Capítulo 44

El cielo estaba ya completamente oscuro y ya no se escuchaba el bullicio, tan sólo las cigarras.

Se sirvieron una jarra más.

-¡Hey! - exclamó enfadado Kota - ¡Ya es tu puta décima jarra, maldito alcohólico!

-¿Qué más da? Probablemente será la última mierda que mi cuerpo digiera - dijo contento Kaito - Además, Mina se ha tomado ya 20 ¿¡A ella por qué diablos no le dices nada!?

La mujer dejó de beber lentamente mientras dejaba la jarra sobre la mesa con una gota tras la cabeza, sintiéndose incómoda por recibir miradas acusatorias.

-A ella la dejo tranquila - la miró con picardía - Necesita reponer fluidos ¿Es cierto que Trafalgar la t...

-Cállate - le contestó rápidamente la pelirrosa mientras le lanzaba la jarra de ron a la cara.

Ambos revolucionarios comenzaron a reír, lo cual era normal en el peligris, pero no tanto en el moreno. Se notaba que el alcohol empezaba a hacer efecto.

-Hablando de chicos guapos - dijo Kaito mirando a su lado - ¿Qué tal lo llevas, Sabo?

Ambos continuaron riéndose al ver a su amigo sonrojado y sin poder mantener su cabeza sin balancearla.

-¡Mira a nuestro jefe de staff! ¡Borracho como una cuba!

-Que ¡hip! os jodan... ¡hip! - balbuceó el rubio ya mareado.

-Es impresionante el poco aguante que tienes Sabo ¿No eres como dos años mayor que yo? - comentó Mina con una gota de sudor tras la cabeza.

-¡Oye Sabo! ¿Qué diría Dragon si te viese en ese estado? BAHAHAHAHA - exclamó el peligris mientras intentaba no caerse hacia atrás de la risa.

-¿Cómo diablos has conseguido ser el jefe de staff siendo tan imbécil? - preguntó el moreno con la cara ya roja por el alcohol.

-De verdad - suspiró Mina - No se puede salir con vosotros.

-¡Oye!...¡hip!...No es nuestra...culpa que tengas ¡hip! aguante de caballo - intentó justificarse Sabo mientras hacía gestos de borracho.

Los otros tres rieron.

-¡Venga! Si tenéis algún secreto es hora de decirlo en alto - comenzó a decir Kaito con alegría - Total ¡No es como si los muertos vayan a hablar!

-De acuerdo... - empezó a hablar el moreno - Yo tengo una... - empezó a mover la cabeza como un borracho - algo que contaros.

-¿Oh? - Sabo estaba sorprendido - ¿Qué diablos tienes que decir?

-Si nos vas a contar sobre los cadáveres que tienes en el armario, lo siento, pero los encontré la semana pasada - intentó bromear el peligris.

-Cállate imbécil - balbuceó - Llevo - empezó a contar con los dedos - Bah, da igual. El año pasado tuve una aventura con una mujer... y tal vez no fue la mejor idea.

-¡Romance! - exclamó Sabo.

-¡Déjame terminar, joder Sabo! - miró el contenido líquido de su jarra - Es una amiga de la infancia.

-Vaya - dijo irónica Mina - Me sorprende que seas un romántico.

-Cállate, no quiero escuchar eso de ti precisamente - sacudió la cabeza - El caso es que... es agente del CP9

Los tres escupieron ron al mismo tiempo.

-Antes de que me soltéis alguna tontería- los interrumpió - No soy tan gilipollas como para haberle filtrado ningún plan, es más, no sabe que estoy en la Armada Revolucionaria. Además, no es como que la busqué yo en ninguna ocasión.

-Y luego soy yo la imprudente por acostarme con un pirata - bromeó la pelirrosa.

-Bah, da igual, no sé nada de ella desde entonces. A lo mejor está muerta.

-Pfffff ¿Te imaginas que tienes un hijo secreto y no lo sabes? - bromeó Kaito.

-No seas imbécil, si tuviese un hijo creo que hace tiempo que lo sabría.

-¡Me pido ser el tío! - continuó molestándolo - Si mueres mañana prometo hacerme responsable de tu preciosa familia BHAAHAHAHA ¿Es guapa tu amiga?

-¡Que no tengo hijos, joder! Y no es mi mujer ni nada por el estilo, Califa es... Bah, qué más da. Tampoco va a importar.

-¡Yo también tengo un secreto! ¡hip! - cambió de tema el rubio.

-A ver qué diablos suelta este - dijo Kota.

-¡Mi sueño siempre ha sido ser pirata!

-¿Tiene algo que ver con Mugiwara? - preguntó con una sonrisa Mina.

-Cuando Ace, Luffy yo yo éramos jóvenes juramos que algún día saldríamos los tres al mar como piratas y viviríamos millones de aventuras - se acostó en el suelo y miró las estrellas del cielo - Ellos dos lo consiguieron, pero creo que yo me desvié del camino jaja.

-¿Por qué diablos todo el mundo está obsesionado con los malditos piratas? - preguntó Kota molesto mirando a sus compañeros - No son más que la escoria de la sociedad.

-A mi no me mires - Kaito se encogió de hombros.

-¡Te toca! - le señaló Sabo.

-¿Yo? Hmmm - se mostró pensativo - Bueno, me hice amigo del Comandante de la Primera División de los Piratas de Barbablanca ¡Marco es un gran tipo!

-¿A ti que no te mire de qué? ¡Otra vez con los putos piratas! - volteó su ojo bueno - Nos importa una mierda tu círculo de amistades ¡Cuenta algo interesante de verdad!

-Mmmmm... - jugó indeciso con sus manos - El otro día vi a Vegapunk de lejos durante la batalla del Reverie... cruzamos miradas de manera accidental

Mina miró a su compañero.

-¿Y cómo te sentiste?

-Mal. Es humillante pensar que a pesar de que me utilizó como sujeto de pruebas sigo albergando... ciertos sentimientos positivos hacia esa basura humana - desvió la mirada.

-No se puede evitar amar a la persona que te crió. A pesar de que nos hiciesen daño...

Ese sentimiento de amar a una persona que te había hecho tanto daño... Ella lo conocía de primera mano. Jamás le había contado a Law quién era ella, y era un milagro que éste aún no lo supiese, porque alucinaría si supiese la clase de relación retorcida que tiene con Doflamingo.

Pensó en él. Miró también al cielo. ¿Seguirá vivo? ¿Volverá a verlo alguna vez? Y si lo encuentra de nuevo... ¿Cómo reaccionarán ambos?

"¿Intentará matarme? pensó mientras se reía por dentro.

-Oh por dios - interrumpió el moreno - Vosotros dos y vuestro puto síndrome de Estocolmo.

Ambos rieron. Sabían que su compañero tan sólo intentaba hacerles sentir mejor. Tal vez era un capullo, pero lo querían tal cual era, y sabían que su forma tan desagradable de hablar no era más que un escudo para tratar de que no viesen el enorme dolor que soportaba en su interior. Sabían que su relación con Rob Lucci era parecida.

-¿Y qué hay de ti, Mina? ¿Una última palabra antes de morir?

Sonrió con los ojos cerrados, aún con la cabeza hacia el cielo y la jarra de ron en las manos.

-A veces pienso... qué habría pasado si me hubiese ido lejos. ¿Mi vida habría sido mejor si simplemente me hubiese conformado con una vida pacífica en alguna villa pequeña? ¿Podría haber trabajado en algo normal o incluso formar una familia?

-¿Te arrepientes de haber sido revolucionaria? - le preguntó Sabo.

Mina miró al rubio. Aquel día que habló con él por primera vez en aquel hermoso campo de girasoles en verdad había ido ahí para quitarse la vida. Pensó que lo último que quería ver tenía que ser algo hermoso, y los girasoles eran sus flores favoritas. Ese campo de girasoles fue un regalo de Doflamingo.

Sabo tal vez no lo sabía, pero él había salvado su vida aquel día.

Así que no, si ella no hubiese entrado al Ejército Revolucionario no hubiese tenido una vida tranquila y alejada de las guerras. No, porque ese día había tomado la decisión de suicidarse para acabar con el dolor. Sin Sabo ella no hubiese tenido ningún futuro alternativo, porque todo habría acabado ese día.

-Jamás - le contestó con una sonrisa.

Sabo le devolvió la sonrisa de forma alegre.

Y Mina pensó que mientras ese hombre continuase con vida, todo habría merecido la pena. Todo.

-¿Y qué hay de Trafalgar? - cambió de tema el rubio - ¿No te habría gustado irte con él?

Aquello lo pilló desprevenida. Pero sin embargo, sonrió con tristeza.

-Nunca tuve ningún tipo de esperanza, así que tampoco importa.

Sabo la miró fijamente con una sonrisa.

-Mientes muy mal a veces ¿Lo sabías?

-Sí - contestó ella más alegre - Pero duele menos si me miento a mi misma.

Los cuatro bebieron sus jarras hasta acabarlas.

-¿Sabéis una cosa? - comenzó a hablar Sabo - Sois lo mejor que me ha pasado en la vida, bueno, sin contar a Ace y Luffy.

-Por favor, no arruines el momento nombrando a esos dos - dijo Kota molesto.

El rubio se rió.

-Pero ahora enserio. Hemos pasado cosas... muy tristes juntos. Pero incluso con todos los malos momentos, me habéis hecho sentir... que somos familia. Y ese sentimiento hace que pase lo que pase mañana, jamás me arrepienta de haberos conocido.

Los tres sonrieron.

-Y ahí está nuestro jefe de staff favorito - dijo Kaito contento - Niño, juro protegerte hasta el último día de mi vida.

-No digas tonterías - dijo Sabo molesto - Viviremos. Los cuatro.

-Abandona ya ese estúpida esperanza de tu cabeza - le interrumpió Kota - Los tres somos conscientes de la mierda de mañana - sonrió, algo raro en él - Y estamos completamente dispuestos.

-No...Yo no...¿Por qué?

Mina le acarició el pelo desde el lateral, provocando que éste se girara confuso.

-Porque te queremos, tonto jefe de staff.


-Al día siguiente-

Sabo miró los cadáveres a sus pies.

Hacía horas que la batalla había comenzado. Una granada que se encontraba dentro del cuerpo explotó sin previo aviso. Se tapó la cara como reflejo, aún sabiendo que no podían hacerle daño porque estaba hecho de fuego.

Comenzó a correr para ayudar a sus compañeros. Mientras llegaba hasta su destino, miraba las caras de sus compañeros caídos, o de lo que quedaba de ellos. Recitó de memoria todos los nombres de aquellas personas que habían servido para la Armada Revolucionaria mientras evitaba permitir que las lágrimas recorrieran sus mejillas.

Salvó a Koala de un golpe fatal.

-¡Sabo-kun! - exclamó contenta.

-¿Estás bien? - preguntó nervioso - ¿Te han hecho daño?

Ella negó con la cabeza.

-No te preocupes por mi - señaló con la cabeza el lugar donde una enorme explosión acababa de sonar - Ellos te necesitan más que yo.

-Koala...

-¡Sabo-kun! ¡No es momento para esto!

El rubio volvió en si y asintió. Continuó su camino hasta llegar al enorme boquete que aquella explosión había formado.

Al oler la sangre y la carne quemada sintió que el vómito le subía por la garganta.

Decenas de cadáveres desmembrados o completamente desintegrados. Sangre y restos humanos desperdigados por todo el lugar... aquello era una carnicería.

De lejos pudo ver a Kaito, que luchaba contra decenas de agentes del Gobierno. Ayudó con sus llamas.

Ambos escucharon un rugido que les heló la sangre.

Se voltearon con el corazón casi en la boca.

-Urano...

El Gobierno finalmente había sacado el Arma Ancestral.

Una enorme bestia comenzó a rugir. Sabo jamás había visto nada parecido. El miedo los paralizó a ambos revolucionarios, que miraron los enormes dientes cubiertos de restos de seres humanos.

Sin que tuviese tiempo para reaccionar, Sabo no tuvo tiempo de esquivar el zarpazo mortal que iba hacia él.

Sin embargo, Kaito se puso delante de él, recibiendo las garras en la cara.

Sabo observó un enorme río de sangre que salía de la cara de su compañero. Éste gritó con dolor y se cubrió la cara rápidamente con las manos.

Sabo, tembloroso, intentó ayudarlo a sentarse de nuevo, para ver que su nakama había perdido los ojos y toda su cara había sido desgarrada. Si no moría desangrado, quedaría no solo deformado, si no ciego de por vida.

-Kaito... - le temblaba la voz. Y las manos. Y el cuerpo entero.


-Debe ser una broma... - dijo Mina mientras observaba aquella enorme bestia.

Eustass Kid y el resto de personas que se encontraban en su división se quedaron paralizados. Jamás habían visto semejante horror.

-Ni de coña... - consiguió articular el pelirrojo - Esto va a ser una masacre...

Mina volvió en sí y vio que aquella bestia estaba a escasos metros de Sabo y Kaito. Ambos estaban congelados.

Reaccionó rápidamente. Si no actuaba ya, ambos morirían.

Conocía perfectamente su cometido. Todos eran piezas prescindibles, menos Sabo. Él no podía morir bajo ninguna circunstancia, porque sólo él tenía el poder de unir a las personas bajo una misma causa.

Si ellos morían, se convertirían en mártires, pero si Sabo moría... la guerra acabaría ahí mismo, y no a su favor.

Agarró su espada con tanta fuerza que pudo sentir su propia sangre bajando por sus manos.

Se deshizo de todas las molestias que impedían que llegase hasta sus compañeros.

Dejó un camino lleno de sangre y cuerpos decapitados.

Escuchó la voz de Law, gritándole desde la distancia.

-¿¡PERO QUÉ COÑO HACES!? ¡ES UN SUICIDIO! ¡VUELVE!

Ignoró aquellas palabras y corrió con todas sus fuerzas.

Aquella enorme bestia estaba a punto de devorarlos.

Llegó justo a tiempo para darle un puñetazo con todas fuerzas y apartar su boca de sus compañeros.

Law observó desde la distancia.

Sabía que esa mujer tenía fuerza, y lo comprobó cuando golpeó a Kaido, pero aquello estaba a otro nivel.

Todos alabaron a la revolucionaria, emocionados al ver a su general en acción.

Pero lo que no sabían es que aquello fue demasiado hasta para ella. Aquel puñetazo había conseguido mover a la bestia, pero sintió cómo los huesos de su brazo derecho se convertían en polvo por completo.

Apretó la mandíbula por el dolor. No podía usarlo, estaba completamente roto, y eso que había usado haki de armadura, de lo contrario no sabía qué hubiese pasado.

-Mina... - escuchó decir levemente a Sabo. Abrazaba a su compañero con fuerza mientras la miraba completamente en shock.

Sus ojos estaban abiertos como platos.

-¿Qué...

Un mal presentimiento le hizo girar la cabeza, justo para ver como aquella bestia, que había disminuido de tamaño hasta ser como un oso, iba directa hacia ella a una velocidad demasiado rápida como para que escapara.

Sus reflejos rápidos provocaron que echara todo su cuerpo hacia atrás rápidamente.

Todo menos el brazo roto.