CAPÍTULO 28
—¡Peter, como te vea copiando otra vez te quitaré el examen! —Habló con voz seria Edward
—No estoy copiando, señor Cullen. —Intentó defenderse el chico.
—Claro…, solo estás comprobando que Marie esté respondiendo bien las preguntas, ¿Verdad?
Peter frunció el ceño al verse descubierto.
—¡Seguid cada uno a lo vuestro o me veré obligado a tomar medidas! ¡No quiero ver a nadie levantar la vista del papel!, ¿Entendido?
—Sí, señor Cullen. —Respondieron al unísono.
Le iba a estallar la cabeza y lo último que necesitaba era tener que echarles la bronca a sus alumnos. Estaba deseando que sonase el timbre para poder largarse a su casa. No poder dormir ni comer, y no dejar de darle vueltas a la cabeza le estaba pasando factura.
Llevaba así dos semanas, las peores dos semanas que recordaba desde hace mucho tiempo.
Se estaba comportando como un auténtico capullo, un redomado imbécil, pero es que estaba perdido, bloqueado. No sabía que hacer ni cómo actuar. Sabía que era tan responsable como Bella de la situación, pero no tenía fuerzas para enfrentarla, no se veía capaz de cuidar a un bebé.
El miedo le paralizaba cada vez que pensaba en ello. Bella tenía que estar muy enfadada y con razón. Se estaba comportando como un idiota al ignorar sus llamadas, pero es que no sabía que decirle, aún no. Necesitaba más tiempo para pensar, pero sabía que el tiempo se le estaba acabando y muestra de ello era el mensaje que había recibido el día anterior.
Tu silencio duele.
Espero que cuando decidas hablar no sea demasiado tarde.
El timbre sonó indicando el final de la clase y de su jornada laboral.
—Bien, chicos. Se acabó el tiempo. Pasadme los exámenes e intentaré tenerlos corregidos para principios de la semana próxima. Espero no encontrarme sorpresas y poder aprobaros a todos. ¡Pasad un buen fin de semana!
Observó como los chicos abandonaban el aula intercambiando impresiones sobe como les había ido en la prueba. Guardó sus cosas y buscó en su maletín una pastilla para aliviar el dolor.
No podía seguir así, tenía que hacer algo, hablar con alguien. Descartó a Jasper, pues no quería meter a Alice de por medio y estaba seguro que su amigo acabaría contándole todo a su chica, aunque suponía que ya debía saber algo a través de Bella. Con Emmet era imposible pues aún estaba de luna de miel y él... Él se estaba ahogando en un mar de emociones.
Subió a su moto, pues en estos últimos días había decidido usarla para ir a trabajar. Conducirla siempre le relajaba y aunque fuese un trayecto corto, al menos subido en ella encontraba algo de paz. Puso rumbo a su apartamento, pero en el último momento y sin saber muy bien el por qué decidió cambiar el rumbo. Sólo fue consciente de donde se encontraba cuando ya estaba llamando a la puerta.
Tras unos minutos de espera volvió a llamar y en cuestión de segundos la puerta se abrió.
—¡Edward!, ¿Qué haces aquí? —La sorpresa se reflejaba en el rostro de Carlisle pues no esperaba encontrase allí a su hijo menor— ¿Va todo bien? ¿Ha ocurrido algo?
—Bella está embarazada. —Soltó sin rodeos.
Carlisle abrió los ojos al escuchar a su hijo. Tardó un par de segundos en asimilar la noticia y le dirigió un asentimiento de cabeza.
—Está bien, pasa. No creo que debamos tratar este asunto en la puerta.
Edward aceptó la invitación de su padre y entró depositando el casco en el mueble de la entrada. Para él era raro estar allí. Ni siquiera sabía porque había ido. Su relación con su padre no era la mejor, pero algo en su interior le condujo hacia allí, y tuvo que obedecer a su instinto.
—¿No está mamá?
—No, tu madre ha ido a tomar café con sus amigas y creo que después iban a salir de compras. Pero si quieras hablar con ella puedo llamarla y...
—No, está bien. No pasa nada.
—¿Quieres un café?
—¿Hay cervezas?
—Traeré dos, creo que vamos a necesitarlas.
Edward asintió y vio a su padre desaparecer durante un par de segundo para después volver con sendas latas. Era extraño estar allí, ninguno de los dos sabía cómo actuar. Era la primera vez en mucho tiempo en la que estaban solos.
—Entonces... Bella está embarazada.
—Sí. —Respondió dando un trago a su cerveza.
—Enhorabuena. —Le felicitó con emoción contenida— Debes estar… feliz.
—Ese es el problema que debería estarlo, pero lo que siento es pánico.
—¿Por qué?
—Porque no estoy preparado, no aún. Ni si quiera se si lo estaré algún día. Esto no estaba planeado.
—Imagino, pero un niño siempre es una bendición. Todo irá bien, Edward.
—No, no lo sé. Me aterra todo esto. No soy capaz de asimilar la noticia.
—Bueno, imagino que a ambos os habrá pillado por sorpresa. ¿Y Bella? ¿Como se lo ha tomado?
Edward suspiró desesperado.
—Mejor que yo. Ella también se sorprendió, pero es que... No se lo estoy poniendo fácil.
—¿A qué te refieres?
—No hablo con ella desde el día que me lo dijo.
—¿Qué? ¡Edward eso no...!
—¡Lo sé! Sé que no está bien, que soy un capullo y un cobarde, pero es que no puedo. No sé qué decirle.
—¿De qué estás hablando? ¿No iras a dejarla sola y eludir tu responsabilidad?
—¡No! Pero es que... No sé si seré capaz de criar a un niño. No... No puedo pasar de nuevo por eso. —Rompió a llorar
Carlisle miró como su hijo se rompía delante de él. Un dolor lacerante atravesó su corazón. A ningún padre le gustaba ver sufrir a su hijo, pero en este caso él sabía que parte de su sufrimiento era culpa suya. Su actitud cuando ocurrió el accidente le había marcado y toda esa culpa aún continuaba dentro de él.
—Edward, claro que serás capaz. Eres un padre excelente.
—No, no lo fui. El deber de un padre es cuidar a su hijo y yo... Yo no cuide de la mía.
—Eso no es cierto. La cuidaste y la protegiste desde el momento en el que nació. Ness te adoraba. El accidente... No fue culpa tuya. Nadie podía hacer nada por salvarlas.
—Yo sí, yo pude no haber discutido con Tanya.
Y hubiera sucedido igual, el coche habría patinado o se os habría cruzado un animal. El camión habría perdido el control... Edward, el destino de ellas era fallecer esa noche, y lamentablemente ni tú ni nadie podría haber hecho nada por salvarlas.
—Tú no pensaste eso. Edward no pudo evitar recriminárselo. Sus palabras aún dolían.
—Yo me equivoqué. Y créeme, cada día me arrepiento de mis palabras, porque, aunque vives, yo esa noche perdí a mi hijo. Por imbécil te perdí a ti.
—Yo también me culpo. Cada día, cada segundo... Cada vez que recuerdo el día que Esme te encontró medio muerto... Si hubiese llegado un par de minutos más tarde te habríamos perdido para siempre y eso no me lo perdonaría en la vida.
—Pero aquí estoy y ellas no.
—Porque no era tu momento. Tenías que seguir con tu vida, con tu trabajo, conocer a Bella, tener otro hijo…
—Mi hijo... —Edward pronunció en voz alta sus palabras. Hasta ahora no había pensado en él o en ella como tal, como una parte de él, de él y de Bella.
Desde el momento en el que Bella le habló del embarazo lo vio como algo ajeno, un bebé, pero no pensó en que era su bebé. Suyo, de los dos.
—¿Edward?
—Es mi hijo. Mío y de Bella. Hasta ahora no lo había pensado así. —Confesó esbozando una leve sonrisa.
—Asusta un poco, ¿Verdad?
—Tanto o más que la primera vez. Saber que vas a tener que cuidar de una persona toda tu vida, quererlo, protegerlo... Es abrumador ¡Dios, soy un capullo!
—¿Qué ocurre?
—Yo no estoy actuando bien con Bella. No lo estoy haciendo bien.
—¿A qué te refieres?
—He estado tan dolido, tan enfadado por tener una nueva oportunidad de ser padre con otro bebé en lugar de con Ness, que me he olvidado de ella. No la he acompañado a la ecografía, no le he preguntado como está, ni siquiera la he visto. Debe odiarme
—No lo creo, estará enfadada.
—Soy una persona horrible. Esto es... Por un momento pensé... Pensé en no tenerlo, en la opción de... Ni siquiera puedo pronunciarlo porque me parece horrible, pero ella lo vio en mis ojos.
—Edward, no te martirices. Esos pensamientos seguro que fueron producto de la sorpresa. ¿O acaso ahora piensas igual? ¿No quieres tener ese bebé?
—Por supuesto que quiero.
—Voy a contarte algo, pero tienes que prometerme que no se lo dirás a tu madre. Quedamos en que sería un secreto entre los dos.
Edward asintió ante sus palabras.
—Antes de la llegada de Emmet, las cosas no fueron fáciles para tu madre y para mí. Tuvo tres abortos lo que la llevó a una fuerte depresión que casi nos cuesta el matrimonio.
—¿Cómo? ¡Jamás habéis dicho nada! —Exclamó sorprendido.
—Lo superamos y juramos no hacerlo. Intentamos no recordar esa época.
—Yo tenía mucho trabajo, ansiaba formar una familia y tu madre también. Lo intentábamos, pero no éramos capaces de que se quedase embarazada, hasta que lo logró, después de casi un año y a la semana lo perdió. Fue horrible verla llorar. Ver como la felicidad que le embarga a se apagaba en cuestión de segundos. A los pocos meses logramos quedarnos embarazados de nuevo y volvió a ocurrir lo mismo y la tercera vez igual. Eso nos destrozó, tu madre estaba depresiva y yo... Me moría al verla así, sin ganas de vivir.
—¡Dios mío! —Exclamó sorprendido.
—Fuimos al psicólogo y con terapia mejoró. De mutuo acuerdo decidimos dejar de intentarlo, yo me conformaba con tener una vida feliz a su lado y entonces... A los tres meses, sin esperarlo nos enteramos que estaba embarazada de Emmet y después sin previo aviso llegaste tú.
Edward permaneció en silencio. Jamás sospechó que sus padres hubieran podido pasar por todo ese calvario. No se imaginaba a su madre depresiva, siempre había sido una mujer tan fuerte, tan llena de energía.
A veces la vida nos pone pruebas difíciles, pero son esas mismas las que nos ayudan a crecer. Desafortunadamente yo no aprendí la lección. Cometí el error de fallarte como padre y no estuve a la altura de las circunstancias cuando me necesitaste.
—Yo tampoco he sido un hijo ejemplar.
—Lo siento, Edward. Siento no haber estado para ti, siento haberte herido y lamento profundamente mis palabras. Nunca te he culpado. Ese día...la rabia habló por mí.
—Y yo siento haberte defraudado.
—No lo has hecho, hijo. Hacía años que no le llamaba así. Al contrario, estoy orgulloso por cómo has sobrellevado todo.
—Ahora mismo no estoy actuando bien con Bella.
—Pero te has dado cuenta y eso es lo importante. Estoy seguro que harás lo que corresponde.
Edward asintió ante las palabras de su padre.
—Deberíamos haber tenido esta conversación hace mucho tiempo. Te he extrañado, papá.
—Y yo a ti hijo. —Carlisle, emocionado abrazó a Edward. Un abrazo que se había demorado demasiado en el tiempo pero que ambos parecían necesitar.
—¡Mamá se va a volver loca cuando nos vea!
—Creo que le hará más ilusión saber que va a ser abuela de nuevo que el conocer que hemos estado charlando.
—No sé yo...
—Quédate a cenar. Propuso Carlisle. Si se entera que has estado aquí y te has marchado sin verla...
—Está bien, te ayudaré a preparar algo rápido.
Estuvieron cocinando algo sencillo, hablando de fútbol, de la luna de miel de Emmet, de cómo le iba en el colegio... Intentaron ponerse al día, aunque poco a poco.
—Tu madre se está retrasando, normalmente llega pronto a casa.
—Deja que disfrute con sus amigas. Ya sabes cómo son, se ponen a hablar y...
El teléfono de Edward sonó y vio el identificador de llamadas, era Alice. Decidió ignorarla, ya hablaría con ella.
—¿No contestas?
—Es Alice, no estoy de humor para escuchar sus reprimendas. Mañana la llamaré después de que arregle las cosas con Bella.
El teléfono volvió a sonar, pero Edward no respondió.
—Es insistente.
—Ya se cansará, Alice es así.
Está vez el sonido de la llegada de un mensaje le hizo bufar. Dejó de pelar las zanahorias para la ensalada, se limpió las manos y tomó el teléfono dispuesto a ver qué era lo que quería su amiga.
La sangre abandonó su rostro y le hizo palidecer al leer el texto.
¡Idiota!
No sé porque no contestas, pero si aún te importa Bella, mueve el culo y ven al hospital Bellevue.
Le han asaltado en la tienda.
—Le han asaltado.
—Hijo, ¿Va todo bien?
Edward tembló al mirar a su padre, el mensaje no daba más informa, pero si estaba en el hospital es porque debía estar herida.
—No, no lo está. Han asaltado a Bella. Está en el hospital.
—¡Dios mío! ¿Está bien?
—Yo... No lo sé. Tengo que irme, tengo que estar allí.
Carlisle intento convencerle para llevarle en coche, pero se negó. En moto llegaría antes. Tenía que estar allí, junto a Bella, saber que estaba bien, que había ocurrido. Pero tenía un presentimiento, un mal presentimiento. Solo esperaba y rezaba por equivocarse, por saber que Elma estaba bien, porque no la podía perder.
¡Hola! ¿Qué tal todo? Pues aquí está el nuevo capítulo, y ya sabeos lo que ha ocurrido con Edward en estos días.
¿Qué habrá ocurrido con Bella?
El próximo día lo descubriremos.
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.
Espero ansiosa vuestros comentarios.
Saludos
Nos seguimos leyendo.
