La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.

Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Escena 25: Antes de la guerra, hay que hacer las pases con la muerte.

- ¿Estoy muerta?

El "hombre" negó con la cabeza, serio.

- ¿Ebria?

-No.

- ¿Porqué estás aquí entonces?

El resopló mientras cerraba la puerta con un gesto de sus manos, sin siquiera tocarla.

A mí no me sorprendió.

Luego de que Robin decifrara la historia del Siglo Vacío y así, Luffy y yo supiesemos y recordasemos la verdad -y con ello, quienes eramos-, pocas cosas me parecían increíbles.

Ver frente a mí al dios que nos había condenado siglos atrás era algo más bien curioso. Me hacía preguntarme si no es que la batalla ya había terminado, yo había muerto y por eso estaba allí, reclamando mi alma como suya después de vendersela antes de traicionarlo.

Aquel pensamiento pareció irritarlo.

Sabía que leia mis pensamientos y no tenía ni la mitad del humor que yo destilaba debido a los nervios -mañana podría morir, podríamos morir todos- . Supongo que le era más fácil cuando solía ser una guardiana y tenía prohibido leer mis pensamientos.

- Pensé que eras más inteligente- habló el, finalmente. Su voz era tan melodiosa y magnífica como su apariencia. Si existia una palabra para definir su belleza y atractivo, yo no la conocía- te diste cuenta de inmediato que fui yo quien te buscaba cuando eras una niña.

Hice una mueca y recordé que era el dios de la muerte, nada compasivo o sutil y que me había buscado por años, acosandome en la infancia para lograr que me suicidara y hacerse conmigo. Definitivamente, yo no le agradaba en aquel entonces, y por su rostro se que no le agrado ahora.

Creo que se siente ofendido después de que con miles de años menos, le haya engañado. Después de todo, es el dios del engaño.

Rei mentalmente felicitándome y retandome a partes iguales.

- Piensas como el más idiota de los tres. Como el chico de Urano.

Mi tiempo en el Sunny y mi muerte inminente habían mermado mi sentido común para hacerle lugar al sentido del humor. Este era de color negro.

- Solo quiero saber porque estas aqui. Pensé que no podías aparecerte directamente frente a mí y por ello no acabaste conmigo cuando era una niña, eso me lleva a pensar que finalmente he ido a tu encuentro.

Aquello pareció incomodarlo ya que desvió su mirada hacia un lado, evitandome.

- No es que no pudiese hacerlo, mortal estúpida - alce mis cejas y rodé los ojos. Definitivamente no me importaba morir- no quise. Yo prepare todo para este momento.

La guerra, pensé. El asintió, sonriendo. Aquella acción causó un estremecimiento en mi cuerpo que habría querido evitar con todas mis fuerzas.

Por lo menos tenía la certeza de que aún no había muerto.

- ¿A eso se refería el que todavía no era nuestra hora?- Los dioses no tienen emociones, me repetí cuando ví un destello de sopresa en sus ojos plateados, la cual desapareció al instante.- cuando por alguna razón Ace y yo sobrevivimos tras pelear en la barca y caernos al agua, te escuché. Inmediatamente supe que era la voz que me perseguía de niña y pensé que nos habías salvado porque en aquel entonces siempre dijiste que de morir, tenía que ser fuera del mar. Aquello era contrario a tus planes si me ahogaba allí mismo. Por eso dijiste que tenías otro final preparado para nosotros.

No sé en que pensaba, pero parecía como si no pudiese entenderme, como si fuese algo extraño para el, sin embargo, se repuso mientras miraba a su al rededor, como si analizara la habitación.

- ¿No me tienes miedo?- me encogi de hombros- deberías.

- Voy a encontrarme contigo tarde o temprano y según nuestro rumbo- dije mirando por la ventana hacia el cielo nocturno- puede que sea muy pronto. Solo no me gustaría dejar a mi hermano o a mis nakamas solos en esto, no porque sea mi deber, es algo que quiero hacer.

- ¿Aún planeas intentarlo una vez más? - Yo asentí suspirando, pensando en Luffy. Eso le hizo delvolver su atención a mi- lo han hecho muchas veces, ¿Que te hace pensar que romperán su ronda de fracasos?

- Luffy. El es a quien nuestros antepasados estaban esperando.

Me miró detenidamente un momento, como si realmente pensara si debía hacer o decir algo, hasta que finalmente negó con la cabeza, refutando mi afirmación.

- Ace- mi rostro debió demostrarle lo confundida que estaba por la interrupción y aquella mención- siempre fue Ace.

- Yo...- respire hondo antes de hablar- no entiendo.

- Por supuesto que no entiendes, mortal estúpida- repitió aquel mote que poco me importaba pero que parecía llenarle el ego de inmortal- el día en que su Reino fue destruido, murieron solo dos de los tres guardianes: El chico del cielo y la chica del mar. Quién se suponía era guardián de la muerte escapó de ella y fue el único en sobrevivir, tener una descendencia, cuando desde el inicio, no debía ser así. El hijo del rey y quien debía heredar su voluntad era Luffy, no Ace...

- Eso quiere decir que...

- Mientras Ace viviese, Luffy jamás podría ser el rey que estaba destinado a ser. Y de no serlo, nadie más podría cumplir con su destino. No había un tiempo exacto para cumplir con lo dispuesto por tus antepasados, solo bastaba una cosa para romper el ciclo: Que Luffy heredara la voluntad de Ace. Y eso no podía pasar si se encontraba con vida, por lo que su sacrificio lo cambio todo.

Mi mente intento procesarlo todo a la velocidad en la que el hablaba, pero en algún momento me quedé atrás junto al pensamiento de los tres siendo niños otra vez, luchando por mantenernos juntos, con vida.

-Si, Leriana...En está vida tienen posibilidades verdaderas de ganar, por eso no vengo a tomar tu alma.

Pálida por la revelación y con la respiración acelerada, pregunté:

- ¿A qué vienes entonces?

Sonrió. Era una sonrisa maliciosa, llena de malas intenciones.

- Podría engañarte y decirte que quiero que vuelvan a verse una vez más, pero no haré eso, Leriana. Estoy un poco cansado de verlos haciendo lo mismo una y otra vez, ya me he aburrido- para los dioses somos eso, solo un juego- pero pensar que se ha acabado y no habrá más entretenimiento de su parte es peor. No creo que merezcan ser libres, y estoy seguro de que lo que implica va a obligarte a no querer serlo, pero vengo a darte una oportunidad.

Apreté mis labios y las sábanas, evitando prudentemente concentrarme en algún pensamiento que le revelara que aquellas palabras habían provocado en mi lo que su presencia no había podido: Miedo.

- ¿De qué se trata?

- ¿Sabes que romper el ciclo significa que finalmente cumplieron su cometido y dejarán de huir de la justicia divina para recibir su recompensa? Su alma tendrá el final que merecen debido a sus acciones, incluso si ganan o pierden- asentí- significa que de seguir con esto, el alma de Ace, como las suyas al morir, dejaran de seguirse una a la otra y cargar con el peso de sus pecados... Si mañana mueren, el ciclo no volverá a iniciarse, no habrá otra oportunidad, no volverás a verlo. Sus almas serán las mismas y tal vez un día incluso en un millón de años se encuentren, porque quedarán vagando en un limbo de pecados y pesar, buscando algo que aunque encuentren, jamás reconocerán. Estarán siempre vacíos, incompletos...

Sabía que el podía sentir como estaba apretando tan fuerte mis puños que me estaba lastimando, sabía que podía sentir el miedo... La esperanza.

-Y si mañana ganan, deberán seguir su vida adelante, sin el, con la misma suerte cuando les toque la muerte algún día. Pero yo puedo darte la oportunidad de hacerlo una vez más, de que vuelvas al momento donde el vivía y lo convenzas de retirarse. Impediras la guerra, su muerte y el dolor para ti y tu hermano. Puedes salvarlo.

La imagen de Ace apareció en mi mente, en llamas, gritando mi nombre, llorando, despediendose desde los brazos de Luffy.

Toqué mi pecho buscando mi corazón, sentía una explosión interna en el órgano y en mis pulmones. No podía evitar mostrarme débil y al punto del colapso frente al burlesco dios.

¿Acaso no es esto lo que siempre he querido?

¿Acaso no es esto lo que siempre he soñado?

¿Que diría Luffy de tener la misma oportunidad?

Ser libres finalmente, o volvernos a encontrar...

Vivir por fin nuestra propia vida o no encontrarnos otra vez, nunca mas...

- No lo decidas ahora.- dijo en voz baja, seductora. Una voz que me hizo adormecer , obligandome a esforzarme grandemente por mantener mis ojos abiertos, pero empezaba a ver oscuro con más frecuencia- será más fácil ser egoísta si puedes verlo una vez más, no podrás negarte a dejarlo sabiendo que es lo que va a pasar...


- Debí haberlo hecho la primera vez...- murmuré. Ace se mostró confundido, como si no me hubiese escuchado bien.

Definitivamente era más fácil ser egoísta teniéndolo enfrente, cuando segundos atrás estuve escondida en su pecho, que ahora tenía el conocimiento, sería atravesado en poco tiempo ; cuando sabía que sería la última vez que lo vería y entendía la sensación en el ambiente tan triste y pesado que nos rodeaba.

Lo miré con detenimiento, perdida en mis emociones y las ganas de guardar aquel recuerdo para siempre, de tocar su piel, besar sus labios y verlo sonreír una vez mas, y que ese momento, esa imagen, fuese eterna.

Ace definitivamente era algo increíble, fuera de este mundo.

Mirarlo era como ver una película fantasiosa en cámara lenta, como admirar la pieza más bella de arte tallada en mármol. Tan atractivo, radiante y masculino, tan fuerte y lleno de hombría, pero con ojos que transmitían sensibilidad e incertidumbre.

Tan lleno de magia, de emociones y humanidad.

Tan lleno de vida.

Contuve las ganas de llorar, de tomarle entre mis brazos y hacerle saber cuánto lo había extrañado.

Cuanto lo sigo extrañando.

Lo difícil que había sido.

Que en mi futuro habían pasado unos cuantos años desde que se había ido, pero a mí me parecían una eternidad desde que no podía tomar el sol sin sentir frío, que no podía ver la luna sin pensar que al otro lado del mar, el no la estaba mirando.

Me trague mi llanto pensando en mil cosas distintas, recordando cuántas noches había rogado inútilmente por tenerlo frente a mí una vez para tomarle el rostro con mis manos frías y chocar con la calidez de su piel, darle un beso más, uno que dure lo suficiente para devolverme el aire porque desde que se fue no supe como respirar.

Me negué a quebrarme al verlo una vez más porque me prometí ser fuerte, nos prometimos serlo. Porque antes de morir, el dijo que yo no debía hacerlo, que aún me queda mucho, que debía luchar.

Por mucho tiempo dudé que fuese cierto. Mi cuerpo y mi mente sanaron, pero en mi corazón aún había una herida y vacío que no podía ser tratada por nada, ni por nadie.

Tuve a tantas personas, hice tantas cosas que amé y disfruté sin dudar, sin menospreciar sus posiciones en mi corazón, pero sabiendo que no podrían alcanzarla, que mientras me aferrase a su recuerdo, a la esperanza de volver a verle, solo eran pasajeros.

Excepto hasta el día en que decidí que tenía que dejarlo ir y sanar de verdad. Crecer y ser fuerte porque no era solo yo. Si, tenía a muchos, pero necesitaba que alguien me abriese los ojos, alguien que me hiciera recordar un amor tan intenso como el que le tenía a el, pero sin sentirme culpable.

Pensé en el, en ese asunto que aún en el futuro no podía manejar, que me negaba a tratar porque simplemente me devolvía a el, a todo lo que le había querido y aún así, no tendría jamás otra vez.

Pensé en Luffy.

Tal vez a el le habría gustado ver a Ace una vez más, tal vez el se lo merecía más que yo. Sin embargo, era a mí, al corazón más débil, a quien habían puesto enfrente para verle.

Como si aquel dios hubiese escuchado cada uno de mis pensamientos, mis deseos más profundos por tenerlo de vuelta, por sentir el fuego ardiendo entre mis brazos al rozar su piel.

Y aún así, no podía tocarle.

No me atrevía a hacerme con el debido al miedo a que como otras ilusiones, fuese a desaparecer.

No soportaría que volviese a pasar frente a mis ojos.

Porque mirar a Ace una vez más frente a mí se sentía irreal, demasiado increíble para ser cierto. Incluso llegué a pensar que aquello era un sueño...Pero ni siquiera mi mente o mis recuerdos podrían equiparar nunca la belleza y escencia indescriptible de Ace.

Nadie jamás podría pintar, recordar o describirlo sin perderse algún detalle, sin divagar en aquello inconcebible que lo hacía tan...El.

Pero la imagen frente a mí era perfecta.

Frente a mí, sus pecas se veían tan claras, sus ojos tan oscuros, su piel tan bronceada y su cabello tan suave, como nunca en mis sueños fui capaz de volver a ver a Ace.

Temía que se acabase de pronto en un grito, sudor y llanto nocturno producto de una pesadilla, sentir el dolor en pecho como si lo hubiese perdido otra vez.

Plutón era un imbécil.

Uno muy habilidoso y sabío porque muy en el fondo de mi corazón estaba demasiado claro el mayor de mis anhelos.

Quería quedarme con Ace.

Quiero quedarme con Ace...

Pero no puedo.

Pasé la mitad de mis vidas buscando a mí otra mitad sin saber que pasaría la otra media intentando olvidarla, queriendo que se fuese lejos de mi para que finalmente pudiese ser libre y fracasando estrepitosamente porque no quería hacerlo.

Nunca quise hacerlo.

Porque avanzar significaba dejarlo ir.

Y yo nunca quise dejarlo ir. Siempre creí que el amor era resistir pese al sufrimiento.

Pero todo ese dolor, esos errores y experiencias me habían demostrado que aquello no era amor.

Al menos no el verdadero.

Si yo decido quedarme, si decido salvarle...La vida que vivimos después de el desaparecería. Nos obligaría a arrastrarnos una vez al sufrimiento de cientos de años por una historia que no podemos terminar.

"- ¡Vamos a ser las personas más libres del mundo!".

El amor...

"Las despedidas son necesarias."

¿Que es el maldito amor si no lo vivo con él?

" Que la vieja historia que construimos quede en el pasado, así podemos encontrarnos como personas nuevas sin hacernos daño una vez más."

No lo sé...

"Tú corazón es grande, puedes amar a muchas personas sin olvidar o dejar de amar a otras."

Cerré los ojos con fuerza, pensando en Sabo, Luffy, en Ace, tratando de privarme de su imagen, hasta que los abri y me di cuenta que no había dicho nada por un largo rato, por lo que la preocupación en su rostro pecoso era evidente. Sus ojos estaban inseguros por la decisión que había tomado. Como si aquel arranque de valor le causara incertidumbre, pero yo sabía muy bien lo que estaba pensado.

En un futuro, sus cartas me lo harían saber.

" ¿Crees que aquí finalmente pueda ser libre, Ler?...¿Crees que finalmente podamos serlo?"

Luffy y Ace solo querían ser libres y yo...Yo también quería serlo.

¿Es el amor la capacidad para dejar ir a quien amas a sabiendas de que es para siempre?

La primera vez que había ocurrido esto, Ace me dejó ir.

Shanks me diría años más tarde que el le había explicado que finalmente entendía que me amaba lo suficiente para dejarme ir, aunque era inconsciente de la gravedad del asunto, pero así debía ser.

¿Te amo lo suficiente, Ace?

"Ace volteó a ver a Ler de reojo, ella respiró profundamente mientras fingía no darse cuenta de dicha acción. Ambos miraron nuevamente a su hermano y decidieron que valía la pena tomar el riesgo."

Amabamos lo suficiente a Luffy para arriesgarnos a dejarlo todo y asegurarnos que viviese bien incluso sabiendo que podríamos no haber salido con vida.

El no lo hizo.

Lo amó lo suficiente para protegerlo hasta el final.

" A veces el amor no coincide con la vida, solo puede permanecer en nuestro corazón y nuestras mentes, Ler."

El lo decidió ese día.

Respiré hondo.

"Qué tu quieras a alguien más no significa que no hayas querido a Ace. El también te quería a ti y odiaría pensar que es la razón por la que no puedes avanzar."

Ahora lo decido yo.

Me obligué a sonreír sinceramente, esperando que la tristeza no fuese tan evidente en mi rostro, ni las ganas de llorar o abrazarlo, de mantenerme a su lado toda la vida.

- No vas a hacerlo- la voz de Plutón se escuchó en mi cabeza con tal volumen que luché por no tirarme al suelo ante el dolor- tu, pequeña mortal estúpida...No puedes dejarlo ir. Si pierden mañana, no habrá valido la pena.

"No vamos a perder. Quizá Ace no esté en la última batalla, pero su voluntad está con Luffy, y yo estoy junto a él. No importa que se nos venga el mundo, mientras estemos juntos, podremos con el" pensé, segura de que me estaba escuchando.

Tratando de conservar su imagen, sabiendo que no podía conservarlo a el por más tiempo, le miré directamente a los ojos antes de hablar:

- Perdóname, Ace, tal vez yo soy la razón por la que estés aquí, pero te prometo que todo será diferente la próxima vez que nos veamos. Alguien me ha dicho que todo acabará pronto, Tú y yo...No seremos los mismos. Serás...Seremos mejores y no tendremos que volver a despedirnos, jamás...Tu...Has lo que debas hacer, yo haré lo mismo, por los tres.


Recordaba haberme alejado con Shanks, haberme negado a ver hacia atrás, hasta que sentí que me ahogaba, que había dejado de respirar y me hundía en la oscuridad absoluta.

Entonces el rostro de un dios furioso apareció frente a mí.

- ¿Porque hiciste eso? Era tu última maldita oportunidad, no volverás a verlo...

- No lo entenderías...- aquello pareció descolocarlo aún más.

- Dijiste lo mismo hace mucho, mucho tiempo atrás. Más de 800 años, ¿Porqué, Leriana? ¿Que tienen los humanos que los dioses no podemos comprender?

- Corazón - respondí automáticamente. Sus ojos plateados llamaron mientras los míos se llenaban de lágrimas- puedes parecer un humano, pero tú pecho está vacío, frío y oscuro. No hay nada allí. Pero en el mío- con total atrevimiento y seguridad, tome su mano y la lleve hacia mi pecho, causando en el una reacción parecida a la sorpresa- no hay más espacio. Esta hecho pedazos, adolorido, tiene miedo por lo que pueda ocurrir, pero late, tiene vida, y mientras tenga vida gritara el nombre de quienes decida tener como dueños... Tú crees que el amor mortal es el deseo sexual que nos teníamos Ace y yo porque no pudimos mantener nuestras manos lejos del otro en tu maldito templo, ganandonos tu odio de paso. Pero el amor es también lo que siento por Sabo, por mi abuelo, Shanks, mis amigos, mis nakamas...Incluso lo que me impulsó a no rendirme con el asunto. El amor es lo que siento por mi hermano, quién me espera allá abajo, que confía en mí para ganar o morir juntos en la batalla...Yo pude haber muerto con Ace porque no podía imaginar una vida en la que no estuviese el, pero mi corazón aún latía en nombre de Luffy. ...Estoy aquí por el, seguiré hasta el final, cueste lo que cueste. Y si muero, mi último latido llevará su nombre, el nombre de mi rey.

Después de mi discurso, estaba lista para que me arrancase la lengua, pulverizara mi alma o me atravesara con la mano que aún le sostenía.

Estaba lista para todo, excepto para verlo sonreír de lado y posteriormente, echarse a reír.

Lo solté cuando perdí las fuerzas y afortunadamente caí en la cama.

-¿Porqué... Porqué te ríes?

No debía, pero parecía como si mi petición franca y débil lo hubiese empujado a responder.

- Definitivamente piensas como el muchacho de Urano- contestó. Su vista apartándose hacia la ventana y la ya discreta luna- yo no sé lo que es el amor, los sentimientos. No me interesa. Pero sé que existen las almas gemelas, después de todo el destino es quien las manipula.

- ¿Ace es mi alma gemela? - pregunté aún desconcertada, sin saber muy bien que decir. Mi famoso corazón casi se me cae por la boca cuando el negó con la cabeza, volviendo a reír.

¿Qué?

- Ignorando la pregunta en tu cabeza acerca de si los dioses tenemos humor y la de que significa toda su historia si no son almas gemelas, te diré únicamente que tú existencia no está ligada a la de él, si no a la de Luffy.

"-Supe en el instante en que lo vi que yo le conocía, que le necesitaba...Y cuando miraba las estrellas en el cielo buscando algo, lo buscaba a el."

- ¿Qué...?- evite gritar ante su rostro de satisfacción, sabía que estaba burlándose de mí- ¿Que demonios significa eso?

- Que hayas superado mi prueba no significa que puedas hablarme así, mortal es...

- Estúpida, lo sé. Pero creeme que estoy intentando entender que significa toda "tu prueba"- dije haciendo comillas- y que mi existencia este ligada a la de Lu.

Otra vez parecía enfadado, pero no lo suficiente como todas las veces que en algún momento de mi larga existencia presencié.

- En tu naturaleza humana y tú larga explicación puedes interpretar que el amor que le tienes al guardián de Urano es más grande que el que le tuviste al mío aunque no sea romántico, por eso nacieron para ser "hermanos".

"Solo con Luffy, Ler se siente segura. Como si no tuviese que ir a ninguna parte para encontrar refugio porque encuentra refugio en el.

Sé que ella me ama tanto como yo la amo a ella y a Luffy, pero con sinceridad, el es el único con quién ella puede ser lo que nunca fue.

Ler le daría su corazón con ojos cerrados y manos atadas si el se lo pidiese. Y Luffy, ciegamente, confiaría en ella aunque el mundo le gritase que no debe hacerlo."

-...Poseidón lo llama la revancha del destino: Cuando algo está destinado a ser pero no se da por razones ajenas a la decisión de los mortales involucrados...En mi naturaleza y lenguaje significa que tú pasado, presente y futuro esta inevitablemente unido a el.

" Te seguiré hasta el final, incluso si es mucho después de que alcance el mío."

¿Se ofendera si le digo que sigo sin entender?

La respiración pesada del dios me indicó que estaba llevándolo a sus límites. Aún así, cruzó sus brazos y se apoyó en la puerta, acomodándose.

Va para largo.

- Se lo dijiste a tu otro hermano, el rubio- Sabo- ese. Que tú lo amabas a él y a Ace con todo tu corazón...- pronunció con disgusto- pero que Luffy era tu corazón. Por que desde el inicio tuvieron esa afinidad que solo tienen los hermanos.

- Yo nunca dije eso...- murmuré confundida, tratando de recordar en qué momento había hablado con Sabo acerca de aquello.

- Lo harás- su voz queda llamó mi atención e interés.

- Tu...¿Puedes ver el futuro?

- Se lo que va a pasar pero no es algo definitivo. Todo puede cambiar en un instante. Los dioses conocemos a los humanos, pero no somos creadores de ellos. El destino es el único que tiene el poder absoluto para tirar los dados, pero por alguna razón, les ha dado la oportunidad de que lo hagan ustedes mismos y cambien lo que podemos ver.

Asentí mientras balanceaba mis piernas en la cama.

Habian infinidad de cosas que me daban vueltas en la cabeza, pero una era la que se llevaba toda mi atención.

- ¿Significa entonces que ves probabilidades?

El lo pensó un poco antes de responder: - Solo una. La que por el momento está encaminada a suceder antes de que tomes una decisión importante que pueda cambiarlo todo...- el se detuvo, mirándome directamente mientras alzaba una ceja- mortal estúpida, de todas las preguntas que puedes hacerme, ¿Es eso lo que realmente quieres saber?

Asentí con la cabeza y volví a pensarlo. Los rayos de sol comenzaban a colarse por la ventana así como el grito de Nami, quién nos indicaba, estábamos cercanos a nuestro destino.

Entonces, como había aparecido, se esfumó sin dejar rastro alguno, dejándome con las ganas de saber la respuesta.

¿Es el correcto?

Tal vez vuelva aparecer en algún momento de mi vida o pueda preguntarle mañana tras mi muerte.


Plutón me había permitido ver una vez más a Ace, dejándome con dudas que Poseidón respondió pero de las que aún no estaba segura.

En este juzgado, frente a los jueces, considero como se debe estar sientiendo Lu viéndome tan lejos, sintiendo la posibilidad de perderme.

Me hice la promesa que de salir de esta, tendría que pedirle perdón por ser tan terca y no considerar más sus sentimientos.

- Me refiero a que lo recuerdo con claridad. Es la última vez que lo vi... libre.

No. No era verdad.

Esa fue la primera vez, en su larga existencia, que finalmente, lo volvería a ver de esa forma.