Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .
Capítulo 31. La Boda.
Cuando Annie Britter salió de la mansión Andrew estaba furiosa. No podía soportar la idea de que el esfuerzo que había hecho a lo largo de todos esos años se vino abajo por la estúpida de Nicolette. Iba llegando a su residencia cuando el mayordomo le dijo.
—Señorita Annie tiene visita.
Annie se quedó un poco desconcertada ya que aunque no era tarde tampoco era una hora prudente para socializar, así que le preguntó.
—¿De quién se trata?
—Su nombre es Nicolette Lobel. La está esperando en la sala de té.
Es por demás decir que a Annie se le llenaron los ojos de furia, ya que por causa de la pelirroja se encontraba con las manos vacías, sin su amante y sin Archibald. Respiró profundo y le dijo al mayordomo.
—Ahora mismo la atiendo. Puedes retirarte.
Cuando entró al salón de té ahí estaba ella. Como siempre enfundada en un provocativo vestido que hacia resaltar a detalle cada una sus estúpidas curvas, con un escoses en la mano y con una actitud de soberbia que la desquiciaba y hacia quererla sacar a patadas de su casa, pero se contuvo y amablemente la saludó.
—Querida, es un placer ¿Cómo has estado?
Entonces Nicolette dejo a un lado la copa que traía en la mano y le contestó con una malvada sonrisa.
—Te dije que de mi nadie se burla Britter. Por la carita que traes me imagino que tu prometido ya se encargó de ponerte en tu lugar. Todo hubiera sido diferente si me hubieras hecho caso…
—¡Cállate insolente!. ¡Por tu culpa se hecho todo a perder! –Dijo con rabia—
— Cálmate Britter, aun puedes vengarte de tu ex prometido haciéndole daño a esa asquerosa enfermera. Reconsidéralo no tienes nada que perder y le arruinarías la vida. Sé que él la quiere mucho y no soportaría que algo malo le pasara. –Dijo mirándola intensamente con sus ojos verdes—
Entonces Annie no se detuvo a pensar en las consecuencias que podría acarrearle actuar en contra de la futura señora Andrew, así que con una sonrisa retorcida le dijo que aceptaba.
—Está bien Nicolette. Esta vez sí voy a ayudarte. ¿Qué es lo que quieres hacer?
La pelirroja se cruzó de piernas y ya que estaba más cómoda le dijo con toda la tranquilidad.
—Quiero matarla.
Entonces Annie abrió grandemente sus ojos.
—¿Matar a Candy…?
—Sí. Eso dije. ¿Acaso la discusión con Archibald te ha dejado sorda querida?. Creo que fui bastante clara. –dijo burlándose—
—Por mucho que la odie yo no pienso mancharme las manos de sangre. Pídeme otra cosa.
—Ya lo sé querida. No estoy diciendo que tú lo harás. Para eso hace falta valor y tú no lo tienes. Yo soy quien va a deshacerse de esa maldita enfermera. –Pronunció con total seguridad—
—¿Y cómo piensas hacer algo así?
—Entre los tres será menos difícil entrar a esa mansión querida.
—¿Los tres? –Dijo Annie un tanto asombrada—
—Si Britter. Antes de venir contigo, tuve una interesante plática con Jonathan Kinsford. Al parecer él está muy enamorado de Candy, pero ella lo despreció y luego Albert le partió la cara cuando se enteró. Ay…los hombres cuando se obsesionan por una mujer pueden hacer las cosas más estúpidas querida, no me costó nada de trabajo convencerlo de que me ayude con mi plan. Obviamente no le dije que quiero matar a la maldita enfermera, le vendí la idea de que podía secuestrarla y llevársela muy lejos. Él tiene los medios para no regresar nunca si quiere y está tan despechado que accedió.
—Entonces fuiste al hospital…
—Sí Britter, pero con una peluca. Nadie pudo reconocerme.
—Bueno. Explícame entonces tu plan. Si yo no soy feliz no voy a permitir que esa estúpida huérfana lo sea.
—Querida tú también eres una huérfana… —Dijo con soberbia—
—¡Cállate!. Mi caso es muy diferente. Yo si fui adoptada y educada en sociedad no como esa arrastrada.
—Como digas querida… no tiene la menor importancia, pero bueno voy a explicarte lo que vamos a hacer. La boda será mañana a medio día y como imaginarás la distinguida señora Elroy Andrew ya tiene todo preparado pues sé ha encargado el banquete con una prestigiosa boutique gourmet de Chicago, ahí es donde entramos nosotros. Vamos a entrar a la mansión con el uniforme de servicio del banquete, pero para eso nos disfrazaremos con pelucas y maquillaje falso. No te preocupes tengo todo calculado y cuando los "recién casados" estén llegando Jonathan y yo entraremos por ellos. Yo encañono a Albert y Jonathan se lleva a Candy, pero en cuanto se descuide una bala perdida la matará. Al ver Jonathan que el plan no resultó como deseaba tendrá que huir con nosotras.
—¿Y yo que haré?
—Querida lo tuyo no tiene importancia. Solo te necesito para que estés estacionada cerca de la mansión y en cuanto salgamos arranques el carro y nos saques de ahí.
—Pues muy bien. Cuenta conmigo. Te ayudaré a que esa estúpida salga de nuestras vidas para siempre.
En otra parte de la ciudad Jonathan se encontraba descansando en su cama. No sabía cómo había podido acceder a contribuir en el plan de Nicolette, sabía que era una locura, pero por más que trataba de sacarse a Candy de la cabeza no podía y el sentir su rechazo y aquella seguridad de Andrew al saberla suya lo sacaba de sus cabales, lo llenaba de coraje porque pensaba que él ya había perdido su oportunidad con ella y el merecía la suya, pero no había manera de tenerla a su lado más que esa. Se la llevaría muy lejos a donde nadie pudiera encontrarlos, con el tiempo ella entendería que su lugar estaba con él, le pondría un clínica privada y trabajarían juntos, serían muy felices, así que siguió firme en ayudar a la mujer mientras pensaba para sus adentros: "Mañana finalmente serás mía Candy "
Mientras tanto en la Mansión de los Andrew Albert, Candy, Paty y Archie estaban en el salón de té. Entonces el afectado se dirigió a sus tres amigos.
—Muchas gracias por estar aquí para mi. No tengo como agradecerles.
—No te preocupes Archie siempre contarás con el apoyo de la familia –Dijo cariñosamente Albert—
—Así es primito todos te queremos y siempre estaremos para ti –habló la pecosa—
—Lo sé gatita.
—Además piensa que aunque fue un tanto traumático y fuerte es mejor Archie, ahora no tienes por qué sentirte atado a Annie y puedes rehacer tu vida con quien realmente merezca tu corazón. –Comentó una comprensiva Paty—
Archie a pesar de todo lo sucedido no podía dejar de admirar el cambio en la castaña. Eran ciertas cada una de sus palabras, es más el mismo estaba ya consciente de eso, pero le parecía escuchar a otra Paty, le encantaba que los años la hubieran transformado, era sumamente delicada y bella, además de segura de sí misma. Entonces sin dejar de mirarla con cierta curiosidad le respondió.
—Eso espero Paty, pero por el momento creo que necesito tiempo para mi, ya después de que haya sanado Dios dirá...
Después de unos momentos de una plática más relajada los cuatro muchachos se retiraron a descansar a sus habitaciones. Archie acompañó a Paty y Albert a Candy.
Cuando estaba en la puerta de su habitación Albert tomó a la rubia de la cintura y la cargó para darle una efusiva vuelta en el aire mientras le decía lleno de alegría.
—Estoy feliz pequeña. Mañana finalmente serás mi esposa.
—La pecosa sólo soltó una carcajada y cuando la bajó le dijo.
—También estoy muy feliz amor, ya quiero que Dios nos de su bendición. Por cierto no me has dicho a dónde piensas llevarme de luna de miel –Indagó curiosa como siempre—
Entonces la miró como pensando en acceder a su pregunta, pero luego se arrepintió.
—Eso es una sorpresa amor. –Dijo mientras le tocaba la punta de la respingada nariz.
—Ay Bert…dime no te cuesta nada…
—No preciosa, además para qué te lo digo si lo más probable es que vayas dormida todo el camino jajaja.
—Eres incorregible William Albert Andrew. Ya no soy tan dormilona –Fingiendo enojo—
—Cuando viajamos sí pequeña, no puedes negarlo.
—mmm está bien, pero ¿seguro no me darás ni una pequeña pista? –Mientras lo miraba con ojitos suplicantes—
—No "Señora mía" así que ya no me pregunte más porque de mi boca no saldrá ni una palabra.
—Bueno… entonces no me queda otro remedio que aguantarme la curiosidad.
—Ya verás que te gustará pequeña. Valdrá la pena y lo mejor de todo es que nadie nos molestará y estaremos solitos solitos solitos tú y yo. –Le dijo seductoramente en su oído—
A Candy se le erizó por completo todo su cuerpo. Tenía que deshacerse de ese rubio cuanto antes, de lo contrario tanta espera, tanto sufrimiento y definitivamente tantas duchas frías por parte de los dos no habrían valido la pena. Entonces cariñosamente le dijo mientras se despedía con un beso en su mejilla.
—Buenas noches Señor Andrew, que descanse. –Después le guiñó un ojo—
—Igualmente pequeña. Que tengas dulces sueños.
Así el par de rubios se despidió con la ilusión de al día siguiente comenzar la aventura de compartir una vida juntos.
Después de darle las buenas noches a su pequeña, Albert se dirigió a su estudio donde se encontraba George, ya que le acaban de avisar que había llegado y que era urgente que lo recibiera. Cuando se encontraron en el despacho este le dijo.
—William necesito que hablemos, porque hoy sucedió algo muy delicado—
El rubio no pudo evitar imaginarse de quien se trataba así que con su gesto consternado le preguntó.
—¿Qué se trae entre manos?. Pensé que para estas alturas ya la abría capturado la policía George.
—Pues al parecer no es así William. Cambio de residencia y no han podido localizarla, pero lo que te quiero decir, es que los hombres que tenemos dentro del Hospital Santa Juana me informaron que la vieron platicando muy amigablemente con el doctor Kingsford.
—¿Me estás diciendo que Jonathan está metido en esto también? –Dijo mostrando ya cierto enojo—
—Eso parece William. La verdad que no sé que se traigan entre manos, pero el doctor sabe por tu misma boca que se casan mañana. De cualquier manera ya avisé a la policía y varios agentes estarán tanto en la iglesia como en la mansión. Se harán pasar por civiles para que puedan intervenir en caso de ser necesario.
Albert solamente se pasó la mano por su cara denotando su frustración.
—Lamento tener que venir a importunarte con estas noticias pero no podía dejarlo pasar.
—Está bien George, dejemos que las cosas sucedan y esperemos que la policía haga bien su trabajo y esa mujer termine refundida. Por lo pronto no podemos hacer más.
—Bueno siendo así te dejo descansar William, mañana será un día difícil.
—El más bello de mi vida George, solo lo opaca la amenaza de esa desquiciada.
—Tranquilo todo saldrá bien.
—Esperemos eso George.
Los dos amigos se despidieron y Albert se encaminó a su habitación a descansar.
Por fin había llegado el Sábado y la tan esperada boda de Candy y Albert estaba por suceder en unas cuantas horas, pero aunque la felicidad de los rubios era mucha no sabían que tres personas terriblemente resentidas les tenían preparada una sorpresa para interrumpir su dicha.
El día comenzó temprano, Candy recién despertaba cuando escuchó que llamaron a su puerta insistentemente.
—¡Candy!. ¡Candy!. ¡Ábreme! –Se escuchaba Paty detrás de la puerta—
La rubia se levantó todavía un poco adormilada, se puso su bata y abrió la puerta.
—¿Qué pasa Paty?. ¿Por qué tanta prisa si aún es temprano? –Dijo mientras se tallaba un ojo para despabilarse—
—Nunca se hace demasiado temprano cuando es el día en que te casas Candy. Además te traigo un encargo muy importante de parte de Albert. Me dijo que lo cuidara con mi vida y necesito entregártelo. –Dijo mientras entraba a su habitación—
Eso despertó la curiosidad de la rubia.
—¿Qué es Paty? –Le cuestionó mientras la saludaba con un beso en la mejilla—
—No lo sé Candy. Descúbrelo por ti misma.
Entonces Candy tomó la caja de terciopelo negro que Paty cargaba consigo y la abrió. Al hacerlo se impresionó porque en ella se encontraba una preciosa y exquisita gargantilla de oro blanco con pequeñas y delicadas incrustaciones de esmeraldas, con aretes y pulsera a juego. Pudo notar también que su querido rubio había escrito una nota. Cuando la leyó se le cristalizaron sus bellos ojos.
Pequeña. Estas joyas fueron un regalo de mi madre. Ella las utilizó el día de su boda al igual que mi querida hermana Rosemary, ahora es tu turno de portarlas como la futura señora Andrew. Lucirás como toda una princesa con ellas.
Tuyo.
William Albert Andrew.
Cuando Paty miró el delicado juego de joyas le dijo a su amiga.
—Candy es realmente hermoso…y las palabras que te escribe Albert –Dijo suspirando— están tan llenas de amor. Espero que seas muy feliz amiga.
—Gracias Paty. No tienes idea de lo mucho que lo amo. Ha estado siempre conmigo y estando a su lado me siento completa. –Dijo con una radiante sonrisa—
Se encontraban platicando cuando de repente escucharon la voz de la matriarca mientras entraba a la habitación.
—Hija que bueno que ya te encuentras despierta. Te he traído personalmente tu desayuno para que no pierdas tiempo porque debemos darnos prisa en arreglarte para que quedes espectacular.
Entonces Elroy observó las joyas que Candy cargaba y dejando la bandeja que traía en las manos en un mueble cercano fue hasta donde la rubia y acariciando maternalmente sus cabellos le dijo.
Esas joyas son muy importantes Candy, solamente una Andrew puede portarlas con dignidad. Esta es una tradición que espero ver algún día desde el cielo cuando te toque a ti preparar a tu hija el día de su casamiento.
A Candy se le cristalizaron sus hermosos ojos ante ese comentario.
—Tía no diga esas cosas usted vivirá muchos años.
Entonces con el tono en que solamente una madre se puede dirigir a su hija le contestó.
—No soy eterna hija y sé muy bien que cuando eso pase ya estaré reunida con todos los nuestros que ya partieron, pero no pensemos en esas cosas ahora, mejor anda, apúrate a desayunar para que empecemos con tu arreglo. –Dijo con su acostumbrado tono autoritario, finalmente era la matriarca y bien había dicho Paty que había cosas que nunca cambiarían—
—Tía quería darle los buenos días a Albert…
Entonces la Anciana abrió tanto los ojos en asombro que Paty no pudo reprimir una pequeña carcajada.
—¡Qué darle los buenos días ni que nada niña! .Hoy menos que nunca te aguantarás para verlo hasta que estemos en la iglesia. Ya tendrás el resto de tu vida para darle los buenos días todas las mañanas.
Candy sabía perfectamente que no podría hacer cambiar de opinión a su tía así que no le quedó otro remedio que aceptar.
—Está bien tía, pero por lo menos ¿puedo mandarle una nota con Paty? –Dijo con ojitos suplicantes—
Elroy Andrew solamente entornó sus ajados ojos mientras le respondía.
—Está bien…anda a escribirla para que Paty se la lleve. No cabe duda que entre ustedes dos me van a terminar de llenar la cabeza de canas.
Entonces rápidamente escribió algunas líneas y le entregó el papel a su amiga.
—Te lo encargo mucho Paty.
—No tengas pendiente Candy ahorita mismo se la entrego. –Dijo casi saliendo inmediatamente de la habitación—
Al otro lado del pasillo un alto y atractivo rubio ya se encontraba despierto. Realmente no había podido conciliar el sueño en su totalidad. Se encontraba muy nervioso. Quería que las horas se pasaran lo más rápido posible para poder llevarse a su "esposa" de luna de miel. Cuando recapacitó sobre sus pensamientos se dijo para sí.
—"Mi esposa" que hermoso se escucha eso mi pequeña Candy. Hoy me harás el hombre más feliz del mundo al aceptarme como tu compañero de vida.
En eso el llamado de la puerta lo sacó de su ensoñación. Cuando la abrió y miró a Paty la saludó.
—Buen día Paty…
Cuando Paty le llevó la nota a Albert en su vida pensó encontrarlo sin cambiarse, así que no pudo evitar sonrojarse al mirarlo. Ella seguía amando a su adorado inventor, pero a razón de la verdad pensaba que Candy tenía demasiada suerte. Ese hombre era por demás atractivo aun estando en pijama, despeinado y recién levantado, pero aguantándose la pena le dijo.
—Buen día Albert, perdona la interrupción. Solamente te he traído un encargo de Candy.
Entonces le dio la nota y se despidió.
—Bien pues ya que he cumplido, me regreso con la novia que está bastante ataviada con tu tía. –Dijo mientras soltaba una ligera sonrisa—
—Me imagino, pobre de mi pequeña…
La castaña ya se retiraba, no había dado ni tres pasos cuando el rubio le dijo.
—Paty…
—Si Albert.
—Dile que la amo. –Le dijo radiante de felicidad—
—Por supuesto. Yo se lo diré. Pierde cuidado Albert.
Cuando iba caminando por el pasillo Paty ya no sabía cuál de los dos estaba más enamorado que el otro. Así que con una sonrisa dibujada en su rostro por la felicidad de su amiga regresó a la habitación para ayudarla.
Al momento en que cerró su puerta Albert abrió la nota que le habían entregado.
Gracias por un detalle tan hermoso mi vida. Las portaré con todo mi amor. Ya deseo que pasen las horas para decir "Acepto". Te amo William Albert Andrew. Te amo en cada una de tus facetas. Eres y seguirás siendo mi príncipe.
Siempre tuya. Candice White.
En la habitación Candy ya había terminado su desayuno y Dorothy se encontraba preparándole un relajante y aromático baño con esencias de rosas y jazmín. Ese día la bella mucama se encontraba cambiada y arreglada ya que a petición de la novia los acompañaría en su celebración. Entonces la rubia le dijo cariñosamente.
—Dorothy no deberías estar haciendo nada de esto hoy, te vas a cansar y eres mi invitada.
—Candy tiene razón Dorothy es mejor que vayas por otra mucama para que nos ayude con su arreglo. –Afirmó la matriarca—
Entonces ella amablemente les agradeció.
—En verdad aprecio su consideración madame Elroy pero esto lo hago con mucho gusto. Candy y yo hemos sido amigas desde que vivió con los Leagan y he podido verla crecer hasta convertirse en una bella dama, así que espero me permita seguirla preparando en el día más especial de su vida, para mi no es ningún problema. –Contestó con sinceridad—
La anciana se admiró de la personalidad tan cálida y desinteresada de la muchacha así que accedió.
—Muy bien Dorothy será como tú dices.
Pasó el tiempo. Candy tomó su baño y era hora de cambiarse. Entonces Paty salió de la habitación, pero rápidamente regresó con una caja entre sus manos. Al parecer era un obsequio.
—Candy te he traído esto. Es un regalo de bodas de parte de la abuela Marta y mío –Dijo con una sonrisa pícara—
—Ay Paty…No tenías por qué molestarte. Sabes que mi mejor regalo es tu compañía en este día.
—Eso ya lo sé amiga, pero ya conoces a la abuela y sus locuras. Creo que me contagió momentáneamente y entre las dos lo escogimos. Toma ábrelo.
Cuando descubrió la caja sus ojos se asombraron por lo que encontraron.
—¡Pero Paty! ¡Yo no puedo usar esto! –Dijo al momento en que sacaba la pequeña prenda íntima.
Entonces la atrevida voz de la matriarca se pronunció.
—Claro que puedes hija. Ya sé que han de pensar que soy una vieja anticuada, pero me parece que los tiempo están cambiando mucho y creo firmemente que si Patricia puede estudiar una ingeniería tu puedes usar un Baby Doll, además no creo que a tu esposo le desagrade –Dijo con una ligera y reprimida sonrisa por la pena que causaban sus palabras en la enfermera—
—Pero es que no sé ni como ponérmelo…
—Pero Albert si sabrá como quitártelo –Dijo la castaña—
—¡Patricia! –Exclamó la tía—
—jajaj Lo siento señora Elroy. Pero no debe darle tanta pena.
—Yo te lo pongo Candy –Se ofreció Dorothy—
Es necesario decir que para la bella rubia fue más que penoso el tener que desnudarse frente a las tres mujeres pero cuando Dorothy terminó de abotonarle el último ligero, se miró en el espejo y le gustó su provocativa imagen. El Baby Doll era bellísimo con delicados listones en el corsé.
—Candy te ves muy seductora –Admitió Paty— Tu vestido estará muy bonito pero creo que con eso matarás a Albert.
—¡Patricia! –Dijo nuevamente la anciana.
—Perdone señora Elroy…
—Niña últimamente dices todo lo que se te pasa por la cabeza. Ya no tienes filtros.
—jaja No es eso señora, solo digo la verdad. Candy se mira muy hermosa y es de admirarse, aparte amiga esa lencería hace que tu cintura se vea divina, es aun más pequeña, en verdad estas de infarto.
—jaja Gracias Paty en verdad aprecio tus palabras.
—Bueno, bueno… ya es hora de ponerte el vestido.
El vestido que utilizaría Candy era sencillo pero espectacular. Era color marfil, de una sola pieza, con escote corazón y cierre de botones por la espalda, con adornos de encaje en la parte superior y un toque de tul que continuaba a lo largo de la falda. Cuando Dorothy terminó de ponérselo la peinó. Llevaba su cabello rizado suelto y sujetado por dos peinetas en cascada y sus labios rojos. Enseguida le colocó las joyas que su amado príncipe le había obsequiado. Cuando terminó la tía abuela exclamó secándose una pequeña lágrima de sus ojos.
—Hija has quedado como toda una pequeña princesa…
—Cierto Candy estas hermosa –Dijo Paty—
Candy se miró en el espejo pero no veía todas esas cualidades físicas que le mencionaban, solamente podía imaginárselo a "él" caminando junto a ella cuando Dios hubiera unido sus vidas para siempre.
En esos mismos momentos pero en la habitación al final del pasillo se encontraban Archie y George terminado de acompañar cierto rubio en su arreglo. Albert se había cambiado y traía puesto un elegante smoking negro pero se encontraba tan nervioso que no podía anudarse correctamente el moño. Entonces el moreno se acercó a él y le ayudó.
—William trata de calmarte no es posible que estés tan nervioso pareces un chiquillo.
—Es que realmente estoy muy nervioso George. —Decía mientras arreglaban su moño—
—Tranquilo tío la gatita no se irá a ningún lado, ya pronto la verás. –Lo confortó mientras se acercaba a él y le daba unas palmadas en la espalda—
—¿Tienes todo listo George? –Preguntó al francés—
—Si William.
—¿El automóvil?
—Sí…
—¿Mandaste a decorar y arreglar la c…?
—Sí muchacho todo esta más que listo. No tienes de qué preocuparte más que de ser feliz y disfrutar de tu luna de miel.
Albert dio un gran suspiro y Archie habló.
—Bueno… ya que estas listo es hora de que se vayan a la iglesia para esperar a la novia. Yo pasaré a recoger a las bellísimas damas que están esperando por mi. –Dijo mientras sonreía—
Entonces Albert descubrió cierto brillo en su mirada y pudo reconocer que había un particular interés en esa oración, por lo que mirando a su sobrino le comentó.
—¿Será acaso que te está gustando Paty Archie?
Arhi solo sonrió mientras le respondía.
—La he encontrado muy bella tío sería ciego si no me gustara.
—mmm creo que es muy pronto para que empieces una relación Archie. –Dijo Albert preocupado por su sobrino—
—Calma tío nadie ha dicho que voy a hacer eso. Admito que me gusta mucho Paty, cambió mucho, está preciosa y es muy inteligente pero ya iremos viendo de poco como se dan las cosas, no te preocupes que no pienso actuar precipitadamente.
George cambió el rumbo de la conversación.
—Vámonos William, si no nos damos prisa capaz que Archie llega primero que nosotros.
Fue así que un alto y feliz escoses junto con un francés salieron rumbo a la iglesia.
Mientras tanto en la mansión Archie tocaba la puerta de la novia.
—Pasa Archie –Le dijo Paty—
—¡Gatita luces espectacular! –Dijo admirando la belleza de Candy—
—Y no sabes lo que trae puesto por debajo… —Le dijo bajito a Archie—
—¡Patricia! –Volvió a sancionarla la tía.
—Lo siento Señora Elroy. –Dijo reprimiendo su risa, la verdad era que disfrutaba mucho de hacerla abochornar—
Un elegante Rolls Royce llegaba a la iglesia que se encontraba bellamente decorada con "Dulce Candy" en arreglos por todos lados. Parecía la imagen de una boda sacada de un cuento de hadas, la fragancia de las flores se esparcía por todo el lugar impregnándolo de romanticismo y un nervioso novio miraba con impaciencia tratando de ubicar a su novia. La primera en entrar fue la bella Patricia la cual llevaba un elegante vestido rosa discretamente ceñido a su cuerpo, enseguida llego hasta el altar y se sentó en la banca donde una bien arreglada Dorothy la esperaba, la segunda en aparecer fue la matriarca de los Andrew que se encontraba muy elegante en un sobrio vestido azul marino. Albert para ese momento ya se encontraba un tanto ansioso, le iba a decir algo a George que se encontraba a su lado cuando éste le hizo la seña de que regresara su vista a la entrada de la iglesia. La cara que puso en ese momento fue de total asombro. Su pequeña se encontraba tan hermosa en ese precioso vestido que parecía una bellísima princesa, su princesa. Archi caminaba a su lado orgulloso de entregarla en el altar. Ella nerviosa se ruborizó en cuanto sus ojos hicieron contacto con los hermosos ojos azules de su príncipe. El camino hasta él se le hizo eterno. La marcha nupcial tocada por un delicado cuarteto de cuerdas sonaba deliciosamente volviendo mágico todo el ambiente. Cuando por fin llegaron Archi le entregó la mano de Candy a su tío. Este la recibió gustoso mientras le decía.
—Te extrañe princesa.
Ella estaba fascinada con el color de sus ojos porque ese día los encontraba particularmente más cristalinos y bellos que antes, además de que la estaba mirando con infinito amor, así que con el rubor en su rostro solo pudo sonreír.
La ceremonia transcurrió y después de que el sacerdote terminó de pronunciar el sermón se dirigió hacia los novios.
—¿Han venido aquí libremente sin reservas para darse uno al otro en matrimonio?
—Si padre— Contestaron—
— ¿Se amarán y se honrarán uno al otro como marido y mujer por el resto de sus vidas?
—Sí padre –dijeron nuevamente—
— ¿Aceptarán a los hijos que Dios les mande y los educarán de acuerdo con la ley de Cristo y de su Iglesia?
—Sí padre –Repitieron—
Como es su intención entrar en el matrimonio, unan sus manos derechas, y declaren su consentimiento ante Dios y ante la Iglesia.
Ellos unieron sus manos y Albert dijo:
—Yo William Albert Andrew te tomo a ti Candice White como mi legítima esposa. Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad. Amarte y respetarte todos los días de mi vida. Prometo amarte apasionadamente, en todas las formas ahora y para siempre, prometo nunca olvidar que este es un amor para toda la vida y saber siempre que, en lo profundo de mi alma, no importa qué nos pueda separar, siempre nos volveremos a encontrar el uno al otro.
Fue el turno de Candy para decir sus votos.
—Yo Candice White te tomo a ti William Albert Andrew como mi legítimo esposo. Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad. Amarte y respetarte todos los días de mi vida. Sé que no ha sido fácil que llegara este momento porque hemos pasado por muchas pruebas que en lugar de alejarnos nos hicieron una pareja más sólida y jamás hemos perdido la esencia de nuestro amor. Acepto vivir el resto de mi vida al lado de una persona tan maravillosa como tú.
Al terminar sus votos, el sacerdote dijo:
—Ustedes han declarado su consentimiento ante la Iglesia. Que el Señor en su bondad fortalezca su amor para llenarlos a ambos de bendiciones y lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Fue tiempo entonces de que se entregaran los anillos, así que tomando la delicada mano de su pequeña Albert le colocó suavemente la prenda mientras le decía lleno de amor.
— Candy recibe este anillo como signo de mi amor y de mi fidelidad.
Fue el turno de Candy e hizo lo mismo, colocando el anillo en la fuerte mano de su príncipe.
—Albert recibe este anillo como signo de mi amor y de mi fidelidad.
Al terminar recibieron la bendición del padre mientras les decía.
—Con el poder que me confiera la iglesia de Cristo yo los declaro Marido y mujer.
Entonces Albert volteo a mirar al sacerdote y este entendió perfectamente la parte que había omitido así que inclinándose un poco hacia donde estaba el rubio le respondió despacio.
—Puede besar a la novia Señor Andrew—
Albert sonrió feliz y lleno de alegría dirigió sus manos hasta la barbilla de su ahora esposa. Ella lo miraba encantada, la tomó delicadamente y le dio un tierno beso en sus labios rojos. Inmediatamente todos los presentes aplaudieron para dar la bienvenida al nuevo matrimonio. Cada uno los felicitó amorosamente. La primera fue la matriarca.
—Hijos les deseo toda la felicidad del mundo.
Archie.
—Tío cuida mucho a mi gatita, espero que su felicidad sea eterna.
George.
—Muchachos recuerden siempre que la confianza es la base de todo buen matrimonio. Si tienen presente eso podrán afrontarlo todo.
Paty.
Albert, Candy. El mejor regalo del mundo es su amor. No lo olviden nunca. Procúrenlo y cuídenlo como si fuera la más delicada flor y siempre serán felices.
Dorothy.
Candy, señor William. Le deseo toda la felicidad. Ustedes son dos personas que nacieron para estar juntos. Por fin hiciste tu sueño realidad Candy, te casaste con tu "Príncipe de la Colina".
Después de las felicitaciones los novios fueron los primeros en salir y subir al automóvil que los llevaría a la mansión en donde se realizaría la pequeña recepción organizada por Elroy Andrew.
Archie, Paty y la tía Elroy se fueron en un coche y George y Dorothy en otro. Cuando se encontraron dentro del automóvil Dorothy se dirigió al moreno.
—Entonces señor Jonhson… ¿Alguna vez será nuestro turno o tendré que esperarlo toda la vida? –Dijo coqueta—
El moreno se acercó a sus labios y los tomó para después decirle.
—Pronto querida…muy pronto. –Dijo con una seductora sonrisa mientras volvía a besar a su querida novia—
Muy cerca de la mansión Annie Britter ya se encontraba estacionada. Sus dos cómplices estaban haciendo su parte del trabajo, habían bajado y se mezclaron entre el personal del servicio de banquetes.
Los tres automóviles llegaron prácticamente al mismo tiempo a la mansión Andrew. Todos bajaron, los últimos fueron Candy y Albert. Al parecer algo había retrasado al personal y varias personas entraban y salían de la residencia con bandejas y botellas de vino. Entonces la matriarca se dirigió a los nuevos esposos.
—Parece que no pudieron tener todo a tiempo. Iré a ver qué fue lo que pasó. Esto no puede estar sucediéndome a mí. Patricia acompáñame por favor.
—Claro señora –Dijo servicial—
En un momento el par de rubios se habían quedado solos, ya que Archie se desapareció y Albert pensó que se fue siguiendo los pasos de Paty. Entonces aprovechó el momento para acercarse a su pequeña esposa, iba a tomarla del mentón para besarla cuando sintió algo detrás de sí. Abrió sus ojos de la impresión mientras escuchaba una conocida voz que le decía.
—Si te mueves hago que la maten en este mismo momento –Dijo la voz de la mujer amenazante— Y tu maldita enfermera más te vale que no des un solo paso ni abras la boca porque tienes alguien vigilándote muy de cerca.
Entonces Candy giró sus ojos y se encontró con Jonathan. Entonces llena de miedo solo le preguntó con su voz temblorosa.
—¿Por qué haces esto Jonathan? Estas arruinando tu vida.
—No Candy al contrario. Estoy comenzándola. Vas a venir conmigo y seremos muy felices como debió de haber ocurrido sino fuera por el estúpido de Andrew que se interpuso entre nosotros. –Le dijo con voz profunda e intimidante mientras apretaba con fuerza la pistola que traía en sus manos contra la pequeña espalda de ella—
El sentir la presión sobre su cuerpo hizo que Candy se quejara de dolor.
—¡Me estas lastimando Jonathan!
—¡Suéltala imbécil! –Lo amenazó Albert.
En ese momento Nicolette se desquició y le gritó a Albert.
—¡Te di demasiadas oportunidades de regresar a mi lado y no lo hiciste ahora pagarás las consecuencias! ¡Te dije que si te movías la mataría y eso es lo que voy a hacer!.¡ En este mismo momento te quedarás viudo querido!. –Dijo con su voz llena de odio—
Nicolette era muy alta pero no tan fuerte como Albert, entonces en un movimiento tratándola de inmovilizarla hizo que ella perdiera el control y un disparo al aire salió de su pistola y Albert cayó al suelo. Entonces Candy pegó un grito y todos en la mansión se percataron de lo que sucedía. El hombre yacía tirado en el suelo y se desangraba rápidamente. De inmediato los agentes se acercaron a la escena y pudieron notar a una psicópata mujer disfrazada con un arma temblando entre sus manos.
—¡Deténgase! –Le gritó uno mientras los demás la rodeaban—
—¡Qué has hecho!¡Lo mataste! — Dijo Candy entre llantos—
Entonces sin importarle que los policías le apuntaban con sus armas le dijo.
—Ahora es tu turno de morir maldita enfermera.
Iba a dispararle cuando Albert se levantó rápidamente y sin importarle que era una mujer le dio un puñetazo en la boca del estómago para sacarle el aire. Esto hizo que la francesa instantáneamente se fuera al suelo de rodillas. Fue entonces que los policías pudieron interceder, retiraron el arma que se encontraba cerca de donde ella estaba y la esposaron. Mientras la levantaban para llevársela le dijeron.
—Sthepany Nicolette Lobel queda usted detenida por intento de homicidio en contra de William Albert Andrew y Candice Andrew.
Al verse perdida Nicolette les dijo a los agentes con toda la maldad que poseía mientras forcejeaba con ellos.
—¡Si me hundo yo se van todos conmigo! ¡Ese que está tirado en el suelo es mi cómplice se llama Jonathan Kingsford! y afuera en un automóvil Ford azul marino se encuentra Annie Britter, ella tenía pleno conocimiento de lo que estábamos haciendo y en estos momentos nos está esperando con el auto prendido para escapar con ella.
Ante esa declaración los demás agentes de inmediato se dirigieron para encontrarse con la morena, esta cuando vio a varios hombres venir corriendo en dirección al auto hizo el intento por arrancar pero un agente alcanzó a llegar y se paró de frente al automóvil apuntándole directo con su pistola.
—¡Sal de automóvil inmediatamente Annie Britter!. ¡Estas arrestada por ser cómplice de intento de homicidio!
Las lágrimas de Annie inmediatamente comenzaron a correr descontroladas por su rostro. Nunca se imaginó que las cosas pudieran terminar tan mal si la misma Nicolette le había garantizado que todo sería muy sencillo. Entonces sin más remedio bajó lentamente del auto. Cuando lo hizo inmediatamente la esposaron. Estaba de espaldas al automóvil cuando observó que otros policías sacaban a la francesa igualmente inmovilizada y una ambulancia hacía su arribo, entonces con todo el odio que tenía dijo en voz baja:
—Espero que te estés muriendo maldita Candy...
Sus esperanzas se desvanecieron cuando vio que el cuerpo que sacaban era el de Jonathan.
En ese momento George apareció para hablar con los policías.
—Espero que no se vayan a dejar intimidar por las influencias de los padres de estos jóvenes. Los tres son de familias poderosas, pero recuerden que atentaron contra la vida del patriarca de los Andrew y éste no descansará hasta que los tres paguen por su delito, así que les recomiendo que usen todo el peso de la ley para refundirlos en la cárcel por el resto de sus vidas.
—No se preocupe Doctor Johnson con las evidencias que nos ha estado entregando más este intento de homicidio no habrá poder sobre la tierra que los libre de una larga condena.
Archie había observado a lo lejos la penosa escena y pudo encontrarse con los ojos de Annie cuando se la estaban llevando presa, pero ella no pudo evitar la vergüenza y de inmediato esquivó su mirada. Estaba lo suficientemente cerca de George cuando le preguntó.
—Creo que te equivocaron de profesión George pues te han llamado doctor en lugar de Licenciado.
Entonces el francés miró a Archibald y le dijo.
—No se equivocaron joven Archie.
—Pero si tú no eres doctor George –Dijo sonriéndole—
—Se equivoca joven, quizá se refiera a que no soy médico, pero tengo un Doctorado en Finanzas y Economía. –Dijo muy seguro de sí mismo—
La cara de Archie era de total asombro, le parecía increíble. Ya decía él que el moreno era demasiado eficiente en su trabajo.
—¿Y mi tío lo sabe?.
—Claro que lo sabe joven Archie. Por algo fui su tutor y ahora su asesor financiero.
—Pues que bien guardadito te lo tenías mi buen George…deberías de darme unas clases.
—Cuando ya no esté metido en líos de faldas con mucho gusto joven –Le contestó con una velada sonrisa—
—¿Acaso eso fue una broma George…?. Es que siempre eres muy serio y no lo sé.
—jaja Suficiente joven Archibald mejor volvamos con su tío y la señora Candy.
Cuando regresaron a la mansión encontraron a todos en la estancia. Paty le entregaba a la tía Elroy un té, ya que le había bajado la presión por la impresión y necesitaba calmarse. Candy y Albert también se encontraban ahí, los dos con una copa de escoses en sus manos. Estaban en silencio. De pronto George tuvo que hablar.
—William ya se han llevado a Nicolette y Annie detenidas. Una ambulancia recogió a Kingsford y si sobrevive también será encarcelado.
—Todavía no puedo creerlo –Dijo Candy mientras sostenía su copa— Nunca noté ninguna actitud sospechosa en él.
—Estaba obsesionado contigo y se dejó influenciar por Nicolette ahora tendrá que pagar las consecuencias pequeña. Pero ya no te mortifiques gracias al cielo a ninguno de nosotros nos pudo hacer daño, además se supone que hoy es el día más feliz de nuestra vida así que ya quiten esas cara largas y vamos a celebrar. No hay que darle gusto a esa mujer y que nos arruine el momento –Dirigiéndose a todos mientras abrazaba abiertamente a su esposa.
—Tienes razón tío, además a pesar de todo finalmente le banquete está listo.
Entonces todos rieron ante el atinado comentario de Archibald
—Hay cosas que nunca cambiaran Archi sigues teniendo el mismo buen humor –Dijo Paty—
Archi volteó a mirarla y galantemente le contestó.
—Pero hay personas que dan un cambio extraordinario, como lo has hecho tú mi bella Patricia.
Ese comentario tan descarado hizo que todos los colores se subieran al rostro a Paty y no supo que contestar, pero gracias a la prudente intervención de la tía abuela salió del apuro en el que se encontraba
—Bueno, bueno ya basta niños. William tiene razón. Mejor pasemos al comedor a celebrar que por fin este par ya se casó. –Dijo cambiando su semblante de preocupación por uno de alegría—
Así lo hicieron y disfrutaron de una exquisita comida junto con una deliciosa torta de chocolate con diseño de pastel de bodas a petición de la novia. Estuvieron un rato platicando cuando Archie se levantó de su asiento y les dijo a todos.
—Si me permiten quiero hacer un brindis.
Parejas como ustedes no se ven a diario y a través de los años los he visto superar dificultades con gran madurez y por eso no me sorprende ahora estar asistiendo a su boda. Son dos personas que saben comprenderse mutuamente y que sobre todo, confían el uno en el otro. Les auguro grandes logros juntos así como muchos años de felicidad. Que Dios los bendiga y que su amor siga triunfando ante las adversidades.
Entonces alzó su copa y dijo: ¡Por los novios!
Y todos contestaron al unísono: ¡Por los novios!
A pesar de todo lo que había pasado Albert y Candy no podían estar más felices. Siguieron compartiendo un rato momentos agradables con su familia, pero al cabo de una horas el rubio fue a donde George y le preguntó.
—¿Esta listo el automóvil George?
—William….ya te dije desde en la mañana que sí. –Dijo sonriente por las copas de Champagne que se había tomado—
Entonces dirigiéndose a su familia y a Candy les expresó.
—Ha sido un placer y un gusto que nos hayan acompañado en un día tan especial, pero creo que ya es tiempo de que mi querida esposa y yo nos retiremos a nuestra luna de miel. –Dijo muy emocionado— ¿Vamos pequeña?
—Sí amor solo déjame preparar mi maleta porque con la emoción del día se me olvidó hacerla –Dijo apenada—
—No te preocupes Candy tu equipaje ya está en automóvil desde hace horas –Contestó Dorothy—
—Muchas gracias Dorothy eres un encanto.
Se despidieron de todos. Estaban por irse cuando la tía se acercó a los rubios para decirles.
—Niños espero disfruten mucho de su luna de miel. Prometo no importunarlos con nada, pero no regresen hasta que traigan un heredero. –Dijo entre risas—
Ante ese comentario tan bochornoso Candy se puso roja al igual que su rubio esposo, pero éste solo pudo contestar apenado.
—Haremos todo lo posible tía.
Entonces Albert tomó de la mano a Candy. Se fueron a donde el automóvil, le abrió la puerta y se dio la vuelta para subir. Una vez adentro le dijo.
—Ahora sí señora Andrew, disfrutaremos unos días para nosotros solos y te prometo que en cuanto lleguemos te repartiré cada uno de los besos que he guardado para ti –Le dijo seductoramente mientras le besaba la mano—
—¿Ya me dirás a donde vamos amor?
—Te dije que es una sorpresa pequeña –Le contestó mientras se ponía sus características gafas oscuras y arrancaba el automóvil—
Continuará…
