Marinette miró su teléfono móvil con incredulidad. Releyó el mensaje, y luego volvió a mirar la foto que Alya le había enviado.
Luka le estaba mintiendo. Algo de lo que nunca lo habría creído capaz.
Sabía que había ocurrido algo durante la pelea con Ikari Gozen que lo había cambiado todo entre ellos, y se había preguntado un millar de veces qué podría haber sido. Recordó lo roto que parecía cuando había tenido que activar por última vez la segunda oportunidad, pero también lo descentrada que había estado ella al pensar en la ruptura de Adrien y Kagami. ¿Sería ese el problema? ¿Habría metido la pata de alguna manera, y le había dado a entender que la vida sentimental de su antiguo amor aún le seguía afectando? ¿Estaba acaso tan enfadado con ella como para traicionarla?
Cuando Alya la avisó de que Luka había entrado a casa de Anna, pensó que seguramente necesitaría hablar con la irlandesa de su don compartido. Sin embargo, eso no podía decírselo a la periodista, que siguió insistiendo hasta hacerla dudar.
"Mira, ya sale. Pero lleva una camiseta diferente", la avisó sobre las cinco de la tarde, adjuntando una fotografía al texto.
"Se habrá manchado, o algo así", respondió ella, tratando de restarle importancia.
"Ya, bueno. Solo te lo digo porque a mí no me gustaría que mi novio fuera sin decirme nada a casa de otra chica, y saliera horas después con ropa prestada"
Así que Marinette había terminado por enviarle un mensaje a Luka preguntándole por dónde andaba, y si se podían ver. Y él le había contestado, un rato después, que acababa de salir de trabajar y que necesitaba descansar. Le había mentido descaradamente, y para colmo volvía a evitar quedar con ella.
No sabía qué hacer. No sabía qué pasaba. ¿La había dejado de querer? ¿Había perdido el interés en ella tan rápido, tan de repente? ¿Se había decepcionado? ¿Se había dado cuenta de que todo había sido un error? ¿Y por qué, por todos los demonios, no era sincero con ella, y le ofrecía alguna explicación?
El nudo de su garganta se estrechó, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Le dolía el pecho. Además, para colmo, estaban aquellos sueños, tan dulces, tan reales, que la asaltaban cada noche. En ellos sentía los besos, los abrazos, las caricias. Era como si su subconsciente le mostrara las cosas como deberían ser en realidad. Pero luego despertaba, y no lo eran.
De repente, un toque en la trampilla, y la voz de su madre llamándola al otro lado.
--¿Marinette? Ha venido una amiga a verte.
Oh, Alya; su siempre leal, querida y metomentodo mejor amiga, pensó. Se secó los ojos, se dio un poco de aire con la mano, y abrió con una sonrisa. Sin embargo, el rostro que le sonrió de vuelta no era el de la periodista, sino el de Anna.
--¡Hola! --la saludó animadamente la pelirroja.
--Hola --se esforzó en corresponder ella, su sonrisa convertida en una especie de mueca.
--Avisadme si queréis algo de comer --ofreció Sabine, desapareciendo escaleras abajo.
Anna vio los ojos enrojecidos de su amiga, y enseguida comprendió que había acertado al prever cómo actuaría Luka, llevado por su temor. Soltó el aire de golpe, y decidió ser directa.
--Marinette, ¿te ha dicho Luka que estuvo en mi casa?
--No. Aún no --se corrigió ella.
--Ese idiota... --chasqueó la lengua, meneando la cabeza--. Está bien; entonces, te lo contaré yo. ¡No me mires así! Es grave, pero no te está engañando, ni nada de eso, ¿eh?
--Nunca lo habría pensado --aseguró Marinette con un hilo de voz--. Confío en él.
--Haces bien. Y espero que no haya sido tan idiota como para mentirte, sabiendo que Alya estaba en el balcón, solo para que te enfades con él y no le sea tan difícil llevar a cabo su plan de mantener las distancias hasta que todo esto acabe.
--¿A qué te refieres con "todo esto"? --inquirió la azabache, confusa.
--A la pelea con Lepidóptero --Anna hizo una pausa para ordenar sus ideas--. Verás, en realidad estamos viviendo una segunda oportunidad. Pero lo que pasó en la anterior, solamente Viperion, y Sass, lo recuerdan.
Marinette frunció el ceño, extrañada.
--Pero la segunda oportunidad solo retrocede unos minutos...
--Viperion usó el potenciador, activó el multipoder y el salto fue mucho mayor --aclaró Anna--. Pasamos el punto seguro de la pelea final, y aterrizamos en el de la lucha contra Ikari Gozen, lo que supone algo más de tres semanas de gap temporal.
--¿Tres semanas? --se asombró Marinette--. ¡Pero eso es mucho tiempo!
--Lo es. Y, además, en esas tres semanas, ocurrieron un montón de cosas bonitas entre vosotros dos. Pasasteis tiempo juntos, afianzásteis vuestra relación. Rechazaste a Adrien cuando se te declaró, y le dijiste a Luka que le querías.
--Claro que le quiero...
--Pero aún no se lo has dicho --la interrumpió la otra chica, tratando de no perder el hilo--. Bueno, el caso es que la lucha final fue mal. Muuuuy, muy mal. Y Luka cree firmemente que todo ese fracaso fue por su culpa, un castigo del destino por interferir en la unión perfecta entre la creación y la destrucción. Así que... Por favor, ten paciencia con él. Está sufriendo mucho, te lo aseguro; pero está convencido que es necesario renunciar a vuestro amor para protegerte.
--¿Fue Plagg el que le metió esa idea en la cabeza? --intervino Tikki--. Suele tomárselo a mal cuando sus portadores son rechazados: no es buen perdedor.
--Eso dice Sass --asintió Anna.
--Pero Chat noir ya sabe que... Y si dices que yo rechacé a Adr... ¡Ay, madre! --Marinette se llevó la mano a la boca, impactada.
La pelirroja asintió como si todo aquello que le contaba fuera lo más normal del mundo.
--Y también sabemos quién es Lepidóptero --añadió, índice en alto--: ¡nada menos que Gabriel Agreste! Todo queda en casa, ¿eh? --bromeó, sin darse cuenta de lo pálida que parecía la guardiana.
Un espantoso olor inundó la nariz de Marinette, que abrió los ojos con lentitud. También sintió las manitas de Tikki golpeando suavemente su mejilla.
--¿Ves? Te dije que el perfume de un buen arenque la despertaría --alardeó Bradd.
--¡Lo siento, Marinette! --se disculpó Anna, mordiéndose el labio--. No debí decirte todo eso de una manera tan brusca. ¡Si es que soy una bocazas!
--¿Me desmayé?
--Un poco. Pero ya estás mejor, ¿verdad?
--Mejor, sí --dijo, frotándose los ojos con fuerza.
Hasta que recordó la conversación anterior, y estuvo a punto de volver a perder el sentido. Sin embargo, apretó los dientes y resistió la mareante sensación: ¡era Ladybug, era la guardiana! No iba a ir por ahí desmayándose a las primeras de cambio, solo porque una heroína tan bienintencionada como bocazas acabara de exponer frente a ella, en apenas unos minutos, las claves de su lucha contra Lepidóptero y de su vida sentimental.
--Esta noche veremos a Viperion y a Chat noir, y pensé que era mejor que estuvieras informada de todo antes. Además de que temía que el plan de Luka para arrojarte a los brazos de su apuesto competidor terminase funcionando demasiado bien --bajó la mirada--. Está realmente aterrado, y tiene el corazón hecho pedazos. Te vio sufrir mucho al final, y es incapaz de superar ese miedo, y esa culpa.
--Lo entiendo --dijo Marinette, estremeciéndose al recordar todo lo que había sentido tras el episodio de Chat blanc--. Seré paciente, y lo apoyaré en lo que pueda.
--Te agradecería que no le menciones que te lo conté todo. Sé que estoy traicionando su confianza; pero no podía permitir que te hiciera tanto daño, además de sufrir él, por tratar de protegerte, sin permitirte elegir. Ahora está en tu mano decidir, pero al menos tienes todas las cartas sobre la mesa. Adrien Agreste o Luka Couffaine. ¡Dios mío, la mitad de las chicas de París matarían por estar en esa encrucijada!
--¿Por jugarse la vida contra el tiránico padre de su primer amor y sus malvados akumas, mientras su novio trata de alejarla para evitar que se repita su trágico final? --cuestionó Marinette, alzando una ceja.
--Pues dicho así no suena tan bien, la verdad...
No estaba siendo una buena tarde para Luka. La conversación con Anna había resultado dolorosa, aunque poder compartir todo aquel peso que amenazaba con aplastarlo había supuesto un desahogo necesario.
Y luego habían intervenido Sass, y Bradd, y habían puesto en entredicho las duras palabras que le había dedicado el kwami de la destrucción tras su fracaso; y había sentido su esperanza renacer durante un instante, para comprobar después que aquella chispa de incertidumbre removiendo sus heridas solo hacía que estas sangraran más y más, volviendo el dolor insoportable.
No podía dudar. No podía aferrarse a la esperanza. No podía arriesgarse a fallar otra vez: no con el recuerdo del cadáver de Adrien y el corazón roto y ennegrecido de su amada torturándole a cada beso que compartían. Se apartaría, y dejaría que el destino siguiera su curso. Estaba decidido, y no podía caer en la tentación de pensar que su amor y su felicidad eran posibles. Porque Sass había reconocido que no todas las historias entre sus portadores y los de Tikki habían sido felices: también había habido algunas con trágico final. Y no sería así esta vez. No por su culpa.
Con esa idea en la cabeza, apretó los dientes y respondió a los dos mensajes pendientes que tenía en el móvil. Luego se dejó caer sobre la cama, y cerró los ojos, dejándose vencer por el cansancio.
Sin embargo, eso tampoco resultó ser una buena idea, pues cada vez que caía en aquel duermevela su mente lo traicionaba llenándose de imágenes, de sentimientos, de sensaciones, de dulces recuerdos que eran solo suyos, pues Marinette, por más que los protagonizara, no los compartía.
Los besos, las promesas, los susurros, las caricias: todo volvía. El sabor de su piel, la forma en la que ella se estremecía bajo su tacto, la complicidad, las charlas, los cómodos silencios, los sueños de futuro. Incluso le parecía notar, reposando sobre su pecho, la púa decorada con la flor de cerezo que había llevado al cuello durante cada uno de aquellos días felices, ahora borrados, irreales, desvanecidos. El colgante que ya no pintaría para él, la fina cadena de plata que nunca le regalaría.
Los ojos se le llenaron de lágrimas y el corazón, de pesar. Esa noche la vería, ambos tras los antifaces, y tendrían que volver a trazar su plan para terminar con un villano cuya identidad ya no era una incógnita. Tenía que recordar los errores y ser fuerte. Aferrarse a ese dolor para estar seguro de no volver a fallar. Aprovechar, de una vez por todas, esa segunda oportunidad.
Porque tenía miedo de no poder soportar otro fracaso sin volverse loco.
La luna llena relucía en el cielo nocturno, sin que nube alguna osara opacar su fulgor.
Chat noir la contempló con aire melancólico. No había sido una mala tarde: Nathalie se había preocupado por él, y lo había animado a sincerarse con Marinette. No obstante, él había querido quedar antes con Luka, porque le parecía desleal hacerlo a sus espaldas; pero el chico se había limitado a excusarse por no poder verlo, y a darle carta blanca en el mismo mensaje, como si ya supiera lo que le iba a decir.
"Habla con ella, y dile lo que sientes. Tú mereces poder expresarlo, y ella, escucharlo de ti. Si Marinette quiere estar contigo, te aseguro que no me interpondré."
Sonaba sereno, comprensivo, maduro... y tan frío que lo desconcertaba. Casi habría preferido que se enfadara con él.
Después, había escrito el mensaje para Marinette algo así como un millón de veces, y lo había borrado en cada ocasión. Simplemente, se sentía incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Ya lo intentaría otra vez al día siguiente, lejos de la bienintencionada presión de Nathalie.
Sintió como alguien aterrizaba con agilidad tras él, y que enseguida lo seguía una segunda figura. Viperion, y Ladybug.
--¡Vaya! Qué coordinación.
--Y tú has llegado temprano, gatito --saludó la chica con una leve sonrisa tensa.
Los observó. Había algo diferente en sus miradas, en su voz. Lo recorrió un escalofrío: sin poder explicar por qué, intuyó que durante aquella conversación iban a salir a la luz cosas que no le iba a gustar escuchar.
Aguardó, expectante, preparándose mentalmente para afrontarlas. Fionna no tardó en llegar. Y Viperion, con gesto duro y palabras suaves, comenzó a exponer unos hechos que hubiera preferido no tener que escuchar jamás.
Continuará...
