Si meses atrás le hubiesen dicho que estar atrapado entre los fuertes brazos de un hombre sería lo mejor del mundo, Yuri definitivamente no hubiera creído y hubiese mandado a la mierda a quien le dijera aquello. Eso era tontamente asqueroso e inaceptable, algo que no podía ni pensarlo ni aceptarlo, sin embargo, ahora en la actualidad, todo ese pensar y creencias parecían estar enterradas bajo miles y miles de kilómetros de tierra y tapadas con un fuerte concreto, ya que no podía negar que estar arropado entre los brazos de Otabek era la mejor sensación del jodido mundo.

Permanecían ambos acostados, tapados por sábanas blancas. Yuri, el cual había despertado apenas hace unos cuatro minutos, se encontró apegado al cuerpo de Otabek y estaba siendo rodeado entre los fuertes brazos de este mientras seguía con los ojos cerrados en el mundo de los sueños. Al percatarse que las manos de su contrario estaban en su cintura, se sonrojó al instante. Despertar de aquella manera sintiendo que Otabek no quería soltarlo ni entre sus más profundos sueños, le provocó cohibimiento y una extraña mezcla de felicidad y emoción que jamás vivió antes.

Sin poder evitarlo miró fijamente el rostro sereno de Otabek y recordó lo ocurrido en la noche. Todo había sido tan repentino, tan fuera de libreto que creyó por un segundo que fue irreal. La conversación que tuvieron, todo lo que descubrieron del otro… aquellos besos que mantenían todavía agitado a su corazón… Todo por un segundo le pareció una fantasía que quiso llorar, sin embargo, al notar que el abrazo de Otabek sobre su cuerpo se hizo más demandante, atrayéndolo más a su anatomía, aquella idea se esfumó de su cabeza dejando paso a la verdad.

Todo lo que había vivido junto a Otabek fue real.

Teniendo sus manos abiertas sobre el pecho duro del kazajo, el cual subía y bajaba lentamente dándole indicio de que estaba profundamente dormido, rememoró los besos dados y los recibidos. Habían pasado ya un par de horas pero en sus labios aún tenía la sensación de aquellos besos. Todavía podía apreciar sobre ellos la boca de Otabek que al principio se había aventurado tímidamente contra la suya, no obstante, después fue por más, de una forma mucho más demandante, atrayente, que tuvo a Yuri al borde de un ataque.

¿Cómo había llegado a tener aquella osadía para pedirle que lo besara? Ahora que su mente estaba más tranquila se preguntó aquello mil veces llegando siempre a una sola respuesta clara y evidente para él. Yuri había necesitado ser besado por Otabek para poder suavizar así un poco todo el sufrimiento de semanas debido al rechazo por parte del mayor.

Tragó lentamente temiendo despertar al kazajo y así romper la posición tan cómoda en la que estaban. Hundió su rostro en el pecho del contrario y aspiró su aroma. No supo cómo definir aquel agradable olor que bañó por completo su nariz, era una extraña mezcla de alcohol junto a una leve pizca de tabaco viéndose aminorado por el perfume de Otabek. Yuri debía admitir que odiaba el olor a alcohol pues no estaba familiarizado con él, pues su abuelo no acostumbraba a beber y cuando lo hacía era junto a sus amistades en el bingo, sin embargo no podía evitar seguir oliendo aquel aroma mezclado en el pecho del kazajo. Era agradable a pesar de que lo mareaba un poco. No quería despegarse de él.

A su mente le vino el recuerdo de la noche donde encontró a Otabek fumando. Se había sorprendido bastante por ello, pues no lo había sospechado para nada, sin embargo, no había querido indagar más en ello pues había visto como Otabek parecía muy incomodó ante sus ojos. Al parecer el kazajo había querido esconder el hecho de que fumaba. Sinceramente se sentía un poco herido de que le ocultara aquello, pero no podía culparlo, entendía que cuando algo avergüenza no es fácil decirlo.

"Me dijo que trata de dejarlo… ¿hace cuánto es que fuma?", se preguntó pasando su mano sobre el costado del mayor, para así devolverle el abrazo.

Sin contenerlo sonrió, avergonzado por cómo estaban. Antes había abrazado a Otabek, pero jamás lo hicieron estando acostados impidiendo que los centímetros los separaran. Se sentía como un niño entre los brazos de él y no le molestaba. Apretó un poco sus labios cuando Otabek se removió hundiendo su rostro entre sus cabellos dorados. Se estremeció al sentir más demandante el abrazo, permaneció inmóvil disfrutando de lo que acontecía. Sabía que debía aprovechar el momento, pues cuando se volvieran a poner de pie y salieran de aquella habitación las cosas no serían las mismas.

"Quizás deba olvidarme… de todo"

Notó que un nudo se le formaba en el estómago y subía lentamente hasta parar en su garganta. ¿Olvidarse de todo? Esa idea no le gustaba para nada, le dolía todo con solo pensarla.

Pero si no era eso, ¿Qué iban a hacer?

Otabek no le había dicho nada. Después de haberse besado con tanta pasión, ambos se acostaron y sin decir nada se fundieron en el mundo de los sueños mientras se abrazaban como si quisieran estar más pegados al otro, por lo que no habían podido seguir hablando de lo que ahora ocurriría con ellos. De lo que debían hacer.

Aferrándose más en la camiseta negra del kazajo, Yuri apretó sus labios sintiéndose muy perdido nuevamente. No creía posible que después de todo lo acontecido las cosas siguieran como antes. Después de aquellos besos su sentir por Otabek se había reforzado mucho más, por lo que ahora le era imposible pensar en seguir siendo amigos.

Ya no quería seguir siendo su jodido amigo.

¿Qué pensaba Otabek?

¿Acaso al despertar iba a actuar como si nada?

No quería eso. No quería que el kazajo al despertar hiciera como si nada hubiese pasado entre los dos dejándolo a él con el corazón en las manos. Sabía que necesitaban seguir conversando, ya que después de todo la situación donde se encontraban era complicada.

"Realmente complicada"

Al escuchar los motivos de Otabek tras su rechazo, Yuri se dio cuenta que no había visto las cosas realmente. No sabía cómo, quizás fue por el dolor en el cual se envolvió, pero no vio nada de la realidad. Una realidad de la cual no podía escapar.

Estaban en Rusia, uno de los países más discriminadores del mundo en muchos aspectos y respecto a la homofobia se posicionaba en un alto lugar sin bajarse de ahí. Desde pequeño lo educaron con el pensamiento de que solo la unión del hombre y la mujer era correcto, lo demás era una abominación de la naturaleza y debía ser erradicado o completamente ignorado. Cómo la censura en el país respecto a ello era demasiada y antes mucho más que ahora, Yuri jamás vio nada respecto a la homosexualidad en su vida, solamente algunas que otras noticias donde se hablaba de forma corta y desaprobada, y algunas que otras conversaciones de adultos o de sus compañeros criticando fuertemente a "los desviados sexuales" o a los "Faggot" que merecían lo peor de lo peor. Como él simplemente vivía su vida prefería ignorar todo aquello y nunca se involucraba en cosas que no le incumbían, después de todo él era "normal" y no debía preocuparse de nada. Yuri a pesar de todo lo que le enseñaron nunca llegó a despreciar a alguien gay, como no estaban en su ambiente no podía llegar a odiar o despreciar algo o alguien que no conocía, además era de las personas que no discriminaba a nadie por sus gustos. Pero su parte rusa, educada de forma estricta y rígida, se vio a la luz cuando vio a Leo junto a Guang dándose un beso.

Aquello fue un gran impacto para él, pues no se lo había esperado para nada. Seguía avergonzado por ello, no por lo que vio, más bien por lo que les dijo sin pensárselo. Aquella vez había sentido el miedo de haberse echado a perder por darse cuenta de sus sentimientos por Otabek. Había estado aterrado de sí mismo y por eso lastimó a Guang y a Leo sin tener la más mínima intención de hacerlo. Y fue por eso, por su enseñanza que salían a flote, por el miedo y la vergüenza que le costó tanto aceptarse, de hecho incluso ahora, que estaba acostado junto a Otabek en un estrecho y cálido abrazo se sentía un tanto extraño, pero ya no quería luchar más con su conciencia ni con sus costumbres… él quería a Otabek, le gustaba como hombre y no iba a negarlo más.

Cerró los ojos por un segundo todavía con el nudo en la garganta. ¿Otabek sentía lo mismo que él?, ¿le gustaba? Según le había dicho anteriormente, sí, pero no podía aceptar sus sentimientos para protegerlo. Se aferró más al cuerpo de Otabek obteniendo un pequeño gruñido adormilado del contrario que estremeció su corazón. Yuri entendía completamente a Otabek y de hecho estaba de su lado, pero no sabía cómo iba a poder controlar todo lo que sentía por él de ahora en adelante.

Tenía muy presente que era complicado comenzar algo, los dos tenían mucho en juego. Por unos instantes trató de imaginarse una relación con Otabek y de cómo sufrirían al no poder hacer contacto como desearían en las calles ya que sin duda serían atacados con miradas, insultos o algunos que otros golpes. En el último tiempo ya no se veía tanto acoso violento a las parejas homosexuales como antes, al menos en ciudades grandes como Moscú o San Petersburgo, pero sin duda se seguía viendo muy mal dos personas del mismo sexo juntas como pareja. No era bien visto en ese país como en muchos otros, sin embargo, en Rusia sin duda era mucho peor.

Otabek quería protegerlo y sinceramente él tampoco quería que Otabek pasara por malos momentos. Él también deseaba protegerlo.

Abrió sus ojos sin moverse cuando sintió que la respiración del moreno dejaba de ser tan pacífica, Otabek estaba despertando y con eso también aumentaban sus nervios, ¿qué iba a pensar al ver cómo estaban?, ¿le molestaría?, ¿lo apartaría de él? Yuri realmente odiaba pensar de forma tan pesimista, pero no podía evitarlo. Todo era una gran duda que creía que nunca pasaría.

Apreció como el kazajo suspiraba elevando y bajando su pecho, Yuri pretendió estar dormido para no tener que mostrarle su rostro sonrojado. Ya la noche no lo acompañaba cubriendo así su expresión de cohibimiento. Sin despegarse de Otabek y haciendo su máximo esfuerzo para no respirar agitadamente por la emoción que lo comenzó a recorrer, cerró los ojos rogando para que el tiempo fuera más lento. Sintió su corazón tamborilear en sus oídos cuando Otabek después de unos segundos lo atrajo más a su anatomía.

"No me aparta", pensó Yuri apretando la mandíbula. Se sentía aliviado.

La mano izquierda del kazajo se transportó por su espalda hasta llegar a su cabeza, Yuri disfrutó las caricias que Otabek comenzó a entregarle en su cabello de forma dulce y premeditada. Notó cada uno de sus dedos en su cuero cabelludo desplazarse con cariño que se comenzó a relajar, por lo que su respiración se serenó de forma natural y finalmente suspiró dejando ir todos sus temores. Otabek con aquella simple caricia le comunicaba que todo estaba bien. Despertar así… estaba bien.

—¿Estás despierto o no? —habló el kazajo después de unos largos instantes que parecieron ser solo de ellos. Yuri escuchó su voz ronca, también sintió el vibrar de ella en su nariz, pues esta tocaba directamente su pecho.

—Hum… algo —dijo apenas moviendo los labios. No quería despegarse de él.

—¿Cómo has dormido?

Se quedó pensando por unos cortos instantes esa pregunta. ¿Cómo había dormido?... Durmió jodidamente bien.

—Bien… —murmuró frunciendo su ceño al notarse tan cohibido, quería soltar sus palabras confiadas como siempre, pero por alguna razón no podía—… ¿Y tú? —preguntó de forma tan tímida que su voz apenas se alzó.

—Hace mucho que no dormía tan bien —respondió Otabek de forma relajada. Yuri se puso rojo de inmediato—. Aunque… tengo dolor de cabeza, creo que tomé mucho anoche.

Al escucharlo Yuri despegó su rostro del pecho del kazajo y lo observó elevando un poco la vista. En ese segundo sus ojos se cruzaron y el ruso se sintió derretir. ¿Cómo podía sentir tanto con solo verlo?

—Eh… —tratando de apaciguar su sonrojo buscó las palabras en su mente para soltarlas—. Tú… —murmuró viéndose complicado, se le había olvidado como hablar.

—¿Yo? —Otabek lo observó con una ceja alzada, esa expresión no le ayudó a calmarse— ¿Qué pasa conmigo, Yura?

—¿Te acuerdas de lo que ocurrió anoche? —desganchó Yuri obligándose a centrarse.

Se quedaron viendo sin pestañear. La expresión de Otabek era la misma de siempre, tranquila, estoica, que no dejaba ver ninguna emoción. Yuri notó su corazón apretarse, lo que menos quería era que Otabek hubiese olvidado todo debido al alcohol o que fingiera hacerlo. No sabría qué hacer si las cosas tomaban ese camino.

—Lo recuerdo todo, Yuri —confirmó el mayor eliminando de esa forma el nudo en el estómago del rubio. Sin embargo, de forma inmediata volvió a tensarse al tener la zurda de Otabek sobre su mejilla acalorada para después subir hasta su frente y así despejar sus ojos tapados levemente por su cabello—. Es imposible que lo olvide.

Asintió pasando saliva lentamente. Con tan solo ese toque del kazajo se emocionaba. ¿Qué le habían hecho esos besos? Ahora se notaba mucho más sensible a todo.

—Y… —volvió a enmudecer mordiéndose el labio inferior. Sinceramente no quería hablar de la situación de ellos dos ahora, pero tenía presente que era mejor apurar las cosas que aplazarlas. Todo era mucho mejor con las ideas claras.

Otabek, quizás notando su debate mental, paró su caricia y se remojó los labios para hablar. Yuri internamente agradeció que él se adelantara.

—Perdón por haberte dicho todo eso estando un tanto ebrio, no quería hacerlo así.

—Está bien, no te preocupes. De alguna forma creo que el alcohol te desató un poco la lengua —dijo Yuri con una leve sonrisa tratando de que su voz sonara en broma, sin embargo, al recordar la lengua de Otabek sobre la suya se sulfuró de inmediato… "Sí que soltó la lengua"

Al pensar aquello se mordió las mejillas por dentro para volver a centrarse, ahora no era el momento de pensar en aquellos besos tan pasionales que lo dejaron sin aire.

—Aun así.

Movió la cabeza de forma afirmativa. Quiso sonreír al ver la preocupación de Otabek. Definitivamente él era de los tipos que se preocupaban por todo.

—No te inquietes, después de todo no te veías tan ebrio —murmuró apreciando con las mejillas sulfuradas a su acompañante—. Aunque debo admitir que me alegro de que lo hayas dicho… Yo… Yo de verdad no te comprendía y realmente necesitaba saber tus motivos.

—Lo sé —las caricias suaves de Otabek sobre su cabeza se reanudaron regalándole otro remezón en su corazón—. Perdón por haberte hecho preocupar tanto.

Volvió a asentir. Se quedaron enmudecidos solo apreciándose con la mirada apoyando sus cabezas en la larga almohada. Las dudas que Yuri tenía se volvieron a remolinar en su cabeza y sin poder más con ellas separó los labios para hablar. Ya no deseaba más vivir con la duda, por eso debía ser valiente y preguntar.

—Entonces… ¿Qué haremos, Beka? —inquirió sintiendo algo de cosquillas en su lengua. Pensó que hace mucho no lo llamaba así.

—¿Qué quieres hacer tú? —preguntó Otabek hundiendo sus dedos en los cabellos de Yuri.

¿Qué quería hacer él? Sus sentimientos por una parte le gritaban fuertemente que quería estar junto a Otabek. Que le valía una hectárea de mierda lo que dijeran los demás, que quería intentar unir más sus vidas, pero por otra parte pensaba que aquello no era posible. No podía hacer oídos sordos ni apartar la vista de la realidad. Yuri aunque amaba a su país y creía que ningún otro podía ser mejor, ahora sentía que lo odiaba con toda su alma.

Estaba en un gran debate mental que lo hacía sentirse mareado.

¿Qué era lo que quería hacer?

Suspiró cerrando los ojos apreciando los mimos que le regalaba el mayor. Recordó todo lo que pasó para poder llegar a revelar sus profundos sentimientos. Pensó en los besos que se dieron y en cómo se acostaron a dormir aferrados al otro como si no quisieran separarse por nada… ¿Acaso todo eso no valía aunque fuera un poco?, ¿solo debía desecharlo y ya?... ¿Qué quería? Separó sus parpados para enfrentar aquella profunda mirada oscura. En ese instante su mente quiso bloquearse, ser ignorante de todo. Sintió cosquillas en su estómago.

—¿Qué quieres, Yuri? —repitió Otabek.

—Besarte —dijo seriamente sin parpadear. Aquella palabra había salido sola de su boca por lo que se avergonzó inmediatamente, pero no apartó la mirada.

Los ojos de Otabek se agrandaron por unos segundos. Su expresión estoica se esfumó para después detener su caricia. Yuri esperó con el corazón a punto de explotar. ¿Qué rayos había dicho sin pararse a pensar? Tragó con dificultad notando como sus manos comenzaban a temblar.

—Yura… —murmuró el kazajo bajando la mirada, aquello lesionó un poco su sentir. Otabek se veía tan complicado. Sabía que todo estaba siendo horriblemente difícil para él—. Tú sabes que…

—Sí, cállate —se apresuró Yuri escondiendo su rostro nuevamente en el pecho del mayor. No ansiaba escuchar que no se podía. Él lo sabía pero le dolía admitirlo, no deseaba admitirlo.

Tragó lentamente sintiendo el calor que envolvía su cuerpo gracias a la calidez del kazajo. No quería que acabara. Se sentía tan completo que no deseaba moverse ningún jodido centímetro.

—Yura...

—Lo sé... —apretó sus labios notando como sus ojos se anegaban en lágrimas. Otabek ya le había dicho su postura y sabía que no iba a cambiar de parecer. Estar juntos ahora era imposible—. Lo sé... joder que lo sé… —murmuró cerrando los ojos—. So-Solo quiero pretender que no lo sé.

Quiso largarse a llorar cuando Otabek volvió a abrazarlo con ternura en silencio. Todo estaba doliendo tanto que se sorprendió por eso, sentía que estaba rompiendo una larga relación cuando ni siquiera la habían empezado. Sin Dudas era increíble lo que le producía aquel responsable y reservado kazajo que había llegado a su vida sin esperárselo.

—¿Tenemos que levantarnos? —inquirió Yuri cuando le tuvo miedo al silencio de la habitación.

—Sí.

Recordando que aún había visitas durmiendo en el living, suspiró. Si se levantaban significaría el fin de todo.

—¿Podemos estar así solo unos minutos más? —preguntó el ruso hundiéndose más en el pecho duro de Otabek. Ese aroma que lo extasiaba llegó nuevamente a su nariz.

—Por supuesto, soldado —aceptó Otabek sin dudarlo.

Sonrió algo cohibido, sin embargo a los segundos esa sonrisa se tornó en una mueca de tristeza. No podía negar que estaba triste, sentía que de alguna forma la realidad le había arrancado algo importante en la vida. ¿Ahora cómo sería todo entre ellos?

—¿Seguiremos siendo amigos? —preguntó ya sin preocuparse de la vergüenza. No había tiempo para tenerla.

Otabek suspiró, Yuri quiso despegar por unos instantes su rostro del cuerpo del mayor para verlo directamente a los ojos, pero temiendo encontrarse con una expresión entristecida o dura del kazajo, se mantuvo quieto sin moverse esperando a una respuesta. No tenía muy en claro que era lo que deseaba escuchar, por eso se sentía como un niño muy asustado.

—Claro… —respondió Otabek con un tono de voz apretado.

El ruso de inmediato se separó de él, se enjuagó las lágrimas y sorbió su moquillo. Como lo había pensado, aquella respuesta no le había gustado para nada.

—¿Y si te dijera que yo no quiero eso? —habló con el ceño fruncido. No se comprendía, hace segundos estaba lleno de depresión y tristeza y ahora notaba que la frustración y la rabia invadían sus venas.

—Yura —Otabek se sentó y Yuri lo alcanzó—. No di… —no logró continuar ya que sus palabras se apagaron, su expresión de tristeza y preocupación invadían a cien su rostro.

Yuri respiró pensando en que debía detenerse, pero no podía. Quería morderse la lengua para no ponerle las cosas más difíciles a Otabek, sin embargo esta siguió agitándose para dejar salir sus confusos pensamientos.

—Tú ya tomaste tu decisión y esa es no hacer nada ya que quieres protegerme… pero —buscó la mirada de Otabek, al encontrarla sus ojos nuevamente se cristalizaron—, pero… ¿Y si yo no quiero eso?

—Yuri, esto no es algo…

—¡Lo sé! —se exaltó sin importarle que hubieran más personas en casa—. Sé que esto no es un juego y que aquí es muy difícil… pero, Beka, hacer como si nada hubiese pasado, ignorar lo que sentimos… ¿Es eso lo que quieres hacer?, ¿quieres que me engañe a mí mismo y siga con esta amistad que ya nada de amistad tiene? Para tu información los amigos no se besan en la boca —indicó seriamente.

Vio como Otabek apretaba la mandíbula marcando cada terminación de su rostro. Yuri Volvió a pensar en que debía callarse, pero… ¡maldita sea! No podía hacerlo. Estaba tan ahogado y encolerizado que no podía calmarse. La pequeña bomba que tenía dentro de él había llegado a su punto límite que si no hablaba explotaría en su interior. Se levantó sobre la cama sin importarle que el pantalón de pijama —el cual le quedaba grande para aferrarse a su delgada figura— se le resbalara por sus delgadas y blancas piernas hasta tocar la cama y apuntó a Otabek, quien lo veía sentado con clara sorpresa en su rostro, —cosa difícil de llegar a ver— con el meñique de su mano derecha y habló. Sentía que su boca quemaba por demorar en dejar libre a sus palabras.

—¡Eres un tonto! —soltó ni siquiera teniendo en claro que decía. Se había dejado dominar por sus impulsos.

—Yuri.

Nuevamente el susodicho no lo dejó hablar.

—¡Un gran idiota! ¡También un egoísta! Ni siquiera me has preguntado qué es lo que pienso yo… ¡Lo que opino de todo esto! —movió su boca como si estuviera masticando goma de mascar, estaba buscando más palabras—. ¡No decidas por mí, idiotaaaaa!

Sintió un vuelco en el estómago cuando las manos de Otabek se posaron en sus tobillos y lo jalaron para hacerlo caer en la cama. Lanzó un chillido al aire y cerró los ojos por el miedo de haber perdido su estabilidad, pero logró volver a respirar cuando su espalda y todo su cuerpo se encontró con el blando y reconfortante colchón. La adrenalina de aquel susto recorrió de forma violenta todas sus venas.

—¡¿Qu-Qué rayo…?! —su gritó de reclamo no halló final, pues Otabek a los segundos se encontró encima de él con ambas manos apoyadas en el colchón al lado de su cabeza.

Sus mejillas se encendieron rápidamente y su corazón se alteró. Tenerlo así de cerca en aquella posición tan expuesta era demasiado para él. De un segundo para otro toda la confianza que se había juntado en su pecho desapareció para convertirse en timidez y cohibimiento.

—¿Be-Beka? —lo llamó con voz pequeñita. Sus rostros estaban muy juntos y el moreno lo veía tan seriamente que no sabía que sucedía por su mente.

—No grites tan temprano en la mañana, aún hay gente durmiendo —dijo Otabek sin apartar mirada. Aquel aroma que le fascinaba volvió a tocar su nariz.

—Eres tú el que me está haciendo gritar… —se defendió tratando de fruncir las cejas, pero le era inútil. Tener a Otabek encima de él, apresándolo con todo su cuerpo, era demasiado. Creía que moriría.

—¿Qué es lo que opinas de todo esto?, ¿Qué quieres hacer? —preguntó el kazajo sin una pizca de broma en su rostro. Estaba tan serio que Yuri no se dio cuenta que tragó saliva tan fuerte hasta que le dolió la garganta.

—Estás muy serio —susurró algo intimidado, aunque no dejaba de sentirse seguro. Era un sentir muy extraño.

—Es porque esto es algo serio, Yuri —Otabek suavizó un poco su expresión—. Quizás tengas razón, he estado tomando la decisión solo cuando tú también estás involucrado… Por eso dime que piensas.

—Yo…

Se preguntaba donde se había ido toda la confianza que siempre lo poseía. Se sentía como una débil presa bajo los ojos de Otabek. Su mente no lograba trabajar con claridad. Notar el calor del kazajo sobre su cuerpo no ayudaba en nada.

—Tengo presente que estas muy complicado con todo al igual que yo, por eso quiero que lo pienses con la mente fría, Yuri. Esto no es un juego.

El ruso escuchó unos movimientos fuera de la habitación, eran pasos y cosas moviéndose pero no le dio nada de importancia, toda su concentración la tenía puesta en el kazajo. Otabek tenía razón, debía pensar la situación con mente fría y no dejarse llevar por su impulsividad.

—¿Quieres arriesgarte a tener algo conmigo sabiendo que puedes salir muy lastimado, perder mucho?, ¿lo que dirá tu abuelo?

Apretó los dientes junto a los labios pues ante la pregunta del mayor le surgió el fuerte deseo de decir que sí, pero al recordar a su abuelo y el trabajo de Otabek, prefirió mantenerse callado. ¿Por qué el kazajo debía preguntarle algo tan complicado?

—¿Por qué estas siendo tan frío? —inquirió Yuri con un hilo de voz. El kazajo nunca lo había tratado antes de esa forma.

—Porque quiero que entiendas que esto no es un juego, Yuri.

—Lo sé…

Iba a cerrar los ojos para poder digerir el dolor que tenía adentro, sin embargo al escuchar que alguien llamaba a la puerta de la habitación se alteró, pues se encontraban en una posición muy comprometedora, y Yuri siendo víctima de la vergüenza elevó su rodilla derecha para arriba de forma rápida golpeando directamente a Otabek entre la entre pierna.

—¡No! —logró decir al darse cuenta de su estupidez antes de que Otabek, soltando un gruñido de absoluto dolor, pues sus partes débiles habían sido golpeadas, dejara caer la cabeza sobre su hombro llevándose las manos a la parte afectada.

—Otaaa, nos preguntábamos que podríamos hacer de desayuno…

La voz de Leo, el cual había entrado a la habitación con el rostro adormecido, se quedó mudo al instante al ver a los dos chicos en la cama en una posición tan sugerente. Yuri entre medio de su desesperación por saber si Otabek estaba bien o no, miró entre sus cabellos a Leo, quien ahora tenía la sorpresa absoluta en su cara.

—Bien… creo que mejor iremos a desayunar afuera. Tengan lindo día —se retiró Leo y Yuri teniendo presente que había malentendido toda la situación trató de llamarlo, pero fue inútil.

—¡No! ¡No es lo que piensas! —al ver la puerta nuevamente cerrada gruñó y se centró en Otabek, quien sufría como nunca antes lo había visto—. Beka… ¡lo siento! ¡lo siento!

Otabek lo dejó libre tirándose a un lado en la cama aún teniendo el sufrimiento dibujado en el rostro mientras se hacía una bolita por el dolor.

—Mierda… ¿Qué hago? —se preguntó Yuri sentándose en la cama mirando desesperadamente a su compañero, él sabía que un golpe fuerte en los testículos era uno de los peores sufrimientos para un hombre, el dolor era gigante—. Maldición, maldición, maldición… ¿Por qué soy tan malditamente estúpido? —dirigió sus ojos a la entrepierna de Otabek que era tapada por las manos del contrario. Tuvo el impulsó de acercar las suyas en un intento alterado de poder ayudar, pero se detuvo de golpe—. ¿Qué mierda trato de hacer? —inquirió dándose cuenta que no podía tocar ahí. No podía sobar para que el dolor se fuera.

—Ahh… —suspiró Otabek recuperando la respiración y el color en el rostro. Yuri con mucho susto se acercó al rostro del kazajo y puso sus manos frías en sus mejillas. No sabía que más hacer.

—Beka… lo siento… ¿Ya está pasando? —preguntó con voz aguda. La preocupación y la culpa le taladraban el pecho.

—Hum… s-sí —asintió el mayor cerrando los ojos.

—De verdad lo siento… no quería hacer eso —sus cejas se arquearon más y esperó los minutos necesarios para que el dolor abandonara a Otabek.

Después de unos largos instantes que para él y quizás para Otabek parecieron horas, el kazajo tragó más relajado y retiró las manos de su entrepierna dando señal de que lo peor había pasado.

—¿Es-Estas mejor? —investigó Yuri tímidamente, lo que menos quería era que Otabek se hubiera enojado con él por ese accidente.

Remojó sus labios nervioso cuando el dueño de casa, notablemente ya más aliviado, posó sus ojos castaños en su persona. Yuri lo ayudó a sentarse en la cama y luego bajó la mirada muy avergonzado.

—Lo siento, de verdad, lo siento mucho… Yo me alteré cuando sentí que abrirían la puerta y entonces… Lo siento… Lo siento… —repitió Yuri percibiendo que la culpa se comenzaba a adueñar de él, sin embargo aquel pesar se difuminó cuando escuchó la risa de Otabek.

Rápidamente levantó la mirada para encontrase con una linda sonrisa en el rostro del kazajo. Aquel hoyuelo que no había visto hace mucho tan claramente, le hizo cosquillas en su estómago.

—Está bien, Yura, no te preocupes más, sé que fue sin intención —se enmudeció por unos segundos—. Ah… realmente me estás matando.

Sin saber que significaban esas palabras lo miró con más culpa. ¿Tan fuerte lo había golpeado para qué pensará eso? Quiso bajar la mirada nuevamente, sin embargo, su actuar se detuvo cuando Otabek le revolvió el cabello de forma tierna. Hace tiempo no había recibido aquel gesto.

—Ya no pongas esa cara de cachorro regañado. No ha pasado nada. ¿Bien? —lo animó Otabek, y Yuri sin poder con ese rostro tan atractivo, asintió—. Ahora levantémonos a desayunar.

—Creo que los demás se fueron —contó con sus mofletes sonrojados al recordar que Leo debía estar pensando una y mil cosas respecto a cómo los vio sobre la cama. Iba a proseguir para contarle aquello, pero Otabek se adelantó poniendo los pies en el suelo.

—Más para nosotros.

El kazajo se iba a dirigir al baño, sin embargo Yuri gateó rápido por la cama hasta alcanzarlo y tomarle un brazo.

—¿Yura? —inquirió Otabek volteando a verlo.

—Sobre lo de nosotros… —pasó la lengua por sus labios, muy nervioso—. Necesito pensar sobre lo que quiero hacer respecto a nosotros —confesó con el corazón tremuloso.

Su contrario asintió.

—¿Tú… Tú me esperaras y me escucharas cuando tenga una respuesta? —inquirió Yuri más decidido que nunca.

—Sí. Te esperaré y escucharé todo tu sentir —aseguró el kazajo.

Separó sus labios para tomar aire.

—¿Cuánto tiempo puedes esperarme? —quiso saber de forma tímida. Tenía miedo de que Otabek se aburriera y decidiera irse con alguien más.

—El que sea necesario —respondió Otabek sin dudar—. La vida entera si lo necesitas.

Volviendo a sentir su interior estremecerse y teniendo sus mejillas más sonrojadas que antes, sonrió en forma de agradecimiento. Sin querer perder tiempo y dejando de lado sus miedos y vergüenza, se levantó sobre la cama y abrazó a Otabek escondiendo su cara en el hombro del kazajo.

—Gracias… —susurró con una sonrisa a la vez que sentía como los brazos de Otabek lo rodeaban por su cintura atrayéndolo más a su cuerpo.

Ahora estaba más claro que nunca. Debía comenzar a pensar y hacer las cosas bien para poder llegar a saber qué era lo que realmente deseaba.

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Movió nuevamente su pie contra el suelo de forma desesperada. Ya quería que acabara la estúpida clase de química para poder ir a almorzar y así salir de aquel salón que lo comenzaba a ahogar. Necesitaba tomar aire. Fulminó con sus ojos por cuarta vez a la maestra que parecía muy interesada en que él participara en la clase, Yuri no era mucho de responder, siempre se mostraba desinteresado en todo a pesar de que sus notas eran buenas, quizás por eso la maestra estaba molestándolo tanto tratando de entender como un chico tan perezoso podía tener un buen promedio.

Cuando el timbre del almuerzo tocó como si se tratase el sonido de la libertad, Yuri fue el primero en levantarse y sin importarle que la maestra aun estuviera en el salón, se estiró exageradamente dándole a entender a ella de una forma indirecta que estaba feliz de terminar su clase tan aburrida.

—Yuri.

Bostezó abriendo mucho la boca al escuchar su nombre y giró para ver a Katsuki acercarse a él con una sonrisa. Se secó la lágrima solitaria que corría en su mejilla y tomó su almuerzo para ponerse a caminar junto a su compañero hasta la cafetería de la escuela y calentar el aperitivo.

—¿Qué haces para las vacaciones?, ¿sales a algún lugar? —preguntó Yuuri mientras esperaban que sus almuerzos se calentaran en el microondas.

Yuri se mantuvo pensativo unos segundos, tratando de recordar.

—Hum. Con mi abuelo siempre salimos de casa aunque a lugares cercanos. Ahora que lo pienso nunca hemos viajado fuera de San Petersburgo —contestó tranquilamente mirando como su comida giraba dentro del aparato electrónico. Su estómago le gruñó.

—Ya veo —asintió Katsuki.

El ruso al ver que su amigo no decía más respecto al tema sacado de la nada, despegó sus ojos ahora azules del microondas y los puso sobre el japonés.

—¿Por qué? —inquirió encontrando extraño que hablara de vacaciones cuando aún faltaba un poco para ellas.

—Es que mis padres anoche me dijeron que en las vacaciones vamos a ir a Japón —contó Katsuki con una sonrisa—. Hace mucho que no vamos y creo que me estoy emocionando antes de tiempo.

—Huh… que suerte tienes —Yuri se tiró las mangas de su chaleco tapando sus manos para tomar su comida ya lista, estaba calentita y olía muy bien—. Debe ser divertido salir de vacaciones.

—S-Sí —Yuuri le sonrió para luego recuperar su comida.

Como era costumbre comenzaron a caminar por los pasillos de la escuela hasta encontrar un lugar vacío para comer tranquilamente, a ambos no le gustaba comer en la cafetería ya que la multitud de gente los ahogaba y preferían estar lejos de los idiotas que siempre molestaban a los demás.

Acomodándose uno frente al otro teniendo una mesa en medio para apoyar sus pocillos, comenzaron a comer compartiendo algunas que otras palabras para impedir que el silencio incómodo se formara. Cuando ya iba por la mitad de su ración, Yuri detuvo su acción y miró un tanto dudoso a su compañero. Por alguna razón sentía la necesidad de contarle lo ocurrido con Otabek, pero no sabía si eso estaba bien o no. Normalmente él era el tipo de persona que arreglaba sus problemas por su cuenta sin contar con nadie, sin embargo ahora sentía que las palabras le gritaban por querer ser libres. ¿Acaso necesitaba un consejo de Yuuri?, ¿Necesitaba que alguien lo escuchara para convencerse de que todo lo que pasaba con Otabek era verdad? No sabía si hablar o no, después de todo Yuuri aún podía estar molesto por lo acontecido con Yuko.

Tragó lo que masticaba y tomó un sorbo de jugo. Se limpió los labios con la manga de su chaleco y respiró profundo. No quiso pensarlo más.

—Con Beka nos besamos —confesó exteriorizando su pensar. Aquello no era lo que quería decir, pero su lengua había sido más rápida que su cerebro.

—¿Eh?

Avergonzado se tapó la boca rápidamente y maldijo por lo bajo todos los improperios que se sabía en ruso como en otros idiomas. Quiso decir que era broma, que no se tomara aquello enserio, pero no encontró palabras para ello. Ya lo había dicho y Yuuri había escuchado perfectamente.

—¿S-Se besaron? —inquirió el japonés dejando caer un poco de arroz de entre sus palillos.

Yuri más rojo que un tomate se echó más comida en la boca tratando de aplazar su respuesta, pero al ver que aquel actuar era tonto ya que nada lo podía salvar ahora, tragó con dificultad y asintió volviendo a beber jugo.

—El sábado hicieron una fiesta en la casa de Otabek y ahí… me dijo todo lo que le faltaba contarme y luego de eso solo pasó —contó sin atreverse a mirarlo, sus ojos estaban puestos en la puerta rezando para que nadie entrara o los escuchara.

—Oh… vaya —Katsuki puso un gesto extraño—. ¿Entonces ya están juntos?

Movió la cabeza de forma negativa, volvió a comer un poco para hablar al tragar.

—No. Lo que me dijo Beka es algo serio… Sus motivos para rechazarme los comprendo a la perfección —Yuri ya no sintiendo nada de hambre dejó el tenedor a un lado y puso sus ojos jades en el japonés—… Y creo que pienso igual que él. Sigo sintiéndome confundido, no confundido respecto a lo que siento por él, sino más bien, por no saber qué hacer.

—¿Es por qué estamos en Rusia? —preguntó Katsuki adivinando rápidamente.

Yuri ya viendo que no había marcha atrás decidió contarle todo. Con el corazón martillando su pecho, sintiendo sus manos frías y temblorosas y poseyendo un gran calor en sus mejillas, le relató absolutamente todo. Se sorprendió con la facilidad que desprendió sus palabras, aún no lograba asumir la confianza que le tenía al japonés en tan poco tiempo que llevaban hablando.

Al acabar su relato volvió a comer queriendo con eso espantar su nerviosismo y su vergüenza. Yuuri lo había escuchado con mucha atención y en silencio, algo que realmente agradecía en su interior.

—Vaya, Otabek sí que se preocupa por ti —comentó el japonés empujando sus lentes para acomodarlos—. Tiene mucha razón en todo… aquí es difícil llevar una relación homosexual.

Le dio en la razón y de inmediato la curiosidad lo invadió.

—¿T-Tú has estado en pareja con un… hombre? —preguntó Yuri sin preocuparse de sus palabras.

Katsuki se sonrojó de inmediato y Yuri pensó que no iba a decir nada por lo nervioso que se veía, después de todo su amigo era muy vergonzoso y tímido, sabía que hablar de él mismo le era difícil. Pensó en que se iría del lugar sin responder, sin embargo se sorprendió y se relajó cuando Yuuri despegó sus labios para contestar.

—N-No… nunca he estado en pareja con nadie —confesó bajando la mirada, su rubor llegaba hasta su frente.

—Ya —Yuri se cruzó de brazos mirando su reloj. Aún les quedaba algo de tiempo para conversar—. ¿Pero cómo te diste cuenta de que… ya sabes, de que eres gay? —preguntó de fisgón. La verdad es que le interesaba saber más de todo.

—Bu-Bueno —Yuuri subió la mirada de forma cautelosa y moviendo sus dedos sobre la mesa prosiguió—, la verdad es que n-nunca me han atraído las mujeres, así que desde pequeño lo he sabido.

—Uh —Yuri lo miró con algo de envidia silenciosa. Katsuki lo había sabido desde siempre por eso se podía decir que las cosas le fueron más fáciles, él por su parte tuvo que pasar por mucho para poder aceptar que le estaba comenzando a gustar un hombre, aunque seguía sin considerarse gay—. ¿Entonces si nunca has estado en pareja, jamás has besado? —preguntó regañándose mentalmente, parecía una jodida chica conversando de cosas sobre el amor y eso le molestaba, pero no podía evitarlo, la curiosidad lo estaba matando.

El rostro de Yuuri pasó a un rojo más intenso y Plisetsky tuvo que morderse la lengua para no reír por ello. Su contrario se veía tan cómico al ponerse cohibido.

—Eh… s-sí he besado… —murmuró Katsuki con un hilo de voz, aquella revelación lo sorprendió.

—Woh, eso no me lo esperaba —soltó sin preocuparse de usar su filtro de empatía—. ¿Qué clase de tipos se fijaron en ti, Katsudon? —preguntó con una sonrisa algo burlona en el rostro, realmente no quería molestarlo pero la sonrisa se le formaba sola en su boca.

—No creo que sea necesario decirte eso… —objetó Yuuri, parecía que se desmayaría en cualquier momento.

—Yo creo que sí. Escúpelo —le insistió Yuri de forma altanera.

El japonés se movió incomodo en la silla y abrió varias veces los labios sin decir nada. Yuri viendo que la situación quizás había ido más allá de lo permitido, bufó y comenzó a ordenar sus cosas.

—Ya. No te esfuerces, realmente me da igual —se levantó pensando que ahora les tocaba gimnasia por lo que debían ir al salón a buscar su ropa y cambiarse en los vestuarios.

—Al profesor Nikiforov.

La confesión de Yuuri detuvo todos sus movimientos; de forma inmediata Plisetsky dirigió sus ojos a los del japonés para buscar indicio de una broma, pero solo encontró seriedad en esa mirada. Yuuri no era de hacer bromas.

—¿Me estas jodiendo? —preguntó sin poder ocultar su sorpresa—. Tú me dijiste que te confesaste pero que te rechazó.

—Sí… pero no te dije que en esa confesión yo lo besé y por eso tuve que disculparme después… fue ahí cuando nos viste en ese salón… Yo le pedía disculpas a él por mi comportamiento, sin embargo, apenas pude hacerlo ya que me puse muy nervioso y tropecé pero él me agarró para no caer….

¿Qué Yuuri había besado a Nikiforov? Eso no lograba tragárselo, Yuuri se veía tan tímido que era casi imposible creer que tomara la iniciativa en algo. "Definitivamente uno jamás termina de conocer a la gente"

—Huh… —Yuri apoyó ambas manos en la mesa todavía sin creérselo—. Me imagino que besar a esa cosa fue horrible —comentó más para sí mismo.

—No, la verdad es que fue… el mejor beso —manifestó el japonés poniendo nervioso a Yuri. Ya no deseaba hablar más de aquel tema, se sentía muy raro, por eso habló de forma pesada tratando de cortar de una vez la conversación.

—¡Definitivamente tuvo que ser horroroso! Solo dices eso ya que solamente has… has baboseado a ese jodido profesor, ni siquiera sé que le viste, es un pelón que de seguro se morirá luego —dijo desesperadamente para que su amigo ya se callara.

—N-No digas eso Yuri —lo defendió Katsuki, sin embargo Yuri solo lo ignoró encogiéndose de hombros dispuesto a irse—. Además no solo fue él, puedo comparar ya que el beso con Otabek…

En ese instante Yuri detuvo su andar sintiendo un balde frío recorrer su espalda, mientras que Yuuri se llevaba ambas manos a su boca para tapársela.

—¿Qué mierda has dicho, maldito? —preguntó Yuri frunciendo las cejas haciendo todo lo posible para que sus piernas petrificadas reaccionaran y así ir donde su compañero.

Yuuri aparentemente asustado negó con la cabeza y se levantó sin destapar su boca.

—¡Repítelo, maldición! —rugió el ruso y en menos de dos segundos se encontró agarrando a Yuuri por el cuello de su camisa. La rabia y la confusión recorrían sus venas que toda su mente se había cegado. Su corazón latía tan desenfrenadamente que le dolía.

—Yuri… yo…

—¡QUÉ LO REPITAS, MALDITA SEA! —gritó Yuri con voz amenazante, su expresión era muy afilada—. ¡¿Con Otabek se han besado?! ¡¿con mi jodido Otabek?!

Yuuri mostrando una cara de miedo y culpa bajó la mirada y asintió. Plisetsky sintiendo que perdía la fuerza de su agarre lo soltó sin saber que decir.

Quería matar ahí mismo a Yuuri, pero su cuerpo se había petrificado completamente que hasta le costó respirar.

No sabía que pensar.

El miedo, la desilusión, la rabia y miles de sensaciones más sin nombre comenzaron a apoderarse de él.

Realmente no sabía qué hacer.

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Como siempre muchas gracias por su apoyo, por sus comentarios que me hacen reír mucho y por sus palabras que alegran mis días. Los adoro.

Besitos y abrazos de osito panda a todos.

Bye!

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