Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
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CHAPTER XXXI: Como antes.
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Sintió una caricia en su frente y la punta de una nariz acariciando su mejilla, bajando por ella para dirigirse hacia su cuello. Ella sonrió aún con los ojos cerrados, comenzando a ser consciente de las caricias y besos que su piel iba recibiendo. De a poco, abrió los ojos y el aroma a café junto a aquel que desprendía la piel de Bakugo la hizo sonreír para mirarlo junto a ella. El hombre seguía dejando un camino de besos que fue bajando por su hombro hasta que fue consciente de que ella estaba despierta.
―¿Podrías despertarme siempre así? ―Preguntó ella en un susurro que él respondió con una sonrisa, sintió los labios del hombre besando los propios, ella correspondiendo a aquel tacto para invitarlo a continuar, colocándose encima de ella, acomodando sus grandes brazos a cada lado de su cabeza, teniendo mayor espacio para sí―. Te amo ―Dijo interrumpiendo su beso.
Lo vio alejarse para dedicarle una sonrisa pero cuando abrió los labios para hablar, en lugar de que su voz saliera, el sonido del timbre del teléfono fue lo que escuchó.
Ochako abrió los ojos de par en par, arrancada de su sueño con Katsuki como si jalaran de ella con tanta brusquedad que la sola idea de darse cuenta que todo fue producto de su imaginación, la hizo maldecir. Incorporándose de la cama con suma dificultad y sintiendo cómo su cuerpo se sentía fatal a cada respiración dada, Ochako buscó a tientas su teléfono sin hallar nada.
―Carajo… ―Volvió a decir, sintió entonces bajo su tacto una mano que, claramente, no era suya. Ochako le tomó un momento despabilar al sentir la piel cálida bajo su mano hasta que, limpiándose las legañas de los ojos, reconoció la figura de Bakugo durmiendo a su lado.
Uraraka casi pegó un grito al cielo al verlo allí, sin saber cómo terminó él acostado a su lado pero prestando mejor atención a su alrededor, comprendió que el intruso no era él. Ella no estaba en su cama ni siquiera en su habitación. ¡Qué costumbre tenía de despertar en camas ajenas cuando bebía tanto!
Vio a Katsuki removerse un poco en su sitio, acomodándose mejor para continuar durmiendo. Ochako dejó la histeria a un lado, reconociendo el rostro calmo de su ex novio, completamente entregado al sueño. Katsuki era de las personas que tenía el sueño ligero, lo sabía porque cuando ella solía tener pesadillas o sólo se levantaba a mitad de la noche para ir al baño, él se despertaba con facilidad.
En esa ocasión, fue distinta, por más de que su teléfono estuviese sonando en su cartera y ella haya saltado en su sitio al verlo, Bakugo no pareció perturbado en lo más mínimo. Ella se acercó a su rostro, comprobando cuán agotado lucía. Tuvo un ligero impulso por acariciar su rostro, deslizar sus yemas sobre sus cejas rubias y delinear el camino que descendía por sus mejillas hasta su marcada mandíbula, rozar su piel sobre sus labios y verlo dormir como un niño.
―¿Acaso estás loca? ―Se dijo a sí misma por lo bajo. Ellos ya no eran nada, a pesar de eso, ella despertó en su cama aunque para alivio suyo, ambos se encontraban vestidos.
Ochako reconoció las prendas de Katsuki en su cuerpo, incluso el yogui gigantesco que estaba por caérsele de las caderas. Se sentó al borde de la cama, intentando estabilizar un poco su cuerpo. Se sentía tan pesada, tan mareada que le costaba trabajo recordar cómo acabó allí. Volvió a mirar a Katsuki sobre su hombro, verlo dormir tan plácidamente le generaba tanta ternura.
―Necesito salir de aquí ―Dijo para sí en un susurro.
Su teléfono dejó de sonar cuando ella logró dejar la cama, reconoció su cartera sobre el escritorio que contaba la habitación, así que con cuidado y sujetando el maldito yogui que se le caía por los lados, fue hasta el mueble para tomar su cartera. No reconoció su ropa por ningún lado, sólo su cartera con su teléfono, su billetera y sus documentos. Tomó sus pertenencias para dejar la habitación, pero entonces halló el pequeño relicario sobre el vidrio que decoraba la superficie del escritorio, precisamente al lado de los pantalones de Katsuki.
Ochako tomó el regalo que le había hecho al hombre entre sus dedos, quitó el seguro y volvió a encontrar su propia fotografía en su interior. Sus mejillas se sonrojaron y volvió a dirigir su vista a sus espaldas sobre el cuerpo dormido del hombre con quien despertó. Después de todo ese tiempo, él seguía conservando su fotografía, conservaba el recuerdo de lo que fueron.
―¿Por qué me haces esto, Katsuki? ―Dijo cerrando el relicario, devolviéndolo al escritorio.
Dejó su habitación después, con pies descalzos y ropas el triple de su talla. Cerró con cuidado la puerta del cuarto cuando escuchó pasos que se acercaban a ella. Se volteó con el terror tatuado en su rostro. ¿Cómo explicaría a las personas que terminó durmiendo en esa casa sin siquiera recordar cómo llegó allí en primer lugar? ¡Maldita borrachera!
―Uraraka-san ―Una de las empleadas del sitio llamada Tomoe se acercó a ella con una bandeja metálica, un tetero y una taza encima de ésta. La mujer le dedicó una sonrisa amigable que Ochako sólo correspondió con pena―. Iba a dejarle éste te de hierbas para su estómago.
―¿Té de hierbas?
―Así es. Cuando Bakugo-san la trajo, nos pidió que le hiciéramos un té. No lucía muy… Estable. ―Ochako gritó internamente. ¿Había algo peor que Katsuki la haya visto en su peor estado de ebriedad? Claro, que todo el personal de su casa lo haya hecho―. Mitsuki-san la espera en el solario. ¿Quiere que lleve el té allí?
―No, yo… Yo debo irme ―Dijo Ochako.
―Pero su ropa aún no está lista. ―La mujer le dedicó una sonrisa ante la gran duda en su expresión―. Mitsuki-san preparó un poco de ropa que podría usar estando aquí, claro mientras terminamos de planchar sus prendas.
―¡De verdad lo lamento! ―Ochako le dedicó una reverencia a Tomoe que tomó por sorpresa a la mujer, haciéndola sonrojar―. ¡No merezco tantas atenciones! Ni siquiera debo estar aquí. Yo… No recuerdo cómo llegué…
―Uraraka-san ―Habló Tomoe interrumpiéndola―. Se sentirá mejor después de tomar un poco de té y cambiarse.
Ochako vio la expresión amigable de la mujer y no podía seguir causándole más molestias. Rendida, se encogió de hombros para seguirla a la habitación de huéspedes en donde varios vestidos holgados, unos conjuntos de falda y blusas de mangas largas y unos pantalones cortos se encontraban. Uraraka observó con fascinación las prendas, sin duda Mitsuki tenía buen gusto.
―Le dejaré el té aquí. ―Ochako despertó de su ensoñación con la voz de Tomoe hablándole. La mujer dejó la bandeja sobre la mesa de noche que contaba la gran cama queen size del cuarto―. ¿Recuerda cómo llegar al solario o le gustaría que la espere afuera?
―No te preocupes, recuerdo cómo llegar. Gracias, Tomoe-san.
La mujer le dedicó una sentimiento y una sonrisa para dejarla sola en el cuarto. Ochako volvió a mirar las prendas frente a ella, todos fueron confeccionados con telas cálidas, ideales para el otoño que tenían encima. Tomó la falda oscura que llegaba por debajo de sus rodillas y luego, la blusa de mangas largas que se abotonaba tras el cuello. Se dirigió al espejo de cuerpo completo que contaba el placar del sitio, observó su silueta y sonrió con pena.
Su teléfono volvió a sonar, recordándole que la habían llamado. Su cabeza adolecía con el timbre tan elevado, así que corrió hasta su cartera y sacó su teléfono. Era su padre. Por un momento palideció.
―¡Papá! ―Dijo al contestar.
―Chako, ¿cómo estás, linda? ―La voz de su padre se oyó y ella se relajó un poco.
―¿Dónde estás? ¿Sigues en el hotel? Debo ir a buscarte y…
―Chako, cariño, respira ―Habló Kiyoshi riendo con gusto―. Al parecer fue una noche divertida, ¿eh? ―Ochako se encogió de hombros. Divertida no sería la palabra que usaría para referirse y menos a la terrible resaca que traía encima―. Sólo quería comentarte que me aceptaron para trabajar en el restaurante que te había dicho.
―¡¿De verdad?! ―Ochako volvió a maldecir, su propia voz le generaba un dolor horrible de cabeza―. Me alegro por ti, Papá.
―Aún no puedo creerlo ―Respondió su padre con emoción―. Ésta tarde regreso a Nagoya, pero en unos días, habrá una cena importante en la que trabajaré en Tokio, así que nos volveremos a ver en unos días, cariño.
―Me alegra oírte tan feliz, papá.
―Dímelo a mí que a mis cincuenta, siento que vuelvo a tener tu edad ―Lo escuchó reír con diversión, ella sólo pudo sonreír a su par―. Bien, sólo llamaba para comentarte eso. Debo colgar, comenzará el recorrido por las instalaciones del lugar en donde será la cena.
―Gracias por llamar, te amo. ―Ochako cortó la llamada después, miró la pantalla de su teléfono con una sonrisa. Su padre había ganado más confianza gracias a ella, saber que estaba saliendo de su zona de confort por inspiración suya, competía con aquel sentimiento de opresión que nacía cada vez que pensaba en su padre volviendo a trabajar a sus cincuenta años.
Ochako revisó su móvil, hallando un sinfín de mensajes por parte de sus amigas, las cuales competían entre quién envió más mensajes. Estaba verdaderamente molesta con las tres, ¿cómo dejaron que Bakugo la terminara buscando del bar? ¡Ella no era consciente de sus acciones y dejaron que su ex la viera en ese estado!
Abrió uno de los mensajes de Mina que le pedían que le marcara apenas leyera su mensaje; Tsuyu, le decía que si necesitaba algo, ella estaría allí. Siguió bajando los mensajes hasta llegar al nombre de Camie.
Camie
No me lo agradezcas.
Recibido 2:45 a.m.
Ochako parpadeó un par de veces sin saber cómo tomar aquel mensaje. No tuvo mejor idea que marcar a Mina, después de todo, fue la que había llenado su buzón de voz con sus mensajes, así que a quién podía increpar en esos momentos era a su mejor amiga.
Se dirigió a la tetera para servirse el té de hierbas que le había dado Tomoe, se bebió un par de tazas, degustando el sabor fresco del mismo. Sin duda, su cuerpo, después de estar ingiriendo cantidades industriales de alcohol, agradecía que algo natural ingresara a él.
―¿Cómo terminé viva de esto? ―Preguntó molesta consigo misma.
―¡Por todos los cielos, Uraraka Ochako, estaba por poner tu foto por todos lados porque no aparecías! ―La voz de Mina gritando la hizo alejar el teléfono de su oreja, preguntándose por qué debía ser tan enérgica un domingo de mañana cuando ella aún no sabía si estaba en el mundo de los vivos o los muertos.
―¡¿Cómo que desaparecí?! ―Preguntó molesta.
―¡No uses ese tono conmigo! Estoy molesta contigo. ―Ochako se mostró indignada con aquellas palabras―. Desapareciste con Camie ayer y no nos quiso decir adónde fuiste hasta que dijo que te marchaste. ―La voz de Ashido la hizo pensar nuevamente en el mensaje que Camie le había dejado.
Ochako comenzó a hacer memoria de los últimos recuerdos que tenía antes de caer a la inconsciencia, incapaz de saber muy bien qué sucedió con ella. Se sentó sobre la cama detrás de ella, mientras oía a Mina decirle lo mal amiga que era por hacerla sufrir semejante susto. Fue entonces que todo cobró sentido.
Un grito desde los confines de su interior salió de ella, sujetándose la cabeza con ambas manos. Mina sólo escuchó el grito y comenzó a gritar más fuerte tras la línea sin saber por qué estaban gritando.
―¡Ochako, ¿qué pasó?! ―Preguntó su amiga alterada.
―¡Camie! ―Respondió ella―. ¡Camie pasó!
―¿Cómo…?
―Camie llamó a Katsuki para que me buscara del bar ―Finalizó Ochako en un hilo de voz, completamente sonrojada por la vergüenza que traía encima de que, no sólo la buscó del bar o la vio en su peor estado de ebriedad; también la vio vomitar, la terminó viendo desnuda mientras se bañaba, la ayudó a vestirse y terminó durmiendo a su lado.
―¿Cómo que Bakugo te buscó del bar? ―Preguntó Mina―. ¿En dónde estás ahora?
Ochako dio un sorbo profundo a su taza de té, no sabía si quería responderle esa pregunta a su mejor amiga pero Mina no dejaba de insistir tras la línea.
―Estoy en la casa de Katsuki.
―¡Uraraka Ochako! ―Gritó molesta Mina―. ¡¿Cómo mierda te emborrachas por un hombre y amaneces en su casa después?! ¡Espera! ¡¿Te hizo algo?!
―¡Claro que no! ¡Es Katsuki de quien hablamos! Nunca se aprovecharía de una situación así, él… ―Su voz dejó de ser un griterío constante al recordar el modo en el que él acariciaba su espalda y sujetaba su cabello mientras la veía vomitar o la sujetaba para que no cayera mientras la ayudaba a desvestirse y aguardaba a que terminara de bañarse para envolverla en su toalla. Cómo la ayudó a acostarse y hacerla sentir segura en cada instante. Su rostro se sonrojaba aún más―. Él no haría algo como eso.
―Carajo, Camie sí que sabe cómo jugar cartas ajenas.
―¿Te dijo algo? ―Preguntó Ochako. Mina guardó silencio un momento―. ¡¿Mina?!
―¡Está bien, no me grites! Mencionó algo sobre que tú eres demasiado orgullosa y Bakugo un completo idiota. Que se merecen al uno al otro, sólo eso. Nunca pensé que te alejaría del bar para que Bakugo te buscara. Cuando desapareciste, nos dijo que te habías ido en uber aunque no le creí en absoluto, tú nunca te irías sin despedirte, además, ¿un uber desde Ginza a Chiyoda? No te veo gastando tanto dinero. Iida pasaría a buscarnos después de todo. Chica, cuando te dije que podías perder la consciencia, no creí que lo tomaras tan literal.
―¿Tan mal fue? ―Preguntó Ochako, aunque en realidad no estaba segura de querer saber su respuesta.
―Comenzaste a llorar cuando sonó Candy de Doja Cat luego del segundo shot de tequila ―Ochako llorquieó tras la línea―. En serio, eres terrible con el alcohol. Al menos, no pasó nada con Bakugo.
No, absolutamente nada más que haber perdido lo poco que tenía de dignidad frente a su ex novio, en cuya cama acabó despertando. Se llevó una mano a su frente, reprochándose a sí misma. Camie la tenía que escuchar.
―Mina, debo colgar ―Respondió y se despidió de su amiga. Miró un momento su teléfono buscando el número de Camie, pero antes de marcarla, la puerta la habitación comenzó a sonar con unos golpes sobre ésta―. Adelante.
Mitsuki ingresó a la habitación y Ochako se sonrojó terriblemente cuando la vio. Ochako adoraba a la mujer, por eso le generaba tanta vergüenza haber terminado enseñando su peor lado en su casa. La rubia comenzó a reír al ver su expresión.
―Quita esa cara, que todos fuimos jóvenes alguna vez ―Dijo la rubia para acercarse a ella―. Sabía que elegirías la falda. Te queda magnífica.
―Gracias por la ropa y el hospedaje ―Ochako se puso de pie para acercarse a Mitsuki―. De verdad, lo lamento tanto. Yo no quise…
―Oh, deja el palabrerío que hice que te preparen un buen desayuno para aliviar tu estómago. ―Mitsuki le tomó la mano para jalarla fuera de la habitación. Era difícil decirle que no a alguien como ella.
Ochako salió detrás de la mujer mientras la escuchaba hablar sobre lo feliz que le hizo saber que ella estaba en su casa. Llegaron al solario en donde Ochako se sorprendió de ver tanta comida dispuesta sobre la mesa y ella con el estómago pidiéndole auxilio, estaba hambrienta por haber vaciado todo.
―¿Cómo te sientes? ¿Te alivió un poco el té? ―Preguntó Mitsuki sentándose en uno de los sillones, siendo imitada por Ochako.
―Estoy mejor, su té me ayudó bastante ―Respondió con una sonrisa―. ¿Puedo? ―Preguntó señalando la taza de café frente a ella.
―Es todo para ti. ―Ochako sonrió a la mujer para servirse en la taza un poco de café negro con varias cucharadas de azúcar.
Tomó un croissant y se lo llevó a la boca para dar un gran mordisco, deleitándose con su sabor. Dio un sorbo a su café, sintiendo que su sistema se renovó casi de inmediato. ¡Cuán feliz le hacía la comida!
No se había percatado de la mirada que le dedicaba Mitsuki, estaba demasiado concentrada en comer todo lo que tenía delante. La escuchó sonreír y entonces dirigió su vista a la mujer.
―Estoy haciendo un desastre, ¿no es así? ―Preguntó Ochako con vergüenza. Mitsuki echó a reír con ganas.
―Claro que no. Me alegra que te guste lo que preparamos para ti.
Ochako dejó el croissant sobre el plato de porcelana sin poder ocultar el sonrojo en su rostro.
―De verdad, no quise aparecer en su casa de éste modo. Estoy tan avergonzada.
―Sabes ―Habló Mitsuki interrumpiéndola―, hace meses que Katsuki no duerme en forma. ―El cambio en la conversación la tomó por sorpresa. La mujer se llevó a los labios su taza de café para luego hablar―. El trabajo de liderar la empresa le arrebató el sueño. Hay noches que despierto en plena madrugada y lo veo deambulando por la casa sin rumbo. Me preocupaba tanto su salud porque, sabes tan bien como yo cuán reacio es para ir al hospital, los odia; pero saber que está durmiendo hasta éstas horas… ―La castaña la vio sonreír por lo bajo―. Creo que tu incursión a la casa fue lo mejor que pasó en mucho tiempo, Ochako.
Las mejillas de Uraraka se encendieron con sus palabras, recordando el relicario que Katsuki aún guardaba con su fotografía. Bajó la vista a sus manos.
―Katsuki tomó su decisión, Mitsuki-san.
―Lo sé y cada día intento entender por qué.
Ochako trajo a su mente la carta de Bakugo Shoen, apretando con fuerza la taza entre sus dedos. Al parecer, era la única que sabía sobre lo que realmente había sucedido con esas fotografías, porque ni siquiera Bakugo Mitsuki parecía ser consciente del por qué Katsuki se alejó de ella. Lo hizo para protegerla, para brindarle inmunidad y que aquella fotografía no acabara arruinando su carrera.
Él había decidido aceptar los términos de su abuela por ella y al parecer, los últimos días de vida de la mujer, fueron suficientes para arreglar los asuntos pendientes con su familia, principalmente con su nieto a quien, finalmente, consiguió hacerlo regresar al nido.
Ella no se sentía con el derecho de arrebatar aquella tranquilidad conseguida, después de todo, la única persona a quien podía reclamar algo ya no estaba.
―Disculpa ―Ochako despertó de sus pensamientos con la voz de Mitsuki―, no debo meterme en asuntos que no me conciernen. No quiero que te sientas incómoda ni obligada a nada. Sólo quería agradecerte.
―Yo soy quien debería agradecerles. Katsuki fue muy atento conmigo.
―¿No quieres pasar el día aquí? ―Las palabras de Mitsuki la sorprendieron pero la mujer no parecía notarlo―. Es domingo y al menos aquí, es el día más aburrido de la semana. Por lo menos, durante los demás días, el trabajo abunda y uno no puede siquiera pensar en otra cosa.
―No quisiera incomodar.
―Oh, cariño; si Katsuki te trajo aquí en un principio, no creo que le moleste que te quedes.
Ochako sonrió a la mujer, asintiendo finalmente. Era increíble cómo el destino terminaba siempre envolviéndola, de una u otra forma con los Bakugo. ¿Y qué hacía ella para remediarlo? Untaba mermelada a un pan tostado.
De a poco, los párpados de Katsuki comenzaban a moverse en un intento por elevarse. El sueño fue dejándolo y la consciencia iba calando en su cuerpo. Su cuerpo se sentía tan pesado, tan cómodo que no quiso moverse por un buen rato hasta que la claridad del día, se colaba entre cortinas, acomodándose sobre su rostro hasta que finalmente, abrió los ojos. Se estiró y espabiló hasta sentarse sobre su cama, viéndola completamente vacía.
Su atención viajó al escritorio a unos metros de su cama en donde recordaba haber puesto las pertenencias de Ochako, hallando solamente sus ropas dobladas sobre su superficie. Sus manos fueron a su rostro para limpiarse las legañas de los ojos, consciente de que había dormido más de lo que recordaba haberlo hecho en mucho tiempo. Su cuerpo se sentía relajado, tranquilo aunque Ochako ya no estaba a su lado.
―Mierda… ―Formuló. ¿Qué habrá pensado cuando despertó y lo vio durmiendo a su lado? ¿Por qué no lo despertó?
Dejó la cama un segundo después. Definitivamente, Ochako se había ido una vez despertó con, vaya a saber qué idea errónea en la cabeza.
Se dirigió al baño para pegarse una ducha, necesitaba despertarse del todo y la única manera de hacerlo era con una ducha tibia. Se quitó sus prendas, dejándolas sobre la cama, desnudo caminó al interior del baño, abrió el grifo del duchero y una vez la temperatura estuvo a su gusto, ingresó. El agua caliente iba relajando su cuerpo, calmando un poco el sinfín de cuestionamientos internos que lo apabullaban tan temprano en la mañana. ¿En verdad era temprano? No tenía noción del tiempo, estaba demasiado atontado aún.
No recordaba haber dormido tan bien en tanto tiempo que su cuerpo no lo sentía suyo, como si estuviese en piloto automático, dirigiéndose a la nada. Introdujo sus dedos entre sus hebras rubias, mojándolas, masajeándose el cuero cabelludo hasta sentir que todo en él volvía a su lugar.
Estuvo un buen rato en la ducha, disfrutando de su inicio dominguero, completamente ignorante de que la puerta de su habitación se había abierto. No era consciente de que Ochako volvió a ingresar al cuarto, no hasta que él, cerró el grifo del baño y cubriéndose la cintura con su toalla, salió a su propia habitación hallándola de pie en medio de su cuarto.
Él detuvo su paso al reconocerla y ella lo miró entre sorpresa y vergüenza, apartando su mirada de inmediato al reconocer su desnudez.
―¡Lo siento! ―Dijo enseguida la mujer―. Sólo vine a saber si habías despertado.
―¿Cómo te sientes? ―Katsuki ignoró las palabras de la mujer para preguntar por su estado, era lo único que le importaba en esos momentos. Ella dirigió sus castaños ojos a él, sorprendida.
―Bien, yo… Es un poco tarde, pero ¿te gustaría desayunar algo? ―Él la observaba en silencio, la veía en aquel conjunto de falda y blusa, como si fuese lo único que realmente importaba en la habitación. Y así era, al menos para él.
―¿Qué hora es?
―Las dos de la tarde ―Él no ocultó su sorpresa y ella sonrió divertida―. Sí, me sorprendió que hayas dormido tanto.
―Supongo que estaba cansado ―Respondió él.
―Sobre eso ―Ochako volvió a sonrojarse con vergüenza, él la veía a lo lejos pero el impulso de acercarse a ella y tomar sus mejillas entre sus manos, lo asaltaban―, gracias por buscarme y… Bueno, por todo lo demás. Soy una pésima bebedora y Camie no debió molestarte, yo…
―Ochako, me alegra que Camie me haya escrito ―Respondió. La castaña lo miró sorprendida, él no pudo ocultar su sonrojo pero tampoco quería apartar su mirada de la suya―. Creí que te marchaste al despertar.
―Lo intenté, pero tu madre es muy persuasiva ―Ambos sonrieron―. Me invitó a cenar, así que ahora iré con Tomoe-san a comprar algunas cosas para la noche. Quería saber si necesitabas algo.
―Te acompañaré.
―No te preocupes, Tomoe-san me está aguardando abajo, debo ir con ella ahora. Sólo descansa ―Ella le dedicó una pequeña sonrisa―. Me ha dicho tu madre que no dormías tan bien en mucho tiempo. Te vendría bien descansar un poco, jefe.
Katsuki no reprimió su sonrisa al escucharla llamarlo de ese modo, ella correspondió su sonrisa.
―¿Ahora quieres cocinar en casa? ―Preguntó él con una sonrisa ladina.
Ochako se dirigió a la puerta y antes de salir, lo miró con aquella mirada que siempre lo hacía flaquear.
―Pensaba que quizá, podríamos hacerlo juntos. Como antes. ―Sin esperar contestación de su parte, dejó la habitación.
Bakugo estuvo un momento observando por donde Ochako se marchó, repasando una y otra vez sus palabras, su imagen. Su sonrojo se apoderó de sus mejillas como si volviese a ser un maldito adolescente. No sabía cuánto tiempo más podría mantenerse alejado de Ochako, pero ella no se lo estaba poniendo fácil.
Katsuki dejó su habitación una vez terminó de vestirse y secarse el cabello con su toalla. Bajó por los escalones que lo llevaban a planta baja, buscando a su madre puesto que, como Ochako se lo había dicho ya, Mitsuki fue una de las razones por las que su ex novia accedió a pasar el día allí. Fue al jardín donde solía estar su madre, en el solario donde su abuela amaba pasar las tardes. Eran cerca de las tres de la tarde cuando finalmente dejó su habitación.
Su madre se encontraba con dos empleados encargados del mantenimiento de los jardines de la casa, ambos con grandes ramilletes de magnolias rosas y rosas blancas. Mitsuki les iba indicando algunas cosas cuando él se acercó a ellos.
―Hasta que te dignas a aparecerte, eh ―Habló su madre con diversión. Miró a los hombres junto a ella―. Ya saben cómo preparar el patio.
―Sí, Mitsuki-san ―Respondieron y con un asentimiento hacia ambos, se alejaron de allí.
Mitsuki volteó a ver a su hijo con una sonrisa en los labios, se cruzó de brazos. Él sólo enarcó una ceja sin saber por qué tan buen humor de su parte.
―Así que ahora andas de héroe.
―¿De qué hablas?
―Tomoe me dijo que trajiste a una inconsciente Ochako en brazos. Carajo, sabía que sacaste lo romántico de tu padre. ―La mujer echó a reír con ganas, haciéndolo sonrojar.
―¡Deja de reír, maldita sea! Camie me pidió que la buscara, no podía dejarla en ese estado. ―Katsuki guardó sus manos en sus bolsillos, haciendo un puchero molesto―. ¿Y qué es eso de invitar a Ochako a pasar el día aquí? Sí sabes que no es nada mío, ¿no?
―Pues tú dímelo, Romeo ―Aguijoneó su madre con picardía―. Tomoe me dijo que Ochako durmió contigo.
―¡No pasó nada de lo que piensas! ―Respondió sonrojado hasta las orejas.
―¡Pues claro que no, idiota! ¡No crie a un violador! ―Bramó molesta―. Pero parece que necesitabas tenerla cerca para finalmente descansar, Katsuki. Eso me pone feliz. No encontré otro modo de agradecérselo más que invitarla a cenar. Ella se ofreció en hacer la cena, supongo que no puedo hacerla ceder del todo.
Katsuki se encogió de hombros.
―No, ella no lo permitiría ―Respondió por lo bajo.
Su madre se acercó a él y con sus manos, tomó su rostro entre ellas. Él la miró con curiosidad.
―No lo arruines o te juro que te patearé tan fuerte los testículos que la herencia para tu hijo será en vano. ―Y con unas palmadas en sus mejillas, Mitsuki se alejó de él, tarareando una canción que no supo reconocer.
Katsuki vio marcharse a su madre, tocando su mejilla con recelo. Dejó escapar un suspiro cansino. No importaba cuánto intentaba mantenerse lejos de Ochako, parecía que su vida seguiría dando vueltas entorno a ella.
