Y justo como si acabaran de ver un giro de la trama que nadie veía venir, los estudiantes se encontraban petrificados ante la escena.

Sergei no apartaba la vista, pues estaba seguro que esos hombres que estaban tendidos en el suelo eran cómplices, culpables del asesinato de su amigo.

Su único amigo al que le podía contar cualquier cosa porque se sentía seguro.

—¡Oh! ¡Al parecer ha ocurrido un pequeño imprevisto!

Monoduck fingía estar sorprendido.

—¡Jerzain no merecía morir! ¡Él no era el asesino!

Kimiko protestó. Era un crimen que Levi pagara por cosas que nunca ocurrieron.

—¡Es sólo un castigo! ¡Jerzain aprenderá a jamás volver a entrometerse en terrenos que no le corresponden!

La pantalla mostraba imágenes de los Soldados Monoduck transportando el cuerpo inconsciente de Jerzain y lo metían a una camioneta militar con una estampa grande de una cruz roja.

—¡Jerzain fue herido! ¡Como su director le brindaré los primeros auxilios! Con su debida sanción...

El patito le dijo a sus compañeros que Jerzain volvería dentro de unas horas por el ascensor, a su vez que les ordenaba a los alumnos irse de una vez.

Era un sentimiento amargo el regresar sin otros dos compañeros...

Los ojos de los estudiantes se centraron en Sergei.

El paramédico no pudo controlar sus emociones y colapsó. Darko se hincó para asistirlo y en ese instante el ruso aprovechó para abrazarlo.

Kalinić no sabía cómo responder, incluso le preguntaba a Kimiko qué debía hacer.

La Forense no tenía idea tampoco de qué hacer, tanto que negó al pedido de su amigo.

—Lo mataron, Darko... mataron a José...

—Lo sé... al fin has encontrado a su asesino y...

—¡Pero eso no importa!

Respondió con enfado el joven Romanov.

—¡Encontrarlo no me garantiza que regrese a la vida! Mataron a un crío con ilusiones... alguien que tenía muchas metas y quería cambiar al mundo para bien... ¡Tenía diecinueve putos años!

El silencio era natural en el elevador.

Darko se limitó a callar y darle unas palmadas en la espalda.

—Lamento mucho lo que le sucedió... pero debes continuar, Sergei. Si estás aquí debe ser porque tienes que continuar por él.

—No entiendes lo que te estoy tratando de decir...

El sujeto de camisa blanca con un símbolo de una serpiente en los hombros se tranquilizó.

—Un día José vino a mí... me confesó el asco que sentía al ver esas descripciones... se cuestionó su realidad... y me dijo que tenía mucho miedo de no saber qué era verdad y qué no... tuvo una crisis de identidad, empezó a dudar de TODO...

—Sergei...

Kelly se acercó a confortarlo.

—Mi amigo murió sin saber la verdad... murió sin saber qué ni quién era...

—Debes tranquilizarte, Sergei... es natural que te sientas así.

La joven castaña acomodaba sus anteojos rosas. Abrazaba al paramédico con tal de brindarle apoyo.

—Este... "teatro" no es más que una estupidez. ¿Por qué no se pudieron a gimotear y a llorar cuando los demás compañeros murieron? Son unos hipócritas.

Xian Liang no soportaba verlos llorar. Le disgustaba que la gente mostrara esa clase de emociones.

—No es el momento.

Kimiko le pidió que se detuviera.

—No puedes decirle a la gente cómo sentirse, Xian.

Nishimura creía que era incorrecta la actitud de la Técnico Nuclear.

—El hecho de que nadie te quiera, seas irrelevante y no le importes a nadie no te da derecho a dirigirte así de los demás.

Sergei se defendió por sí solo. Le dijo a Kimiko que se detuviera.

—Desde que Callum y María murieron esa actitud de mierda tuya no ha cambiado. Me das asco, me repugnas. Mi amigo se murió, Asajú y los demás también... ¿Y ahora una mujerzuela como tú la cual su vida me da lo mismo vendrá a decirme cómo actuar?

—Tranquilo, Sergei, estás cruzando la línea.

Darko aconsejó. Ambos yacían todavía en el suelo de metal.

—¡No! No me voy a calmar... ¿Sabes por qué? Porque si llego a morir, quiero irme no sin antes dejarle en claro a ésta... "Cosa" lo mucho que la odio y la desprecio.

Liang permaneció con una mirada seria. Su expresión no reflejaba enojo ni tampoco se burlaba como Solis hacer.

Sólo estaba ahí, mirándolo.

—No saldrás vivo de ésta, Sergei.

Tras varios minutos de espera ella respondió.

—Tienes mucho músculo pero poco cerebro. El que seas un hombre alto y con bíceps de ensueño no te garantiza que salgas de aquí para contarlo.

—¿Qué sabes tú de mí?

Romanov se levantó y la encaró.

—Que eres un imbécil... y estoy totalmente segura que si no eres el asesino de éste cuarto juicio... serás una víctima, porque la gente como tú está destinada a morir.

—Si muero... me aseguraré de arrastrarte conmigo, zorra.

—¡Ya hemos llegado!

Juana interrumpió a los dos. Era necesario ya que bloqueaban la salida del ascensor al gimnasio.

Ella aprovechó para salir, al igual que las gemelas y Ajax. Los demás estaban dispuestos a iniciar "esa" conversación.

—Ustedes dos. Deben parar con esto.

La Forense se interpuso. Los separó ya que ellos se encontraban a una distancia peligrosa.

—No estoy con ganas de un cuarto juicio, y tampoco que uno de ustedes sean el motivo. ¿Cuántos más necesitan morir para que ustedes entiendan?

—Dile a Sergei, es su culpa. Éste perro engreído no sabe la situación en la que está.

—¡Claro que lo sé, puta estúpida!

El paramédico por el enfado la empujó, provocando que ella cayera al suelo y golpeara su cabeza contra las paredes de hierro.

—¡Sergei!

Kimiko atendió a su compañera china. Ambas mujeres lo veían horrorizadas.

—Ella... ésta... ésta guarra cree que tiene derecho sobre la vida de la gente cuando no es así... ¡NO ES ASÍ!

—¡CIERRA TU PUTA BOCA!

Xian Liang se levantó y le plantó una bofetada. El sonido de sus gritos fue escuchado por los otros cuatro alumnos que abandonaron el elevador.

Kelly estaba llorando, abrazaba a su gemela mientras ambas estaban recargadas en la pared. El escuchar cómo el paramédico y la médico se gritaban daba miedo.

—¡No voy a dejar que un macho me compare con su madre! ¡Menos voy a dejar que tú, cerdo, te atrevas a TOCARME!

—¡Para Xian, por favor!

Darko imploró, pero era evidente que ellos no tenían intención de escucharlo a él ni a Kimiko.

—¡Tu madre debió abortarte! ¡Maldigo el puto día en que naciste!

—¿Y por qué carajos ofendes a mi madre, estúpida? ¿Te crees superior? Vete a la mierda, ramera.

—¡Tu gordo culo se va a pudrir como el de José!

—¡CRUZASTE LA LÍNEA!

Nadie se esperó lo que ocurrió. Kimiko estaba en el suelo tapándose la boca y Darko se hallaba ahí, parado sin hacer nada.

Juana y los otros tres compañeros vieron a Xian salir del elevador con su rostro repleto de sangre y sus anteojos rotos.

Habían gotas de sangre que ella dejó en su camino, manchando la madera.

—Voy a matar a ésa perra.

Sergei reveló una faceta que nadie creía capaz.

—Voy a romperle el cuello a ésa perra y...

—¡Yo mismo paro con ésto!

Darko tomó la iniciativa.

Un golpe fue directo a la cara del paramédico.

—¿Qué haces?

Y otro.

—¡Para ya!

Y otro.

—¡Me estás lastimando!

Y otro.

—¡Me duele!

Y otro.

Y otro.

Y otro.

—¡Lo vas a matar! ¡Suéltalo!

Kimiko entró en defensa y sin pensarlo abalanzó su maletín contra la cabeza de Darko, quien cayó aturdido y con un severo dolor.

—¡Vámonos!

Ella ayudó a Sergei a levantarse y se apartaron del sicario.


Nelly ignoró aquello y atendió al serbio.

—¿Te encuentras bien?

—Me han... me han golpeado más fuerte... joder...

Darko respondió a la chica. Él tallaba su rostro como una señal de decepción.

—Creo... creo que algo muy malo nos va a suceder...

—¿Crees? No puede haber otro asesinato tan pronto... ya hemos perdido a tres el día de hoy y...

—Olvídalo, gemela... tengo el presentimiento de que el próximo asesinato tardará menos que los anteriores...

—No pienses así, Darko. Todos estamos algo exaltados y puede que alterados por lo que ocurrió ahí abajo... ¿Pero no somos humanos acaso? ¿No tenemos la capacidad de pensar?

—Es... difícil, niña. Nos estamos desmoronando. Sergei lucía muy decidido en matar a Xian Liang... me extrañaría que el musuculoso no sea el protagonista de un puto cuarto juicio.

—Verás que no ocurrirá dichoso asesinato. Sólo necesitamos tiempo... para sanar esto.

—Lo que tú digas... yo me largo. Por cierto... gracias...

Él la abrazó y se levantó del piso. Regresó abatido a su habitación.

Le daba asco ver sus manos manchadas de sangre.

No quería saber qué iba a ocurrir si Kimiko no lo detenía.

Tal vez él lo hubiera matado.

No quería pensar en eso. No quería dormir tampoco. Miró el reloj y pasaban de las tres de la madrugada, ¿Tanto se habían tardado en el juicio?

Era sorprendente para Darko que Jean Paul resultara ser el asesino. Un hombre tan amable y sonriente... resultó ser quien había caído tan bajo.

—Estoy harto de todo ésto.

Se sentó sobre su cama y reflexionó.


—Perdona mi comportamiento... merezco ésto.

Sergei era atendido por Kimiko. Ella le ayudaba a limpiar la sangre de su rostro.

Conforme pasaba la toalla, las facciones firmes y varoniles del paramédico resaltaban.

—No te había visto tan de cerca.

Kimiko comentó. Estaba perdida en ese par de ojos negros. Sergei lo notó y no pudo evitar sonreír.

—Yo... yo tampoco te veía tan de cerca. Es... curioso.

—¿Qué te parece curioso?

Nishimura aprovechaba que le estaba limpiando la sangre para tocar con sus manos — por medio de la toalla — las mejillas de su acompañante.

—Tú... me pareces una mujer curiosa.

—¿Ah, sí? Soy todo un libro, depende de tí qué quieras leer...

—Tus manos son muy suaves... y muy pequeñas.

Sergei tomó las manos de Kimiko y las colocó sobre las suyas, incluso las juntó.

Era una sátira para él lo pequeñas que eran comparadas a las suyas.

—Tienes unas manos enormes... muy fuertes...

—¿Te gustan? Mis manos no son lo único grande que tengo...

Sergei las usó para acariciar el cuello de Kimiko. Se acercó a tal punto que podía sentir su respiración, su agitada respiración. Mordía su labio inferior tras ver de cerca a su compañera.

Kimiko tomó uno de los dedos de Sergei, su pulgar, y lo lamía. Con algo de fuerza él jaló sus cabellos.

Ella en represalia desabrochó los botones de la camisa de su colega y descendía su palma hasta llegar a la hebilla del cinturón.

Pero el ruso se detuvo.

—¡Lo lamento!

Él supo que estaba haciendo algo mal.

—¡No debí! Soy... soy todo un animal...

Se excusaba él. No entendía por qué Kimiko se puso de pie y cerró con seguro la puerta.

—Lo quiero.

Ella retiró su bata blanca.

—No creo que sea necesario... Después de todo...

—Después de todo me di cuenta que no me quiero ir sin antes... sin antes sentir ésto.

—No quiero perderte, Kimiko... durante todo éste tiempo la circunstancia nos ha acercado tanto...

—¿De verdad me quieres de ese modo...?

—¡No!

Respondió firme.

—¡Yo no te quiero! Yo... te deseo. Yo he de rabiar celoso cuando te veo con el idiota de Darko o cuando estabas a solas con otro hombre... te quiero sólo para mí.

La forma en que sus labios se juntaron fue una sensación especial para ambos.

Él exploraba con sus manos los puntos frágiles de la forense.

—Sergei...

—Oh, Kimiko... ya no soporto ésto, no más...

Jadeaba.

—Ven aquí, grandote... estoy lista para ser tuya.

Los besos y caricias se intensificaron.


—Creo que éste es el escenario perfecto.

La Novelista estaba inspirada. Había escrito en unos minutos ya varias páginas.

Su proceso involucraba ver las imágenes de su mente y escribir lo que veía y escuchaba.

—¿No crees que es un poco insensible de tu parte? Inspirarte de la tragedia para escribir.

—Es que esa es la naturaleza de la vida, Kelly. La tragedia forma parte de nosotros... ¿No viste a Jerzain?

Nelly temblaba cada vez que escribía una palabra. Estaba muy... feliz por escribir, pues tenía tantas ideas como para dejarlas a la deriva.

—Estaba devastado... y cuando él y Jean Paul se besaron... podías ver cómo la vida se despedía de ambos... pero en especial de Jerzain.

—Pero Jerzain no murió, Kelly.

La entusiasta gemela se detuvo, creía que ante ella había una alegoría.

—Jerzain se murió en vida... quiero decir... le arrebataron la vida, mientras él sigue vivo. Sin Jean Paul, Jerzain seguro será un cadáver andante... un hombre al que le arrebataron su todo.

—¿Crees... Crees que Jerzain se suicide?

La Novelista Definitiva se preocupó. Le agradaba Jerzain y creía que sería una pena que un hombre como él tan amable terminara yéndose de esa forma.

—No lo sé... quizás... sólo el tiempo lo dirá...

—Sí... Tienes razón, dejaré de escribir. Necesito descansar y ésto del juicio es una... es como un cólico.

—Curiosa forma de verlo... sí... espero Jerzain vuelva pronto. Sólo Dios y él saben qué está pasando con Monoduck...

—Pues si evitó que muriera en la ejecución...

—Vamos, Nelly... hora de dormir.

—Hora de dormir.

Ambas hermanas estaban felices de compartir una noche más juntas.

Sin embargo habían dudas muy graves en una de ellas.