Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Latidos

― ¿Qué te pasa? ―gruñó Tanya― ¡me estás lastimado!

Le acorralé contra una de las paredes laterales del lugar. Estaba hastiado de sus estúpidos juegos. Ella me debía una explicación y no dejaría pasar la oportunidad de exigir que hablara.

― ¡Eres un imbécil! ―me gritó al percatarse de su vestido arruinado.

― ¡Estoy cansado! ―advertí dejando un puñetazo en la pared haciéndola estremecer―. No permitiré que sigas jugando conmigo, Tanya.

Me intentó quitar de su camino; sus manos estaban contra mi pecho empujando con fuerza.

― ¿De qué hablas?, ¿cuál juego, idiota? ―bramó.

Me alejé de ella porque sabía que lo siguiente sería apretar su cuello con mis manos. Me volví dándole la espalda y tiré de mi pelo. Tenía que controlar mi rabia.

Empecé a caminar en círculos por el estúpido callejón solitario. Alguno que otro curioso se había asomado ante los chillidos de Tanya. De igual forma sin hacer cuestiones se habían alejado.

― Eres un estúpido ―le oí musitar― arruinaste mi vestido, imbécil.

Le observé. La poca visibilidad permitía al menos saber que estaba mirando una rotura lateral en su corta falda.

― No te hagas la tonta. Has estado enviando estúpidas cartas a mi oficina y también has molestado a Bella.

Levantó su rostro.

― ¿Y yo por qué carajo haría algo así? ―increpó, acercándose a mí, empujando con su dedo índice mi pecho―. No he mandado una mierda, Edward. Estaba pasando una buena noche con un amigo y se me ocurrió saludarte cuando te reconocí. ¡Pero no! Fuiste tan idiota que decidiste suponer que yo soy culpable de no sé qué cosa, en lugar de tener malditas pruebas para acusarme. ¿Qué clase de abogado eres?

Froté mi rostro y exhalé.

― No te creo. Todo te acusa. ¡Estás aquí! Y…

― ¡Estoy de vacaciones! Visitaré algunos estados en un recorrido por carretera ―soltó un suspiro frustrado, sus manos volviéndose puños―. ¡Vete a la mierda, Edward Cullen!

Tanya anduvo de vuelta al frente del club, siguiendo sus pasos caminé tras ella dispuesto a detenerla.

― ¡Debes estar de acuerdo con Alice! Las dos quieren joder mi existencia.

Ella se detuvo dejando que la luz mostrara lo rotura de la tela que llegaba a más de la mitad de muslo. Maldijo por lo bajo cuando la enfrenté.

― Mira, Edward. No niego que aún me gustas, tuvimos el mejor sexo en el pasado. Pero no me estoy muriendo por ti.

Retrocedí al escucharla.

― Amo a Bella ―aclaré para que dejara de hacerse ideas.

― ¡Qué bueno! Creo que en el fondo siempre lo supe ―murmuró, mirándome―. No niego que me gusta molestarte y hacerte todo tipo de proposiciones sexuales ―rió quedamente―, es parte del juego que tengo contigo, solo que también sé cuándo es suficiente. Ahora eres padre y estoy feliz por ti ―suspiró―, no estoy haciendo nada en tu contra.

Conocía a Tanya. Sabía sobre su capacidad cuando se proponía cualquier cosa cuán difícil fuera para ella, lo lograba. También estaba el hecho de que era honesta.

Apreté mis sienes.

«Tanya fue representante legal de Alice.»

― El hecho de que haya decidido ser abogada de tu ex no significó nada. Admito que en un principio quizá fue mi intención fastidiarte. Fue un caso más para mí, me conoces, sabes que no sería capaz de dañarte. ―Guardó un breve silencio―. ¿Qué sucede, Edward? ―su pregunta me hizo mirarla fijo, estaba muy cerca de mí con su mano acariciando mi mandíbula―. Me preocupas, estás tan a la defensiva. ¿Puedo ayudarte? Confía en mí.

Quité su mano de mi piel. No dijo más solo frunció sus labios en desacuerdo.

Exhalé profundo y miré al suelo llevando mis manos a los bolsillos. Podía sentir su mirada sobre mí.

― Oh, por Dios, Edward. ¡Mírate!, te ves desdichado. Ahora que estás con el gran amor de tu vida, pensé estarías de mejor ánimo. ¿Qué ocurre?

― Nada ―espeté, alejándome de ella dispuesto a entrar al club e, ir por Bella―. Lo siento.

Tanya no aceptó mis disculpas y tiró de mi brazo, siendo ella quien me acorralaba contra la pared. Mi espalda golpeó con fuerza contra la edificación oscura.

― Si no vas a decirme lo que te ocurre, al menos consigue algo para cubrirme. Por tu culpa se rompió mi falda.

Obligue a mi vista mantenerse en su cara y no bajar a sus muslos. Miré mi reloj, ¡maldita sea! Llevaba 20 minutos fuera.

― Espérame, aquí ―le pedí, andando a zancadas al oscuro estacionamiento, deseando traer una campera que cubriera su problema. Tanya sin hacerme el menor caso me siguió, oía sus tacones resonar en el pavimento―. ¡Te dije que te quedaras allí!

Ella negó, colgándose a mi brazo. Le volví alejar y esta vez caminó a mi lado sin hacer contacto. Agradecí que en el vehículo hubiera un suéter mío que llevaba meses olvidado en el asiento trasero Tanya se lo puso de inmediato, quedando satisfecha al mirar que era más largo que su falda.

― Lo guardaré como si fuese un tesoro ―murmuró abrazándose así misma, olisqueando la tela del suéter―. Huele a ti.

― Tengo que volver por Bella ―le dije dando media vuelta, ella volvió a seguirme, caminamos juntos por el desolado estacionamiento, rodeando algunos vehículos.

― Por lo que pude entender te están jugando una mala pasada, ¿no?

― Tanya, si en verdad sientes algo por mí, ¿dime dónde está Alice? Necesito localizarla.

― La última vez que tuve noticias de Alice, fue cuando estuvimos en la audiencia. Esa vez, me llevaron al hotel donde me hospedaba. No tuve más acercamiento con ella porque Jane Brandon su madre fue quien mantenía contacto conmigo para saber de su esposo.

― ¿Cómo se te ocurrió ser su defensa? ―cuestioné.

Llegamos de nuevo al club. Había unas cuantas parejas obstruyendo la entrada.

― Es parte de mi trabajo. La familia Brandon me buscó y tú entiendes lo que es nuestra profesión, lamento mucho lo ocurrido con Bella.

Chasquee los dientes y vi mi reloj. Habían pasado 35 minutos.

― Me tengo que ir ―susurró ella―, mi amigo debe estar preocupado. Buena suerte, Edward. Ojalá volvamos a coincidir en algún juicio ―se acercó dándome un abrazo que esta vez correspondí― es bueno litigar contra ti.

Dejó un beso en mi mejilla.

― ¿No me estás mintiendo? ―le pregunté sosteniendo su brazo, ella sacudió su cabeza y su melena rubia cubrió sus hombros.

― Cualquier cosa que sepa sobre Alice me pondré en contacto contigo ―prometió.

― Edward...

La voz de Bella me paralizó.

Le miré salir entre las personas que estaban en la entrada.

Llevando mis manos a mi pelo, enrede mis dedos tirando con fuerza. ¿No podía estarme pasando esto? Era tan frustrante.

Solo que mi frustración se fue a la mierda al ver a Bella aproximarse a nosotros. No necesitaba ser un jodido adivino para saber que estaba decepcionada por lo que su cabeza podía estar hilando.

Sin pensarlo me acerqué a su encuentro.

― No es lo que te estás imaginando ―fue lo primero que dije.

Bella no dejó de mirarme con ese gesto decepcionado, levantó su barbilla y cruzó sus brazos sobre su pecho.

― ¿Cómo sabes qué me estoy imaginando? ―cuestionó fríamente dando un repaso a Tanya―. Solo pienso que eres un idiota, Edward.

― Deberías dejar que te explique ―Tanya se entrometió ganándose una fúrica mirada de mi mujer.

― No estoy interesada en hablar con usted ―le dijo―, no trate de inmiscuirse.

Tanya apretó sus labios color cereza.

― ¿Qué tienes qué decir, Edward? ―preguntó Bella.

Tragué saliva. Ella estaba en verdad enojada.

― Quieres que te diga lo mucho que te amo, ¿eso quieres?

Los ojos de Bella se abrieron, ante la confusión mordió su labio inferior jugueteando con sus manos.

Entrelacé nuestros dedos aprovechando su asombro.

― Te amo, Isabella. Quiero que te quede claro que solo eres tú y nadie más.

Pude oír a Tanya suspirar seguido de un resonar de tacones, se había alejado, quizás fue en busca de su amigo. Deseaba que fuera feliz.

Todos los demás aparecieron, salieron al clima fresco de la madrugada, rodeandonos. Fue el momento que Bella aprovechó para soltarse de mí.

― Siempre arruinando los mejores momentos, imbécil ―gruñó Victoria―. Vámonos de una vez antes que le rompa la cara a cierto anciano.

Bella caminó, mas no lo hizo a donde estaba aparcado nuestro coche. Eric y Gabrielle la guiaban por el lado lateral de la calle yendo Victoria tras ellos.

― ¿Vas a dejar que se vaya, imbécil? ―cuestionó James―. Una cosa es lo que todos vimos al llevarte a Tanya al lado más oscuro del aparcadero y que después volviera con una sudadera tuya y que aquí mismo se abrazaran muy cariñosos. Creo que todo merece una explicación y no quedarnos haciendo hipótesis de lo que pasó entre ustedes.

― Si-si lo cuentas así se-se oye feo ―mencionó McCarty entre hipidos. Estaba tambaleándose mientras se sujetaba del hombro de James.

― ¡No pasó nada!

Resoplé, siguiendo los pasos de Bella y sus acompañantes. Le grité que se detuviera, obviamente no lo hizo, entonces apresure mi paso cuando ella estaba por subir al coche de Eric, sujeté su antebrazo con tanta fuerza que le hice pisar en falso y trastabillar fue que se quejó dejando un golpe en mi pecho.

― ¡Eres un imbécil! ―gritó, siendo la cuarta persona que me lo decía esta misma noche.

― Nosotros vamos a hablar ―le dije cerrando al puerta del coche para evitar que subiera―. Ustedes se pueden marchar ―asomé la cabeza por la ventanilla mirando dentro del auto, la pelirroja abrió la puerta y se bajó de nuevo junto con Gabrielle.

― No, no nos vamos a ir sin Bella ―bramó Victoria.

― Cómo quieras ―le reñí, volviendo a tirar del brazo de Bella.

El rostro de Eric se crispó y por todo el infierno que estaba esperando que interviniera para romper su nariz, mas no lo hizo.

― ¡Háblame! Dime algo, maldiceme, dime que soy lo peor, Bella ―pedí. En cambio su mutismo seguía, ella se soltó, alejándose de mí se recargó en un coche ajeno―. Estaba con Tanya porque creí que ella era quien mandaba las malditas cartas, le enfrenté y sé que no es culpable. Sí le viste con el suéter mío fue porque su falda se rompió por mi culpa, ¡eso es todo!

Se cruzó de brazos mirándome con desdén.

Fue momento que aproveché para acercarme a sujetar su rostro.

― Lo vi todo, Edward.

― ¿Estás dudando de mí? ―pregunté muy cerca de sus labios―. Por favor, responde.

Intentó empujarme, detuve sus manos besando su dorso, siempre sorprendido por ser tan pequeña a mi lado, sujeté su cintura pegando su cuerpo al mío. Ella seguía negándose a mí.

― Créeme… te amo ―susurré antes de que ella pusiera su palma en mi boca, callándome.

― ¡Déjame en paz! No quiero verte ―exigió, removiéndose.

― Bella, no podemos dejar todo así, sin una explicación. No hice nada malo, solo buscaba una respuesta para esa idiotez de cartas que siguen llegando. ¡Es todo! Fui un imbécil, ¡sí! Porque sé me hizo fácil salir fuera del club con ella... ¡créeme!

― Siempre me lastimas, no importan tus estúpidas razones el resultado es el mismo.

Ella dio media vuelta y caminó de nuevo junto a sus amigas, la atrrapé por la cintura. Poco importaba el escándalo que estábamos haciendo.

― No, Bella, no te vas a ir. Escúchame...

― ¡Suéltame!

― Es inevitable no sentir todo el dolor de golpe anudandose en mi garganta, me engañaste con esa mujer, Edward. Creo que me dolerá siempre ―su voz se entrecortó.

― Lo siento mucho, mi vida ―la abracé con fuerza volviendo a mí y llevándola debajo de mi mentón―. Perdóname ―musité― si pudiera borrar ese episodio de nuestras vidas lo haría, te juro que lo haría para evitar lastimarte.

― ¿Ya nos podemos ir? ―escuché que pidió McCarty. Ahora sabía que el alcohol y él no se debían cruzar nunca cuando estuviésemos trabajando.

― Detesto a esa mujer, ¡la odio!

― Eso fue un grave error, mi vida. Ya pasó...

― Te miré con ella, ¡la abrazaste!

― Ella sabe que te amo, Bella ―se quedó quieta al escucharme―. Sabe que siempre has sido tú.

Escuché algunos murmullos a mi espalda.

― ¿Podemos ir al loft? ―pregunté con la intención de que aceptara, pero la suerte no estuve de mi lado y Bella se negó.

― ¡Ya suéltame! Me quiero ir a casa.

A regañadientes acepté y sin quitar mi mano de su cintura caminamos a nuestro auto. Al pasar cerca de James levantó su pulgar sin decir nada mientras McCarty se apoyaba graciosamente de la cintura de Victoria, enterrando su rostro en el cuello de la pelirroja. Ésta no tenía el mejor semblante, no sabía si por llevar a Bella conmigo, o porque estaba siendo usada de recargadera. Gabrielle solo sonreía y casi aplaudía ganándose una mala mirada de su amigo Eric.

En el trayecto de regreso Bella se mantuvo callada y lo más alejada posible de mí. Estúpidamente pensé que al llegar a casa cambiaría su reacción, pero nada fue así, apenas aparque el coche bajó corriendo a refugiarse en nuestra habitación. Nuestras madres platicaban en susurros en la estancia guardando silencio al vernos correr uno detras de otro.

La habitación en penumbras y con las niñas dormidas nos impedían seguir discutiendo o hacer alguna clase de aspavientos. Bella fue directo al baño y en segundos se escuchó la ducha mientras yo decidí cambiar mi ropa por un pantalón pijama, descalzo caminé hacia las cunas y pude ver a mis bebés profundamente dormidas. Ellas eran ajenas a lo que pasaba entre nosotros.

Pasados cinco minutos Bella apareció vestida con el mini camisón blanco que yo adoraba ver en ella. Evadió en todo momento mis ojos y contempló a la niñas, sujeté su brazo liberándose con facilidad, se refugió en la cama.

― No puedes ser tan injusta conmigo, Bella. No hice nada impropio, ni nada por lo que tenga que avergonzarme.

― No tenías porque darle nada tuyo ―acusó con su cabeza enterrada en la almohada―. No me gustó que le hayas regalado tu suéter.

― Mi amor, es un simple trapo.

Dispuesto a tentar mi destino me arrastré por la cama subiéndome encima de su cuerpo, me sitúe entre sus piernas mientras ella continuaba rígida. Me acomodé con cuidado sin aplastarla, volviendo a explicar con calma cómo había pasado todo. Bella nunca intentó removerse por muy enojada que estuviera, tomando ese gesto como algo positivo.

― Mi vida... ―recorrí su clavícula con mis labios, chupando y mordiendo su suave piel― por favor, perdóname. No me tengas así ―presioné mi erección en ella, ondulando mis caderas― te necesito, Isabella.

― ¿Por qué todo lo quieres resolver con sexo? ―musitó con su voz entrecortada por el deseo.

― Porque dicen que el sexo de reconciliación es el mejor ―murmuré, succionando su cuello― quiero saber si es verdad. No me dejes con esta jodida duda.

― Eres un...

La silencie con un beso avasallante que fue capaz de entrecortar nuestra respiración.

Le demostraría que ella era la única mujer que amaba con mi corazón y cuerpo.


¡Hola! Aquí tenemos otro nuevo capítulo donde Tanya asegura ser inocente dejando como única responsable de las cartas anónimas a Alice o, ¿existe alguien más? Por cierto, ¿qué opinan de Edward mendigando por un poco de cariño?

Muchísimas gracias por cada favorito, alerta y reviews que me dejan.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Lupita C: antier fue la celebración por el día de los padres y mi ánimo no fue el mejor, es por ello que no pude seguir escribiendo. LittlePieceOfMyMind: haha, parece que eres otra que no acepta del todo a Gabrielle. Veronica: exacto, de tan querido por las mujeres ahora tiene que lidiar con ello. Chiki Garcia: Hola Tocaya!, bienvenida. Geraldine: lo bueno es que Edward Fue honesto con Bella y le dijo todo para que no existieran malas interpretaciones. Nancygov: tienes mucha razón, creo que les tocará lidiar con ello.PaolaValencia: que es cuchi? (Guest): a nadie le gustaría estar en esa situación. Iza: apareció y desapareció, digamos fue el debut y despedida de Tanya. Lizdayanna: y pasó lo que dijiste. Vanesa: traté de no ser mala. Pameva: Edward es muy testarudo también. No debió salir y él lo hizo. Lily: gracias. Lya: oh, muchas gracias y no dejes de comentar, es lo mejor para mí leerlas. Dulce Carolina: exacto. Daniela: pues la noche ya no ocurrió. mrs puff: oh, primera vez que alguien siente pena por Eric. Lidia: haha, a veces me desvelo mucho. Flor Mcarty: no creo que se pueda, lo siento. Diannita Robles: parece que un día le sale todo bonito y al otro día no, haha. Lili Cullen-Swan: no puedo contigo "papi pitufo" LOL, así seguirá por no sé cuánto tiempo. Adriu: hola, te revelo que hay una sorpresa con estas pulgas, saludos. cavendano13: parecía que le gusta poner a Edward nervioso, pero Tanya prometió no intervenir más. Marxtin: muchas gracias a ti. Rocio: no puedo creer que te hayan ganado a comentar. ALBANIDIA: pues no sé qué te haya parecido este capítulo, sí los vio. Ximena: Edward es así, un poco alterado y así las cosas sin pensar. Andre22-twi: para mí también es raro escribir de esa forma sobre todo nombrar a Emmett, McCarty es super extraño. torrespera172: pues ella asegura que no fue, muchas gracias por siempre comentar. Ana: fue solo un sustillo. Antonella Masen: y sí, por supuesto que se precipitó.

¡Gracias totales por leer!