¿Desde cuando las vigas del techo se habían vuelto tan interesantes?

Valerie dejó escapar un largo suspiro, despegó la mirada del techo y echó la cabeza hacia atrás en la enorme bañera de cerámica blanca. La cálida agua relajó sus músculos, pero nada pudo hacer con la vorágine de pensamientos que había en su cabeza. "¿Qué mierda estuve apunto de hacer con Sirius…?". Cerró los ojos e intentó dejar su mente en blanco. Solo quería unos segundos de paz… Solo unos segundos, porque sabía que después no los tendría… Parecía que su mente no estaba de acuerdo, pues los pensamientos no se quedaban en silencio. Se masajeó el rostro, frustrada ¿por qué las cosas no podían ser más simples? ¿Qué más tenía que ocurrir para no poder estar tranquila consigo misma?

— ¡VALERIE! — la vampira pegó un salto y chorros de agua cayeron al suelo. Estaba tan concentrada en sus cavilaciones que no prestó atención a su alrededor. — Venga, ya es momento de que salgas de la tina — bramó Walburga golpeando la puerta. — ¡Te vas a poner arrugada como una pasa! Aun que no se si la piel de los vampiros alguna vez se arruga… Malditas criaturas con suerte — se quejó con sarcasmo y volvió a golpear la puerta — ¡No me hagas volver a buscarte, llevas suficiente tiempo ahí dentro y ya tengo ganas de tomar té, así que no te demores más! — se escucharon las pisadas de la bruja abandonar el pasillo y la vampira, con otro suspiro, hundió la cabeza en el agua agotada. Hasta ahí había llegado su intento de poder descansar.


Valerie caminó a paso lento por el pasillo de la mansión. No podía mentirse a si misma, no tenía muchos ánimos de ver a su vieja amiga… No después de lo ocurrido con su… hijo. La vampira se golpeó la frente con la palma de la mano ¿cómo iba a mirar a su amiga a la cara sabiendo que se había besado con su hijo? ¿¡Hijo!? ¿Qué clase de persona hacia eso? La vergüenza se apoderó de cada parte de su ser, por lo que se detuvo unos segundos e inhaló largamente.

Tarde o temprano Walburga se iba a enterar y por ahora ese tema no era lo más importante, pero cruzó los dedos para que ella no se enterara en un futuro demasiado cercano… Volvió a suspirar, aquello se estaba convirtiendo en un habito y continuó caminando. Al fin y al cabo, ella estaba ahí para ver a su amiga antes de irse con la Orden del Fénix a proteger a Potter en la nueva locación.

Su mente vagó rápidamente hacia unas cuantas horas atrás. Junto con los miembros de la orden, tras una larga reunión en Grimmauld Place, establecieron cambiar a Harry de lugar ya que tras el ataque a Albus Dumbledore, le habían revelado al enemigo que el misterioso mortifago traidor se escondía donde Potter estaba, por lo que a pesar de las quejas de Sirius, llevaron tanto a Harry como a su padrino al hogar de los Weasley: La Madriguera. Valerie se había asegurado de dotar al número 12 de Grimmauld Place con toda clase de encantamientos protectores en caso de que algún mortifago decidiera visitar el lugar. Después de todo, no iba a dejar que el hogar de ambos magos quedara a merced de la locura de sus enemigos.

Severus Snape, por su parte, se aseguró de aumentar los hechizos protectores en San Mungo para evitar cualquier ataque hacia Albus. Valerie confiaba plenamente en las grandes habilidades del mago por lo que le delegó la tarea con tranquilidad.

Fue así que tras tan larga reunión Valerie decidió ir a ver a su vieja amiga. Necesitaba unos momentos a solas para aclarar su mente y parece que sus intenciones no pasaron desapercibidas pues al momento de poner un pie en la mansión la bruja le sugirió que fuera a tomar un baño para que pudiera descansar.

A medida que se fue acercando al pequeño estudio que su amiga usaba para pasar el tiempo Valerie se cuestionó si haberla visitado había sido lo correcto, ya que casi nada pasaba desapercibido por Walbuga Black.


— ¿Segura que te encuentras bien? — volvió a preguntarle Walburga tras una larga conversación. — La verdad es que enfrentarse a tal cantidad de magos debió haber sido bastante peligroso… Me alegro de todas formas que te encuentres bien, pero por favor, no vuelvas a hacer algo así, no quiero que luches sola, no eres la única que tiene alguna razón por la cual pelear.

— Lo sé… El resto de la orden me dijo lo mismo… Más bien, me lo impusieron — resopló Valerie y Walburga sonrió. — No dejarán que algo así vuelva a ocurrir.

— Me parece muy bien — agregó la bruja para luego beber un largo sorbo de su té y observar a su amiga. No le había pasado por alto que había algo que rondaba en la cabeza de la vampira, su postura rígida y los pequeños intentos por evitar su mirada le habían dado las señales de que algo más ocurrió en aquel ataque. — Entonces — dijo la bruja tanteando terreno. — Sirius y el joven Potter pasarán un tiempo en casa de los Weasley — Valerie tensó el cuerpo y aquello no pasó desapercibido por la atenta mirada de Walburga. — ¿Estás segura que es el mejor lugar en dónde pueden estar? Sabes que pueden quedarse acá o seguro Abraxas les permitiría alojar en su mansión.

— Consideramos todos los pros y contra de la situación, y creo que la casa de los Weasley es la mejor opción — recalcó la vampira.

— Si así lo piensas, creeré en tu opinión…Y entonces, ¿cuál será tu plan de acción?

— Estaré donde esté Harry. Estoy segura que muy pronto Voldemort hará alguna movida… Ya sea buscando a Potter o en busca del mortifago traidor, ahora que sabe que ambas personas están en el mismo lugar…

— Querrá matar dos pájaros de un tiro — señaló Walburga bebiendo su té y Valerie asintió.

La bruja suspiró — Por Morgana ¿qué ese hombre no se aburre de perseguir a un joven mago? — refunfuñó más para si misma. — Sirius debe estar muy preocupado por ese pobre chico… — Valerie volvió a tensar el cuerpo y Walburga alzó una ceja, tomó otro largo sorbo de su té para luego depositar la taza en la mesa a su derecha con suavidad. — Querida… ¿algo más que desees contarme? — Valerie levantó la vista tragando en seco y negó con la cabeza.

La bruja la observó extrañada, nunca había visto a la vampira tan… ¿avergonzada? Sus ojos brillaron con malicia, comprendiendo. Apoyó su barbilla en su mano y cruzó levemente los brazos — ¿Estas segura? ¿No hay nada que quieras hablar sobre… mi hijo?


Draco Malfoy caminó por el pequeño patio, observó un garaje oxidado y las ventanas un poco sucias que le impedían ver el interior, pero tras acercarse sus ojos se centraron en la casa que se alzaba frente a él. Parecía como si en otro tiempo hubiera sido una pequeña casa de piedra, pero aquí y allá habían ido añadiendo tantas habitaciones que ahora la casa tenía varios pisos de altura y estaba tan torcida que parecía sostenerse en pie por arte de magia, Draco supuso que probablemente esa era la respuesta. Cuatro o cinco chimeneas coronaban el tejado, en torno a la puerta principal había un revoltijo de botas de goma y un caldero muy oxidado, y clavado en el suelo había un letrero torcido que decía: "La Madriguera".

En el umbral de la entrada Ron Weasley le sonreía al rubio con cierta timidez. — Hola Draco, bienvenido… — le estrechó la mano con amabilidad. — Esta es La Madriguera, no es gran cosa, pero es mi casa.

— No digas tonterías Weasley, no deberías jamás mirar en menos tu propio hogar. De todas formas muchas gracias por recibirme, se que fue medio inesperada mi visita — le respondió Malfoy quitándose su fina y negra capa.

— No hay problema alguno, Harry y Hermione también están acá, una persona más no es problema — comenzó a explicar Ron invitándolo a entrar con un poco más de seguridad. — A demás, siempre tendrás las puertas abiertas cuando quieras venir — el pelirrojo comenzó a caminar, pero Draco se quedó quieto unos segundos, sorprendido. ¿Realmente Weasley lo consideraba alguien cercano a quien siempre recibir en su casa? Al ver que Ron volvió la vista, Draco se recompuso de la sorpresa y lo siguió.

Al entrar, Malfoy observó el salón de los Weasley, era una habitación acogedora, con un sofá y sillones, había una gran chimenea, una enorme estantería de madera y un reloj bastante peculiar que en lugar de decir la hora indicaba el estado de cada miembro de la familia. Los números estaban remplazados por varias frases como "hogar", "escuela", "trabajo", "hospital", "prisión" y "peligro mortal", y en vez de brazos para decir la hora tenía nueve manos, una para cada miembro de la familia.

Ron guió al rubio hacia la cocina, ubicada en la parte posterior de la casa, en ella había una gran mesa de madera e innumerables muebles coloridos que no coincidían entre si, pero que le daban un toque muy hogareño al lugar.

— Mamá, Draco ya llegó — mencionó Ron.

La señora Weasley, Molly, que estaba cocinando se dio vuelta con sorpresa exclamando un: "Ohh". Se sacudió algunos restos de comida de las mangas y se ordenó el pelo para luego dirigirle una tierna y cariñosa sonrisa al mago. — Joven Malfoy, que gusto tenerlo aquí — le extendió la mano nerviosa.

— Por favor, llámame Draco — le respondió el rubio con una pequeña sonrisa ante la amable señora.

— Oh, claro, claro — la señora Weasley sonrió y después se percató del desorden que había encima de la enorme mesa. — Mil disculpas, en general somos varios en la casa, pero hace tiempo que no teníamos tantas visitas, las cosas pueden estar un poco desordenadas y tal vez no sea tan grande el espacio, pero…

— Señora Weasley, le puedo asegurar que su hogar es realmente precioso y muy acogedor. Estoy seguro que me sentiré muy cómodo aquí. Reitero las gracias por haberme recibido con tan poca anticipación — le interrumpió Draco con respeto y tranquilidad.

La señora Weasley negó con la cabeza — No hay nada que agradecer, cariño. Eres más que bienvenido cuando quieras, los amigos de Ron y Ginny son parte de la familia. A demás, ante todo lo que hiciste en el Ministerio para proteger a mis hijos, debería ser yo la que te agradezca.

Draco no pudo evitar que sus mejillas se sonrojarán — No… Yo no… No es necesario que diga nada, señora Weasley — titubeó al verse sorprendido.

— ¡Harry, Hermione, Malfoy ya llegó! — gritó de pronto Ron.

— ¿Malfoy? — exclamó alguien.

— ¿Draco Malfoy está aquí?

— Claramente está aquí, eso es lo que dijo Ron — replicó una voz de mujer.

— Nunca pensé que lo tendríamos en nuestra casa…

— ¿Quién lo invitó? ¿Fuiste tu Ginny?

— ¿Qué importa quién lo invitó? — respondió Ginny.

— ¿El joven Malfoy está aquí? ¿Habrá venido con su abuelo? — se escuchó la voz de Sirius.

— Lo dudo, Ron no habría gritado de aquella forma si el señor Malfoy estuviera presente — señaló Hermione.

Se escucharon múltiples pasos y de la escalera bajó Harry, Hermione, Ginny, Fred, George y Sirius.

Harry le sonrió al rubio, se estrecharon de manos y para sorpresa de todos se abrazaron para después golpearse las espaldas como si fueran viejos camaradas — Que agradable que hayas venido, Malfoy.

— Gracias Potter.

Hermione y Ginny se acercaron a saludarlo con alegría. Luego los gemelos lo miraron cada uno con una ceja alzada, pero le sonrieron dándole la bienvenida. Finalmente, Sirius lo saludó con entusiasmo — ¿Qué tal están tus heridas? ¿Ya estás completamente recuperado?

— Cierto ¿qué tal te has sentido? — le preguntó Ginny.

— Estoy totalmente recuperado, Valerie logró curar mis heridas sin problemas y tras un par de días en reposo ya estoy como nuevo. A todo esto ¿Valerie no está aquí?

Todos negaron la cabeza, pero a Draco no le pasó por alto como el cuerpo de Sirius se tensó al escuchar el nombre de la vampira y una ligera sonrisa se asomó en sus labios.

— Ella fue a visitar a la señora Black, debería llegar entre mañana o pasado mañana — explico la señora Weasley.

— ¿Y cómo están sus heridas? Mi abuelo me mencionó que tuvo que enfrentar a varios mortifagos cuando atacaron a Dumbledore — señaló Draco.

— ¡¿QUÉ?! ¿¡ATACARON A DUMBLEDORE!? — exclamó Harry sorprendido.

— ¿Valerie está herida? — chilló Hermione.

— ¿Cuando ocurrió eso? — exclamó Ginny.

— ¿Por qué no supimos? — se quejó Ron, preocupado.

— No logramos ni verla y ya se mete en problemas — señaló Fred y George asintió.

— ¡Tranquilos! — gritó Sirius. — Ella se encuentra bien. Llegó bastante herida de la pelea, pero de lo que me explicó logró enfrentar a los mortifagos sola.

— ¡Increíble! — chilló Ron, asombrado.

— Realmente es muy hábil — exclamó Ginny aplaudiendo.

— No es algo para celebrar Ginny, ella no tenía porque pelear sola y corrió un gran riesgo innecesario — les reprendió la señora Weasley. — Que ella sea una vampira no significa que tenga que exponerse a situaciones peligrosas porque si, espero que se lo recuerden ya que es su amiga. Realmente terminó bastante herida, así que es algo que no debemos celebrar.

— ¿Estás seguro que ella esta bien? — le preguntó Harry a su padrino, preocupado.

— Totalmente — le respondió con una sonrisa, palmeando el hombro.

— ¿Cómo está tan seguro? — le cuestionó Malfoy.

— Valerie llegó a Grimmauld Place herida y fue Sirius quien la cuidó mientras el resto de la Orden protegía y solucionaba el resto de los conflictos que quedaron en San Mungo — explicó la señora Weasley, frunciendo las cejas por tener que darles dicha información.

Draco observó a Sirius con una mirada interrogadora — Exactamente — Sirius carraspeó. — Ella está totalmente recuperada, les puedo asegurar eso. Cuando llegue lo verán — volvió a carraspear, pero a Malfoy le llamó la atención que no mirara a nadie a los ojos al decir aquello.

— ¿Por qué siempre tenemos que enterarnos de estas cosas al último momento? — reclamó Fred.

— ¿Por qué no nos contaron antes? — se quejó George.

— Porque hay ciertos detalles que todavía no tiene porque saber — les respondió su madre.

— ¡No es justo! Malfoy se enteró antes que nosotros — refunfuñó Fred.

— Esa información le llegó a su abuelo, lo que él haga con ello no es de mi incumbencia — señaló la señora Weasley mirándolos con el ceño fruncido. — Bien, ahora que todos están abajo es hora de organizar un poco las cosas. Draco, dormirás con Ron y Harry en la habitación de Ron. Sirius, se supone que dentro de poco llegará Remus por lo que dormirá contigo en la pieza de Percy. Chicas — miró a Hermione y Ginny. — Dejen lista una cama para cuando llegue Valerie pues compartirán la pieza de Ginny entre las tres. Ron y Harry, lleven a Draco la pieza y que deje sus cosas ahí, de ahí bajen. El resto, es momento de que me ayuden a preparar la mesa y la comida — se escuchó más de algún quejido. — Sirius Black ni se te ocurra poner un solo pie en la escalera, vendrás derechito a ayudarme — exigió la bruja al ver como el mago hacia el amague de esconderse.


— No se si realmente mientes muy mal o simplemente tienes demasiada vergüenza en estos momento — replicó Walburga cuando su amiga le negó varias veces que no tenia nada que hablar sobre Sirius. — Me he dado cuenta de que hay algo que no me has contado — Valerie estaba por responder, pero su amiga continuó — De todas formas no necesito los detalles, conociendo a Sirius y cómo se a comportado no me sorprendería que haya intentando algo contigo.

— No, él… ¿Cómo, tu ya lo suponías? — Valerie miró a su amiga, absorta.

— No es que mi hijo sea muy sutil en esas cosas, querida. A demás, con el nuevo desplante que has mostrado, una faceta que me encanta a todo esto, no me cabe duda que ibas a llamar la atención de Sirius. Es un seductor sin remedio — se encogió de hombros. — Era cosa de tiempo que hiciera algún movimiento.

— Pero, él es… Es tú… — las palabras se quedaron atoradas en la boca de la vampira.

— Lo sé, es mi hijo. Es bastante particular la situación y cómica a la vez — Walburga rodó los ojos y sonrió. — Aun así, ya eres parte de la familia, el lazo de Andrómeda lo señala así que no me extraña que Sirius haya intentado seducirte. Tenía la leve sospecha de que serías capaz de jugar con su orgullo un tiempo, espero haya sido así — Valerie sonrió con timidez, todavía demasiado avergonzada. — Lo digo enserio querida — agregó Walburga — se que es una situación extraña y que estamos hablando de mi hijo, pero dejemos claro que nada relacionado a ti es normal — rió. — Eso todos lo sabemos. Creo que prefiero verte con un hombre correcto como mi hijo a que pierdas tu tiempo con un mago oscuro como Tom.

— Pero, yo… Yo todavía no he cerrado mi capítulo con Tom — señaló Valerie incómoda. — Me siento mal pensando que Sirius puede sentir… — sus palabras fueron interrumpidas por las fuertes carcajadas de su vieja amiga. — ¿Qué es lo gracioso?

Walburga tosió intentando controlar la risa y se secó una lágrima — Oh, Valerie, a veces puedes ser tan inocente o se te han subido un poco los humos a la cabeza — la vampira le dedicó una mirada ofendida. — No niego que Sirius pueda tener cierto interés por ti, pero de ahí a que sienta algo tan profundo como amor… Mujer, tranquilidad por favor… — se mofó.

— ¡No me refería a eso! — ante la indignación en la voz de Valerie, Walburga volvió a reír. — ¡No he dicho eso! Solo me refiero a que no quiero sentir que me estoy aprovechando de él cuando aun no he cerrado mi etapa con Tom… No se que ocurrirá cuando lo vea y eso no me ha dejado tranquila.

— Valerie — Walburga respiró varias veces, mientras su risa se apagaba. — Te estas preocupando de manera innecesaria.

— No es cierto.

— Claro que si. ¿De verdad crees que mi hijo no sabe por lo que estás pasando? Podrá ser un seductor empedernido, pero te puedo asegurar que es bastante inteligente. No creo que sienta algo tan profundo por ti, aunque claramente le atraes y te debe tener un cariño especial por ser una de las mejores amigas de su ahijado. No le des tantas vueltas al tema, Sirius Black sabe perfectamente en dónde se está metiendo y con quién está lidiando.

— Pero…

— Valerie — le interrumpió su amiga. — Relajate y disfruta. Abrete a la posibilidad de conocer a otra persona, que pases tiempo con él no significa necesariamente que terminen juntos… Prefiero mucho más verte pasar un buen rato con mi hijo que sola y llena de remordimientos por el pasado. Se que Sirius es un persona especial a su manera, aun así, es un buen hombre y creo que ustedes pueden tener un buen tiempo juntos. No tengo idea de que ocurrirá en el futuro, pero ¿no es esa la gracia? El misterio del futuro es lo que hace más interesante el presente.

Y la vampira supo que su amiga, como siempre, tenía razón. Tenía miedo de encontrarse con Tom pues temía a cuál sería su reacción, pero por otro lado, se sentía cómoda con la presencia de Sirius. Aquella química que tenían era algo que le había sucedido en mucho tiempo, le costaba pensar en cerrarse a eso, como también sabía que no se atrevería a profundizar en algo sin haber resuelto su tema con Tom Marvolo Riddle.


— He de decir, que vuestra madre cocina de maravilla — señaló Draco sonriente mientras se sentaba en la pequeña cama que le habían armado en la pieza de Ron. Ginny y Ron le sonrieron mientras sus rostros alcanzaron una tonalidad roja igual a la de su pelo. Tras ellos, ingresó Harry y Hermione y los cinco tomaron asiento entre las tres camas que habían en la pieza.

— Estaba todo delicioso como siempre — agregó Harry. — Creo que voy a explotar — se masajeó el estomago con un suspiro.

— No era necesario que te comieras toda la ensalada de papas — le replicó Hermione rodando los ojos y el resto rió.

— ¿Ustedes realmente creen que Valerie este bien? — preguntó repentinamente Draco cambiando el tema de conversación.

— Omm… Bueno, creo que nos habríamos enterado si algo malo le hubiera ocurrido — respondió Ron rascándose la cabeza.

— Estoy segura que se encuentra perfectamente bien — señaló Hermione con una pequeña sonrisa alentadora. — Dudo que sea fácil vencer a una vampira como ella.

— Estoy de acuerdo con eso — se sumo Ginny. — Aun que, es cierto lo que dijo mi mamá, no debemos dejar que ella se enfrente sola al enemigo, hemos de apoyarla y evitar que se meta en problemas.

— A demás — comenzó a decir Harry — Sirius dijo que ella ya se había recuperado, así que confío en su palabra —, peroDraco hizo una mueca de desagrado ante el nombre de Black. — ¿Ocurre algo? — preguntó Harry, extrañado.

Malfoy suspiró — No necesariamente… Es solo que… Digamos que tengo una sensación.

— ¿Sensación de qué? — preguntó Hermione.

— No dudo de la palabra de Sirius, pero creo que algo ocurrió cuando Valerie llegó herida a Grimmuald Place, estoy casi seguro… — señaló Draco rascándose la barbilla. — A demás, es Black de quien hablamos… Que haya estado solo con Valerie… Con respeto, Potter — se excusó de inmediato el rubio.

— Espera, espera, ¿estás diciendo que algo ocurrió entre Valerie y Sirius? — cuestionó Harry abriendo los ojos anonadado.

— No sé exactamente si ocurrió algo o no — recalcó Malfoy. — Solo CREO que algo pasó…

— No es como que Sirius no tenga fama de seductor — señaló Ron y Harry lo observó molesto.

— ¡Vamos Harry! — rió Ginny. — Ron tiene razón y todos lo sabemos.

— Es curioso que tu no hayas salido así — agregó Hermione de forma burlona y las mejillas de Harry se tornaron rosadas.

— De todas formas, no me sorprendería que Sirius aprovechara de echarle el ojo a Valerie, después de todo es una mujer muy atractiva y digamos que técnicamente no hay una diferencia de edad tan terrible… Bueno, tal vez si, pero ¿a quién le importa?

— ¡Ginny! — exclamó Harry avergonzado.

— ¡Hey! Solo estoy haciendo una suposición, no tenemos idea si algo así ocurrió. Malfoy es quien dio la idea.

— Yo no… — quiso replicar el rubio, pero se quedó callado, sin saber bien porque la conversación comenzaba a ponerlo incomodo.

— Draco… Puede que sea un poco personal la pregunta que voy a hacer, pero ¿a ti te gusta Valerie? — preguntó Hermione. El resto clavó sus ojos en el rubio.

Malfoy tensó el cuerpo y apretó los puños — Yo, yo… La verdad, no lo sé — respondió avergonzado. Todos quedaron sorprendidos al percatarse que les había dado una respuesta sincera.

— ¿Cómo no sabes? ¿Estás confundido? — le cuestionó Ginny.

— Bueno — Draco chasqueó la lengua y resopló — Tal vez esté confundido. Nunca había tenido una amiga como Valerie, alguien con quien confiar y apoyarme, por lo que no se si realmente me gusta o es que estoy confundiendo la amistad que tengo con ella. Se que soy muy sobre protector con ella como no lo es ninguno, pero deben entender que para mi, es la primera persona de mi propia casa que me trata como un igual.

Hermione se le acercó, tomó sus manos con suavidad y le sonrió — Lo sabemos. Está claro que tienes una amistad mucho más profunda con ella que con nosotros y nos alegramos de que Valerie cuente con un amigo tan leal como tu. También sabemos lo mucho que la estimas y si de verdad quieres resolver tus dudas de que es lo que sientes puedes contar con nosotros. Tal vez no tengamos el mismo nivel de confianza que tienes con Valerie, pero al menos para mi ya eres parte del grupo — la bruja rió.

— ¡Esa camarada! — gritó Harry, sonriendo e intentando aligerar el ambiente.

— No habrás pensado que te recibimos aquí solo por educación — se mofó Ginny.

— Solo los amigos son bienvenidos a La Madriguera — señaló con orgullo Ron.

Draco Malfoy observó a cada uno de los magos y brujas y se permitió por unos segundos sonreír con orgullo. ¿Aquellos imprudentes y destartalados leones lo estaban recibiendo con los brazos abiertos? No espero nunca experimentar algo así tras conocer a Valerie, pero tal vez, había sido la misma vampira la que le había abierto la puerta a formar un verdadero grupo de amigos.


Espero les haya gustado este capítulo, pronto se vendrá uno nuevo con mucha acción. Los quiere, Florence.