[~Selket~]
Milo acababa de regresar de visitar al Patriarca y yo me moría por saber de qué iba el asunto. Él, por otro lado, no había estado muy contento con el llamado, pues justamente era yo el tema y jamás me habían llamado para nada bueno.
-No puede ser así de malo para que tengas esa cara, ¿o sí?- pregunté, intuyendo lo peor.
Milo se sentó y comió un poco de Hütten Brot, un pan de cabaña alemán, y se recostó en la silla.
-Entrenarás con Raido bajo la tutela de Aioria por un mes. El Patriarca considera que te ayudará con la dualidad de tu Cosmoenergía- me dijo de una sentada.
Lo miré con la esperanza de que estuviera mintiendo sólo para molestarme, pero todo parecía indicar que no. Ni una medio sonrisa burlona dibujada en su rostro.
-¿Es alguna clase de castigo?- pregunté alarmada.
-No… ¿Por qué piensas eso?- preguntó Milo con desconcierto.
Era extraño que a estas alturas del Torneo y mi entrenamiento me fueran a cambiar de maestro. Básicamente, había entrenado ya con media élite de Dorados.
-Ya tengo un maestro, ¿No podrías enseñarme tú?- intenté negociar.
-En teoría podría, pero yo no poseo ese tipo de Cosmoenergía. Entrenar con Aioria que sí la tiene es una gran ventaja. Experimentarás todo de primera mano. Piensa que yo te enseñe a manifestar ese Cosmos es tan inteligente como que Aioria te ayudara con tu Aguijón venenoso- me explicó.
Con renuencia acepté, pues tenía todo el sentido del mundo a pesar de todo.
-¿Cuándo comenzaré?- pregunté con desgano.
-Te están esperando en Cabo Sunión. Buena suerte, Mátia Mou- me dijo, tranquilamente, metiéndose otra hogaza de pan a la boca.
Rodé los ojos y me paré presta a salir del Templo hacia la playa, pero me detuve a los dos pasos y lo miré fijamente.
-Aún me debes algo, Milo. No creas que se me olvidará por estar entrenando con Leo- le dije, desafiante.
-¿Y qué sería eso?- me miró con desconfianza.
-La Aguja Escarlata, Eini- le respondí dándole un beso y separándome en un segundo, sin darle tiempo a responder.
[~]
-Vamos, Selket, no pensé que fueras tan floja- me gritó Aioria mientras me tenía al filo del acantilado con una pesa atada a cada brazo, en una cuerda floja.
Sudaba copiosamente mientras intentaba mantener el equilibrio y no caer al despeñadero con la marea agitada. Aioria estaba testeando mi resistencia y balance de la peor forma que había encontrado. No era equivocarme y volver a tomar posición, era equivocarme y morir.
-Raido, ¿cómo carajos aguantas esto?- le espeté a mi compañero, quien estaba en una cuerda alterna a mí.
-Llevo haciéndolo por meses… Bienvenida a un entrenamiento de Leones, Alacrán- rió,
No pude aguantar más y caí desde la cima en aquellas aguas oscuras y agitadas. El peso de las mancuernas me hundió rápidamente, sin chance de tomar aire primero. Mis pulmones ardían mientras me esforzaba por nadar hacia arriba, con todo el peso jalándome hacia el fondo rápidamente. No lograba ver nada entre el mar revuelto con arena y la noche espectral sin luna. Estaba por perder el conocimiento sin poder deshacer el nudo que ataba las pesas a mis muñecas cuando sentí un brillo inusual sobre mí.
Escupí un trago de agua salada, tosiendo a más no poder y luchando por tomar una bocanada de aire. Por fin mis pulmones se llenaron nuevamente de aire, aunque toda la garganta me ardía debido a la sal. Aioria estaba a mi lado totalmente empapado. Me había sacado él mismo del agua y su Cosmos había sido esa última luz que había visto antes de perder por unos minutos el conocimiento.
Miré las pesas que yacían a mi lado, medio hundidas en la arena y maldije por lo bajo. Estaba con la ropa pegada al cuerpo y no había un sólo centímetro de mí que no estuviera cubierto por agua, arena mojada y restos de algas.
-Me hubieras dejado morir allí- le dije con odio.
-No puedo, Milo me mataría. Puedes odiarme, querida escorpiana, pero haré mi parte para hacer una Saint de ti- me dijo. -Se lo prometí al Patriarca, Koúkla.
A pesar de estar echando chispas, Aioria había logrado sacarme una sonrisa, que obviamente, no le dejaría ver. Volvimos de la playa y subí la Calzada Zodiacal completamente emparamada, con la ropa pegada al cuerpo, llena de arena y algas en el cabello. Ni siquiera saludé a Mu cuando pasé furiosa por su Templo, chorreando agua salada como si fuera un cadáver encallado en la playa.
-¿Qué te pasó?- me preguntó Milo, haciendo un gesto de sorpresa mezclado con disgusto, lo que me irritó aún más, si es que era posible.
-Aioria intentó matarme en Cabo Sunión. Eso pasó- dije furiosa, aunque no con él.
Me metí al baño dejando a mi paso la misma estela de aguasal y arena que había dejado por los otros siete Templos. Las vestales no estarían nada contentas conmigo cuando se despertaran con aquella "sorpresa" mañana. El agua dulce enjuagó no sólo mi cuerpo, que parecía escupido por el mar, sino también mi malhumor. El agua caliente tenía sus bondades, relajando cada músculo de mi cuerpo y dándome una sensación reconfortante al final del día.
Salí del agua con los dedos ya arrugados y me puse una bata mientras desenredaba cada hebra de mi cabello, que por fin dejaba de apestar a pescado y algas. La sal del mar irritaba un poco mis ojos, dándome una sensación de sueño casi imparable, por lo que me iría directo a la cama en cuanto terminara de secarlo. Si dormía con él aún húmedo, amanecería con un tremendo dolor de cabeza.
Regresé a la habitación casi sin ver por dónde iba siquiera, y me tumbé en la cama, abrazando la almohada y dejándome llevar por Morfeo. Mañana continuaría el entrenamiento y estaba segura que Aioria se cobraría mis fallas de hoy, así que trataría de descansar lo máximo que pudiera.
A la mañana siguiente me vestí como de costumbre, dejé todo listo y me dispuse a encontrarme con Aioria y Raido en Cabo Sunión, pero no contaba con una sorpresa:
Curiosamente Milo había decidido acompañarme como si fuera una chaperona a mi segundo entrenamiento con Aioria.
-¿Sigues molesta por caerte ayer? Vamos, hoy trabajaremos en tu velocidad- se burló Aioria en cuanto llegamos.
-¿Velocidad? Con eso no tiene problema, deberías ver la rapidez con la que se enoja…- repuso Milo.
-Sigo aquí, ¿saben?- les hice notar que estaba atenta a todos sus comentarios.
-Y vamos a entrenar en un momento con aquellas pesas- me dijo Aioria, fingiendo una sonrisa y señalando otro par de pesar como las que me había puesto ayer.
-Claro, "el Patriarca cree que Aioria te ayudará con tu Cosmos eléctrico"- remedé a Milo. -Ahogarme con pesas atadas a mis brazos seguramente es la forma.
-Selket, estás haciendo un berrinche- me dijo Milo. Luego se dirigió a Aioria. - ¿Ves?
-Ten paciencia, ya llegaremos allí cuando estés en mejor forma- concilió Aioria, pero yo no estaba de humor para ninguno de los dos.
Ayer casi me había ahogado, tragando más agua salada de la que podía haber consumido en toda una vida y luego vomitándola por la irritación estomacal, en una hermosa playa en Cabo Sunión, bajo la mirada atenta de Aioria y su aprendiz. Era natural que estuviera bastante molesta… y deshidratada, a decir verdad.
-Qué bien, ya saben que mi segundo nombre es "Paciencia"- dije con sorna. -El primero es "Sin".
-¿Sabes? Acabo de encontrar un nuevo respeto por Milo. Aguantarte es-
Lo interrumpí con una descarga pequeña que quemó su mano. Agitó su mano, quejándose por la quemadura y me miró con fingido desprecio.
-Ok, creo que ya todo está bien aquí. Buena suerte- exclamó Milo, yéndose.
-¿Buena suerte para quién?- pregunté, molesta.
-Quienquiera que la necesite- musitó antes de perderse en el fondo.
Sacudí la cabeza y llegué a donde estaba Raido, quien se había quedado boquiabierto al ver aquel intercambio de sarcasmo y displicencia que acababa de tener con dos Caballeros Dorados que encima eran mis maestros. Creo que sí había hecho un berrinche como había dicho Milo, después de todo. Ya qué. Me até las pesas nuevamente y me puse en posición.
[~]
Luego de días enteros de subir el acantilado con las pesas, por fin decidió que era hora de cambiar de táctica, aunque no era lo que esperaba. Aioria me había vendado los ojos y esperaba que pudiera dirigir mi Cosmoenergía sin utilizar la vista, lo cual nunca había hecho. En realidad, podía intuir que no era muy buena idea que lanzara rayos a diestra y siniestra sin ver.
Los primero intentos fueron un fracaso épico: no logré darle una sola vez a la diana a pesar de que Aioria me guiaba con su voz.
-Ven, ahora sabes que no eres infalible y eso será precisamente lo que te ayude a desarrollar tu Cosmos. No es bueno llenarse de arrogancia.
Se sentó junto a mí y encendió su Cosmos, llenándose de un hermoso color dorado. Su cabello ondeaba al ritmo del flujo de su cálida Cosmoenergía. Era un espectáculo verlo envuelto en el sol. Él extendió su palma frente a mí y lentamente fue invocando la energía hasta que de allí comenzaron a formarse pequeñas esferas de energía brillante, como si la misma luz surgiera de él.
-Como sabes, la luz es una manifestación de energía. El Cosmos es energía y lo podemos transmutar en casi cualquier cosa. Mi Plasma Relámpago es la transmutación de mi Cosmos en partículas de luz.
Eso lo entendía, realmente había estudiado mucho sobre el Cosmos, pero poco o nada se había documentado sobre aquellos que tenían un Cosmos de doble naturaleza. Eran como aquellos con Sangre Dorada, un misterio sin explicación o cura.
-¿Maestro Aioria, cómo es que puedo lanzar rayos?- le pregunté.
-¿A qué te refieres, Selket?- alzó una ceja.
-Ya sabe, por qué puedo tener un Cosmos venenoso y éste al mismo tiempo. Milo es un Caballero Dorado y domina el Séptimo Sentido. Aún así, no puede, ¿por qué yo sí?
Aioria se quedó mirándome y pareció meditar su respuesta por unos segundos. Era obvio que él tampoco lo sabía. Aioria estaba ayudándome simplemente a desarrollar la consecuencia, no a encontrar el origen de mi condición.
-¿Desde cuándo puedes hacerlo?- me preguntó.
-Desde que tengo memoria del uso del Cosmos… Pero realmente vine a desarrollarlo y controlarlo como un rayo cuando volví de Géminis- le contesté, meditándolo.
-Selket, entiendo que eres inmune a la Aguja Escarlata, ¿no es así?
-Uhmmm, no realmente. No me afecta con tanta fuerza, pero no creo que sobreviva a un Antares.
-Veremos algo- me dijo, poniéndose de pie y mostrándome su palma extendida. -Impáctame con tu Aguijón.
-No voy a hacer eso, Aioria- le dije, algo extrañada por su ofrecimiento.
-Te estoy hablando como tu maestro, Selket. Y no te estoy preguntando, sino dando una orden- me dijo con seriedad Aioria, como si hubiera perdido cualquier pizca de humor que le quedaba.
No estaba bromeando. Me puse de pie y encendí mi Cosmos. Lo impacté con una potencia media, aumentando la intensidad según iba viendo su reacción. Aioria era resistente, digo en verdad resistente. Una descarga como la que le estaba dando hubiera noqueado a cualquier oponente. De hecho, era mi as bajo la manga en el Torneo. Encendí mi Cosmos un poco más hasta que comencé a notar que Aioria apretaba muy fuerte la mandíbula aguantando el dolor. Verlo así me hizo pensar en cómo serían sus entrenamientos de pequeño con Aioros, quien seguro fue algo más duro de lo que debería haber sido sólo por sacar lo mejor de su pequeño hermanito León. No quería probar el Trueno Atómico del Santo de Sagitario, de eso estaba segura. Ya había recibido el Plasma Relámpago de Aioria y todavía me faltaba su Relámpago de Voltaje, pero quizás lo pospusiéramos con el propósito de no matarme todavía.
-Creo que ya tengo una idea más clara de la clase de poder que tienes- dijo, mientras se ponía de pie con dificultad.
Me detuve y lo dejé recuperar el aliento. Algunos espasmos todavía lo hacían contorsionarse involuntariamente, cubierto aún por la estática. Luego de tres descargas, creía que ya había tenido suficiente. Milo en su lugar estaría echando chispas. Ahora estaba yo echando chispas al ver la figura que se acercaba hacia nosotros.
-¿Qué hace él aquí?- exclamé con una mezcla de asombro y desagrado.
No tenía ganas de ver a ninguno de los dos o de saber cuál era cilantro y cuál perejil.
-Yo lo llamé- me dijo. -Gracias por venir, Kanon.
Ahora tenía frente a mí a uno de los Gemelos de Géminis, a los cuales había declarado persona non grata en todo lo concerniente a mi vida. Más de una vez había rechazado el ofrecimiento de Milo de pedir ayuda de ellos para trabajar mi Cosmoenergía. Aioria, aparentemente, no tenía esa clase de consideración conmigo.
Kanon me miró con soberbia y me escrutó de arriba a abajo, lo cual me hizo hervir la sangre. Luego me pidió que lanzara una descarga contra una roca que había señalado. Miré a Aioria y éste asintió. Hice lo que me había pedido y la roca explotó en mil pedazos, dejando un cráter en su lugar.
Kanon me ofreció su mano, tal como había hecho Aioria y me pidió que lo impactara a él también con mi Aguijón. No voy a mentir: era un sueño hecho realidad freír a uno de los geminianos hasta chamuscar su último cabello, pero me parecía sospechoso. Luego recordé que era el único que podría ayudarme realmente a discernir entre la técnica de Milo y la mía, siendo él uno de los pocos en recibir catorce Agujas. Hyoga recibió el Antares, siendo salvado luego cuando Milo detuvo su hemorragia golpeando su Shinoten, sin embargo, de ellos dos sólo uno era experto en ataques que afectaran el sistema nervioso central, aunque el de Kanon fuera a través de ilusiones.
Descargué mi Aguijón y por ahí derecho mi resentimiento con Kanon, aunque hubiera preferido electrocutar a Saga. Cuando la vida te da limones...
-Como lo pensé. No es para nada como la Aguja Escarlata. Tu técnica emula el piquete de un escorpión, pero el verdadero poder de tu ataque no proviene de transmutar tu Cosmos en veneno, sino de tu poderoso voltaje- exclamó el Santo de Géminis, palpándose el brazo.
Yo estaba, si era posible, más confundida que al principio.
-O sea que mi técnica era una farsa- me crucé de brazos, ofuscada.
-No del todo- exclamó con suficiencia. -Sí emulas el veneno de un escorpión como lo hace Milo, sólo que te falta potencia. Lo compensas con el amperaje, que es la intensidad de tu corriente eléctrica.
Genial, yo era un fraude eléctrico y Milo era el gran maestro del Cosmos venenoso. No me extrañaba que La Aguja Escarlata fuera una técnica perfecta, pero me desanimaba un poco ver que mi castillo de naipes se derrumbaba.
-¿Entonces qué hago?- exclamé, frustrada.
-Cuidar ese tono de insolencia, pequeña aprendiza- me respondió con esa voz gutural igual a la de Saga.
-Selket- me llamó Aioria, con una mirada de advertencia en su rostro.
Tomé aire y exhalé con fuerza.
-Está bien, ¿Ahora qué puedo hacer, Santo de Oro de Géminis?
Aioria me lanzó una mirada fulminante, sabiendo que aunque mi tono era neutral, la verdadera intención de mi formalidad era la ironía.
-Nada. ¿Quieres una técnica exactamente igual a la Aguja Escarlata? Dile a Milo que te la enseñe. Aprovecha y desarrolla tu potencial creando algo mucho mejor. Crea tu propia técnica y sé mejor… incluso que Milo.
"Mejor incluso que Milo" vaya. Aquellas palabras se clavaron en mi mente. Me asombraba también que Kanon viera el potencial en mí de crear una técnica por mi cuenta. Por supuesto que no me creía aquello de ser mejor que Milo, pero nada me impedía intentarlo.
[~Seline~]
Me miré el brazo y moví todos mis dedos, viendo cómo mis tendones se marcaban cuando abría y cerraba la mano. Yo solía preocuparme por todo y repasar mil veces en mi cabeza los mil y un escenarios y posibles desenlaces de todo. Habían pasado algunas semanas y todavía me mortificaba de sólo recordarlo.
-No puedo creer que todavía no lo hayas superado. Empiezas a exasperarme- me dijo Afrodita con voz displicente.
-Lo siento, maestro- le dije, poniendo la taza de té sobre la mesa.
Ya hacía rato se había enfriado en mi mano.
-Ve. No pienso tenerte aquí sin hacer nada todos los días- me dijo, con un tono que rayaba en el desespero.
-P-pero maestro, yo-
-Ve, Seline- me dio un ultimátum.
Salió del salón dejándome sola con mis odiosos pensamientos y suspiré pesadamente. Tenía todo el derecho de quejarse tanto como mi maestro y como cohabitante del Templo. Llevaba semanas distraída, ausente y con un letargo perpetuo. Mi brazo había recuperado la movilidad completamente, pero sentía una especie de secuela. Era como si mi cerebro y mi brazo no pudieran comunicarse y por consiguiente mi Cosmos estaba desbordado y fuera de línea. Había intentado entrenar, pero en aras de no empeorar mi condición o matarme por accidente, Afrodita había decidido darme unos días sabáticos para poner mi cabeza en orden. Lo malo era que en el proceso lo estaba enloqueciendo a él.
Me puse de pie y me pasé la mano por el cabello. Él tenía razón y había sido más que paciente conmigo. Era hora de enfrentarme a mis problemas antes de que fuera peor y me estallara todo en la cara. Salí Calzada abajo y entré en el Templo de la Balanza. En cuanto me vio, el maestro Dohko sonrió y yo me encogí de hombros, rendida, y comencé a llorar.
[~]
Koúkla: "muñeca" en griego.
Sangre Dorada: Es una condición en que una persona tiene RH nulo. Es en extremo raro, llegando a haber menos de 50 casos documentados en el mundo.
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¿Qué les puedo decir? Gracias por sus mensajes y opiniones.
Como siempre, Ana Nari 3 llenándome de ánimo. Ya quiero leer las teorías de las que hablas y cuál Cloth crees que ganaría Selket.
Guest que preguntó por Saintia Sho y Omega: No, este fic no incluye a ninguno de los dos. Saintia Sho no me encantó, pero sí tiene buenas escenas con Milo y la mejor de Afrodita con Athena. Me molestó el color de ojos y pelo de Milo… y que los pants de las Cloths sean blancos. Yo aprecio mucho esos detalles. Dicen que el manga está mejor, así que cuando termine el de TLC tal vez le dé una miradita. Eso sí, el score es brutal, me encanta especialmente Tsuyoi Negai (fuerte deseo) y que es compuesto por el mismo compositor de Soul of Gold que sí me encantó. De hecho, ese score ha inspirado algunos caps, por ahí he mencionado algunas canciones. De Omega me vi el primer capítulo y odié la animación… no se esforzaron nada en dibujarlos bien. Las armaduras y el tema de las joyas me pareció como forzado y lejos de lo que siempre he visto, así que no me convenció mucho. Además, yo morí cuando los Dorados murieron en el Muro de los Lamentos. No sé, ¿debería darle una oportunidad? Ah y de Saintia Sho sí hay un drabble, de qué pasaría si Selket conociera a las Saintias, pero contiene serios spoilers para donde vamos con la historia, así que lo publicaré por aparte cuando termine.
Muchas gracias por seguir leyendo :)
