Las semanas se sucediron. Rowena había sido testigo de dos evaluaciones a los profesores y había estado atenta a ellas. Umbridge no solo había comprobado los curriculumns de los profesores sino que había cuestionado la relación que tenían con el director. También los había puesto a prueba en sus campos y preguntado a los estudiantes. Rowena podía apreciar que ahí había algo escondido tras la profesionalidad que aparentaba. Se le notaba y eso que de todos quién era más perceptivo era Salazar. No se explicaba como nadie más lo había notado. Todos los profesores parecieron pasar el corte, menos Trelawey. Parecía que aquello estaba en regla si, y la había puesto en periodo de prueba. Pero Godric había atestiguado que se había ensañado especialmente en el interrogatorio con ella.
La cosa no se había detenido ahí. Había habido varias quejas por parte de algunos estudiantes respecto a castigos bastante arbitrarios por parte de Umbridge hacia algunos estudiantes; curiosamente estudiantes de origen muggle y estudiantes de familias que en el pasado habían apoyado publicamente a Dumbledore. Parecía un ataque contra el director, buscar castigar a los que lo habían apoyado sabiendo que estaba maniatado. Quitarle todos los apoyos que este tenía. Había podido notar que muchos salían mal de los castigos de Umbridge y también que esta comenzaba a limitar los derechos de asociacion, anular la potestad de otros respecto a los castigos haciendo que ella pudiese tener voto final y autoridad sobre los mismos... entre muchas cosas más.
La clase de defensa contra las artes oscuras, tal como habían imaginado se había convertido en un chiste. Ningún curso estaba aprendiendo nada. De primero a séptimo curso lo único que hacían era leer un libro que no decía más que tonterías sin utilidad práctica. Un libro que parecía destinado a adoctrinar a la gente y hacerla completamente inútil. Eso podía ver a dónde conduciría sin necesidad de usar su don. Toda una generación estará en peligro precisamente por no saber defenderse y, lo peor de todo era que eso mismo podía llegar a ocasionar que las siguientes generaciones tampoco supieran defenderse adecuadamente. Eso sería catastrófico.
Les había costado reunirse a los cuatro. Les había costado bastante. Habían tenido que ocultarse y acudir con disimulo al punto de reunión que utilizaban el curso pasado. El año anterior Helga no había podido correr el riesgo de entrar en el castillo por Moody quien al final resultó no ser Moody. Ahora con Umbridge vigilandolos a algunos de ellos, sobretodo a Salazar, era mejor no correr riesgos. Así que habían tenido que esperar para reunirse.
— En esta ocasión habéis tardado un poco —dijo Helga cuando estuvieron todos. Estaba acomodada junto a Salazar.
— Me esta vigilando. Cree que no me doy cuenta pero es así.
— Eres su objetivo —dijo Helga. Ella está detrás de lo de los dementores. No puedo probarlo pero lo sé.
— Apartemos eso por ahora —dijo Rowena. — Es importante pero lo más preocupante ahora son los estudiantes. Está recortando demasiados derechos. Temo que pueda incurrir en un "golpe de estado"
— No puede hacerlo si no puede tirar a Dumbledore —observó Godric. — Se que Dumbledore no es santo de tu devoción Salazar, de hecho yo no confío completamente en él. Pero no nos conviene que lo expulsen de Howgarts.
— Es una de las posibilidades que pueden suceder —dijo Rowena. —Hay varios caminos abiertos, varias posibilidades. Cualquier cosa puede ocurrir.
— El ministro está buscando la forma de arrestar a Dumbledore. Corren rumores en el ministerio. Ya sabéis que cree que Hogwarts es el centro de reclutamiento de Dumbledore para su orden — afirmó Helga.
— En cierta forma lo és — comentó Salazar. —Muchos de los miembros de la orden eran adolescentes que terminaron Hogwarts poco tiempo antes de unirsele. Algunos profesores forman parte de su club. Y si descubren que está mandando gente a vigilar el departamento de misterios tendrán su cabeza y la de otros tantos en bandeja. El ministro quiere negar la realidad y hará lo necesario para conseguirlo.
— No es lo único que te preocupa — mencionó observando a su amigo.
— Cierto. Sirius me comentó al final del verano que la orden está custodiando el departamento de misterios porque ahí está el motivo por el que Voldemort quiso matarme siendo un bebé. Dijo algo de mitos griegos a modo de pista. Creo que hablaba de profecias.
— El departamento de misterios guarda un registro de todas las profecías — dijo Helga. —Podría echar un vistazo, pero me llevará algo de tiempo.
— Si encuentras algo no lo toques. He oído que el departamento de misterios hechiza aquello que estudian para que nadie que no esté involucrado o registrado en sus objetos los toque sin sufrir las consecuencias —dijo Godric.
— Por desgracia, no conocemos ningún inefable — comentó Salazar. — Y, aunque lo conocieramos no podría decirnos nada. El señor Weasley me comentó que nadie sabe lo que hacen, que hacen un juramento en el momento empiezan a trabajar en el lugar. — Se encogió de hombros. — Sin embargo, parece que para algunas personas es sencillo deducir lo que se estudia allí. Al menos, las personas que han estado relacionadas en algún momento con el ministerio.
— Estudian el tiempo, el espacio, la vida, la muerte, las profecías y… el amor. — Sabía esas cosas de la cantidad de conspiraciones que su padre había destapado en el quisquilloso. Claro que, las publicaciones parecían chaladuras pero para quienes sabían leer podían saberlo. Era sencillo saber qué estudiaban, pero no el resultado de esos estudios. Todo ello era información clasificada. Personalmente no le gustaba eso de no compartir los conocimientos y la sabiduría adquirida. Por otra parte, sabía que había conocimientos que eran peligrosos.
— ¿No te dijo nada más, Salazar? — preguntó Helga.
— No. Dumbledore los ató con alguna especie de juramento. No había signos de juramento inquebrantable.
— Dumbledore parece tomarse demasiado interés en tener el control —observó mirándolos a los tres. — Sospecho que lo han alabado tanto que se cree su propia leyenda. Piensa que su forma de proceder es la correcta y es infalible. Pero no creo que vaya más allá de eso.
— No me fío de él —afirmó Salazar. — No me gusta que me utilicen.
— Yo tampoco me fio de él —dijo Helga.
— Todo lo que ha hecho no inspira una gran confianza — mencionó Godric. — Aunque algunas cosas son un tanto ambiguas. Creo que será mejor apartarlo de nuestras conversaciones, a menos que empiece a resultar molesto para nuestros objetivos. El tiene su agenda y nosotros tenemos la nuestra.
— Dices que es mejor que sean los propios estudiantes los que planteen el contragolpe, ¿No Rowena?
— Así es Salazar. Es lo mejor para ellos y será lo mejor a la larga. Que sepan cómo salir por si solos de situaciones difíciles.
— Pero aun así hay algo que podemos hacer. Podemos preparar el castillo para si Umbridge da ese "golpe de estado" que no pueda tomar posesión real del mismo — afirmó Salazar.
— ¿Hablas de hacer que el colegio la niegue al punto que un título sea un título vacío? —inquierio Godric. — ¿De activar las defensas del castillo contra ella?
— Exactamente.
— Eso puede atraer atención no deseada, Salazar — observó Helga.
— Todo depende —sentenció Rowena. —Se hace tarde. Mejor regresar antes que se den cuenta de nuestra ausencia.
Con las prácticas de Umbridge, pronto desaparecieron las risas en el castillo. Cada vez se asemejaba más y más a una institución de corte militar. Godric sabía que la mayor parte del profesorado evitaba en la medida de lo posible castigar a los estudiantes por las tonterías del código disciplinario que Umbridge quería implantar. Las leciones de defensa no mejoraron. Eran torturas semanales de lecciones sin sentido y muchos veían que iban a fracasar en el TIMO de defensa. Godric veía eso preocupante y que para la gran mayoría sería una realidad.
— Maldita vieja gárgola —escuchó protestar a Hermione. Su novia y una de las pocas que sabía la verdad sobre ellos. Sabía que se habían reencarnado. Se lo habían contado todo a ella y a Ginny cuando planeaban como encargarse de Moody. Le constaba que Rowena le había contado a Nott. Claro que ninguno sabía que eran ellos literalmente, sólo que tenían la consciencia de haber sido otros en el pasado y no una fusión de su yo del pasado y su yo presente.
— Respira hondo. Cuanto te alteras hablas tan rápido que no soy capaz de seguirte.
— No estamos aprendiendo nada. Y eso no sólo pone en peligro nuestro futuro al poner en peligro nuestros estudios. Eso nos pone en peligro.
— Eso es cierto. Independientemente de lo de Voldemort, no todo el mundo tiene buenas intenciones. Hay magos de todo tipo.
— Me gustaría hacerle frente, pero… yo no soy la más diestra en defensa, lo sois Harry y tu, y sin embargo parece que os mantenéis al margen.
— Harry es un objetivo de Umbridge. No hay más que ver cómo lo trata en clase. Está tratando de encontrar un pretexto para cargar contra él. En cuanto a mi… me estoy controlando para no actuar de forma exacerbada.
— Lo sé. También parece vigilarte, aunque menos. Tenemos que hacer algo. No podemos quedarnos de brazos cruzados.
— Cuando dices eso, es que algo tienes en mente. ¿Me equivoco, Hermione?. Tu mente está hilando algo.
— Si la profesora no nos enseña tendremos que buscar a quien nos enseñe. Por eso pensaba en vosotros dos. Dado que los pocos adultos que conocemos que podrían ayudar no se encuentran en el castillo y el resto de profesores está maniatado
— Todos somos estudiantes. Que captemos los conceptos antes no significa que estemos capacitados, aún con nuestros antecedentes.
— Lo se, Neville. Lo sé. Es sólo una idea. Necesitamos aprender, aunque sea unos de otros y cuantos más mejor.
— Imagino que querrás tranquilidad para madurar esa idea.
— Así es. ¿No te importa no?. Necesito consultar las normas originales de la escuela, porque los decretos de esa mujer no son tales. Solo le sirven para reafirmar una autoridad que no tiene. No los necesitaría si de verdad la tuviera.
— Vale. Te dejo tranquila. Avisame cuando lo tengas. Puede que nos unamos, aunque no como líderes.
Godric se levantó y salió de la sala común. Era fin de semana así que el toque de queda era un poco más flexible, aunque con las tendencias actuales del sapo rosa, como lo llamaba Salazar, no le extrañaria que fuese lo siguiente en ser tocado. Si se limitaban las libertades de la gente y las acotabas a espacios concretos sin poder reunirse unos con otros creabas una mayor incomunicación y, en cierta manera, favorecías la segregación bastante extendida ya. Aquello parecía encaminado a hacer todo lo contrario de lo que había recomendado el sombrero. Entró en la sala de los menesteres, donde estaban jugando al un antiguo y extraño juego egipcio Rowena y Salazar. En senet. Un juego que él nunca había entendido ni tenido interés en entender.
— Disculpad el retraso, estaba con mi chica.
— Tu que puedes — respondió Salazar alzando la vista del tablero. Al parecer acababa de perder el juego.
— Yo he quedado con Theo mañana.
Se acercó a ellos y tomó asiento entre ellos. Los miró con gesto serio. Una seriedad que únicamente adquiría en aquellos momentos en los que ocurría algo verdaderamente grave. La situación de la escuela era grave. Muy grave. Lo habían hablado ya anteriormente, pero la situación parecía ser cada vez más seria. Se complicaba por momentos.
— El golpe de estado parece cada vez más próximo —anunció con amargura.
— Me gustaría saber cúal es su próximo golpe. Entrar en su mente, pero no sería muy prudente. Estoy tratando de pasar desapercibido y no caer en sus provocaciones. La única forma de conseguirlo es estar a solas con ella, pero ¿como estarlo sin que sea un castigo? —comentó Salazar con el ceño fruncido.
Godric sabía a lo que se refería. Su amigo era uno de los objetivos de esa "profesora" así que no podía acercarse a la misma sin más. No era como el falso Moody el año pasado que buscaba ganarse su confianza. No. Esta había dejado claro desde el principio que quería acabar con Harry Potter.
— Tendrás que aguardar a que la oportunidad se presente —mencionó Rowena.
— Por el momento Hermione ha tenido una idea — dijo a sus amigos. — No está del todo desarrollada pero creo que planea algo grande. Se que su idea principal es aprender lo que se nos está negando este año.
— Así que la prefercta perfecta se va a saltar las normas —sonrió Salazar.
— No considera los decretos normas oficiales, creo que lo aprendió de ti — dijo Godric.
— Somos amigos desde el incidente del troll y en segundo se le ocurrió que hiciéramos la multijugos… Es muy pegada a las normas pero sabe cuando saltárselas y cómo hacerlo.
— O como voltearla a su favor — apuntó mirando a su amigo. — El caso es que por lo que me ha comentado tenía la idea inicial de que nosotros enseñemos. Lo cual acordamos que era contraproducente. Le he recordado que todos somos estudiantes y que sería mejor aprender unos de otros.
— Eso fortalecera las relaciones entre todos — murmuró Rowena. — Tenemos que colaborar sin tomar el liderazgo.
— Eso es otra cosa en la que tenemos que pensar. Lo otro… tenemos que echarla de aquí cuanto antes, conseguir que cometa un error y echarla. El problema es que lo que ella haga, como está como representante del ministerio, repercutirá en el ministro. Eso nos puede jugar tanto a favor como en contra — manifestó Salazar. — Fudge está jugando con fuego y en cualquier momento puede caer. Lo cual no estaría mal porque como líder es patético. Pero lo preocupante será el próximo ministro.
— Alguien promocionado por Malfoy sería catastrófico. Prepararía las cosas para que Voldemort controle fácilmente el ministerio —dijo Godric.
— Y nadie apoyará a ninguno que haya sido propuesto por alguien afín a Dumbledore — agregó Rowena.
— Si pudiéramos hacer que Voldemort saliese a la luz… sería suficiente para que nadie confiase en ninguno que en el pasado haya estado asociado con él. Aunque hubiese sido mediante "imperius"
— ¿Cómo piensas lograr eso, Salazar? — preguntó a su amigo.
— Habrá que forzar que haga su movimiento. Cuanto más tarde en conseguir lo que persigue, más se impacientará y al final se equivocará — sentenció Rowena. — Pero hay tiempo para eso. Un frente cada vez.
— Deduzco que quieres encargarte personalmente de eso — comentó mirando a su mejor amigo. — Bueno, esos juegos siempre se te dieron bien, Salazar.
Aquel fin de semana tenía lugar la primera excursión a Hogsmeade. Hermione le había informado que había citado a varios estudiantes en Hogsmeade para tratar el tema de defensa contra las artes oscuras. No le había concretado cuantas personas habían accedido a ir, lo que si le había comentado era el lugar, el pub cabeza de puerco. Un lugar apartado donde esperaba que no los viesen. Salazar no tardó en corregirla, señalándole que precisamente al ser un lugar de esas carcteristicas tanta clientela inusual al mismo tiempo atraería una atención indeseada. La noche anterior al día de la excursión, Hermione se le acercó en la sala común a propósito de la misma.
— He cambiado el lugar, tal como me sugeriste Harry. Será en un reservado de las tres escobas. He escrito diciendo que celebraremos un cumpleaños.
— Es una buena tapadera —admitió. —Por cierto, me he tomado la libertad de invitar a unos pocos Slytherin.
— ¿En serio Harry?. Se que confías en algunos de ellos pero…
— El resto tendrá que acostumbrarse. Es hora de derribar las barreras que separan unas casas de otras.
— Será una reunión movida.
— No podemos excluir a nadie.
— Lo sé. Pero muchos los senalaran como posibles traidores.
— Entonces habrá que asaegurarse que no los haya.
— Tengo un par de ideas preparadas al respecto. Verás… — Sacó un pergamino de su mochila y lo dejó sobre la mesa. —He estado preparando esto. Castigará a quien quiera delatarnos. No le he dicho a Neville, creo que no le agradará del todo.
— ¿Me permites?
Salazar examinó el pergamino. Tenía en el una serie de hechizos que hacían que quien firmase en él se comprometise a no revelar nada que pudiese ponerlos en peligro y, tenía una maldición que se activaba ante el que los delatase tatuandole en forma de sarpullido la palabra "chivato". Era algo brillante que lo hizo sonreír. No esperaba que Hermione tuviese potencial para tener una mente en ese aspecto. Era cierto que Godric encontraría eso cuestionable, pero aceptable después de todo. Era algo que había preparado un estudiante real después de todo.
— No está mal. Aunque yo le haría unas pocas modificaciones. En primer lugar tendría en cuenta que la maldición se activase ante aquel que nos delatase de forma voluntaria. Ambos sabemos que hay métodos mágicos para forzar la voluntad. Por otro lado agregaría un encantamiento más que hiciese olvidar todo a la persona en cuestión en el momento de delatarnos. Todo lo relacionado con el contenido de la reunion y lo que venga después de ella y se relacione con esta.
— Vale, veo lo que quieres decir.
— Hay algo más.
— ¿De qué se trata, Harry?
— Tendremos que decirles lo que estan firmando. Como medida de seguridad.
— Pero entonces no querrán firmar.
— Puede que quieran y puede que no. En caso que sea que no… bueno puedo ocuparme de cubrir ese aspecto. Eso sí, ellos no participarán de nuestro proyecto.
— Pero eso es…
— Injusto, lo sé. Las condiciones actuales requieren ese tipo de medidas.
— Trabajaré en ajustarlo para mañana.
Salazar tenía claro cómo cubrir el eventual problema que se les podía presentar. Sólo necesitaba avisar a Helga y comentarle la situación y lo que necesitaba. Que permaneciese oculta y desmemorizase a los que no firmaran. No tardó mucho en redactar la carta. En cuanto la tuvo llamó a Kreacher. Era más rápido así que por vía lechuza. Además que era algo urgente o semiurgente más bien. El extraño elfo les obedecía a ellos dos. Se habían ganado su lealtad y respeto cuando destruyeron el Horrocrux.
A la mañana siguiente, la esperó temprano en el exterior de la casa de los gritos. Tenían todo el día de excursión y la reunión era al mediodía. Así que había quedado temprano con Helga para contarle todo. No había sido muy específico en la carta. Prefería contarselo todo cara a cara. En cuanto terminó le entregó la capa de invisibilidad para que se mantuviese oculta. Ella estaba de acuerdo en facilitar el que los estudiantes se revelasen. Hogwarts era después de todo un santuario para que pudiesen aprender magia. Y los estudiantes querían aprender magia. Eso entraba en que tomasen las riendas de su propio destino. Pasó la mañana junto a ella conversando, hasta que se hizo casi el mediodía; la hora en la que había quedado con el resto. Fueron juntos, aunque ella iba bajo la capa de invisibilidad que le había prestado. Supuso que ella se había quedado junto a la puerta del reservado que les habían asignado; el resto se reunirían alrededor de una gran mesa. Poco a poco fueron llegando varias personas. En total una veintena de estudiantes o un poco más. No estaba mal para empezar.
— ¿Qué hacen estos aquí? —preguntó Ron al ver llegar a Draco, Theodore y Blaise.
— Yo los invité —afirmó con calma y firmeza. Había hecho la oferta a Draco y a Theodore a sabiendas que a este último le había comentado algo Rowena. Imaginaba que a Blaise se lo había dicho alguno de los otros dos.
—Son Slytherin.
— ¿Y?, estamos de todas las casas —dijo Hermione. — A todos los que estamos aquí nos interesa lo mismo. Todos estamos preocupados por el rumbo que está tomando defensa contra las artes oscuras. Tenemos que tomar cartas en el asunto. Debemos hacer algo por el bien de nuestra propia formación y por lo que pueda pasar en el futuro.
— ¿Cómo vamos a aprender sin un maestro? —dijo Zacharias Smith. —¿quien va a darnos clase?¿Potter? Todos sabemos que el año anterior estuvo robandole la fama a Diggory y seguramente le haría algo para que todos lo creyesen loco.
— En realidad, todos podemos aprender de todos —dijo Salazar ignorando al chico. No le inspiraba mucha confianza. Pero no sabía cuánto de esa falta de confianza se debía al chico en sí o se debía a la historia, al pasado de la familia del chico. Lo que tenía claro era que era alguien a quien vigilar. Ron y la mayoría de los Gryffindor veían a los Slytherin como una amenaza; Salazar veía una potencial amenaza en ese Hufflepuff. Aunque podría ser que se equivocase. No siempre acertaba y sus errores podían ser muy peligrosos.
— Si, ya —espetó Smith. — Eso no son más que estupideces. Esto es una pérdida de tiempo.
— Si eso es lo que crees, puedes no estar aquí —dijo Rowena.
— Cierra el pico, Lunática — espetó Smith.
Antes que nadie hiciese o dijese nada, Nott agarró a Smith del cuello de la camisa y le apuntó con la varita. Todos se quedaron mirando en silencio. En parte Salazar lo estaba disfrutando en parte. Estaba bien que alguien estuviese dispuesto a defender a una de sus amigas de aquella forma. Pero había que detener la pelea.
— Nott. Déjalo. Pelear no nos servirá de nada —dijo Godric —Smith, o te sientas a escuchar o te largas.
— Me largo, pasó de estar con vosotros. Disfrutaré cuando os castiguen a todos.
Salazar se alegraba de haber tomado la medida de seguridad adecuada. Smith no recordaría nada de aquella reunión ni del propósito de reunirse. Eso les daba seguridad. No era ilegal reunirse para hablar de una materia. Ni siquiera estaba en contra de los decretos porque estos sólo tenían ámbito de aplicación en Hogwarts.
— No os preocupéis. Después de todo, estamos celebrando un cumpleaños —dijo con una sonrisa. —Eso no es ilegal.
— ¿Cuál cumpleaños? —preguntó Ernie. — Me parecería mucha casualidad que uno de todos los que estamos aquí fuese su cumpleaños
— Puedo ser yo misma —dijo Ginny. —O podría ser Hermione o cualquiera. Celebrarlo se puede celebrar cuando se quiera.
— Mi hermana y yo cumplimos la semana pasada —dijo Padma. —Tenemos amigos en todas las casas —agregó lanzando una mirada coqueta a Blaise.
— Solucionado eso… Hermione, continúa.
— Bien. Es importante que aprendamos a defendernos por nosotros mismos. Aunque lo que tengamos afrontar inmediatamente sean tan sólo unos exámenes; cualquier cosa con lo que podamos formarnos es verdaderamente importante.
— ¿Cómo piensas que podremos aprender unos de otros, Granger? — preguntó Draco.
— Siempre hay quienes pueden dominar unos hechizos mejor que otros o quienes entienden ciertas magias mejor. La idea es poder apoyarnos unos a otros, estudiar todos juntos. Que todos seamos el motor para avanzar de los otros.
— Somos muchos. Será dificil pasar desapercibidos — observó Susan Bones.
— Encontraremos el lugar adecuado — aseguró Godric. —En cuanto lo tengamos os lo comunicaremos. Tan sólo necesitaremos un representante de cada casa. Alguien que se comprometa a hacer de enlace. A fin de cuentas, se trata de ser discretos.
— No tenéis que decidirlo ya. Habladlo entre vosotros —dijo Salazar. Eso era importante pero no necesario de inmediato.
— Antes que sigamos, quisiera pediros que firméis con vuestros nombres en esta hoja de pergamino. Quienes firméis os comprometeis a no revelar nada de lo que hacemos, quienes somos ni donde nos reunimos. Nada de nada. El pergamino está preparado tanto para garantizar que no podáis revelar nada que no queráis realmente revelar y también para castigar a quien lo haga — explicó Hermione.
— En pocas palabras. Esta hechizado — Tradujo Theo con una sonrisa en los labios que compartían también Draco y Blaise.
— Impresionante Granger. Un contrato. No esperaba este movimiento de ti —afirmó Draco.
— ¿Donde hay que firmar? —dijo Blaise.
— Eso es cruel —dijo una chica de Ravenclaw que había acudido con Cho Chang. — Y seguro que ilegal.
— Quieres que firmemos un documento que nos puede maldecir. ¿De que sirve esta reunión si nos decís que no confiais en nosotros. Yo no voy a firmar.
— Es un seguro —dijo Hermione. — Nadie espera que nadie de aquí hable de lo que planeamos y haremos, pero siempre es conveniente tener un seguro.
— Todo negocio se cierra siempre con un contrato, y las asociaciones serias también suelen hacerlo —afirmo Ernie Macmillan. Por lo que Salazar sabía, el padre del chico tenía varias empresas y participaba en más de una asociación.
— Me dá igual lo que digáis, no pienso firmar eso; y no te recomiendo firmarlo Cho —insistió la amiga de Chang. — A saber lo que nos están dando realmente.
— Al menos han avisado. No todos suelen hacerlo — razonó Terry Boot.
— Es una locura igualmente. Vamonós Marietta. Nadie merece tanta locura —dijo Chang. Salazar pudo notar la mirada que le daba. La ignoró deliberadamente. Sabía qué significaba y le resultaba extraño. Hasta dónde sabía, Chang estaba con Cedric.
La marcha de esas dos chicas supuso un nuevo silencio. Salazar se preguntaba si alguno más se alzaría para marcharse o si saldrían más pegas. Suspiró, cogió la pluma y escribió su nombre en el pergamino. Poco a poco el resto fueron firmando.
— ¿Y si nos delatan? —preguntó Justin Finch- Fletchey tras firmar.
— No lo harán Justin, no os preocupéis por eso. No tienen realmente pruebas y no tendrán acceso a ellas — afirmó Hermione.
La reunión había concluido. Poco a poco todos fueron saliendo del lugar. Aquello estaba hecho. Salazar sonrió. Los alumnos comenzaban a tomar realmente las riendas de Hogwarts y estaba seguro que el castillo les ayudaría a hacerlo
