¡Hola, mis queridas lectoras! Sé que han estado esperando la continuación desde hace bastante tiempo, y lamento mucho haber tardado tanto en actualizar, pero quiero que sepan que jamás abandonaré esta maravillosa historia. ¨Cuando los lobos descienden¨ fue mi primer fic dramione, y le tengo bastante cariño, tal vez me haya tardado, pero nunca la dejaré incompleta.
Sólo me queda decirles que disfruten de este capítulo, que va dedicado a todas las personas que comentaron, leyeron y agregaron esta historia a favoritos! Muchas gracias por todo el apoyo!
Contiene lemon, sólo para mayores de 18 haha ;)
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Capítulo 31: La marca del lobo...
Wiltshire, 1770...
Hermione se quedó unos metros más atrás mientras contemplaba la escena que había logrado conmoverla hasta las lágrimas. El viaje había sido largo, agotador, y habían logrado llegar a Wiltshire luego de una semana.
Narcissa Malfoy, duquesa y dueña del vasto territorio que le pertenecía a Draco, lloró desconsoladamente en el umbral de la mansión cuando vio el rostro del hijo que creía muerto desde hacía bastantes años.
-Estás vivo.-susurró por unos minutos que parecieron hacerse eternos.-Estás vivo, Draco, estás vivo…-repetía una y otra vez sin dejar de abrazarlo.-Mi pequeño…
Pero Draco ya no era ese pequeño adolescente que había huido de la mansión cuando tenía trece años. Ahora era un hombre y sus objetivos habían cambiado mucho desde entonces.
Su vida estaba unida a la de alguien más, alguien a quien protegería por el resto de su vida.
La mujer seguía llorando, parecía que estaba viendo una ilusión. Durante todos esos años, nunca pensó que volvería a ver a su hijo con vida.
Draco estaba igual de sorprendido que su madre. Verla otra vez, había traído recuerdos que parecían extintos en su memoria.
-Lo sé, madre. Aquí estoy.-sentenció mientras sentía los brazos de su progenitora a su alrededor. Aquel abrazo que había añorado desde la primera vez en que se había vuelto parte de la manada.
Recordaba lo duro que habían sido los primeros años, la violencia y la brutalidad a la que había sido expuesto a tan corta edad. Recordó cuanto había sufrido, añorando esa calidez y aquel hogar que había abandonado.
-No puedo creer que estés aquí.-le dijo Narcissa sin dejar de abrazarlo.-Nunca pensé que te volvería a ver.
Draco esbozó una sonrisa. Había una larga historia que contar y mucho por revelar.
-Madre, estoy bien. No tienes que preocuparte.-le pidió mientras intentaba calmarla.- ¿Recuerdas que te hice una promesa antes de irme?-preguntó mirándola a los ojos.
La mujer se quedó pensativa por unos segundos y luego asintió brevemente.
-Me dijiste que no morirías.-recordó su madre volviendo a llorar.
-He cumplido mi promesa.-concluyó Draco dándole un largo abrazo que pareció durar horas.
Hermione esbozó una sonrisa y se sintió plenamente feliz por Draco y por su madre. Sabía que no se había equivocado al decidir que lo mejor era ir a Wiltshire.
De forma inesperada, la castaña sintió cierta nostalgia mientras veía la escena y pensó en sus padres. Pensó en cuanto debían estarla extrañando y buscando. Sabía que no sería fácil, pero por mucho dolor que eso le pudiera causar, no podía volver con ellos. Sus padres tenían una mentalidad demasiado cerrada y jamás dejarían que ella fuera feliz al lado de Draco. Sin duda, la mejor decisión de su vida había sido huir con él.
-¿Dónde estuviste todos estos años, hijo?-le preguntó Narcissa, más calmada y dándose un tiempo para recuperarse de la impresión.
Draco guardó silencio por unos cuantos segundos. La pregunta era tan simple, pero al mismo tiempo, tan compleja.
Tragó espeso antes de responder.
-Estuve atrapado en un infierno, madre...-sentenció sin más.-Nott y la manada.-agregó evitando mirarla a los ojos.
Su madre no necesitó ahondar en el tema, ella sabía perfectamente todo lo relacionado con la manada y la maldición con la que cargaban sus familias.
-¿Dónde están ellos?-preguntó cambiado su expresión a una de preocupación.
Hermione sintió cierto temor al imaginar lo que esos salvajes podían estar tramando y haciendo en esos momentos. Sinceramente, no se sentía segura en ningún lugar.
-No lo sé.-confesó mirando al vacío y luego dirigió su mirada hacía ella.-Pero, no puedo quedarme por mucho tiempo, madre. Ellos nos persiguen y no puedo ponernos en peligro.-sentenció señalando a Hermione.
La sorpresa de tener a Draco de vuelta en casa, había hecho que Narcissa Malfoy ni siquiera notara la presencia de Hermione por unos segundos.
La mujer le echó una mirada hacia aquella jovencita que lucía un tanto tímida. Dulce y hermosa, pero algo asustada.
-¿Quién es esa muchacha, Draco?-le preguntó casi imaginándose la respuesta de su hijo.
Draco se tomó unos segundos para responder. Había esperado poder hacer esto desde que habían llegado y lo haría de la manera más correcta posible. Probablemente sería un shock para su madre, pero esa muchacha, como su madre la había llamado, era su más grande felicidad.
-Madre, déjame presentarte a mi esposa.-le contestó de inmediato, mientras tomaba la mano de Hermione entre la suya.-Ella es Hermione.
Hermione se sintió un tanto nerviosa, pero se acercó tan pronto como pudo, e hizo una pequeña reverencia hacía Narcissa.
-Es un placer conocerla, señora Malfoy, mi nombre es Hermione Granger.-respondió educadamente.
-Malfoy...-le corrigió Draco sonriendo.-Ahora eres Hermione Malfoy.-recordó sin dejar de soltar su mano.
La duquesa esbozó una enorme sonrisa para sorpresa de todos y extendió sus brazos hacía ella.
-Oh, ven aquí, querida.-exclamó la mujer abrazando a la castaña con bastante familiaridad y tomando a Hermione por sorpresa. En un principio, ella había creído que sería rechazada por la duquesa Malfoy, pero sintió un gran alivio al sentir que era aceptada por su suegra.-Eres tan hermosa.-le dijo observándola detenidamente.-Pareces un ángel, querida... Oh, estoy tan feliz por ustedes dos.-finalizó sonriendo.
Hermione también esbozó una sonrisa. Nunca antes había estado ante la presencia de una dama perteneciente a la nobleza y ciertamente, quería causar la mejor impresión posible.
Al cabo de unos minutos y luego de una breve conversación, todos ingresaron a la enorme mansión Malfoy. Tan pronto como pusieron un pie dentro, varios sirvientes se acercaron a atender a los recién llegados.
-Deben estar cansados. Necesitan descansar.-exclamó Narcissa, queriéndoles dar un respiro luego de toda la travesía por la que debían haber pasado.-Gabrielle.-llamó a una de las sirvientas y una joven mujer se acercó.-Guíalos a su habitación. Luego cenaremos. Aún hay mucho que conversar, pero lo dejaremos para más tarde.
Nuevamente, Narcissa abrazó a Draco mirándolo una última vez, y luego abrazó a Hermione como si se tratara de otra hija más.
-Estoy muy feliz de tenerlos aquí. Jamás pensé que este día llegaría.-concluyó casi entre lágrimas otra vez.
Draco esbozó una sonrisa, mientras tomaba la mano de Hermione y se dirigían a las habitaciones de la mansión.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Hermione entreabrió los labios, mirando con curiosidad y sorpresa, todo lo que había a su alrededor.
-Este lugar es enorme.-musitó sentándose sobre la cama de finas sedas plateadas.
La habitación estaba lujosamente decorada, teniendo toda a su alcance. Candelabros de plata colgaban del techo y la mueblería era la más fina que Hermione alguna vez hubiera visto. En el centro, había una hermosa ventana con vista a los hermosos jardines de la mansión.
-¿Cómo puedes vivir aquí sin perderte?-preguntó sonriendo.
Estaba completamente maravillada con la elegancia y lo gigantesca que era la mansión en la que Draco había crecido. Aquel lugar era tan diferente a Hogsmeade, el humilde pueblo en el que ella había vivido toda su vida.
Draco se sintió encantado con su tierna reacción. Siempre había sentido cierta fascinación por la manera tan inocente y la sorpresa con la que ella parecía descubrir el mundo y todo lo que le rodeaba.
-Ven aquí.-exclamó el rubio jalándola con él y cayendo con ella sobre la cómoda y enorme cama.
Había días en los que Draco despertaba y no podía creer que ella en verdad podía ser su esposa. Suya, completamente suya.
Se enfrascaron en un profundo beso, que pareció durar eternamente. Él siempre recibía cada caricia de sus labios como si fuera la última vez que lo haría. Ser un lobo, le había enseñado a apreciar los pequeños momentos de la vida y lo cierto era que se había vuelto adicto a aquella sensación que sólo ella era capaz de transmitirle.
-Te amo...-susurró Hermione esbozando una sonrisa y mirándolo fijamente a aquellos ojos grises que ella adoraba tanto.
-También te amo, Hermione.-respondió Draco volviendo a cortar la distancia que les separaba. No le molestaba decir que estaba loco por ella. Podía matar por ella, podía hacer lo que ella le ordenara.
En todo ese tiempo, el rubio jamás había llegado a imaginar que su más grande debilidad sería una mujer. Pero Hermione nunca sería cualquier mujer. Ella era mucho más que sólo eso.
Ella era su vida.
Draco comenzó a recorrer su cuerpo con la misma pasión que caracterizaban sus encuentros, tocando cada parte de ella y asegurándose de que lo disfrutaría tanto como él. Estaba completamente enamorado de aquella castaña, y no podía dejar de desearla ni un solo instante.
Él estaba feliz de volver a casa, pero estaba mucho más feliz de tener a Hermione en sus brazos, sana y salva.
-Mmmh, Draco...-gimió ella haciendo que el rubio volviera a besarla con más empeño. Sus manos fueron descendiendo hasta que desesperadamente comenzó a desatar los lazos del corsé de la castaña.
-Nunca entenderé por qué la vestimenta de las mujeres es tan complicada...-susurró contra su níveo cuello.
Hermione esbozó una sonrisa cómplice, mientras le ayudaba a deshacerse del corsé y luego del miriñaque, hasta que únicamente quedó en un fino camisón blanco.
-Te acostumbrarás.-le respondió sintiendo que sus caricias se volvían más profundas.
Podía ver la desesperación en los ojos de Draco por poseerla. Podía ver ese deseo y ese fuego, que nunca antes había creído que podría existir.
Ella siempre había leído cientos de historias de amor, libros con romances de ensueño, pero esto era mucho más que un amor de cuentos de hadas. Sentía que el amor que ambos se profesaban era más poderoso. Lo amaba más que a nada en el mundo, y tal vez por ello, no podía ni imaginar si algo malo le llegaba a suceder. El hecho de perder a Draco, era su miedo más grande.
De inmediato, tomó su mano entre la suya y miró fijamente a sus ojos grises.
Él también la observó.
-No quiero que nada te pase.-le pidió sintiendo una fuerte conexión con él.-Draco... Prométeme, que nunca dejarás que nada malo te pase.
El rubio tomó su rostro entre sus manos.
-Siempre estaré a salvo contigo, Hermione. Mi corazón siempre será tuyo.-confesó al mismo tiempo que ella se quitaba la última prenda de ropa y quedaba completamente desnuda frente a sus ojos.
Eso fue más que suficiente.
De inmediato, volvieron a enfrascarse en otro largo beso, dejando que las caricias fluyeran y se perdieron en el deseo.
Cayeron sobre la cama y Draco no pudo resistirse más. Comenzó a masajear sus senos sutilmente, deleitándose con su textura y sintiéndolos tan perfectos bajo la palma de sus manos. La piel de Hermione siempre había sido exquisitamente suave, y no tardó en separarse de sus labios, para luego descender por su cuello y probar el dulce sabor de su piel.
Ella dejó salir un pequeño gemido. Sólo Draco sabía exactamente donde tocar y hacerla sentirse tan deseada.
-Draco...-exclamó con esa tierna y melodiosa voz, cuando sintió que sus tibios labios habían descendido por su cuello hasta llegar a uno de sus senos.
Él esbozó una breve sonrisa, mientras atrapaba uno de sus rosados pezones y lo succionaba con vehemencia.
Draco amaba la forma en que Hermione iba reaccionando ante cada estímulo que él le provocaba. Era como una inocente flor en medio de ese jardín de lujuria que él le ofrecía.
Sentía la necesidad de estar dentro de ella, de perderse en ese increíble cuerpo que la castaña poseía. Pero primero, quería darle algo que nunca olvidaría.
-Espera, preciosa... Hay algo que quiero intentar.-susurró volviendo a su boca y luego sonrió de lado. Su mirada gris cargada de deseo, la miró como si se tratara de un bocadillo.-Y sé que te va a encantar.
Hermione sintió que Draco deslizó sus suaves labios por debajo de sus senos, y descendió mientras besaba suavemente su abdomen.
El rubio se detuvo y entreabrió las piernas de su hermosa esposa con sutileza, mientras observaba con fascinación lo que tenía en su delante.
La castaña sintió que un pequeño rubor apareció sobre sus mejillas cuando entendió lo que él planeaba hacer.
Draco acarició sus muslos por unos segundos más, movió su mano y acarició el centro de la castaña con determinación, primero lento, pero de ahí más rápido, hasta que sin poder evitarlo colocó su rostro entre sus piernas.
Hermione se sintió un tanto avergonzada, nunca antes él se había atrevido a hacer algo cómo eso. Pero sus pensamientos quedaron repentinamente nublados, cuando sintió la húmeda lengua de Draco sobre su clítoris. Esto era algo nuevo y completamente placentero para ella.
-Mmmh...-dejó salir acariciando su cabello rubio y cerrando los ojos.-Oh, dios... Se siente increíble.-musitó sintiendo que tocaba el cielo.
Draco sintió la mano de Hermione sobre él, y continuó perdiéndose en aquel néctar que sólo ella podía ofrecerle.
Hacía círculos con su lengua sobre su suave clítoris, haciendo que la excitación incrementara velozmente dentro de la castaña.
-Sabes tan dulce... Muy dulce.-logró decir antes de volver a succionar su húmedo centro con desesperación. Se sentía complacido de que ella estuviera disfrutándolo tanto como él.-Mmm, Hermione...
Podía sentir el sabor de su humedad, sentir su esencia y lo mucho que necesitaba estar dentro de ella. Deslizó su tibia lengua hacia la entrada de su cálida vagina, y exploró gentilmente a su alrededor.
-Oh, Draco...-exclamó Hermione moviendo sus caderas hacía su dulce boca e intentando reprimir los gemidos.-Estoy tan cerca...
Se sentía demasiado bien. No le importaba que fuera prohibido, lo cierto era que nunca pensó que se podría experimentar tanto placer. Todo lo que Draco le hacía sentir era increíblemente excitante y la lujuria siempre parecía ser dueña de cada encuentro íntimo que ambos tenían. El sexo siempre había sido algo tabú en su aldea y nunca nadie le había dicho cuanto placer había en ello. Hermione al fin era libre de poder experimentar, y lo cierto era que Draco adoraba enseñarle.
Una ola de placer se expandió por todo su cuerpo y gimió fuertemente cuando alcanzó el maravilloso clímax. Había sido increíble.
Hermione se apoyó sobre sus codos para poder ver el desorden entre sus piernas. Pero antes de que pudiera decir algo, Draco le dio el alcance y acercándose a sus labios, la besó con vehemencia.
Necesitaba estar dentro de ella, no podía esperar ni un segundo más, su enorme erección la reclamaba.
-Draco...-gimió la castaña echando la cabeza hacia atrás. Estaba tan sensible, que cuando sintió la longitud del rubio dentro de ella, dio un pequeño sobresalto.
-Estás tan húmeda, preciosa.-murmuró él sonriendo de lado, y acomodándose dentro de Hermione. Adoraba su estrechez y lo suave que era.
Hermione se relamió los labios y asintió débilmente mientras rodeaba su cintura con ambas piernas y movía sus caderas contra su pelvis. La fricción de sus cuerpos, sólo había terminado por desatar los más bajos deseos que ambos sentían en esos momentos.
Draco estaba descontrolado, hacerle el amor a Hermione era una de las mejores experiencias de su vida y sabía que jamás tendría suficiente de ella. No pudo evitar mirar fijamente a ese perfecto y delicado rostro. Ella lucía jodidamente hermosa, su cabello castaña desordenado, sus mejillas sonrojadas, sus preciosos ojos color miel y esos maravillosos labios que rogaban por ser besados. Él no podía creer que esa chica en verdad fuera suya. Esa inocente y hermosa castaña era completamente suya.
¿Acaso podía haber algo más perfecto que eso?
Sus miradas se unieron, y Hermione sintió que el potente lazo que les unía se incrementaba.
Las estocadas y sus movimientos se hicieron más rápidos. Draco la penetró una y otra vez, perdiéndose en su esencia. La lujuria lo dominaba.
-Hermione...-jadeó contra sus labios y empujó más fuerte.-Mmmh, demonios...
Los deliciosos gemidos y el placer que ella le daba, lo nublaron. Enterró sus manos en las caderas de la castaña, y repitiendo su nombre, se corrió completamente dentro de ella.
La adoraba. Adoraba todo de ella. Para Draco, Hermione era perfecta.
El rubio cayó sobre el pecho de su joven esposa, completamente exhausto y escuchando su violento palpitar. Ambos respiraban con dificultad, pero eso no lo detuvo de volver a saborear su dulce boca una última vez.
-Eres mía, Hermione, solamente mía.-susurró rodeándola con sus brazos.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
La noche había caído rápidamente y como ya era habitual, Wiltshire lucía completamente oscura. Narcissa bebió un sorbo de su té y elegantemente lo colocó sobre la pequeña mesa dorada que estaba a su costado.
Las llamas de la chimenea flameaban, y a pesar del inclemente frío que azotaba a la ciudad, creaban un ambiente cálido y acogedor dentro de la mansión.
-Espero que te encuentres a gusto, Hermione. Todo lo que necesites, siempre estará a tu disposición.-le aseguró la mujer mientras miraba a la muchacha con bastante dulzura.-Me alegra tenerte en casa.
La castaña estaba sorprendida por la amabilidad y por el cariño con el que Narcissa Malfoy le trataba. Hermione no llevaba ni dos días en aquella mansión, y la mujer ya la había llenado de regalos y de muchos vestidos dignos de un miembro de la aristocracia.
-Usted es muy amable, duquesa Malfoy.-le respondió la castaña amablemente.
Luego de la fastuosa cena que habían tenido temprano, esa misma noche Hermione se había quedado acompañando a Narcissa en el gran salón, mientras Draco se había retirado a atender unos asuntos en el antiguo despacho de su padre.
-Oh, por favor. Deja las formalidades de lado.-le pidió esbozando una sonrisa.-Todos estos años he estado tan sola, esperando por Draco. No puedo creer que él aún este vivo.-le confesó llevándose una mano a su pecho.-Pero siempre supe que volvería. Mi corazón de madre, no me permitía creer que él se iría para siempre.
Hermione se quedó en silencio.
-Todo gracias a ti, querida. Sé que el amor que él tiene por ti, lo ha salvado.-completó extendiendo su mano hacia ella.
-Y él me salvó a mí.-murmuró Hermione, sintiendo que de no haber sido por Draco, ella todavía estaría atrapada en Hogsmeade en un matrimonio infeliz.- Señora Malfoy, pero Nott y...
-Lo sé.-le interrumpió de inmediato.-Ellos aún están ahí afuera.-reconoció colocando una expresión de preocupación.-Quisiera que ustedes, desaparecieran lo más lejos posible. Pero sé que Draco debe matarlo, o de lo contrario Nott siempre los encontrará.
La castaña sintió temor ante sus palabras. En verdad, deseaba huir junto a Draco lo más pronto posible. Irse lejos y jamás volver.
Eso era lo que habían planeado y su más grande deseo, pero Hermione también era consiente de que si hacían eso, siempre estarían huyendo y jamás estarían a salvo. Nott y la manada irían tras ellos, y al más mínimo descuido, podía ocurrir una tragedia.
-No quiero que nada le pase.-susurró Hermione sintiéndose impotente. Ella sólo quería ser feliz al lado de Draco, él era su vida, lo amaba más que a nada en el mundo y sentía que su vida estaba ligada a la de él de una forma más profunda que lo normal.
-No tengas miedo, querida.-le dijo Narcissa con una débil sonrisa.-No hay peor cosa que vivir con miedo. Yo también lo he experimentado y sé cuan terrible puede ser.-continuó como si estuviera recordando algo.
Hermione se perdió en sus propios pensamientos. Lo que Narcissa le había dicho era muy cierto, y ella estaba segura de que no quería vivir con miedo por el resto de su vida.
-Siempre quise tener una niña.-le confesó la mujer de pronto, mientras volvía darle otro sorbo a su té.-Pero el padre de Draco, Lucius,...Él cambió tanto. Nunca tuvimos la oportunidad de disfrutar de nuestro matrimonio.-le explicó con una expresión nostálgica.-Verás, a diferencia de Draco y tu, mi matrimonio fue concertado...Tú sabes que casarse por amor, es algo muy extraño, querida. Lo cierto es que sí llegué a amar a Lucius, pero creo que mi amor no fue lo suficiente para salvarlo de su cruel destino.-sentenció sin más.
El fuego crujió y Hermione alzó la mirada con curiosidad.
-¿Qué pasó con él?-preguntó de inmediato, pero luego se arrepintió.-Oh, disculpe, no tiene que...
-Esta bien, querida.-le aseguró sin mayor problema.-Lucius murió cuando Draco tenía diez años y sólo tres años después, él empezó a experimentar los cambios hasta que la maldición lo alcanzó. Cada generación es más rápida que la anterior.
Hermione se sentía perdida. Narcissa le había dado tanta información que no sabía cómo procesar.
-¿Cómo podré salvarlo?-se preguntó a si misma mientras su mirada se perdía en el fuego.
La duquesa Malfoy la observó y pudo sentir sus miedos.
-Draco debe matar a Nott durante el eclipse de sangre.-le explicó tan pronto como pudo, y Hermione recordó lo que la gitana le había dicho semanas atrás.-Si él muere, todos estarán libres de la maldición. Fueron los antepasados de la familia Nott que empezaron con esto, es por eso que debe ser el primogénito de esa familia él que debe morir para salvar al resto. Sé que suena injusto. Pero Nott es despiadado. Él debe morir. Asesinó a su propia familia.-le confesó mientras hacia su taza de té a un lado.
La castaña entreabrió los labios sorprendida.
-¿Asesinó a su familia?-preguntó sabiendo que la maldad de Nott no conocía límites, y si había sido capaz de asesinar a su propia familia, podía llegar a hacer lo que sea con tal de saciar su ira y venganza.
-Sí, querida, fue una desgracia.-le respondió Narcissa apenada.-La condesa Nott, que en paz descanse, y el resto de sus hijos fueron encontrados desgarrados y asesinados en su mansión, hace ya cinco años. Él era prácticamente un niño, cuando lo hizo.-concluyó con cierta amargura.
Hermione se quedó pensativa y recordó lo que la gitana le había dicho. Sabía que el eclipse sería dentro de poco, sólo quedaban unas dos semanas.
Cerró los ojos evitando imaginar que es lo que haría si algo le pasaba a Draco.
¡NO!, se dijo a sí misma. Él lo lograría, no importaba cuan difícil sea, Draco acabaría con Nott. Eso es lo que su corazón le decía.
-El eclipse será dentro de poco.-susurró la castaña.
Narcissa asintió brevemente.
-Lo sé, querida. Es bajo ese eclipse de sangre, que Draco debe asesinar a Nott.-la mujer se puso de pie y caminó elegantemente con su vestido color azul hacia la chimenea. Cogió algo de encima y trajo consigo un pequeño cofre color dorado. Se apresuró en abrirlo y mostrarle el contenido a Hermione.-Debe utilizar esta estaca de plata. Sólo así, Draco, el resto de los lobos y sus futuros descendientes, podrán quedar libres de la maldición. Es la única solución.
Hermione sintió un nudo en su garganta y una opresión en su pecho. Sabía que ese enfrentamiento sería sangriento.
-Quisiera saber si usted sabe qué significa esto.-le dijo remangándose la tela que cubría su antebrazo y le enseñaba la extraña marca que había aparecido en su piel aquella noche.-Apareció luego de que Draco y yo, nos casáramos.
La mujer se asomó hacía Hermione y miró con atención la pequeña marca en su muñeca. De repente, Narcissa entreabrió los labios sorprendida.
Se quedó en silencio unos breves segundos y continuó examinando el antebrazo de la castaña.
-¿Es algo malo?-preguntó Hermione con cierto temor y ansiedad.
-Pensé que sólo era una leyenda.-sentenció Narcissa mirando a la chica con curiosidad.-Verás, dicen que los lobos están destinados a escoger sólo una pareja para toda la vida. Es una conexión, un lazo que los une para siempre.-intentó explicarle.-Como almas gemelas.
Hermione lo entendió. De un modo u otro, podía sentir ese lazo del que Narcissa hablaba. Era invisible, pero podía percibirlo en pequeños detalles como cuando su corazón se aceleraba presintiendo que algo malo podía suceder con Draco, o cuando estaban juntos, sus emociones fluían naturalmente y era como estar en el paraíso.
-Yo nunca tuve esa marca, porque nunca estuve destinada a ser la pareja de Lucius.-sentenció con cierta tristeza.-Él nunca me escogió a mí, ni yo a él. Pero Draco y tú... Ambos están juntos porque en verdad lo desean y su amor es real, Hermione. Yo jamás pude salvar a Lucius, y ahora, lo entiendo.-continuó mientras hacia una pausa y miraba fijamente a la joven castaña.-Tu amor, querida, es tu amor lo que podrá salvar a Draco, porque tú eres su pareja.
Hermione asintió en silencio, mientras sentía que el destino era inevitable. No había forma de detener el enfrentamiento entre Draco y Nott. Sabía que de un modo u otro, sucedería. En este eclipse o en el siguiente, el final estaba cerca.
Sin embargo, ahora ella tenía una esperanza. Era la pareja de Draco, y sus vidas siempre estarían unidas. No importaba el desenlace, Hermione estaba segura de que su amor lo salvaría.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Examinó el viejo pergamino que yacía sobre el escritorio de caoba y notó que se trataba del testamento de su padre. Draco no tenía muchos recuerdos sobre él, intentaba hacer memoria, pero nada venía a su cabeza. Hubiera deseado haberlo conocido mejor, pero casi nunca lo veía.
Lucius siempre había sido un completo extraño para él. Tan misterioso y reservado, su progenitor jamás había mostrado una sola muestra de afecto hacía su hijo, y parecía que todo ese trabajo se lo había dejado a su esposa.
Pero Draco sabía que no debía juzgar muy duro a su padre. Lucius también había sido un lobo y probablemente, evitaba tener contacto con él para no lastimarlo. Los lobos podían ser muy volátiles y de naturaleza impredecible. Y Draco estaba al tanto de eso.
Esa era una de las cosas que más temía en su vida. Además de temer perderla, temía poder lastimar a Hermione accidentalmente por estar fuera de sí.
Miró hacía abajo.
Esa maldición había arruinado su vida de muchas formas.
-Vaya, que agradable sorpresa saber que estas vivo.-exclamó una áspera voz desde la entrada.
De inmediato, la lúgubre figura de un hombre de cabellos azabaches apareció ante sus ojos y cerró la puerta tras él.
Draco no lo esperaba, ni quería saber nada de él, pero sabía que al regresar a la mansión lo vería de todos modos.
-Pues sí, aquí estoy como puedes ver.-dijo el rubio sin más explicaciones.
El hombre se detuvo a observarlo de pies a cabeza y luego se aclaró la garganta.
-Tu madre y yo, siempre estuvimos esperando tu regreso.-admitió esbozando una sonrisa un tanto sombría.-Cuide de Narcissa y de tu hogar, Draco. Me alegra verte a salvo.
El marqués Severus Snape, había sido primo de Lucius y desde que el rubio era sólo un niño, Snape siempre había sido cercano a sus padres. Draco nunca había logrado tener una buena relación con aquel hombre, y aunque fuera su tío, el rubio sabía que él sólo era una ambiciosa serpiente sedienta de poder. Muy diferente a Sirius.
Todo pareció empeorar, cuando Lucius falleció, y su madre, absolutamente devastada, buscó refugió en Snape. Draco entendía que para una mujer era difícil valerse por si sola y hacerse cargo de la mansión, pero elegirlo a ese hombre como regente mientras esperaba a que él alcanzara la mayoría de edad, fue la gota que rebalsó el vaso.
-Sé que no has acabado con esa maldición aún, lamentablemente.-le dijo arrastrando las palabras y echándola otra mirada altanera.
-Pero ten por seguro que pronto lo haré.-sentenció Draco de inmediato.
Snape sonrió amargamente.
-Sí, es lo que esperamos tu madre y yo.-respondió acomodándose las mangas de su impecable camisa blanca.-Sé que tu y yo, siempre hemos tenido pequeños altibajos, Draco. Pero no por eso he dejado de tratarte como a un hijo. Además, no he olvidado la promesa que le hice a tu padre.-concluyó señalando el viejo testamento.
Draco alzó una ceja interesado. ¿A qué demonios se estaba refiriendo? Snape, siempre parecía sonar como si todo andaba bien, pero sabía que escondía algo. Siempre era así.
-¿Qué promesa?-preguntó de inmediato.
El hombre se acercó a él y lo miró como si estuviera examinándolo, como si se tratara de una ventajosa y nueva oportunidad para la familia.
-Hacer de ti un duque.-le respondió como si fuera lo más obvio del mundo.-Sabes que por ley, el título te pertenece, y sigues siéndolo.
Draco retrocedió dos pasos. No podía creer que Snape, en verdad estuviera pensando en eso. Habían asuntos más importantes que tratar y esa serpiente le decía que quería convertirlo en un maldito duque.
-No sé qué demonios estás tramando, ni siquiera sé por qué entraste aquí, tío. Pero te diré una cosa. Pierdes tu tiempo.-le advirtió esperando que el hombre se fuera y terminara con eso. No quería empezar una discusión. Su madre y Hermione se encontraban en el salón principal, y no quería arruinar el día.-Yo no planeo ser un duque. Sólo quiero vivir una vida en paz, lejos de cualquier protocolo y toda esa mierda.
Snape lo miró horrorizado. Su comportamiento y su lenguaje, eran propios de un vulgar campesino. Pero no tenía por qué sorprenderse, sabía que Draco había sido un chico demasiado indomable y desafiante toda la vida.
-Pues no permitiré que eso suceda. Le hice una promesa a tu padre y la cumpliré.-le aseguró esperando que el rubio entrara en razón.
Suerte con eso, pensó Draco con sarcasmo y entendiendo que sería inútil discutir con el idiota de Snape.
El chico se dio media vuelta y se dirigió a la puerta. No había forma de que siguiera perdiendo su tiempo con él. Ya había tenido suficiente, pero Snape era astuto.
-Veo que no has venido solo.-dejó salir con cierta ironía.
Aquella simples palabras, detuvieron a Draco.
¿Acaso lo estaba retando?
-Así es, Snape.-respondió con cierto ímpetu.-No he venido solo, he venido con mi esposa.-sentenció acercándose a él.
El hombre negó con la cabeza y presionó los labios.
-Me temo que ese matrimonio no es válido, Draco.-le hizo saber con cierta satisfacción en sus palabras.-No sé en qué estabas pensando, muchacho, pero esa chica no puede ser tu esposa.-continuó mientras la tensión en la habitación iba aumentando.-No puedo ni imaginar lo que pensaría tu padre de ti, si te viera casado con una aldeana.
En ese momento, Draco sintió que su sangre empezaba a hervir. Sus sentidos más salvajes se agudizaron y su lobo interno empezaba a asomarse.
¿En qué carajos estaba pensando Snape cuando dijo eso? ¿Acaso no sabía que su vida corría peligro sólo por el hecho de mencionar a su pareja?
-¿Qué demonios has dicho, Snape?-le cuestionó dando un paso hacia adelante y mirándolo amenazadoramente.
Pero el hombre no pareció intimidarse ni un poco, pues continuó expulsando su veneno.
-Pues lo que has oído, Draco.-le replicó con una expresión serena en el rostro.-Tengo muchos planes para ti. Si acabas con esa horrible maldición y todo sale como lo esperamos, tu antigua prometida, la hija del conde Greengrass, será tu esposa. Ella es una noble de sangre real, digna prometida de un linaje tan puro como el tuyo. Con ello devolveremos el honor a tu familia.-sentenció soñando con el poder y la ambición una vez más.
Draco estaba a punto de matarlo. Su furia estaba a punto de transformarlo en lobo, y no sabía qué rayos hacer para evitarlo. Apretó los puños y su respiración se aceleró considerablemente.
-Te prometo que no será tan malo. No te estoy pidiendo que abandones a la chica.-le dijo en referencia a Hermione, mientras sonreía con cierta maldad.-Entiendo que su belleza te haya cautivado. Tómala como amante si deseas, pero ella nunca podrá ostentar el titulo de esposa ni de futura duquesa. Su sangre no es pura y...
Pero Snape no pudo continuar, Draco ya lo había estampado violentamente contra la pared y lo tenía aprisionado del cuello. El hombre le miraba con incredulidad y miedo, podía ver que los ojos del rubio irradiaban rabia y furia.
Draco presionó su garganta con más fuerza, podía sentir el corazón de aquel cobarde, podía quitarle la vida en ese momento.
-¡Como te atreves a insinuar algo como eso, maldito bastardo!-le gritó con exasperación mientras sentía que podía perder el control. Draco estaba irreconocible.-¡Snape, si vuelves a mencionarlo, te prometo que te arrancaré la cabeza!-le advirtió mirándolo fijamente a los ojos.-¡No me importa que seas mi maldito tío! ¡Juró por Dios que lo haré!-exclamó al mismo tiempo que dejaba al hombre en libertad.-¡Si vuelves a insultar a mi esposa, te mataré lenta y dolorosamente! ¡No tendré compasión! ¡Lo juró!-repitió mientras su lobo interior clamaba por salir.
Asustado, Snape escapó tan pronto como pudo de aquel lugar. Sabía que no seria fácil convencerlo, y si Draco no quería ser duque ni hacer caso a sus oscuras intenciones, entonces idearía un plan para destruirlo.
El final se acercaba.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Eso es todo, chicas! Espero que les haya gustado y muchas gracias por leer. A las nuevas lectoras, no duden en agregar "Cuando los lobos descienden" a sus favoritos. A esta historia ya le quedan pocos capítulos para llegar a su fin, y muy pronto se sabrá si Draco podrá romper la maldición y vivir a salvo junto al amor de su vida, Hermione.
¿Reviews? :)
Rosalie!
