Percy había decidido quedarse atrás, tenía una hemorragia interna bastante grave y cuando la adrenalina y su inestabilidad mental se fueron, únicamente quedó el dolor, si intentaba ir con sus amigos únicamente los retrasaría.

Tomó ese tiempo a solas para arrastrarse hasta el río que pasaba a un lado y quedarse sentada allí un buen rato, sintiendo como curaba sus heridas.

Se quedó sentada en la orilla, controló el agua para formar un brazo de agua y tomar a Kubikiribōchō, Suigetsu había quedado en estado gelatinoso, Jūgo era un costal de huesos rotos y Karin no se había atrevido a acercarse a ella y recuperar la espada.

Samehada se removió en su espalda cuando Percy tomó la empuñadura de Kubikiribōchō y la inspeccionaba.

—Ya, no te pongas celosa —le dijo Percy a su espada mientras dejaba la otra espada a un lado y buscaba por un pergamino en una de sus bolsas.

Percy amaba sellar cosas en los pergaminos y no entendía porque los ninjas no lo hacían con todo.

¿Quieres llevar comida? ¡Sellala! ¿Quieres agua? ¡En un pergamino! ¿Quieres ropa? ¡Sellala!

Y si, Percy cargaba con varios pergaminos justo por eso. En uno llevaba armas, en otro llevaba comida, llevaba ropa, y también llevaba pergaminos de invocación. Las posibilidades eran infinitas.

Pero esta vez sacó un pergamino en blanco, un pincel y tinta.

Se puso sus lentes y comenzó a escribir sobre el pergamino, dejando un espacio en medio. Puso a Kubikiribōchō encima del pergamino y después de hacer unos cuantos sellos, la espada desapareció, ahora sería mucho más fácil llevarla. Guardó su pergamino y siguió esperando a curarse aunque supuso también que lo mejor sería cambiarse de ropa, la suya ya estaba bastante mal.

Miró a todos lados, sintiéndose un tanto estúpida después, era de tipo sensor, no había necesidad de hacer eso para asegurarse de que estaba sola.

Sacó otro de sus pergaminos, no llevaba más ropa de ANBU pues únicamente te daban la que necesitabas al momento. De cualquiera manera, esa había sido su última misión como ANBU.

Comenzó a cambiarse, siempre estando pendiente de sus alrededores. Cuando terminó, miró su reflejo en el río mientras sentía como Kakashi se acercaba.

Terminó de deshacerse la trenza que siempre llevaba y peinó su cabello con sus dedos, acomodandolo. Tomó su hitae-ate y lo acomodó en su frente, dónde siempre lo portaba. Siguió acomodando su cabello un buen rato.

—¿Qué pasó? —le preguntó Percy a Kakashi, sin voltearlo a ver.

—Sasuke ya no estaba cuando llegamos —dijo él, sin acercarse más—. Lo estuvimos buscando un buen rato pero no hay ni rastro, tampoco del cuerpo de Itachi.

La azabache suspiró y comenzó a ponerse de pie para consternación de Kakashi quién se acercó al instante a ayudarle.

—Tranquilo, estoy bien —le dijo Percy, poniendo una mano al aire para hacer que él peliplata se detuviera.

Cuando Kakashi vió la nueva vestimenta de Percy, su corazón también se detuvo un momento.

Ahora vestía un short negro a mitad de su muslo, una playera de red y encima de esta el chaleco táctico verde abierto. Su cabello ahora estaba acomodado en una coleta baja y por la sonrisa que tenía en el rostro nunca hubieras adivinado que esa chica había estado a punto de matar a alguien únicamente utilizando sus puños.

—¿No deberías estar usando el uniforme de ANBU? —preguntó Kakashi, saliendo de su ensoñamiento.

—Esta fue mi última misión como parte de ANBU —le dijo ella, encogiéndose de hombros y sorprendido al peliplata—. Después hablaremos con Tsunade sobre unirme al equipo Kakashi pero ahora mismo me voy a la aldea —dijo Percy, comenzando a caminar, pasando a un lado de Kakashi. Tenía ganas de llorar por un día completo y después ya seguiría con su vida—. Nos vemos.


Percy lloró por un día, cómo había dicho, no salió de su departamento, no corrió las cortinas y mucho menos abrió la puerta o dió signos de estar con vida a quien se acercara a visitarla.

Kubikiribōchō ya se encontraba en el cuarto de espadas y demás cosas, era un pequeño armario de apenas 4 metros cúbicos y solo se podía acceder por su cuarto, al cual nadie podía entrar si ella no quería.

Paseó por su departamento luciendo miserable, había estado más de una hora en su tina de baño para que su cara dejara de estar tan hinchada y para que dejara de dolerle la cabeza.

Estuvo en pijama todo el día y lo único que había en su estómago era cereal.

Acostada en su cama en posición fetal, con una mano alrededor del collar que Itachi le había regalado y todas las luces apagadas, no le importó que alguien tocara a su puerta, tampoco le importó cuando esa persona entró a su departamento por la fuerza y mucho menos cuando esa persona entró a su cuarto.

Lo que si le importó fue cuando esa persona encendió la luz, por lo que se quejó y escondió el rostro debajo de una almohada.

—No estoy —dijo ella mientras sentía como su cama se hundía bajo dos pesos.

—Godaime-sama requiere de tu presencia —le dijo Kakashi.

Naruto se asomó por debajo de la almohada y le sonrió.

—Vamos, Percy, a mi también me han llamado.

Kakashi estaba más interesado en el librero de Percy, pues ahí estaban los tres libros de ICHA ICHA. El tercero aún no era debidamente publicado por lo que solo pudo adivinar que Jiraiya se lo había regalado, ¿y por qué demonios le regalaría eso a una niña de 16 años?

Era la primera vez que Naruto estaba en la habitación de Percy cuando ella había estado cientos de veces en la habitación de él, cómo sea, eso le importó poco al ver a Percy ahí, en pijama y tan vulnerable como nunca la había visto.

Kakashi estaba comenzando a indagar más en la habitación de Percy, revisó sus fotografías y estaba por abrir una caja negra escondida a simple vista en una de las partes más bajas del librero pero la mano de Percy estaba encima de la tapa en un segundo, y lo miraba con cara de pocos amigos. Lo único que Kakashi había llegado a ver era que se trataba de algún tipo de tela, tal vez ropa.

—Salgan de mi habitación, me cambiaré rápido —dijo ella, empujando al rubio y al peliplata hacia afuera y cerrando la puerta con llave pues conocía las tendencias pervertidas de ambos.

Cuando salió, llevaba un pantalón negro holgado y una blusa gris igual holgada, no llevaba su hitae-ate y si a la Hokage se le ocurría decirle algo sobre misiones ella diría "a la mierda", estaba muy cansada (mentalmente hablando) para ese tipo de cosas.

Caminó a lado de Kakashi y Naruto con cara de sueño todo el rato, Naruto se preguntó si Percy estaba en sus días rojos del mes.

Al llegar a la Mansión Hokage se encontraron con Gamabunta y Gamakichi, cosa que hizo que Percy arqueara las cejas pero siguió caminando hacia la oficina de la Hokage.

Cuando por fin entraron, se encontraron más sapos en el lugar, al igual que con Sakura y Sai.

Todos tenían expresiones sombrías, lo que ocasionó que a Percy le diera un pinchazo en el corazón y sintiera todo el sueño irse de su cuerpo. Sus sentidos habían despertado como si estuviera a punto de entrar en batalla.

—¿Él es el estudiante de Jiraiya-chan? —preguntó una de las ranas, la que se veía más vieja.

—Sí, este es Naruto Uzumaki, el "Niño de la Profecía" que mencionaste—dijo Tsunade, mandando un escalofrío por la espalda de Percy ante la palabra profecía—, y ella es Percy Jackson, amiga de Jiraiya.

—¿Una rana vieja? ¿Qué demonios? —preguntó Naruto.

—¡Cuida tu boca, Naruto! —le advirtió la Hokage—. Este es Fukasaku-sama, uno de los dos grandes sabios del Monte Myōboku, vino de lejos para hablar contigo.

—Tú eres, sin duda, el estudiante de Jiraiya-chan —dijo Fukasaku con su total atención en Naruto.

—¿Jiraiya-chan? ¿Chan? —soltó Naruto, ahora su ceño estaba fruncido—. ¡Tú hablas de Ero-sennin como si fuera un niño! ¿Quién se cree este que es?

—¡Te dije que cuidaras tus palabras! —le regañó Tsunade, también frunciendo el ceño y todos aquellos gritos hacian que la cabeza de Percy retumbara y comenzará a doler otra vez.

—Fukasaku-sama es quien le enseñó sus jutsus a Jiraiya-sama —habló ahora Shizune—. Es el maestro de Jiraiya-sama.

Percy tomó más atención en el sapito, quién había soltado una carcajada al ver la sorpresa en la cara de Naruto.

—Ero-sennin, ¿eh? Que buen apodo para Jiraiya-chan —dijo Fukasaku con una sonrisa.

—¿Y qué se supone que quiere de mi? —preguntó ahora Naruto.

—No estoy seguro de por dónde empezar —comenzó a decir el sapito, su expresión cambiando completamente—. Supongo que lo más importante es que... Jiraiya-chan ha muerto en batalla.

A Percy se le movió el piso, la noticia sacándola de balance al instante. Se recargó en la pared antes de que alguien notara lo que había pasado, la cabeza comenzó a dolerle más repitiendo una y otra vez las palabras de Fukasaku.

¿Jiraiya qué?

Cerró los ojos con fuerza.

—¿Eh? —dijo Naruto y era lo mismo que pasaba por la mente de Percy.

Estaba muy confundida y parte de ella pensaba que no era real, que aquello era aún sueño, o más bien, una pesadilla.

—¿De qué hablas? —preguntó Naruto y su tono de voz hizo todo más real para Percy.

Había conocido a Jiraiya desde hace diez años, desde que había llegado a ese lugar pero supo que para Naruto el golpe debió ser igual o más fuerte que para ella, Jiraiya había sido lo más cercano a una figura paterna que él hubiera tenido. El sentimiento que él tenía de perder a Jiraiya era el que ella podría llegar a sentir si perdía a Quirón, a Paul o incluso a su propio padre (aunque este último era el menos posible pues era inmortal).

—Sé que es fuerte —comenzó a hablar Fukasaku mientras a la mente de Percy llegaban resquicios de su última conversación, él había ido a pedirle que lo acompañará. ¿Será que...?, comenzó a pensar Percy, comenzando a sentirse como un pedazo de basura—, no los culpo si no me quieren creer. Pero hace un tiempo, se escuchaban rumores de que el líder de Akatsuki estaba en Amegakure no Sato —Rumores, pensó Percy, recordando la sección en su libro sobre Pain y todo lo que Itachi le había dicho sobre él, ella sabía que no eran solo rumores—. Jiraiya-chan fue en persona a confirmar esos rumores.

Confirmar, pensó Percy mientras abría los ojos y miraba el techo, su labio inferior había comenzado a temblar. Si hubiera compartido la información antes..., pasó el nudo que tenía en la garganta. Pero no podía, hasta que Itachi estuviera muerto.

Itachi está muerto y ahora también lo está Jiraiya.

—¿El líder de Akatsuki estaba en Amegakure? —preguntó Sakura.

La mente de Percy escuchaba todo pero en ese momento estaba más sumida en su miseria que para siquiera reaccionar de alguna manera a lo que decían.

—Es muy difícil infiltrarse en esa aldea —dijo Sai—. Es una aldea cerrada al mundo exterior.

Percy quería gritar y ponerse a berrear allí mismo, tirándose al suelo y haciéndose bolita. Ahí a donde fuera solo perdía amores, perdía amigos.

—Sí, pero Jiraiya-sama tenía mucha habilidad para tácticas de espionaje e infiltración —aportó ahora Kakashi.

—Jiraiya-chan se encontró con el líder de Akatsuki, Pain —continuó diciéndoles Fukasaku—. Aunque, Pain fue un estudiante de Jiraiya-chan.

—¿Estudiante? ¿A qué se refiere? —le preguntó Sakura, sorprendida.

—Jiraiya-chan lo llamó Nagato.

Percy recordó la historia que Jiraiya le había contado hace mucho sobre los tres huérfanos de Amegakure y las lágrimas se formaron en sus ojos cuando recordó su manera de contarle las cosas y de hablar con ella.

—Eso fue hace mucho —dijo Tsunade—. Durante el caos de la Gran Guerra Ninja, Jiraiya cuidó de unos huérfanos en Amegakure, que se había convertido en un campo de batalla. Quién se hubiera imaginado que esos niños...

—Pero, para vencer a un ninja como Jiraiya-sama... —comenzó a decir Kakashi-sensei y Percy apretó los manos en puños. Lo hubiera acompañado, eso era todo lo que tenía que hacer—. ¿Cómo pudo este Pain...?

—Él posee el Rinnegan —les dijo Fukasaku y la mente de Percy siguió viajando, escuchando la voz de Jiraiya en su mente fuerte y claro cuando ella le preguntó sobre el Rinnegan en su tiempo.

—¿Rinnegan? —preguntó Sakura.

—El Rinnegan es un dōjutsu que poseía el padre de todos los ninja, Rikudō Sennin —le explicó Shizune—. Yo pensé que era solo una leyenda.

—El dōjutsu legendario, el Rinnegan —siguió hablando la rana—. Sus poderes van más allá de la imaginación y no es solo eso, eran seis.

—¿Cómo puede ser eso posible? —preguntó Kakashi, sorprendido.

—Debe de haber un truco —dijo Fukasaku—. Solo Jiraiya, quién estaba ahí, descubrió su secreto pero le destrozaron la garganta. Incluso después de eso, Jiraiya-chan dejó un mensaje antes de colapsar —se quitó la capa que llevaba y les mostró su espalda, dónde había números grabados—. Estoy seguro de que lo hizo para prevenir que Pain se diera cuenta —dijo él mientras volvía a ponerse su capa, cubriéndose y entonces buscando algo dentro, cuando les mostró lo que llevaba en su mano, los ojos de Percy comenzaron a desbordarse y las lágrimas surcaron sus mejillas con total libertad—. Durante la batalla, intentó utilizar esto pero perdió un brazo antes de lograrlo —dejó el dracma y el prisma en la mesa, dónde repiquetearon al impactar—. He dicho todo acerca de Jiraiya-chan.

El corazón de Percy se detuvo, bajo su cabeza y trató de controlarse, controlar el nudo en su estómago que causaba las nubes de lluvia que se estaban formando.

—¿Lo dejaste ir, bāchan? —preguntó Naruto después de todo y Percy se sintió peor, ¿cómo vería a Naruto a la cara después de saber que ella también tenía culpa en aquello?

—Sí.

—¿Por qué permitiste tal cosa? —Percy lloraba cada vez más y más, ¿y por qué no podía parar sus lágrimas? Un ninja no tiene que mostrar emociones—. ¡Conoces a Ero-sennin mejor que nadie! ¡¿Cómo pudiste enviarlo solo a tal sitio?! —pero cada palabra de Naruto era un golpe a su corazón.

—Ya basta, Naruto —le llamó Kakashi—. Tú más que todos debes conocer los sentimientos de la Hokage.

Naruto pasó a su lado, y ver a Percy en lágrimas de aquella manera únicamente lo hizo sentirse peor. Quería decirle algo para que se sintiera mejor pero era imposible si él no se sentía bien en lo absoluto.

—Si Ero-sennin hubiera sido Godaime Hokage, nunca habría dejado a Tsunade tomar esos riesgos, ¡nunca! —dijo el rubio para después salir por la puerta.

—¡Naruto! —le regañó Sakura.

—Sakura, está bien. Déjalo —le dijo Tsunade.

Percy limpió sus lágrimas, aunque más seguían saliendo. Caminó hasta el escritorio de Tsunade, tomó el dracma y el prisma y los miró en su mano con dolor.

—Iba a llamarme a mi —dijo ella al final, su voz quebrándose en la última palabra—. Hubiera ido con él desde un principio.

Percy dió media vuelta y caminó a la salida, nadie la detuvo y nadie le dijo nada.

Cuando llegó a su departamento, apagó todas las luces, sacó una botella de sake de su escondite y tomó dos copas. Se sentó en la mesa del comedor, puso una copa frente a ella y otra del otro lado de la mesa, llenó ambas y siguió llorando un buen rato.

A petición de Percy, los dioses habían acordado que mientras estuviera en su departamento, no iban a pasar nada de lo que le pasaba en la HefestoTV, pero sabía que habían visto lo que había pasado en la oficina de la Hokage.

Suspiró y se tomó su primer copa de sake mientras las lágrimas por fin se detenían, aunque no el dolor de cabeza.

Siguió tomando y no se detuvo cuando se acabó la primera botella, ni la segunda, ni la tercera o las dos siguientes, o las dos siguientes a esas.

Se detuvo en la octava, hasta que su cabeza pegó contra la mesa y se le olvidó incluso porque había estado llorando en primer lugar, se le olvidó incluso que no había cerrado la puerta con llave y se le olvidó que parecía una adolescente de 16 años y aún no tenía edad de tomar.

Ya casi cumplo 17, pensó Percy mientras hacía girar el dracma entre sus manos pero se caía cada dos por tres.

Escuchó la puerta abriéndose pero por suerte nadie prendió la luz.

—No puede ser —dijo una voz de hombre, algo fastidiada pero no podía saber exactamente a quien pertenecía.

Escuchó la puerta cerrarse detrás de él y no pasó mucho tiempo antes de sentir como alguien la tomaba en brazos y la cargaba.

El mundo dió vueltas mientras aquel hombre la llevaba hasta su habitación y la dejaba en su cama. Percy se aferró al chaleco de ese hombre mientras la dejaba en su cama, sin darle oportunidad a soltarse.

—No me dejes sola, extraño —le dijo ella con un tono de voz demasiado frágil.

—Soy Kakashi —le dijo él, con tono cansado.

—Lo que sea —respondió Percy mientras jalaba a Kakashi hacia ella hasta hacerlo acostarse a su lado—. No quiero estar sola.

Kakashi suspiró y únicamente se enderezó un poco para quitarse su chaleco táctico y después regresar con Percy a la cama. La azabache se aferró a su cuerpo y parecía indispuesta a soltarlo pronto por lo que él se acomodó y acaricio su cabello.

Se había preocupado al ver el estado de Percy, era la segunda vez que la veía llorar y hasta ahora era la peor, su expresión de sufrimiento logró romper a Kakashi por lo que en cuanto estuvo libre camino hasta su departamento para ver cómo estaba únicamente para encontrarla apestando a alcohol y definitivamente muy ebria.

—Las niñas pequeñas no deberían de tomar tanto, ¿sabes? —le dijo Kakashi, quitando algunos de los cabellos de Percy de su rostro para apreciar su belleza a gusto—. Ni siquiera creo que sea legal.

Percy aflojó el agarre que tenía sobre él pero únicamente de una de sus manos, con su mano derecha aún lo tenía bien agarrado. Su mano izquierda subió hasta el rostro de Kakashi y siguió hasta su cabello, Percy hizo un sonido de satisfacción con su boca.

—No soy una niña —le dijo ella mientras su mano seguía jugando con su cabello—. Dioses, siempre me pregunté cómo se sentiría pasar mi mano por tu cabello.

—¿En serio? —preguntó Kakashi, cerrando su ojo y dejándose llevar por el tacto de Percy. Él llevó su mano derecha hasta su cintura y la abrazó—. Yo me he estado preguntando cómo será el tacto de tu piel.

Woah, ¿de dónde salió eso?, se preguntó Kakashi pero ya estaba dicho, únicamente esperó a que Percy estuviera lo suficientemente ebria como para que no recordará lo que había dicho.

Percy llevó una mano a su hitae-ate y se lo quitó casi con maestría y él se dejó pues las caricias que recibía eran todo para él.

—Estoy llena de cicatrices —le respondió ella, frunciendo el ceño pero aún con los ojos cerrados—, no creo que sea tan lindo.

—Yo creo que eres preciosa, con cicatrices y todo.

Kakashi se mantuvo despierto un buen rato, las caricias de Percy se detuvieron eventualmente cuando la chica cayó dormida.

Todo lo que pasaba por la mente de Kakashi era lo hermosa que era Percy y él como todo aquello estaba mal. Era su alumna y le llevaba 14 años, ¿por qué demonios estaba en su departamento, en su cama y abrazándola?

Cerró su ojo y se acercó más a Percy, inhalado su aroma tan parecido al del mar y el cuál ya sabía de dónde lo había reconocido antes. Era el mismo aroma que había reconocido en Psique hace tres años, aquella chica que nunca volvió a aparecer en la aldea y de la cuál Kakashi casi no recordaba nada.

Aquel olor lo volvía loco y sentía que no tenía suficiente de él, no tenía suficiente de ella.


Al día siguiente, el dolor de cabeza de Percy era impresionante.

No voy a volver a tomar en mi vida, pensó pero ella y Dionisio sabían que se estaba engañando, volvería hacerlo dentro de un mes.

Abrió los ojos despacio, tratando de vislumbrar si había luz en la habitación. Sus demás sentidos recién se despertaban y fue por eso que abrió los ojos con sorpresa cuando sintió un brazo alrededor de su cintura, el aroma de un hombre y el chakra de Kakashi.

Cerró los ojos y los recuerdos de la noche pasada comenzaron a llegar a su mente cómo si de un tsunami se tratase.

¿De verdad había dicho y hecho todo eso?

Su rostro se puso rojo.

No tenía tiempo para más amores, recién había perdido uno y también un amigo.

—Buenos días —dijo Kakashi con tono divertido mientras afianzaba su agarre en la cintura de Percy, cosa que confundió a la chica.

—¿Qué tienen de buenos? Me duele la cabeza horrible y tengo mucha sed —se quejó ella, escondiendo su rostro en su almohada para que el peliplata no notará el sonrojo en sus mejillas.

—Siempre que despierte viendo tu rostro, serán buenos días —dijo él y Percy se preguntó de dónde estaba sacando tanta confianza para hablarle así—. Puedo prepararte algo de desayunar si quieres.

Percy frunció el ceño sobre la almohada, ¿qué calamares estaba pasando?

Kakashi no esperó su respuesta pues se puso de pie y salió de su habitación.

Percy se quejó mientras se ponía de pie, camino al baño y se echó agua en la cara, despertando sus sentidos y disminuyendo el dolor de cabeza.

Volvió a caminar a su cuarto y estaba por alcanzar a Kakashi en la cocina cuando se dió cuenta de que había algo mal ahí.

Percy Jackson no era la persona más ordenada de todas pero lo que si había era un orden en su desorden, ella sabía exactamente donde estaban todas su cosas en aquel lío de objetos, así como también podía notar si alguien había tocado sus cosas y las había movido mínimamente.

Era la caja en su librero, la caja en la que guardaba la ropa que Kakashi le había prestado a Psique hace tres años, estaba mal posicionada y no tenía el broche puesto.

Kakashi había abierto esa caja.