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La sección de oficiales de la nave estaba en la zona permanente de la nave. Los oficiales que originalmente estaban destinados a viajar en Macross tenían su vivienda en esta área. Yelena tenia su habitación estaba en un sitio bastante conveniente, en la puerta de al lado estaba Hikari Takeda, la jefa de logística de su escuadrón, en la puerta del otro lado estaba su amiga Claudia LaSalle, enfrente estaba la habitación de Eugene Doherty y en la puerta al lado de Hikari estaba la de Gennadi.
Las habitaciones eran similares, una estancia que reunía sala de estar, cocina que casi nunca usaba- y comedor, una habitación y un cuarto de baño. Comparada con los apartamentos en la ciudad eran bastante pequeños, pero Yelena se había acostumbrado a irse en la mañana y regresar en la noche porque la mayor parte de su permanencia en su habitación era para dormir.
Había pasado cinco días desde el ataque y todo estaba regresando a la relativa rutina. Prometheus fue acoplado nuevamente a Macross y estaban de nuevo en viaje hacia la Tierra. Las operaciones de patrulla de combate estaban en marcha a pesar de que aun la mitad de los Valkyrie estaban en reparaciones.
Este hecho aun mortificaba a Yelena, estaba golpeándose los labios con el bolígrafo pensando en órdenes para impartirlas a sus subordinados. En este momento, estaba sentada ante su computadora, coordinando las actividades de última hora que se realizaban en el turno nocturno de reparaciones en los tres escuadrones bajo su mando. Eran las 10 de la noche y aun continuaba trabajando. Ya se había duchado y estaba con su ropa de dormir, con una camisa grande de botones que tanta comodidad le daban en la cama.
"Deja eso para mañana," dijo Gene Doherty poniéndole las manos sobre los hombros. "Takeda y Orlov saben lo que tienen que hacer."
"Cinco minutos mas," respondió Yelena mientras pensaba que mas incluir en lo que escribía.
"Dijiste cinco minutos hace quince," se quejó Gene empezando a masajearle los hombros.
"¡No te preocupas porque no tienes las mismas obligaciones!"
"Si lo dices así me haces sentir inútil," dijo con un tono de dolencia en su voz.
"Disculpa," comentó Lena suavizando su voz, recargándose del respaldo de la silla. "No quiero que nos agarren desprevenidos y con pocos Valkyrie. Aun nos faltan efectivos."
"Pero no lo vas a resolver en cinco minutos. Ven," dijo mientras le tomaba del brazo y le invitaba a levantarse. "Vamos a dormir y mañana seguro tendrás las cosas mas claras.
Yelena sabia que Gene quería genuinamente dormir. Ambos tenían bastante trabajo y al llegar la noche pensaban en descansar. Ya tenían tiempo durmiendo juntos (en los dos sentidos más comunes de la expresión), y más que todo lo hacían para hacerse compañía, porque en los últimos meses la tensión iba creciendo y era muy deprimente irse a dormir sin conversar con alguien. En la mayoría de las noches conversaban hasta quedarse dormidos.
"Piensas mucho," comentó Gene cuando ya estuvieron bajo las sabanas.
"Pues si, las reparaciones, las patrullas, la graduación. Acuérdate que mañana tenemos que entregarles las alas a los aprendices. Y tenemos que estar alerta en caso de un ataque..."
"Si, yo sé. Pero si te sigues preocupando te van salir mas canas."
Yelena gruño y se dio la vuelta dándole la espalda. Cierto que tenia algunos 'detalles' en el cabello pero no eran canas. Lena había dejado de teñirse el cabello y se estaba notando las diferencias. Tenia una afección llamada poliosis, que hacia que mechones de cabello crecieran de un color distinto al resto, lo cual le hizo el blanco de burlas desde niña. Desde joven se había teñido el cabello para ocultarlo, por lo que de adolescente había sido rubia platinada, luego en su época de piloto había sido pelirroja, y últimamente hacia sido morena. Actualmente su cabello crecía con su color natural, castaño oscuro, pero adornado con esos dos mechones rubios que crecían a ambos lados, uno mas arriba y adelante que el otro.
Gene pasó su brazo alrededor de ella y la abrazó. Ella se acurrucó un poco mas contra él, a pesar de que se suponía que estaba molesta por la interrupción de su trabajo y el comentario.
"Espero que no se les ocurra atacar ahora, me siento muy cómodo."
A pesar de no querer Yelena esbozó una sonrisa al sentir lo cómodo que estaba Gene. Casi una hora después ambos decidieron dormir.
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Gennadi se despertó bastante temprano, ya a las 5 de la mañana estaba levantado. Incluso estando hospitalizado por sus heridas, su reloj biológico le seguía despertando a la misma hora de siempre.
Si nada más que hacer estaba escribiendo en su notebook, que amablemente le había traído Yelena. El trato con ella seguía mejorando, aunque Gennadi le exasperaba cuando ella apenas mencionaba a Doherty, aunque en su presencia lo hacia solo en el contexto del trabajo, pero igualmente le seguía tocando un nervio su mención.
A pesar de haber dado un informe verbal aun tenía que escribir sobre lo sucedido, además de anotar los detalles de otras actividades. No podía mantenerse ocioso. Para completar su imagen de persona oficiosa estaba sentado en la silla al lado de la cama. Igualmente le iban a dar de alta esa mañana así que mejor ponerse activo.
Hacía unos días cuando pudo -o le dejaron- salir visitó a Isabella. La chica estaba despierta y lucida, recordando los detalles de lo que le había sucedido. Solo conversaron una vez sobre el bebé, y desistieron cuando Isabella rompió en llanto. Juraron que no volvería a tocar el tema.
Isabella estaba respondiendo bien, a pesar de las heridas internas. Pero la preocupación era su pierna, tenía varias varillas y tornillos para fijar el fémur.
"Buenos días," dijo la Doctora Baudet. "A la mayoría de los pacientes les gusta dormir."
"Buenos días, no soy como la mayoría."
"Luego que desayune se podrá ir. Imagino que algún conocido se encarará de usted."
"Buenos días, ¿puedo pasar?" dijo Kiernan.
No había terminado la pregunta cuando ya estaba a mitad de camino de la cama, se sentó en esta y abrazó la almohada contra su pecho. La pelirroja vestía una falda plisada de cuadros blancos y negros como un tablero de ajedrez e inquietantemente corta, que contrastaba bastante con el suéter de cuello alto que usaba.
"¿También quieres desayuno?" dijo la Doctora.
"Si es tan amable, por favor."
"Y pensando que no te vería mas."
En su época de enfermera Kiernan había estado precisamente bajo las órdenes de la Doctora Baudet, por lo que esta última conocía ya las mañas de la chica. No es que fuera mala trabajadora, era la mejor, aprendía rápido pero tenia la mala costumbre de preguntar de todo y por todo como una niña pequeña.
"Les dejo, tengo otras cosas mas importantes que hacer," dijo Baudet. "Luego que coma le volveré a ver."
"Me asegurare que coma todo," dijo Kiernan. "Cuidare muy bien de él."
"Lo compadezco."
Apenas la Doctora salió y cerró la puerta, Kiernan se levantó de la cama, se acercó a Gennadi y sin consideración le bajó la pantalla a la notebook, se la arrebató y la puso sobre la cama. Antes que protestara, la chica se arrodilló frente suyo, apoyando sus codos sobre sus muslos, y se le quedó mirando fijamente.
"Présteme atención," dijo la chica. "He venido a visitarlo, señor."
"Pensé que venías a ver a Isabella."
"Ella esta dormida, la veré dentro de un rato."
"Gracias por dedicarme parte de tu valioso tiempo."
"Sabes que me conviene estar en buenos términos contigo."
"¿Y eso porque o para que?"
"¿Interrumpo?"
La voz les sobresaltó, y al voltear vieron a Betty Fernández. La chica les miraba y la escena ante ella no le inspiró mucha confianza, porque Kiernan estaba arrodillada delante de él, como si estuviera rezándole.
Desde cualquier perspectiva la escena era muy comprometedora.
"Hola Betty..." empezó a decir Gennadi.
"Isabella se despertó y te quiere ver," dijo Betty, interrumpiéndole y en un tono mucho mas alto de lo que debería para la reducida habitación.
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Los técnicos trabajaban en tres turnos las veinticuatro horas. Podría haber puesto a todos a trabajar en un solo turno y cerrar en la noche, pero Yelena quería mantener el menor número posible de personas en un momento dado y no dejarles nada a los integrantes del regular del turno nocturno que habitualmente tomaba las actividades.
Los tres turnos estaban compartidos entre Sergei Orlov, de 8 de la mañana a las 4 de la tarde, Hikari Takeda de las 4 de la tarde a la medianoche y Irina Kirbuk de medianoche a las 8 de la mañana.
"Ya tenemos el sesenta por ciento de los Valkyrie operativos," explicaba Yelena. "Estamos aprovechando para hacer la conversión al nuevo combustible. Tiene un impulso específico menor pero nos ayudara mas adelante a que el mantenimiento sea más rápido al no tener que tratar con un combustible que necesite mas cuidados. El tetroxido de nitrógeno y monometilhidrazina son sustancias bastante delicadas, si mete el dedo en ella lo que sacara será el hueso."
"¿Y porque se usa una sustancia tan horrible si es así de peligrosa?" preguntó el Coronel Maistrov que caminaba a su lado.
"Eficiencia. Además hay casi ochenta años de experiencia en uso. Pero lo cambiamos porque la hidracina y peróxido de hidrógeno son más fáciles de producir abordo sin riesgos."
"Pero eso nos retraza."
"Cierto, pero es preferible que sea en este momento que estamos en relativa calma, que tener retrasos en medio de los combates."
Durante los pasados meses el Coronel Maistrov había estado dándole mas libertades a los comandantes de escuadrones, y estos pagaban esa libertad con resultados. Siempre tenia algunos roses con Yelena, pero era la que mas cumplía, tanto con los escuadrones a cargo como con el escuadrón de entrenamiento.
"Espero que este disponible hoy," dijo Yelena. "La graduación de los aprendices será a las quince horas."
"Estaré allí, igual que el Capitán. Los aprendices cada vez se presentan con mejor experiencia, y según me dicen varios de estos aprendices incluso a han visto combate y se han destacado."
"Gracias, señor."
"Bueno Mayor, no la retrazare mas," dijo Maistrov dando por terminada su visita. "Nos veremos en la tarde."
"Así será, señor," dijo Yelena dándole un saludo y despidiendo al Coronel."
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Katy Postman Karpov estaba ya había elaborado una rutina en sus días. Trabajaba en la MBS a cargo de una dirección dedicada a la investigación, aunque dentro de la nave no había muchas noticias que investigar, entre las noticias de la farándula, efemérides y entrevistas era como se mantenía alimentado los noticieros.
En las tardes, luego de salir del trabajo, esperaba a su esposo Ivan para ir a casa. El edificio de la MBS estaba bastante cerca de la entrada hacia el Prometheus, donde servia Ivan.
Hoy tenía otra asignación, el director había decidido que fuera a cubrir el evento de la graduación de los pilotos, ya que era la periodista que mas contacto tenia con los militares y tenia buenas relaciones con altos oficiales. Por lo general los militares eran muy cerrados y desconfiaban de la prensa, pero ella se había adentrado de manera personal en esa comunidad y era recibida. Salvo el incidente con Gennadi Engel, todo iba bien.
Estaba junto con varios camarógrafos y recorría la sala de reuniones. Esta tenía capacidad para 100 personas, en tantos asientos. Nunca se llenaba salvo cuando se reunían los 4 escuadrones del grupo de ataque y a los jefes de mantenimiento. Frente a ellos estaba el palco del que fuera a dar la charla o presentación, y detrás y sobre su cabeza estaba una gran pantalla.
Yelena lucia su uniforme de servicio con falda lápiz. Por lo general usaba pantalón, ya que sus obligaciones como comandante de escuadrón y piloto le exigían mucha movilidad. Al dejarse crecer el cabello ahora debía cuidarlo mejor, y lo llevaba acomodado en una coleta trenzada, cortesía de Hikari Takeda, que tenia como segundo trabajo dedicarse a la peluquería. Gene Doherty estaba a su lado, conversando con Karpov y la Sargento Karin Lunney.
La relación entre Lena y Gene era un secreto a voces, aunque en público se comportaban como un par de amigos, de vez en cuando se les olvidaba y Doherty terminaba abrazando a Yelena de los hombros, o esta última tomándole de la mano. Se suponía que las relaciones entre oficiales estaban vetadas debido a que una relación personal podría causar conflictos a nivel profesional, pero ambos nunca habían tenido una discusión al menos seria- ambos sabían sus responsabilidades, y a la final Yelena tenia mas rango administrativo que él y Gene debía seguir sus ordenes.
Los aprendices estaban formando grupitos, conversando ruidosamente a la espera de la entrega de sus insignias de piloto.
Max y Kakizaki estaba conversando con sus condiscípulos y preguntándose internamente donde estaría Kiernan, ya que la chica había llegado anoche justo antes del toque y había salido hoy bastante temprano.
En ese momento llegó Kiernan acompañando a Gennadi. Este llevaba el brazo colgado de un cabestrillo. Con las heridas aun cicatrizándole en el rostro y algunos morenotes, se veía más grave de lo que realmente estaba.
"No deberías estar aquí," dijo Yelena al verlo llegar. "Te puede dar algo."
"Tengo un brazo roto, no cáncer," respondió Gennadi.
"Perdón, señor."
"Le dejaron salir si lo vigilaba un adulto responsable," dijo Kiernan. "Por si le daba algo en la calle."
"¿Y donde esta el adulto responsable? Solo te veo a ti," dijo Yelena.
"Muy graciosa jefa."
"Puedes retirarte," dijo Yelena. "¡Ya!"
La chica se apartó al no sentirse muy bien recibida allí, sobre todo porque Yelena le decía ¡shú, shú! mientras le hacía ademanes con la mano, corriéndola cómo si fuera un perro. Se alejó de buena gana, saboreando saber algo que ella no.
"En serio," dijo Yelena mirándole el brazo enyesado...y lo que había dentro. "Deberías descansar."
"Sabes que no me gusta quedarme acostado sin hacer nada. Además no voy a salir a manejar armamento pesado, voy a entregar insignias."
Gennadi hablaba mirando a Yelena y Karpov, ignorando a Doherty y evitando mirarle. Para él era un cero a la izquierda pero igual le seguía molestando su sola presencia.
Aun no se había trascendido el feo asunto del extraterrestre. Oficialmente Gennadi, Isabella y Baltrow sobrevivieron al intento de abordaje de un grupo de extraterrestres. Se omitió el tema del extraterrestre capturado o que Gennadi le destrozó el cerebro a balazos.
Gennadi quería conversar con Lunney, pero no lo haría delante de los demás. A pesar de haber tenido... algo, prefirieron ser amigos solamente, y Gennadi quería mucho a la hija de Karin y se aseguraba que no le faltara nada. Mientras estuvo en el hospital Karin había ido a hacerle compañía y él se lo agradecía mucho.
Kiernan se acercó a Max y Kakizaki, que ya estaban sentados, y le dio un abrazo y un beso en ambas mejilla a cada uno. Sin mucha gentileza obligó a Kakizaki a levantarse para ella sentarse entre los dos.
"Están muy arreglados," dijo dándole un pequeño puñetazo a Kakizaki en el hombro. "Hasta parecen gente."
"Ni que fuéramos animales," dijo Kakizaki.
"Trabaje en una veterinaria y habían bestias que tenían mejor porte que ustedes."
"Pensé que estabas donde tu padre o a tu novio," dijo Max.
"En este momento mi papá esta indispuesto. Y deje a mi novio, era un degenerado que se aprovechaba de mi inocencia y me obligaba a tener sexo como conejos cada vez que nos veíamos."
"Que bueno que cortaste con esa relación tan toxica," dijo Max.
"Al contrario, ¿donde conseguiré a alguien que me lo haga con las ganas con las que me lo hacia él? Duraba bastante y me lo hacia como si no hubiera un mañana. Lo estoy extrañando... aunque no me gustaba que me amarrara las manos a la cama y se olvidara desatarme."
"Seguramente muchos están en cola para hacerte el favor."
"Pues creo que ya encontraste a alguien para que te lo haga," dijo Kakizaki riéndose e imaginándosela amarrada a la cama.
"Esta casado," respondió Kiernan.
"No dije nombre."
"No soy boba. Como me vieron llegar con él creen que tenemos algo, que lo recogí en el hospital, fuimos a mi casa e hicimos el amor apasionadamente en el sofá, luego lo acompañe a su casa a cambiarse donde lo hicimos otra vez sobre una mesa y de allí a un restaurante bastante caro. Ah, y conocí a un miembro de la mafia."
"Nunca hablas en serio," murmuró Max.
"¿Como sabes si miento o no?"
Max no contestó porque en ese momento llegó el Capitán Gloval y todo mundo se puso de pie para saludar.
El comandante de la nave hizo un breve discurso sobre la dedicación y la valentía de los jóvenes aquí presentes. No dijo nada sobre la posibilidad de uno de diez de morir, la idea no era hacer que empezaran a pensar en arrepentirse.
En una mesa en la tarima estaban las cajitas con sus insignias de rango y el distintivo de piloto de combate.
"Maximillian Jenius," llamó Yelena mientras tomaba la cajita de la mesa. Iban llamándoles por orden alfabético y ya iban por la J.
Max se acercó a la tarima y siguiendo el orden se acercó a Yelena.
"Lo has hecho muy bien," dijo Yelena mientras le colocaba la insignia en el cuello de la chaqueta. "Has sido uno de los mejores."
"Gracias, Mayor," respondió Max.
"Pero que no se te suba a la cabeza," dijo sonriendo, le dio un saludo y luego le tendió la mano.
Max sentía una ambivalencia en todo esto. Estaba contento de haberse graduado, para poder hacer algo verdaderamente útil. Pero aun seguía la nostalgia por la perdida de su familia. Hacia solo ocho meses había estado contento al llegar a la Isla Ataria para poder presenciar el despegue de Macross. Ahora estaba atrapado junto con toda esta gente.
"Hayao Kakizaki," llamó Karpov.
El chico subió con un paso que parecía una marcha, con sus superiores era muy respetuoso y marcial. Al pararse delante de Ivan Karpov el chico se cuadro y saludó.
"No creí que lo lograras," comentó Karpov mientras le colocaba la insignia. "No lo arruines."
"¡Haré mi mejor esfuerzo, señor!" exclamó el chico, muy rígido y en un tono un poco mas alto del que debería.
Kakizaki era un soldado modelo, un poco acartonado a la hora de dirigirse a los superiores, ya que saludaba y hablaba bastante algo, pero de manera respetuosa. Por fin había logrado ser un piloto de combate, y estaba seguro que demostraría que la elección no fue un error y que resaltaría en combate demostrando todo lo que sabia hacer.
"Kiernan..." dijo Gennadi por reflejo nada mas ver el nombre escrito. No podía declinar ya que era la que seguía y aunque tomara otro ya que el nombre y apellido de la chica comenzaban por la misma letra, y daba igual que la llamara por su nombre o apellido.
La chica iba con paso muy serio, pero cuando se subió a la tarima empezó a ondear una mano y saludar como una actriz camino a recibir el premio de la academia.
"No me imaginaba que serias tu," dijo Kiernan susurrando cuando estuvo delante de Gennadi.
"No me queda de otra," respondió Gennadi también susurrando.
Ya había puesto otras insignias, poniendo primero el alfiler y luego la insignia con una sola mano. Pero cuando iba a poner la de Kiernan la mano le temblaba. La chica le perturbaba.
"Déjame ayudarte, no sea que me perfores la yugular," Kiernan tomó el alfiler y se lo puso ella misma para que Gennadi le pusiera la insignia sin problemas.
"Listo, ya eres piloto," respondió Gennadi dándole un saludo. "Fue demasiado fácil, debería mandarte a hacer el curso otra vez."
"No gracias, hasta la virginidad la perdí en este sitio."
Al finalizar la graduación Katy aprovechó para tratar de entrevistar a uno que otro piloto.
"Estoy contenta," dijo Kiernan sonriendo. "Haré algo útil... no es que fuera una inútil antes."
La foto del grupo de chicas fue algo cómica, ya que las pilotos se quejaron de que no se habían arreglado para fotos... salvo Kiernan, que venia preparada y venia bien maquillada y peinada. En realidad la chica quiso tomarse fotos con todo el mundo, desde Katy misma hasta el Capitán.
Hubo un momento incomodo cuando le pidió a Katy que le tomada una foto con Gennadi. Katy no podía negarse, intentando no dirigirle la palabra al ruso, y este la ignoró olímpicamente como si fuera transparente.
"Pensaba que un agente secreto debía estar en el anonimato," dijo Max entre dientes.
"Oculta en la luz, la mejor coartada."
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El grupo llevó con poco protocolo militar a sus cuarteles, se les perdonaba la relativa indisciplina al estar graduándose.
El grupo de Kiernan, Max, Kakizaki y otros pilotos salieron corriendo del cuartel luego de cambiarse.
Eran las 6 de la tarde y sin toque de queda la mayoría iría a la casa de sus familiares a pasar la noche, por lo que ese día se hicieron muchas llamadas.
Muchos eran jóvenes y estaban viviendo con sus padres, salvo algunos casos como una de las chicas que estaba casada y tenia un hijo (también había otra casada pero sin hijo) y unos cuantos bastante mayores de edad, casados y solteros.
Kakizaki tenía a sus padres, que eran dueños de una lavandería y tintorería.
Max cayó en cuenta que no tenia casa. Cuándo llegó al Macross había vívido con los marines del grupo Destroid y luego con los Valkyrie. Había conocido a Kakizaki al llegar al curso de Valkyrie. La familia de Kakizaki había sido muy buena con el, y siempre era bien recibido en su hogar. Por eso luego de celebrar se iría a donde Hayao.
Kiernan era otro cuento, tenía un apartamento y Max imaginaba que compartía con su padre. Últimamente cuando tenia días libres la chica desaparecía, seguro a su apartamento o donde su novio (a tener sexo cómo conejos, pensó Max). La chica estaba vestida con una versión en rojo y blanco de la minifalda a cuadros que usó en la mañana y un grueso suéter con capucha. Parecía que no le daba frío en las piernas.
Kiernan tenía derecho a hacer lo que quisiera con su cuerpo, además Max y ella solo eran amigos, por lo que no tenía derecho a... ¿ponerse celoso? No podía negar que le atraía y ya había tenido un par de sueños húmedos con ella, y que vistiera esas minifaldas no ayudaba a evitar que tuviera más de esos sueños en el futuro.
"¡No vamos a ir a Bamboo House!" dijo Max categóricamente. Los otros pilotos querían ir, no conocían el prontuario de la chica, y menos lo sucedido en ese local.
"No podemos," dijo Kiernan solucionando la disputa. "Hoy no es noche de chicas. Además conseguí un sitio que les va a gustar"
No había problema, ya que había otros sitios de entretenimiento. A la final la Isla Ataria del Sur había sido una base militar y seria difícil que no tuviera entretenimiento para soldados. Era bastante necesario que existieran, ya que la vida dentro de una nave espacial se podía volver deprimente. Y luego de salir del trabajo, la gente necesitaba (y debía) relajarse y pasarla bien para enfrentar un nuevo día.
Max empezó a preocuparse cuando Kiernan los llevó a un sitio que no conocían. Se preocupó un poco más cuando vieron una fila para entrar y en lugar de formarse, Kiernan siguió de largo y llegó hasta la puerta.
"¡A la fila!" exclamó en voz firme pero suave un tipo bastante grandulón que estiró la mano con la palma abierta para detener a Kiernan. Unos pocos centímetros y le pone la mano en uno de los pechos de lo cerca que se detuvo.
Sus compañeros pensaron que allí terminaría todo, pero Kiernan sacó algo de su bolsillo y se lo dio al tipo. Era una tarjeta con algo escrito.
"Oh, discúlpeme," dijo y le dejó pasar luego que Kiernan señalara a sus amigos.
Al frente de la puerta habían varias mesas, al fondo estaba la barra, frente a las mesas había una plataforma para pole dance en medio y al otro lado había una pista de baile.
Había música, comida e inevitablemente bebida. Kakizaki se apoderó de una mesa y dos chicos de dos botellas de licor cada uno.
"¿Trabajaste aquí también?" preguntó Kakizaki.
"No, me regalaron un pase VIP."
El ambiente era distinto al de Bamboo House. Allá a pesar de que era un club para adultos acá había un espectáculo de pool dance con chicas muy escasas de ropa.
"Para practicar el pole dance seguro deben tener mucha fuerza y habilidad en los brazos y piernas, pero para eso se requiere mucha practica," explicó Kiernan tras beberse de un trago medio vaso de licor.
"¿Experiencia?" preguntó uno de los compañeros sin nombre que les acompañaba.
"Una amiga lo hacia."
"Seguro es mejor que tú."
"¿Qué quieres apostar que lo hago mejor?" preguntó Kiernan poniendo de golpe el vaso sobre la mesa.
"No eres capaz..." dijo uno de los chicos riéndose.
Kiernan se puso roja, ciertamente estaba ebria.
"No le den cuerda," advirtió Max.
"El dinero no es muy valioso en este momento," dijo el chico en tono lascivo. "Ya veremos como nos arreglamos."
"Ve pensando como me vas a pagar," dijo la chica y de un trago se tomó el vaso que había vuelto a llenar.
Se puso de pie, y antes que Max estirara la mano para detenerla la chica se quitó el suéter, lanzándoselo a la cara, quedando con una blusa negra que dejaba los hombros al descubierto. Caminó al escenario que había dejado la chica. Fue tan rápido que los de seguridad no la pudieron detener de subirse a la plataforma.
"¡Déjenme mostrarles!" exclamó Kiernan a los tipos que estaban a punto de bajarla de la plataforma.
"¡Déjenla!" dijo un hombre en una mesa haciendo bocina con las manos y a su clamor se unieron otros. Eso bastó para que la dejaran sola en la plataforma.
Empezó la música, muy parecida a la que tuvo la bailarina pero con un ritmo más lento. Kiernan extendió lentamente el brazo hasta tocar con un solo dedo la superficie, luego pasó la palma y finalmente agarró la barra envolviendo su mano y deslizándola de una manera que hizo que mas de uno imaginara un par de cosas, luego la tanteó con ambas manos, como familiarizándose con ella, giró a su alrededor y palpó desde todos los ángulos posibles, tomó el tubo con su mano derecha y el brazo levantado, empezó a caminar rodeando la barra, caminaba con un pie delante del otro, intentando seguir el ritmo de la música.
Una vuelta completa y luego en la otra dirección, dando varias vueltas, se detuvo al lado del tubo, envolviendo ambas manos en el metal deslizándolas hacia abajo y se inclinó provocativamente hacia delante. No era ni mucho menos el pole dancing de una profesional, solo se estaba moviendo según lo que recordaba haber visto.
Agarró el tubo con la mano izquierda a la altura de su cintura y su derecha hasta arriba, levantó la pierna izquierda hasta que su rodilla llegó a la altura de su cintura, suficiente para mostrar la curva de sus muslos pero no como para que su falda se levantara mucho. En esa pose se impulsó con el pie que tenia en el suelo y dio un giro alrededor de la barra. Puso de nuevo ambos pies en el suelo y volvió a caminar sensualmente sin soltar el tubo y de nuevo volvió a girar alrededor de él con el mismo paso.
Se detuvo y quedó posicionada con el tubo a su espalda, y recargándose de él bajó lentamente quedando casi de cuclillas y volvió a subir como si le diera un masaje al tubo con su espalda. Se dio la vuelta quedando de frente y se inclinó nuevamente hacia delante hasta que su pechó tocó el tubo y abrazándolo. Eso fue todo, pero bastaba.
La música acabó y el público empezó a aplaudir y silbar porque le gustó lo que vio, aun cuando la chica estaba vestida de lo más normal y que en sus movimientos no dejó ver nada bajo su falda a pesar de ser tan corta.
Sus compañeros no podían creer lo que habían visto, pero igualmente vieron sin parpadear. Fue muy sencillo lo que hizo pero se notaba que lo hizo con ganas.
El resto de la velada paso rápido, e incluía el envió de tragos de parte de sus recientes admiradores y despachar a muchos que querían tener un cita con ella. Adrede se abrazaba a Max y con Kakizaki por turnos, haciendo que ambos enrojecieran, más que por las botellas que ya estaban amontonándose vacías en la mesa.
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Con la ausencia de cielo, la madrugada era igual a cualquier hora sin iluminación, sean las 7 de la noche o las 5 de la madrugada.
Max, Kakizaki y Kiernan salieron del local a una hora indeterminada, Max estaba bastante mareado pero podría sobrevivir y su sentido del equilibrio era excelente a pesar de que el piso se movía mucho, Kakizaki estaba bastante tocado y se tambaleaba. Kiernan estaba de pie solo porque conseguía apoyarse de alguno de sus amigos.
Estaban lo suficientemente lucidos para recordar que a Kiernan le ofrecieron trabajar allí y que el dueño ciertamente parecía de la mafia.
Al salir del local, Kiernan se empeñó en trepar a un árbol.
"Por aquí no hay árboles," dijo Max suspirando. "Además, estás demasiado ebria para subirte a uno."
"Eres siempre tan sensato que acabas deprimiendo a cualquiera," dijo Kiernan tambaleándose. "No estoy ebria. Y, aunque lo esté, puedo subirme a los árboles. ¡Eso es! Me subiré a uno muy, muy alto."
"Mejor te acompaño a tu casa," dijo Max, ayudándole a ponerse el suéter. "Allí te das un baño caliente y te acuestas. Estás cansada. Kakizaki, adelántate, la llevó y la dejare allí."
"Mucho cuidado por allí," dijo Kakizaki estirando el brazo para parar a un taxi que oportunamente se acercaba.
Se suponía que vivía cerca, pero a Kiernan se le ocurrió buscar un supermercado que estuviera abierto y al final terminaron llegando casi una hora después al apartamento.
El apartamento era pequeño. Apenas entró Max pensó si estaría el padre de la chica en casa, sobre todo al pasar frente a la puerta de una de las dos habitaciones, que estaba cerrada. El sitio era minimalista, la mesa con tres sillas, un sofá y una mesa baja al lado del sofá. De las habitaciones no había visto nada porque estaban las puertas cerradas.
"Mi papá no vive conmigo. Lo comparto con una chica que trabaja de noche y llega en la mañana," comentó Kiernan sabiendo lo que Max preguntaría. La chica a estaba mas despejada aunque se acostó en el sofá y no se movió.
"Que bueno."
"¿Por qué lo dices?"
"Creo que debería irme," dijo Max mirando la hora.
"¿Me vas a dejar sola? Además ya es de madrugada y me puede dar algo."
"Hay que avisarle a Kakizaki," dijo Max. "No sea que se preocupe."
"Déjame a mi," dijo Kiernan dándose la vuelta en el sofá para alcanzar el teléfono que estaba en la mesita, era un modelo inalámbrico. "Dame el numero."
Kiernan marcó el número y esperó a que respondieran. Estaba acostada sobre su estomago, y Max no podía dejar de ver como caía su falda sobre sus muslos. Max empezó a inquietarse cuando ella no parecía tener la intención de pasarle el teléfono.
"Hola, ¿Kakizaki?, soy yo... la única... en mi casa... aquí conmigo... si... no... dormirá aquí... ¡dije aquí, no conmigo!... si se porta bien... yo arriba... cállate, deja la envidia... nos vemos mañana... si, nos protegeremos... adiós."
"Tu siempre haciendo de las tuyas," se quejó Max al imaginar la otra mitad de la conversación.
"No veo el problema de que sepan que la pasaras bien."
"¿La pasare bien?"
"Depende de cómo te portes."
"Entonces no tendré suerte," dijo Max casi para si mismo, luego se levantó. "¿Quieres un té o café?"
"Té. Con mucha azúcar y bien caliente."
"Si ama, tu mandar y yo obedecer," dijo Max imitando a un esclavo mientras iba a la cocina.
Max agarró la bolsa con lo que habían comprado y sacó una bolsa de té. La cocina era un nicho algo pequeño, una cocinilla eléctrica justo al frente de la puerta y a un lado una hilera de repisas y del otro el fregadero y una mesa de picar. Había una nevera pequeña que estaba en un espacio debajo de las repisas.
Mientras Max ponía a calentar agua, Kiernan empezó a llamar a alguien por teléfono, casi susurrando y luego de intentar otra vez dejó el auricular en el suelo. Ella seguía acostada boca abajo, y desde la cocina Max podía ver el sofá de frente, así que tenia una vista completa de ella. Max empezó a preguntarse a quien estaría llamando a tan altas horas de la noche y si seria verdad que tuvo sexo con alguien en ese sofá este mismo día.
"Toma," dijo Max ofreciéndole una taza. "Con bastante azúcar para la dama."
Sirvió en tazas de cerámica, eran iguales aunque el estampado era distinto.
"No te preocupes que no te drogue para abusar de ti."
Kiernan en lugar de sentarse se rodó y se fue al suelo dando un corto ¡auch!, por suerte el sofá no era muy alto y se sentó rápidamente en el suelo estirando las piernas, tomó la taza y saboreó la mezcla caliente, era de limón, y tenia el punto justo de azúcar, ni tan dulce ni tan amargo.
El teléfono empezó a repicar. Por un momento Max pensó que no lo contestaría, pero ella lo tomó y sonrió al mirar la pantalla antes de contestar.
"Hola... bien... si... no... si... sabia que ibas a estar despierto... estoy contenta no borracha... ¿cómo suena alguien borracho?... no puedo, ya estoy en mi casa... va a estar bien, déjala dormir... te dije que no puedo ir... estoy acompañada... no es lo que crees... es solo un amigo... si lo conoces... no soy ese tipo de mujer... lo de hoy fue un accidente... hiciste que me molestara... estoy molesta... te odio... si vamos donde mismo me contento... entonces ya no te odio... tu amigo Boris el esquiva balas te contara algo cuando lo veas... si fui... no seas así Gennadi... me cuidare, adiós."
Kiernan colgó con una sonrisa en los labios. Por un momento parecía que iba a decir algo pero no lo hizo. Solo se le quedó mirando por encima del borde de la taza.
"Son muy amigos," comentó Max.
"Solo amigos," respondió.
"Que bueno."
"Cuando dices 'que bueno' no suenas muy convencido."
"Si es tu amigo no puedo hacer nada."
"Lo conozco desde hace un tiempo. Ama mucho a su esposa... aunque los hombres dicen amar a sus esposas aunque estén fornicando con otras."
"¿Eres la otra?"
"Nooooooo," respondió Kiernan riendo. "Solo amigos ya te dije."
"Nunca creo nada de lo que dices."
"Así que soy una mentirosa."
"Eso es lo que das a entender."
"¡Estas buscando que te de una paliza y te meta en el congelador!" exclamó amenazándole con el puño cerrado.
"¿Te entrenaron para eso?"
"En combate mortal cuerpo a cuerpo. ¿No recuerdas como deje a Karpov el otro día boxeando?"
"Que recuerde, te tiró al suelo de un solo golpe."
"Yo recuerdo otra cosa."
"Estas ebria, date un baño y acuéstate."
Kiernan parecía obedecerle, se levantó y se quitó el suéter que dejó caer en el sofá y empezó a caminar al baño mientras se quitaba la blusa. Justo cuando llegó a la puerta se sacó la prenda y Max estaba sorprendido al verle de espaldas luciendo solo falda y sostén, y no le hubiera sorprendido que se quitara todo allí mismo, pero ya estaba fuera de la vista y solo veía su sombra medio proyectada a través de la puerta abierta.
Al rato salió envuelta en una toalla, secándose el cabello con otra. Se le veía más despejada. Parecía ignorarle, cuando entró en la habitación y al rato salió con una franela que le quedaba bastante grande y no estaba seguro si usaba un short debajo o nada. Se veía cansada, y no era para menos luego de su ajetreado día. La habitación de Kiernan era bastante pequeña. Solo había una cama y un ropero. Max imaginaba que la otra habitación era de la compañera.
"Tendrás el sofá," dijo Kiernan dándole un pijama y una sabana.
Max tomó una ducha y se puso el pantalón del pijama y se dejó la franela sin mangas.
Kiernan estaba en la cama. Estaba acostada abrazando la almohada sobre el pecho y no se cubría con una cobija. Tampoco es que hiciera mucho frío, la temperatura era fresca. La habitación estaba iluminada por la luz de la calle que se filtraba por las cortinas.
"No quisiera dormirme aun," dijo ella. "Si quieres hablamos, te puedes quedar aquí un rato," dijo con voz suave, pero luego agregó con mas fuerza: "Pero no te hagas ilusiones."
La cama tenía suficiente tamaño para caber los dos. Max se acostó a su lado. Por un rato se quedaron callados.
"Eres de las pocas persona con quien puedo relajarme," dijo la chica casi susurrando.
"Gracias," dijo él, algo nervioso. Kiernan tenía un algo que perturbaba y ponía nerviosa a la gente.
"¿Quisieras saber si lo que te dije es verdad?"
"Dijiste muchas cosas, ¿Cuál de todas?"
"Mmmm... mejor lo dejó como un misterio."
Estuvieron hablando un rato. De las conversaciones Max descubrió que Kiernan invirtió mucho tiempo de su vida viajando, pero cada vez que le preguntaba por su familia era muy esquiva, como si fuera un tema que le incomodaba. A la final desistió de hacerle ese tipo de preguntas. Igualmente esquivaba olímpicamente las presuntas sobre su amistad con el Mayor, a lo mas que llego fue a decir que lo conocía desde hacia tiempo antes de que ambos vinieran la isla. Finalmente Kiernan pasó a explicarle como se mataba a alguien con una moneda y un alfiler, queriendo hacerle una demostración.
"¿Me abrazarías hasta quedarme dormida?"
Le petición desarmó a Max, pero se veía que Kiernan tenia una expresión seria. No sabía que pensar, pero estando los dos en la cama podría pasar cualquier cosa.
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Fin Capitulo 30
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