Un hogar lejano
No quería volver a pasar por las montañas. Quería alejarme de su sombra, y quería conocer el lugar donde Link decía que había una enorme estatua de la diosa Hylia.
Es por eso que, cuando dejamos mi (desde ahora y para siempre) adorada cabaña en la Estepa, pedí a Link que trazase una nueva ruta en la piedra sheikah. Había un paso que cruzaba el cañón de Tanagar, y ese iba a ser nuestro nuevo camino.
"Al otro lado del cañón ya no habrá nieve", dijo Link, como intentando animarme.
Pero el día era plomizo y yo sentía el corazón pesado, y me esforzaba para que no me azotase una especie de melancolía prematura por haber dejado atrás a Will, Tarie, las niñas y el abuelo. Es por eso que no quiero narrar en demasiado detalle el momento en que anunciamos que debíamos marcharnos de la cabaña. Pensar en ellos me aguijonea demasiado el corazón, así que me ahorraré a mí misma ese trago. Sólo diré que precipitamos la partida, nos fuimos con prisa, ni siquiera esperamos a que llegasen los emisarios orni que Will había pedido para aclarar todo lo de la bruja. Creo que Link tiene la costumbre de vivir así: llega sin avisar y se marcha como si algo le persiguiese. Quizás algún día, los dos, podamos llegar a cambiar eso, si él quiere. La precipitación, el miedo a abrirse del todo a los demás… no es más que otra de las cicatrices que le ha dejado el Cataclismo.
Tarie me sorprendió con un bolso lleno con ropa de su hija Mecwen, aunque yo no le había pedido nada, como es lógico. Me había preparado un equipaje con ropas limpias, con el olor a violetas que tienen las cosas que ella lava, y también preparó otro equipaje de comida para Link y para mí. La despedida fue muy dura para mí, mucho, es todo. No puedo dejar de ver a madre en Tarie, y… tampoco fue sencillo decir adiós a las pequeñas. Grinn se enganchó a mi pierna y no me quería dejar marchar. Lywise estaba más tranquila, porque tenía la convicción de que nos volveríamos a ver pronto, cuando ella y su familia visitasen a Mec en la aldea de Hatelia. "Nos veremos pronto en la aldea", lo decía apretando los puños, con convicción.
"No debiste decir esa mentira a Will y su familia", dije, con amargura. Ya llevábamos al menos un par de horas cabalgando, y habíamos dejado la cabaña y la Estepa más que atrás.
"¿Qué mentira?", Link redujo la marcha para cabalgar en paralelo a mí.
"Ya sabes, que eres de Hatelia y todo eso. Las mentiras tienen un tiempo de vida muy limitado, Link. Me sentiré fatal cuando Tarie y la familia viajen a Hatelia y lo descubran todo."
"No hay nada que descubrir porque no hay ninguna mentira.", dijo él, impasible, "Tenemos una casa en Hatelia."
"¿Cómo que tenemos una casa en Hatelia?"
"La compré. Había un tipo muy raro que quería tirarla abajo, Karud, el jefe de constructores de la aldea. Querían derribarla para fabricar una de esas casas modulares, como las que hay en la aldea Arkadia."
"¿Aldea Arkadia?"
"Te has perdido muchas cosas, lo había olvidado.", sonrió, rascándose el pelo de la coronilla. "La aldea Arkadia es nueva, no la conoces, ya te contaré todo, y también lo del grupo de constructores que viven en Hatelia. El caso es que compré la casa en un impulso y la fui reformando poco a poco."
Llegados a este punto, tuve que dar una carcajada, porque me podía imaginar a Link haciendo de todo menos comprar una casa o reformarla.
"Al principio la compré sólo para almacenar armas y cosas así, no tenía ninguna intención de usarla más que como cobertizo o almacén. Pero… con el tiempo me di cuenta de que era cómoda y pasaba allí más tiempo intentando hacer mejoras. Una puerta, una cama… diablos, cuando pusimos el hogar y la cocina me di cuenta de que era una casa de verdad. Y afuera hay un manzano enorme, ¿sabes? Y también tiene un jardín, y una fuente con una pequeña laguna. Dejó de ser un viejo cobertizo lleno de humedad y grietas, y se convirtió en un hogar."
Tal y como lo describía, de repente no me parecía tan dramático haber dejado atrás la cabaña de la Estepa. No sé, creo que el tiempo en la cabaña me ha enseñado a valorar el hogar mucho más allá de lo que yo podía imaginar.
"Hasta compré un juego de té, fue lo último que conseguí para la casa."
"¿Tú compraste un juego de té?", no pude más que reírme ante la idea de verle comprando algo así.
"¿Cómo diablos voy a beber té si no tengo una tetera y unas tazas?"
"No dejas de sorprenderme, héroe de Hyrule."
"Bueno, una casa necesita platos y tazas de té.", se encogió de hombros, "nuestro mundo de antes ya no existe. Tenía que empezar de nuevo por algún sitio."
"Eres muy afortunado por haber encontrado ese rincón para ti", sonreí, "te mereces un hogar. Un hogar para hacerte un té y sentarte bajo un manzano. Mereces ese descanso."
Link frunció el ceño y por un instante se sumió en sus pensamientos.
"¿Va todo bien?", pregunté, al ver su gesto.
"Sí.", forzó una sonrisa.
No, no iba bien, había dicho algo que le había contrariado, estaba claro. No pretendía reírme de él ni por lo de la casa ni nada por el estilo. De hecho, estaba orgullosa de que hubiera tomado esa decisión, de que hubiera reclamado un pedazo de tierra para él.
"Algún día visitaremos tu casa, ¿no? Me hace mucha ilusión ver todo lo que me has contado, y el juego de té."
"Claro, podemos pasar por allí antes de volver a Kakariko."
Esta vez fui yo la que se sintió muy contrariada. Volver a Kakariko. Había olvidado Kakariko, a los sheikah y todo lo demás. Lo había eliminado por completo de mi cabeza, y me angustiaba la idea de volver a la que fue mi maravillosa habitación, la que tenía miedo de dejar y donde di mis primeros pasos tras derrotar a Ganon. Lo que había sido cálido y confortable ahora parecía casi un castigo. No tenía ni idea de cómo sería la casa de Link, pero aunque estuviese hecha con ramas y trozos de tela preferiría mil veces vivir con él (si me daba la oportunidad) que volver a la casa de Impa.
Cada cual se hundió en sus pensamientos, y esa noche acampamos en el lado este del cañón de Tanagar. Ya no había nieve, ni permafrost y la sombra de Hebra parecía más lejana y menos amenazante. Volvimos a las noches al raso, al techo de estrellas, a los imprevistos del camino. No había luna y la única luz que iluminaba nuestro alrededor era la de nuestra hoguera, una luz cálida en medio de un manto de oscuridad. Lobo se había quedado dormido muy pronto a mis pies, y Link se había retirado para dar una vuelta en los alrededores después de cenar. Más tarde volvió para sentarse junto al fuego, en silencio. Estaba serio y mantenía una arruga de preocupación entre las cejas. Yo quería… no, no iba a consentir eso. Nos habíamos besado dos veces, no podíamos volver al punto anterior de ninguna manera, no podía volver a dejar que se aislase aferrándose a su espada. Asumí el riesgo de levantarme para sentarme a su lado, agarré su mano y le besé la mejilla antes de dejarme caer un poco sobre su hombro. Él pareció ablandarse con todo eso.
"Dime qué es lo que te preocupa o lo que no he hecho bien, Link.", le pedí.
"Es una tontería."
"Ya sabía yo que había dicho algo que no te había gustado. ¿Lo podemos hablar?"
"Me da un poco de vergüenza", dijo, y una sonrisa fugaz trajo de vuelta su adorable hoyito.
"No me lo creo", reí, "dímelo, por favor. A veces… soy muy torpe e impulsiva y… a veces me obsesiono con alguna idea y a lo mejor no me doy cuenta de lo que me rodea. Ya me conoces."
"No eres torpe, tranquila."
"¿Entonces?"
"Es que… No sé qué quieres hacer cuando acabe este viaje."
Fruncí un poco el ceño, no esperaba me dijera eso. Lo mejor era ser lo más sincera posible al respecto, aunque él me tomase por una cobarde.
"Lo sé. No lo he pensado, aún me asusta un poco pensar en el futuro.", reconocí.
"Sé que lo más normal es que en algún momento paremos, el viaje acabará. Tendremos que parar.", reflexionó, y noté cierta tensión en su mandíbula. "Cuando pienso en la casa de Hatelia... Tú tampoco tienes casa, bueno, es el castillo, pero ahora está en ruinas. Ninguno de los dos pertenece a esta época y… sé que los sheikah son los protectores de la familia real, Impa es tu tutora, no lo discuto. Pero mi casa no está mal para vivir. Allí hay paz, Zelda, no lo has visto, pero te prometo que es así. No es ni de lejos a lo que tú estás acostumbrada, con muchas alas y torres, y grandes salones. No es sólo un hogar para mí. Yo quería que fuese como la casa de Will. Al ver que te gustó tanto la cabaña de la Estepa, sentí esperanzas de que mi casa podría llegar a gustarte, si tú quisieras."
"Me gusta sin haberla visto.", respondí, con el corazón un poco acelerado por su propuesta. Claro que me gustaba, no quería estar en ningún otro sitio. "Me gusta mucho."
"¿Lo dices en serio?"
Sujeté su cara con ambas manos para dirigirla hacia mí, y lo besé con suavidad, el más lento y pausado beso de todos los que nos habíamos dado. No se me ocurría otra forma de expresar lo mucho que significaba para mí.
"Sabiendo que tenemos un hogar al que volver me siento capaz de viajar a cualquier sitio.", sonreí.
Link suspiró, supongo que aliviado, echó el brazo por encima de mí para que me acurrucase un poco sobre él, y encontré una postura cómoda en el hueco entre su hombro y la barbilla.
"Si no te gusta el juego de té podemos comprar otro.", dijo, haciéndome reír.
Lobo se despertó de repente, como si algo le hubiera asustado, olisqueó el aire y se calmó, habría sido un mal sueño. Después se giró para buscarme, como casi cada noche, pero al verme acurrucada con Link se puso a ladrar y entonces sí me dio la risa de verdad.
"¿Qué diablos le pasa a este animal? ¡Calla! Haces ruido y podrías atraer a enemigos.", refunfuñó Link. Lobo le mordisqueó la bota.
"Yo sí sé lo que le pasa, no le gusta que esté aquí contigo. Ven Lobo."
Gruñendo un poco se acurrucó y puso la cabeza en mi regazo, aunque cada vez que Link se movía un poco a mi lado volvía a gruñir.
Esa noche dormí pensando que echaría de menos leer el cuento a Lywise y Grinn y el beso de buenas noches de Tarie. Pero a la vez, sabía que volveríamos y que había otro hogar no igual pero parecido esperando en la otra punta del mundo. Eso me hizo cerrar los ojos, relajada y cómoda bajo la manta. Él, sin embargo, tenía algo más en la cabeza. De reojo pude ver su tensión y cómo tenía los ojos de par en par hacia el techo de la tienda. Caí rendida de sueño y ya no sé si él logró dormirse a una hora decente o no.
A la mañana siguiente encontré fuera a Link, olisqueando el aire junto a Lobo. Parecían haber hecho las paces, supongo que Lobo es algo territorial, les ocurre a algunos animales.
"Va a llover", anunció Link, sin retirar la vista del cielo.
Oh, sí. Con tanto frío, centaleones dorados, besos y nieve, había olvidado mi vida de dormir con la cabeza en un charco y de acabar siempre con las ropas embarradas.
Hicimos el equipaje en silencio. Los únicos animados parecíamos Lobo y yo, porque Link mantenía su rictus tenso y dos sombras oscuras bajo los ojos que demostraban lo poco que había dormido en realidad. Lo bueno es que sabía que no era por mí. Él también empieza a abrirse a las muestras de afecto, cada vez más, a pesar de que sé que en realidad se niega algunos impulsos. Mantener una distancia de seguridad conmigo es algo que tiene tan interiorizado de su etapa de caballero que imagino que no es algo tan sencillo de desterrar, no del día a la noche. Esta vez me besó el dedo y el dorso de la mano. Me di un pellizco accidental mientras aseguraba el equipaje a la montura del caballo y… soy torpe, qué se le va a hacer. Yo tampoco tengo aún asumida su nueva cercanía, tengo cero inmunidad a sus gestos de cariño, porque aunque fuese solo el dedo, la mano, la oleada de calor llegó esta vez hasta mis orejas cuando sentí sus labios en mi piel.
"¿Mejor?"
"Sí, mejor."
En fin, nadie me hacía algo parecido desde que era niña, y la única que alguna vez hizo algo así era mi madre. Pero volviendo al tema, ¿qué preocupaba a Link?
La tierra empezó a oler a humedad cuando tomamos rumbo sur, caminando paralelos al cañón de Tanagar. Nunca había estado ahí, tan lejos. Padre siempre decía que eran "tierras ásperas". Supongo que es un buen adjetivo, porque no son buenas tierras para el cultivo, están demasiado cercanas el frío de la Estepa y a la sombra de Hebra. Nada que ver con el margen oeste del cañón, donde los verdes bosques de coníferas, los arroyos y el lago Ornitón lo llenan todo de vida.
Link dijo que ya estábamos cerca del templo olvidado, pero que tendríamos que descender parte del cañón y dejar atrás a los caballos, temporalmente.
"No me gusta dejarlos aquí", dije, expresando en voz alta sólo parte de las dudas que me atormentaban.
"No va a pasar nada, lo he hecho muchas veces. Los caballos huirán si se sienten amenazados, y saben cómo llegar a las postas, tienen buen instinto para eso.", él se encogió de hombros con despreocupación.
"Podrían robar nuestras cosas, podríamos perderlo todo, todo el equipaje."
"No podemos llevarlo hasta ahí abajo. ¿No te gustaría ir a echar un vistazo?"
"Más de lo que puedas imaginar, pero… No quiero perder nuestras cosas. Algunas tienen valor sentimental para mí."
Link parpardeó un par de veces, e inclinó la cabeza a un lado. Supongo que a él no se le había pasado por la cabeza lo que acababa de decirle.
"Tarie me ha dado cosas de Mec, su hija. Y… no quiero perderlo, Link. No sirve de nada comprar otras cosas o reemplazarlas. No sería lo mismo."
"Por un momento pensé que temías perder tu diario secreto.", bromeó.
"Ni hablar. El diario va a todos lados conmigo. Además, todos los diarios son secretos, este no tiene nada de diferente en ese sentido, aunque sé que todavía piensas que podrás leerlo en algún momento."
"Se puede aprender mucho del diario de otra persona. Cosas que jamás imaginaste."
"Eso sólo es posible si pudieras husmear en las cosas privadas de otros."
Link mostró la primera sonrisa genuina del día, y después propuso hacer algo totalmente distinto. Iríamos otra vez a la posta de Idilia a dejar los caballos y el equipaje más pesado, y nos arriesgaríamos a ir a pie hasta el templo olvidado.
Pero una horrible tormenta nos pilló a mitad de camino. Link y Lobo acertaron con lo de la lluvia. Montamos la tienda para poder refugiarnos un poco y no acabar como una sopa (fue idea mía, él se conformaba con que nos quedásemos un rato bajo unos árboles que nos salieron al paso).
Recuerdo lo desagradable que fue mi sensación la otra vez que viajamos hasta Idilia. Llegué hasta allí agotada, sucia, con el pelo enmarañado (fue ahí donde tomé la sabia decisión de cortarlo). No va a ser igual esta vez, me siento mejor y más segura de mí misma. Aunque… volvemos al punto de partida con las manos vacías, porque no conseguimos nuestro primer objetivo: encontrar al hermano perdido.
Bajo la tienda, oyendo los goterones golpeando la lona, Link se ha quedado dormido al fin, creo que lo necesitaba de verdad,
-Zelda B.
