Demelza detuvo la camioneta frente a la sucursal de Grace. A través de la ventanilla observó las casas de esa calle, era la típica calle de Sawle. Casas antiguas, algunas con pequeños jardines que daban a la calle, otra con locales de negocios que a esa hora estaban cerrados. Una pegada a la otra. Encontró la dirección que le había dado Ross de inmediato. El departamento que alquilaba estaba en la primera planta de una vieja casa de paredes blancas que había sido refaccionada hace unos años y dividida en varias unidades. Demelza se fijó la hora, 23:21, era temprano aún. No había calculado bien el tiempo que le tomaría llegar allí a esa hora de la noche en la que no había tráfico.
Demelza dudó que hacer. Los niños de seguro estarían durmiendo, o al menos pretenderían estarlo, y si entraba tendría que pasar tiempo a solas con Ross. Era absurdo en realidad. Ellos pasaban tiempo juntos cuando Ross iba a ver a los niños a Nampara, o cuando los traía o los llevaba. Ella había cumplido con su palabra y había tratado de no discutir con él, ya no quería hacerlo en verdad. El momento inmediato de furia y ataques de llanto había pasado, y ahora intentaba de enfocarse en el día a día, en los niños, la casa, su estudio y su trabajo. Y por más amistosa que fuera la relación con Ross, él no era una prioridad para ella ahora. Estar a solas con él todavía la perturbaba. Si bien bajo control, sentía que cualquier provocación haría saltar los fusibles de su paciencia, y sabía que era ella quien debía controlarlo. Ir a su departamento por primera vez era algo que hubiera preferido no hacer, pero las circunstancias la habían obligado. Mañana era el cumpleaños de Julia y dio la casualidad de que la noche de los miércoles era el día en que los niños se quedaban con Ross.
Pensó en pedirle a Ross que Julia y Jeremy se quedaran en Nampara esa noche, pero Julia estaba muy entusiasmada en pasar la noche previa a su cumpleaños en casa de su padre, a su hija le encantaba ir al departamento de su papá. Jeremy era menos entusiasta, pero para la niña era toda una aventura y siempre lo esperaba con ansias, siempre había sido la niña de papá. Así que Demelza no había dicho nada sobre cambiar de día y había estado de acuerdo en ser ella quien fuera a la medianoche a casa de Ross. A ninguno de los dos se le cruzó en ningún momento no cumplir con su costumbre aunque no estuvieran juntos, menos con el cumpleaños de uno de sus hijos. Ya habían pasado veinte minutos, aún era temprano. Demelza revisó el pastel que descansaba sobre el asiento del acompañante. Se sentía algo tonta por darle tantas vueltas, solo sería un momento. Llegarían las doce, saludarían a su hija, comerían el pastel y ella volvería a casa. Había sido una tontería pedir cambio de guardia en la clínica, pero había pensado que existía la posibilidad de que Ross la invitara que se quedara a pasar la noche allí y previéndolo había buscado una excusa para irse. Hugh no había tenido problema, ella ni siquiera se lo había pedido. Esa noche no le tocaba manejar pero él se había autodenominado su "chófer exclusivo" y había cambiado su turno también.
23:48 su teléfono sonó, Ross le había enviado un mensaje. Un minuto después Demelza estuvo frente a su puerta. En lugar de golpear le envió un mensaje, para que los niños no la oyeran. Un segundo después Ross abrió la puerta. Llevaba el pelo suelto y alborotado y apenas abrió se llevó un dedo a sus labios indicando que no hiciera ruido y la hizo entrar.
"Creo que están dormidos." Dijo susurrando mientras ella daba un rápido vistazo al departamento, era minúsculo.
"Eso es imposible…" le respondió ella, también murmurando, mientras levantaba la caja con el pastel como preguntando adonde lo colocaba.
"Ponlo ahí. Traeré platos y los cubiertos." Ross le indicó una pequeña mesa cuadrada que estaba junto a una ventana que daba a la calle y el desapareció detrás de una puerta. Demelza inspeccionó de nuevo el lugar, era diminuto. La mesa tenía tres sillas, y estaba en un espacio que poco más allá se transformaba en la sala, con un sofá de dos cuerpos, un mueble contra la pared adonde estaba la televisión, una mesita con el módem y no mucho más. Las paredes estaban pintadas de un amarillo chillón y por la ventana entraba una ligera brisa que le hizo poner los vellos sus brazos de punta. Demelza dejó de fisgonear, sacó la torta de la caja, la dejó sobre la mesa y se asomó por donde Ross había desaparecido. Estaba lavando unas cucharitas en lo que parecía un pasillo muy angosto, pero era la cocina. Le sonrió cuando la vio parada bajo el marco de la puerta.
"Ya está casi todo listo."
"¿Tienes un encendedor para las velas?" Ross frunció el ceño por un instante y cerró la canilla. Secó los cubiertos y sus manos, tomó los platos y los fósforos y estuvo junto a ella en un paso.
"¿Qué hora es?" murmuró mientras colocaba las nueve velitas sobre la torta decorada con crema rosa y blanca y algunas frutillas. A Ross se le hacía agua la boca.
"23:56" Cuatro minutos, cuatro minutos en que debían permanecer juntos y hablando bajito. Lo habían hecho tantas veces, había algo tan familiar en ello. Cuantas veces Ross le había dado un beso sólo para pasar el tiempo, o había acariciado su brazo en un gesto de ternura. Ahora ella movía sus pies incomoda por que no sabía que decirle. ¿Podría complementar el departamento? No, porque si bien era pintoresco era muy pequeño, diminuto comparado con Nampara, con su hogar, del que él se había ido para que ella se pudiera quedarse allí con los niños…
"Luce deliciosa." Dijo él, llenando el silencio y evitando que ella siguiera divagando.
"Es de limón y fresas, como le gusta a Julia." A el le gustaba también, aunque a Ross le gustaba todo lo que Demelza cocinaba. Era otra cosa más que extrañaba de ella.
"Está muy entusiasmada con el fin de semana."
"Si. Aunque será algo sencillo, solo familia y algunos compañeritos."
"Luego me dices que necesitas…" – "Encenderé la velas." – "Oh, claro."
Pronto las velitas estuvieron encendidas, Ross tomó la torta y guió a Demelza a través de un corto pasillo. Dejaron atrás una puerta por la que pudo ver una cama cucheta y cosas de los niños desparramadas en el piso y sobre las camas, lo que la distrajo y causó que chocara contra la espalda de Ross.
"Disculpa." Demelza miró la hora de nuevo y sostuvo la pantalla del teléfono levantada para que Ross la viera también. La luz de las llaman iluminaban su rostro, no se había afeitado hacía un tiempo y su barba estaba más larga que nunca. Lo miró con cierta reserva.
"¿Qué ocurre?" preguntó.
"Te vas a quemar la barba." Susurró ella y Ross sonrió revelando sus blancos dientes que resplandecieron en la oscuridad. El reloj marco las 00:00.
Ross empujó la puerta y los dos entraron cantando el feliz cumpleaños. Los niños saltaron de la cama riendo, por supuesto que no estaban dormidos. Cuando terminaron de cantar y Julia apago las velitas, Jeremy saltó a los brazos de Demelza y exclamó "¡Mamá, viniste!"
"Por supuesto, no me perdería el cumpleaños de tu hermana por nada del mundo." Ella besó a Julia, abrazándola también, mientras Ross los observaba sentado junto a ellos sosteniendo la torta. – "Feliz Cumpleaños, cariño."
"Gracias mamá. ¡Wow! Me gusta la torta, ¿tiene fresas?"
"Tiene todo lo que a ti te gusta Juli."
"¿La cortamos?" Preguntó Ross.
"¡Siii!" gritaron los niños al unísono.
Pronto sus caritas estuvieron repletas de crema, y haciendo mucho ruido lamieron sus dedos y pidieron otra porción a lo que Ross dijo que no, así quedaba para el desayuno, y les ordenó ir a lavarse las manos, cara y dientes para irse a dormir.
"¿Nos cuentas un cuento, mami?" Le pregunto Jeremy antes de bajar de la cama. Ella asintió y él niño se fue corriendo al baño, contento. Ross y Demelza se quedaron solos sentados sobre la cama.
"Tu deberías ir también." Le dijo Demelza.
"¿Adonde?"
"A lavarte la cara. Tienes crema en esa barba." Ross río de nuevo y se levantó para llevar los platos a la cocina.
Para cuando terminó de leer un cuento a sus hijos y ellos se quedaron dormidos ya era pasada la una de la madrugada. Ross se había sentado en una esquina de la cama y había escuchado en silencio la voz de su esposa, observado con anhelo y nostalgia a la madre de sus hijos, deseando que todas las noches pudieran ser así. Y más, mucho más.
Cuando salieron de la habitación y se dirigían a la sala, ella le preguntó al pasar delante de la otra puerta "¿Ellos siempre duermen en tu cama?"
"Jeremy extrañó la primera noche que se quedaron, y prefieren dormir conmigo."
"¿Crees que está bien que sea así?"
Ross encogió los hombros. "Dejaré de hacerlo si tú lo haces."
Ella lo miró sorprendida de que el supiera que ella también dormía con los niños y no pudo reprocharle nada. El sonrió y continuó hacia la sala.
"¿Quieres tomar algo?" dijo, se sentía algo torpe. Hasta ese momento todo había salido bien, Demelza hasta había bromeado con él y no quería meter la pata.
"Oh, no. Gracias. Creo que ya debo irme."
"Ya es tarde, puedes quedarte aquí si quieres. En la habitación de los niños… o dormir con ellos."
"No, no puedo. Tengo que trabajar. En realidad me tengo que ir ya." Agregó mirando el reloj – "Mi turno comienza a las dos."
La mandíbula de Ross se endureció por un momento y tuvo que frenar y pensar sus palabras antes de decir algo que arruinara el ambiente amistoso que se había creado. "¿Qué tal el nuevo trabajo? ¿Te gusta?"
"Oh, si. Estoy aprendiendo un montón. A veces hay días en que por horas no pasa nada y de repente no te das cuenta y estás corriendo a toda velocidad por la ruta y debes estar alerta y concentrado. Y tratar con los pacientes es distinto a un consultorio, o a la clínica incluso. La gente está asustada y es nuestro trabajo calmarla tanto como atender al paciente. Lo único que no me gusta es que una vez que los llevamos a la guardia y los dejamos allí ya no volvemos a saber de ellos. No sé cómo siguen, si se recuperaron o no."
"Imagino que ellos se alegrarán de verte, yo me pondría contento si llamo una ambulancia y vienes tú." Ross lo dijo cómo un cumplido, pero sonó a que intentaba coquetear con ella. Y Demelza no supo que decir y miró a todos lados menos a su esposo. "¿No es peligroso?" dijo para cambiar de tema ante su obvia incomodidad. "¿El turno nocturno y manejar en la oscuridad?"
"No. No en realidad. Tengo un buen compañero, tiene experiencia como conductor y en primeros auxilios. Y yo no tengo miedo… de verdad me tengo que ir."
"Si, siento detenerte. ¿Me dices lo que precisas para el sábado?"
"Creo que ya compré todo, pero si se me ocurre algo te mando un mensaje."
"Por favor, hazlo. Estaré allí temprano para ayudarte."
Ross la acompañó hasta la vereda y si hubiera sido por él la habría acompañado hasta el trabajo, pero por supuesto debía quedarse con los niños. No había sido una noche tan terrible como ella se había imaginado, todo se había sentido terriblemente familiar. No había absolutamente nadie en la calle, Ross se detuvo en la entrada de la casa, las manos en los bolsillos del pantalón. Ella tuvo el repentino antojo de acariciar su barba con sus dedos, pero así como el sentimiento apareció lo detuvo con un sucinto "Buenas noches, Ross." Y se volvió hacia la camioneta.
"Buenas noches, Demelza."
NA: Muchas gracias por leer y por los comentarios. Y sí, lo adivinaron. Su nuevo compañero de trabajo es un tal Hugh, veremos qué pasa con eso.
