Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Latidos
― ¿Edward y tú, están disgustados?
Preguntó mamá haciéndome encoger mis hombros. Ella continuó examinando mi semblante mientras yo seguía removiendo la cuchara en el tazón con avena que estaba sobre la encimera.
A mi espalda podía oír a papá haciendo cariños a mis niñas; ellas emocionadas parecían responder con balbuceos a tales demostraciones.
― Esta mañana salió muy temprano ―continuó mamá― lo vi taciturno muy poco habitual en él, incluso no quiso probar alimento. Esme también lo notó por esto mismo se le ocurrió invitarlo a desayunar fuera.
Volví mi vista a la pantalla del ordenador portátil que estaba junto al tazón y tecleé información sobre mi última negociación. Había concretado la venta de un departamento por el que invertí un poco más de lo habitual.
Volví a encoger los hombros ante la insistencia de Renee.
Edward y yo no estábamos bien. Aún continuaba molesta por su arrebato al irse con esa mujer. Todo se volvió peor cuando me negué a estar con él teniendo que irse a calmar sus ánimos con una ducha fría. No fue difícil deducir que seguía molesto conmigo siendo que hoy al despertar no me había saludado como cada mañana lo hacía.
― Es normal que, a veces quieres patear su trasero, ¿te pasó con papá? ―indagué.
Mamá estrechó sus bellos ojos azules ahondando más sus arrugas y sonrió.
― Me sigue pasando, cariño. Ellos se vuelven tan insensatos en algunas ocasiones. Sin embargo, si queremos que funcione debe existir la comunicación, respeto, sobre todo la paciencia para nuestras parejas.
Su mano se extendió dándome un suave apretón.
― Cualquier cosa que te moleste por mínima que sea debes decirlo. ―Ella soltó un suspiro―. La vida en pareja es complicada, cariño. Aunque ustedes dos ya hayan compartido juntos, esta vez es diferente porque son una familia.
Apreté su mano en agradecimiento.
― Me tengo que ir. Victoria me invitó a tomar una café con Gabrielle, ya sabes, debemos ponernos al día ―le di un guiño.
Mamá solo negó con una hermosa sonrisa que me hizo ir hasta ella y abrazarla, dejando un beso pintando en su mejilla.
― Tu padre y yo hemos decidido que nos iremos después del bautizo de las niñas.
Le miré seriamente. Para la ceremonia faltaba dos meses, sin embargo no quería que se fueran. Ellos eran de gran ayuda y parte esencial de la crianza de las cuatrillizas.
― ¿Por qué?
― Edward y tú hacen un buen equipo, cariño. Es tiempo de acomodarse ustedes dos solos ―su mano acarició mi rostro con dulzura― cualquier cosa que necesiten nosotros estaremos aquí de vuelta. Si un día quieren tiempo para ustedes, no dudes en decirnos y vendremos a cuidar de nuestras nietas.
Dejé que me envolviera en sus cálidos brazos, aspirando su aroma a lavanda. Les iba a echar mucho de menos.
― Anda, ahora vete con tus amigas ―me instó, empujando mi espalda― el cotilleo se disfruta más con una buena taza de café.
― Me llevaré a las niñas.
Mamá me observó dubitativa cuando cerré la pañalera y mi padre movió su bigote.
― Son tus hijas, cariño. Estoy convencida que puedes manejar sola la situación.
― ¿Necesitarás ayuda? ―inquirió papá.
― Victoria y Gabrielle me estarán esperando en el estacionamiento.
Papá asintió con su sonrisa dejando que mamá se abrazara a él.
-0-
― Wow… no tendré hijos nunca ―comentó Victoria al acomodar cada portabebé en un lugar estratégico a nosotras.
Mis bebés sonreían entretenidas al morder con hambre feroz sus pequeños puños.
― A mí sí me gustaría ―dijo Gabrielle acariciando con su dedo el rostro de Daphne―. Son tan dulces y hermosas.
Agradecí antes de golpear la mesa llamando su atención.
― No cambiemos de tema, ¿cuál es la urgencia de su reunión?
Gabrielle negó llevando su cabello rubio detrás de sus orejas y se concentró en mi rostro.
― Victoria se acostó con Emmett ―confesó la rubia.
Escupí el café derramando el contenido caliente en mi blusa blanca y una tos incesante empezó a ahogarme. No supe quién era, pero una mano frotó mi espalda alternando con ligeros golpecitos. Hasta que mi ataque pasó, cerré mi camera de mezclilla y me olvidé de la fea mancha.
Levanté mi vista: los rostros de mis amigas era más de susto que de cualquier otra cosa.
― Maldita sea, Bella, ¿cuándo jodido dejaras de asustarme con tus ataques de tos? ―gruñó Victoria, abanicando mi rostro con una servilleta―. Además, no me acosté con él, estaba tan borracho que el idiota no pudo y se quedó dormido.
La rubia soltó una risa dándome cuenta que ella, era quien frotaba mi espalda.
― Victoria está enojada porque se quedó con las ganas ―terminó diciendo Gabrielle ganándose una mirada acusadora por parte de nuestra amiga―. Hoy lo echó muy temprano.
― ¡Cállate! ―le chilló Victoria sin ocultar su risa, y para distraernos arrulló con ternura el portabebé de Grace porque mi bebé empezaba a quedarse dormida―. Mejor, háblanos de ti, ¿qué pasó entre Edward y tú?
― No. No diré nada ―negué―, ¿qué hay con Emmett? La última vez me dijiste que no te gustaba.
Victoria rodó los ojos.
― Me gusta un poco, ¿satisfechas?
Gabrielle y yo nos miramos con una sonrisa cómplice.
― No alucinen tampoco estoy diciendo que me voy a casar…
― Hola, ¿cómo están? ―la voz de Eric me hizo mirar a mis amigas, ellas se encogieron de hombros, frunciendo sus labios―. Me puedo sentar con ustedes.
Haciéndose un espacio entre nosotras se sentó al lado mío, se unió a una conversación trivial en la que su incomodidad era notoria, algo le afectaba, mas no me atrevía a preguntar . Al cabo de la hora de estar allí, le vi concentrarse en mis hijas empezando a jugar con ellas haciendo graciosas muecas para que rieran y aún así, seguía viéndose triste.
― Las bebés son preciosas ―dijo lo más bajo para que solo yo escuchara, me giré a verlo y estaba sonriendo― se parecen a ti.
Le sonreí en agradecimiento. En realidad no sabía cómo estaba nuestra amistad a estas alturas.
― Podemos caminar por el centro comercial ―sugirió― si quieres llevamos a las niñas.
― Lo siento, Eric, no es tan fácil como parece. Llevar a las niñas en un paseo toma su tiempo.
Él pareció meditar mis palabras.
― Solo será un momento ―insistió él.
― Si prometes hablar diez minutos nosotras podemos dejarlos solos por un momento ―intervino Victoria, arrastrando a Gabrielle con ella, poniéndose de pie―. Si te excedes del tiempo ―señaló con su índice― pagarás la cuenta.
Las vi marcharse con ese taconeo que solían hacer para molestar a los comensales. Ambas se iban riendo por ese modo de fastidiar que tenían.
― Parece que Gabrielle está sanando rápido sus heridas, estoy gustoso por ella. Ese infeliz de Paul no se la merecía ―mencionó captando mi atención, sus iris oscuras estaban mirándome fijo―. Tal vez, es lo que yo necesito para sanar las mías.
― Lo siento…
― No te preocupes ―me interrumpió, poniendo su mano en la mía― esto es así. No te culpo por amarlo a él.
― ¿Te piensas ir?
Hundió sus hombros.
― Hace meses envié una solicitud para ir de voluntario a la India, y he sido aceptado. Me iré en unos días.
― Oh… ―mis ojos picaban por llorar. Hubiese querido amarlo como se merecía, simplemente esa posibilidad estaba más allá de mis sentimientos.
― Prometo que cada cumpleaños de la niñas recibirán un regalo mío. Esa será mi señal de que sigo pensando en ti.
― No lo hagas ―pedí y él negó.
― Quizás si hubiera sido menos cobarde hoy estuvieses conmigo ―apretó mi mano que aún sostenía― me di por vencido antes de la primer batalla, y te aseguro que me arrepentiré toda la vida.
Miré sus ojos y supe que era sincero. Grace comenzó a quejarse entre pujidos molestos, logrando que Eric arrullara su portabebé con su mano libre hasta calmar su enojo.
― Gracias por la oportunidad que me diste ―murmuró― es tiempo de seguir.
Se puso de pie llevándome con él, su mano seguía sosteniendo la mía.
― Buena suerte, Bella.
No sabía que estaba llorando hasta que la punta de su dedo borró mis lágrimas. Me eché a sus brazos, susurrando que lo sentía mucho. Mi intención nunca fue herirlo, él había ayudado mucho cuando más necesité, en cambio no podía forzar mis sentimientos. Y fui honesta con él.
― Cuídate.
Después de alejarme de su abrazo, asintió con una sonrisa triste y forzada.
― Qué seas muy feliz ―dijo―, cuida de las niñas.
Dio media vuelta saliendo a toda prisa de la pequeña cafetería con su cabeza agachada le fue imposible ver a Edward detenido en la entrada principal, ahí estaba con sus ojos furiosos puestos en mí siendo escoltado por Victoria y Gabrielle.
Rodé mis ojos en cuanto se acercó a la mesa.
― Le dijiste a Renee que estarías tomando un café con tus amigas ―discutió―, y te encuentro llorando en los brazos de Eric.
― Pues nadie te pidió que vinieras, así no la hubieras visto ―contradijo Victoria haciendo que el cavernícola padre de mis niñas la fulminara con la mirada.
― Ustedes hicieron esto ―les señaló―; debí imaginarlo.
Edward llevó sus manos a los bolsillos de su pantalón, esperando una respuesta que no llegó porque nuestras hijas empezaron a quejarse por atención. Haciendo su enojo un lado sostuvo con ternura a Daphne comenzando a dar suaves masajes en su pequeña espalda mientras nosotras hacíamos lo propio con sus hermanas. Cuando los masajes, arrullos y mimos funcionaron, mis bebés sonrieron con sus bellos ojos enrojecidos por el llanto.
― Estoy esperando una explicación, Isabella ―volvió a gruñir Edward cuando comprobó que Daphne estaba asegurada en su acojinable silla―. ¿Qué hacías con Eric?
Bufé. Mis demás bebés también estaban aseguradas, listas para volver a casa. Pero antes de hacerlo debía hablar con el gruñón de su padre. Abusando un poco de la confianza de mis amigas les pedí cuidar de un momento de mis pequeñas. Por supuesto que Victoria frunció sus labios en desapruebo aceptando solamente cuando Edward le rogó, ella disfrutaba de la impaciencia de él.
― Qué rápido la vida nos volteó las cartas ―comenté por molestar dejando a Edward caminar al lado mío.
― ¿Te estás desquitando? ―acusó.
Me detuve molesta. Porque en realidad me tenía cansada su actitud y crucé mis brazos. Edward me miró con toda su socarronería saliendo por sus poros, sonrió.
― No estaba haciendo nada malo ―le respondí con sus mismas palabras que había empleado esta madrugada―. Eric llegó al restaurante se sentó con nosotras y pidió hablar conmigo, se despidió de mí, ¿contento?
― No. No me gustó verte abrazada de él. Estabas llorando en sus brazos como si te importara.
Evite rodar los ojos.
― ¡Me importa! Es un buen amigo, lo quiero, y está por mudarse a otro país
― Ese tipo está enamorado de ti, y tú le das alas al estar abrazada, llorando en sus brazos.
Inhalé hondo y exhalé lento.
«Paciencia»
― Qué casualidad. ―Ironice― Tanya fue tu amante y también estabas abrazado de ella, no solo te bastó con ello, sino te la llevaste a un callejón oscuro, a un aparcadero solitario y por si fuese poco le diste un suéter para que nunca se olvide de ti.
Eleve mi barbilla.
El rostro de Edward estaba contorsionado del coraje, su mandíbula se veía tensa y parecía quererse lanzar sobre mí para morderme.
― ¡No me veas así! ―advertí― porque te juro que te daré una bofetada.
― ¿Por qué diablos no me crees? ―gruñó, acercándose para encerrarme entre sus brazos y la pared del establecimiento. Era tan alto que tenía que inclinar su cabeza a mi altura, aprovechó su cercanía para molestar mi nariz con la suya, haciéndome enojar―. ¿Por qué, mi vida?
Le di un manotazo y él me sonrió ladinamente.
― Bella, no quiero que sigamos distanciados, por favor, perdóname. ¿Qué puedo hacer para que me perdones? ―apresó mis manos entre las suyas―. Soy un imbécil, pero eso ya lo sabes, cariño. No te enojes más. No podemos continuar de esta manera cuando ella no significa nada para mí. Por favor...
― ¿En verdad te molestó verme con Eric?
Mi pregunta lo hizo retroceder; tiró de su pelo, resopló y su rostro se volvió rojo.
― No entiendo por qué lo nombras ―pellizco el puente de su nariz― de igual forma si quieres una respuesta la daré: sí, me hirvió la sangre verte con él.
― Así me sentí yo. Te aseguro lo que tú sentiste hoy, no sé compara con la desilusión que viví.
― Desde luego que no es comparable ―debatió― por el simple hecho que ese tipo te ama de verdad. Ustedes tuvieron un romance importante, le diste el mismo lugar que un día tuve y que por idiota perdí, no solo compartieron una cama, Bella. Puedo jurar que Tanya no fue ni la mitad de importante para mí como lo fue Eric para ti.
Mis mejillas se calentaron ante su acertada respuesta. Eric había tenido un lugar especial, quizás lo tendría siempre, aunque el cariño fuese distinto. Ahora era más como un hermano para mí.
― Creo que si yo no hubiera aparecido de nuevo. Hoy estarías con él, tal vez debí permitir que sucediera y te quedaras con Eric, pero soy tan egoísta que te prefiero conmigo. No importa que no sea la mejor opción, te quiero conmigo porque te amo.
― Tampoco me importa que Esme diga que así es cómo se forma una verdadera pareja a base de sobrepasar adversidades y malos entendidos y no sé qué más, te amo, Isabella. Y si vienen una y mil tormentas estoy listo para sobrevivir si es contigo ―entrelazó nuestros dedos― juntos.
― ¿Quieres pasar el resto de tu vida conmigo? ―preguntó de pronto con esa galanura.
― Por supuesto que sí.
― ¿Un paso a la vez?
― Un paso a la vez ―estuve de acuerdo.
Me sobresalté cuando me elevó a su altura y empezó a dar vueltas conmigo a la vez que llenaba mi rostro de besos.
― ¿Podemos ir al loft? ―pidió al dejarme sobre mis pies en el firme piso, negué y él resopló molesto―. ¿Qué tal si me pasa algo? Tú serás culpable si ya no tengo erecciones...
Apreté mis labios para no reír y di media vuelta con él siguiendo mis pasos.
― Necesitamos tener sexo, Isabella.
― ¡Cállate! ―le grité sin detener mi andar― las niñas nos esperan.
― ¡No me voy a callar!, no sobreviviré sin tenerte un día más. Cuando muera se darán cuenta que fue por el problema de bolas azules, será vergonzoso. ¿Quieres eso para mí?
Abochornada mordí mi labio inferior cuando un señor que pasó a mi lado, sacudió su cabeza.
.
.
Edward arrastró su lengua por mi clavícula removiendo el tirante de mi blusa con su nariz.
Le solté un codazo para que me dejara concentrar en la información que leía en mi laptop. Estaba en busca de nuevas casas para comprar, por lo general lo hacía en el día, solo que los preparativos para el bautizo de las niñas me había complicado los horarios.
Entonces su mano vagó por mi muslo, en un tacto suave y codicioso.
― Amor, déjame leer ―pedí, soltando un gemido por lo bajo―. Es necesario estar informada de las letras pequeñas. Tú me enseñaste eso.
― Te necesito, mi vida ―susurró chupando mi hombro― hay que aprovechar que las pulgas duermen.
Me volteé a mirarlo. La luz de la pantalla me facilitaba ver todo su rostro y sus ojos verdes parecían suplicar por atención, enredé una mano en su pelo húmedo y lo atraje a mí para besarlo.
― Ves cómo tú también quieres ―murmuró sobre mis labios― me deseas, no lo niegues.
― No me has dado tregua, Edward. Tenemos dos meses sin descanso. Creo que tengo dolor de pelvis y piernas crónico.
Enarcó sus cejas.
― Pasado mañana se irán nuestros padres. Y aunque las pulgas tengan seis meses y ya duerman en su habitación. No sabemos si podremos seguir teniendo sexo frecuente, Bella.
Dejé la portátil sobre el buró y me acurruqué en su costado.
Edward pasó su brazo por mi cintura mientras su otra mano jugueteaba con mi cabello, sentí un beso en mi cabeza.
― ¿En serio tienes dolor?
― Sí, creo que la follada en la ducha me dejó muy cansada.
― Pero tú querías duro, y me gritabas que te diera más fuerte. Yo me emocionó, Bella.
Escondí mi rostro en su pecho.
Todo parecía haber vuelto a la normalidad en estas semanas. Edward y yo seguíamos mejor que nunca y las escapadas al loft continuaban rayando en la exageración, tanto que tres veces al día no era suficiente. En cambio cuando nuestras ganas nos sobrepasaba nuestra cama o la ducha pagaban las consecuencias.
Dejando de lado nuestra vida sexual. Teníamos nuestro mejor tarea por cumplir, ser padres, sí, nos podía agotar, sin embargo coincidimos que era la experiencia más enriquecedora para los dos. Las niñas tenían seis meses y ellas aprendían cada día algo diferente, hace poco aprendieron a quitar sus calcetines al igual que sus lazos, también sabíamos que su hora de comer papilla para ellas era el momento más esperado, no importaba que fuese la hora más desastrosa. No me cansaré nunca de ver sus caritas con manchas de zanahoria por todo su rostro y cabeza mientras con sus manos destruyen su papilla y golpean la mesa llenas de emoción porque intentan comer solas.
Edward trazó círculos perezosos alrededor de mi seno. Lo que hizo levantar mi cabeza y mirar la satisfacción en su rostro.
Me apretuje más a él.
También por extraño que pareciera las cartas cesaron su llegada justo cuando Edward habló con Tanya dando entender que esa mujer tenía mucho qué ver en ello. Algo me decía que ella y Alice tenían tiempo planeando algo contra de nosotros.
En cambio, esta vez estábamos alerta y mejor preparados. No permitiría que se acerquen nunca a mi familia.
Cerré mis párpados.
Mañana sería el bautizo de mis pequeñas y estábamos listos para dar una gran fiesta.
¡Hola! Lamento la tardanza. Espero estén teniendo un buen domingo. Les cuento que el siguiente capítulo será el final de la historia, después le procede un epílogo. Muchísimas gracias por el recibimiento y por sus comentarios, ustedes no tienen idea de lo mucho que me han ayudado cuando parece que me quiero hundir.
Cuando inicié en Fanfiction dije que nunca revelaría mi verdadero nombre, y al final lo hice(mal escrito) pero lo hice, para quienes no sepan soy Anna Laura, tú me puedes decir Lau. También dije que nunca haría una secuela y aquí estoy para saber, ¿quieren una secuela? Les gustaría saber qué les deparará la vida a Edward y Bella con sus pulguitas. Si están de acuerdo háganmelo saber. Les prometo que sí quieren una secuela el día que publique el epílogo de ésta, ese mismo día se subirá el primer capítulo de la nueva historia, ¿les gusta la idea? Ojalá que sí porque estoy muy emocionada con escribirla.
Agradezco cada favorito, alerta y reviews que me dejan.
A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Anto, Jade HSos, Elizabeth Marie Cullen, LittlePieceOfMyMind, Geraldine, PaolaValencia, Liz, Flor Mcarty, ALBANIA, Nancygov, Vane, Lizdayanna, Iza, Lili Cullen-Swan, Pameva, Chiki Garcia, Diannita Robles, Dulce Carolina, Lily, Daniela, cavendano13, mrs puff, torrespera172, Lidia, Adriu, Ximena, Ana, Antonella Masen, Rocio y comentarios Guest.
Por favor, no se les olvide dejarme saber si están interesadas en una secuela, estaré en espera de sus opiniones.
¡Gracias totales por leer!
