Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.
Capitulo 44. LA VERDAD
Sala se quedó a mi lado el tiempo que estuve entre dormido y despierto. Algo bloqueaba mis emociones como si no pudiera sentir alegría o dolor. Me relajé y esperé que el tiempo pasara, ni siquiera podía llorar, estaba en el limbo flotando. En algún momento me quedé dormido, no sé cuántas horas descansé pero al despertarme los ojos me picaban, necesitaba llorar. Ya había oscurecido.
—Buenos noches Yuuri. Después de la revisión, voy a llevarte a neonatología, el doctor Nikiforov me autorizó a hacerlo— me ayudó a incorporarme.
— ¿Cómo está mi hija?— nuevamente las lágrimas llegaron.
—Estable— fue todo lo que pude saber de ella. ¿Estable?¿No puede ser más específica? Debo tranquilizarme o me volveré loco. Solo tengo que esperar y podré verla.
Chris revisó mi herida, mis signos vitales, me dijo que ya podía usar una toalla sanitaria grande y dejar el pañal porque el sangrado había disminuido. Me preguntó si sentía molestias, apenas le respondí, él tampoco entabló ninguna conversación debido a mi estado.
Luego dejaron entrar a papá quién se veía triste.
—El doctor Nikiforov habló con nosotros— lo miré fijamente.
—¿Nosotros?— pregunté.
—Minami, Seung-Gil, Phichit y yo.
—¿Qué les dijo?
—Que tu bebé sufrió una convulsión y está en neonatología. Necesitan más sangre, están pidiéndola a Nagasaki. La nuestra no sirve, Kenjirou se ofreció de donante pero no es el tipo. Ninguno de nosotros tiene el mismo tipo de la sangre de la bebe y nadie del pueblo está registrado como posible donante.
—Es mi sangre la que le hace daño— suspiré. —¿La viste papá?
—No nos dejaron verla, sólo tenemos que esperar.
Apenas papá se marchó me levanté para que Sala me lleve a neonatología. No la encontré así que decidí ir solo. Si Viktor ha dado permiso no creo que tenga problemas.
Caminé despacio, apenas tengo fuerzas, no he comido en todo el día, eso debe ser. Me duele la herida de la cesárea pero no quise decirle nada a Chris.
Al llegar encontré solo una puerta, me imaginé que sería como en los hospitales de las películas, una sala con vidrios enormes a través de los cuales se podía ver a los bebés. Pero no es así, quizás porque Hasetsu es una ciudad pequeña.
—¡Aquí estás!— llegó Sala corriendo.
—Es que no venías— me quejé.
—No puedes entrar aquí solo. Vamos, ven.
El área de Neonatología es pequeña, apenas dos salitas contiguas. En la primera hay cuatro incubadoras.
Tuve que lavarme las manos, colocarme un gorro en la cabeza, un tapabocas y ponerme un guardapolvo médico.
Ahogué un gemido cuando busqué en la incubadora número tres. Mi pequeñita estaba entubada. De su minúscula manito derecha salía una vía hacia un depósito de suero. Y por su boquita entraba otro tubo. Quise llorar de impotencia.
— ¿Qué hacen aquí?— nos preguntó Leiko, aquella enfermera que Viktor me había señalado como su asistente. —Las madres no pueden entrar sin que se les llame— volvió a decir con su mirada amenazante.
—El doctor Nikiforov me pidió que trajera al señor Katsuki a ver a su hija— se defendió Sala, aunque lo dijo de forma suave.
—Cinco minutos es todo lo que tienen. El doctor Nikiforov no está y yo estoy a cargo, no quiero gérmenes— se marchó molesta.
El tiempo pasó demasiado rápido, apenas pude llorar al lado de la incubadora. No sabía que más hacer. Debíamos esperar la evolución de mi niña, eso es todo lo que me dijeron.
Regresé a mi habitación a seguir llorando. Sin mi bebé entre mis brazos y sabiendo que corría peligro no pude volver a dormir. Maro, el omega que estaba en la misma habitación que yo, se acercó a consolarme y lloramos juntos un buen rato. Nadie como él puede entender mi dolor. No poder hacer nada por la personita que amo más que a mí mismo, mi pequeña y frágil hijita, me parte el alma. Es el dolor más grande que haya sentido y no se lo deseo a nadie.
—Es duro pero tienes que ser fuerte Yuuri. Llevo semanas aquí, mi hijito está ahora mucho mejor pero los primeros días quería morirme— suspiró.
Un par de horas después, bajé de mi cama con dificultad, me seguía doliendo un poco la herida pero era lo de menos. No toqué la cena que me trajo Sala, mi estómago se niega a recibir alimento.
Miré en el pasillo, no había nadie, en lugar de dirigirme hacia el puesto de enfermeras, caminé en dirección contraria, hacia neonatología. Cuando estuve delante de su puerta me recargué sobre ella. Había un rectángulo pequeñito, apenas se podía mirar por allí hacia dentro. Intenté ver a mi pequeña pero estaba demasiado a la derecha y no se veía su incubadora. No me atreví a tocar, por miedo a ser reprendido por Leiko.
—¿Quién es usted?— me sorprendió una voz de otra enfermera. No era Leiko.
—Lo siento. Soy Katsuki Yuuri, mi hijita está en la incubadora 3— dije limpiando mis lágrimas.
—Regrese a su habitación por favor. No le hace bien deambular por el hospital— me miró con lástima.
—Lo sé. Sólo quería estar cerca de ella...— no pude terminar de hablar porque de pronto la puerta se abrió. Por un par de segundos pude ver a mi cachorrita.
—¿Qué hacen aquí?— era Leiko, me asusté porque parecía molesta.
—El señor Katsuki estaba intentando ver a su hija— dijo la otra enfermera bajando la vista.
—No se puede— me miró Leiko con unos ojos que taladraban.
—Si lo sé... yo sólo quería...
—Usted tiene que esperar, no gana nada con estar aquí. Márchese de inmediato— ordenó.
—Es sólo un momento— rogué intentando volver a ver a mi hijita. Ella cerró la puerta tras de sí y me miró como si quisiera matarme.
—Regrese a su habitación o tendré que reportarlo al hospital— amenazó.
—Por favor— rogué a punto de llorar.
—Haré el reporte, no puede venir a importunar al personal a la hora que le dé la gana— volvió a entrar y cerró sin volver a mirarme.
—La acompaño a su habitación— se ofreció la otra enfermera.
—Gracias pero conozco el camino— suspiré.
—Regresé a mi cama e intenté con todas mis fuerzas conciliar el sueño pero no pude, miré hora a hora cómo fueron avanzando las manecillas del reloj sin poder hacer nada.
Amaneció afuera, poco a poco el ruido regresó, el sonido de los autos, la voz de la gente... la vida sigue su curso, no se detiene aunque uno esté sufriendo un tormento... en tiempo sigue corriendo.
No quise desayunar mucho, no puedo pasar bocado. Cuando eran más de las nueve de la mañana me levanté otra vez y a pesar de la advertencia de Sala y Leiko, volví a hacer el recorrido hasta neonatología. Esta vez no llegué a la puerta. Me senté en una silla que estaba en el pasillo. Necesitaba estar lo más cerca posible de mi hijita, no importa que no la pueda ver. Esperaba encontrarme con Viktor para rogarle que me dejara verla otra vez. Él no había venido a verme, solo Sala me traía sus recados.
Creo que me quedé dormido porque me despertó Sala, seguramente debía de estar buscándome.
— ¿Yuuri? Debes descansar en tu habitación, no te hace nada bien estar aquí. Tienes que hacer lo posible porque tu herida sane lo más rápido posible. Vamos, tienes que tomar algunas pastillas— me tomó de una mano. Antes de salir de esa área nos encontramos con Leiko.
—Si lo vuelvo a ver cerca de neonatología voy a quitarlo de la lista de visitas cuando mejore la niña— amenazó pero no se dirigió a mí sino a Sala.
—No puedes culparlo por querer ver a su hija— me defendió la italiana.
—Es tu responsabilidad. Ya hice el informe— me estremecí por la manera en que lo dijo. Sala no respondió solo me apuró a continuar.
—Esa mujer es la más amargada que conozco— suspiró.
— ¿No me va a dejar ver a mi hija?— pregunté asustado.
—Vamos a tener que pasar por encima de ella. Nunca quise acusarla de nada porque la conozco demasiado tiempo. Sé porque actúa así. Desde que su cachorro murió sólo se dedica a trabajar pero se ha olvidado del dolor de los demás.
— ¿Perdió un hijo?— pregunté.
—Hace como tres años. Ella estaba de guardia en el hospital y su niño de tres meses murió en la cuna de su casa. Muerte súbita. Pero Leiko no se lo perdona. Desde entonces prácticamente vive en el hospital. Es muy buena en su trabajo pero no puede hacer amistad con nadie y le cuesta entablar relaciones con las madres de los niños hospitalizados.
—Parece furiosa con todo el mundo— dije sin querer.
—Lo está. Cada vez es peor. El doctor Nikiforov va a tener que saberlo. Por favor Yuuri no la provoques, no le des motivos para que te reporte.
Me acosté nuevamente después de tomar algunas pastillas. No puedo apartar mis pensamientos de mi bebita. No me pueden pedir que no la busque porque me necesita.
Desperté, me habían traído mi almuerzo pero no tengo hambre. Me obligué a comer un poco luego me levanté de la cama, la herida ya no duele tanto. Me puse una bata gruesa encima, sentí un poco de calentura, tuve miedo de contraer algún resfriado y que no me dejen ver a mi bebé por eso.
Caminé hacia neonatología, sé que no me dejarán entrar hasta que consiga permiso de Viktor. Pero nadie puede alejarme de mi bebé. Aunque no la pueda ver, quiero estar cerca, lo más cerca posible. Quisiera que ella sienta mi calor, que pueda saber lo mucho que la extraño, la falta que me hace. Me siento tan vacío sin ella.
Escuché voces y me aparté del camino, di unos pasos para doblar la esquina y que no me vean.
— ¿Crees que la prematura sobreviva?— era la voz de Sala.
—No lo sé. El doctor Nikiforov pidió la sangre a Nagasaki pero no tienen, los de Tokio aun no responden. Es muy difícil de conseguir— respondió la otra enfermera de la cual no sé su nombre.
—¿Crees que baste con la que el doctor Nikiforov le ha puesto?
—Él es muy bueno, ya le ha dado una unidad de su propia sangre, al parecer le va a dar otra más mañana pero no será suficiente, necesitamos al menos dos unidades más. Es una lástima.
Caminaron hacia neonatología y cerraron la puerta al entrar. ¿Mi hija necesita más sangre? ¿Qué va a pasar si no la consiguen?
Regresé pero esta vez fui hacia la oficina de Viktor. Esperaba encontrarlo allí. Llamé a la puerta rezando por hallarlo, afortunadamente la segunda vez que toqué me abrió.
—Yuuri— dijo sorprendido. —Deberías estar en su habitación, descansando— trató de endurecer su mirada pero no lo logró. Quizás porque verme así le da lástima. No me he peinado en varios días, tengo los ojos enrojecidos de tanto llorar y camino arqueado. La cesárea no me permite erguirme normalmente.
—Quiero hablar contigo, por favor— pedí. Le rogaré si es necesario.
—Adelante, pasa— dijo haciéndose a un lado para dejarme entrar. Caminé unos pasos, hasta el centro de su pequeño despacho. —Siéntate Yuuri.
—Gracias— obedecí aceptando la silla que me ofreció. Él se sentó en el borde de su escritorio, muy cerca de mí.
— ¿Qué se te ofrece?— preguntó.
No pude contener mi llanto, quiero rogarle, suplicarle que haga todo lo que pueda por mi cachorrita. Que pague lo que sea, que llame a quien sea con tal de salvarla. Yo... no tengo mucho dinero pero gustoso se lo daré todo y firmaré cualquier pagaré si con eso se puede conseguir más sangre.
—Yuuri, no te voy a mentir. El estado de tu hija es muy grave. Iba a pedirles en este momento a tus familiares que vengan para explicarles la situación real. A todos juntos— me ofreció un pañuelito para secar mis lágrimas.
—No es necesario— hipé.
—El padre de la niña tiene que saber que...— no lo dejé terminar.
—Sé que mi bebé tiene un problema de incompatibilidad de sangre. Que su sangre con la mía han hecho corto circuito— volví a hipar. Viktor sonrió, fue algo leve, su mejilla se movió a un lado pero sus ojos seguían tristes.
—Efectivamente tu sangre no es compatible con la suya. Y esto ha generado que tenga un cuadro de anemia muy grave. Necesita sangre pero lamentablemente su tipo es muy escaso. No hay unidades disponibles en el hospital ni en Nagasaki. Afortunadamente por una coincidencia del destino, mi tipo de sangre es el mismo y ya he donado una unidad para mantenerla estable. Pero necesitamos más. Antes que llegaras, estaba conversando con un doctor de San Petersburgo y con un familiar para... para introducir un par de unidades de sangre al país... de forma ilegal— lo miré sorprendido. —En Japón no hay unidades disponibles, ni siquiera pagando una fortuna. Eso se pide con tiempo, incluso el pedido de sangre del extranjero toma unos días conseguir el permiso pero...
— ¡Gracias!— tomé su mano y la besé.
—Yuuri, no hagas eso— acarició mi cabeza y quitó su mano de entre las mías.
—Es que tú no entiendes Viktor...— yo seguía llorando.
—Pero... tengo que decirte la verdad. Si esa sangre de contrabando llegara a descubrirse no sólo perderé mi puesto aquí, sino también mi licencia internacional. Estoy coordinando para que Chris asuma el mando del hospital en mi ausencia.
— Lo lamento mucho— sollocé. –Lamento que tengas que pasar por tantos problemas.
—Yuuri, si esa sangre no llega y la mía es insuficiente...
—¿Qué pasará con mi hija si esa sangre no llega?— me desesperé.
—Hago todo lo que puedo— se levantó y caminó sin mirarme. Eso no es bueno, nada bueno.
— ¿Mi bebé puede morir?— pregunté.
—No digas eso, haremos todo lo humanamente posible— tomó uno de los adornos de su escritorio y lo aplastó con su mano. Puedo sentir su impotencia, su miedo. Siempre he podido sentir sus emociones con la misma intensidad que las mías. Él no está seguro de salvar a mi bebé. Existe la posibilidad que ella no sobreviva.
— ¡Viktor!— grité. —Tú no sabes ¡No entiendes! No puedes dejar que ella muera, no puedes...— chillé a voz en cuello. Mis lágrimas caían sin control.
—Te llevaré a tu habitación, necesitas descansar— me tomó de los brazos, pero lo rechacé.
—Es que... es que ¡No sabes la verdad!— seguí chillando.
— ¿Qué verdad Yuuri? Por favor, vamos. Te aseguro que haré lo que sea para que tu bebé se recupere— trató de abrazarme para calmar mi dolor.
— ¡Es tu hija Viktor!— le grité.
Ya no puedo resistirlo, esto me está quemando. Él debe saberlo ahora. "Todo lo humanamente posible" no es suficiente. Un padre va más allá de lo humanamente posible, un padre hace lo que sea por su hijo. Y él debe saberlo para que pueda atenderla y cuidarla como lo que es. Su padre. No un médico, no su neonatólogo sino como su propia sangre.
— ¿Qué?— preguntó sorprendido. — ¿Qué cosa dices?— su mirada volvió a endurecerse.
—Hace... hace más de 9 meses me tenían que hacer una histerectomía pero yo quise tener un bebé antes. La inseminación era costosa y no tengo novio. Yo... yo te fui a buscar a San Petersburgo— confesé.
— ¡Estás inventando!— gritó.
— ¡No! Tú estabas borracho... En esa fiesta del hospital ¡Estabas borracho!
— ¿Estuviste allí? ¿Eras tú?— preguntó ofuscado.
— ¿Qué no te acuerdas?— le reproché.
—Creí... pensé que fue un sueño. Muy real pero sólo un sueño.
— ¿Y por qué viniste a Hasetsu?— pregunté.
— ¡Eso que importa!— gritó.
—Esa noche Viktor... Producto de esa noche me embaracé— volví a llorar.
Ya estaba hecho si no me cree me lo tengo bien merecido por ocultarle tanto tiempo la verdad.
— ¿Ella es mi hija?— volteó a mirarme. — ¡Contesta Yuuri!— gritó.
—Si— dije apenas. —Es tuya.
— ¿Y porque rayos no me lo dijiste antes? ¿Pensabas ocultármelo siempre? ¿Pensabas quedarte con mi hija sin decirme nada?— me reprochó.
—Quise decírtelo, estuve a punto... pero... pero
—Pero ¿qué? ¿No crees que merezco saber la verdad?
— ¡Es mi hija!— me defendí.
— ¿Crees que porque la llevaste en tu vientre puedes quererla más que yo? Las madres siempre piensan que pueden amar más. Que los hijos les pertenecen. Es egoísta Yuuri. ¡Yo tenía derecho a saber!
—Estuve a punto de decírtelo ayer. Pero entonces llegó tu novia y no quise malograrte la vida— dije ofendido. Yo no soy ningún egoísta. Amo a mi hija más que a mí mismo.
— ¿Qué tiene que ver Anya? ¿Cómo me ibas a malograrme la vida? ¿Crees que un hijo le malogre la vida a alguien?— reclamó.
—Claro que no. Pero tú te vas a casar ¿Qué pensará tu novia?
— ¿Y eso que importa? ¡Un hijo vale más que mil novias! No debiste ocultarme algo así. No debiste.
—Lo siento Viktor. Yo... yo sólo tenía miedo.
— ¿Miedo? ¿Acaso crees que te la voy a quitar?
— ¡Sí! Te vas a casar y yo sólo soy un omega soltero. Puedes reclamarla si quieres. Puedes llevártela lejos de mí porque las leyes favorecen más a los alfas. Si no te lo dije fue para que no te creyeras con más derechos sobre ella porque mi hija es sólo mía. ¿Entiendes? ¡Es mía! Tu ni siquiera sabias de su existencia, yo he luchado todos estos meses para que naciera, la amo desde antes de salir embarazado, la amo más que a mi vida. No puedo ponerla en riesgo. Es mi hija Viktor, es mi todo— me eché a llorar nuevamente. No podría soportar el dolor de perderla. No creo que pueda sobrevivir a algo así.
—Jamás te la quitaría. Jamás, Yuuri— me abrazó. —Te llevaré a tu habitación. No estás bien, debes descansar— me tomó en brazos para que no pueda reclamarle más, pero ya no tengo fuerzas para eso. Cerré mis ojos porque no soporto la realidad. No puedo hacer nada por mi hijita.
Viktor me llevó a mi habitación, en el camino lo escuché dar indicaciones a una de las enfermeras para que me aplique algo.
Llegamos y me depositó en la cama. Me acomodó el cabello fuera de mi rostro y él mismo me puso la vía.
—Estarás bien. Dormirás un poco, necesitas recuperar fuerzas.
— ¿La salvarás?— pregunté derramando otra lágrima.
—No te preocupes por ella— dijo muy seguro. Eso me reconfortaba el alma. Ahora sé que puedo dormir. Dejo a mi hija en manos de su padre, la única persona que puede cuidarla como yo.
— ¿Me lo prometes? ¿Ella estará bien?— pregunté mientras él tomaba de manos de la enfermera una jeringa con un líquido y la inyectaba en la vía.
—Duerme Yuuri. Duerme. Te prometo que nuestra hija estará bien pero te necesito fuerte para cuidarla después— susurró mientras me besaba en la frente.
Cerré los ojos al sentir la tibia sensación de bienestar que me ocasionó aquel medicamento. Me dejé llevar por la necesidad de descanso. Quería regresar pronto para ver su carita. Volver a tenerla entre mis brazos y cantarle dulces canciones de cuna.
