La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Capitulo 28

—¿Por qué ahora estás siempre en nuestra casa? —pregunta Brenna, ganando mi mirada de desaprobación. Le regala a Emmett una sonrisa tímida y luego cambia su enfoque a las patatas y galletas que él ha tirado en el carrito cuando yo no miraba.

—Eso será ciento cuarenta y dos —dice la cajera adolescente, mirando con descaro a Emmett mientras él le entrega rápidamente un montón de billetes de veinte dólares antes de que consiga sacar mi billetera.

—Ni siquiera lo intentes. —Se ríe, empujándome con el carrito, dándole a la cajera una sonrisa de hoyuelos mientras recoge su cambio.

Con un fuerte suspiro, empujo el carrito cargado de la tienda, tratando de fingir que nadie nos mira. La verdad es que son las diez de la mañana del domingo y todo el mundo nos está mirando. Sin embargo, no parece perturbar a Emmett, que saluda de manera amigable a la gente cuando pasa.

Desde el fin de semana pasado en la cabaña de Sid Durrand, Emmett nos ha visitado durante cuatro de cinco días de la semana. Dos veces durante el día mientras Brenna se encontraba en la escuela y no tenía que trabajar. Y luego anoche, levantó los pies, puso el partido de béisbol; la temporada de hockey ya se acabó, con Toronto llevándose a casa la copa, y simplemente se quedó. Nunca discutimos la idea de que se quedara, simplemente ocurrió. Y se sentía bien.

Por fortuna, era bastante fácil de explicar por qué Emmett dormía conmigo en mi cama; no teníamos otro lugar para dormir —y yo pude racionalizar con Brenna por qué ella no podía dormir con nosotros—, no puede arriesgarse a golpear a Emmett en la pierna. Eso no impidió que entrara a las seis de la mañana para despertarnos.

Hasta ahora, nada se ha reportado a los medios de comunicación.

Nadie está al acecho detrás de Rawley con una cámara. Es una rara… situación normal. Eso es probablemente porque no hemos hecho nada tan público como ir al supermercado juntos, hasta ahora. Sin duda he

oído los murmullos, sentí las curiosas sonrisas.

—¿Por qué tan tensa? —pregunta Emmett mientras cruzamos el estacionamiento.

—No lo estoy. Brenna, quédate cerca.

Sus dientes rectos brillan en el sol de la mañana mientras sonríe.

—Mentirosa.

—Tal vez estoy un poco tensa —reconozco en voz baja—. Supongo que estoy esperando a que alguien salte de los arbustos y ponga una cámara en mi cara. Ya sabes, preguntándome cuando nos vamos a casar.

Su sonrisa de repente se borra. —Guau… No nos adelantemos, Bella.

Mis mejillas arden con el calor. —Oh, no quise decirlo de verdad, como si eso fuera lo que quiero.

Se detiene, frunciendo el ceño. —¿No lo quieres?

—Por supuesto que sí. Quiero decir, algún día. Quiero decir… —Mi mente da vueltas mientras tropiezo con las palabras, buscando las que apaguen esta tensión repentina.

Hasta que comienza a reír, y me doy cuenta de que bromea conmigo.

—¡Eres un idiota! —Le doy con el codo en su antebrazo pero estoy sonriendo.

—¡Mamá!

—Está bien. Lo merezco —dice Emmett, mientras miro dentro de mi bolso en busca de las llaves—. Tal vez debería probar con la actuación si el hockey no funciona.

Le pongo los ojos en blanco mientras abro la compuerta. Emmett comienza a entregarme bolsas de víveres, su sonrisa abiertamente diabólica, sus dedos rozando los míos con cada paso.

—¿Alguna vez has tenido un perro? —pregunta Brenna desde la nada, incluso mientras sus brillantes ojos se enfocan en la fuente de helado de chocolate que de alguna manera no ha notado antes.

—Sí, un beagle llamado Bower. Sin embargo, huyó. Nunca volvió.

—Oh. —Brenna contrae su rostro—. Es una historia triste.

—Sí. Lo es.

—¿Vas a tener otro?

Emmett vacía el carrito de las dos últimas bolsas. —Es curioso que preguntes. Recientemente, he empezado a pensar en adoptar un perro.

Sus ojos se ensanchan. —¿De verdad?

—Sí. Simplemente no sé si en este momento puedo cuidarlo.

—¡Puedo ayudar!

—Emmett vive en Filadelfia, cariño —le recuerdo.

Su rostro se entristece. —Oh sí… lo olvidé. —Pero las ruedas ya marchan dentro de su cabecita—. Solo me queda una semana más de escuela así que podría hacerlo durante el verano. ¡Puedo quedarme en tu casa!

Me vuelvo para clavarle a Emmett una mirada de "mira lo que has hecho".

No parece ni un poquito molesto. —Tendré que pensarlo, Brenna. Un perro es una gran responsabilidad.

Pero ella ya lo ha pensado bastante. —Lo sé. Pero somos tres. Mamá y yo podríamos vivir contigo en tu casa…

—No, Brenna.

—¿Por qué no? Emmett tiene una casa grande.

—Porque no.

—¿Pero por qué?

No tiene sentido explicarle las razones más obvias para que no nos mudemos con Emmett.

—Porque me queda muy lejos del trabajo.

—¿Por qué tienes que trabajar?

Ahogo mi exasperación. —Ya hemos tenido esta conversación. — Al menos veinte veces, el concepto todavía se le escapa—. Tengo que trabajar para ganar dinero, así tenemos un lugar donde vivir, comida en la mesa, ropa en nuestros cuerpos, y…

—Pero Brady Mooter dijo que Emmett es muy rico, así que no puede…

—¡No! —Aquel maldito niño Brady Mooter otra vez. Le lanzo una mirada de disculpa a Emmett, pero él simplemente sonríe, como si le divirtiera toda la conversación.

—Brenna, te prometo que te traeremos un perro cuando sea el momento adecuado. Ahora ven. Ayúdame a guardar el carrito.

Agarra el otro lado de la manija, charlando sobre qué clase de perro Emmett debe adoptar; un perro de muchacho, seguramente, porque Emmett es un muchacho, y cómo él debe nombrarlo, mientras cruzamos el estacionamiento a la estación de carritos. Permito que le dé el último empujón, y luego regresamos al coche.

James Phililps se encuentra justo delante de mí.


Aca un nuevo capitulo, se que es cortito perooo espero que lo disfruten igual

18/33