—¿¡Cómo que me dejarás sola a partir de hoy!? —Matsuri le reclamaba mientras sostenía los hombros de Temari.

La castaña imaginaba el vacío que sentiría cuando no vea a diario a su amiga.

Las orbes de la muchacha estaba acumulando la tristeza pero se contenía para su delineador no se corriera.

—No creas que te abandonaré, Matsu—la rubia acarició la cabeza de su amiga con mucho cariño.

A decir verdad, el pensar que debía volver a empezar y que eso sería beneficioso para su mente y corazón, para disipar sus lazos con Shikamaru y acabar con lo poco que alguna vez había sentido, la aterraba.

—¿Me prometés que vendrás a vernos? —inquirió de modo infantil, conteniendo el aire dentro de sus mejillas y haciendo un extraño sonido, tal como solía hacerlo de pequeña.

—Así será, Matsu—exclamó Temari, segura de que todo saldría tal como lo imaginaba—. Estaré bien y vendré a verlos.

Tanto Matsuri como Temari sabían que aquellas palabras sonaban más lejanas que el mismísimo futuro. La castaña bajó la mirada y se alejó en silencio, dejando absorta a la rubia.

Aquel camino sería empinado...

Sakura había pensado toda la noche respecto a los dos hombres más conflictivos de su vida: Kakashi, quien siempre dejaba su vida hecha un descontrol y Sasuke, el joven que ocultaba un gran secreto.

La pelirrosa había asentado su denuncia, pero para ello debían abrir una nueva causa para encontrar a Sasori y, de esa manera, comprobar si Sasuke era el culpable de aquel fatídico hecho.

Ese proceso llevaría más tiempo del previsto y el temor a comprobar dicha afirmación la atormentaba.

En el estudio donde desempeñaba su labor, Sakura no dejaba de pensar en cómo continuar sin titubear.

A escasos metros, Kakashi la miraba de soslayo. Él conocía esa actitud y sabía lo que sucedería luego.

Sin embargo, prefirió mantenerse en silencio, esperando a que fuera la propia Sakura quien dejara salir las emociones que estaban colmando aquel rostro gentil que solía mostrar.

Kakashi fue hasta su bolso y sacó un pequeño paquete blanco que le dio a Sakura. Ella, confundida ante el presente, lo sostuvo y miró al peliplata en busca de alguna respuesta.

—Vi esto y me acordé de vos... —espetó y dio media vuelta para no ver la reacción de la pelirrosa.

Ella abrió el paquete y se encontró con una preciosa cadenita con un dije en forma de flor y su color combinaba perfectamente con su cabello.

—No debiste molestarte... —expresó y sonrió. Kakashi aún no volteaba a verla.

—En realidad quise regalártelo en tu cumpleaños, lo siento. El tiempo ese día pasó muy rápido... —Kakashi suspiró y regresó a su lugar de trabajo. Observaba a Sakura de soslayo y se percató que estaba distante—Hoy estás muy dispersa, Saku.

La aludida levantó la mirada y se topó con la decepción en los ojos del peliplata.

Él conocía aquella actitud y la única vez que la había visto así fue cuando habían terminado su relación.

—He estado pensando muchas cosas, Kakashi—espetó con desconcierto—. Creo que he perdido mucho tiempo con gente que no valía la pena... —Sakura sacó su celular y comenzó a navegar por la galería de imágenes. Allí tenía alrededor de cien fotos con Sasuke y fue eliminándolos uno por uno mientras hablaba—Estoy cansada de ser la otra o que alguien intente quedarse en el lugar que gané en el corazón de un hombre.

Kakashi se dio por aludido de inmediato. De hecho, él fue uno de aquellos culpables y hasta ese día no se lo perdonaba.

Guardó sus elementos de trabajo y se acercó hasta Sakura.

Acarició su cabello y lamentaba el hecho de aceptar que su relación clandestina estaba acabándose en aquel momento.

Añoraba besarla y abrazarla, sentir los latidos de su corazón en su pecho. Observar cómo se ruborizaba al nombrarla y cómo sus piernas temblaban al sentir sus dedos rozar en su piel.

Algo en Sakura había sucedido para que nada de eso estuviera pasando. Ella estaba siendo indiferente y no le sorprendía.

—Toda acción fallida es parte de nuestra experiencia, Saku—rozó sus dedos en la mejilla de la pelirrosa, captando su mirada—. No deberías arrepentirte de tus acciones.

Ella suspiró. Su vida amorosa era un caos y debía resolverlo poco a poco. Si bien la relación con Kakashi no era más que encuentros casuales, le costaba asumir que esas hermosas sensaciones que él despertaba en ella, estaban desapareciendo.

¿Qué era lo que ocupaba su mente?—No te preocupes. Te esperaré, Saku... —la sinceridad en las palabras del Uzumaki le daban esperanza en el mundo cruel del amor.

Ella era una completa despistada al negar que alguien como Naruto estaba profesando su amor en silencio, disfrazándolo como una tierna amistad.

Sonrió al recordarlo y al mirar a Kakashi sintió que debía preguntar al respecto:

—Kakashi... —él quitó las manos del rostro y las guardó en su bolsillo.

—No te preocupes, sabía que tarde o temprano esto terminaría. No puedo pasar esa barrera porque me equivoqué antes y no supe actuar debidamente ahora—esbozó una sutil sonrisa, aunque ocultaba su frustración.

—Agradezco el tiempo que compartimos, ya que descubrí algo de mí que desconocía y eso es que no podría tener doble vida. Realmente siento que el amor me mostró máscaras que se fragmentaron rápidamente, lo cual me impidió entender muchas cosas...

Por más que trataba de ocultarlo, Kakashi se destrozaba más y más. Él estaba interesado en Sakura, pero su barrera de amante era más fuerte y jamás llegaría al área de pareja. De hecho, la propia Sakura prefería jugar así y lo acabó por asimilar.

—Perdón si no pude cumplir tus expectativas, sólo pretendía hacerte feliz a mi modo—la mano de Sakura se posó sobre la de Kakashi y ella cerró los ojos.

—No quiero continuar este juego, Kakashi. Merezco ser amada y que nadie vuelva a darme un segundo lugar. Tampoco pretendo ofrecer lo mismo, así que espero que comprendas.

—No me afecta, para nada. Sólo que deseo que el joven de cabello negro te haga tan feliz como yo sí lo hubiera hecho—expresó con angustia.

—Él tampoco me merece. Ningún hombre supo darme un mejor lugar. Yo tampoco aporté para ser digna de un primer puesto y plato principal, por eso, trabajaré duro para llegar a serlo.

Kakashi, de algún modo, se sintió tranquilo. A él no le caía bien Sasuke desde su apariencia. Al verlo joven y atlético, sentía envidia por tener el privilegio de estar con la pelirrosa. No obstante, aquel beneficio lo perdió al ser descubierto.

Sin embargo, al escuchar la firmeza en las palabras de Sakura, notó que ella tampoco pretendía continuar con él.

—Estoy seguro que habrá un hombre que te respete y te dé el lugar que siempre debiste tener... —espetó.

—Yo también estoy segura de ello—expresó, sonriente. Se alejó de Kakashi para juntar sus elementos de trabajo y él continuaba observándola.

El silencio y la distancia cobraban fuerza. Ya no volverían a tocar sus cuerpos. Ya no habrían encuentros furtivos, colmados de placer abrasante.

Ya todo había acabado...

—Kakashi... —su tono de voz era tenue.

—¿Hum?

—Quería preguntarte... —suspiró—¿Es posible que una persona esté enamorada de otra durante tantos años y que jamás se le confiese?

Kakashi comenzó a reír. Sakura no entendía su reacción, pero suponía que él había captado aquella indirecta.

El peliplata conocía de muchas historias de amor, pero esa era peculiar. No obstante, él podía imaginarse en ese lugar y dar una respuesta acorde a sus acciones.

—De ser posible, sí lo es. Si no lo confesó cuando tuvo que hacerlo, habrá sido porque piensa bien sus movimientos antes de dar un paso en falso. Supongo que hay hombres cautos y que saben esperar pacientemente el momento adecuado para dar a conocer sus sentimientos—respondió.

Sakura se sintió satisfecha con ello, pues había descrito a Naruto tal como era y su posición como hombre le daba una perspectiva distinta a la que ella podría imaginar.

—Aunque no lo creas, los hombres también nos enamoramos, Sakura. Sólo que algunos tenemos que asumir la derrota y otros trabajar duro para alcanzar sus objetivos—suspiró y agregó—. Si realmente existe ese hombre, quiero felicitarlo por llevarse a la mujer más hermosa y apasionada que pude conocer.

La pelirrosa volteó a verlo una vez más. Él le regaló una última sonrisa romántica y Sakura respiró profundamente al sentirse aliviada de sacarse aquella pesada carga que la atormentaba.

—Gracias por todo, Kakashi...

La preocupación de Temari se acrecentaba.

Había algo que la inquietaba y sentía que por esa razón debía irse lo antes posible.

Mientras guardaba sus prendas en aquella maleta donde sus sueños de amor se habían esfumado, Sakura la ayudaba mientras conversaban al respecto.

—Te llamaré todos los días para saber cómo estás y si Itachi te hace algo, yo misma iré a golpear su bonita cara de galán... —expresó en tono bromista.

Temari sonrió y cerró la maleta. Aún faltaban 15 minutos para que llegara el vehículo que la llevaría a su nuevo destino.

Al pararse, tomó su bolso y se dirigió al baño. Sakura la observó y notó que algo estaba pasando.

No le extrañaba que su amiga le ocultara sus problemas en el momento, sólo que le sorprendía su extraña reacción en aquel momento.

Sin que ella lo note, se acercó a la puerta del baño. No escuchaba ningún sonido, a excepción de su llanto.

Su corazón se estrujaba al oírla de ese modo, tan solitaria y resquebrajada.

Temari siempre prefirió aislarse y solucionar los problemas por sí misma. Sin embargo, Sakura se encargaría de escucharla cuando su vaso se colmara y sería la encargada de orientarla a su sendero.

Ella llevaba varios minutos encerrada. Sakura estaba preocupada. No obstante, no quería interrumpir su duelo.

Y se mantuvo al margen hasta que escuchó un fuerte golpe. Sin dudarlo ni un instante, derribó la puerta de una patada, encontrándose con su mejor amiga sentada contra la bañera.

Su mirada estaba fija en un objeto pequeño. Uno tan pequeño que anunciaba la llegada de un ser que comenzaba a formarse en su vientre, sin saber realmente cuál sería su origen.

El tiempo era tirano en todos los sentidos, incluso para que Sakura preguntara el motivo por el cual no le había advertido al respecto.

El automóvil había llegado, finalmente. Era momento de abandonar todo y retirarse lejos de todo dolor.

Temari se levantó del suelo y abrazó con fuerza a su mejor amiga.

—Perdón y gracias, Saku—espetó entre lágrimas. No dejó pasar más tiempo y tomó su valija, apresurándose a su nuevo destino.

Sakura fue tras ella y observó la secuencia.

El chófer ubicó la valija en el baúl y la rubia subió en el asiento trasero. Su rostro denotaba la angustia latente. Aquella noticia la había devastado y Sakura temía por cómo podría enfrentarlo ahora que estarían lejos la una de la otra.

Temari miró a través de la ventanilla y apoyó su mano. Esbozó una ligera sonrisa mientras las lágrimas borboteaban sin piedad en el rostro de la mujer más fuerte que conocía la pelirrosa.

Pero eso no era lo más desgarrador. Eso se convirtió como tal cuando Shikamaru había llegado hasta el lugar, presenciando cómo la mujer de su vida estaba alejándose más, mostrando su rostro más vulnerable y sin chance de volver a verla.

Sakura rompió en llanto. Ser la espectadora de aquella escena la había destrozado.

Shikamaru, con un papel en sus manos, prefirió arrugarlo a medida que veía cómo se alejaba el auto donde estaba Temari.

Ambos, con las palabras atoradas, contemplaron una última imagen de su amado.

"Lo siento, Shikamaru. Ahora seré yo quien cargue con esta agonía de no saber..."