La historia es una adaptación del libro de Vi Keeland y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


30

POV Rosalie

Lujuria. Hay una razón de que solo sea una mezcla de las letras que forman la palabra zorra (Es un juego de palabras. En inglés lujuria: lust y zorra: slut. Ambas palabras se forman con las mismas letras, de ahí la ironía en la frase.).

Estaba literalmente sentada en el lecho de muerte de mi querida abuela, y sin embargo mi latido se aceleró al minuto en que Emmett volvió a entrar a la habitación. Vestido con un par de jeans y una ajustada camiseta térmica volteó la gorra de forma que la parte protectora quedara hacia atrás, y tuve que obligar a mi boca abierta a cerrarse. Con su gorra de béisbol hacia atrás y el cabello saliendo por los lados, se parecía al deportista del cual me enamoré.

―¿Nada?

Negué con la cabeza.

―Solo la devolvieron hace unos minutos. Había una copia de seguridad en el TAC. La enfermera dijo que los resultados también serían respaldados.

Sacó algo de su bolsillo y extendió su mano con la palma hacia arriba, sosteniendo una tarjeta magnética de algún tipo.

―Tu turno.

Mi frente se arrugó.

―Mi casa está a solo cuatro cuadras de distancia. Dijiste que vives al otro lado de la ciudad. Tomé una camiseta y esos pantalones de yoga que las mujeres usan en la tienda de regalos del hotel y los dejé en el baño, en el caso de que desees cambiarte.

―¿La tienda de regalos de hotel?

―Vivo en el hotel Regency.

―¿Ah sí?

―Sí. Durante la temporada. Me quedo en la cabaña el resto del año.

―¿La cabaña? ¿Aún tienes la cabaña? ¿Está terminada?

Sonrió.

―Todavía estoy trabajando en ello. Pero ya casi lo logro.

La cabaña al norte del Estado fue la primera compra importante que Emmett había hecho cuando se hizo profesional. El terreno era hermoso, pero el lugar un desastre. Quería reconstruir todo él mismo. Solo lo había visitado una vez, pero los recuerdos se habían quedado conmigo. Fue una de las últimas semanas buenas que había tenido antes de que me saliera de control. Habíamos bautizado cada habitación la semana que estuvimos allí. Un recuerdo, en particular, se repetía a menudo en mi mente. Acabábamos de hacer el amor delante de la chimenea que daba al lago, y hablamos acerca de pasar la temporada baja allí juntos, arreglando el lugar. Me había dicho que iba a construir otra chimenea en el dormitorio porque le gustaba la forma en que mis ojos se veían en el resplandor del fuego. Emmett y yo tuvimos un montón de recuerdos, pero ese, el momento frente a la chimenea, recuerdo sentirme total y completamente amada.

―Ve. ―Me devolvió al presente― Probablemente vamos a estar aquí de nuevo esta noche. Segundo penthouse.

―¿Seguro que no te importa?

―No te lo ofrecería si me importara. Ve. Lo tendré bajo control por un tiempo. Además, no podemos dejar que apestes, ¿verdad? Ese es mi trabajo.

Nunca había estado en un penthouse antes. Pero básicamente lucía como esperaba que luciera. Grande, abierto, limpio y elegante. A lo que no se parecía era a la casa de Emmett. Algunas carpetas con el logo de los Steel reposaban sobre la mesa en la sala de estar. La mesa del comedor tenía algunos correos y una camiseta doblada. Pero poco más gritaba que alguien vivía allí durante cuatro meses del año.

Entré en el dormitorio principal. El amplio vestidor estaba lleno de ropa y zapatos. Todo un lado era de camisetas para la práctica, pantalones de fútbol y sudaderas Under Armor. Tenían que haber al menos veinte pares de zapatillas deportivas y zapatillas de fútbol alineados en ese lado del armario. Abrí algunos de los cajones, todo estaba limpio y ordenado. Emmett siempre había sido más de empujar todo en el cajón y que encaje. Definitivamente otra persona se encargaba de la lavandería. La ausencia de prendas de vestir femeninas en el armario me hizo pensar que era una sirvienta, en lugar de su novia.

Detrás de una pared divisoria había un gran baño principal con doble lavabo y una enorme ducha de azulejos. No hay champús y acondicionadores de lujo, perfumes ni maquillajes. Ni una señal de una mujer que pasara frecuentemente la noche aquí. Aunque había suficientes chorros de agua y espacio en la ducha para tener una pequeña fiesta. Me hizo preguntarme si Emmett se entretenía a menudo.

Mientras me dirigía fuera de la habitación principal, no pude evitarlo. Ya estaba sobrepasando los límites espiando, así que bien podría saltar del todo. Me deslicé para abrir el cajón de la mesita de noche. Dentro había un par de auriculares Beats, un iPod, algunas tarjetas de negocios y una pila de papeles doblados. Moví algunos de los papeles a un lado, revelando una caja medio vacía de condones y una botella casi vacía de lubricante. Bueno, eso respondió a mi pregunta. Supongo que sí se entretiene a menudo.

Había otro pequeño baño en el pasillo. El que tenía la ropa que Emmett mencionó que compró en la tienda de regalos. Sintiéndome aún más sucia que cuando llegué, me di una ducha rápida y me regañé mentalmente por traicionar la confianza de Emmett cuando había sido tan amable conmigo. De nuevo.

Fue una hora después de que volviera al hospital cuando el médico finalmente entró. La expresión en su rostro me rompió el corazón, incluso antes de que hablara. Emmett había estado sentado en el otro lado de la cama de la abuela y se levantó, así que hice lo mismo. De repente me sentí mareada, pero no me pude volver a sentar. Mi mano alcanzó el collar. Tenía un tic nervioso de jugar con este cada vez que estaba asustada. Solo que había desaparecido. Así que envolví mi mano alrededor de mi garganta y esperé.

―Lo resultados del escaneo están aquí. ―El doctor hizo una pausa y respiró hondo― Y me gustaría tener mejores noticias. ―Miro a Emmett y luego a mí―. Tu abuela sufrió un derrame cerebral masivo que afectó el flujo de sangre a través de la arteria cerebral media principal. La sangre estaba básicamente puesta en una sola área, haciendo que el otro lado de su cerebro quedara completamente privado de sangre.

―¿Estaba? ¿Quiere decir que se detuvo? ―Me aferré a la única palabra potencialmente positiva que dijo.

―Es más lento. Pero el daño es extenso. Las áreas que fueron privadas de sangre están inflamadas. El cerebro está cubierto por las paredes de la estructura ósea del cráneo, y la inflamación está provocando una severa presión intracraneal. Esta presión evita que la sangre fluya, causando más daño, lo que a su vez provoca más inflamación. Es un círculo vicioso.

―¿Qué se puede hacer? ―preguntó Emmett.

―Bueno, la manera más efectiva para tratar la inflamación cerebral masiva es un procedimiento quirúrgico llamado hemicraniectomia. Removeríamos una parte del cráneo para permitir que la inflamación se expanda más allá de los confines del cráneo. Pero en el caso de su abuela, es muy poco probable que sobreviva al procedimiento. Como saben, la hemos intubado para ayudarla a respirar. Desafortunadamente, su cuerpo ni siquiera está tratando de respirar por sí mismo. Y la reactividad de las pupilas se ha ralentizado. Vamos a continuar monitoreando sus funciones cerebrales de cerca, pero necesitan prepararse para lo peor. Lo siento.

Creo que los dos estábamos entumecidos. Tantas preguntas pasaban por mi mente, sin embargo, cuando el médico me preguntó si tenía alguna, solo lo miré como si no hablara su idioma. Con el tiempo, volvió a mirar a Emmett. Hablaron en murmullos durante unos minutos. Oí el sonido de diferentes voces, pero no registraba las palabras. Era una sensación con la que estaba familiarizada, la niebla inducida por fármacos. Un deseo que por fin había comenzado a disminuir en los últimos meses llegó disparado con una venganza. Mis manos agarraron los brazos de la silla, para no caerme.

El doctor cerró la puerta cuando salía, dándonos privacidad.

―¿Estás bien? ―Emmett caminó hacia mí y se arrodilló al lado de donde me encontraba sentada.

―No.

Cubrió una de mis manos con la suya.

―Es mucho para asimilar. Lo sé.

Una risa salió, tan amarga como sabía.

―¿Sabes que estoy pensando aquí sentada? ¿Después de todo lo que el doctor dijo? ―Miré a Emmett a los ojos, y él mantuvo mi mirada hasta que continué―. Que quiero largarme de aquí para poder ir a drogarme. Mi abuela, que me cuidó y nunca perdió la esperanza en mí, se está muriendo. ¿Y qué es lo que quiero hacer? Huir. Como siempre.

Emmett miró hacia abajo un largo tiempo. Supuse que estaba tratando de tragarse todo el odio que sentía por mí. Pero cuando habló, me sorprendió.

―Es normal. Tienes miedo, así que quieres huir.

Me burlé, odiándome.

―Debo tener mucho miedo.

―¿Sabes qué, Rosalie? Creo que tienes mucho miedo. No soy psiquiatra, pero la gente tiene dos opciones cuando tienen miedo. Escapar o pelear. Viviste una vida dura antes de Maggie. Correr era un instinto de supervivencia para ti.

Miré a mi abuela sin vida.

―No quiero correr ahora. Es lo menos que puedo hacer.

―Entonces no lo hagas.

―Lo dices como si fuera tan fácil.

―No lo es. Nada de esto es fácil.

Cubrí su mano con la mía y lo miré.

―Gracias.

―De nada. Vamos a salir de esto. Solo pelea conmigo.

Emmett se había perdido la práctica de ayer, así que no tuvo más remedio que ir hoy. Se había ido unas cinco horas. La expresión de su rostro cuando regresó a la habitación de Maggie fue de alivio total.

―¿Cómo está? ―dijo.

―Sigue igual.

Asintió.

―¿Y tú?

―Estoy luchando.

Emmett sonrió y se quitó la chaqueta.

―Me alegra oírlo.

―¿Cómo estuvo la práctica?

―Me patearon el culo.

―¿Es difícil concentrarte?

Se pasó la mano por el cabello.

―Sí. Mi cabeza no estaba allí hoy.

―Estuve pensando mientras estabas fuera. Debemos poner sus programas de juegos mañana. Tal vez incluso jugar de la manera que solíamos hacerlo con ella. Tal vez pueda oír y eso la haga feliz.

―Es una buena idea. Le gustaría eso. Y debería llamar a Broadhollow Manor, hacerles saber lo que está pasando. Marcus probablemente querría pasar a visitar.

―Parece un buen tipo.

―Lo es. Solo no le digas que lo he dicho.

Me reí.

―Que gracioso. Dijo exactamente lo mismo acerca de ti.

Emmett sonrió.

―Sabía que el viejo bastardo me adoraba.

Horas más tarde, el doctor volvió a entrar. Nos dijo que fuéramos a dormir un poco y que volviéramos por la mañana. Mañana iban a volver a hacer una radiografía, y luego probablemente tendría algunas grandes decisiones que tomar. Ni siquiera podía pensar en mañana todavía. Alrededor de la medianoche, decidimos volver a casa por unas horas.

―Vamos. Te doy un aventón. Mi auto está en el estacionamiento al otro lado de la calle ya que vine directamente de la práctica.

Ni siquiera iba a pretender que quería argumentar. Los dos últimos días me habían absorbido, y levantar el brazo para abrir una puerta se sentía como un gran esfuerzo.

El auto de Emmett era una Range Rover con un interior de cuero flexible y madera.

―Esto está mucho mejor que el Bronco ―bromeé, en referencia al cacharro de color rojo rayas blancas de 1981 que condujo durante la escuela secundaria y la universidad.

Sonrió.

―Solo un poco.

―Aunque el Bronco tiene una gran cantidad de buenos recuerdos. ―Miré el asiento trasero de su auto nuevo de lujo, pensando en las interminables horas que habíamos pasado en el ancho asiento trasero. Emmett me atrapó viendo y nuestros ojos se encontraron por un breve instante. Ninguno de los dos dijo una palabra más el resto del camino, excepto cuando tuve que dar direcciones.

Llegando a mi apartamento, estaba un poco avergonzada. El edificio estaba en un mal barrio, la prueba estaba saliendo a la derecha en la puerta principal. Dos chicos que gritaban "traficantes de drogas" observaban mientras nos acercábamos a la acera y nos deteníamos.

―¿Aquí es donde vives?

―Sí. Es lo que me puedo permitir. Sin embargo, estoy esperando a mudarme pronto.

Emmett comenzó a decir algo, pero se detuvo.

―Gracias por el aventón. Por todo.

―De nada.

Estaba a medio camino hacia la puerta cuando Emmett me llamó.

―¿Rosalie? ―Corrió para alcanzarme―. Quédate en el hotel donde me alojo. Al menos esta noche. Te conseguiré una habitación.

―Eso es dulce de tu parte. Pero estoy bien. De verdad lo estoy.

―No estaba preocupado por ti. ―Mintió entre dientes― Me sería de gran ayuda para dormir esta noche. Saber que no estás… ―Miró a su alrededor, sus pensamientos eran evidentes sin tener que expresarlos.

―Buscaré mis cosas.