POV. Aaron Frost.
Camino de un lado para otro pareciendo un león enjaulado, he pasado las manos por mi cabello un sin fin de veces hasta dejarlo alborotado por completo. Ay, Anastasia, ¿dónde mierdas estás?
Ya lleva una hora de atraso y yo ni siquiera sé su paradero.
—Señor, se no está retrasando el tiempo, dentro de una hora tengo que casar a otra pareja —habla el maldito cura, lo que hace es que mi rabia aumente más. Decido ignorarlo, porque sé que si hablo no diré cosas bonitas.
Joder, va a arder Troya si Anastasia no llega.
Sus padres se encuentran sentados en las bancas que tengo al frente, y lo peor de todo es que están tan relajados y sonrientes que hasta me hacen pensar que ellos ya sabían que esto iba a suceder.
¡Maldita sea!
Esto no me puede estar pasando, no a mí. Mi plan no se puede ir a la borda por culpa de Anastasia.
Tenía tanto tiempo planeando esta maldita boda para que todo saliera a la perfección, ella solo tenía que llegar aquí y dar el sí acepto, pero no, ni siquiera ha dado señales de vida.
Observo como Manuel se acerca a mí con gesto preocupado. Me imagino que yo debo estar igual que él.
—¿Qué demonios sucede? —me pregunta en un susurro—. Se supone que tu novia debió llegar hace una hora.
—No sé qué demonios sucede, estoy igual de confundido que tu —amonesto enojado.
—Al parecer te han dejado plantado. —Sus comisuras se elevan un poco. Sé que él está disfrutando mucho esto.
—Ya cállate, Anastasia tiene que llegar en algún momento —digo para tratar de convencerme más a mí que a él.
Mierda, esto no puede estar sucediendo.
Ya mi cabello está todo alborotado de las tantas veces que he pasado mis manos por él.
—Te ves muy sexy así de enojado —me susurra Manuel.
¡Joder, Manuel! No me digas esas cosas, no quiero calentarme ahora.
—Manuel, por favor, no empieces —digo levantando mis manos.
—Sólo decía la verdad.
En ese momento observo como nuestro amigo Jack se acerca a nosotros. Él llego hace unos días aquí ya que tenía trabajo por hacer.
—Jack, amigo mío —lo saluda Manuel mientras le tiende su mano.
Jack le devuelve el saludo y luego me mira a mí y me sonríe levemente.
—Te tengo una noticia que podría impactarte un poco —dice y su rostro se torna serio.
Debe de ser algo sumamente importante.
—¿Noticias de que grado? —pregunto con un poco de interés.
—Sobre tu prometida. —Se encoje de hombros.
—Habla —digo rápidamente.
—Eso tendría que ser en un lugar privado. Ahh, y te puedo asegurar que ella no asistirá a la boda, así que deja de hacer el ridículo y vámonos de aquí.
Jack nos da una última mirada de desaprobación, debe de ser porque estoy parado aquí como un tonto sabiendo que mi prometida nunca llegará.
Que bajo has llegado, Frost.
Después de tanto tiempo pude adaptarme a mi nuevo nombre y a mi nuevo apellido, pero al parecer hice ese cambio en vano.
Maldita seas, Anastasia.
—Síganme —dice Jack dándose media vuelta.
Le doy una última mirada a mis queridos suegros quienes se encuentran con una sonrisa radiante mientras que mi rostro demuestra una absoluta furia. Joder que estoy muy enojado, demasiado diría yo.
Camino hacia ellos con mi rostro ardiendo en furia y los veo directamente a los ojos.
—Espero que su hija se arrepienta de dejarme plantado aquí como un estúpido —gruño ganándome una mirada asesina de parte de Ray.
Créeme, Ray, no puedes estar más enojado que yo.
Vuelvo a subir los estribos mi volteo a mirar a todas las personas que me observan atentamente, esperando las palabras que saben que voy a decir.
Mierda, nunca creí que me humillaría así, a mí mismo. Pero tengo que mantener mi faceta de hombre bueno, y tal vez del pobre hombre al que la zorra de la hija de los Steele dejó plantado.
Me aclaro la garganta y espero a que las personas que se encuentran en la esquina izquierda de la iglesia dejen de murmurar estupideces.
—Primero que nada, quiero agradecer a todos ustedes por asistir, pero como saben, lamentablemente mi prometida no se presentó, debe de ser por los nervios que tienen las mujeres antes de casarse o quien sabe —digo mirando fijamente a Ray y Carla—. La boda ya no se llevará a cabo debido a que el cura tiene otras cosas que hacer y no disponemos de su tiempo. Y pido una cordial disculpa a todos ustedes por hacerlos venir hasta acá a perder el tiempo. —Doy una última mirada a todas las personas, tratando de no demostrar lo furioso que me siento—. Les prometo que no volverá a suceder.
Bajo los estribos tratando de aparentar al hombre destrozado al que acaban de dejar plantado en el altar, al pobre hombre al que la hija de los Steele acaba de dejar plantado
Sé que esto mañana saldrá por la prensa, y también sé que Anastasia perderá muchos fans por la estupidez que acaba de hacer, o eso creo, ya que aquí en Seattle nadie sabía de nuestra relación.
Miro hacia la salida donde se encuentra Manuel y Jack esperándome para irnos, así que decido caminar hacia ellos rápidamente.
Me quiero largar de aquí.
—¿Nos vamos? —pregunto al llegar a ellos.
—Sí, vámonos —habla Jack y sale de la iglesia.
Manuel y yo lo seguimos, caminamos por las calles de Seattle, y llegamos a una esquina donde vemos un Mercedes Benz estacionado.
—Los llevaré a mi casa para que conversemos tranquilos —dice Jack encogiéndose de hombros.
Los tres nos montamos en el coche y Jack comienza a conducir por las calles de Seattle que ahora estás oscureciendo, como mi estado de ánimo, y no es por sentirme destrozado porque eso es lo que menos siento, me siento enfurecido, me siendo humillado, y prometo que esto no se quedará así.
A los quince minutos llegamos a un edificio de quince pisos, un poco moderno.
Bajamos del coche y entramos al edificio para luego ir hacia el ascensor, Jack marca el piso ocho y el ascensor se pone en marcha.
Una canción de fondo se escucha y no sé exactamente cuál es, pero me gusta, su melodía es muy bonita. Quizá sea una pieza de Vivaldi. Una pieza barroca o algo por el estilo.
Cuando el ascensor llega al piso ocho los tres salimos del él, todo en completo silencio.
Jack camina hasta la puerta que dice claramente el N° 217 y la abre dándonos paso hacia su apartamento.
Es un apartamento muy cómodo, las paredes son color crema, y también tiene algunos cuadros de mujeres semi-desnudas.
Ewww, mujeres.
Puedo decir que Jack Hyde tiene mente de adolescente todavía.
Yo en mi adolescencia sólo tenía posters de Brad Pitt, Leonardo DiCaprio, Matt Damon, y algunos más.
—Tomen asiento, ¿quieren algo de beber?
Manuel y yo nos sentamos mientras que negamos con la cabeza.
—Directo al grano, Jack —digo con la poca paciencia que me queda.
Jack me mira durante unos segundos y luego se sienta en un sofá que está al frente de Manuel y de mí.
—Está bien, hombre impaciente —dice, se pone recto en el sofá y vuelve a su rostro serio, sé que será importante lo que me dirá—. Hace unos días, cuando estábamos reunidos en Canadá, yo recibí una llamada, y se trataba nada más y nada menos que de Carrick Grey, me contrató para buscar a su hijo Christian Grey, por eso volví a Seattle primero que ustedes. —Ahora veo porque volvió, pero esto no es lo que yo quiero saber—. Cuando llegué aquí me puse de una vez manos a la obra e investigué sobre Christian Grey, no pude conseguir nada de nada, al parecer le guste mantener su vida en privado, no sé dónde vive, no sé dónde trabaja ni nada, a lo mejor tiene contactos que le hacen mantener eso en privado, pero lo que me sorprendió fue esto...
Veo cómo se levanta del sofá y camina hacia una mesita y agarra un ¿periódico? Y me lo da.
Lo observo, observo el periódico con furia, observo como Anastasia está tomada de la mano de ese hombre y de esa niña.
—¿Qué es esto?
—Al parecer fue una foto tomada por los paparazzi, y ellos estipulan que Anastasia y Christian están en una relación, no sé si es verdad o es mentira, pero te digo que ella se ve muy enamorada en esa foto. La niña es hija del mejor amigo de Christian, Michael Montgomery.
Manuel se ve muy sorprendido, pero puedo decir que yo estoy igual.
—¿Qué más has investigado? —pregunta Manuel.
—No he investigado nada, porque me enteré que Carrick tuvo un accidente así que paralicé mi investigación.
—¡Joder! —gruño levantándome—. No paralices nada, sigue investigando, pero quiero que te concentres en Anastasia también, te pagaré el doble, pero quiero esa información para ayer.
—Está bien.
—En vez de engañarla tu a ella, ella te engañó a ti —murmura Manuel.
—Pero esto no se quedará así, Anastasia me las pagará, ella no me puede humillar a mí así...
