Capítulo 27
—¡Cristo bendito! — Hinata oyó el aullido, el sonido mudo, a mucha distancia.
Trató de pensar, trató de tragar, pero su garganta ni siquiera parecía funcionar.
Fue a la deriva en la oscuridad durante un tiempo desconocido, luego lentamente se percató de un ruido otra vez, de ser levantada y trasladada con gentileza. Sus miembros eran pesados, inútiles. Su cabeza pendía como la de un niño.
Fue depositada en una cama, y sintió la blandura bajo ella. Sus dedos se movieron, rozando el lino fresco debajo de ella. Logró abrir sus ojos un poco, y una cara apareció delante de ella, una cara de huesos fuertes, ceñuda con pequeñas trenzas en las sienes. Una alegría penetrante se propagó a través de ella.
Naruto.
No sabía qué ocurriría en los siguientes diez minutos pero ahora mismo podría verle, tocarle, y fue feliz por primera vez en ¿cuánto tiempo?
¿Había sido feliz cuando estuvo allí antes? Frunció el ceño levemente. Eso parecía de suma importancia. No, decidió, no había sido feliz la vez anterior. Se había sentido excitada, frenética, fascinada, y muchas otras cosas que apenas no podría nombrar. Ahora, este instante, ella era finalmente feliz otra vez.
—¿Muchacha? —él le retiró hacia atrás el pelo de la cara—. ¿Puedes hablar? —el acento escocés había regresado, advirtió ella. Eso quería decir que era Naruto el escocés ahora, no Naruto el Guardián.
Como Samui, él cambiaba de acento según su estado de ánimo, resultado de haber visto demasiado y de conocer demasiados idiomas. Una sonrisa pequeña tembló en sus labios.
—Si puedes sonreír, puedes hablar —las palabras eran severas, pero ella percibió una sonrisa bajo ellas, y otra nota más seria.
—Quizá —murmuró ella, sin abrir los ojos. Él gruñó con satisfacción.
—Suenas lo suficientemente despierta.
—¿Lo bastante despierta para qué? —pero incluso antes de terminar de pronunciar las palabras sintió sus manos moviéndose sobre ella, desatando cordones, deslizándose sobre sus piernas, y levantando su túnica.
El corazón le dio un brinco enorme pero se quedó inmóvil, disfrutando su notable habilidad con la ropa de mujer. En poco más de quince segundos estaba completamente desnuda.
La ropa de él requirió aun menos tiempo. Temblando por la alegría y la repentina necesidad, ella abrió sus piernas y él se arrastró hacia arriba para acomodarse entre ellas, deteniéndose por el camino para distribuir besos en su vientre y succionarle delicadamente los pezones. Ella se quedó sin aliento, sus dedos le arañaron la espalda, electrizada por la acentuada sensibilidad de sus pechos.
—He estado más de un mes sin ti —masculló descendiendo y guiándose hacia ella—. No puedo ser lento ésta primera vez.
—No quiero que lo seas.
Ella también había estado más de un mes sin él. Se mantuvo quieta a medida que la fuerte embestida comenzaba, se sobresaltó nuevamente por la dificultad inicial que no era realmente dolor, la presión, la sensación de ser estirada.
Ella respiró profundamente, aferrándose a sus hombros con fuerza hasta que su cuerpo se adaptó.
Se detuvo, su respiración tan profunda como la de ella. Se afirmó encima de ella, con expresión apremiante. Retrocedió, empujó dentro de ella otra vez, y se estremeció a medida que comenzaba a llegar al clímax. Hinata le abrazó, su propia necesidad urgente no había llegado hasta la misma cima que la de él, y estaba agradecida de que, con Naruto, la segunda vez no se retrasaba mucho después de la primera.
Se apoyó pesadamente sobre ella, sudoroso, con el corazón golpeando contra su pecho y dejando escapar pequeños gemidos esporádicos por las últimas pequeñas contracciones de su orgasmo. Ella deslizó sus manos en su pelo, tamizando las largas hebras rubias a través de sus dedos.
—Esto quiero decir que no has tenido ningún ah... ¿alivio desde que volviste de mi tiempo? —se preparó para su respuesta, tratando de controlar los celos feroces que comenzaban a brotar dentro de ella.
Se habían separado sin promesas, sin siquiera la esperanza de estar juntos otra vez así que no podía esperar que el le hubiera sido fiel, pero pensó que le podía desollar vivo si no lo había sido.
—Si por alivio quieres decir que si he gozado de una mujer, entonces no, no lo he tenido —contestó irritado. Él levantó la cabeza de su hombro y la miró echando chispas por los ojos, como si su abstinencia total fuera culpa suya.
—Bien —dijo ella, con intensa satisfacción. Una sonrisa renuente alivió su ceño fruncido.
—¿Te gusta eso?
—Muchísimo.
Ella se arqueó bajo él, deleitándose con la fricción de su vientre contra el de ella, y con la forma en que su movimiento le hizo endurecerse ligeramente dentro de ella. Deslizó sus manos hacia abajo por su espalda, sintiendo los músculos poderosos y flexibles. Sus nalgas eran frescas al tacto, y ahuecó sus palmas sobre ellas.
Él deslizó sus brazos debajo de ella y rodó, invirtiendo sus posiciones. Hinata se incorporó, su cara resplandeciendo con suave sensualidad. ¡Qué libremente le daba su cuerpo para su placer! Él puso sus manos sobre ambos pechos, acariciándolos tiernamente, frotando sus pulgares alrededor de sus pezones y haciéndolos endurecerse.
—Estoy realmente contento de que lo hayas hecho, ¿pero por qué regresaste?
—Por ti —dijo ella simplemente—. Porque te amo. Si tú me quieres, quiero quedarme —ella cogió una de sus manos y la desplazó hasta su vientre, aplanándola sobre su útero—. Si tú nos quieres —la voz le tembló entonces, porque no había promesas entre ellos y ella había corrido un riesgo enorme al volver.
No había habido ninguna palabra de amor entre ellos, pero cuando pensaba en la noche que habían pasado juntos y en sus tiernas atenciones cuando ella había esperado mucho menos, abrigaba una esperanza.
Él miró a su vientre y sus pupilas se dilataron. Su expresión se quedó completamente vacía, como si hubiera sido golpeado en la cabeza y no tuviera ni idea de lo que había sucedido. Trató de hablar y nada surgió. Hizo otro intento, su voz tan ronca que no era nada más que un graznido.
—¿Un niño? —él negó con la cabeza, como si las palabras tuviesen poco sentido.
—¿Te sorprendes, después de esa noche? —ella se sorprendió sonrojándose, el caliente color extendiéndose por sus mejillas mientras recordaba el apareamiento crudo, delirante.
—¿Qué es tan gracioso? —exigió Hinata, frunciendo el ceño hacia él. Se alegraba de estar embarazada, pero no creía que tuviera gracia.
—Todos estos años —jadeó él, con lágrimas de alegría brillando en sus ojos—, ¡he mantenido mi juramento, odiando la responsabilidad, manteniéndome apartado de las cosas que otro hombre esperaría, y ahora no tengo alternativa! ¡Gracias a Dios! —Las palabras resonaron en el cuarto y él se calmó, la risa desaparecida como si nunca hubiera existido.
— Hinata —murmuró.
Ella tocó su cara, sus dedos trazando las líneas amadas.
—No sé —murmuró ella en respuesta—. Como me dijiste tú, no lo podamos saber. — Quizá ella había sido enviada, el sufrimiento en sus vidas cicatrizado por la magia que los reunió, la fiebre, la pasión y la devoción a las que ninguno de los dos se podía resistir.
Él la arrastró hacia abajo, sosteniendo su cara con ambas manos, mientras la besaba, durante mucho tiempo, despacio y muy a fondo.
—No cuestionaré al destino —murmuró él—. Quizás pongo en duda tu cordura, dejando atrás la vida llevabas, he leído los libros que dejaste. Es una época realmente maravillosa.
—Como lo es este tiempo, de forma diferente. Tú estás aquí, y eso es lo bastante maravilloso para mí. Eres el Guardián; tenías que regresar, tienes que quedarte. Así es que regresé también. Fue una decisión fácil, una vez... una vez que me despedí.
—¿De tu marido? —Su tono era comprensivo. Naruto sabía lo que era perder a alguien al que se ama.
—De él, y de mi hermano. No he dejado familia allí. Pero el principio de una familia nueva crece dentro de mí, y quiero estar contigo... si tú me quieres.
—¿Que si te quiero? —gruñó él—. Hinata, te quise meses antes de que finalmente vinieses a mí. Ardía por ti. ¿Cómo podía defenderme de una muchacha que no estaba allí? Si son las palabras lo que quieres, entonces sí, te amo. ¿Lo dudas? ¡Después de encontrarte con el Tesoro, en lugar de matarte como era mi deber, casi me mato amándote! Me alegro de que vinieras a quedarte, porque no te dejaré marcharte otra vez sin importar tus deseos —¿Por qué no se había dado cuenta de eso en el momento?
Sobresaltada, se dio cuenta de que el abandono del deber de Naruto era ciertamente algo sin precedente. ¿Por qué no se había dado cuenta de eso en el momento?
—¿Me amabas entonces?
—Por supuesto —él dijo serenamente—. Muchacha, creo que sabes salirte con la tuya —salirse con la suya con él llevaría realmente un largo tiempo.
Kurenai les llevó comida esa noche, sonriendo abiertamente al ver a Naruto repantigado en su gran silla, pudorosamente cubierto por su tartán, pero sus párpados estaban pesados y sus ojos adormecidos por un exceso absoluto de satisfacción física.
Hinata estaba en su regazo, llevando puesta sólo la camisa de él. La prenda habría alcanzado sus rodillas, si Naruto la hubiera dejado en paz, pero él parecía ser incapaz de hacerlo. Si no la estaba dando de comer, o sosteniendo una copa de vino en sus labios, acariciaba sus muslos, algunas veces cumpliendo un poco más arriba.
Su estómago estaba tranquilo ahora, calmado por la comida sencilla, sin condimentar. Ella había tenido una racha de náuseas, inmediatamente después de que Naruto la hubiera arrastrado abajo hacia la sala grande y se hubieran dado palabra de matrimonio el uno al otro delante de todos los residentes de Creag Dhu, y todo el mundo hubiera insistido en brindar por ellos. La segunda copa de vino tibio especiado había sido demasiado. Y luego, por supuesto todo el mundo había brindado por el niño en camino.
El vino que bebía ahora estaba aguado y era dulce, pero añadido a los acontecimientos y los esfuerzos excesivos del día, estaba agotada y adormecida.
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro, su corazón tranquilo.
Cuando una sección de la pared al lado de la chimenea empezó a moverse, Hinata solamente parpadeó, pensando que el vino debía ser más fuerte de lo que había pensado. Luego un hombre pasó de una zancada a través de la abertura y se detuvo, sus pupilas destellando.
—Os envié un mensaje —dijo.
—Sí —dijo Naruto adormecido en escocés—. Lo hicisteis. Perdéis el tiempo hablando en francés, ella también lo hace. Y latín. Y griego. Si tenéis algo privado que decir, mejor hacedlo en gaélico. Ella todavía no puede hablarlo.
—¿Por qué está ella aquí?
—¿Por qué?, porque me he casado con ella.
Naruto le sonrió a Hinata, su pulgar trazando el perfil de su labio inferior.
—Dulzura, mi hermano Menma. Él es rey de Escocia. Menma, ésta es Hinata, mi esposa y la madre de mi hijo — Menma parecía alarmado, Hinata incluso más.
Ella gateó fuera del regazo de Naruto y se levantó ante el rey de Escocia llevando puesto nada más que la camisa de su marido, sus piernas y sus pies desnudos, su pelo colgando suelto más allá de sus caderas. Ella se sonrojó.
Menma Namikaze era un hombre grande, de constitución poderosa, pero no tan alto como Naruto. Él era robusto y atractivo, probablemente estaba cerca de la cincuentena, y tenía la apariencia de un guerrero. Él miró de arriba abajo a Hinata con apreciación, su mirada permaneció mucho tiempo en sus piernas. Naruto frunció el entrecejo y se puso de pie, colocándose frente a ella.
—¿Se lo habéis contado todo a ella? —preguntó Menma con desaprobación.
—No, ella ya lo sabía — Naruto retrocedió y se aseguró de que Hinata todavía estaba modestamente escondida detrás de él—. ¿Os apetecería vino? — Menma empezó a reírse.
—Bribón —dijo él con afecto exasperado—. ¿Matáis al jefe de un clan, lo diezmáis, y me preguntáis si me gustaría tomar vino? Los nobles exigen que levante un ejército para librar a Escocia de los renegados de Creag Dhu.
— Gatō me atacó —dijo Naruto endureciendo la voz—. Y liberé a todos aquellos Hays que sobrevivieron a la batalla,
—Sí, lo sé. Vine sólo a pediros —a rogaros, ¡yo un rey!— que intentéis no derramar más sangre durante un tiempo.
—Si está en mi mano voy a llevar una vida realmente tranquila de ahora en adelante —dijo Naruto—. ¿Me desearéis felicidad?
—Siempre — Menma dio un paso adelante y abrazó a su hermano, y el atisbo que Hinata tuvo de su cara le hizo amarle para siempre, pues estaba llena de amor y un alivio dolorido.
Él la guiñó el ojo por encima del hombro de Naruto, y ella se sonrojó otra vez.
—¿Podéis hablar, muchacha? —preguntó él.
—Sí, por supuesto —dijo ella, contenta de que su voz estuviera firme—. Estoy encantada de conoceros —Ella se detuvo, repentinamente insegura de cómo llamarle. ¿Sire? ¿Su Alteza? ¿Vuestra Majestad?
— Menma —dijo el rey—. Para la familia, soy Menma.
Él irguió la cabeza.
—Tu acento es extraño, ni inglés, y ni francés. ¿De dónde sois?
—De Creag Dhu — Naruto dijo firmemente—. Éste es su hogar — Menma asintió con la cabeza, aceptando que aquí habría otro misterio más sobre su hermano.
—¿Cuándo os casasteis?
—Hoy.
—¡Hoy! — Menma se rió otra vez—. ¡Entonces no es extraño que tuvierais a la muchacha medio desnuda en tu regazo! ¡Os dejaré solos en vuestra noche de bodas, para que podáis disfrutarla adecuadamente!
—Lo haré —dijo Naruto firmemente—. Tan pronto como vos salgáis.
Menma todavía se reía mientras retrocedía dentro del pasadizo escondido, aunque trató de amortiguar el ruido. Hinata observó como la sección se cerró detrás de él.
—¿Simplemente cuántos pasadizos ocultos tiene Creag Dhu?
—Está plagado de ellos —contestó Naruto, levantándola en sus brazos y llevándola hacia la cama. Se acostó al lado de ella, acunándola apretadamente contra su costado como si nunca quisiera dejarla ir.
—Te siento perfecta —murmuró contra su pelo—. Como si formases parte de mí, como si no debieras estar en ningún otro lugar.
—No quiero estar en otro lugar.
—Entonces mañana por la mañana, amor, creo que debería escribir esos papeles que te trajeron hasta mí. No quiero arriesgarme a que algo salga mal.
Él apoyó su mano sobre su vientre, donde crecía su hijo, y la mantuvo cerca mientras dormían, y soñaban.
FIN
La historia de llama "El hijo del mañana" (Son of the Morning) de Linda Howard .
