I try to let go,
but I know we'll never end 'til we're dust
We lied to each other again!
but I wish I could trust!
My body aches from mistakes,
betrayed by lust...
We lied to each other so much
that in nothing we trust...
"Trust" (Megadeth)
John mentiría si dijera que sus ánimos no habían mejorado en esos meses, de hecho, se sentía lo suficientemente bien como para no levantarse en las mañanas sintiéndose asqueado de volver a la rutina otra vez. El último mes del año ya estaba en marcha y John esperaba que la nevada de ese año sea más abundante que el del año pasado, especialmente porque sería la primera vez que pasaría la Navidad sin sus padres y James era ahora la única persona que estaría con él. Claro, él y sus amigos, pues resultaba que su novio le caía bien a casi todo el mundo… excepto a Mike, quien se alejó aún más del rubio desde que supo sobre su nueva relación.
Ya no sabía nada de sus padres desde aquel día en el que, para la mala suerte de John, su padre los había encontrado en la calle y ellos no andaban en un plan tan de amigos que digamos. La discusión que resultó en casa aquella noche terminó con John en la calle. Frases como "No puedes tener lo mismo que tu hermana" o "Con qué clase de personas te habrás estado involucrando para terminar así", habían logrado romper todo lazo con su ya pequeña familia.
Fue duro, eso no lo negaba, después de haberse dedicado a ellos con el afán de ser buen hijo, terminar siendo echado de casa solo por tener una relación homosexual, le había hecho pasar uno de los peores momentos de su vida.
James Sholto resultó su pilar en esa etapa de su vida y lo apoyó por unas semanas acogiéndolo en su departamento. Pero John se sintió abrumado con el hecho de vivir con James tan pronto; sin embargo, mientras no tenía un empleo, no tenía mejor opción.
Su relación con él se sentía viento en popa, no se quejaba y, aunque tuvieron muchas oportunidades de dar un paso más íntimo al estar viviendo juntos, John realmente no lo permitió y James se había mostrado comprensivo con eso.
Cuando finalmente pudo conseguir un empleo de medio tiempo y pagarse un pequeño (muy pequeño) departamento, John sintió que por fin estaba siguiendo su camino. No se sentía solo del todo, no con el apoyo de su novio, a quien esperaba amar de verdad con el paso del tiempo.
Sussex no era como lo recordaba, muchas cosas habían cambiado o simplemente desaparecido, como la zona de Apicultura donde él solía ir cuando aún vivían ahí. Siempre se sintió intrigado por la crianza de abejas y asistir a ese lugar aprovechando la amistad de sus padres con el dueño, a Sherlock le ayudaba como si fuese una terapia; sin embargo, ahora que era un gran y estúpido club privado, Sherlock se sentía perdido.
No tenía casi nada en Sussex y sus pláticas con Molly pronto dejaron de ser lo suficiente para mantenerse sereno. En algunas ocasiones se sorprendía a él mismo llamándola a altas horas de la noche solo para escuchar su voz: "Estoy contigo, siempre estaré para ti, mantente sereno. No estás solo, recuérdalo bien, no estás solo. Te quiero, Sherlock, todos te queremos. Eres fuerte, puedes superar esto, no te rindas". Molly siempre le repetía esas mismas y para ayudarlo desde la distancia. Y funcionaba, lo tranquilizaban, pero también lo hacían sentirse como una carga para su amiga.
La compañía de Mycroft había sido inesperadamente cómoda las primeras semanas, especialmente porque no se veían mucho, Sherlock pasaba todo el día dentro de su habitación, tocaba el violín, navegaba por Internet o dentro de su palacio mental. Sí, las primeras semanas habían sido realmente buenos con la tranquilidad que se vivía en casa, algo extraño ya que él se aburría con facilidad, pero después de todo el ajetreo con sus sentimientos, parecía que Sherlock Holmes sí necesitaba de un poco de paz y tranquilidad después de todo.
Luego sus padres llegaron, ya que, por más que seas el mismo Mycroft Holmes, cuando los padres querían ver a sus hijos, no había poder sobre la tierra que lo impidiera, especialmente a la señora Holmes. Sherlock no se sintió a gusto, pero fue una gran distracción para él porque ya empezaba a sentirse afectado por la rutina y las paredes de su casa. Todo bien, hasta que ya definitivamente empezó a necesitar salir.
Extrañaba Londres, extrañaba perderse en las calles… y drogarse. Sobre todo eso, drogarse. Sussex había cambiado, pero las drogas no y él ya se sentía tentado de ir a conseguir un poco. Las palabras de Molly invadían su mente cuando esas necesidades se hacían presentes, pero ya no aguantaba, ya no podía más.
Comenzó una noche luego de hablar con Molly, esta le había puesto al tanto de todo lo que había pasado en Londres y lo entretenía leyéndole los casos que la policía no resolvía. Solían hablar hasta altas horas de la noche, pero esta vez, el rizado no podía sacarse de la cabeza la idea de conseguir un poco de droga, así que se despidió de Molly antes de lo acostumbrado y salió a escondidas de su casa.
Esas noches se repitieron cada vez más seguido hasta que la familia Holmes volvió a los mismos problemas de hace años. Sherlock se desaparecía por días y llegaba de repente ebrio y drogado por la madrugada. Mycroft solía ayudarlo, pero sus padres no eran tontos, ellos sabían bien lo que ocurría.
Mike le entregó los papeles y luego se despidió sin más, John odiaba eso, habían sido muy amigos antes como para acostumbrarse a volver a ser extraños otra vez.
—Mike, oye— lo detuvo tomándolo ligeramente del brazo —Eh… no hay nada en una hora, ¿por qué no me acompañas a comer algo? —
—Oh, lo siento, John, tengo cosas que hacer—
Mike sonrió y se volteó dispuesto a irse, pero John no dejó que se vaya.
—Mike, por Dios, ya paremos esto ¿quieres? Eres mi amigo, joder—
Mike volteó y John pudo ver la indecisión en su rostro.
— ¿Sherlock te dijo que no me hablaras? — preguntó el rubio
—No seas idiota, John—
—Entonces ¿cuál es el problema? Nos peleamos, pero eso fue hace mucho y Sherlock… — John aún no podía evitar sentir ese vació cada que pensaba en el rizado —Él se fue y es todo, no podemos seguir enemistados por las consecuencias de sus actos, Mike—
John quiso tener una buena conversación con el chico, pero lo había hecho muy mal, porque el gesto de Mike le había dicho que acaba de joder las posibilidades de volver a ser amigos.
— ¿Sabes? Debo irme, John—
—Oye, espera, ni siquiera tú lo has vuelto a ver—
—John, basta. Tú no tienes ni idea de lo que pasa y será mejor que se quede así, no vale la pena que intente convencerte de lo contrario—
Cuando Mike quiso retirarse, John volvió a detenerlo, pero esta vez lo tomó firmemente del brazo.
— ¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué es lo que no sé? —
— ¿Ahora quieres saberlo? —
—Maldita sea, sabes perfectamente que me enamoré de él y me afectó… —
—Irónicamente fuiste tú el que no confió en él, John— interrumpió Mike —Y fuiste el que más daño le hizo—
John lo miró en silencio por unos segundos, después de tanto tiempo, Mike insistía en la inocencia de Sherlock…
— ¿Él es inocente? ¿realmente lo es? —
Mike sonrió divertido, como tildándolo de imbécil.
—Sherlock desapareció, no está en la universidad, en las noticias no han mencionado el caso. Si es inocente, ¿por qué no lo ha demostrado? —
—Sherlock no está en Londres, John—
John sintió una punzada en su pecho cuando escuchó eso, no pudo evitar su sorpresa y… el dolor. Se había hecho la idea de que no volvería a ver a Sherlock, pero la ingenua esperanza muy al fondo de su corazón, le decía que en algún momento lo volvería a ver. Con esa noticia, esa pequeña esperanza se había esfumado y esa ausencia se sentía como si se hubiese arrancado el último pedazo de su corazón.
— ¿Qué?... —
—Sherlock no está aquí, no he conversado con él, pero sí con su hermano—
—Sherlock… ¿Sherlock tiene un hermano? —
Mike lo miró extrañado —Lo de ustedes realmente fue rápido y breve, ¿verdad? —
—Mike, ¿dónde está Sherlock? — John ignoró el comentario anterior —Él… ¿él volverá? —
Mike finalmente se deshizo del agarre de John y acomodó su mochila, estaban en el pasillo de la universidad, ambos saliendo de clases.
— ¿Para qué quieres saberlo? —
—Si dices que es inocente, me gustaría que él me explicara porqué—
— ¿Y eso le gustaría a James? —
John quedó sin palabras y eso fue suficiente para que Mike diera media vuelta y desapareciera de su vista.
Saber que Sherlock no estaba en la ciudad, o tal vez en el país, fue inesperadamente duro para él. Realmente había creído que lo había superado, pero la verdad era que lo extrañaba, sus ojos nunca dejaban de buscar rizos azabaches cuando estaba rodeado de gente y en ocasiones se había sorprendido a sí mismo recordando el primer beso que habían tenido. No podía evitar comparar los ojos azules de James con los de los increíbles ojos de Sherlock y que, cada vez que su novio intentaba animarlo para tener intimidad, John recordaba aquella noche con el rizado en su habitación.
Sherlock se había convertido en su secreto, uno que le daba vergüenza admitir incluso a él mismo, pero se convencía de que lo superaría tarde o temprano, pero ahora, al saber que era más que probable que jamás lo volvería a ver, se dio cuenta que pisar sus sentimientos e ignorarlos no había sido suficiente para seguir con su vida. Quería a James, lo quería mucho y esperaba llegar a amarlo como alguna vez lo hizo con Sherlock. Tal vez, ahora que toda esperanza había desaparecido, pueda definitivamente olvidarse de él.
—Sherlock, ¿a dónde vas? —
El rizado se detuvo por unos segundos, sorprendido por escuchar la voz de su hermano en medio de la oscuridad. No respondió, simplemente siguió su camino para abrir la puerta y desaparecer esa noche otra vez.
—Llamaré a nuestros padres si cruzas esa puerta— amenazó Mycroft
Sherlock sonrió de lado aun dándole la espalda —Llama a quien se te venga en gana—
El rizado abrió la puerta, pero en tan solo segundos, Mycroft se había acercado a él cerrándola de un golpe. El sonido se hizo eco por algunos rincones de la casa.
— ¡¿Hasta cuándo piensas repetir esta actitud rebelde sin sentido?! —
El mayor de los hermanos estaba al borde de su cordura desde hacía días, cuando Sherlock había pasado todos los límites y había gritado a todo pulmón a sus padres que odiaba ser parte de la familia, que prefería estar muriéndose de frío bajo un puente que seguir siendo un Holmes.
Si Mycroft no había dicho nada en aquella discusión, fue por el hecho de que sus padres estaban presentes y consideraba que eran ellos los que debían tomar la palabra en esos momentos. Sherlock no volvió en días después de eso y Mycroft había hecho lo imposible para mandar a Londres a sus padres convenciéndolos de que se encargaría de llevar a su hermano a rehabilitación, pues ahora Sherlock no tenía vergüenza de llegar drogado y oliendo a hierba por todos sus poros. Ellos habían accedido contra su voluntad, pero amenazando que no sería por mucho tiempo, puesto que le darían su espacio solo para ver si Mycroft podía manejarlo.
Si eso no funcionaba, los tres se verían en la necesidad de "arrastrar" a Sherlock para internarlo… y realmente era lo último que querían hacer.
—Deja de joderme, Mycroft, te lo advierto— amenazó
Mycroft alzó su brazo sabiendo de antemano dónde estaba el interruptor y encendió la luz. Sherlock hizo un gesto de molestia parpadeando varias veces.
—Vuelve a tu habitación ahora— ordenó con firmeza el mayor
—Púdrete—
Sherlock quiso abrir la puerta, pero su hermano nuevamente se lo impidió, esto hizo encender su ira.
—Mañana irás a rehabilitación, te compondrás y regresarás a los estudios. Nuestros padres no merecen… —
— ¡No me interesa esa mierda! —
— ¡Cierra la boca! ¡Eres irresponsable e insoportable! Demasiadas cosas te hemos permitido, ahora no es… —
El rizado no quiso escuchar, empujó a su hermano con fuerza quitándolo así de su camino, abrió la puerta y salió dando grandes zancadas; sin embargo, la mano de Mycroft tomó su hombro con fuerza para detenerlo, por lo que Sherlock volteó y pudo ver a su hermano a punto de articular palabra justo cuando su puño lo interrumpió repentinamente.
Tres hombres salieron de la casa directo a Sherlock y este enseguida se estaba preparando para repartir golpes contra ellos.
— ¡No lo toquen! ¡No se atrevan a tocarlo! — advirtió Mycroft inmediatamente, su labio sangraba
—Vete a la mierda, querido hermano—
Fue lo último que dijo para finalmente alejarse de ahí a paso rápido, esa era la última vez que pisaría su casa, estaba seguro. Esa noche él salía con la intención de no regresar, ya lo había decidido, volvería a Londres y se refugiaría en esos callejones sin importarle si en alguno de esos días él no amanecería vivo. Había robado la tarjeta de Mycroft antes de salir, así que su primera parada había sido un cajero automático, donde sacó todo el dinero permitido en una sola operación.
Procuró tener droga en vena antes de ir a la carretera y pedir un aventón, siendo el cuarto vehículo el que lo aceptó. Un tipo con una vieja camioneta lo hizo subir. Sherlock pasó la mayoría de la noche despierto escuchando las aburridas historias del desconocido conductor, quien no resultó tan pesado como sus historias, puesto que le compartió un buen recibido cigarrillo de marihuana.
Llegar a Londres no resultó tan difícil como se lo había imaginado hace unos meses, aun pensaba en John, era difícil olvidarlo especialmente cuando su mente no estaba ocupada y no tenía mejor decisión que traer los recuerdos del rubio. Por eso también le era útil las drogas, ya que lograban mantenerlo al margen, porque entre los recuerdos de John y sin casos que resolver, Sherlock se volvería loco.
Nadie sabía de su presencia en Londres, ni Molly, ni Mike, ni nadie en absoluto. El día era frío y no tenía ánimos de querer caminar con tanta gente alrededor. Con las drogas encima su mente se hacía insoportable e incontrolable, prefería salir durante la cómoda noche y escabullirse por lugares menos concurridos.
Se había ido de casa solo con lo que llevaba puesto, su pantalón negro, sus botas, una chaqueta de cuero con caperuza, un encendedor y la tarjeta de Mycroft. No se había molestado en llevar una mochila, sabía que le estorbaría tarde o temprano y ni hablar de su teléfono celular, puesto que no le interesaría hablar con nadie.
Según las actualizaciones que le había dado Molly, Sherlock pudo deducir que la policía había ido detrás de todo lo que se relacionaba con Jim Moriarty, por lo que no se sorprendió cuando encontró clausurado el local de Irene Adler. Así que, esperó a que unos peatones se alejasen lo suficiente para luego romper el vidrio de la ventana, con eso no podría abrir la puerta, pero podría apostar lo poco que tenía a que Irene se encontraba dentro.
Sonrió cuando la escuchó acercarse gritando todo tipo de maldiciones, las cuales se detuvieron cuando ambos se miraron a los ojos.
—Mierda… estás vivo, hijo de tu puta madre—
—Yo tampoco te extrañé— respondió Sherlock
Cuando Sherlock finalmente estuvo dentro del local, no pudo evitar observar con nostalgia lo bien que alguna vez la había pasado ahí.
—Esto es tu maldita culpa. Cerraron mi local y luego me encerraron a mí— dijo ella mientras sacaba una cerveza de la nevera para lanzársela, Sherlock la atrapó sin problema
—Pero saliste airosa por lo que veo— le dio un sorbo a su bebida — ¿Puedo saber cómo? —
—Bueno, digamos que sé qué es lo que le gusta al juez que tenía mi caso—
Sherlock entrecerró los ojos esperando a que Irene explicara su respuesta.
—El bar no era mi único negocio, Sherlock, no soy estúpida. Con tanta droga e imbéciles cerca, esto tenía que pasar en algún momento—
—Y ese negocio… —
—Sé lo que a la gente le gusta y sé cómo cumplir fantasías—
—Oh— Sherlock asintió con la cabeza mientras bebía nuevamente —Puta—
Irene comenzó a reír —No seas idiota, no me acuesto con nadie, no es necesario—
Los ojos de Irene se dirigieron a un lado de Sherlock, haciendo que este volteara en aquella dirección. Una esbelta muchacha estaba recostada en el umbral de la puerta que daba al pasillo directo a su habitación.
— ¿Interrumpí algo? — preguntó Sherlock con una sonrisa
—No, trabajamos a domicilio—
Sherlock se sentó en uno de los muebles, el local ahora había sido acomodada de manera acogedora, como un improvisado departamento.
—Por cierto, Sherlock, ¿qué pasó con John Watson? —
Si a Sherlock le había jodido que alguien le haga recordar al idiota de John, él simplemente lo ignoró.
—No lo sé— respondió sin más
Irene lo miró por unos segundos y luego se cruzó de brazos mientras sonreía de lado.
—Me enteré de lo que pasó con él y con Moriarty—
—Entonces no me preguntes lo que ya sabes—
—Tal vez no pregunté correctamente, lo que quise decir fue: Aún sigues enamorado de él, ¿verdad? —
Sherlock emitió una risa burlona —Además de puta, eres estúpida—
Irene rió divertida para luego acercarse al rizado y sentarse en sus piernas lentamente.
—Sherlock Holmes es ahora un drogadicto con tendencias suicidas, eh— se acercó a su rostro para susurrarle —John Watson te dejó y todos tus muros cayeron, si eso no es amor, entonces dime lo que es—
Sherlock pasó las siguientes semanas con Irene y por las noches se perdía entre algunos conciertos, drogas y alcohol, gastando el dinero que tenía como en los viejos tiempos. En ocasiones acompañado de Irene y algunas amigas y otras simplemente solo. Durante esas semanas, Sherlock se sorprendía a si mismo dándose cuenta que había logrado no pensar en John en varios días, eso le hacía pensar que finalmente lo estaba superando.
Había sido difícil, pero al final, las cosas pasan y se olvidan ¿verdad? Solo debía ser paciente y en este caso, ocupar la mente en cualquier otra mierda para evitar volverse loco.
La nieve empezó a caer esa noche, apenas un poco, pero ya empezaba y eso hacía sonreír a John. Miraba por la ventana de su pequeño departamento mientras se acomodaba la bufanda, se vería con James en veinte minutos y estaba con la hora justa. Caminar con ese frío era terrible, pero las calles poco a poco empezaban a tener color a medida que las fiestas se acercaban, John lo adora, le gusta esas épocas en las que todos sonríen y olvidan los problemas por un rato.
Vio a su novio a lo lejos esperándolo frente a la cafetería que le había indicado esa mañana, traía las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta y su gorra de lana de color rojo y una gran bufanda gris. Tener un novio con buen estilo atraía miradas de las chicas, era una suerte para él que James fuera completamente gay.
—Joder, ¿ya es Navidad? — dijo James cuando John se acercó
— ¿De qué hablas? — John lo besó
—Se ve más guapo de lo normal, doctor Watson—
Ambos sonrieron divertidos para luego ingresar a la cafetería, este era pequeño, pero con grandes ventanas, ellos se sentaron al lado de una, en un cómodo sillón de dos cuerpos. Pidieron un par de cafés y empezaron a charlar, era como cualquier otra salida que tenían, excepto por la noticia que James le dio: Lo mandarían a la guerra el año entrante. John no sintió su corazón romperse, debía admitirlo, pero no quería que James se alejara, especialmente si corría el riesgo de no volverlo a ver.
—Pero… ¿no hay manera de que…? —
—Son órdenes, John y se supone que estoy ahí para hacerlo. Todo saldrá bien, amor, tranquilo—
—James, estás diciendo que te irás a una maldita guerra ¿cómo quieres que esté tranquilo? —
—Mira, con suerte, saldré herido en los primeros días y me enviarán de regreso— James sonrió divertido
—Eso no es gracioso, imbécil—
James suspiró y John lo condenó con la mirada.
—No hay nada que pueda hacer, excepto de disfrutar estas fiestas contigo—
John posó su mirada en el café, realmente no quería perder a James, ya había dejado ir a alguien importante en su vida y no quería pasar por lo mismo otra vez.
—Hey— susurró James, John lo miró — ¿Por qué no pasamos la Navidad con mi familia? —
— ¿Qué? No, James, eso es muy pronto, yo… no puedo —
—Te amo—
John se quedó en silencio mirando los ojos azules de su pareja, sabía que debía responder y de verdad quería responder un "también te amo", pero mierda, se le hacía difícil hacerlo ya que… no lo sentía.
James sonrió divertido, aunque se podía entrever el dolor en su mirada.
—No tienes que responderme ahora, John, sé que… — hubo una pausa —Sé que aún estás dolido por tu última relación y yo prometí esperar—
—James, no, yo… —
—No, no, no. Yo quiero que esto se haga bien, ¿de acuerdo? Eres… — John pudo ver una tímida y nerviosa sonrisa en el rostro de su novio —Tú eres la primera persona de la que me he enamorado de verdad—
John debería sentirse feliz por haber escuchado eso, debería sentirse dichoso en realidad, pero su mente solo le mostró una cosa: Sherlock Holmes… Cada vez que intentaba dar un paso importante con James, Sherlock siempre aparecía en sus pensamientos y, maldita sea, John sentía odiarse por no olvidarlo a pesar de saber que jamás lo volvería a ver.
—James… — susurró John —Ven aquí—
Sin saber qué más decir, John lo besó y lo hizo con cariño, con mucho esmero porque se lo merecía, James Sholto merecía ser correspondido.
Los besos llevaron a algo más luego de unos minutos, así que prefirieron parar obligatoriamente, hacerlo en una cafetería no estaba bien visto después de todo. John había evitado esa intimidad todos esos meses de relación, y para ser sinceros, el rubio en realidad sí quería hacerlo, pero entraba en pánico cuando no podía evitar pensar en Sherlock, en comparar ambos cuerpos. Él quería hacerlo con James, con su novio, deseándolo a él y no a Sherlock Holmes.
Salieron de la cafetería tomados de la mano, caminarían a paso lento tal vez hasta la plaza y de repente se animarían a hacer algo, un karaoke, al cine, al teatro, lo que sea. Sus citas siempre eran así de improvisadas y ellos lo amaban; sin embargo, esa noche, quizás John se sentía bastante conmovido por las palabas de James o tal vez por saber que se iría a la guerra sabe Dios por cuánto tiempo. No estaba seguro, pero lo que sí sabía, era que quería pasar la noche con él. Esta vez estaba decidido, esta vez lo haría.
Seguían tomados de la mano, por lo que John se detuvo y jaló de James hasta tenerlo frente a él, a este le sorprendió la repentina actitud de su novio y no pudo evitar reír divertido por ello. John lo tomó de la cintura para pegarlo a su cuerpo y levantó el rostro y lo miró con una seductora mirada, James era más alto que él, pero eso no le impedía seducirlo solo como John Watson sabía hacerlo.
— ¿Qué le pasa al doctor ahora? — susurró James acercando su rostro lentamente a John
—Sabes que me haces ver como un maldito enano, ¿no es así? —
James rió divertido —Yo creo que eres un enano adorable—
—Bueno, yo creo que este enano quiere… —
El sonido estridente de llantas en derrape seguido inmediatamente de un golpe seco sorprendió a todos en la calle. John volteó y logró ver el segundo exacto en la que el cuerpo de alguien caía por el borde del auto que, sin duda alguna, lo había atropellado. La gente empezó a amontonarse rápidamente y el rubio, aunque tardó un poco en reaccionar, no dudó en correr para auxiliar a la víctima. Él era un futuro médico después de todo.
— ¡¿Qué rayos estabas haciendo?! — gritó el conductor apenas bajó de su vehículo
No había rastro de sangre en el auto, ni el parabrisas estaba dañado, pero John sabía que eso no significaba necesariamente buenas noticias.
— ¡A un lado! — John se hizo paso entre las personas empujándolas
Aquella persona, claramente un joven, intentaba levantarse del piso, estaba boca abajo y traía la caperuza de su chaqueta aún puesta, la gente a su alrededor prácticamente le rogaban que no se moviera.
—Oye, cálmate, tranquilo— dijo John una vez que se acercó, lo tomó por lo hombros para tratar de inmovilizarlo, pero este hizo caso omiso y volteó a verlo —No te muevas o podrías… —
John quedó inmóvil cuando lo vio, sintió como si su corazón hubiese decidido dejar de latir y su cuerpo hubiese olvidado cómo respirar. Ahí estaba frente a sus ojos, Sherlock. Ahí, frente a él, corpóreo, real.
Sherlock lo quedó mirando con un gesto que más se acercaba a una especie de pánico que a una sorpresa, parecía alterado y hasta desorientado.
—Sherlock… — susurró John como no creyéndolo real
No podía dar crédito a lo que veía, ese era Sherlock, su Sherlock… pero diferente. No logró ver la elegancia innata que el rizado derrochaba, ni esa mirada altanera o su actitud egocéntrica.
Entonces, luego de ese breve momento, Sherlock se levantó rápidamente haciendo un gesto de dolor, John no pudo moverse, solo atinó a seguir con la mirada a Sherlock hasta que este se hizo paso entre la gente caminando lo más rápido que podía cojeando de la pierna derecha.
— ¡Oye! ¡Espera! —
Los gritos del conductor del auto sacaron a John de su impresión, se levantó y buscó a Sherlock con la mirada, lo vio voltear la esquina mientras que el conductor iba tras él para alcanzarlo. Fue ahí que sintió su corazón empezar a latir rápidamente, como si de repente estuviese en una maratón, fue tan repentino que sintió marearse ligeramente.
— ¿John? — James lo tomó de los brazos mirándolo preocupado — ¿Estás bien? ¿Qué te ocurre? —
John tomó aire profundamente para calmarse, su mente empezó a gritar que vaya tras Sherlock, que lo siguiera, que lo busque, que comprobara que no había sido su imaginación ¡Sherlock estaba en Londres! ¡Había estado justo frente a él!
—Debo… James, debo irme, lo lamento—
Pero no, no lo hizo. Por el contrario, empezó a caminar rápidamente como huyendo de sus pensamientos, James lo siguió de inmediato, claramente estaba confundido por todo lo sucedido.
— ¿Quién era? ¿Lo conoces? —
John negó con la cabeza a pesar de saber que James no le creería.
—John, joder, ¿qué pasa? ¿dime qué ocurrió? Te pusiste pálido cuando lo viste… ¿John? — el rubio no contestó, seguía caminando con su mirada fija al frente, su mente le mostraba el rostro de Sherlock una y otra vez —John— dijo James con firmeza para luego tomarlo del brazo —Dime quién es, dime qué pasó—
Sherlock se aburre, él no puede permanecer en un solo lugar por mucho tiempo, especialmente si ese lugar no puede seguir sus propias reglas. Por eso, luego de pasar tanto tiempo bajo el techo de Irene, Sherlock había decidido no volver. Irene no le dijo nada luego de que no volvió en varias noches, ella lo conocía y preguntarle no serviría de nada.
El rizado ahora pasaba las noches en donde cayera o en cualquier lugar donde pueda abrigarse del frío, estaba solo, con la ropa sucia después de haberla usado por tanto tiempo y con ya muy poco dinero. No había recibido ni una visita de Mycroft ni intento alguno de comunicación con él, no era que le importara, al contrario, agradecía que por fin lo hubiesen dejado en paz.
Casi no comía, su cuerpo vivía prácticamente con cerveza y drogas, que ahora consumía controladamente porque el dinero estaba por terminarse. Había pasado mucho tiempo desde que regresó a Londres, no sabía cuánto exactamente, no estaba seguro siquiera de la fecha actual, lo único que sabía, era que John Watson ya no vivía con sus padres.
Había ido a la calle donde vivía el rubio y había esperado verlo; sin embargo, no pasó mucho para deducir finalmente que él ya no estaba ahí. John era una persona muy protectora con las personas que quería, por lo que su salida no significaba otra cosa que una ruptura familiar.
No, no se atrevería a buscarlo, suficientemente bajo había caído con ir a verlo a escondidas como para ahora buscarlo por todo Londres. John Watson no era quien había creído, lo había engañado y traicionado, ¿por qué tendría que ir tras de él?
Porque lo amo, porque, a pesar de todo, no puedo dejar de pensar en su mirada, en sus besos o sus caricias. No me importa que no me ame, yo lo hago y es lo más hermoso y satisfactorio que he tenido en esta maldita vida.
Una puñalada en la espalda, así se sentía cada vez que admitía estar imposiblemente enamorado de John Watson.
Aquella noche en la que gastó el último billete que tenía, Sherlock caminaba pensativo y a paso lento, tenía un cigarrillo entre los dedos y la caperuza cubriendo su cabeza. Sabía que su aspecto daba miedo, había adelgazado de manera alarmante esos meses que su pantalón le quedaba ligeramente suelto y su palidez debía ser aún más notorio, de eso estaba seguro. Además, con el olor que de seguro desprendía y la ropa en ese estado no era extraño que la gente lo mirara con recelo cuando lo veían venir.
Pensaba ir al local de Irene, no quería pedir favores, él no hacía eso, pero sí le gustaba cobrarlos, así que, luego de defender a Irene de un tipo en un concierto, Sherlock había decidido que ese era un buen momento para cobrar su favor.
Dobló una esquina entrando a la avenida, el olor a café lo golpeó haciendo que inhalara profundo, esa calle era conocida por tener cafeterías bastante concurridas. Varias personas pasaron por su lado sin prestarle mayor atención, hasta que un par de hombres que venían en dirección contraria a él pasaron por su lado comentando frases homofóbicas entre ellos. Sherlock traía la mirada en el pavimento todo el rato, así que, al escucharlos, no pudo evitar alzar la mirada, volteó a verlos por unos segundos para luego llevar su mirada al frente… Sus ojos cayeron en dos jóvenes justo al frente de una cafetería. El rizado siguió su camino sin parar hasta que, al estar a cierta distancia, sus ojos se abrieron en su totalidad…
Ese era John… John Watson… con otro hombre y tomándolo de la cintura, con sus rostros cerca, sonriéndose, hablándose en secreto.
Todo ese tiempo, Sherlock había procurado haber construido un gran muro de piedra a su alrededor para proteger sus sentimientos, su corazón, su cordura y todo lo que poco que le quedaba en pie. Pero ver a John con otro hombre le había hecho ver que, en realidad, su gran muro no era nada más que una fantasía, que nunca lo había superado, que verlo con otra persona era increíblemente doloroso y que, si no desaparecía de ahí de inmediato… o si los ojos de John lo vieran…
Y entonces, sin saber por qué, Sherlock entró en pánico, tuvo miedo y el dolor de ver esa escena le estaba destrozando por dentro de tal manera que sus ojos amenazaban con derramar vergonzosas lágrimas. Sherlock dejó caer el cigarrillo sin darse cuenta y caminó a paso rápido cruzando la pista sin detenerse a mirar. Entonces cuando llegó a la siguiente pista, Sherlock no tuvo tiempo ni siquiera de preguntarse qué se supone que estaba haciendo huyendo como un niño asustado, pues un fuerte golpe lo sorprendió de repente. Todo pareció dar vueltas y en segundos chocó contra el capot de un auto para luego caer pesadamente al piso.
Su pierna derecha empezó a doler como los mil demonios, había caído de costado ocasionando que su brazo izquierdo sufriera por el impacto. Cerró los ojos con fuerza no sabiendo qué era lo que le dolía más, se arrastró poco a poco intentando pararse. Lo único que venía a su mente era que debía salir de ahí, que, a pesar de haber sufrido ese accidente, era más importante desaparecer y evitar volver a ver a John con ese maldito hijo de puta, sea quien carajos sea.
— ¡¿Qué rayos estabas haciendo?! —
Sherlock escuchó gritar al conductor del auto, luego todos los que lo rodearon empezaban a pedirle que se quedara quieto, pero él no hizo caso, quería irse, necesitaba irse.
—Oye, cálmate, tranquilo—
Escuchó detrás de él al mismo tiempo que lo tomaron por los hombros, él volteó de manera inconsciente para poder liberarse.
—No te muevas o podrías… —
¿Acaso había pasado tanto tiempo como para no haber reconocido la voz de John? No lo sabía, pero verlo a los ojos había sido un detonante en su interior. Los recuerdos, el deseo de abrazarlo, el odio a sí mismo y al mismo John, todo se acumuló en él rápidamente. Quería gritarle y golpearlo, quería besarlo, decirle que aún lo amaba y que lo extrañaba como no tenía ni una puta idea.
—Sherlock… — susurró John
Entonces Sherlock reaccionó, se levantó poniendo todas sus fuerzas soportando el dolor y se hizo paso entre la gente. No volteó, no dijo nada. Su pierna derecha dolía y no podía evitar cojear cuando se apoyaba en ella, pero debía irse, debía desaparecer, quería huir.
— ¡Oye! ¡Espera! —
El conductor lo siguió hasta que dobló la esquina, el tipo lo detuvo y Sherlock se rindió apoyándose en la pared. No, definitivamente no podía seguir caminando.
— ¡¿A dónde vas?! ¡Debo llevarte al hospital! —
—Lárgate— dijo Sherlock a duras penas
—Vamos, debo llevarte a emergencias—
El tipo intentó tomarlo del brazo para apoyarlo en su cuerpo, pero Sherlock lo empujó con molestia.
— ¡Te he dicho que te largues! —
—Pero… —
—No quiero tu ayuda ¡¿qué no entiendes, imbécil?! —
—Joder, solo eres un maldito drogadicto— el tipo lo miró con desprecio —Si mueres le harás un favor a la sociedad—
Sherlock intentó golpearlo, pero con el dolor en su pierna no fue lo suficientemente rápido, el tipo solo se alejó un poco mirándolo con desprecio hasta que finalmente se fue sin insistir más.
El rizado se quedó recostado contra la pared por un rato más, mientras revisaba no tener alguna fractura, solo para asegurarse. Aquel golpe había sido fuerte ocasionando que rodara sobre el auto, pero no lo suficiente como para comprometer algún hueso, el dolor en su pierna era por el fuerte golpe que había sufrido el músculo. Podría manejar eso.
Se acercó un poco a la esquina luego de unos minutos, la gente ya se había ido, el auto también y John igual. Se sintió como un imbécil cuando le dolió ver que seguía siendo insignificante para John, tanto que no le había importado buscarlo para saber cómo estaba. ¿Qué esperaba después de todo? John había sido bien claro aquella noche, él no había sido nada más que un revolcón sin valor.
Esta era ya la sexta vez en esos días que había discutido con James, John había perdido la paciencia con él y le había exigido que detuviera su ridículo interrogatorio: "¿Ahora sí me contarás quién fue ese chico?", "Lo conocías, ¿verdad?", "¿Por qué no quieres hablar de eso? Estás raro desde ese día", "¡¿Por qué tienes que enojarte cuando toco ese tema?!".
Pero, ¿qué se suponía que le diría?: Pues, verás James, es Sherlock Holmes, el tipo que me engañó y me utilizó, creí que lo había superado, pero ahora que lo he vuelto a ver resulta que mis sentimientos no han cambiado y tú, para serte sincero, siento que me estás estorbando porque mi corazón me pide a gritos que lo busque y que a ti te mande a la mierda a pesar de ser un novio maravilloso. Lo siento James, pero mi corazón manda y tú no eres a quien quiere.
No, definitivamente no podía decirle eso, en cambio solo debía disimular, aunque era claro que lo estaba haciendo terriblemente mal. No sabía exactamente lo que James pensaba, pero sabía que estaba preocupado. John no quería hacerle daño, pero habían pasado casi dos semanas desde que había visto a Sherlock y no había podido sacar de su cabeza al rizado. Se sentía como un cobarde, primero porque lo había dejado ir a pesar de saber que había sufrido un accidente, y, en segundo lugar, porque no se había atrevido a, si quiera, intentar saber dónde buscarlo.
Cuando James detuvo la moto en una luz roja, John bajó y se sacó el casco rápidamente, se lo entregó de mala gana y se alejó molesto, prefería volver a casa solo que seguir con la discusión en el camino. James no lo siguió esta vez y eso no lo molestó, por el contrario, lo agradeció. De verdad quería estar solo. La nieve ya había estado cayendo con más notoriedad desde hace unos días, pero ya nada tenía el color de antes, nada podía parecerle hermoso si seguía con esa culpa y ese remolino de emociones.
Preguntarle a Mike no había funcionado, él no le había dicho nada y cuando le contó lo sucedido, pudo darse cuenta que era probable que este ya estaba enterado, pues no vio sorpresa en él. Mierda, casi le da un puñetazo a Mike por ser tan hijo de puta con él, ¡¿acaso no podía ver que se estaba muriendo?!, ¿no podía ver que aún estaba enamorado?... eso, sumado a que John había tenido pesadillas la mayoría de las noches, asistía a clases, pero su mente constantemente desaparecía de ahí y, para empeorar las cosas, había reprobado tres exámenes hasta el momento. El rubio sentía que estallaría si no hacía algo al respecto.
Tal vez, el que James no lo siguiera esa noche había sido lo mejor, porque sin darse cuenta, John cambió de dirección y de pronto se encontraba caminando de vuelta a la avenida para tomar un taxi…
Encontraría a Sherlock esa noche o al menos lo intentaría en las zonas al que el rizado lo había llevado antes.
—Debo estar loco— susurró para sí mismo —Debo estar completamente loco—
Miraba por la ventana, movía su pierna sin cesar en un intento de calmar su ansiedad. Debería estar en casa estudiando porque, para su mala suerte, tenía otro examen al día siguiente y no tenía idea de lo que se trataba. Había asistido a clases, pero su mente se había ido de paseo pensando, por supuesto, en Sherlock. Si era culpable, ¿por qué estaba Sherlock libre en las calles?, la última vez que había escuchado del caso fue cuando el rizado era continuamente buscado por la policía. Ahora, después de meses, ¿qué había ocurrido? ¿resultó que no era culpable acaso? ¿Y todas las evidencias que había visto en dónde se quedaban?
John no podía tener paz, no hasta que el mismo Sherlock le aclare todo lo sucedido.
Hablar con Angelo no había resultado tan útil como había creído, ni mucho menos cómodo, este había sido completamente explícito en decir que todo lo que ocurrido era una trampa, que Sherlock jamás haría semejante cosa y que los medios habían sido nada más que carroñeros. John no pudo sentirse peor porque ahora la culpa se estaba haciendo un espacio dentro de él al empezar a considerar que realmente estuvo equivocado todo ese tiempo.
"Si Sherlock desapareció debió ser necesario, John, créeme, él sabe lo que hace. Le haces un bien apoyándolo. Espéralo, tal vez se contactará contigo pronto". John no le había contado todo el problema, solo a grandes rasgos, por lo que Angelo creía que aún ellos estaban juntos. El rubio no quiso decir más por obvias razones.
Esa noche visitó los pocos lugares que había ido con Sherlock y la esperanza de encontrarlo lo abandonaban a medida que pasaba el tiempo. Nadie la daba razón o simplemente lo ignoraban, John no conseguía nada, la madrugada entraba a las tres de la mañana y él seguía tan perdido como al principio.
Ya se estaba dando por vencido, así que, solo para probar suerte, intentó preguntar por el rizado por última vez.
—Hola, oye… —
— ¿Cuánto? — interrumpió el tipo con jean gastados, claramente un vendedor de drogas
— ¿Disculpa? —
— ¿Cuánto quieres? —
—No yo… ya compré, gracias— John intentó "mezclarse" aunque fallara estrepitosamente —Estoy buscando a alguien… Sherlock Holmes ¿lo has visto por aquí? —
— ¿A quién? —
—Sherlock Holmes, es alto con cabello rizado, delgado… —
Luego de unos incómodos segundos de silencio, el tipo sonrió de manera burlona mirando a John de pies a cabeza.
—Si no vas a comprar nada, mejor lárgate—
—Solo dime si lo has visto por aquí— insistió John
— ¿Por qué te diría dónde está ese marica? —
Bien, John sabía que habría gente que pondría a prueba su paciencia, este era uno más en la lista de la noche.
—De acuerdo— dijo más para sí mismo —Olvídalo—
John volteó para irse de ahí antes de que sus ganas de golpearlo le ganaran, pero antes de dar el primer paso, una joven de cabellos negros pasó por su lado.
—Dame lo de siempre—le dijo ella al vendedor
Los ojos de aquella joven cayeron en él a los pocos segundos y una sonrisa se dibujó en aquel fino rostro femenino. John no pudo evitar apreciar la belleza que tenía frente a sus ojos, pero su mente ahora estaba muy ocupada como para sacar sus conocimientos seductores, así que la impresión no pasó de ese momento.
Ah, y tenía novio, no debía olvidar eso.
El rubio se hizo a un lado para seguir su camino, pero la voz de aquella mujer lo detuvo.
—Así que buscas a Sherlock Holmes—
John volteó de inmediato sin ocultar su sorpresa en su mirada.
— ¿Lo conoces? ¿Lo has visto? —
—Tal vez— respondió ella recibiendo su pedido en sus manos — ¿Quién lo busca? —
—Soy un amigo—
Su respuesta obtuvo una extraña respuesta, tanto ella como el vendedor rieron al unísono.
—No, no lo creo— dijo ella burlándose
—Mira, si no quieres decirme nada, no me hagas perder el tiempo— dijo John
Él no se sentía de ánimos para soportar la actitud de la gente, mucho menos si se burlaban de él.
—No lo encontrarás aquí, pero puedo tener una idea de dónde podría estar—
— ¿Dónde? —
John pudo ver la mirada analítica de la chica, muy parecida a esa observación detallada que tanto había sentido con Sherlock.
—Puedo entender por qué todo el alboroto, no estás nada mal— dijo ella mientras se acercaba a él
— ¿Disculpa? —
—Tú eres John Watson ¿verdad? —
John la miró extrañado, ¿Cómo podía alguien que no conoce, conocerlo a él?
—Sí… y tú eres… —
—Irene Adler. He escuchado mucho de ti, aunque no por parte de Sherlock precisamente—
—Bueno, no quiero ser grosero contigo, pero no me interesa eso ahora— Hizo una pausa dando un suspiro, seguía sintiéndose algo ansioso —Solo quiero saber dónde está Sherlock—
Conocer a Irene esa noche había sido un avance después de todo, al menos descartaría ese lugar en su búsqueda; sin embargo, lo que ella le dijo no habían sido buenas noticias y si no fuera por la impresión que tuvo de Sherlock aquella noche del accidente, John simplemente no lo hubiese creído.
En general, Londres es una ciudad amigable y segura, pero como en toda ciudad, tiene zonas que es mejor evitar, por lo que imaginar a Sherlock escondido en una calle de esos tipos de lugares le parecía extraño y sorprendente. Su mente se empezó a llenar de preguntas intentando saber si la presencia del rizado en esa zona le demostraba lo que realmente era, o que ahora simplemente había caído muy bajo.
Y si era la segunda opción, ¿cuál había sido el motivo?... ¿él?
El sonido de su celular lo sacó de sus pensamientos cuando caminaba mientras esperaba algún taxi, ver que era James quien llamaba fue lo suficiente para saber que su novio lo estaba esperando en su pequeño departamento. James pudo no haberlo seguido luego de bajarse de la moto, pero lo había ido a buscar luego.
Eran ya las tres con cuarenta minutos, tal vez sería mejor volver a casa, después de todo, al menos podría saber a dónde ir cuando vuelva a buscarlo.
—Hola, James—
—John, joder, ¿dónde rayos estás? —
—Estoy volviendo, espérame—
Luego del accidente, Sherlock tuvo que soportar un par de días sin mucho que consumir o hacer, ya no tenía dinero por lo que las cosas se ponían peores de lo que ya estaban, porque dormir en la calle (en donde podía) soportando un frío maldito que le calaba los huesos y sin ver una ducha durante tanto tiempo que hacía que sintiera en su cuerpo olores que ni siquiera sabía que podía tener, era lo suficientemente malo como para soportar que empeore.
Todo se hacía medianamente tolerable cuando tenía droga en las venas, por eso, cuando decidió unirse al grupo donde había colaborado como guitarrista antes, Sherlock encontró la mejor manera de ganar dinero y mantenerse ocupado. "Ganamos una miseria, pero alcanza para comprar mierdas", eso había sido suficiente para él para decirle sí a la banda.
Sherlock no volvería a casa ni tenía intenciones de planear algo con su vida, él simplemente había perdido el rumbo.
Luego del accidente, su mente estuvo muy agitada, los fuertes golpes le habían dejado con una ligera cojera durante días, le sorprendió no ver la presencia de los hombres de Mycroft para ayudarlo y, nuevamente, no era que lo deseara, saber que realmente su hermano lo había dejado de vigilar le daba cierta sensación de libertad y soledad que él amaba, pero no dejaba de ser triste y desalentador saber que no solo John Watson había decidido dejarlo ir y olvidarlo, sino también su familia.
¿No era eso lo que querías? ¿Qué te dejaran en paz?
Sherlock fumaba un cigarrillo mientras veía la ciudad desde el techo de una de las casas abandonadas de la ciudad, esa en la que muchos se reunían a consumir en soledad o refugiarse del frío. Él traía una manta vieja que le había quitado a un vagabundo luego de que este muriera en la acera mientras dormía, Sherlock lo necesitaba más que el cadáver, así que no se sentía mal de usarlo en esos momentos, esa noche estaba muy fría.
Le dio una larga calada a su cigarrillo mientras recordaba que meses atrás había sido el hombre más estúpidamente feliz del planeta. Que bien se había sentido creyendo que lo amaban, que bien la había pasado siendo engañado ese tiempo. La ignorancia sí es una ventaja, pensó él, era mejor ser feliz, aunque engañado, que ser miserable y sentir rencor por haber despertado vivo esa mañana.
No, definitivamente era mucho mejor no saber nada, pero ¿qué más podía hacer? las cosas habían vuelto a empeorar, ahora él ya no era un simple consumidor, ahora se drogaba como cualquier otro, no se controlaba y su cuerpo ya se estaba acostumbrado a eso.
Lo había pensado infinidad de veces, consumir más de lo que su cuerpo soportaría y a la mierda todo, no volvería a levantarse jamás. Pero suicidarse era tan patético, tan estúpido… ya había caído lo suficientemente bajo como para hacerlo, joder, podría ser un maldito drogadicto más en la calle, pero era Sherlock Holmes, alguien mucho mejor y superior que todo Londres. Si moría no sería de esa manera, por una estúpida sobre dosis, no. Con todas las peleas en las que ahora suele meterse, era muy probable que una apuñalada o un disparo acabaría con él en cualquier momento y eso al menos sonaba menos patético.
—Hey— una voz femenina interrumpió sus pensamientos —Sabía que te encontraría en esta porquería—
Sherlock no necesitó voltear para saber quién le hablaba, conocía muy bien la voz de Irene.
—Lárgate— contestó sin más
—Esa no es la manera de tratar a los amigos, Sherlock—
Ella se acercó y se sentó a su lado, traía un cigarrillo en mano.
—No somos amigos—
—Sherlock "el sin amigos" Holmes. Ya estás grandecito para eso—
El humo del cigarrillo de Irene llegó a su rostro, fue cuando finalmente se dignó a verla. Irene se dio cuenta de esa reacción por lo que sonrió divertida como respuesta.
—Sólo entre amigos se comparte la marihuana—
—No te la pedí— se defendió él
—No con palabras, obviamente—
Sherlock quiso responder, pero la mano de Irene le ofreció el cigarrillo y su mente tomó eso como prioridad. Lo tomó sin objetar y le dio una profunda calada. Tiro el suyo de inmediato.
— ¿Sin dinero? —
Sherlock asintió mientras cerraba los ojos sintiendo el placer del humo llenando sus pulmones.
—Me dijeron que te uniste a la banda otra vez, si no te alcanza con esa miseria, sabes que puedes buscarme—
—Estoy bien— le devolvió el cigarrillo y volvió su vista a la ciudad
—Se nota— lo miró algo divertida —Pero no estoy aquí para eso, no soy tu madre—
—Exacto—
Irene sonrió —Estoy aquí porque alguien te está buscando—
—No me interesa—
— ¿Seguro? ¿Ni aunque fuera John Watson? —
Sherlock abrió grande los ojos y volteó a mirarla. Un segundo después fue consciente de su reacción, por lo que intentó disimular su sorpresa tratando de poner el rostro más serio que tenía.
— ¿Lo conoces? — preguntó él
—Ahora sí, solo lo había visto en fotografía gracias a Jim. Está muy bueno, lo admito, aunque lo mío no sean los pitos—
—Lo tuyo también son los pitos—
—Solo algunos, diría yo—
La sugerente mirada de Irene hizo a Sherlock rodar los ojos, estaba harto de ese tema, el sexo siempre le resultó insípido, especialmente después de probarlo con Jim. Solo con John había sido especial, pero luego de lo sucedido, volvía a sentir algo de desprecio por eso.
— ¿Te has dado cuenta de algo? — preguntó divertida Irene —Somos varios los que quisiéramos tirar contigo, pero tú te comportas como el ser más asexual del planeta—
—El sexo está sobrevalorado, tú sabes de eso—
Irene dio una calada a su cigarrillo y se lo entregó nuevamente a Sherlock.
—El sexo es sobrevalorado cuando lo has experimentado de manera incorrecta, como tú—
—Uhm— Sherlock frunció el ceño —Entonces hacerlo contigo fue una pérdida de tiempo— había burla en sus palabras
—No para mí—
Sherlock le quiso devolver el cigarrillo luego de aspirar un poco, pero Irene se negó, se lo estaba obsequiando.
Luego de un momento de cómodo silencio, Irene se levantó claramente para retirarse.
—No puedo quedarme, tengo trabajo que hacer—
—Adiós—
—Le dije a John que podría encontrarte en esta zona. Que no te sorprenda si lo encuentras merodeando por aquí—
Irene se colocó justo detrás de él, se apoyó en sus hombros y se agachó para besarlo en la mejilla como despedida. Sherlock sintió un beso fuerte y sonoro.
—John Watson debe querer algo para venir a buscarte…o tal vez si le importas después de todo— dijo ella
Sherlock hizo una pequeña risa burlona y escéptica ante esa posibilidad.
—Te veré en la presentación del viernes—
Sherlock escuchó los pasos de Irene alejarse.
—Por cierto, no estaría mal que pases a buscarme, necesitas una maldita ducha, apestas a mierda—
El rizado sonrió divertido mientras le daba una profunda calada al cigarrillo.
Tocar la guitarra se había vuelto la mejor manera de pasar los días. Generalmente tocaban y seguían la fiesta luego, así que Sherlock amanecía sin recordar casi nada de la noche anterior. Ni siquiera de cómo había terminado en tal callejón o en un bar diferente del que recordaba haber ido.
Pasaba los días, el rizado ya no contaba cuántos, su mente había perdido la noción del tiempo varias veces que lo había dejado de hacer sin darse cuenta. Además, había estado teniendo sueños extraños o alucinaciones que le mostraban a Jim Moriarty con él, acercándose y hablándole muy cerca de su rostro. Era desagradable, al parecer, los daños de su cerebro ya empezaban a hacerse notar por todos los excesos que estaba cometiendo.
Si quería ser sincero consigo mismo, Sherlock había sentido cierta esperanza dentro de él cuando Irene le dijo que John lo estaba buscando; sin embargo, terminó por convencerse de que era estúpido sentir deseos de verlo, cuando John había sido claro con él aquella noche diciendo que lo de ellos no había sido nada especial.
¿Cómo podría desear ver a la persona que lo traicionó? No, si el rubio lo estaba buscando, era claro que tramaba algo y no tenía intenciones de seguirle el juego.
