Tarde como siempre, pero aquí está.

Feliz día a las mamás del mundo (^^)/

Capítulo anterior.

Nuevamente la tristeza lo invadió, de la frustración que sentía por sus conclusiones, Hiccup se cubrió los ojos, tratando de reprimir el llanto, a lo que todos los guías, incluyendo Stormfly, se acercaron a él para darle consuelo y abrazarlo.

Todo esto suena tan loco. —dijo Stormfly, aguantándose también el llorar.

Sí, pero todo parece concordar. —Comentó Toothless.

pero… ¿por qué contra un no nato? —se preguntó Alúmini.

No sé, no sé… es lo que no termino de comprender. —dijo Hiccup exhalando e inhalando pausadamente para tranquilizarse. —O tal vez… sólo lo hizo para lastimarnos a Astrid y a mí, para desmoronarnos. Un daño colateral.

Sea lo que sea, no permitiremos que suceda de nuevo. —prometió Toothless con firmeza. —Hiccup, aun te quedan dos niños por los cuales ver, ellos necesitan de su padre y de su madre y nosotros te ayudaremos a protegerlos.

Hiccup asintió con ojos enrojecidos.

Gracias, sé que con su ayuda lo lograremos. —suspiró. —pero… dioses, aun así… siento que ya no puedo con tantos problemas.

Eso se notaba a simple vista, Toothless, Alúmini y hasta Stormfly pudieron percatarse que, a pesar de querer hacerse el fuerte, Hiccup estaba tan afectado como Astrid, y era preocupante; sin embargo, no les quedaba de otra más que acompañarlos, liberarlos, aunque fuera un poco de sus penas, para que así pudieran encontrar la paz que tanto necesitaban.

Capítulo 27.

Pronto todo mejorará.

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—Ya es muy tarde, chicos. Toothless, creo que deberías llevar a Hiccup a casa para que descanse. —dijo Stormfly separándose del abrazo.

—Pero… ¿Y Astrid? —replicó el hechicero rápidamente.

—No te preocupes, yo me puedo hacer cargo de ella por esta noche, tú necesitas descansar y también ver a los niños.

—Stormfly tiene razón, Hiccup. —opinó Alúmini confortándolo. —A partir de ahora nos turnaremos para cuidarla y también para cuidar a los niños que, por cierto, ¿Con quién los dejaste?

—Con Heather. —respondió este cansado. —Ella y Dagur nos han apoyado en estos días, amigos, ellos saben lo de nosotros, lo de la magia, lo de Harald, lo saben todo.

Los guías se sorprendieron.

—¿Y te sientes seguro con eso? —preguntó Toothless cauteloso.

—Sí, son buenos amigos y confío plenamente en ellos.

—Bien, si tú lo dices, confiaremos en ti. —apoyo el guía.

—Por cierto, también tengo otra duda… ¿dónde estaban ustedes y cómo llegaron aquí?

—En dónde estábamos no creo que importe, pero si estábamos muy alejados como para sentirlos, volvimos en barco y en cuanto comenzamos a sentir tu presencia la seguimos para poder ubicarte. —respondió Stormfly. —Pero creo que eso ya no importa, es mejor que vuelva con Astrid.

—¡Espera! —detuvo Hiccup.

—¿Sí?

—Es que… ahora qué lo pienso. ¿cómo la cuidarás si volverás a tu forma original a media noche?

La guía sonrió, y no sólo ella Toothless y Alúmini sonrieron picaronamente, pues el hechicero aun desconocía de su habilidad.

—Hiccup, no te preocupes por eso, amigo. ¡Observa!

Rodeándose de un fulgor azul, el humano furia nocturna de repente desapareció en un mágico destello para darle paso a su verdadera forma, el pequeño dragón negro que revoloteó felizmente frente a su perplejo amo. Después de Toothless, siguió Alúmini, que usando también dicha habilidad se transformó a voluntad, seguida de ella, Stormfly se transformó.

—¿Ya pueden transformarse a voluntad? —preguntó el incrédulo Hiccup abriendo sus manos para que los dragones se posaran en sus palmas.

Los dragones, asintieron felices a su cuestionamiento, y Toothless brilló para agregar una teoría de cómo creía que habían aprendido a transformarse a voluntad.

—Bueno, creo que al menos algo bueno salió de todo esto. —sonrió Hiccup nostálgicamente, al ver que sus dragones habían adquirido esa habilidad gracias a su decisión de abandonarlo. —Tal vez sea por lo que decía Alúmini. —susurró pensante.

Los dragones, confundidos, ladearon su cabeza sin entender.

—Que ustedes también necesitan madurar. —explicó con más sencillez.

¿Madurar? Se quedó Hiccup pensando, en el ciclo de un guía se suponía que ellos maduraban cuando su amo lo hacía, al hacerlo, estos adquirían más libertad de hacer su propia vida por el hecho de que ya no tenían que aconsejar a su amo pues debían creer que ya tenían el criterio suficiente para ser independientes, eso era lo que al menos se les enseñaba en las escuelas, pero ¿Y si había algo más?

Toothless se posicionó en el hombro de su amigo al verlo pensativo, y como no reaccionaba, voló hacia el frente de su rostro donde se movió de un lado a otro para despertarlo, fue del modo en que Hiccup reaccionó dando unos parpadeos.

"¿Qué pasa?" —preguntó Alúmini con su fulgor.

—Es que estaba pensando. —dijo este un poco ido. —Sobre la maduración del guía y si había algo más que sólo adquirir libertad.

"¿A qué te refieres?" —preguntó Toothless con su coloración.

—Bueno, ustedes tienen esta habilidad para transformarse y… ahora que lo recuerdo, el dragón guía de ese sujeto, de Harald, era enorme, no tan grande como el rey de los dragones, pero sí más grande que ustedes, casi como una ballena.

"No sabía que pudiera haber dragones más grandes" —meditó el furia pensante.

—¿Y si esa es una habilidad? ¿Y si pudieran hacerse más grandes conforme el hechicero crece?

Stormfly, en ese momento, saltó de su mano para alejarse un poco y volver a su forma de humano.

—Sería interesante si se pudiera.

—¡Grandioso! —opinó Toothless volviéndose también humano.

—¿Se imaginan los problemas que nos ahorraríamos si podemos ser más grandes que Hiccup? —opinó igualmente Alúmini.

—Creo que debemos buscar la forma. —igualmente creyó Hiccup.

—Pero, bueno… ¿podríamos discutir esto otro día? Realmente quisiera volver con Astrid. —interrumpió Stormfly.

—Oh, sí, claro, claro. —titubeó Hiccup. —primero es ella y los niños. ¿Te importaría si te acompaño a verla y bueno… decirle que volveré a casa? —preguntó tímidamente.

—Claro, hombre. Vamos.

—Toothless, Alúmini… para que no nos regañen, vuelvan a su forma de dragones para que también nos acompañen.

Estos dos inmediatamente asintieron y usando sus poderes volvieron a su forma de pequeños dragones para poder esconderse entre los bolsillos.

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Con el permiso de una doctora, tanto Hiccup como Stormfly pudieron entrar a la par para ver a la convaleciente Astrid, que seguía tal cual la había dejado la guía.

—Sigue dormida. —susurró Hiccup con melancolía.

—No me agrada para nada verla así. —comentó Stormfly, acercándose a ella para poder tocarla, y en cuanto lo hizo inmediatamente resopló.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—Tiene fiebre. —dijo esta con su mano posada en su frente. —¿puedes llamar a la doctora esa?

—Eh sí, claro…

Preocupado, Hiccup salió de inmediato del pequeño cubículo en busca de alguien que pudiera ayudarlo, mientras que Stormfly, sutilmente comenzó a despertarla para descartar que estuviera inconsciente, afortunadamente, Astrid despertó con el movimiento, pero su rostro y su cuerpo hablaban por sí solos y le mostraron a la guía que no se encontraba para nada bien.

—Tranquila, Astrid… tranquila.

—¿Stormfly?... ¿qué pasa? —susurraba esta fuera de sí.

—¡Stormfly!

En ese momento, Hiccup entró nuevamente en compañía de Atali la cual, pidió espacio a la guía para poder revisar a su paciente a quien inmediatamente le recetó otra dosis de medicamentos.

—No se preocupen, es normal que se presente un poco de fiebre en estos casos, sólo hay que cuidar que no dure mucho tiempo. —dijo a los preocupados espectadores. —Astrid, si te sientes mal debes informárnoslo de inmediato ¿Has entendido?

—¿Cuánto tiempo más estaré así, doctora? —preguntó esta primero.

—No sabría decirte Astrid, todo dependerá de ti, de que nos ayudes a tratarte, que descanses, que comas.

—¿Cuánto tiempo? —volvió a preguntar esta, sintiendo demasiada desdicha en ella.

—Mira, por cómo estás, por el bajo nivel de energía que presentas y tus otras heridas, lo siento Astrid, pero al menos quisiera que te quedaras unos días más.

"¿Más días?"

La hechicera sintió como si el mundo se le cayera encima al imaginarse otros largos días postrada en esa cama con todos esos dolores, sin poder ver a sus hijos y sólo escuchando como otras recibían a sus bebés con gran felicidad. Tanto fue el dolor que, en medio de la fiebre, comenzó a llorar nuevamente.

Stormfly, al verla inmediatamente fue a consolarla, mientras que Hiccup, Toothless y Alúmini (ambos en el bolsillo) veían con dolor a la quebrantada hechicera.

—Lo siento, Hiccup. —le susurró Atali. —Pero debemos hacer todo lo posible para que ponga sus pies de nuevo en la tierra, es un proceso largo y duro que de antemano te digo que no sanara del todo aquí, pero al menos quiero que se pueda mantener en pie, que recupere sus energías, no puedo darla de alta así.

—No se preocupe, doctora. —respondió este sintiendo un poco de enojo al sentir sus comentarios como un regaño. —Haremos lo que podamos.

Atali, sólo asintió y se retiró para darles su espacio, no sin antes advertirles por última vez que sólo podía haber un miembro de la familia presente ya que el horario de visitas se había terminado.

—Tranquila Astrid, vas a ver que en unos días estarás bien… ya no llores, por favor. —pedía Stormfly mientras acariciaba su cabello.

Pero esta, sólo negaba con su cabeza, se sentía demasiado desahuciada para poder pensar positivamente, hasta que…

—Stormfly tiene razón, Astrid. —escucharon ambas de repente.

Astrid dejó de lamentarse al escuchar esa voz, y cansada, levantó un poco su cabeza para ver a quien la había cuidado horas atrás.

—Ya no llores, verás que pronto todo mejorará. —dijo Hiccup con una leve sonrisa.

increíblemente para todos los guías presentes, Astrid cesó el llanto con sólo escucharlo y asintió, como si confiara plenamente en las palabras de su compañero. Fue algo insólito de ver, ya que ni los arrullos de Stormfly, ni las advertencias de Atali habían logrado tal efecto como el "pronto todo mejorará" de Hiccup.

—Stormfly se quedará contigo por esta noche, yo volveré con Toothless y Alúmini a la casa para cuidar a los niños. ¿Te parece bien? —pidió su opinión con delicadeza.

Astrid, asintió un poco más relajada y se dejó caer cansada sobre la camilla.

—Mañana vendré de nuevo, si pasa algo pueden llamar al número de Heather. Stormfly… —le entregó el celular. —Me lo prestaron, pero con esto podemos comunicarnos más rápido que con las notas mágicas, cualquier cosa me hablas de inmediato ¿está bien?

—¡Oh!… pero ¿cómo se utiliza está cosa? —preguntó la nadder viendo el aparato con una gran interrogante en su rostro.

Aquel comentario tan inocente fue suficiente para que Astrid soltara una risita, pues su guía, a su perspectiva se veía muy graciosa y linda.

—¿Te estás burlando de mí? —cuestionó esta ofendida, pero a la vez divertida al ver que su ama, de una forma u otra se recuperaría.

Astrid sólo negó con su cabeza y luego se volvió a su compañero de batallas.

—Diles a los niños que los extraño. —pidió melancólicamente. —Y que muy pronto volveré.

—Claro que sí, confía en mí.

Acatando su petición al pie de la letra y después de explicarle a Stormfly cómo usar el celular; Hiccup y sus guías finalmente se marcharon del hospital

Como en la mañana lo había llevado Dagur, no tenía auto, por lo que regresó a la casa caminando. Toothless y Alúmini se volvieron nuevamente humanos para acompañarlo en su trayecto, y aprovechando la caminata le contaron del lugar en el cual estuvieron durante su ausencia, mientras que Hiccup respondió otros cuestionamientos sobre lo que pasó después de que estos se fueron, en donde destacó entre todo, lo que pasó la víspera de Navidad, el día en el que tanto Astrid como él, habían admitido ser padres de los niños. Un relato que fue de total interés para la luminosa, que tenía cierto detalle guardado en una parte de la casa y que no dudaría en mostrárselo en cuanto llegaran.

Pasado varios minutos después, finalmente llegaron a su hogar.

—¡Hiccup, Hiccup! —celebraron ambos pequeños con sólo verlo.

Este los recibió poniéndose de cuclillas, con brazos abiertos y con gran felicidad, algo demasiado notable para los guías que aún no creían que el antes amargado Hiccup que, no quería que ni lo tocaran, ahora estaba siendo apapachado por los tiernos niños.

—¿Cómo está Astrid? —preguntó Zephyr.

—¿Sí va a volver mañana? —cuestionó Nuffink cabizbajo.

—Aún no volverá, niños. —respondió Hiccup tratando de no verse entristecido. —Pero se está recuperando, y me manda a decirles que los extraña mucho y que muy pronto volverá.

—¿Y con quién se quedó? —preguntó Heather incorporándose a esa pequeña bienvenida.

Hiccup, entonces movió su cabeza para que vieran también a los que estaban a unos cuantos pasos detrás de él y que hasta ese momento no se habían percatado de su presencia.

—¡Es Toothless! —exclamó Zephyr feliz al ver de quienes se trataban.

—¡Y Alúmini también! —celebró igualmente Nuffink.

Ambos niños, con gran animosidad salieron a saludar a sus falsos tíos, quienes, no esperando esa clase de bienvenida correspondieron sus afectos.

—¡Wow! Veo que tu hermano y su novia volvieron, justo a tiempo. —comentó la jardinera. —Entonces… ¿volvió la hermana de Astrid?

—Sí, y se quedó en el hospital a cuidarla, aunque Heather, Toothless no es mi hermano, bueno, no al menos uno normal, es mi guía espiritual, pero lo considero como un hermano, lo mismo pasando con Alúmini que es mi guía espiritual adoptiva. Mientras que Stormfly, es la guía espiritual de Astrid.

—No creo entender mucho de lo que me dices, pero cómo todos ustedes son mágicos, puedo esperarme cualquier cosa.

—¿Cualquier cosa? —la escuchó Toothless y esbozó una sonrisita divertida. —¿Algo como esto?

Y con un destello repentino, volvió a su forma de dragoncito, claro está, que la luz y el ruido que emitió, y el hecho de que apareció cómo un dragón le sacó un gritillo de susto a la jardinera. Un momento que amenizó un poco la preocupación de los niños y del mismo Hiccup.

Dejando los juegos atrás y después de presentarse nuevamente y con propiedad, todos se resguardaron en la casa para cenar y descansar de aquel largo día.

—Bueno Hiccup, supongo que, con tus guías a tu lado, no es necesario que me quede ¿verdad? —preguntó Heather después de cenar. —Me refiero a que… no sé si aún quieras que me quede para ayudarte con los niños, que me quede aquí. —aclaró.

—Oh, no… descuida Heather, Toothless y Alúmini prefieren dormir como dragones y ya viste que son pequeños, por mi parte no hay problema si te quieres quedar, aclarando también que no me gustaría abusar demasiado de todo el apoyo que nos has dado, si lo deseas puedes volver a tu casa para descansar. Toothless, Alúmini y yo nos haremos cargo.

—Bueno, sí, creo que sí lo necesito, pero… podría preguntar ¿quién cuidará a Astrid mañana?

—Bueno, yo pensaba ir mañana para relevar a Stormfly y estábamos viendo si Alúmini o Toothless se quedaban con ella en la noche o viceversa, ya que el lunes tengo que ir al trabajo.

—Mmm… ya veo, es que te quería preguntar si yo también me puedo apuntar para cuidarla, es mi amiga y no quisiera dejarla sola en estos momentos.

Hiccup miró a sus guías como pidiendo parte de su consentimiento, estos asintieron estando de acuerdo.

—Está bien.

—Genial… entonces ¿te importaría si te acompaño mañana? Y sirve que hablamos un poco también del invernadero.

—De acuerdo. —asintió Hiccup recordando que tenía pendiente también ese proyecto.

Terminada la conversación y quedando muy bien planeado lo que se haría al día siguiente, Heather se retiró a su respectivo hogar para descansar. Mientras tanto el hechicero, los niños y los guías se prepararon para dormir.

Fue impresionante para Toothless y Alúmini ver que Hiccup se hizo a cargo casi de todo, desde lavar platos, recoger una que otra cosa de los niños hasta ayudarlos a lavar sus dientes para luego asegurarse de que se pusieran sus pijamas y finalmente llevarlos a sus camas donde los acompañó hasta que se quedaron dormidos. En ningún momento les pidió ayuda, y a pesar de que ellos quisieron intervenir para aligerarle un poco las cosas, Hiccup respondió con un: "No hay problema, yo me hago cargo".

Con los niños ya dormiditos en sus camas, Hiccup salió de la habitación y se encontró con que sus guías lo esperaban pacientemente fuera de esta.

—Toothless, Alúmini… ustedes pueden quedarse en el sofá si quieren, o también está la habitación de Astrid.

—¿Y tú dónde te quedarás? —cuestionó Toothless confundido.

—Aquí, con los niños. —señaló la habitación. —En el suelo.

—Ay Hiccup, no es necesario. —se enterneció Alúmini. —Ellos están bien, su padre los ha cuidado bien. Además, dijiste que reforzaste la barrera, y desde entonces nada ha perturbado a los niños ¿no es así?

—Bueno, sí, pero es que…

—Mira, si te preocupa que algo raro aparezca, yo me puedo quedar con ellos, como un dragón. —ofreció el furia transformándose. —"Me quedaré despierto día y noche si así lo quieres".

Hiccup sonrió y negó con la cabeza.

—No es necesario amigo, pero si duermes con ellos sé que estarán bien, que los cuidarás como una vez hiciste conmigo.

El furia nocturna revoloteó animoso asintiendo.

—Ok, bueno… entonces… yo iré al sofá a dormir. —dijo sobándose el cuello. —La verdad es que sí siento cansancio en el cuerpo y algo suave no me haría mal.

—Y ¿por qué no utilizas la habitación de Astrid? —sugirió Alúmini con una sonrisa.

Hiccup se paralizó para luego enrojecer.

—¿Qué? ¿Qué tiene? —cuestionó la albina confundida.

—Es que… es de ella.

—Ay Hiccup, no creo que le importe, a como ahora veo que están las cosas, estoy segura de que te la prestaría si se lo pidieras —dijo tomando su mano, para guiarlo a la habitación, mientras que Toothless se iba con los niños.

A tropezones, el hechicero fue llevado a aquella recamara que muy poco había visto, ya que desde que despertaron del hechizo habían sido pocas veces en las que había entrado, la primera vez cuando quiso entrar por ropa y que Astrid lo echó a patadas, la segunda vez cuando sólo fue a asomarse para buscar a los niños y por último cuando estaba buscando una maleta, en esas ocasiones ni siquiera prestó atención a su alrededor pues le era algo irrelevante, pero ahora, sentía que pisaba propiedad privada y que pertenecía sólo a su compañera, aunque después lo reconsideró, esa habitación no siempre había sido de Astrid, en algún momento perdido de su vida la habían compartido como marido y mujer. Pensar en esas cosas, lo hicieron enrojecer como un tomatillo.

—Mira o más bien siente, es muy cómoda. —dijo Alúmini, obligándolo a sentarse en la cama. —¿Verdad que sí?

—Eh… sí. —respondió Hiccup cabizbajo.

—Bien, espérame aquí, hay algo que quiero mostrarte.

No diciendo más, Alúmini salió rápidamente de la habitación dejando a Hiccup en completa soledad, este aún cohibido, levantó la mirada y miró a su alrededor, apreciando la pintura blanca de las paredes así como los muebles, había uno pegado a la pared entre las dos ventanas que había en la habitación, mientras que del otro extremo había un tocador con "cosas de chicas", mientras que aun lado de la puerta, estaba otro ropero de donde había sacado la maleta días atrás. A los costados de la cama, había unos muebles, cada uno con una lamparilla en sus esquinas, y de lado del tocador, había otra puerta en donde concluyó estaba el otro cuarto de baño.

Ver toda esa habitación se le hizo increíble de una forma u otra, porque parecía que era la primera vez que notaba todos esos detalles, cuando lo cierto era que esa habitación había sido suya por casi 10 años, que la había compartido con una mujer, una que antes odiaba, pero que ahora quería ayudar con toda su alma.

—¡Mira, Hiccup! —llegó Alúmini sacándolo de sus pensamientos.

El hechicero observó a su guía, la cual ocultaba algo entre su pecho.

—Estaba esperando el día en que reaccionaras para poder dártelo, y no sé si para ti sea un buen momento, pero como tu guía adoptiva, considero que es hora de que lo veas.

No diciendo más, la guía albina le extendió lo que ocultaba, y Hiccup al ver de lo que se trataba no pudo evitar dar un grito ahogado con sólo ver lo que tenía: unas fotografías.

— "Las evidencias de Astrid" —supuso de inmediato, tomándolas con desconcierto.

—Astrid las descubrió recién despertaron y en su desesperación por no comprender lo que pasaba casi las destruye, pero gracias a los dioses, lo impedí, y las guardé para el momento en que nuevamente quisiera verlas, para cuando tú también quisieras verlas.

—Entiendo, gracias Alúmini.

La albina sonrió.

—Ahora… ¿Quieres que las veamos juntos o quieres…?

Hiccup suspiró y levantó su mirada.

—Yo…—tardó en decir lo que quería.

—Comprendo. —dijo Alúmini entendiendo su sentir —Estaré con Toothless y los niños por si necesitas algo. Descansa Hiccup.

—Buenas noches. —sonrió el hechicero antes de que la albina cerrara la puerta.

Quedándose nuevamente sólo, enfocó su atención a la primera fotografía, con sólo verla sintió que el estómago se le revolvió, porque era una de toda su familia y él lucía ¿feliz? Se extrañó de verse así mismo en ese trozo de recuerdo, con una barba a medio crecer, mientras que a su lado estaba Astrid, abrazándolo por la cintura, mientras que él la rodeaba por los hombros, también se veía muy feliz, y frente a ellos y un poquito más pequeños estaban sus dos hijos.

Zephyr y Nuffink se veían un poco más pequeños a cómo estaban en ese momento, la fotografía le dio a entender que se había tomado hacía uno o dos años. Nuffink ni siquiera tenía flequillo y Zephyr llevaba atado el cabello a una coleta alta, ambos también lucían contentos.

¿Dónde habían quedado esos recuerdos? Se cuestionó abrumado pasando a la siguiente fotografía, que con sólo verla hizo que la temperatura de su cuerpo aumentara. Era una de Astrid y de él, besándose.

Por breves segundos cerró los ojos, como si estuviera viendo a otra pareja, pero al recapacitar, los volvió abrir para verla con más detalle. Con las mejillas coloradas observó en esta que ambos lucían un poco más jóvenes, él no llevaba barba y ella vestía un poco más juvenil. Astrid parecía que se le había lanzado encima para besarlo, y por supuesto, él no parecía tonto y gustoso lo estaba aceptando. Pronto, su vista se quedó atenta a la unión de esas dos bocas que ahora se desconocían. ¿En serio la había besado? A pesar de todo, se le hacía increíble de creer, pero los hechos ahí estaban, comprendió sonrojado, y por supuesto no sólo habían hecho eso, habían hecho más y más cosas, entre estas, a tres pequeños.

Pasando a la siguiente fotografía y justamente pensando en sus hijos, no pudo evitar sentirse afligido con el otro recuerdo. En esa nueva imagen, otra vez sólo aparecían ella y él, pero a diferencia de la anterior, Astrid ahora lucía un bonito vestido de maternidad y de entre esta se asomaba una pequeña barriguita, tuvo ganas de llorar de sólo pensar que era Zephyr la que estaba ahí, pues la foto se veía de la misma época a la anterior. ¿Así era como se había visto? Pensó para sí mismo, resolviendo uno de los enigmas que había tenido la noche anterior.

Y así, de fotografía en fotografía vio parte de su vida olvidada, y por más que quiso rememorar el momento en que se capturaron esos recuerdos, nada llegó a su mente, seguía completamente vacío, pero el sentir de su corazón, todos sus sentimientos le aclaraban que esos recuerdos habían sucedido en algún momento de su vida y que no debía dudar de ellos.

Cansado, se echó sobre la cama, y nuevamente pensativo comenzó a imaginarse otras serie de cosas que se cruzaron por su mente con sólo sentir la colcha de la cama.

¿en esa cama habían hecho a sus hijos? Fue uno de sus cuestionamientos. ¿Cuántas veces la habían compartido íntimamente?

—¡¿Pero qué cosas piensas, Hiccup?! —se auto regañó abochornado, así que para no pensar más en eso cerró sus ojos para dejarse caer en el mundo de los sueños.

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Al día siguiente, tal como se había planeado, Hiccup y Heather fueron a visitar a Astrid, tuvieron que ir en el auto de la jardinera, ya que el auto del hechicero seguía varado en la concesionaria ya que ahí lo había dejado el día que Harald atacó.

—Le preparé algo muy delicioso y nutritivo, espero que la gente del hospital no me diga nada por dárselo. —comentó la ansiosa Heather, llevando consigo una discreta bolsa donde guardaba unos alimentos.

—Espero que no. —dijo Hiccup, abriéndole la puerta de la entrada al hospital.

—¡Disculpe, Sr. Haddock! —llamó de inmediato la recepcionista al verlo entrar.

—Creo que te hablan. —susurró Heather.

—Eso parece, ¿ahora qué? —gruñó este sintiendo un mal presentimiento.

Con falsa paciencia el hechicero, junto con su acompañante, se acercaron a la recepción.

—¿Sí?

—Disculpe Sr. Haddock, pero me pidieron que en cuanto lo viera le informara esto. —dijo mostrándole unos papeles. —Hay un problema con su seguro médico.

—¿Mi qué?

—¿Qué problema? —cuestionó Heather inmediatamente.

—Está vencido. —informó la recepcionista. —El director del hospital me ha pedido que en cuanto llegara lo hiciera pasar a su oficina para "hablar" sobre cómo se estaría efectuando el pago por las atenciones que se le ha estado dando a su esposa.

—A ver… ¡espere! ¡¿Qué está cosa no era gratuita?! —preguntó Hiccup confundido, desconociendo los procedimientos y el sistema de salud de ese mundo.

—Ay Hiccup, aquí nada es gratis. —susurró Heather para que se tranquilizara. —Pero, señorita… mi amigo trabaja, y hasta donde sé, está asegurado por su empleador. —aclaró

—Pues el sistema indica que su seguro se dio de baja hace como dos meses. —contradijo la muchacha haciendo una mueca de fastidio.

—Harald. —gruñó Hiccup, pensando de inmediato que había sido por causa de él.

—¿Qué podemos hacer? —volvió a cuestionar Heather al ver que Hiccup se había ensimismado.

—Ya les dije, el director del hospital quiere hablar con el Sr. Haddock, así que si gusta pasar. —le indicó el camino a seguir.

—Tú pasa con él, Hiccup. —dijo Heather. —Yo hablaré con Dagur, para ver si nos puede ayudar a saber qué pasó o que se puede hacer. ¿sí?

El furioso Hiccup, asintió a cómo pudo y tratando de no desquitarse con el personal que, sólo hacía su trabajo, siguió a la chica de recepción hacia la oficina del director.

—Sr. Haddock. —saludó el hombre al verlo entrar. —Dr. Argus Headmaster. —se presentó extendiendo su mano.

Hiccup observó al hombre y no le pareció mala persona, era una persona de edad, pues tanto su cabello como su barba eran canosas, se veía que tenía experiencia y también que podía ser alguien razonable.

—Tome asiento, Sr. Haddock. —lo invitó a sentarse en una de las sillas que tenía frente a su escritorio.

El hechicero no replicó y se sentó tratando de no mostrar alguna clase de fastidio.

—Supongo que la señorita ya le ha de haber informado el motivo por el cual lo mandé a citar. —comenzó con diplomacia.

—Sí, un asunto con el seguro médico, que la verdad no comprendo por qué, si yo trabajo. —dijo de inmediato usando aquella frase con la que Heather había intentado justificarlo.

—Sí, sin embargo, nuestro sistema indica que su seguro fue dado de baja algunos meses, ¿su empleador no se lo comentó?

—Señor, mi empleador fue el hombre que intentó matarme y el que hirió a mi esposa y prácticamente mató a mi hijo, así que me puedo esperar cualquier cosa.

—Oh, sí. Leí su caso, pero igual tengo entendido que ese hombre era sólo su supervisor, con quien debe hablar es con alguien de más rango o con su área de RH para revisar qué sucedió.

—Tendría que ser mañana, señor. —dijo tratando de ocultar su frustración. —Me es imposible hacerlo ahora.

—Comprendo eso, Sr. Haddock; sin embargo, aunque su empleador le reactive su seguro médico, me temo que los costos generados por la atención de su esposa se tendrán que liquidar en efectivo.

—¡¿Cómo?!

—Sí, Sr. Haddock. Los seguros médicos generalmente tienen una clausula de uso, y si se le reactiva, será como si nunca lo hubiera tenido, es decir, tiene que mantenerlo por un tiempo, así como su empleo para poder hacer posteriormente uso de él.

—Entiendo y entonces… los gastos…¿De cuánto estamos hablando?

En cuanto preguntó eso, el director fijó su mirada en los papeles que tenía en su escritorio, los cuales, tenían a detalle todos los instrumentos, medicamentos y otras cosas que se estaban utilizando para el tratamiento de su compañera.

—Hasta este momento, la deuda se encuentra en alrededor de 30,000 libras, Sr. Haddock. Y tengo entendido que la doctora Atali aún no quiere dar de alta a su esposa, porque aún no se encuentra estable, por lo que la cuenta se elevaría en los próximos días.

Hiccup apretó puños y dientes.

—¿30,000 libras? ¿De dónde sacaría tanto dinero? Si muy apenas podía ponerle gasolina al auto y llevar comida a su casa.

—Podemos llegar a un convenio de pago Sr. Haddock, pero para hacerlo, tendría que asegurarnos un anticipo de por lo menos 10,000 libras, al menos para mantener a su esposa en el hospital.

O podría hechizarte y obligarte a hacer lo que yo quiera. —susurró Hiccup para sí mismo.

—¿Disculpe, dijo algo?

Debía usar la magia, no quedaba de otra, pensaba Hiccup mientras su nivel de frustración aumentaba con la amenaza que representaba ese problema económico. Sin embargo, su moral se hizo presente y le impidió hacer tal cosa, le pidió que reflexionara.

El hombre frente a él no era su enemigo, sólo estaba haciendo su trabajo, como cualquier otro profesional de ese mundo o del mundo oculto, no era correcto abusar de su poder para conseguir algo; sin embargo, el tema del dinero era algo muy complicado y él estaba prácticamente quebrado. Necesitaba un consejo urgentemente.

—Mire Sr. Haddock. Le puedo dar como prorroga hasta el día de mañana, hable con su empleador, valide lo del seguro médico y vea si lo pueden indemnizar por los daños que causó ese otro hombre.

Hiccup asintió rendido.

—Bien, entonces lo espero aquí el día de mañana con su resolución.

—Gracias, señor y disculpe.

¿Disculpas? Se extrañó el director al escucharlo, siendo ignorante de que el hombre que se estaba yendo de su oficina había estado a punto de hechizarlo.

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Los problemas parecían no acabarse, pensó el frustrado Hiccup al salir de la oficina, y nuevamente culpó a Harald, así como a su estupidez inicial, si hubiera trabajado como se debía probablemente le hubiera alcanzado para dar el anticipo, pero debido a que se había comportado como un idiota, ahora no tenía ni donde caerse muerto y junto con él había arrastrado a Astrid y hasta a sus hijos.

Por esa tarde optó por ni siquiera hablar con Astrid, sólo fue a verla un momento y después le dejó el resto a Heather, para su suerte, su compañera no estuvo del todo sola, pues después por la tarde, los gemelos la fueron a visitar y la mantuvieron distraída.

Para cuando llegó el momento de marcharse, sólo le dijo que tenía que prepararse para el día siguiente, ya que tenía que trabajar, además de llevar a Zephyr a la escuela y hacer otras cosas.

Para Astrid no pasó por desapercibido el cambio de actitud de su compañero, pero cuando preguntó a Heather, esta sólo le respondió con un: "No le pasa nada", y supuso que de ahí no la sacaría, quería saber qué pasaba; sin embargo, su cuerpo todavía le dolía y los medicamentos la mantenían dormida casi todo el día. Se sentía tan inútil.

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Por la noche, Heather pidió también quedarse, algo que Hiccup no replicó, pues necesitaba hablar seriamente con sus guías y la guía de Astrid.

—¿Y ustedes qué creen que deba hacer?

—Sabemos que lo más fácil sería usar la magia, pero, aunque no estemos en el mundo oculto, nadie nos da derecho a manejar las vidas de los demás a nuestro antojo. —dijo Toothless.

—Sería sólo por esta vez. —opinó Stormfly de brazos cruzados. —Si a esos malditos hechiceros no les importó usar magia prohibida contra Hiccup y Astrid, ¿a nosotros qué nos debe importar? Ya no estamos en el mundo oculto y no es para una mala causa, es para ayudar a Astrid.

—Pero esa magia fue usada hechicero contra hechicero, creo que desde aquí se pierde el equilibrio de la balanza, Stormfly. —dijo Alúmini. —No se me hace correcto violentar la voluntad de alguien que no es igual a Hiccup o a Astrid.

Stormfly bajó la cabeza considerando las palabras de su amiga, y sí, vio que no era justo cuando se involucraban a otras personas y en un tema de salud, donde de seguro había casos iguales o peores al suyo y las personas no tenían esa ventaja que ellos tenían.

—Creo que primero hay que ver cómo será la situación mañana, iré al trabajo y veré que me dicen ¿está bien? —planeó Hiccup. —capaz y me apoyan por los daños generados por Harald.

—¿Y si no? —cuestionó Toothless.

—Creo que… no sé, pedir un préstamo.

—Creo que sería lo correcto. —pensó Alúmini.

—Ok, pero ¿y si por una causa u otra todo esto resulta mal? —volvió a cuestionar Stormfly.

Los dos furias se vieron a los ojos pensantes.

—Bueno, supongo que si algo raro llega a pasar… pues, dejaremos que Hiccup decida y respetaremos lo que decida.

La atención nuevamente se centró en el hechicero, quien dando un largo suspiró decidió lo que haría en dado caso de que todo resultara mal.

—Sí todo sale mal…—suspiró. —No me quedará de otra y usaré magia.

Toothless y Alúmini presintieron que diría eso, pero confiaban en que, si tal caso se llegaba a dar, Hiccup sabría cómo hacerlo y cómo compensarlo en el futuro.

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Lunes 21 de enero 2019.

Inicio de semana, momento de volver a la rutina.

El pesado y doloroso fin de semana tenía que quedarse atrás, Hiccup, guías y niños se pusieron de acuerdo para hacer las actividades.

Por la mañana Hiccup se encargó de llevar a Zephyr a la escuela, aunque fue caminando, ya que no tenía aún el auto, mientras que Toothless y Alúmini se quedaron cuidando de Nuffink, y Stormfly se fue directamente al hospital para relevar a Heather. Volviendo de la escuela, Hiccup se preparó para ir al trabajo, ya iba algo tarde, mas no planeaba quedarse debido a todo lo que tenía que arreglar en ese día, si era posible pediría las vacaciones que antes no se había tomado. Sólo esperaba que el viejo GJ comprendiera.

—Hiccup, ¿puedo acompañarte? No quisiera que estuvieras solo haciendo todas esas vueltas. —dijo Toothless mientras cuidaba atentamente de Nuffink.

—Claro que sí, me haría bien un poco de apoyo. —dijo este desanimado.

—Ya hombre, no pongas esa cara… verás que todo saldrá como le dijiste a Astrid…mmm…—pensó. —¡Que pronto todo mejorará! —recordó animado.

—Eso espero, amigo. Realmente lo espero. —deseó el afligido Hiccup, listo para irse.

—¿Ya nos vamos?

—Sólo esperamos a alguien más, ya debe estar por llegar.

Dicho y hecho, en ese momento, sonó el timbre de la casa. Hiccup atendió a la puerta, mostrando que se trataba de Dagur, el cual ya se veía listo para otro día de actividades.

—¿Por qué nos acompañará? —preguntó Toothless.

—Aún quedan algunas cosas que debemos concluir del caso con Harald ante este mundo, así que Dagur irá a hacer unas diligencias.

—Entiendo.

Comprendido el papel qué cada uno desempeñaría, el trio de varones se marchó hacia su nuevo destino: la concesionaria.

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—¡Está despedido Sr. Haddock!

No se esperaba que esas palabras salieran tan cruelmente de la boca del gerente Johann, al cual después de haberle platicado su situación, no se compadeció ni un poco. Hiccup quedó anonado.

—¡Espere, viejo! Lo que hace es ilegal. —defendió Dagur, quien hasta ese momento había acompañado a su amigo para hacer la investigación de rutina.

—Claro que no, detective Deranged, lo que fue ilegal es lo que hizo ese estúpido de Harald que quien sabe que mañas tenía con la mujer del Sr. Haddock.

—¡A Astrid no la meta en esto! —enfureció Hiccup con aquella osadía.

—No me malinterprete Sr. Haddock, pero ¿sabe? A mi perspectiva, Harald y usted usaron este lugar para su guerrilla y eso no me gusta nada, nada… afecta los negocios y el buen nombre de esta noble empresa.

—¿A qué se refiere viejo? —cuestionó Dagur.

—Detective, cuando me habló el día de ayer para reportarme de este infortunado incidente me di a la tarea de investigar en cuanto llegué al negocio si ese bastardo de Harald no había hecho movimientos chuecos con esta noble empresa.

—¿Y qué averiguó?

—¡Esto! —levantó Johann un papel. —la renuncia del Sr. Haddock hace casi dos meses.

—¡¿Qué?! —le arrebató Hiccup el papel.

Con incredulidad leyó que era una carta de renuncia, la causa, sólo indicaba que haría un cambio de domicilio y estaba firmada con su nombre.

—Yo nunca me enteré de su renuncia, Harald sólo me dijo que se había tomado unas vacaciones, pero pasó esta carta a RH y estos hicieron su baja en el seguro, y luego usted volvió como si nada a la siguiente semana y para acabarla desempeñando un pésimo trabajo, Sr. Haddock, me queda claro que entre ustedes había una rencilla y querían hacer a esta empresa parte de esa disputa

—Pero ¡¿QUÉ ESTUPIDECES DICE?! —enfureció Hiccup. —¡Ese hombre trató de matarme y lastimó a mi esposa al grado que la hizo perder a nuestro bebé! ¿CÓMO SE ATREVE A INSINUAR QUE YO QUERÍA ESO?!

—lamento lo sucedido Sr. Haddock, pero a mi criterio, no le debo nada, y ahora más que nunca, prefiero que salga, no quisiera volver a verlo, y ni se atreva a reclamar y demandar porque yo también lo haré por daños y perjuicios a esta noble empresa.

—Ush… ¡maldito! —enfureció Hiccup al grado que le dieron ganas de sacar a Inferno para condenarlo; sin embargo, Toothless que estaba escondido en su bolsillo, le habló telepáticamente y le pidió serenidad ante todo.

—Vámonos, hermano… no tiene caso. —Alentó Dagur para que se marchara. —Pero no se crea que esto se acabó, viejo, seguiremos con las averiguaciones así que, aunque no quiera, me verá más veces.

—Me tienen sin cuidado, detective, esta noble institución se lava las manos ante lo sucedido.

A Hiccup no le cabía la menor duda de qué había varias personas de distintas clases. Derrotado, salió frustrado de la oficina de Johann, estaba desesperado. ¿Ahora que haría? Comenzó a cuestionarse, no tenía trabajo, no tenía manera de solventar los gastos del hospital, no tenía cómo mantener a su familia, no tenía nada para ayudar, sólo le quedaba su magia la cual, en ese mundo, no parecía ser de mucha ayuda.

—Tranquilo, hermano, serénate… no es el fin del mundo. —le consolaba Dagur entre susurros, mientras lo ayudaba a salir de la concesionaria ante la atónita mirada de algunos empleados, entre estos Fishlegs y Snotlout que, siendo empáticos, fueron con él para apoyarlo.

—Hiccup, nos enteramos de lo que te pasó y a Astrid. ¡Lo que Harald hizo! y acabamos de escuchar los gritos de Johann… ¡esto es injusto! —dijo Fishlegs acompañándolo a la salida.

—Ese tacaño de GJ, de seguro no quiere pagarte lo que te corresponde y por eso te amenaza, ¡reclama Hiccup, reclama de cualquier manera! —motivó Snotlout.

Pero este, completamente afligido, sólo negó con su cabeza, pues ya no tenía idea de lo que podía hacer.

—Señores…—susurró Dagur, pidiendo espacio para el recién desempleado.

Snotlout y Fishlegs retrocedieron un paso, y no les quedó de otra más que ver cómo el detective se llevaba a su adolorido compañero hasta el estacionamiento. Estando ahí, fuera de la vista de espectadores, Toothless se convirtió en humano para acompañar más de cerca a su hermano.

—Hiccup, me tengo que ir. —avisó Dagur preocupado. —¿puedes conducir?

El hechicero asintió muy apenas.

—No te preocupes, sí puedo…—aseguró con su vista en el suelo.

—Chico, cuídalo. —pidió el detective al guía.

—Por supuesto, no tengas cuidado, me quedó con él.

Una vez que Dagur se fue, todo pareció tornarse silencioso alrededor de los que quedaron en el estacionamiento. Toothless, ante tanto silencio, sólo se recargó en el auto para acompañar a su hermano.

—¿Qué voy a hacer Toothless? —rompió Hiccup el silencio con voz quebrada. —Lo arruiné todo.

—Claro que no, viendo lo que pasó, no me cabe duda de qué ese estúpido planeó bien todo, para lastimarlos hasta después de muerto.

—Lamentablemente yo contribuí en algunas cosas. —recordó Hiccup melancólicamente.

—Todos lo hicimos, no te culpes.

Pero Hiccup no lo sentía así, pensaba que en él recaía toda la culpa, desde que había decidido cortar el cabello de Astrid Hofferson, cuando apenas era un niño. Todo había sido su culpa.

—¿Y sabes? —interrumpió Toothless sus pensamientos. —Me queda claro que hay personas que no se merecen ni un poco de tu compasión, así que hechiza a quien tengas que hechizar si así lo quieres. Es tiempo de que pienses en ti y en tu familia.

Hiccup rio ante aquella ocurrencia.

—No soy así, lo sabes.

—Sí. Lo sé, porque luego ese no sería el Hiccup con el que crecí. —sonrió Toothless sintiéndose orgulloso con esa respuesta.

—Toothless… ¿qué crees que diría Astrid?

El dragón lo pensó.

—Mmm… recuerdo que esa niña, cuando les tocaba enfrentarse en cualquier tontería, siempre te retaba, cuando algo no te funcionaba y ella te tomaba la ventaja siempre te decía: ¡¿Qué harás al respecto Haddock?! —imitó con voz de niña ruda. —Y siempre respondías…

—Probablemente algo estúpido. —completó Hiccup con una sonrisa.

—¡Exacto! Entonces…

Hiccup rodó los ojos.

—Vamos al banco amigo, hagamos un último intento y si no… creo que haremos magia. —respondió sonriente.

—¡Esa es la actitud! Entonces ¡Vámonos! ¡Al más allá! —gritó Toothless apresurándose a subir al auto como si se tratara de un barco.

Con menos energía que la de su amigo, pero con la misma actitud, Hiccup se apresuró a tomar el lugar del conductor para marcharse de una vez por todas de ese sitio, cuando…

—¡Espera, Hiccup!

Bajó nuevamente del vehículo al ver que quien lo había llamado era Fishlegs y Snotlout, el primero con una caja de cartón entre sus manos.

Con lento caminar, ambos compañeros se acercaron a Hiccup para hacerle entrega de dicha caja.

—Son tus cosas, de seguro son valiosas para ti. —dijo Fishlegs con una leve sonrisa.

—Muy valiosas. —concordó Hiccup viendo que eran las fotografías de sus hijos. —Muchas gracias, amigos.

—No te preocupes, Hiccup, haremos huelga contra Johann para que lo destituyan. —planeó Snotlout perversamente. —Y a ese Harald, si lo llegamos a ver… ush… más vale que se cuide.

Hiccup negó con la cabeza.

—Olvídense de Harald, no creo que se vuelva a aparecer por aquí, en cuanto al viejo GJ…—resopló. —déjenlo, tal vez esto es lo mejor para mí, sinceramente nunca fue mi vocación.

—Ouh… pero igual te vamos a extrañar, Hiccup. —dijo Fishlegs entristecido.

—Saben donde vivo, serán siempre bienvenidos en mi casa.

—Y tenemos nuestras noches de Karaoke… no lo olvides. —le recordó Snotlout, aunque Hiccup no comprendió a qué se refería. — Aunque creo que será difícil por el momento por lo que sucedió con Astrid.

—Ah, sí claro… —resopló, ignorando todo lo que decía.

—Hiccup, si necesitas apoyo económico no dudes en contactarnos, haremos una colecta si quieres. —ofreció Fishlegs.

—Gracias, amigos… realmente lo aprecio, yo se los hago saber ¿sí?

—Está bien, entonces… que te vaya muy bien, tonto. En lo que sea que vayas a hacer. —deseó Snotlout con ojos lagrimosos.

—¿Estás llorando? —se extrañó Fishlegs al verlo.

—¡Claro que no, gordo! Es… la contaminación. —se excusó rápidamente.

—Claro, la contaminación. —rio Hiccup sintiendo un nudo en la garganta. —adiós, chicos.

Dejando la caja con fotografías en el asiento trasero y despidiéndose nuevamente de sus compañeros, Hiccup le dijo adiós a la concesionaria que le había dado trabajo por muchos años los cuales no recordaba; sin embargo, viendo el lado bueno de las cosas pensó que, tal vez no había sido el trabajo perfecto, pero las personas que había conocido ahí eran invaluables.

Minutos más tarde, y enfocándose nuevamente en los trámites que tenía que hacer. Hiccup y Toothless llegaron al banco, donde después de una larga fila, pudieron ser atendidos por alguien.

El hechicero ni siquiera recordaba su número de cuenta, pero afortunadamente con los pocos datos que tenía le estaban dando toda la información que quería.

—Entonces… ¿quiere un préstamo? —cuestionó el ejecutivo viendo los datos en la computadora.

—Sí, ¿se podría? —preguntó preocupado ya que había tenido que admitir que recientemente había perdido su trabajo y estaba completamente quebrado.

—Se podría, pero no sería mucho; sin embargo, no cree que sería mejor si utiliza los rendimientos de su cuenta de inversión.

—¿Cuenta de inversión? —preguntó confundido.

—Sí. —respondió el ejecutivo sin dejar de ver el monitor. —Una cuenta que se abrió desde hace casi 10 años y que le ha generado muy buenos rendimientos, tantos que se me hace que puede vivir sin empleo por unos 20 años o más.

—¡A ver ¿cómo?! —exclamaron hechicero y guía al mismo tiempo, levantándose de su asiento.

El ejecutivo se asustó con su reacción, por lo que sólo giró el monitor para que ambos vieran la cantidad que tenía en la pantalla, número que dejó boquiabiertos tanto al guía como al hechicero.

—Sr. Haddock, según el historial, hace años invirtió mucho dinero en nuestro banco, gracias a unas monedas de oro puro que tenía y que se cotizaron muy bien en el mercado. Este dinero se ha estado invirtiendo en la bolsa, con las indicaciones que hace años usted dio, y las cuales han generado muy buenos resultados hasta el momento.

—Pero… ¿qué demonios? —susurró Hiccup sin creer aún lo que veía en pantalla. —Pero… ¿monedas de oro? Me suena como a ¿las coronas del mundo oculto? —dijo para si mismo, cuando de repente un flashback llegó a su mente. —¡Abuelo Eero!

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Bien, recuerda… si puedes volver a enloquecer a esa Hofferson para que haga sus desastres no pierdas la oportunidad.

Abuelo, estoy bajo el ojo del rey… creo que me abstendré al menos por este día.

Eero bufó.

Bien, pero igual… llévate esto. —le arrojó un costal que por el tintineo dio a entender que eran monedas.

Hiccup al abrirla, dio un grito ahogado, pues dentro había muchas coronas de oro (la denominación más alta del mundo oculto), lo que significaba que bien en esa bolsa podría estar cargando más de lo que les habían pagado a los Hofferson por los daños.

¿Por qué me das esto?

Para que lo gastes… ¿Para qué más va a ser? Demuéstrale a esos Hofferson que los Haddock tenemos para destruir sus establecimientos y más si queremos. O si quieres bromear con esa tontita diciéndole que es el pago por su virginidad o compra a su hermana ¡Yo qué sé! Usa tu imaginación, pero con tal de molestar a esos idiotas no escatimes en gastos.

Hiccup no entendió el punto de su abuelo, pero igualmente tomó el dinero, para regresarlo a la cuenta bancaria en la menor oportunidad que tuviera, mientras tanto le daría por su lado.

Eh… bueno, gracias por el incentivo. —le sonrió falsamente y guardó el oro en una de las bolsas de su saco. —Creo que ya es hora de irme.

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Lo recordaba, ahora todo tenía sentido, y para su fortuna las maldades que pretendió aquella vez su abuelo habían resultado beneficiosos en su actual presente, y no sólo eso, su yo hechizado no era tan tonto como había pensado, realmente había sabido qué hacer con ese oro.

Suspiró aliviado, y con esa buena nueva sintió nuevamente esperanza en su ser, y volvió a confiar en sus palabras:

Pronto todo mejoraría.

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Horas más tarde, en el hospital.

Después de unas horas de haber superado otra racha de fiebre, Astrid despertó en un sobresalto. Al hacerlo, vio extrañada a su alrededor, ya no se encontraba en el cubículo pequeño y poco iluminado del área de maternidad, al contrario, estaba en otra habitación más iluminada, incluso con una ventana en donde se podía apreciar que estaba en un quinto o sexto piso.

La camilla incómoda en la que antes estaba había sido reemplazada por otra que sintió más confortable; luego se observó, seguía con el cabestrillo en su brazo derecho y en el izquierdo aún tenía el catéter conectado, por lo que dedujo que aún seguía hospitalizada; sin embargo, lo más curioso, es que todo a su alrededor estaba más silencioso, ya no escuchaba los chillidos de los recién nacidos ni a sus felices padres, que aunque fuera extraño, prefería no escucharlos.

—¿Dónde estoy? —susurró inquieta.

—Hola, Astrid…—escuchó de repente.

Al volverse hacia la voz, vio que se trataba de su ex enemigo, quien estaba acompañado por Stormfly y Alúmini, ambas viéndose muy sonrientes y aparentemente felices.

—¿Te gusta tu nueva habitación?

Continuará.

Notas de autora: Esta parte final la puse, ya que he leído varios blogs de madres que perdieron a sus bebés y dicen que se les hizo muy triste estar hospitalizadas en el área de maternidad donde pueden escuchar a recién nacidos y obviamente a otras personas felices por sus hijos nacidos, al parecer buscan ver que, cuando se den estas situaciones, la mujeres que sufrieron de un aborto sean llevadas a otra área, ya que pueden tener afectación psicológica por la pérdida que tuvieron.

Nota 2: no se mucho de inversiones, pero imagino que Hiccup, vendió parte del oro, y luego uso ese dinero para invertirlo en la bolsa y así fue creciendo el ahorrito. Por el momento en lo económico están a salvo ¿Se acordaban de que era le había dejado esa ayudadita? Jijiji.

Nota 3 o spoiler que por ahí publiqué, en el próximo capítulo, habrá charla de chicas. ¿Se imaginan entre quienes?

Comentarios.

Maylu Liya: Creo que Hiccup ya ha sufrido demasiado, y lo que le falta XD, así que hay que dejarlo tranquilo por el momento. Saludos.

Vivi: Pues sí, pero por lo visto ya se arreglaron por el momento, las bendiciones comenzarán a caerles poco a poco. Saludos.

K FanNeurtex: Había un propósito, pero eso se verá mucho después. PD sigo pensando en qué petición hacerte para un fic. Saludos.

Karin Yo: Muchas gracias por tu comentario y por leer. Saludos.

Amai do: Pues ya ves como lo pagaron, de algo sirvió las intrigas del viejo. Saludos.

Seguidores, anonimos y favoritos. Nos seguimos leyendo.

11 de mayo 2020