"Muffins de chocolate." Dijo Demelza a modo de saludo al subir a la ambulancia, colocando una bolsa de papel madera sobre las manos de Hugh.

"Hola a ti también." Hugh abrió el paquete e inspeccionó su contenido. "mmm… voy a salir rodando si me continúas alimentando de esta forma." Su compañero puso en marcha el motor de la ambulancia y partieron de la clínica hacia el lugar adonde esperaban. Demelza había nombrado a Hugh el catador oficial de Wheal Leisure, y todas las noches que tenían ronda le llevaba un dulce diferente para que probara y eligiera cuales le gustaban más para que Sam y Rosina los vendieran en su negocio cuando abrieran. El problema era que todos le gustaban, hasta ahora sus muffins, scons, pastel de peras, de manzanas, cookies de chips de chocolate, merengues, no habían recibido crítica alguna.

Hugh tomó el camino que los llevaría a Truro, era el lugar que el había elegido para esperar los viernes, cerca del centro y de los pubs. "Adonde hay más probabilidad que haya problemas." Tenía razón, nunca faltaba una noche en que no hubiera alguna pelea entre borrachos a la salida de un bar o que alguien se cortara, hasta habían tenido un par de accidentes de auto con conductores alcoholizados. Las noches del fin de semana eran las noches más movidas.

Demelza había sido muy afortunada en que la designaran a trabajar con él. Hugh era nuevo en la clínica, pero trabajaba como conductor de ambulancias desde hacía años y era enfermero también. Dwight lo había contratado porque había sido recomendado por la persona que donó el propio vehículo, Lord Falmouth, un hombre muy influyente en esa zona. Hugh era su sobrino. Pero más allá de eso afortunadamente tenía un excelente currículum. El y Demelza habían tenido chispa desde el minuto en que se conocieron.

"¡WOA!" Había dicho cuando se subió por primera vez a la ambulancia. "¿Tu eres Demelza Poldark?"

"Sí." – "¿la doctora Demelza Poldark?" había insistido con una gran sonrisa en el rostro, sin ningún disimulo.

"Casi doctora."

"Pues que afortunado soy. Yo soy Hugh Armitage, tu chófer y servidor." Había dicho estrechando su mano.

Así lo había conocido. Hugh era joven, dos años menor que ella. Era alto y de cabello castaño claro, de mirada dulce y voz agradable, pero que imponía respeto cuando llegaban a atender una emergencia. El conocía el trabajo, y había disipado los temores de Demelza al comenzar esa nueva tarea. Gran parte del trabajo consistía en esperar y en esos ratos libres Hugh le contó de su experiencia en emergencias. Le había aconsejado como actuar camino a su primer accidente y cuando una vez un ebrio se había querido pasar de manos Hugh lo había sentado con fuerza en la camilla y le había sujetado las muñecas. Se sentía segura y confiada con él a su lado.

Pero además de todo eso habían congeniado a nivel personal. Se había convertido en amigos tan rápido que a Demelza le pareció que lo conocía de toda la vida, aún cuando solo habían pasado un par de semanas. Hugh era un joven abierto y con una frescura parecida a la suya. La hacia reír a carcajadas con sus historias mientras esperaban con la radio encendida a que los llamaran, y la escuchaba con atención cuando ella contaba las suyas.

"¿Nunca pensaste en estudiar para ser médico?" le preguntó ella una noche mientras bebía un sorbo del té que Hugh llevaba siempre en un termo.

"No. Ese es un compromiso de por vida, y yo estoy en una relación pasajera. No pienso hacer esto toda mi vida. Me gusta, no me malinterpretes, ayudar a la gente, pero mi vida es la música. Tengo una banda. Tocamos cada vez que podemos en el bar de un amigo y estamos por lanzar un disco. Estudié enfermería porque necesitaba apaciguar a mi tío, de otra forma no me hubiera dejado seguir con la música, una profesión respetable y todo eso. Creo que no pensaba exactamente en enfermería y pretendía que siguiera sus pasos, abogado y economista, ¿te imaginas? Pero no pudo criticar mucho cuando le dije que quería ayudar a la gente. Y este trabajo me da el tiempo suficiente para perseguir mi sueño. ¿Cuál es el tuyo?"

"¿Mi que?"

"Tu sueño."

"Oh…" Demelza dudo desconcertada por tan complicada pregunta. – "No lo sé…"

"Todo el mundo tiene uno."

Ella lo tenía también. Y lo había estado viviendo hasta hace un tiempo.

"Supongo que mi sueño es que mi familia sea feliz, mis hijos crezcan sanos y que nada les falte." Hugh la había mirado con dulzura. "Y recibirme, claro. Tener mi propio consultorio… ¿Qué?"

"Nada, solo que eres muy bonita cuando te pones colorada. Pero supongo que eso ya lo sabías."

Ella se puso más colorada aún.

Hugh aparcó la ambulancia a un par de cuadras de los pubs en Truro, cerca del muelle. En la oscuridad no veían el mar, pero podían sentir el rumor de las olas llegando a la orilla.

"¿Todo listo para mañana?"

"Si. Será algo sencillo, sólo familia. Aún tengo que terminar el pastel. Ya sabes, Frozen."

"¿Elsa o Anna?"

"Elsa. ¿Cómo sabes el nombre de las princesas?"

"¿Bromeas? Amo las películas de Disney. Mi Olaf es excelente." Y así había pasado el resto de la noche imitando la voz del muñeco de nieve.

Ross entró a Nampara sin ser visto, no había nadie en el frente de la casa aunque podía escuchar la voz de su hijo en el patio trasero. Tampoco había nadie en la sala, así que se acercó a la cocina.

"Quizás podríamos ir todos."

"No lo sé, Caroline."

"Será divertido. También podrías invitar a tu hermano y a tu cuñada. Dwight habla muy bien de él, ¿sabes?"

Fue lo que llegó a escuchar antes de hacerse presente adonde estaban. Las dos mujeres levantaron la vista de sus tareas cuando entró, ninguna lo había escuchado.

"Oh, hola Ross." – Dijo Demelza y continuó decorando los canapés. Caroline estaba armando unas bolsitas con golosinas y sorpresas para que los niños se llevaran de recuerdo.

"Ross." dijo ella nada más.

"¿Dónde está todo el mundo?" preguntó, Caroline lo estudiaba de reojo.

"Aún es temprano." Respondió Demelza ya acostumbrada a su presencia.

"Dije que vendría a ayudar ¿no es así?" Recién habían terminado de almorzar, aún faltaban algunas horas para que llegaran las amiguitas de Julia, y él lo sabía, pero había dicho a Demelza que iría a ayudarla, de hecho quería hacerlo. La última vez… bueno, no iba a ser como en el cumpleaños de Jeremy. "Si, claro." Dijo ella sin más. "Julia se está bañando y Jeremy está con Andy en el patio."

"¿Verity está aquí?"

Demelza se llevó un dedo a la boca para probar la crema que agregaría a continuación. Caroline observaba el intercambio en silencio.

"Mmm… no no. Vino a dejar a Andy esta mañana y se fue a hacer unos recados. Vendrá con Andrew más tarde."

Bien. Pensó Ross. Hacía casi dos meses que no veía a su prima. No desde antes de ese día.

"¡Mamá!" la voz de Julia resonó desde el piso de arriba. –"¡Ahí voy!" gritó Demelza a su vez.

"Traje las bebidas que me pediste." Dijo mientras ella se desataba el delantal.

"Gracias Ross. ¿Puedes ponerlas en la heladera? Iré a vestir a Julia."

Demelza salió a ver a su hija dejando a Ross y Caroline solos. Ella lo había estado mirando con una ceja levantada pero no había intervenido en la conversación, de seguro ya le diría todo lo que pensaba a Demelza cuando él no estuviera. Ross apoyó en la isla el pequeño paquete que había traído para Julia y se fue a buscar las bebidas del auto moviendo la cabeza de lado a lado. Tuvo que hacer varios viajes del auto a la cocina y la amiga de su esposa aún no le dirigía la palabra. Ross abrió el refrigerador, estaba repleto. Intentó hacer un poco de espacio pero solo pudo guardar una gaseosa, tendría que guardar el resto en el freezer del cuarto del fondo. Saludó a Jeremy y a su sobrino mientras atravesaba cargado el patio. Los niños estaban jugando a la pelota, mientras Jud escuchaba la radio sentado a la sombra de la casa. "¿Vienes a jugar, papá?"

"Tal vez más tarde Jer, estoy ayudando a mamá. ¿Ya te bañaste?"

"Todavía no."

"Jueguen un rato más y luego te vas a dar un baño, tu hermana ya terminó." Dijo pero aún así pateó la pelota a los niños un par de veces. Cuando regresó Caroline aún seguía sola.

"¿Cómo van los preparativos para la boda, Caroline?" le preguntó. Ella le dirigió una mirada fulminante.

"Todo marcha sobre ruedas." Fue todo lo que dijo. Ross suspiró, estaba por decir que él no le había hecho nada a ella, pero justo entonces Demelza entró de nuevo a la cocina.

"Ross, Julia quiere que tú la peines." Ross tomó el regalo y subió a ver a su hija.

"Mámá, mamá. ¡mira lo que me regaló papá!" Julia corrió alborotada hacia su mamá y su madrina a mostrarles lo que le había traído su padre.

"¿Una tablet?" Exclamó Demelza y miró a Ross que había seguido a su hija. La niña estaba vestida con un bonito enterito corto de color rosa, y una remera blanca con broderie en las mangas. Ross le había hecho una trenza que cruzaba media cabeza y había dejado suelto la mitad del pelo. Había estado mirando tutoriales en youtube y practicaba cada vez que Julia se quedaba con él. "Se la iré a mostrar a Jeremy." Dijo y salió corriendo hacia el patio.

"¡No te ensucies!" le dijo Demelza antes de que desapareciera por la puerta.

"¿Una tablet, Ross?"

"El otro día mencionó que su amiga tenía una y la usaba para hacer las tareas." Se justificó él, sabiendo el regaño que se venía.

"La usan para jugar."

"Pero también la puede utilizar para la escuela."

Demelza volvió a sentarse junto a los canapés que la estaban esperando para que los terminara. "La próxima vez me tienes que preguntar." Jeremy apareció en la puerta llorisqueando. "¡Yo quiero una tablet también!"