Los personajes de Twilight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.

Disfrútenlo.


New Dawn

Tuve el sueño más increíble. El sol atravesaba las cortinas blancas, iluminando todo el cuarto y calentando mi piel. Me removía en la cama y sentía una mano alisando mi cabello de manera suave y natural; sabía exactamente quien era. Mis ojos se abrían lentamente, intentando adaptarse a la claridad, pero pronto lo vi, hermoso, como siempre. Su cabello estaba desordenado por la almohada, sus labios secos, pero tenía una sonrisa arrasadora estampada en el rostro. Sus ojos color jade eran pequeños debido al sueño. Aun así, era mi cabello favorito, mis labios favoritos, mis ojos favoritos. Mi favorito.

"Buenos días, Garrapata. Te amo." dijo él y retiró un mechón de cabello que caía sobre mi rostro para inclinarse y besarme, pero como si todo estuviera siendo demasiado para ser verdad, mi alarma sonó, despertándome.

Cuando abrí mis ojos el cuarto estaba oscuro, mi cama incómoda y ningún rastro de Edward a mi lado. Una tristeza fue creciendo dentro de mí, pero intenté no abatirme. Ya sabía que las cosas serían así, que ya no estaríamos pegaditos uno con el otro todos los días; pero la realidad de despertar sin estar en sus brazos tuvo un impacto mucho mayor de lo que esperaba.

Tanteé la cama, intentando encontrar mi celular y, cuando apreté el encendido, me quedé babeando encima de mi foto de portada. Definitivamente tenía que tener esa foto en un portarretratos.

Llamé al celular de Edward, pero no timbró, se fue directo a buzón. Por un momento —cuestión de segundos— me preocupé, pero en seguida recordé que tenía una presentación en Florida y que probablemente en ese momento estaba en el avión.

Me levanté de la cama y fui hasta la cocina a buscar algo de comer. Encontré una caja de cereal, pero no tenía nada dentro de la nevera. Por ahora, tendría que ser eso. Puse el contenido colorido de la caja de cartón en un plato y me senté a comer las bolitas con sabor a icopor. Sonreí al imaginar la reacción de Zaza al verme comiendo estas porquerías.

Debía desempacar mi maleta, pero sinceramente mis ganas de hacer eso eran nulas. Si me acordaba bien, Alice había dicho que vendría a mi casa, entonces no tenía necesidad de perder tiempo con una cosa que ella tendría mayor placer en hacer.

Envié algunos e-mails para la gente del trabajo, buscando algún tipo de pista de quién sería mi siguiente celebridad o, al menos, para intentar tener una idea de lo que a Alec le gustaría conversar conmigo; pero fue en vano. Nadie sabía de nada o todos estaban escondiéndome algo. Esa falta de información me dejaba más insegura a cada momento.

Fui hasta la sala y encendí la TV en un volumen bajo, escuchando las noticias, pero sin prestar mucha atención. Agarré mi cuadernito rojo de anotaciones, mi laptop y mi celular, y me senté en el sofá. Era el momento de comenzar con el artículo.

Abrí un archivo en blanco del procesador de texto y miré el monitor. Pensé en Edward y sonreí recordando nuestro primer día. ¿Qué podía hablar sobre eso? Escribí algunas palabras, pero al leer, todo parecía horrible. Escribí de nuevo… pésimo. Una vez más… demasiado personal. Y un intento más… qué porquería de periodista soy.

Cerré el computador con fuerza, frustrada y preocupada por el destino del artículo. Ni con James había sido tan difícil. No quería contarle a nadie lo que había vivido con mi novio. No pasé treinta días viviendo como con una celebridad, no; pasé treinta días enamorándome de Edward.

El timbre sonó repentinamente y de manera constante, haciéndome gritar un "ya voy" y corriendo por el pequeño cuarto. No necesitaba ni ver por la mirilla para saber quién estaba del otro lado de la puerta.

—Hola, Alice —hablé, viendo a la pequeña del lado de afuera de la casa, con una enorme sonrisa en su rostro.

—¡Hola! —dijo, prácticamente tirándose encima de mi—. ¡Cuánto tiempo!

—Nos vimos anoche —comenté riendo.

—Ah, lo sé, pero apenas tuvimos tiempo para conversar y además me llamaste para insultarme.

—¡Rompiste mi ropa!

—Te salvé de un desastre. Un día lo valorarás —dijo, pasando al lado de mí y mirando mi casa—. Necesitas abrir unas ventanas, ¿eh? Huele a casa vieja.

—Apenas paso tiempo aquí —justifiqué—. Para de analizar mi casa, sé que es humilde.

—No estoy analizándola, hice solo un comentario. Aun así, no tiene cara de ser tu lugar. Ya que pasas tan poco tiempo aquí, tal vez deberías transformarlo en algo que tenga más tu estilo.

—Eh, Dios mío, eso me hule a que estas con la idea de hacer feng shui en mi casa —hable, y en ese mismo momento el rostro de Alice se iluminó. Mierda.

—No había pensado en eso, pero ahora que lo dices…

—¡No, Alice! Tengo que enfocarme en el artículo que voy a escribir y, sinceramente, no puedo perder el tiempo con cosas tan superficiales como la decoración de mi casa.

—Pero no necesitas hacer nada. Déjame aquí sola y hago todo.

—Alice… no.

—¡Por favor!

—No, por lo menos no ahora. Vamos a acordar algo: cuando me vaya a casa de la siguiente celebridad, te doy la llave de mi casa y puedes cambiar lo que quieras aquí dentro, ¿ok?

—¿De verdad? —cuestionó con los ojos brillantes.

—¡De verdad!

—¡Ok! Entonces voy a tu armario —dijo, agarrando mi maleta del suelo y caminando hasta mi cuarto.

—¿Te incomoda si me quedo aquí en la cocina intentando escribir? —cuestioné.

—De ninguna manera. Mientras trabajas, arreglo tu armario y después nos sentamos a conversar, ¿qué tal?

—Ok —concordé.

Dulce ilusión creer que conseguiría escribir alguna cosa. Las horas fueron pasando y estaba obsesionada con el reloj; a todo momento veía los punteros y notaba que el tiempo pasaba y nada progresaba con mi escritura. Ya estaba comenzando realmente a desesperarme cuando el celular a mi lado sonó.

—Hola —hablé, intentando contener la sonrisa que se formaba en mi rostro.

—¿Todo bien, Garrapata? —cuestionó Edward con su adorable voz, y esta vez no fui capaz de sostenerlo; sonreí tanto que todos mis dientes estaban al aire.

—Depende. Estoy frustrada porque no consigo escribir el artículo y te extraño locamente, pero ahora que escuché tu voz, me siento un poco mejor —confesé, sintiéndome una boba enamorada.

—No quería llamarte antes porque estaba en el avión y me dio miedo interrumpirte. También te extraño, no es lo mismo despertar sin ti a mi lado.

—Lo sé —suspiré—. ¿Cómo están las cosas ahí?

—Tranquilo. La presentación es dentro de tres horas, voy a quedarme haciendo tiempo en el hotel.

—Haz tiempo conmigo en el teléfono —pedí.

—Claro.

Se quedó. Mi sorpresa fue enorme cuando, al colgar la llamada, vi en la pantalla del celular que habíamos conversado durante dos horas y media. Nuestra conversación no me había ayudado mucho, pues ahora parecía que lo extrañaba más y quería cada vez menos escribir ese artículo.

Cuando Alice terminó de arreglar mi armario, vino hasta la cocina y por mi cara notó inmediatamente que algo estaba mal.

—¿Qué pasó? —cuestionó, sentándose a mi lado y tomando mi mano.

—Idiotez mía. Me estoy sintiendo tonta por haber terminado de hablar con tu hermano y, aun así, extrañarlo.

—Es normal, Bella. Con el tiempo se vuelve más fácil, pero los primeros días son los más terribles. Si te distraes, dentro de poco vas a adaptarte al cambio.

—Tengo un artículo que escribir, no puedo "distraerme".

—Eh, deja el drama. Si te fuerzas mucho a escribir, no va a servir de nada. En el momento que tenga que salir, va a salir; cree en lo que te digo, Bella, siempre estoy en lo correcto.

Alice hizo su mejor intento por distraerme, y tengo que admitir que lo logró. Nos quedamos conversando sobre tonterías y ella me contó algunas historias más de Edward que me hicieron carcajear. Era increíble cómo estar en su presencia hacía que me sintiera más cercana a él. Creo que ella sabía que era eso lo que hoy necesitaba.

Cuando se fue, Alice prometió que en caso que me sintiera sola, era solamente llamarla y estaría aquí lo más rápido posible. Era una amiga genial.

Sabía que dormir esa noche no sería fácil, pero apenas me acosté en la cama, él me llamó una vez más. Si cerraba los ojos, era casi como si estuviera a mi lado.

Al día siguiente, amanecí frustrada por un interrumpido sueño más. Esta vez estábamos sentados en el balcón de su cuarto, él tocaba la guitarra para mí y yo observaba sus mechones bronces balancearse con el viento. Cuando la canción terminó, dejó el instrumento a un lado y me pidió que fuera a ocupar el espacio vacío entre sus brazos. Me levanté del suelo helado y fui en su dirección, pero antes que nuestros cuerpos se tocaran, mi despertador sonó.

Hoy era un día más para intentar hacer ese artículo de manera decente. Desayuné rápido y después agarré el notebook para escribir. En una hora ya tenía escrito una página completa y me sentía feliz. Bien, eso hasta el momento en que releí cada línea y vi que de verdad estaba una porquería.

Me quedé mirando la pantalla por más de veinte minutos, cuando acepté que por ahora no saldría nada. Era solo el segundo día. Cuando llegue el cuarto día y no tenga nada escrito, empiezo a desesperarme.

Notando que mi casa apenas tenía comida suficiente para poder sobrevivir en los días que aún pasaría ahí, me vestí y fui al supermercado que estaba cerca a mi casa. Como la distancia era solo de quince minutos, y no iba a comprar muchas cosas, decidí ir a pie.

Cuando llegué al super agarré un carrito y fui poniendo las diversas cosas que necesitaba. Lo extraño era que, por primera vez, me di cuenta que algunas personas me miraban, cosa que nunca había pasado. En cierto momento parecía que había visto a una niña con su celular en mi dirección, pero creí que ya estaba volviéndome un poco paranoica. Lo más extraño de todo fue cuando al estar parada en la fila para pagar la compra, vi dos revistas que tenían mi foto y la de Edward en la portada.

—¿Esa no es la novia de Edward? —escuché a una chica cuestionar detrás de mí.

—Sí —respondió otra—. Creí que era más alta.

—Mira la ropa que usa. No merece ser la novia de ese dios griego.

Sobre todo, era incómodo. Si me metía en la conversación de las chicas, pensarían que estaba dándole importancia a lo que decían —y de cierta manera lo estaba—, pero ellas no necesitaban estar seguras de eso. Tener que quedarme quieta mientras las personas comentaban sobre mí me irritaba un poco, pero sabía que esa era la mejor opción.

La cajera me quedó mirando raro cuando pasaba mis compras por el lector de código de barras, y respiré aliviada cuando tenía mis cosas empaquetadas y ya estaba lista para ir a casa.

Con lo que no contaba era con otro inconveniente. Apenas me acerqué a mi casa, vi que un fotógrafo estaba parado en frente de mi jardín.

—Buen día, Bella —dijo, sacando libremente fotos mías. Mi corazón estaba disparado y no quería lidiar con eso.

—Buenos días —respondí, intentando ser educada y buscando la llave en mi bolso, loca por entrar.

—¿Edward y tú ya no están juntos? ¿Qué pasó para que volvieras a tu casa? —cuestionó y permanecí callada, insultándome internamente por haber tirado con descuido la llave dentro del bolso.

Cuando finalmente mis dedos entraron el contacto con el metal frío, halé la llave y abrí la puerta sin despedirme del fotógrafo. Ojalá no invente quedarse plantado en mi casa.

Sabía que ahora eso iba a hacer parte de mi vida, pero aun así aún era difícil lidiar con todo el asedio. Mi corazón estaba latiendo tan fuerte que salí corriendo a mi cuarto y me encerré dentro, como si tuviese miedo a que el hombre invadiera mi casa.

Dudé en si era mejor quedármelo para mi o llamar a Edward, pero decidí hablar con mi novio. Me atendió rápidamente y le conté lo que había pasado.

—Disculpa por eso —habló.

—No tienes que pedir disculpas, Cachorro. Solo me asusté un poco, no imaginé que vendrían hasta mi casa. Me preguntaron si aún estábamos juntos.

—¿Y qué dijiste?

—No dije nada. ¿Debí responder alguna cosa?

—No importa. Van a preguntar eso siempre que tengan oportunidad. Sophie me dijo anoche que nuestra participación en ese segmento de culinaria tuvo una buena recepción. Nada milagroso, pero un pequeño —muy pequeñito— progreso.

—¿De verdad? Creí que iba a dar lo mismo. Menos mal.

—Ahora vas a poder estar menos paranoica —dijo con una risa.

—Hasta parece que será así.

—Con el tempo vas a lograrlo, estoy seguro —afirmó y me contenté, pues siempre que decía esas cosas, veía que imaginaba un futuro para nosotros dos.

—Te amo, Edward.

—Ahora que lo dijiste por primera vez, no te cansas de repetirlo, ¿eh? —bromeó, pero en seguida retribuyo con las mismas palabras—. También te amo, Garrapata. ¿Cuándo nos vamos a ver de nuevo?

—¿El mes que viene? —indagué, sintiendo a mi corazón partirse—. Quiero decir, cuando termine de escribir mi artículo. ¿Tal vez tengas un tiempo libre?

—¿Cuándo lo terminas?

—No tengo idea. Para ser sincera, me estoy sintiendo tan nerviosa con esto, que nada parece salir. Escribo, escribo y encuentro que todo es una porquería. ¿Y si no puedo hacer mi trabajo?

—Lo vas a lograr, Garrapata. ¿Te estoy distrayendo?

—No, no cuelgues, quiero escuchar tu voz.

Nos quedamos al teléfono hasta el momento en que comencé a sentirme culpable porque debería estar esforzándome en el artículo. Pasé la tarde entera con la cara metida en el computador y nada. Tenía máximo tres días para finalizar eso, pues si no aprobaban lo que había escrito —cosa que felizmente nunca pasó—, debía corregir inmediatamente antes de que llegara el día de la publicación. ¿Por qué tenía que ser tan difícil?

Cuando mis ganas de romper el notebook comenzaron a aumentar, desistí. Hoy, así como ayer, ese archivo permanecería en blanco.

Esta vez fue un sueño que me hizo despertarme con el corazón partido. Estaba alejado de mí y apenas podía mirar su silueta y escuchar su voz. "¿Por qué me abandonaste?" me preguntaba. Intentaba decirle de todas las formas que esa no era mi intención, que solo estaba haciendo mi trabajo, pero él me acusaba y mis lágrimas caían, suplicando para que me entendiera.

No fue una mañana fácil de lidiar, y más encima estaba con cólicos. Tenía ganas de estar acostadita en mi cama y no salir de ahí para nada. Cuando lo llamé, intentando calmarme y tener la seguridad de que todo era solo un sueño, Edward no me atendió. Probablemente estaba ocupado trabajando, cosa que también debía estar haciendo.

Con mucho esfuerzo, agarré el notebook y comencé a escribir. Todo salía forzado y no era así como quería que el artículo fuera. Ese era el más importante, no solo para los lectores, también para mí.

Fui tomada por sorpresa cuando el timbre sonó y, al abrir la puerta, vi a Angela, parada con una bolsa en la mano.

—¿Qué cara tan horrible es esa? —cuestionó Angela.

—Cólicos, extrañando que mi novio me consienta y un artículo que no quiere salir —hablé.

—Eh, estás en la mierda, ¿eh? —concluyó, entrando en mi casa y yendo directo a la sala, sentándose en el sofá.

—Un poco. No tengo mucho para decir. Él me hace falta, pero sé que tampoco podemos vivir pegados como estábamos, aún es una relación nueva. Extrañar es normal, pero estar un mes sin vernos es mucho tiempo.

—¿Estás segura que hiciste la elección correcta, Bella?

—No tengo manera de estar segura, pero no sé…

—¿Qué?

—No quiero dejar mi trabajo, pero tampoco quiero dejar a Edward. Solo que no puedo vivir literalmente detrás de él, ¿entiendes? Es tan difícil imaginarnos teniendo una relación normal…

—¿Qué quieres decir eso? ¿Qué no quieres seguir adelante?

—¡No! ¿Estás loca? Edward es mi novio y va a continuar siéndolo. Solo que no da para ser normal, como tú y Ben, por ejemplo.

—Ue, ¿pero ustedes necesitan de esa normalidad? Lo importante es saber lidiar con el hecho de que su vida es pública. Después todo mejorará. ¿Es la falta de normalidad lo que te incomoda? No me parece ser eso, Bella. ¿Qué está pasando por tu cabeza?

—¡No sé! Tantas cosas pasan por mi cabeza. Conversamos siempre y él también está intentando hacer que todo funcione, pero aún ronda la inseguridad. Mi papá me dio el mayor sermón del universo, diciendo que debería dejar mi trabajo, que esto no es vida que se soporte…

—Fiu, cuando Charlie comienza con eso...

—¡Pues sí! Todo lo que quiero es terminar con este artículo que de ninguna manera sale e intentar hacer que las cosas encajen y funcionen; pero parece que todo lo que pasó en los últimos días me persigue y ronda mi mente. Estoy comenzando a cuestionarme si hice la elección correcta. Creo que no sé lo que quiero.

—Relájate. Si te preocupas de esa manera, nada va a resolverse. La cosa es enfocarte en tu trabajo porque ahora es tu mayor compromiso; tienes el deber de entregar ese artículo. Después de eso, Edward y tú siguen con lo que fue planeado. Si sale mal, estoy segura que van a encontrar una manera mejor de vivir esa relación. ¡Solo no te guardes las cosas para ti!

—Estoy mejor. Cada vez que me siento insegura con algo, converso con Edward —hablé.

—¡Que bueno! Quiero que seas muy feliz, amiga. Creo que él te hace tanto bien —dijo ella y le mostré una enorme sonrisa, pues era verdad. Sabía de sus buenos deseos.

—Lo hace. Quitando toda esta montaña rusa de emociones que estoy viviendo, creo que nunca estuve tan feliz, contenta, enamorada.

—¡Es así como me gusta verte!

—¿Qué es eso que tienes ahí? —cuestioné, viendo que aún no había soltado la bolsa plástica que estaba en su mano.

—Ah, nada del otro mundo —dijo, sacando una caja de dentro—. Pero creo que estoy embarazada.

—¡Angela! —exclamé, prácticamente cayéndome del sofá—. ¿Hemos estado todo este tiempo hablando y solo ahora me cuentas eso?

—¿Qué querías que hiciera? ¿Qué entrara en tu casa anunciándolo? Solo lo creo, compré este test para ver si estaba en lo correcto o no.

—¿Y qué estás esperando?

—Quería tu apoyo, ¿eh? ¿Recuerdas la primera y última vez que me hice un test de estos? —cuestionó, haciéndome reír.

—Sí. Habías acabado de perder la virginidad y compraste cuatro cajas de exámenes para saber si te habías embarazada. Mucho idiota —dije, carcajeándome.

—Eh, bien que vi que hiciste pipi en una de esas, ¿cierto?

—¡Solo porque parecía divertido! Vamos, ¿qué esperas? ¡Quiero saber si voy a tener un sobrino o una sobrina!

—¡Calma, estoy nerviosa e intentando ganar tiempo!

—¿Por qué? ¿No lo quieres?

—Lo quiero, ese es el problema. ¿Y si no lo estoy?

—¡Solo intentarlo más! Estoy segura que Ben no va a renegar por practicar —dije riendo—. No sabía que estaban planeando tener un bebé.

—No sé si planear es la palabra correcta. Paré de tomar la píldora hace unos meses y solo hemos estado tentando a la suerte. Si pasaba, íbamos a estar muy felices, pero ahora que la idea se plantó en mi mente, realmente quiero ese bebé.

—Amiga, ¿por qué no me contaste esto antes?

—No los sé, Bella, andas tan ocupada que no quería llenar tu cabeza con cosas que solo son deseos míos. Ahora que puede volverse realidad, estoy contándote.

—Ang, no importa cuán ocupada esté, siempre quiero saber qué pasa contigo.

—Ok, ok, disculpa. Estoy contándote ahora: ¡Quiero ese bebé!

—¡Entonces, vamos a hacerte ese test! —exclamé ansiosa.

Angela corrió al baño y después nos quedamos paradas, contando los segundos y mirando al palito que indicaba si de aquí a unos meses, mi mejor amiga sería madre.

—Estoy tan nerviosa que parece que soy el padre —hablé y Ang comenzó a reír.

—Imagina cuando sea tu turno.

—No, aún falta mucho —dije—. Nada de bebés por ahora, quiero disfrutar cada momento con Edward.

—Hasta porque con ese trabajo tuyo es realmente difícil ¿cierto?

—Lo sé —hablé bufando—. Siento tanta presión encima de mí.

—¿Por qué?

—Porque si alguien tiene que desistir de su carrera, ese alguien tengo que ser yo. Edward jamás dejaría lo que él hace.

—¿Por qué crees eso?

—¡Porque es su sueño!

—¿Y lo que haces no es el tuyo?

—No sé —admití.

La alarma sonó y nos miramos la una a la otra. Era momento de saber la verdad.

—Míralo por mi… —dijo ella.

—¿Yo? ¿Estás segura?

—¡Sí!

—¿En qué parte hiciste pipi? No quiero tocar tus orines —hablé riendo y revisando lo que estaba en el test.

Cuando miré el resultado, una sonrisa enorme quedó estampada en mis labios y me sentía demasiado emocionada. Dos líneas: embarazada.

—Dio positivo, ¿no es cierto? —cuestionó, prácticamente tirándose encima de mi cuando asentí, afirmando que sería madre.

Qué surreal. Mi mejor amiga estaba embarazada.

—¡Tengo que contarle a Ben! Aún faltan cuatro horas para que llegue a casa, no quiero decirle por teléfono.

—¡Hazle una sorpresa!

—¡Voy a hacerlo! ¡Dios mío, no puedo creerlo! Voy a ser madre.

—¡Y yo tía!

—¿Qué piensas de si es niño llamarlo Jacob? —preguntó y en ese mismo momento nos carcajeamos—. Hablando en serio, estoy muy feliz.

—Yo también estoy muy feliz por ti, Ang. Dios mío, es tan extraño y al mismo tiempo increíble.

—¡Lo sé! ¡Hay una persona creciendo dentro de mí! —dijo ella, apuntando a su propia barriga.

—Vas a ser una buena madre —hablé con absoluta certeza—. ¡Ya puedo imaginarte!

—Gracias. No quería incomodarte, pero no sabes el alivio de estar compartiendo este momento contigo, que eres mi mejor amiga.

—Ang, ya te dije que nunca me incomoda. Disculpa por no estar presente.

—Lo entiendo, finalmente creo que la culpa es un poco mía. Si no fuera por esa llamada, no hubieras tenido esa idea loca de trabajo. Pero también, gracias a eso tuve la oportunidad de conocer a mi Jacob.

—¿Tu Jacob?

—Sí, deja que soy una mujer embarazada, no discutas conmigo que no puedo alterarme.

—Ahora vas a usar esa disculpa para todo, ¿cierto?

—Sí. ¿Será que puedo decir que tengo deseos de Jacob?

—¡Ang, no te controlas! —dije con una carcajada.

Después de despedirme de mi amiga, llamé a Edward para contarle la novedad.

—Adivinas quien va a ser tío dos veces? —cuestioné.

—¡Puta madre! ¿No me digas que Alice se embarazó del actor porno?

—No —hablé riendo—. Ang está embarazada. ¡Voy a ser tía!

—¿De verdad? Uau. Dile que la felicito.

—Estaba aquí, pero ya se fue. Después la llamo. Me puse tan feliz por mi amiga.

—Imagino. Solo que ojalá no tenga la idea de ponerle el nombre de Jacob al niño —dijo y no aguanté, reí tan alto que probablemente lo dejé sordo.

El día pasó y fue uno más sin progreso. Nada de artículo listo.

En la madrugada del cuarto día sin Edward, mis sueños fueron invadidos por el erótico recuerdo de tenerlo dentro de mí. Me besaba el cuello y se movía en un vaivén que me hacía agarrar con fuerza su cuerpo, mis uñas quedando en su piel. Sus labios iban al encuentro de los míos y yo susurraba su nombre, siendo tomada por el placer. Entonces él ponía su boca en mi oreja y decía "quiero hacer un hijo contigo".

Desperté decidida. ¡Iba a escribir esa porquería de artículo! ¡Era capaz! Tomé un desayuno americano, le mandé un mensaje a Edward diciéndole que iba a dedicarme hoy al artículo y que hablaría con él en la noche. Senté mi trasero en la silla con el documento en blanco ya abierto en mi notebook y puse la mano sobre el teclado.

Es increíble cómo ciertas cosas parecen mejores en nuestra mente que en la realidad. Los minutos pasaban y se trasformaron en horas. Cuando observé el cielo a través de la ventana y comenzó a oscurecer, comencé a llorar peor que una niña. No fue un llanto de dolor o nada por el estilo, fue un llanto de frustración, de rabia. ¿Por qué no lo lograba? ¡Era un simple artículo! Solamente cuatro páginas.

¡Si no podía escribir eso, ahí sí que estaba jodida! Ya estaba quemada con la gente del trabajo, solo me faltaba esa para completar.

Edward intentó calmarme al final del día, pero era en vano, nada me dejaba tranquila. La verdad, la única cosa que me haría respirar en paz, era ver el artículo escrito en su totalidad.

—Garrapata, vamos a hacer lo siguiente: yo escribo el artículo para ti.

—¿Ah sí? —cuestioné con humor en la voz.

—¡Sí! "Edward Cullen es muy lindo y encantador, por eso no pude controlarme y me enamoré de él. Es mucho más genial que Jacob Black. Me ama mucho y siempre daba la debida atención a mis bellos y suaves pechos. Ah, y también es muy bueno en la cama. Fin." ¿Qué piensas?

—Que eres un idiota —hablé carcajeándome y él me acompaño —Ay, Cachorro, ¿dónde estuviste todo este tiempo.

—Esperando a que golpees a mi puerta.

.

.

.

Él me tenía en sus piernas y yo reía alto. "Para de reír, Garrapata" decía él. No podía de ninguna manera. "Ya no tiene chiste" insistía. Intentaba controlarme, pero las lágrimas caían de mis ojos y mi estómago dolía de tanto reír. "Es más fuerte que yo" dije entre risas. "Entonces tendré que callarte a la fuerza, señora Cullen". Con eso, me tiró en la cama y calló sobre mi cuerpo, besándome hasta quitarme el aliento.

No sabía si esos sueños eran una tortura o un alivio.

Un día más se iniciaba. Normalmente, el quinto día, ya tenía todo listo y estaba investigando sobre mi siguiente celebridad. Bien, hoy era el quinto día, no tenía nada escrito y no tenía idea de quién sería la persona con la que pasaría los siguientes treinta días. Perfecto.

Los garabatos hechos en mi cuaderno rojo y la intensa luz del monitor, parecían aturdirme. Esa era la octava celebridad, no debería ser así de difícil —no después de James— pero, sorprendentemente, lo era.

Mi plazo se agotaba y solo podía culparme a mí misma por la idea de este maldito artículo.

El cursor parpadeaba en un documento en blanco, esperando mis palabras, pero ¿cómo comenzar la historia sobre un hombre que en apenas treinta días me hizo desear ser parte de este mundo de fantasías que tanto repudiaba?

Solo me levanté del sofá para hacer pipí y cenar. Edward no me llamó y no lo llamé. El día oscurecía y prometí a mí misma que solo me acostaría cuando tuviera todo escrito.

De pronto, las cosas fueron fluyendo, las palabras saliendo y era un nuevo amanecer cuando las cuatro páginas fueron llenadas con mi escrito. Releí y estaba satisfecha con todo lo que expuse. Finalmente. Después de enviar en documento a mi supervisor, me acosté y caí en un pesado sueño, sin sueños.

Al despertar, vi que ya pasaban de las dos y tenía tres llamadas perdidas en mi celular. Dos de mi jefe y una de Edward.

Primero fue el turno de mi trabajo. Jeff dijo que la asesora de Edward había leído lo que fue escrito y que había obtenido su aval. Alec también logró leer el artículo de inmediato y no comentó sobre ningún cambio. Perfecto. Lo malo fue ser informada que él esperaba verme a las siete de la noche para conversar sobre mi futuro.

En seguida, llamé a Edward.

—¡Lo terminé! —exclamé.

—Sophie me dijo.

—¿Lo leíste?

—No, te dije que solo lo leería cuando saliera en la revista, ¿recuerdas?

—No sé, creí que pudiste haberte arrepentido de esperar.

—Claro que no. Estoy a punto de entrar en vivo, Garrapata. Sophie está aquí hablándome al oído.

—¡Para de hacerme parecer como la villana! —escuché a Sophie hablar en el fondo.

—Si no vas a salir, enciente la TV y mírame, ¿ok? ¡En el canal BCD!

—¡Ok!

Corrí a la sala y encendí la TV. No tardó mucho tiempo para que Edward apareciera en ese momento y me sentí como una de sus fans viendo a mi mayor ídolo en la TV. Mi estómago estaba lleno de mariposas y tenía una sonrisa boba en el rostro.

Cantó algunas canciones de su CD y, cuando creí que el programa estaba terminando, paró para hablar un poquito, antes de su última canción.

—Me gustaría cantar un cover. Esta canción se llama "I found a reason" y está dedicada a alguien muy especial.

"Oh I do believe

In all the things you say

What comes is better than what came before

And you'd better come come, come come to me

Better come, come come, come come to me." ¹

No podía creer que había hecho eso. Edward sabía que todos iban a pensar que estaba cantando para mí —y la verdad era para mí que estaba haciendo eso—. En lugar de volverme paranoica con lo que todos pensarían, reflexioné sobre sus palabras. Miré a su imagen en la televisión, sonreí cuando sonrió al finalizar la canción, y noté que tenía mis ojos húmedos.

Durante todos esos días todo fue una lucha interna.

Al final de la tarde, con mi cabeza en su lugar y caminando en dirección a mi trabajo, aún tenía sus palabras en mi mente.

Lo quería a él, sobre todo. Idiota, como si pudiese ser diferente.


(1) Oh, creo

En todo lo que dices

Lo que está por venir es mejor de lo que pasó

Y es mejor que vengas

Mejor que vengas a mí.

Mejor que corras a mí


La canción que canta Edward es "I found a reason" da Cat Power. La versión de Cat es un cover de Velvet Underground.

Sí, como vi que el capítulo era más cortito, decidí traducir, al parecer estoy rápida para ello en estos días.

¿Qué tal? ¿Qué piensan? En lo personal, Edward es un lindo al haberle cantado en vivo. El artículo salió y pronto lo leeremos ;)

Gracias infinitas a las chicas que me dejaron sus lindos reviews, me alegra muchísimo saber que han estado disfrutando de la historia; este capítulo es para ustedes y por ustedes 3

Recuerden que quien me deje su comentario, recibirá antes que todos, la escena extra del capítulo. Si no, ya saben, lo subo en unos días.

Beijinhos

Merce