Las emociones negativas siempre habían sido un fuerte catalizador para emerger ante la desesperación, una salida temporal que le permitía controlar todo tipo de situación, sin embargo ahora las circunstancias en la cual estaba forzosamente atrapado, provocó que todo tipo de esperanza se esfumará, al punto de ser aplastada rotundamente junto a su intención de escapar acompañado de su eterno rival. ¿Razones? Varias, bastantes diversas y complejas, pero si tuviera que resumir el dilema, sería que un irken era elevado contra su voluntad, gracias a las enormes extremidades robóticas que simulaban a la perfección ser unas feroces patas de araña, sintiéndose raramente vulnerable al ser hábilmente controlado por una fuerza ajena, mientras que era arrinconado hasta caer en una insulsa impotencia, al no saber cómo contrarrestar tal acto. No iba a negarlo, el inherente temor de que todo su cuerpo estuviese paralizado ante una amenaza contundente y comprometedora, provocaba que el de orbes magenta cayera temporalmente al borde de un trauma: Solo, acorralado e indefenso a merced de un simple humano.. ¡Eso era inaceptable! ¡Y más tratándose de una criatura carnosa que no era Dib!. Ya tenía suficientes problemas con los que batallar, y se negaba con todas sus fuerzas a tener que lidiar también con ese duro golpe en su inquebrantable y recién recuperado orgullo.

Ante este inconsistente miedo, el alienígena observaba con un profundo resentimiento a cierto castaño quien solo se limitaba a sonreír de manera macabra, rebosante de un aura totalmente siniestra que lo envolvía en una determinación malsana, para acabar con cualquiera que se interpusiera en su camino. No obstante, debía admitir que esto le hubiera llamado poderosamente la atención en un contexto diferente, recordándole los bien elaborados planes de conquista, casi como la grandeza de un invasor ejemplar o el título tentador al ser alabado por un mismísimo Más Alto, pero esto no quitaba el hecho de que comenzaba a aborrecerlo, con cada fibra de su magnífico ser. En términos simples, se trataba de un sentimiento transverso, cruel y problemático que nunca antes pudo haber experimentado, ni siquiera llegando a esos extremos con su antiguo rival. ¿Tal vez era hora de catalogar los niveles de maldad?. Si todo se sumaba en una pequeña balanza: las peleas, discusiones, golpes y contiendas que lideró durante varios años contra el amante de lo paranormal, solo podía clasificarlo como un juego de niños que destruyeron media ciudad, por la eterna batalla del "Bien y el mal..." o "Por salvar o conquistar la Tierra..." y por ende a la humanidad.. Solo si olvidamos momentáneamente el suceso del exterminio absoluto. Igualmente con Louie... Era diferente.

En esos precisos momentos sentía la terrible necesidad de querer exteminarlo, tal vez no por las razones correctas, o quizás era un alocado frenesí de ira reprimida que ansiaba suministrar fervientemente al de gabardina azul, buscando otorgarle un doloroso y minucioso castigo por hacerle creer en cada una de sus sucias mentiras. ¿Lo peor?. Sin duda era ese patrón tan insignificante al aprovecharse de una desconocida inocencia por dar una tonta oportunidad al confiar en la humanidad, estaba cansado de considerarse una "Víctima" de crueles engaños, por los cuales prácticamente toda su vida fue blanco. Acababa de confirmar que jamás nadie lo entendería, ni mucho menos reconocería el prometedor potencial que escondía debajo su estoica grandeza, ya no le quedaba nadie, solo su amigo vortiano.

El tiempo seguía transcurriendo con cierta rapidez, la autocompasión debía esperar, no era excusa, aunque le doliera hasta el último centímetro de su squeedly spooch, decidió ceder ante la idea de cooperar con quien destruyo todo lo que amaba, no existía otra alternativa, la situación ya era lo suficientemente mala, y las opciones eran limitadas. Necesitaba recuperar el control de su pak, para salir, en lo posible, con vida junto con su némesis, después de todo lo necesitaba para aclarar sus dudas, en efecto luego se cobraría toda esa detestable humillación al que lo expusieron, por ahora solo se dejo guiar, intentando formular un tonto plan, a la vez que escuchaba ese detestable monólogo externo correspondiente de un odio eterno.

- Oh~ -balbuceo divertido- Fufu~ ¿Acaso estás sorprendido hermanito?~ -pregunto burlón, analizando la expresión aturdida del contrario- No puedo culparte, jamás has tenido la suficiente inteligencia como para pensar en algo así.

- ¡¿AH?! ¡BÁJAME! -chillo entre gritos el ex-invasor, forcejeando- Tsk.. ¡Por Irk! Sigo sin poder moverme. -chasqueo la lengua, llevando su mirada hasta los humanos- ¡LIBÉRAME AHORA DESPRECIABLE MONO! ¡Es una orden! -replicó el irken, crispando sus antenas.

- Lo lamento mucho, Zimmy. -se excusó, devolviéndole la mirada con falsa ternura- Realmente no quería utilizar este tipo de métodos, pero el cabezón me obligo. -explicó con capricho, encogiéndose de hombros- Tranquilo, no pienso hacerte daño. -hablo con naturalidad- Después de todo, eres necesario.

- ¡¿Has perdido esa cosa llamada "cordura", humano-Louie?! -grito enfurecido, cerrando sus ojos- ¡Deja de jugar con Zim! -ordenó impaciente, tratando de idear algo en su mente- ¿¡Qué quieres de mi!?

- Por Venus, esto es completamente imposible.. -murmuró impactado, devolviéndole la mirada al castaño- Tienes que estar bromeando, maldito bastardo. -apretó con fuerza sus puños, encarandolo- ¡¿Que le hiciste al pak de Zim?!

- Te subestime, Dib, a menos que solo mires lo obvio. -opino arrogante, moviendo su mano- Básicamente jugué un poco con el~ No te molesta. ¿Cierto? -comentó entre suaves risas- No, no de la forma en la tu que estás pensando, tal vez más adelante cuando me corresponda. -relamió sus labios- O cuando tenga a disposición su cuerpo solo para mí~ -bromeó sarcástico, disfrutando el enojo de su hermano.

- Eres repugnante. -sentenció furico, conteniendo temporalmente su ira- No permitiré que lo toques, mucho menos que lo tengas para ti. Te mataré. -advirtió con seriedad, encaminándose al de ojeras- Habla de una vez. ¿Que rayos le hiciste a Zim? -preguntó con insistencia mirando al de ojos azules.

- Como quieras, siempre arruinas los momentos dramáticos. -suspiro fatigado, haciendo un gesto con su mano- Tampoco voy a aburrirte con el típico monólogo de villano, así que.. -sonrió triunfante, dándose media vuelta- ¿Por que no pruebas tu mismo las modificaciones que tan amorosamente le aplique a mi adorable irken? -finalizo mirando al ex-invasor.

- ¿Que...? -

Tanto el de gabardina negra, como el alienígena compartieron brevemente una mirada confusa, sintiendo mutuamente como eran invadidos por un estremecedor miedo que arrasaba sin piedad cualquier inocente ilusión referente a conseguir su ansiada libertad. ¿Cómo no sentir temor al batallar contra lo desconocido?.

- Comando de voz: "Annoying obstruction phase two".

Esas simples y mundanas palabras fueron el detonante final para que el extraterrestre involuntariamente se pusiera en marcha con el deber de capturar a su eterno enemigo. Las prótesis metálicas se movían con una envidiable velocidad, desplazándose sin problema por lo amplio del cuarto, mientras que unas filosas garras de acero despertaban del interior de la unidad que estaba instalada en la espalda del irken. La escena era crudamente familiar para el chico gótico, algo que extrañamente sumó a su favor, desde su última pelea, memorizo los movimientos de su rival, haciendo una teoría de cómo podría actuar según las proporciones de la habitación, su objetivo no había cambiado, la cuestión era sobrevivir ya que estaba desarmado y desgraciadamente carecía de algún objeto con el cual defenderse. Mientras tanto, el de orbes magenta seguía forcejeando, susurrando varias palabras en su idioma natal, intentando revertir las órdenes anteriormente dadas, pero sin ningún resultado. Una fatídica frustración lo consumió, aumentando exponencialmente el odio al castaño que miraba la escena entretenido, bajando la vista de vez en cuando a un pequeño dispositivo que tenía entre las manos, lo maldijo una y mil veces dentro de su cabeza, internamente juro que si tenía la oportunidad lo despedazaría vivo, junto al cabezón de Dib. Agradeció mucho que su lista negra era demasiado corta.

Al cabo de unos cuantos minutos, un profundo odio despertó en el amante de lo paranormal, apenas consiguiendo esquivar los múltiples ataques que le suministraba el irken, que iban desde algo tan inofensivo como rasguños superficiales, hasta profundas perforaciones en sus brazos y piernas que empezaban a sangrar, algo que era terriblemente molesto, y traería como consecuencia que sus viejas heridas se abrieran, causando mucho mas dolor del planeado. Ninguno de los dos supo exactamente cómo se metieron en este lío, era la primera vez que ambos luchaban en contra de su voluntad, especialmente el irken que no encontraba una alternativa a su alocado plan, tenía una idea arriesgada con la que lograría liberarse, pero sino lo hacia rápido podría morir, sobretodo si el humano cabezón no lo ayudaba, pero.. "¿Como se lo diría?". Apenas pudieron compartir una par de miradas a la mitad del enfrentamiento, indicando sutilmente donde iría su próximo golpe, a menos que... Una idea fugaz atravesó rápidamente su cabeza, tal vez si hablaba en clave conseguiría entenderle.. ¿Pero que?. Debería ser algo que solo ellos entenderían, basado en alguna experiencia previa. Lo intentaría, no desperdiciaría su única oportunidad.

- Ah, esto se vuelve demasiado aburrido. -bostezo con pesadez, grabando con su móvil- Aunque debo darte crédito, resistes muy bien los golpes, Dib. -mencionó divertido, rodando sus ojos- Entiendo por que Zim te quiere vivo, vuelves las cosas más interesantes.

- Estas demente. -escupió con odio, esquivando las garras que lo apresaban- Juro que te mataré, voy a cortar tu estúpida cabeza. -amenazó con firmeza, limpiando la sangre de su labio.

- Hahaha.. Que miedo~

- ¡No somos tu mórbida diversión, gusano insolente! -se quejó ofendido el extraterrestre- ¡¿Cuanto más piensas regocijarte en este despreciable juego tuyo?! -refuto con enojo, mirándolo de reojo.

- ¡Tu lo haces muy bien, Zimmy!~ -lo felicito con una retorcida sonrisa, aplaudiendo suavemente- ¡Eres una excelente máquina de exterminar humanos cabezones! -bromeo con cinismo, enfureciendo a ambos- Si le arrancas el corazón.. ¡Te daré un premio!

- ¿Le darás un premio a Zim? -preguntó con genuina inocencia el de orbes magenta- ¿Que es?

- ¡ZIM, NO! -lo llamó en un tono de regaño- Ni se te ocurra. -aviso mirando la tétrica sonrisa del alíen- Tienes que estar jodiéndome...

- Dib, solo te daré diez minutos. -hablo con seriedad mirando al de lentes- Diez minutos para tu ruina. -repitió mirando disimuladamente a su pak- ¿Entiendes?

El chico gótico observó momentáneamente a su antiguo rival, notando una chispa de malicia en sus ojos, quedándose inmersos en ellos, tratando de descifrar lo que quería transmitirle. Desvió la vista hasta la "mochila" de su némesis, golpeando con fuerza un lejano, y traumante recuerdo, que vivieron juntos años atrás, donde después de la eskuela le robo su principal fuente de vida, y poniéndosela para sí mismo. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, entendió perfectamente la bien escondida treta que quería realizar, asintió levemente dando a entender que lo haría, aunque por dentro se estuviese muriendo por una temible inseguridad, y verdadera preocupación, pero debía confiar en él, después de todo no lo dejaría morir.

- Solo causaras tu propia ruina, chico espacial. -respondió con simpleza, ladeando su cabeza- A menos que actúes rápido. -advirtió con una débil risa.

- No subestimes a Zim, estúpido humano.

- Como quieras, te lo advertí invasor.

Se desafiaron una última vez, como en los viejos tiempos, siguiendo a la perfección ese juego siniestro que durante años los caracterizó, en esta ocasión su obsesión, y obstinación servirían para algo. No existían dudas, durante todos esos años, ninguno de los dos había cambiado. Ahora tenían una valiosa oportunidad de escapar, y por nada en el mundo, iban a dejarla escapar.