CAP XXIV

Hay veces que hay que dejar al propio tiempo colocar cada emoción en su lugar, dejar que las cosas evolucionen a su debido tiempo y hasta dónde puedan llegar a hacerlo.

Las cosas parecían volver cada una a su lugar con el paso de las semanas. Ella no había vuelto a hablar con Kaito sobre la discusión que tuvieron, prefería ignorar todo eso y permitirse seguir conociéndose y disfrutando cómo lo hacían. Apartando las complicaciones.

El verano estaba a escasas semanas de aparecer, las temperaturas habían aumentado y los rayos eran más potentes y cegadores. El verano era una buena temporada de festivales en Japón. El cálido clima y los vivos colores que ofrecían esa estación parecían atestar los afligidos corazones de aquellos que eran capaces de apreciar esos pequeños detalles que les ofrecían sus raíces.

La vida le había enseñado a apreciar todas esas cosas que para la mayoría eran imperceptibles. No necesitaba grandes lujos o fortunas para llegar a ser feliz, ni lo quería. Había tenido más dinero del que necesitaba estado encadenada bajo el sindicato criminal y no le compensaba con la falta de libertad y autoridad que tenia en si misma. Su mayor bien era tener cerca aquellos que quería y lograr sentirse en paz consigo misma. Algo que le había costado cruzar un largo camino para llegar a conseguirlo.

El sol se fue apagando a medida que las luces que decoraban el festival de un lado a otro de la calle se encendían, ofreciendo una tenue luz a todos aquellos que paseaban por debajo de ellas.

Se había vestido con un kimono para la ocasión. Hacía mucho que no se ponía uno así que había optado por uno anaranjado y pocos detalles florales. No le gustaba que se viese cargado a la vista con distintos colores y dibujos por todos lados, no quería llamar mucho la atención entre todas esas personas. Tenía el pelo recogido en un moño bajo y las cortas y rebeldes hebras del flequillo estaban colocadas delicadamente a ambos lado de la cara, moviéndose suavemente cada vez que la brisa chocaba en su cara.

Estaba apoyada en la baranda de un puente que separaba la entrada al recinto ferial de las otras calles de la ciudad, escuchando plácidamente cómo corría la corriente bajo sus pies. Ese ambiente le llenaba de calma.

Sus ojos perdieron la visión al ser tapados por alguien al acto y dio un pequeño salto al asustarse por ello.

"Vas a romper los corazones todos los que te miren si sigues vistiéndote así de espectacular." Le dijo una voz muy suave al oído.

Ella se sonrojó ante sus palabras y se giró para poder ver a su cita, que llegaba unos minutos con retraso. Cómo la mayoría de veces.

"Kaito.." Le dijo ella quejándose por que le dijese esas cosas. No se acostumbraba a sentirse así de vulnerable en el amor con él y la timidez, en algunos momentos, le podía.

Él le agarró las mejillas con ambas manos y se acercó para besarle en los labios mientras disfrutaba del sonrojo que le había causado.

Su kimono era aún más sencillo que el suyo, de tono grisáceo con algún que otro detalle blanco y negro. Pero le sentaba cómo anillo al dedo. Estaba realmente guapísimo.

"A ti también te sienta muy bien el tuyo." Le dijo acercándose a él y cogiéndole de la solapa del kimono para volver a ajuntar sus labios y que él no viese lo roja que se estaba poniendo.

Estaba agradecida de que hubiesen superado ese bache.

"¿Vamos?" Le preguntó el mago señalándole la entrada. "Los fuegos empezarán de aquí una hora, podemos dar una vuelta primero y comer algo si te apetece." Sugirió.

"Claro." Le contestó ella sonriéndole y entrelazando sus dedos con los suyos.

A medida que se adentraban más por las paraditas y demás, más peatones transitaban el área. Ese festival primaveral era muy popular por la zona y era el último antes de la llegada del verano, así que la gente estaba entusiasmada y vivaz por ello.

"¿De verdad que no quieres un poco?" Le preguntó el mago hablando con la boca medio llena, acercándole la papelina llena de palitos fritos y especiados.

"No, gracias." Dijo ella arrugando la nariz al ver todo el aceite que resbalaba y pringaba sus manos.

Él cogió otro palito y lo mordió con gusto.

Habían parado en casi todas las paradas en las que servían comida y Kaito se veía con ganas de querer probarlo todo. No sabía de dónde sacaba ese cuerpo con toda la comida que tragaba.

"¡Mira eso que buena pinta!" Dijo arrastrándola a otra paradita de nuevo.

"¿Aún tienes más hambre?" Preguntó asombrada.

Pararon en una pequeña carpa que ofrecían postres de sabores y colores distintos. Se veían muy elaborados y delicados, era difícil para cualquiera que los viese poder resistirse a probar uno de ellos.

Se volteó para buscar a Kaito y lo vio parado frente a una vitrina de su lado, embobado con lo que veía.

"¿Quieres probar uno?" Le ofreció el mago sin apartar la mirada de los pastelitos.

"Creo que paso." Dijo ella ya un poco llena por todo lo que habían comido. "No puedo más ya."

"Tonterías." Dijo el moreno levantando una ceja. "No has comido ni la mitad que yo, es más, esto es el postre."

"Es que tú tienes un agujero sin fondo en el estómago." Dijo ella riéndose de ello. "Comete mi postre si quieres." Le ofreció ella sin importarle mucho.

"No hace falta que insistas." Le contestó bromeando Kaito.

Kaito empezó a decidir interiormente cual de todos los tipos de pasteles quería probar.

"Estos pastelitos siguen una receta centenaria de la familia y tienen mucho éxito por la zona des de hace años." Intervino una agradable voz femenina.

Shiho se incomodó y decidió no mirar fijamente a su dirección para no tener esa rivalidad con ella.

"¿Aoko?" Preguntó Kaito sorprendido y extrañado ante su presencia. "¿Qué haces aquí?"

Ella le mandó una sonrisa agradable y le señaló el delantal que lucía. "Estoy trabajando. Yu me ha pedido un poco de ayuda para el festival y un poquito de dinerito extra no me viene mal así que aquí estoy." Explicó finalmente.

"¿Yu?" Preguntó sorprendido él. "¿De la secundaria?"

"¡Sí!" Le contestó ella muy contenta. "Hemos retomado el contacto y nuestra amistad parece que no ha cambiado nada en este tiempo. Si quieres podría de decirle de salir un día a tomar algo, cómo antes."

Shiho empezó a sentir que sobraba en esa conversación así que buscó una excusa rápida para salir de ahí y dejar a su cita hablar tranquilamente. Se acercó a Kaito al nivel de su oreja para no intervenir en lo que hablaban.

"Voy a ir a comprar una botella de agua, ahora vengo." Dijo flojito.

Él asintió y ella salió de ahí antes de que tuviese tiempo a ofrecerse acompañarle o decirle nada más.

"Toma, pruébalo."

Aoko volvió a llamar su atención a la vez que le acercaba la mano, ofreciéndole un trozo de pastel de vainilla y frutos del bosque, decorado delicadamente con arándanos. Él lo aceptó con una amable sonrisa y lo degustó con ganas.

"¿Se lo has dicho ya?" Preguntó la morena un poco curiosa, ahora que estaban ellos solos.

Kaito se sorprendió un momento por la pregunta directa y luego continuó devorando el trozo que le quedaba.

"No hemos vuelto a hablar de ello." Dijo ella, insistiendo a seguir hablando del tema.

El moreno dejó pasar unos segundos mientras tragaba tranquilo antes de contestar. "Aún no."

Aoko soltó el aire pausadamente, aliviada interiormente por ello. No se sentía cómoda con esa relación y no estaba muy a favor de que Kaito hubiese creado ese vinculo con ella. No le gustaba nada.

"¿Y…?" Preguntó al querer saber más.

"Hoy." Dijo sin más Kaito.

Ella arrugó las cejas y resopló ante su desaprobación. Se anclaba siempre a la idea de que él siempre estaba atado a ella y ver que ese hilo podía cortarse, le aterraba.

"¿Por qué te pones así?" Preguntó Kaito ahora un poco molesto.

"¿Siempre has querido que te dejase en paz, no? Tu misma me lo dijiste antes de irte." Contestó serio.

Ella apretó los labios en una línea recta, sabiendo que tenía razón en lo que decía. Pero sus pensamientos sobre ello habían cambiado con el paso del tiempo.

"Pero e-"

"¿Pero qué?" Exigió Kaito apenas sin dejarle tiempo a hablar.

"¿Cómo que pero? Sólo quiero lo mejor para ti." Dijo cruzando los brazos, molesta por su rescción.

"¿Lo mejor para mí?" Preguntó confuso. "Creo que nadie mejor que yo sabe que es lo mejor para mí." Dijo bien firme.

"O lo que crees que es lo mejor." Continuó ella en sus trece.

"Hemos hablado miles de veces sobre esto. ¿Qué pretendes Aoko?" Dijo buscando una repuesta.

Ella quería decírselo pero tenía a la vez mucho miedo a hacerlo y no se acababa de atrever.

"No te comprendo, de verdad." Dijo finalmente el mago agachando la cabeza y mostrando decepción.

"Te quiero, Kaito." Soltó Aoko liberándose finalmente y sin pensarlo.

Kaito abrió mucho los ojos. No se esperaba ese tipo de confesión por su parte. Nunca. Era algo inimaginable para él.

"¿Qué?" Preguntó apenas teniendo la fuerza para susurrar.

"Lo hago Kaito, por eso estoy así contigo últimamente. Me di cuenta t-"

"Ya estoy de vuelta." Dijo Shiho volviendo a aparecer con la botella pequeña entre las manos, cortando inconscientemente la profunda conversación que estaban empezando a tener.

La científica se quedó parada al lado de Kaito, que apretaba los puños con fuerza a la vez que intentaba calmar todas las emociones que estaba empezando a sentir. No necesitaba fijarse mucho para notar lo incómodos que se veían los dos en ese momento. Aoko estaba muy seria con los brazos cruzados y la manera que tenía de mirar a Kaito no le hacía ninguna gracia. Kaito, por otro lado, estaba más serio y por su mirada no podía saber a ciencia cierta que podía pasarle por la mente.

"¿Pasa algo?" Preguntó un poco curiosa cortando ese tenso silencio que se había creado.

"No, nada. Podemos irnos." Dijo un poco más serio que lo habitual, cogiéndole de la mano y casi arrastrándola fuera de ahí.

La científica se quedó muy confundida con toda esa escena, pero decidió no indagar más y dejar que fuese el propio mago el que le explicase, si quería hacerlo.

Se apartaron de las paraditas para acercarse a un puente dónde los fuegos artificiales eran capaces de verse a la perfección.

Ella intentó seguir hablando cómo si nada y bromear un poco con él para distraerle de lo que fuese que cruzase por su cabeza, pero aunque fuera poco perceptible, sabía que no estaba presente completamente. En esos minutos que se había ausentado, habían hablado de algo que parecía haberle afectado al mago.

Él abarcó sus brazos alrededor de su cintura y ella apoyó su cabeza en su pecho.

"¿Seguro que va todo bien?" Acabó preguntando ella, preocupada por ese misterio que ahora le envolvía.

"Si, no te preocupes." Intentó decir tranquilo. "A Aoko le encanta sacarme de mis casillas."

Y parecía que lo conseguía.

"Tenía ganas de venir aquí contigo." Le confesó él cambiándole de tema.

"¿Si?" Preguntó ella sonrojándose un poco. "No sabía que al gran Kaito le apasionaban estas fiestas."

Él rio y la abrazó más fuerte a su cuerpo. "Lo que me apasiona es poder compartirlo contigo." Dijo el mago mandándole una mirada llena de cariño.

¡Bam!

El primer cohete se había hecho paso en el oscuro cielo, iluminándolo por segundos y llenándolo de magia. Los fuegos parecían haber empezado.

Los tonos blanquecinos, rojizos y rosados, fueron los protagonistas de esas impresionantes explosiones. Tanto ellos, cómo la gente que estaba parada a su alrededor, estaban embobados mirando hacia el cielo para no perderse ni un segundo de este espectáculo tan bello que ofrecían.

El cielo de Tokio brillaba por todos los rincones.

"Shiho."

Kaito llamó su atención, separándose de ella en cuanto el último petardo estalló en el cielo.

"Dime." Contestó apartando su mirada del cielo para posarla en él, que ahora se encontraba agachado a su lado, con una rodilla en el suelo.

Sus ojos se abrieron cómo platos, la respiración se le entrecortó y su pulso se aceleró velozmente ante lo que pretendía hacer Kaito.

"¿Me harías el honor de casarte conmigo, Shiho?" Le preguntó Kaito con una sonrisa en la cara.