Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece
CAPÍTULO 27
Los pétalos de rosas rojas acariciaron los dedos de Sakura uchiha, cuando ella dio un paso al frente. Con la mirada recorrió la habitación, sin poder distinguir otra cosa que el rojo aterciopelado. Su nariz percibía en delicioso perfume natural, y a sus oídos llegó una melodía suave, con acordes profundos, decadentes. El suelo estaba completamente cubierto de pétalos; las paredes se hallaban ocultas por guirnaldas de rosas, unidas una a otra por una cinta roja; del techo colgaban los mismos adornos, así como pañuelos de seda de igual color. La iluminación estaba a cargo de unas lamparitas de aceite, con vidrios también rojos.
―Ven, no quiero que resbales ―dijo Sasuke, tomándola en brazos, y entrando a la habitación. Sakura le abrazó el cuello, y se percató de que uno de los pétalos, le había quedado enredado entre los dedos; sonrió ante ese hecho y suspiró. Su esposo podía ser el hombre más romántico del mundo, cuando se lo proponía. Sasuke, caminando con cuidado, se dirigió hacia una zona, donde se suponía debía estar la cama, y la depositó ahí con delicadeza. Sakura lo sintió blando, pero no como si fuera un colchón, sino algo mucho más suave, tanto, que la hizo enterrar las manos entre los pétalos, para ver qué había debajo. Solo encontró más de estos, y en el fondo, la textura de la seda.
―Hiciste… ―…un colchón de pétalos y sedas ―completó Sasuke con una sonrisa pícara―. Sí. Lo más delicado para tan bello cuerpo ―declaró, deleitándose con la vista de las femeninas curvas, cubiertas por un pijama de algodón, de pantalón largo y blusa con mangas.
Comenzó a desvestirla con calma, muy despacio, como si deseara disfrutar de cada centímetro de piel, que quedaba expuesta. Sakura se percató de que él solo vestía unos bóxers que no podían ocultar su excitación, así que levantó el brazo, e intentó acariciarle el pecho desnudo. Él le detuvo la mano, le besó la palma, y la devolvió a su lugar.
―Esta noche es para ti, mi amor.
―Pero…
―Shh. Nada de protestas. Esta vez no pienso aceptarlas. Al ver el intento de un nuevo alegato, emitió un gruñido de exasperación, acercó su rostro al de ella, y la besó para callarla. Sakura abrió la boca, gustosa, para recibir la lengua de su esposo, y saborearlo, solo que Sasuke se retiró al instante.
―Calma, nena. Tenemos toda la noche para nosotros.
―¿Y la Comitiva Real? Sasuke rio al escuchar el apelativo.
―Ellos están pasando la noche en la casa de al lado ―dijo, mientras terminaba de desvestirla, dejando como única prenda, la pulsera que le regaló en Navidad―. Los quiero lejos, aunque no tanto.
―Por si algo me sucede y hay que correr. Sasuke sonrió, y esta vez le acarició la cumbre de uno de los pechos, haciéndola gemir.
―Eres tan hermosa, que tu belleza me distrae ―declaró, ignorando su sarcasmo. Se inclinó y besó un rosado pezón, luego el otro. Sakura arqueó la espalda, para invitarlo a que continuara, pero él no lo hizo. Se enderezó, y tomando dos pétalos, se los colocó en los pechos. Bajó entonces la vista y observó los rizos castaños, que asomaban tímidos, de entre las esbeltas piernas.
―Por el momento esto también lo necesito cubierto ―dijo, repitiendo la acción con otro pétalo―. Por el momento.
Se puso en pie y la miró desde lo alto. La vista era perfecta a sus ojos. La piel blanca, lozana, rodeada del rojo de las rosas. Parecía la diosa de la tentación, de la lujuria, dispuesta a entregar su cuerpo al discípulo, que tanto la veneraba. La hermosa visión levantó los brazos sobre la cabeza, y se estiró seductoramente, mirándolo, invitándolo a tomar lo que deseara de ella, obligándolo a pasarse una mano por la boca, para evitar babear.
Su mujer lo llamaba con su cuerpo, no obstante, él tenía otros planes. Se agachó y recogió un frasquito, con un líquido dorado dentro. Caminó hasta los pies de su esposa, se arrodilló junto a ellos. Destapando el envase, vertió un poco en su palma, y dejando el frasquito de lado, frotó el contenido entre sus manos. El masaje comenzó en el pie derecho, y un olor a chocolate colmó el ambiente. Deliciosas sensaciones embargaban el cuerpo de Sakura.
La mano de Sasuke recorría su piel, de una forma tan erótica, que ella sintió que podía llegar a tener un orgasmo, con su solo roce. Cuando las fuertes manos subieron por sus piernas, cerró los ojos. Se notaba que no era un experto el que daba el masaje, sino un hombre enamorado, y eso hacía que ella disfrutara mucho más. Sasuke no aplicaba técnica alguna, solo ungía y acariciaba la piel de su amada, como él lo consideraba mejor. Subió por los muslos, y cuando llegó a donde las piernas se unen, alargó el meñique intencionalmente, rozando la ya húmeda intimidad. Sakura gimió, y se sobresaltó por el intenso placer que la recorrió.
Sasuke sonrió complacido, y continuó masajeando la parte interna de las piernas, sin llegar a tocarla de nuevo en su sexo. La provocaba, y ella lo sabía.
―Por favor ―rogó. No le contestó, solo abandonó el área, y bordeando los pétalos que custodiaban la zona, continuó por el vientre abultado. Se aplicó más aceite en las manos, y las posó sobre la barriga de su esposa, para empezar a acariciar la leve redondez.
―Me encanta esto ―dijo, plantando un beso junto al ombligo―. Es mi hijo el que está ahí dentro.
―Nuestro hijo ―jadeó Sakura.
―Tuyo y mío. Sasuke avanzó a los pechos, los cuales rodeó con las manos desde los costados, procurando no descubrirlos, y luego, terminó en el cuello. Sakura disfrutó en todo el proceso, y sus gemidos eran una prueba de ello. Al terminar con el ritual, extrajo de entre los pétalos, una caja de chocolates en forma de corazón, tomó uno y se lo ofreció, colocándoselo en los labios. Un líquido viscoso con sabor a fresa, se derramó sobre su boca al morderlo, y una gota corrió por su mejilla. Sasuke la recogió con la lengua, y comió la otra mitad del chocolate.
―Quiero más ―dijo la chica, y unió sus labios a los de su esposo, para saborear juntos el dulce bombón. Sasuke tomó otro chocolate, lo mordió en un extremo, y antes de que el líquido comenzara a fluir, retiró con su boca el pétalo de uno de los pechos, y derramó el dulce sobre el rosado pezón. Sakura jadeó, porque sabía lo que seguía, y no tuvo que esperar mucho para sentir, cómo el hombre la lamía con ansiedad.
―Deliciosa… ―jadeó Sasuke, y le dio de comer el cascarón vacío. Mientras ella lo masticaba, él enfocó la vista en el pétalo inferior, y esbozando una sonrisa que prometía cosas poco puras, tomó otro de los bombones, y gateó hasta ubicarse entre sus piernas.
―Me pregunto si la fresa sabrá mejor, combinada con tu sabor. Sakura sonrió y abrió las piernas, para darle total acceso. Él se acomodó, estiró el brazo, y le dio a ella para que mordiera. Así lo hizo, y él, presuroso, derramó el manjar sobre la intimidad de su mujer. Ella gimió, al sentir el líquido rodar por su sensible piel, y levantó las caderas, instando a Sasuke a que no perdiera el tiempo. Su táctica surtió efecto, y él recorrió con su lengua todo lo que ahí había. Sus
gemidos superaron a los de la chica.
Si a Sakura le fascinaba que él le hiciera eso, a Sasuke lo volvía loco el complacerla. Le encantaba su sabor, el calor que expedía esa zona tan íntima de su mujer, que solo él había tocado, probado y reclamado; los sonidos que ella emitía, cada vez que él realizaba círculos con la lengua, en el sensible botón; la forma en como sus delicadas piernas se abrían para él, y solo para él. Era un acto muy íntimo, algo que los dos disfrutaban, él más que Sakura, aunque para ella no fuera así. A pesar de que a Sakura le gustaba ver el cabello de Sasuke, sobresalir de entre sus piernas, su embarazo le limitaba la vista, lo que la obligó a apoyarse sobre sus codos. Posición que no duró mucho, pues sus brazos comenzaron a fallar, cuando el placer la inundó.
Estimulada por los olores exóticos y las suaves texturas, un intenso orgasmo la golpeó, y la hizo retorcerse, por acción de la boca de su marido. La otra parte del cascarón de chocolate, se hallaba derretida en el muslo derecho de Sakura, por lo que Sasuke no perdió tiempo en limpiarlo con su lengua.
―Eres lo más exquisito que he probado en mi vida.
―¿Debo temer que te conviertas en un caníbal? ―preguntó Sakura, jadeante. Sasuke sonrió con malicia.
―No dudes de que esta noche, te devoraré viva. Antes de quitarse los bóxers, y adentrarse en ella, la besó como un sediento, que encuentra una fuente de agua en medio del desierto, dejándola tan aturdida, que no lo sintió hasta que lo tuvo dentro de sí. Sasuke la tomó suave, tierna y calmadamente.
Sus caderas se movían a un ritmo cadencioso, entrando y saliendo de ella, disfrutando de las sensaciones, y luego de un momento, en el que sus cuerpos se adoraron el uno al otro, llegaron al clímax, juntos. Los rituales preparados por Sasuke continuaron. Tenía chocolate derretido en un recipiente, y lo usó para dibujar trazas en el cuerpo de su esposa, y así poder lamerlo directamente de su piel. La acarició también con una pluma, la estimuló con sus dedos, y la adoró con su boca. Sakura ya no podía esperar más. Lo necesitaba de nuevo, lo necesitaba de inmediato.
―Sasuke―jadeó, y estiró el brazo para halarlo por el cabello―. Ven. Ya no aguanto más. Sasuke gruñó de satisfacción, se colocó junto a ella, y antes de que Sakura pudiera abrazarlo, la hizo girarse, para así, dejarla con la espalda apoyada en su pecho.
―Tenemos que ensayar para cuando nuestro hijo esté más grande. Le agarró la pierna izquierda, y la levantó un poco, para poder tomarla desde atrás.
Sakura se sentía más unida a él en esa posición. Estando frente a frente, no podían quedar tan juntos, porque Sasuke temía hacerle daño con su peso; en cambio, teniéndolo en su espalda, él podía rodearla con los brazos, y así sentir cada músculo de su cuerpo contra el suyo, moviéndose al mismo ritmo, disfrutando de lo que los dos compartían.
No lo hicieron lento, porque sin pronunciar palabra, sus cuerpos acordaron que deseaban tener sensaciones intensas. Él gemía en su oído, y eso la deleitaba, sin contar con que las manos de Sasuke, rozaban constantemente sus pechos y su sexo, para estimularla más de lo que ya estaba. Otro orgasmo llegó para los dos, en medio de palabras de amor, y promesas eternas. Los gritos se escucharon por toda la habitación, y sus almas alcanzaron la plenitud una vez más.
Sakura se encontraba adormecida. Eran casi las dos de la madrugada, y Sasuke todavía no mostraba indicios, de querer dejar de besar y lamer su cuerpo. Hasta los pétalos de rosa que se pegaron a su cuerpo, él los retiró con la boca.
―¿No te duele la lengua? ―preguntó Sakura con los ojos cerrados, y una sonrisa en los labios. Sasuke chupó un pezón, y levantó la cabeza para sacudirla en una negación.
―No puedo evitarlo, me encanta el sabor de tu piel.
―Debo saber a todo menos a piel ―aseguró Sakura y soltó una risita―. Necesito un baño. ―Pero no ahora. Estás acalorada y es demasiado tarde. Puedes pescar un resfriado. ―Se puso en pie y se dirigió al baño. Luego de unos segundos, salió con una vasija con agua y una toalla―. Es agua tibia. Te limpiaré.
Sakura lo vio sentarse a su lado, mojar la pequeña toalla, y comenzar a limpiarle los brazos, para luego, continuar con el resto del cuerpo. Ella lo observaba fijamente; estaba concentrado en su labor, con la expresión seria y el ceño levemente fruncido, por lo que ella se dedicó a contemplar, la dura belleza de sus rasgos. Habían pasado la noche, entre la lujuria y el placer más desbordante. Los dos habían perdido la cordura en el otro, y el que Sasuke estuviera limpiando su piel lo confirmaba.
―Rosas, chocolates, plumas, sexo pecaminoso… ―dijo Sakura, acariciándole el brazo―, faltó el oso de peluche. Sasuke sonrió, negó con la cabeza, y se levantó para dirigirse al vestidor; al regresar, sostenía en la mano un oso de peluche, de unos cincuenta centímetros de alto, color blanco, y con un enorme moño amarillo.
―El moño debería ser rojo ―bromeó Sakura, extendiendo los brazos, y agitando las manos para que se lo entregara rápido. Sasuke sonrió divertido, y se arrodilló a su lado, apartando el muñeco cuando ella intentó tomarlo.
―¡No! Gabriel no es para ti. ―Acercó su rostro a la barriga de ella, y la besó―. Es para quien sea que esté aquí dentro. Sakura sintió que su corazón se encogía, y sus ojos se llenaban de lágrimas.
―¿Gabriel? Sasuke asintió. ―Como se llamará si es un niño. A Sakura se le escapó un fuerte sollozo, en medio de la gran sonrisa que se estampó en su rostro. Lloraba por el recuerdo de su padre, y sonreía por el hermoso gesto de su esposo. Para ella significaba mucho, y Sasuke lo sabía. Él había prometido hacerla feliz, y cada día se esforzaba por conseguirlo. Se sentó y lo abrazó con fuerza, llorando contra su pecho.
―Sakura, mi amor, no llores ―pidió Sasuke con voz atormentada, rodeándola con los brazos―. No quiero que estés triste.
―No. ―Levantó la cabeza y lo miró―. Estoy llorando de felicidad. Soy feliz porque te tengo a mi lado, porque me amas, porque te importa el recuerdo de mi padre, y quieres que nuestro hijo lleve su nombre; porque te amo, Sasuke, y sé que tú me amas.
―No imaginas cuánto.
―Puedo hacerlo, porque yo te amo igual. Lo besó, demostrándole que sus palabras eran ciertas. Cuando se separaron, Sasuke insistió en terminar de asearla, y una vez hubo acabado, se acostó detrás de ella. La abrazó por la espalda, mientras ella abrazaba a Gabriel, y la hizo dormir, tarareándole, desafinadamente, una nana que acababa de inventar.
El viaje de regreso a Inglaterra, se llevó a cabo en la tarde, porque la pareja durmió toda la mañana. Sakura se encontró con todo el cuerpo, en especial la espalda, con lo que parecían chupetones rojos, repartidos por toda la piel. Unos eran producto de la pasión de su esposo, y otros, de los pétalos que habían dejado rastros en ella, luego de toda una noche de estar acostada sobre ellos. Sasuke estaba marcado solo con unos cuántos. Al llegar a Londres, y avisar a Sophia de su arribo, esta les pidió que pasaran la noche en La Mansión, para poder encargarse ella misma de su nuera.
Sakura se molestó al ver a Vicky en la casa de su suegra, quien la había llamado para que colaborara con la atención de la pareja; sin embargo, trató de que la joven no notara su disgusto, y además, dejar en claro qué lugar ocupaba cada una, en la vida de Sasuke.
―No había necesidad de molestar a la chica, Sophia ―comentó Sakura, y miró de reojo a la joven que se encontraba a su lado. Debía sentirse extraña por llamar «chica» a una mujer, que era mayor que ella, pero con ese apelativo reafirmaba su posición―. Katy y Lissa pueden encargarse de nosotros sin ningún problema, y a Sasuke lo atiendo yo misma.
―No quiero que te fatigues, querida ―explicó Sophia―. Mi hijo puede ser muy quisquilloso y mimado, y eso es agotador.
―Y para mí es un placer atenderlo ―agregó Vicky, con una gran sonrisa.
―Me lo imagino ―aseguró Sakura, con una nota de sarcasmo que no pudo evitar―. De igual forma, mañana nos vamos a Gillemot Hall. ¡Estoy ansiosa por regresar a casa! Sophia sonrió abiertamente. Era feliz al ver la dicha de la pareja, y más la emoción de Sakura, de estar a solas de nuevo con Sasuke.
―Estaba pensando que podrías llevarla contigo―propuso, señalando a Vicky. La sonrisa de Sakura desapareció al instante, y se trasladó al rostro de la otra chica.
―¡Eso sería grandioso, señora Sophia! ―exclamó, dichosa.
―¡No! ―declaró Sakura con voz firme, y más alta de lo que esperaba―. En la casa la servidumbre está completa, no necesitamos de nadie más. Sophia la miró extrañada, luego observó a Vicky y frunció el ceño. Comenzaba a comprender lo que sucedía.
―La ayuda nunca está de más ―alegó la joven, con un tono levemente altanero; luego miró hacia un lado y sonrió―. Además, el señor Uchiha es el que tiene la última palabra. Sakura detuvo un improperio en la punta de la lengua, justo cuando Sasuke se colocó a su lado, con el ceño fruncido, y la abrazó.
―¿Sucede algo, Sakura? Ella intentó responderle, pero la otra chica se le adelantó.
―Señor Stone, su señora madre ha tenido la excelente idea, de que yo vaya a trabajar a Gillemot Hall. ¿No le parece grandioso? Aunque Sakura la fulminó con la mirada, prefirió esperar a que Christopher respondiera. Necesitaba saber qué pensaba él de ese hecho. Sasuke se encogió de hombros.
―Lo lamento, Vicky, pero yo no opino al respecto. ―Miró a Sakura y le sonrió―. Es mi esposa la que toma las decisiones; yo solo me limito a obedecerla y respaldarla. ¿No es así, reina mía? ―preguntó, dándole un suave beso en los labios. El rostro de Sakura quedó dividido en dos, por la gran sonrisa que se posó en él. Sasuke sabía que ella no quería a la chica cerca, y la apoyaba sin miramientos. ―Completamente.
―¡Qué hermosos se ven juntos! ―dijo Sophia, emocionada. Estaba orgullosa de la actitud de su hijo ante tal situación. Beth miró entonces a la chica sin perder la sonrisa. Le era imposible desaparecerla de su cara. ―La respuesta es no, Vicky. No hay lugar para ti en Gillemot Hall. «Ni en ningún lugar cerca de mi marido», pensó. La joven enrojeció de rabia, y emitiendo una escueta disculpa, se retiró del lugar. Esa noche, y la mañana siguiente, la pareja fue atendida por Katy y Lissa, por pedido expreso de Beth, impidiendo así que Vicky se acercara. Incluso la misma Lissa, se encargó de impedírselo, al percatarse del rechazo que su señora sentía por ella.
―Tiene cara de mujer de la vida alegre ―comentó luego de detenerla, cuando se empeñaba en llevarle el desayuno a Christopher a la cama.
―¡Lissa! ―regañó Katy―. Cuida tu lenguaje. ―Pero es verdad, señora Katy. Además, no me gusta cómo mira al señor, y mucho menos a la señora
―Eso no es asunto tuyo. Y anda, ve, ¡ve! Que se enfría esa comida. Katy concordaba con las afirmaciones de la pequeña rubia, aun así, sabía que no debía alentarla. A la hora del almuerzo, se presentaron los Lancaster y Naruto, para saludar a la pareja. Este último solo quería ver si Sakura estaba bien.
―Me estoy cansando de la cercanía de mi hermana con el imbécil de Naruto―comentó Sasuke a su esposa, al verlos conversando.
―Naruto no es ningún imbécil, Sasuke, y Lara está muy mayorcita, como para saber qué es lo que hace.
―¿Cómo que saber lo que hace? ¡Es solo una niña! No debería estar pensando en ciertas cosas, y menos con él.
―¡No seas hipócrita! Yo soy menor que ella, y tú mucho mayor que él. Sasuke la miró con los ojos entornados.
―¿Qué sabes tú de esos dos? Sakura se tensó al instante, pero logró disimular los nervios.
―Que son buenos amigos. Es lo mismo que saben todos los demás. Sasuke se enderezó en su asiento, y emitió un leve gruñido.
―Eso espero, si no quieres ver sangre americana, bañando suelo inglés. Sakura tragó en seco por la amenaza. No estaba segura de que entre Daniel y Lara estuviese pasando algo, lo que sí sabía era que Lara estaba loca por él, y que aunque él lo negaba, tampoco le era indiferente. Si Sasuke se enteraba de eso, era capaz de despellejarlo vivo.
No tenía duda alguna. En la tarde, emprendieron el camino a Gillemot Hall, dejando atrás a todo aquél que no era bienvenido, por parte y parte. Sakura estaba ansiosa por regresar. Consideraba a la gran propiedad, su hogar, y no veía la hora de volver a ver a su gata, después de tanto tiempo. Al llegar, fueron recibidos por los empleados de la casa. Emma se encontraba junto a Nani, y tenía a Naomi entre sus brazos, quien al ver a su dueña, se retorció para que la dejaran en el suelo, y así correr hacia ella.
―¡Mi princesa! Ven, mi niña preciosa. ―La abrazó y comenzó a acariciarla―. ¿Extrañaste a mamá? ¿Me extrañaste, muñeca? Sí, yo también, mi corazón. ¿Y extrañaste a papá? ―Miró a Sasuke, y fingió no ver su expresión de alarma
―. Lo extrañaste, yo lo sé. Aquí está papá, dale un besito a papi. ―Tomó a la gata por la barriga, y la levantó para ponerla frente a Sasuke, quien retrocedió al instante; sin embargo, Sakura se detuvo, y su ceño se frunció. La devolvió a su regazo, y le palmó la barriga―. ¿Por qué tienes la panza dura, Naomi? ―Levantó la cabeza para mirar a Emma.
―Sakura, no te lo había dicho, porque no quería preocuparte. ―La mujer se acercó un paso, y trató de ocultar su nerviosismo con un amago de sonrisa―. ¡Vas a ser abuela! El silencio reinó en el lugar. Los empleados, previendo lo que se avecinaba, iniciaron una rápida retirada, Sasuke sintió miedo, al ver la falta de reacción de su esposa, y Emma retrocedió dos pasos, antes de volver a hablar.
―Sakura… La chica se acercó a ella.
―Sostenla un momento, por favor. ―Su voz sonó contenida, demasiado tranquila.
La rubia recibió a la gata, y vio a Sakura girarse hacia su esposo, y caminar en su dirección. Sasuke retrocedió aún más, pero no lo suficiente, como para esquivar la fuerte cachetada, que su mujer le propinó.
―¡Pero ¿qué hice?!
―¡Tu asqueroso animal abusó de mi princesa! ―gritó Sakura, furiosa.
―¿Ron? ¿Te volviste loca? Ningún gato en sus cinco sentidos se aparearía con esa cosa. Estoy seguro de que fue ella quien lo obligó.
―Yo la vi moviéndole el trasero ―aseguró Emma, arrepintiéndose de sus palabras cuando Sakura la fulminó con la mirada. La castaña se giró hacia Christopher, y le propinó otra cachetada, que dejó una gran marca roja en su mejilla izquierda.
―¿Cómo te atreves a acusarla? ―Un sollozo se escapó de su boca, y su cuerpo se estremeció
―. Ella no tiene… Ella es solo… Sasuke se olvidó de su dolor y humillación, y se afanó por abrazarla. Sakura forcejeó hasta que el llanto la superó, y dejó que él la cargara, y la llevara dentro de la casa. Al llegar a la habitación, la depositó en la cama y le acarició la cabeza.
―No te pongas así, mi nena. Cuidarás bien de Naomi, y ella no se sentirá mal.
―¿Cuidaré? ―preguntó Sakura, mirándolo entre lágrimas―. Entonces tú no estarás para ella. Sasuke suspiró. Tenía que calmarla, y para eso debía hacer promesas que no deseaba.
―Los dos cuidaremos de ella. Buscaré un veterinario, el mejor de Londres, y verás que ella estará bien. Nada malo le sucederá. Sakura levantó los brazos, y él se inclinó para que lo abrazara.
―Te amo, Sasuke. Te amo tanto ―sollozó en su cuello. Sasuke se limitó a abrazarla, y decirle que él también lo hacía. Sabía que ella no era buena manejando situaciones de alto estrés, y que sufría de esos ataques en los que enloquecía; además, sumando las hormonas revueltas por el embarazo, Sakura era una bomba que podía estallar en cualquier momento, y de diferentes formas.
―Tráemela. ―Sakura, no debes estar tan cerca de ella por el embarazo.
―Tú no la quieres ―lloró, y se zafó de él con brusquedad―. Piensas de ella lo mismo que todos los demás.
―No, amor, no. Yo la quiero ―afirmó Christopher afanado. Se estaba desesperando, pero por ella, y solo por ella, aguantaba lo que fuera―. Es nuestra… ¿niña? ¡Sí, eso! Nuestra niña. Sakura le sonrió, y le pidió nuevamente ver a su gata. Sasuke accedió de mala gana, y luego de recibir unos cuantos arañazos tratando de agarrarla, le pidió a Emma que la llevara ella misma.
La rubia se retiró de la habitación, y Sasuke se sentó en un sillón, a contemplar cómo su esposa consentía a su peor enemiga.
―¿No quieres acariciarla? ―preguntó Sakura, con voz de reproche.
―No es eso, Sakura. Ella ya me acarició lo suficiente cuando intenté traerla. Después la consiento. Sakura le hizo mala cara, y continuó jugando con la gata. Sasuke esa noche tuvo que dormir en el sillón, porque las pocas veces que intentó entrar a la cama, Naomi lo acarició.
Sasuke regresó a ocupar la presidencia de UchihaWorld, el lunes 19 de febrero, y ese mismo día, se encargó de buscar al mejor veterinario, así como de revisar los documentos enviados por la agencia, sobre la que ellos consideraban, era la segunda mejor enfermera de Londres.
―Por qué no retiras a la enfermera actual, y se quedan permanentemente con la nueva. Sería alguien sin ningún compromiso ―comentó Eva, sentada en la silla frente al escritorio de su primo. Ella misma se había encargado de solicitar los documentos a la agencia, cuando Sasuke le avisó de los cambios que se realizarían.
―Porque confío en Becca, es una gran profesional, y Sakura la quiere ayudar. Y recuerda que la abuela decía, que las cosas malas suceden de noche.
―Tiene sentido ―concordó, sin darle mucha importancia al tema, y se acercó al ver unas líneas enrojecidas, en las manos del hombre
―. ¿Qué te pasó? ―La rata que tengo por hija, me demostró todo el amor que me profesa. Eva lo miró por un momento, incrédula, para enseguida, romper en una fuerte carcajada; la misma que su madre le reprochaba cuando niña, por no ser apropiada en una dama.
―¡Serás idiota, Sasuke! Cómo te le acercas con esa cara que tienes. ¡La pobre se asustó!
―Gracias por lo que me toca, mocosa ―masculló Sasuke, empleando el apelativo que usaba cuando eran niños, y discutían.
Becca tenía hasta la semana siguiente, para estar de tiempo completo con Sakura, así que se dedicó a enseñarle a Lissa lo básico de primeros auxilios, y atención a una mujer en embarazo. Se acordaron los horarios, y Sasuke le asignó un auto con chofer, para que pudiera llegar a Gillemot Hall en el menor tiempo posible. La hermana de Becca salía temprano del trabajo, por lo que ella llegaría antes que Sasuke, y relevaría a la nueva enfermera.
En la mañana sucedería lo mismo, pues él acostumbraba a ir temprano al trabajo, más con el inicio de año, y luego de las vacaciones de la luna de miel. En la semana, Sakura tuvo cita con la partera y, a petición de Sasuke, con la ginecóloga. Le realizaron todos los exámenes necesarios e innecesarios, y en medio de todo ese caos, los dos decidieron que no deseaban conocer el sexo del bebé, hasta que naciera, aunque él en silencio rogaba que fuera un niño. Sasuke se encargó de entrevistar a la enfermera, en su oficina.
Le hizo tantas preguntas, que la mujer por un momento se sintió agobiada; incluso, ahondó en su vida personal. Luego de casi dos horas de interrogatorio, para cerciorarse de que su mujer quedaba en buenas manos, el ansioso esposo se mostró satisfecho. Le indicó cómo serían los horarios, el transporte que se le brindaría para recogerla en su casa, y regresarla por las noches, y el salario que recibiría. Ella le explicó que le era imposible trabajar los fines de semana, pues tenía compromisos con otra familia, a lo que Sasuke respondió que no existía problema alguno, ya que él prefería a Becca cerca el mayor tiempo posible, por lo que se iría los viernes, y regresaría los lunes. La mujer se sintió complacida con lo acordado, por lo que firmaron los documentos pertinentes.
El domingo antes de la nueva rutina, Becca no paró de dar recomendaciones a Lissa, y a la misma Katy, de lo que debían hacer si algo sucedía.
―Becca, estás peor que mi marido. ¡Cálmate, mujer! ―pidió Sakura, comenzando a sentirse desesperada.
―Lo lamento, señora, pero usted es mi responsabilidad, y no quiero que nada malo le suceda en mi ausencia. No conozco a la nueva enfermera, por lo que no puedo dar referencias de ella, ni confiar en su trabajo.
―Viene de la misma agencia que tú, y Sasuke ya se encargó de asustarla lo suficiente. Debes saber lo que se siente
. ―El señor me interrogó como debía. En ningún momento me sentí amenazada ―aseguró Becca, con rostro serio y algo indignado.
―Claro, porque los dos son iguales ―murmuró Sakura. Los dos eran igual de maniáticos.
En la noche, Sasuke le dio a Sakura una larga charla sobre llamadas telefónicas, autos listos para la carrera, y los mil peligros que pueden existir, para una mujer de veinticuatro semanas de embarazo.
―Voy a estar bien. Tranquilízate.
―No me pidas que no esté nervioso, Sakura. Este tipo de cambios no me gustan, y no sé, temo que algo malo te suceda. Sakura se acercó a él, y lo abrazó por la cintura.
―Estaré bien. No soy la primera ni la única mujer embarazada, te lo he dicho mil veces. Aunque sí creo que soy la única, que tiene a todo un ejército para asistirme, si siento una patadita ―dijo con una sonrisa burlona.
―No me culpes por querer protegerte. Si algo te llega a suceder me muero.
―No pasará nada ―prometió, plantando un beso en su pecho―. Llegaré siempre sana y salva a tus brazos. Sasuke la abrazó y la besó con devoción. Esa noche le hizo el amor con calma, tomándola con ternura, sin dejar de lado toda la pasión que sentía. La hizo sentir amada, y ella a él en cada beso, en cada caricia, y en cada sonido que sus bocas emitían. Se amaron como si no hubiera un mañana, porque para los amantes, el temor es siempre el mismo: perder a la razón de su existencia.
Los pequeños arbustos podados de forma rectangular y extendidos de tal manera que formaban una especie de cercado, al mismo tiempo que creaban figuras y daban la impresión de un espacioso laberinto, rodeaban un hermoso jardín en el que rosas, jazmines, orquídeas, lirios, agapantos y demás especies de flores, brillaban hermosas bajo los intensos rayos de sol. Sakura Haruno caminaba por entre los espacios formados por los arbustos, y levantaba su rostro para recibir el calor del sol en plenitud.
Llevaba un vestido blanco de seda, de delgados tirantes en los hombros, un poco ajustado en el torso y que abría bajo las caderas para caer libremente hasta sus pies descalzos. No sabía dónde se encontraba, ni cómo había llegado hasta allí, solo podía sentir una hermosa paz que la invadía y la reconfortaba. Caminó unos pasos más hasta el centro del jardín, y se topó con una figura negra sobre un enorme pedestal de piedra blanca. Era la estatua de un hombre con una gran capa con capucha negra, que lo cubría casi por completo, dejando al descubierto solo un rostro hermoso con los ojos cerrados y una expresión adusta.
Sakura lo contempló por un momento, sumergida en esas facciones que no parecían reales. De repente, la estatua abrió los ojos y la miró fijamente; eran de un color azul tan intenso, que parecían dos zafiros brillando en sus cuencas. Aturdida, y a la vez hechizada por esa mirada, quedó inmóvil, contemplando cómo la figura, que antes era de piedra, se convertía en un hombre, que, sin dejar de mirarla, saltó del pedestal y se situó frente a ella.
―Eres mía ―le dijo con voz firme y potente. Las palabras resonaron en su alma, y esta las reconoció como ciertas. Le pertenecía a ese ser ante ella, y se sentía dichosa por esa verdad.
―Me perteneces, Sakura. Ella levantó la mano para acariciarle el rostro, y reafirmar esas palabras, pero se horrorizó al verlo desmoronarse ante sus ojos. Esa estatua, ese hombre que ella tanto amaba, cayó al suelo convertido en cenizas, y el viento se llevó sus restos. Un grito desgarrador escapó de sus labios, al ver a su amado completamente destruido. Dio media vuelta para echar a correr, lejos de esa horrible visión, percatándose hasta entonces, de que el cielo se encontraba cubierto por remolinos de fuego, convirtiéndolo en un mar de llamas rojas.
Bajó la mirada y vio que las flores, antes radiantes, se hallaban marchitas y esparcidas por el suelo. Girando hacia su izquierda, corrió, presa de un terror nunca antes conocido. Frente a ella divisó un enorme castillo, hermoso en su estructura, pero descuidado y casi en ruinas en cuanto a sus detalles. De pronto, del techo de la torre más alta, emergió la figura de un ave plateada, gigantesca, que voló hacia ella con las alas extendidas. Sakura gritó horrorizada, y se agachó para cubrirse la cabeza.
―¡Huye! ―ordenó el ave. Solo pudo ponerse en pie y quedar paralizada, pues las piernas no le respondían. Observó que todo se volvía negro, desapareciendo a su alrededor, incluido el ruinoso castillo; al tiempo que la risa estruendosa y enloquecida, de una mujer, llenaba el espacio…
Se despertó sobresaltada, y con un grito saliendo de su boca. Había tenido el mismo sueño que hacía meses atrás, solo que las circunstancias habían cambiado. Ya no temía a la estatua que sabía era Sasuke, sino que la amaba, como sucedía en la realidad; desgraciadamente, él se desintegraba, y ella quedaba sola, con su mundo destruyéndose a su alrededor. Incluso el castillo desaparecía.
―El castillo… ―Fue entonces cuando la verdad llegó a su mente, y la golpeó con fuerza―. ¡El castillo! Se levantó de la cama de un salto, se colocó rápidamente la bata, y salió de la habitación, donde la esperaba Lissa para recibir sus órdenes.
―Señora, bue… ¿Qué sucede? ―preguntó la chica, asustada por el estado de exaltación de su señora.
―¿Sasuke?
―En Londres, señora. ¡Me está asustando! ―exclamó, corriendo tras Sakura, que había salido al pasillo en dirección a las escaleras. Becca se encontraba en el vestíbulo de la mansión, esperando a la nueva enfermera, cuando vio a Sakura bajar, demasiado rápido para una mujer en su estado, y dirigirse a la puerta principal.
―Señora uchiha, ¡por Dios! ¿Qué ocurre? Sakura la ignoró, así como a Lissa que corría tras ella, rogándole que se detuviera. Atravesó la gran puerta, y al llegar a la terraza, antes de alcanzar los escalones, se giró y miró hacia arriba, hacia la fachada de la mansión Gillemot. El castillo, ese que se notaba ruinoso en el sueño, era su casa, a la que Sasuke la había llevado a vivir luego de casarse.
Estuvo en ella todo el tiempo, y no se había dado cuenta; aun así, eso no era lo que la atemorizaba. El mismo sueño le indicaba, que el peligro que Sasuke representaba, había pasado. Ella lo amaba, y en él lo constataba; sin embargo, algo nuevo la llenó de pánico, de un horrible temor a perder todo lo que tenía, y lo más importante, a Sasuke.
La espantosa carcajada, cínica y burlona, de la mujer de su sueño, resonó de nuevo en su cabeza, y todo su cuerpo se estremeció.
―Señora Uchiha ―La voz femenina llegó desde atrás, haciéndola girar, sobresaltada―. Por fin nos vemos frente a frente. Ante ella se encontraba la que parecía ser la nueva enfermera, y sin lograr entender por qué, un escalofrío la recorrió.
