No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de FlamingMaple (All The Ways You Know Me). Yo solo me encargo de traducir y divertirme. La historia original fue bateada por chayasara.

I do not own the copyright. The characters belong to the amazing Stephenie Meyer and the story is from FlamingMaple (All The Ways You Know Me). My only job is to translate and having fun. The beta of the original story is chayasara.

"Estoy feliz que la historia pueda ser disfrutada en otro idioma." - Flaming

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- Está bien. – dijo Edward, retirando sus manos, preguntándose qué había hecho.

Bella se levantó torpemente del piso del gimnasio de la iglesia, recogió su bolso y salió. Edward lo siguió, ignorando los pensamientos de sorpresa y miró detrás de él. Estaba de pie junto a la puerta, acurrucada en su chaqueta cuando él extendió la mano para tocarla.

- ¿Bella?

- Por favor no. – Inhaló y exhaló deliberadamente. – Necesito ir a casa. Por favor.

- Por supuesto. – dijo, levantando su paraguas.

Estaba muy mojada cuando llegaron al auto y no dijo nada cuando Edward colocó a Sarah en su asiento.

El viaje en auto fue silencioso, Edward deseó desesperadamente, nuevamente, poder escuchar sus pensamientos. Permanecieron obstinadamente silenciados para él.

Después de ayudarla a entrar, se preguntó si podría convencerla de que se durmiera mientras miraba a Sarah, pero no, ella estaba mirando el papeleo sobre la mesa. Su mirada se deslizó sobre la pila desordenada, luego a las varias pilas de cosas que obviamente quería ordenar. Sin embargo, sus ojos no se enfocaron, y deseó nuevamente poder escuchar sus pensamientos.

- Te molesté. – dijo suavemente, mirándola sentarse a la mesa.

Ella no respondió de inmediato.

- No eras tú. – dijo. – Jacob – comenzó – solía frotar mi espalda. Él... – Entonces ella estalló en llanto.

Le dolía mirarlo. Quería hacerlo más natural y ponerla en la comodidad de sus brazos, pero se resistió, sentándose a su lado, con la mano sobre la mesa, una ofrenda que ella podía tomar libremente.

Ella no lo hizo.

- La última noche que lo vi – sollozó, limpiándose la nariz con un pañuelo – lo hizo, y luego lo tuvimos – ¿Cómo podría describir eso? – ...una pelea.

Edward escuchó. Preguntó lo que casi todos preguntarían.

- ¿Por qué peleaste? – Se volvió de un color rojo florido y sacudió la cabeza. – No importa. – murmuró. Esperó un momento. – ¿Puedo sugerir algo?

- ¿Qué?

- Dormir.

- No. – Fue un firme rechazo.

- Estás exhausta, Bella.

- Esa es la maternidad. – se encogió de hombros.

- No tiene que ser así. – Estaba frustrado, pero esto cambió cuando recordó cómo ella había manejado su dolor después del nacimiento de Sarah. Suavizó su acercamiento. – ¿Cómo puedo ayudarte?

- Distráeme, por favor. – dijo.

Recordaba haberle preguntado lo mismo una vez.

- Claro. – dijo. – ¿Por qué no rellenar algunos de ellos para ti también? – dijo, tocando una pila de aplicaciones.

- Pero…

- Creo que puedo completar lo básico. – él dijo.

- Está bien. – dijo ella, dejándolo deslizar una pila.

- Pero por aquí. – dijo, moviéndose a uno de los sofás.

Tal vez si se sentara en un lugar cómodo, se quedaría dormida. Tal vez.

Ella siguió.

- Entonces, ¿cómo más puedo distraerte?

- Sorpréndeme. – dijo ella, encogiéndose de hombros.

Pensó por un momento y luego captó algo en su memoria que ella apreciaría. Cuando él comenzó, ella lo interrumpió.

- ¿De verdad? – ella dijo. – ¿Conociste a Robert Frost?

Se rio entre dientes.

- No diría que lo conocí, pero escuché sus pensamientos. No fue hasta más tarde, cuando leí su trabajo, que lo recordé. Solo fragmentos de algunos poemas menores.

Este era exactamente el tipo de diversión que ella necesitaba, y él siguió hablando, llenando formularios a medida que avanzaba. Su propia escritura se ralentizó y luego se detuvo por completo mientras se hundía en el sofá. Bajó el tono de su voz, aun hablando, recitando poemas y versos más claros que esperaba que llenaran sus sueños con cosas amables.

Terminó todas las formas, deslizando la que ella había estado trabajando fuera de su regazo.

Cuando Sarah comenzó a revolverse, revolvió el refrigerador y encontró una botella de leche materna. Esperaba que a Bella no le importara, pero necesitaba dormir, y recogió a Sarah perentoriamente. Estaba encantado con su reconocimiento y la acompañó a la cocina, hablando suavemente con ella, cambiándola y disfrutando de su minuto de vigilia en sus brazos. Cuando sus pensamientos cambiaron a Bella, él la llevó a verla, sonriendo ante su satisfacción mutua.

- Esa es tu madre – le susurró, narrando sus pensamientos – y ese es tu papá, y esa es Alice. Ella es una amiga Yo también soy un amigo.

Se preguntó si alguna vez ganaría un título mayor. Él esperaba eso.

Edward se sorprendió al escuchar el sonido del auto de Charlie acercándose. Era cerca de la una. Por los pensamientos de su padre, Edward dedujo que Charlie estaba vigilando a Bella, asegurándose de que Edward la hubiera llevado a casa. No lo sorprendería. Se había ganado la desconfianza de Charlie.

Se colocó con Sarah cerca de la entrada, esperando que Charlie estuviera callado cuando entró.

Charlie estaba abriendo y cerrando la puerta con cuidado. Edward saludó con la mano libre y se llevó un dedo a los labios mientras inclinaba la cabeza hacia Bella en el sofá.

Fue una oportunidad perfecta para generar confianza. Él trajo a Sarah a Charlie, entregándola cuidadosamente para que sus manos no hicieran contacto con las de Charlie.

- Ella se durmió. – dijo en tono de disculpa. – No quería despertarla, pero debería salir de tu camino.

La sorpresa de Charlie lo complació. Había esperado que Edward encontrara una razón para quedarse.

- Usé la botella en la nevera y ya está limpia. – dijo en voz baja.

- Está bien. – dijo Charlie, mirando su reloj, frunciendo el ceño. Había vuelto a casa para asegurarse de que ella estaba bien y luego se dirigió directamente al trabajo.

- ¿Necesitas que me quede? – Edward preguntó, observando, aun atravesando la farsa de ponerse la chaqueta.

Charlie mintió.

- Acabo de llegar a casa para obtener algunos documentos que olvidé, pero sí, debería irme bastante rápido. – Miró a Bella, durmiendo. Odiaba la idea de despertarla. Había estado muy cansada últimamente.

Pero la idea de dejar a Sarah con Edward. Esto no se sentó bien. Edward dijo en voz baja:

- ¿Quieres que vea si Alice es libre? – Charlie asintió y Edward sacó su teléfono, enviando mensajes de texto rápidamente. La respuesta fue instantánea. – Sí, ella está en la ciudad y puede estar aquí en unos minutos.

Charlie asintió y añadió un "Gracias" brusco, y Edward se alejó rápidamente.

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- Entonces… – dijo Alice en voz baja cuando llegó poco después de la partida de Edward – ¿necesito alertar a Carlisle?

Charlie frunció el ceño.

- ¿No por qué?

- Solo quiero asegurarme de que Edward no necesite ningunas suturas para un agujero de bala. Eso es todo. – Charlie resopló y le entregó a Sarah.

- Gracias, Alice.

- Oh – dijo – no te culpo. Ha sido el mayor idiota de la historia. – Ella le sonrió a Sarah, el contraste de su expresión con sus palabras sorprendió a Charlie.

- Bella me hizo prometer que sería amable con él. – se quejó.

Alice lo miró fingiendo sorpresa.

- ¿De verdad? – Cuando él asintió, ella negó con la cabeza. – Eres un santo, Charlie.

Hizo una mueca ante esto.

- Si él la ayuda, no me puedo quejar. Ella lo necesita y nos ahorrará mucho.

- ¿Cómo es eso? – Alice preguntó inocentemente.

- Por la noche. Siempre me dice que vaya a dormir un poco. No me deja hacer ninguna de las comidas. – dijo, olvidando recoger su papeleo inventado mientras se volvía a poner los zapatos.

- Sabes, los chicos estarán todos lejos este fin de semana. ¿Tal vez Bella quiera unirse a nosotros para una noche de chicas el viernes? Creo que podemos ayudarla a dormir bien.

Charlie asintió con la cabeza. Esto sería útil, y si Edward no estuviera allí, mucho mejor.

- Se lo mencionaré. – dijo. – Gracias de nuevo. – y con un breve abrazo para Alice y un beso rápido para Sarah, se fue.

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La luz del día se había desvanecido cuando Bella comenzó a despertarse. No estaba exactamente sorprendida de ver a Alice, pero sintió un desagradable destello de decepción al encontrar a Edward ausente. Cuando miró su reloj, sintió pánico.

- Sarah – dijo – ella debe estar…

- Bien. – dijo Alice. – Edward usó la botella en la nevera. Encontré más en el congelador. No es ciencia espacial.

- Se siente así a veces. – Bella rio.

- Ella todavía es buena, pero probablemente deberías cuidarte un poco. Voy a tener que fingir que voy a casa pronto.

El estómago de Bella se retorció al escuchar esto. Sí, todavía estaban arreglando sus vidas alrededor de la de ella.

- No te atrevas a sentirte mal por eso. – agregó Alice, viendo a Bella morderse el labio.

Bella sonrió débilmente.

- Viernes – dijo Alice, viéndola ponerse de pie, temblando de cansancio – te estoy secuestrando para una noche de chicas. Aprobado por Charlie y todo. – Ella se rio de esto.

- Sí, porque a los veinte años, y como nueva madre, estoy totalmente acostumbrada a que mi padre tome decisiones por mí.

- Los muchachos están cazando el viernes. Sabes, sería bueno estar adentro por una vez.

Alice sabía cómo atraer la culpa de Bella.

- Por supuesto – dijo Bella – cierto.

- ¿Es un sí?

- Sí, Alice. – suspiró. – Sin maquillaje. – Tenía que haber algunos límites con Alice.

Alice determinó que el esmalte de uñas no constituía maquillaje. Tampoco los tratamientos faciales.

- Está bien – dijo ella – trato. Ahora vete. Cuídate.

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¡Nos leemos pronto!