Desvío 6

Los Orígenes del Totalitarismo

[Astrid]

—Así que ese es vuestro plan…

El eco de la oscura y rasgada voz del Alto Árbitro Aizen reverberaba por toda la sala de reuniones de la guarida secreta de la Alianza Azur en Galgados. De no haberle tenido justo frente a él, Frederic no habría podido determinar cuál era el punto del que provenía.

—Así es. Comprenderéis, Alta Excelencia, que pese a que ansío ver mis ambiciones satisfechas, no quiero acabar con las vidas de mis hermanos. Ya me he asegurado de pagar a los… clérigos que se asegurarán de que esos poderes calen en sus mentes, volviéndoles incapaces de gobernar. Digan lo que digan, nadie creerá a unos locos, y Galgados será mío… y del Arconte Supremo.

—Eres un hombre retorcido —señaló secamente el árbitro de Azur—. Prefieres sumir a lo que queda de tu familia en la más profunda demencia que darles el descanso eterno. Pocos podrían empatizar con tus… prioridades.

Ante esas palabras, el joven heredero al trono de Galgados se limitó a encogerse de hombros.

—No necesito que lo entendáis. Me conformo con que cumpláis con vuestra parte del plan.

Aizen guardó silencio durante unos minutos, tiempo durante el cual Frederic sentía que se le helaba la sangre y se le ponía la carne de gallina, fruto de una devastadora mezcolanza de nerviosismo, impaciencia y miedo.

—Juegas con fuerzas que te superan enormemente, Daorland. Pero así sea. Pondremos a los Hashishiyyin a tu servicio. Se asegurarán de que no quede ni rastro ni de ti ni de tus hermanos. Dejaré a su líder vigilándote, no obstante.

Frederic asintió con su cabeza, temeroso y complacido a partes iguales. Aizen se puso en pie, y tras girarse levemente en dirección a la puerta, dijo:

—Deseo desde el fondo de mi corazón que todo salga como planeáis, virrey Daorland.

Y desapareció entre las sombras.