una vez, sería lo mejor para mí, pero a pesar de que mi vida sea miserable, no quiero morir.

Definitivamente soy estúpido.

-Pete, deja de darle vueltas, harás lo que tengas que hacer para sobrevivir, como siempre has hecho.-

-¿Qué? ¿De qué hablas?- Pregunto sacado de mis pensamientos de improviso.

-De lo de hacerte daño para él. Busca algo que sea doloroso pero que puedas soportar y exagera lo que te duele. Cortarte, quemarte, clavarte algo, lo que sea.-

-¿Lo has oído todo?- Pregunto sintiéndome avergonzado porque él tiene razón, si no quiero salvarme a mí mismo, ¿cómo pretendo que nadie más quiera hacerlo por mí?

-Sí,- suspira del esfuerzo en cuanto dejamos el trasto en su lugar. –Así que escoge una forma de vivir que puedas soportar y sigue adelante, como hiciste con Rob, eres un superviviente, no lo olvides.- Notamos la mirada del Gobernador pero le ignoramos, yo con esfuerzo porque siento como crece su temor al vernos allí de nuevo.

-¿Qué va a hacerme ahora?- Pregunta con la voz rota de desgañitarse gritando.

-¿De verdad quieres saberlo antes de tiempo?- Le cuestiono a mi vez intentando blindarme a su ansiedad, pero es tan difícil.

-Vaya con Pete-Pie, a veces enseña los dientes, buenas noches Gobernador.- El jefe que no puede ser mucho mayor que yo desconecta el suero del único miembro sano que le queda al hombre de la camilla, pero no tiene pinta de que vaya a cortárselo ahora, ya que desengancha las correas que lo sujetan.

Entonces me fijo en que Chin está extendiendo pegamento por la cabecera del acuario y por su suelo. En cuanto termina cogemos al Gobernador para introducirlo dentro, no es fácil, porque pese a su estado se revuelve como una serpiente resbaladiza.

Sin duda imaginando que lo que se avecina es aún peor que lo que ya le ha pasado hasta ahora, aunque eso sea difícil de creer.

Lentamente una vez el hombre se ha quedado pegado al cristal y es incapaz de moverse empezamos a llenar el acuario con agua, es un trabajo agotador, ya que pese a que las cañerías funcionen sin problema, el tener que ir hasta un grifo, llenar un balde, y regresar hasta el quirófano para vaciarlo supone un gran esfuerzo.

Ethan nos ayuda en esto, como si estuviese listo para celebrar una fiesta de cumpleaños, él realmente está feliz por lo que va a hacerle, es casi como si su sangre estuviera en ebullición por ello.

-Bien, ahora largaos y no quiero veros hasta mañana.- Nos dice en cuanto el agua queda a la altura de las clavículas del hombre.

Chin se gira sin discutir, yo me quedo observándole un segundo, está tan, pero tan contento que no quiero separarme de él ahora, quiero seguir sintiéndome así.

Y antes de que me dé cuenta de lo que estoy a punto de decir las palabras ya están saliendo de mi boca. -¿Puedo quedarme?- Se gira para mirarme, estudia mi rostro con detenimiento, inclinado aún sobre el acuario.

Está molesto, pero también intrigado.

Yo solo sé que no recuerdo cuando fue la última vez que me sentí como él por mí mismo, creo que desde que era un niño.

-No,- dice tranquilo, sin ninguna entonación especial, tratando de ocultar que se siente satisfecho por mi petición mientras acerca unos botes hacia el Gobernador.

-¿Puedo quedarme al menos tras la puerta?- Tiento a mi suerte una última vez.

-No voy a cerrarla, así que la respuesta a esa pregunta depende de si eres capaz o no de aguantar el olor.- Frunzo el ceño confundido por eso pero salgo.

Y una vez en el pasillo vacilo, no está bien que solo por recibir un chute de una emoción positiva me quede aquí sin hacer nada mientras el otro hombre es torturado.

Por primera vez en mucho tiempo me siento dividido entre algo que quiero, y como debería comportarme.

Respiro agitado al darme cuenta de algo… Esto es mío, estas emociones son mías, de nadie más, solo mías.

Una sonrisa se me escapa, y no puedo evitar llorar de alegría por haber sentido algo real mientras corro por el pasillo alejándome todo lo posible de lo que va a suceder en ese quirófano.

Porque ahora me doy cuenta, lo que el jefe siente no es felicidad como tal, es una especie de frenesí incontrolable nacido de su sed de sangre. Y yo no quiero experimentar eso sí puedo evitarlo.

…..

-Ese chico,- murmura el Gobernador, -¿te lo tiras o qué?- No respondo ante esa pulla concentrado como estoy en ponerme los guantes para protegerme las manos del líquido que voy a echar ahora en el acuario, así como la mascarilla para que no se me resuelva el estómago ante el mal olor. –Has olvidado rápido a tu amiguita, y yo que creía que me hacías todo esto por...- Está a punto de decir ella en lugar de su nombre pero le miro duramente, lo que le hace corregirse. –Beth.- Termina su bravata sin fuerza.

-Contéstame a una pregunta, y te aseguro que no es para que me regales el oído, ¿hasta ahora lo que te he hecho te ha dolido?-

El Gobernador me mira con su único ojo deseando mentir, pero sabe ya de sobra que no conseguirá nada con eso.

-Sí,- admite a su pesar resoplando, agitando el agua.

-Me alegra que seas sincero contigo mismo. Bien, pues te aseguro que con esto voy a conseguir que lo que te he hecho hasta ahora te parezca algo… ¿Cómo decirlo? Agradable, de hecho en cuanto empiece, desearás estar muerto.- Le digo enfurecido echando el ácido de batería en el agua poco a poco.

-¿Qué?- Él único ojo sano del Gobernador me mira aterrado al empezar a sentirlo.

-Cuanto más eche más rápido será, pero en esencia esto va a arrancarte la carne de los huesos, tal como dijo Beth.-

-No,- niega rotundamente, como si solo esa palabra pudiera detener lo que está a punto de sucederle, como si con ella pudiera deshacer el daño que me causó al destrozar a mi Reina.

-Deberías entenderlo,- digo viendo como intenta despegarse del cristal a costa de arrancarse la piel. –Al fin y al cabo disfrutaste con lo que ordenaste que le hicieran. ¿No es verdad?-

-No.- Vuelve a negar mientras yo sigo echando el ácido, el agua empieza a burbujear a la par que se tiñe de rojo. Y su único ojo se abre cada vez más.

-¿A que ahora te habría gustado que te hubiese cortado la polla? Habría sido más rápido que sentir como se deshace, ¿no?-

Las palabras coherentes mueren, él ya solo es capaz de gritar, trata con todas sus fuerzas cuando la piel de la espalda se le desprende de salir a como dé lugar, solo para hundirse al no poder incorporarse.

Saca la cabeza mostrando su rostro deformado en una mueca horrible.

Hace un extraño gorgoteo ya que le ha entrado acido en la garganta y se la ha quemado, la sangre se desliza de su boca torcida.

Y mientras sufre yo sigo echando más acido, regodeándome en su dolor ciego, es la pura expresión de la agonía en su nivel más elevado, saca la mano una vez más para tratar de salir agarrándose al cristal pero ya es únicamente hueso, unido por unos endebles tendones.

Al verse así, el chillido que pega pese a su garganta destrozada es estremecedor y a mí me saca una sonrisa inmensa.

Quiero más de esto, quiero más de este sufrimiento sin medida, de esta desesperación tan absoluta.

¿Cómo he podido contenerme tanto hasta ahora?

¿Cómo he sido capaz de vivir sin contemplar este horror creado por mi voluntad?

Se revuelve, intenta salir a pesar de todo para hundirse una vez más y está vez es incapaz de alzarse por encima de esa muerte líquida.

La peste de la carne arrancada de los huesos por el ácido se cuela a través de mi mascarilla, provocándome una arcada que afortunadamente consigo reprimir, ya que no quiero perderme ni un solo instante.

El agua enrojecida se estremece un par de veces por la criatura atrapada en su interior, sin embargo, finalmente todo termina mientras el agua sigue burbujeando a causa de la reacción que he provocado con el ácido.

Extasiado, liberado y agotado salgo del quirófano para poder quitarme la mascarilla.

En cuanto me siento en el frío suelo lo noto, me he corrido viéndole morir.

Echo la cabeza hacia atrás y una risa se me escapa.

-Oh Ale, les advertiste a todos de que era un peligro pero te quedaste muy corto al definirme así,- una sonrisa cruel tira de mis mejillas. –Tremendamente corto.- Espero que esté vivo solo para ver como vomita al presenciar la muerte de mi hermanita de esta misma manera.

Será fantástico.

Y así, embebido de mis emociones sangrientas caigo rendido en una oscuridad sin forma, ni recuerdos.

-Caerás en tu propia trampa.- Me susurra la voz de Beth, y podría jurar que siento su aliento en mi oreja.

-Me da igual.- Digo dejándome caer en el vacío sin intentar agarrarme ya a nada.

Porque cuanto más me hundo, menos me importa haberla perdido y eso es un alivio.

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Hola almas corsarias. Echos

Desde que Beth empezó a llevarse bien mientras mataba con Ethan caminantes en las vallas tuve claro que él mataría al Gobernador por ella y que lo haría hundiéndolo en acido de batería. (Como en la película de hackers Rastro oculto)

No pensé en como iría madurando el personaje de Beth al estar en contacto con Ethan, y en la pena que me daría matarla en el momento en que más interesante se estaba volviendo.

Por otra parte, este capítulo me ha costado mucho, porque Ethan lleva todo el peso y estar tanto rato dentro de su mente ha sido agotador. Creo que por eso introduje a Chin y Pete, como un intento de poder centrar la atención en alguien más, pero igualmente aunque era desde la perspectiva de Pete, Ethan seguía teniendo el foco de atención.

Muchas veces me habéis pedido que matase a este personaje y yo os dije que no, ahora creo que imaginareis porque, Terminus no será el horror al que el grupo de Rick tenga que enfrentarse, será Ethan, por eso él tenía que sobrevivir.

Spoiler: No se me olvida como les prometí a thewolveslove y a luceronava00 que matarían a Ethan con unas caminantes que las representasen.

Sucederá… Pero primero Ethan hará daño.

En fanfictió quiero darle las gracias a poty90 por comentar.

Y en wattpad quiero dar las gracias por votar y comentar en el anterior capítulo a Debie_Daryl.