84. No me lo perdería por nada.
Hinata miró el techo de su habitación con cansancio, no podía conciliar el sueño entre tanto ajetreo que llevaba su mente. Su cuerpo cansado le pedía descanso pero su mente activa, asimilando todo lo pasó en esas remotas semanas, le impedía un sueño profundo. Seguramente Neji al día siguiente la reprendería por la falta de concentración que la somnolencia le traería.
No obstante, a pesar de los regaños que le esperaban más tarde, se levantó del futón. Traspilló al levantarse, adolorida del cuerpo por la cantidad de entrenamiento a la que estaba siendo sometida. Entrenaba cuatro veces al día, una hora antes de tomar el desayuno, tres horas después de tomarlo, una sesión de estudio con su padre de cuatro horas, comida, otro entrenamiento menos intenso de ninjutsu básicos de una hora, estudio de dos horas más y antes de irse a la cama, una hora más de entrenamiento. Hanabi de igual forma quería seguir el ritmo, y a sorpresa de su padre y Hinata lograba hacerlo, pero cada día que pasaba se notaba más agotada por lo que al final decidieron que solo tomara dos entrenamientos por día.
—Hinata-sama, ¿qué haces despierta? —preguntó Neji, sorprendido de verla. Al parecer apenas estaba yendo a la cama. —No aguantarás el entrenamiento de mañana si no descansas apropiadamente.
—Lo sé, hermano Neji. —contestó Hinata. Pensó en mentirle, diciendo que iría por un vaso de agua. No obstante, al ver que comenzaba a preocuparse por ella, difirió. — ¿Quisieras hacerme compañía?
— ¿Eh? —Neji parpadeó, tomando un suave rubor en sus mejillas.
—Me siento algo preocupada sobre el futuro del clan. —confesó Hinata, rascándose la mejilla derecha, apenada de tener que admitirlo. —Pero estoy segura de que si hablo un rato contigo, hermano Neji, podré calmar esos pensamientos.
Neji relajó sus hombros, dándole una tenue sonrisa. —De acuerdo, Hinata-sama.
Al llegar a su habitación, Hinata sacó otro de los futones limpios, acomodándole a varios centímetros del suyo. Neji rascó su nuca, murmurando que no era necesario que se tomara tantas molestias la heredera del clan. Hinata en cambio parecía feliz haciéndolo, y cuando terminó, fue a sentarse en su propia colchoneta, ofreciéndole con una mano la contraria a su primo. Neji agradeció ya haber estado aseado y cambiado para entonces, no tenía muchas ganas de hablar, su cuerpo estaba más cansado debido a que era sometido a un entrenamiento mucho más duro, para que pudiera perfeccionar las técnicas y enseñárselas a Hinata después.
— ¿Qué es lo que te preocupa, Hinata-sama? —preguntó Neji, metiéndose entre las abrigadas colchas. Estaba demasiado cómodo en ese lugar. Hinata en cambio permanecía sentada, contemplando a su primo con una sonrisa.
— ¿Crees que yo deba heredar al clan Hyuga? —comentó ella, dando un suspiro final. —No me siento preparada.
—Fuiste tú quién se lo pidió a tu padre. —respondió Neji, contrariado.
—Sí… —Hinata apretó los labios. —Pero… a pesar de que me gusta como mi padre me ve, lleno de orgullo. Una parte de mí no sabe si podré con la carga.
Neji comenzó a cerrar los ojos, escuchando parcialmente lo que Hinata le decía.
—Estarás bien, Hinata-sama. Yo estaré a tu lado en todo momento. —confesó, girando la cabeza a ella. Hinata estaba mirando por la ventana de su habitación. —Cuidaré de ti. Y te aconsejaré de la mejor manera que pueda.
Hubo varios minutos sin respuesta, Hinata sentía el frío penetrarle los huesos. Decidida a dormir, volteó a su primo, él ya estaba en un sueño profundo. La chica Hyuga sonrió, acomodándose en su propio futón, observándolo una vez que estuvo acomodada. La frente de Neji aún tenía la marca maldita. ¿Aún se sentiría como un ave enjaulada? ¿Neji podría comprender como se sentía Sakura? Hinata suspiró, cerrando los ojos, buscando dormir.
—La libertad… nunca pensé que sería tan difícil de conseguir. —murmuró, volviendo a mirar a Neji. —Seguramente tu serías un mejor líder que yo, hermano Neji.
Hinata extendió su brazo a él, sin lograr alcanzarlo, así que volvió a encogerla, metiéndola entre las colchas. Se dio media vuelta, dándole la espalda a Neji y siguió contemplando las poquísimas estrellas que se veían en el cielo. Si bien era cierto que apenas estaba aprendiendo sobre política, acuerdos y como manejar al clan; su verdadero plan no podía esperar mucho más tiempo, faltaba un mes para que la ejecución se llevara a cabo. Y, para entonces, ya debería al menos poder mover los hilos dentro de los Hyuga.
Se sentía demasiado presionada.
Pensó entonces en las palabras de Shino. "Hay cosas que no puedes hacer por amor." ¿Cuánto estaba dispuesta en sacrificar por ese amor no correspondido? Si bien la sonrisa de Naruto conseguía que se mantuviera motivada, algo dentro de su interior, comenzaba a poner un alto a esos sentimientos.
Estaba cansada de ver la espalda de una persona que jamás voltearía a mirarla.
Hinata sintió sus ojos aguarse, sin querer las lágrimas comenzaron a escurrir; al menos agradecía que Neji estuviera dormido. No quería preocuparlo todavía más.
"Te protegeré a ti y a todo lo que amas."
Con ese recuerdo, al fin sucumbió al sueño.
—.—.—.—.—
Ino bostezó, eran las seis de la mañana, el frío aún congelaba los huesos de las personas que se dignaban a salir. Por eso mismo llevaba un abrigo morado, que llegaba hasta sus rodillas, hecho de lana que la calentaba de más. A su desgracia, la hierba dejaba impregnadas algunas basuritas en su abrigo, por lo que se sintió más fastidiada cuando llegó frente a la cabaña y notó que ahora parecía haberse arrastrado por la tierra. Se sacudió superficialmente y entró al lugar. La cabaña se sentía calientita por el fuego de la chimenea, donde junto a ella, se encontraba un bulto cubierto hasta la cabeza con las cobijas. Sai.
La chica no tuvo el menor interés en despertarlo. Se dedicó a contemplar sus obras, los lienzos que ahora decoraban las paredes antes vacías. A disgusto de Ino, notó que había comida rezagada en la mesa, con algunos mosquitos de fruta rondando entre ella. Disgustada le dedicó una mirada ácida a Sai.
—De verdad, que seas hombre no significa que puedas ser sucio. —protestó Ino, tomando la bolsa negra de basura y llevando todo lo de la mesa a ella. —Si fueras mi novio te pondría limpiar desde ahorita.
—Pero no lo soy. —contestó Sai, aún oculto en las cobijas.
— ¡Si estás despierto ven y limpia esto! —gritó Ino, enojada.
—Tengo frío. —dijo el chico, removiéndose para solo sacar la cabeza, observando a Ino con una nada disimulada pereza. —Necesito un abrigo como el tuyo.
—Shikamaru te trajo uno. —Ino chasqueó la lengua, paseándose por la habitación, lanzó un abrigo a Sai. —También ropa. —luego puso los ojos en blanco. — ¿¡No te has cambiado todavía tu ropa!?
—La ropa del chico Nara me queda grande. —Sai dirigió la vista al techo, ignorando los desplantes contrarios. —Además no es cómoda. Preferiría el uniforme de Konoha.
— ¿Qué parte de exiliado de Konoha es difícil de comprender? —suspiró Ino. —Como sea, levántate.
—No quiero, hace frío.
— ¡Vamos, no hace tanto!
—Los cerdos no tienen frío. —Sai se dio vuelta de costado, enfurruñado.
Ino sintió que se reventó un diente por la fuerza con la que apretó la mandíbula. Sai aun viendo el fuego de la chimenea, sintió una presencia maligna ascendiendo detrás de él. Justo cuando algo iba a ser estampado en su cuerpo, dio un saltó fuera del futón, alejándose del peligro. La bolsa de basura ahora estaba en su cama, causándole decepción, debido a que era la única que tenía y ahora estaría apestosa.
— ¿Cómo me llamaste? —preguntó Ino, atrayendo la atención de Sai. Sentía el peligro.
—Dije que los cer—un kunai quedó clavado en la pared detrás de él, mientras Ino, aún con su sonrisa, sostenía otro entre su dedo anular, haciéndolo girar en círculos. —…los cerdos…—y otro más. —…no tienen…—y esta vez no fue un kunai, tuvo que esquivar una de las sillas de madera, siendo que un trozo rebotó unos centímetros más lejos. Sai abrió la boca para completar la frase, pero se dio cuenta que lo único que queda por lanzar eran sus lienzos. —Nada. —bufó, con una sonrisa seca en su rostro.
Ino que estaba emocionada por comenzar a lanzar las pinturas, solo tiró al suelo, de mala gana, la que tenía en sus manos.
—Eso pensé. —reprochó ella.
Sai miró a su alrededor, ¿por qué siempre terminaban así? Es decir, Ino era más fácil de tomar el pelo que a Shikamaru. El chico usualmente ignoraba todo tipo de conversación que quisiera tener, se dedicaba a dormir o a formar estrategias, que entre murmullos, interrumpían la inspiración de Sai al estar pintando. En cambio, cuando Ino estaba, las cosas que tenía la cabaña se rompían con mucha facilidad. Ya había arreglado esa silla cuatro veces.
También se había dado cuenta que a comparación de Shikamaru, Ino no lo miraba con cautela. Es decir, por su lenguaje corporal estaba preparada para recibir un ataque en cualquier instante, pero sus ojos se mostraban francos cada que le dirigía la palabra. A decir verdad, Sai tenía curiosidad del porqué. Él traicionó al equipo siete, puso la vida de Sakura en peligro, la cual hasta donde tenía entendido significaba demasiado para la joven Yamanaka.
—Toma. —ofreció Ino, extendiéndole el abrigo negro que Shikamaru llevó para él la anterior ocasión. —De verdad, no sé porqué te haces del rogar.
Sai lo tomó, rozando suavemente los dedos con ella. Su piel era suave.
—Pero tienes razón, la ropa de Shikamaru no parece congeniar contigo. —Ino llevó una mano a su quijada, observando la ropa holgada de Sai. —Parece que tiene más músculos que tú.
Intentaría no sentirse ofendido con eso.
—No te preocupes, mañana te traeré ropa adecuada. —sonrió ella. —Y… nuevos lienzos.
El chico se sorprendió, siempre esperaba hasta que ella se marchara para comentarle que necesitaba nuevos cuadernillos, pinturas, pinceles, lienzos o lo que fuera. Ino siempre volvería con ellos al día siguiente sin protestar. Sai sabía que aquello era porque Danzo les proporcionaba el dinero suficiente para cumplirle cualquier capricho, pero no podía evitar sentirse… satisfecho. No estaba seguro de que fuera esa emoción, pero era con la que más lo relacionaba.
—Podrías traerme algo más. —dijo. Ino volteó a mirarlo con descontento plantado en su rostro. —Libros.
— ¿Libros? —preguntó ella, extrañada. —Shikamaru…
—Son especiales. —cortó Sai, sacando una lista que llevaba en su pantalón. Ino tomó la hoja extendida, mirando los títulos; no pudo evitar su rostro de sorpresa. —Quiero entender como funcionan las personas antes de morir. —explicó Sai al ver su confusión.
— ¿Para qué? —las palabras brotaron antes de que Ino pudiera pararlas.
—Saciaría mi curiosidad. —contestó él, como si fuera lo más evidente del mundo. —Cuando tienes dudas de algo, recurres al conocimiento, ¿no? ¿Qué mejor conocimiento que el que te ofrecen los libros?
Ino hizo una mueca con los labios, guardando la nota en su bolsillo. —Puedo ayudarte, si quieres. —pero su voz no sonaba del todo convencida. —Dime que quieres entender.
Sai alzó una ceja, no había previsto ese movimiento por parte de ella. Algo estúpido a decir verdad, siendo que Ino le devolvió la libreta aun cuando estaba capturado y ella era la única que mantenía conversación con él, a pesar de la traición. Observó como Ino se apresuró a sentarse en una silla, esperando que él limpiara todo el desastre causado y que al mismo tiempo le contara sobre como no podía entender los sentimientos de las personas. Sin duda las mujeres de Konoha eran muy extrañas.
—Esa chica… Sakura. —comenzó y de reojo pudo notar como la expresión apacible de Ino comenzaba a agriarse. Sai levantó la silla que anteriormente la chica arrojó, una de las patas estaba rota. — ¿Por qué es tan importante para ti?
— ¿Eh? —Ino parpadeó, entreabriendo la boca. —¿Qué?
—Entiendo el porque de Naruto y Sasuke… creo. —Sai frunció la boca, remarcando su inseguridad. —He de suponer que ha hecho varios lazos aquí en Konoha. No obstante, tú pareces igual que ellos dos o que el chico de las cejas enormes, en cuestión de arriesgar todo por ella. ¿Por qué?
—Porque es mi amiga. —masculló Ino, desviando la mirada al suelo.
— ¿Los amigos dan la vida por los demás? —en la pregunta de Sai había genuinidad.
— ¿Por qué crees que Naruto, Sasuke y Lee lo están haciendo entonces?
—Porque la quieren como mujer. —confesó sin darle demasiada importancia. —Una mujer fuerte debería estar con un hombre fuerte, ¿no? El que la consiga, será el más fuerte de ellos. Aunque si te soy sincero, creo que el mayor de los Uchiha tiene más probabilidades de quedársela. A ella parece agradarle.
Ino quedó estupefacta, con la boca bien abierta y los ojos saliendo casi de sus orbitas. No podía creer lo que estaba escuchando.
—Sakura no es un trofeo que ganar. —espetó con resentimiento.
— ¿No lo es?
— ¡No! —reclamó de inmediato, volviéndose a poner de pie violentamente.
Sai hizo un gesto desdeñoso. — ¿Entonces por qué sacrificarse tanto por ella?
— ¡Porque la quieren! ¡Porque la respetan y admiran, idiota! —bramó, haciendo un desplante con su pie, golpeó el suelo con fuerza. —Porque Sakura… —Ino se quedó callada, volviéndose a sentar de golpe. —, es maravillosa.
— ¿Te gusta? —Sai alzó una ceja sin comprenderla del todo.
—Sí. —afirmó Ino. Se recargó sobre su mano, apretando su mejilla y mirando en otra dirección. —Ella es muy especial para mí. Es mi mejor amiga. Y… mi primer amor.
El chico sin sentimientos parpadeó, albergando el primer rastro de emoción que Ino reconoció como estupefacción. —Pero… —luego recobró la compostura. —fue cuando fingió ser chico, ¿no? —recordó.
—Sí. —confesó Ino. Extrañamente se sentía muy platicadora ese día, quizás porque pensaba que de esa forma Sai podría tenerle un poco más de confianza. En todas semanas apenas habían logrado un avance en él, y el juicio de Sakura se acercaba a pasos agigantados. —Siempre dije que me gustaba Sasuke, pero Sakura… me gustaba poder defenderla y que dependiera un poco de mí. Podría cuidarlo.
—Sería un hombre muy manso, ¿no?
—No es malo. —respondió Ino. —Es decir, los hombres fuertes y valientes son atractivos y endemoniadamente sexis. —confesó, con una sonrisa coqueta. —Pero… son estúpidos. O al menos la mayoría lo son. Antes pensaba que si tenía un hombre fuerte conmigo entonces nada podría pasarme.
— ¿Y no es verdad?
—No. —respondió Ino, clavando la mirada en Sai. —Decidí que no quiero a alguien que me proteja, quiero a alguien con quien pueda pelear a su lado. Ambos deberíamos ser capaces de complementarnos. ¿No?
— ¿Podrías darme un ejemplo?
A percepción de Ino, ella notó que Sai de verdad parecía interesado. No por ella o su tipo de hombre ideal, más bien, estaba intrigado en la filosofía detrás de su pensamiento. Y tenía razón, Sai en su mente comenzaba a procesar las palabras contrarias, seguro que con los libros podría perfeccionar el entendimiento del mismo. Las únicas mujeres que conoció eran Anbu, con las misma capacidad de apreciación que él en cuanto relaciones afectivas. Nula. Así que era bastante interesante conocer los sentimientos de una mujer común, como Ino.
—Shikamaru. —dijo Ino, luego de pensarlo un poco. —Aunque no lo apreció de forma romántica, él y yo hacemos un buen equipo, junto a Choji. Los tres cuidados nuestras espaldas. ¡Como Sasuke y Naruto! —se apresuró a añadir. —Trabajaste con ellos, viste como encajan a la perfección.
—Ya veo. —Sai se quedó pensativo un buen rato, por lo que Ino dio por terminada la conversación.
Mientras el hombre terminaba de asear su cama. Ino se sentó cerca del fuego, calentando sus manos. Era cierto que hacía demasiado frío en esa cabaña. No sería raro encontrar a Sai congelado en alguno de los días siguientes. Así que decidió comprarle ropa más abrigada cuando fuera por los lienzos y libros perdidos. Mientras Sai salía a la puerta para sacudir el futón, Ino notó que el libro que antes le devolvió estaba cerca de la chimenea, por lo que curiosa, como siempre, lo volvió a tomar entre sus manos.
—Eso es mío. —comentó Sai, aunque su voz no remarcaba reproche. Sonaba plana, como siempre.
— ¿Quién es él? —preguntó Ino, mostrando el dibujo de Shin.
Él dudo por un momento, quería quitarle el libro de las manos.
—Mi hermano. —contestó al fin.
—.—.—.—.—
Karin bufó con molestia, observando que Suigetsu seguía tratando de atrapar un pez. Jugo en cambio parecía tranquilo como siempre, con un avecilla en su hombro. Se levantó de mala gana y caminó, pasando en su camino a Sasori y a Itachi Uchiha.
— ¿A dónde irás? —preguntó Suigetsu, mientras los demás la ignoraban.
—Qué te importa. —reprochó Karin, siguiendo con su camino.
— ¡Si alguien te atrapa no iremos por ti! —bramó él.
Poco o nada prestó de atención Karin a sus palabras. Apestaba a todos ellos ese lugar. Se internó en el pequeño bosque en donde se encontraban. Ya había pasado demasiado tiempo desde que Sasuke fue capturado por Konoha, y a pesar de que el equipo había decidido rescatarlo, cuando estaban a punto de hacer el ataque fueron interceptados por el hermano mayor de Sasuke y el titiritero. El primero de ellos les ordenó aguardar, diciendo que pronto tendrían una oportunidad de rescatar a Sasuke. Aunque Karin tenía la sospecha que su hermano no era al único que Itachi quería rescatar.
—Sakura Haruno. —bufó, apretando los labios en una delgada línea.
Aquella niña que una vez miró en el hospital sonriendo tontamente a Sasuke se había convertido en todo un dolor de cabeza. Usualmente no le prestaría atención, pero Sasuke la observaba con tanto apego que a Karin se le partía el corazón en mil pedazos, porque ella quería que el Uchiha la mirara con esa devoción. ¿Qué tenía esa chica para empezar? Era bonita, sí. Pero no hermosa. Solo era una cara común.
Pese a eso, Karin sabía que Sasuke no se habría enamorado de ella solo por su físico. Y eso era lo que más le ardía en el pecho. Porque… ¿qué probabilidades tendría si a Sasuke le gustaba toda Sakura Haruno por dentro y por fuera? ¡Ninguna! ¿O sí?
Suspiró.
—Te rescataré, Sasuke. —murmuró ella, en posición de cuclillas dibuja en la tierra circulitos que pronto tuvieron caritas sonrientes. —Como tú me rescataste a mí. Y… solo entonces podré luchar por ti.
Se levantó de nuevo, pisando las caritas que antes dibujo, dispuesta a buscar algo de fruta para satisfacer su hambre.
—.—.—.—.—
—Sakura. —llamó Sasuke, notando sus movimientos. Ella se había estado removiendo incomoda desde hace un buen rato, aunque sus meneos eran suaves, casi imperceptibles. Sasuke siendo el ninja que era, los detectaba en un santiamén.
— ¿Qué? —respondió ella, seria.
—Estás incomoda. —dijo él.
— ¿Y?
—Ve a dormir. —mandó.
—No.
—Ya te dije que no necesito que estés cuidando día y noche la puerta. Kakashi-
—Sensei no está de guardia hoy. Estaría aquí, con nosotros. —intervino Sakura, removiendo su cuello. —Guy-sensei está alistándose para una misión con su equipo. Tsunade-sama está con Jiraya. Y… Naruto ya no volverá a venir. —decretó, pronunciando este último nombre con un titubeo en su voz. —Hay un Anbu afuera, el cual no conocemos.
—El cual no entrará.
—Me aseguraré de eso. —decretó con acidez.
— ¿Podrías dejar de ser tan terca? Desde ayer que no duermes.
Sakura volteó a él, y aunque Sasuke no podía verla, sintió la mirada cargada de molestia. Ella chasqueó la lengua y volvió a dirigir su cabeza a la puerta. Sasuke suspiró, insatisfecho. No conversaban desde aquella ocasión, más que un cruce de pocas palabras, usualmente de Sakura informando como iba el plan de Tsunade y Jiraya. Ambos se mantenían alejados lo más que podían del otro, pero en aquellos poquísimos días donde Kakashi no estaba de guardia, ni nadie quién conocían, Sakura se levantaba de su esquina de siempre y se sentaba de golpe unos metros frente a la puerta, esperando a que en cualquier momento Danzo apareciera y quisiera llevarse a Sasuke. Él no lo comprendió al principio, sobre todo porque pensaba que dio por terminada toda su relación.
—Si te molesta, duérmete. —ordenó Sakura. —Así no te percatas de mí.
—Saku…
—Ni me hablas.
Ella no se giró a él, seguía contemplando la puerta como si fuera lo más maravilloso del mundo. Sasuke apretó los dientes, molesto por la respuesta. Parecía que volvían a aquellos días donde el equipo siete comenzaba formarse, solo que esta vez, diez veces mas hostil que antes.
La tensión era demasiada cada día que pasaba. Sakura no había querido cambiar de habitación a pesar de que Kakashi se lo ofreció. Quería asegurarse de que Sasuke no corriera ningún peligro. Mientras que, por el lado de Sasuke, él tampoco acepto separarse de ahí, murmurando algo como que era su "adiós" a Sakura. Una mentira que Kakashi pudo descifrar a kilómetros.
— ¿Cuándo parte Jiraya? —preguntó Sasuke, luego de que pasaran al menos dos horas.
—En una semana.
Sakura entrecerró los ojos, el cansancio comenzaba a ganarle. Además ese día ni siquiera les llevaron el desayuno, siempre pasaba así cuando alguien que no conocían los cuidada. Es decir, Sakura tampoco quería atención super especial, pero sí al menos que no la privaran de la comida. Moría de hambre. Y a pesar de que Sasuke se mostraba apacible, su estomago lloraba de vez en cuando, causando un espasmo en la mejilla del joven.
Volvió el silencio, y permaneció así por varias horas más. Al menos hasta que la cena llegó, con Shizune disculpándose por la falta de cuidados del ninja de afuera. Sasuke y ella comenzaron a comer casi de inmediato, aprovechando aquella oportunidad también para ir a hacer sus necesidades.
En cuando Sasuke salió, Sakura miró la celda, se sentía mucho más solitaria. Unas gotas caían del techo, debido a la humedad que seguro la provocaba la lluvia.
—Extraño las estrellas. —suspiró Sakura, volviendo a la esquina de siempre ahora que sabía que Shizune los estaría cuidando esa noche. Sucumbiendo al sueño.
—.—.—.—.—
—Hey, tú. El mocoso de cabello rubio que parece que no se lo ha lavado por tres semanas. —llamó Jiraya, desde la derecha. Estaba refugiándose de la lluvia en una marquesina de un puesto de dangos. Naruto que apenas comenzó a sentir como lo golpeaba el agua, corrió a esconderse con él, aunque su sudadera ya estaba mojada de los hombros.
— ¿Qué haces aquí, Ero-sennin? —preguntó, algo aliviado de verlo. Su mente estaba hecha un desastre así que cualquier conversación le vendría bien.
—Veo a un idiota que pretende ser un lobo solitario. —respondió él, mirando la lluvia. Naruto se ruborizó.
— ¡No pretendía eso!
—Ya. ¿Estás queriendo practicar tus pintas para Sakurita? —se burló Jiraya. —Déjame decirte que imitar a Sasuke, no te vendría bien. Probablemente ella te de un golpe.
Naruto extrañamente se quedó callado. —Sakura y yo… ya no…
—Las peleas entre mocosos apenas duran tres días. Una semana por mucho. —cortó Jiraya, sabiendo sus intenciones. —Cuando menos te das cuenta ya están riendo de nuevo, agh, a veces me encantaría volver a ser uno. Resolver todo con una sonrisa y darse la mano para dejar el pasado atrás pero nunca olvidarlo. Los adultos somos más complicados, ¿sabes? Una vez que un amigo te quita todo el dinero para apostar y en una semana te pide más, es difícil volver a ser amigo de alguien así.
— ¿Dices que mis problemas…?
—Son de unos mocosos idiotas. —sonrió Jiraya, revolviendo los cabellos semihúmedos de Naruto. —Y los mocosos idiotas deben comportarse como tal. Aun les quedan unos años de juventud, no deberían desperdiciarlos en disputas tontas.
—Sakura fingió su muerte. —reprochó Naruto.
—Buscando protegerte. —recalcó Jiraya. Naruto echó la cabeza para atrás, contrariado por la respuesta. — ¿Lo ves? Decisiones de una niña tonta. Igual que Sasuke, al dejarte. Son todos unos idiotas tus amigos. —Jiraya apretó los labios, negando con la cabeza. —Tú eres un idiota.
— ¡Ya basta! —se quejó él, poniendo los ojos en blanco.
—Deberías estar enojado… sí. —comentó Jiraya, más al aire que a Naruto. —Deberías dejar de lado los lazos que formaron… no, eso no parece correcto.
—Si Sasuke y yo seguimos con Sakura, entonces estará siempre en peligro.
—Incluso si no lo hacen, ella es un ninja, su vida seguirá en peligro. —Jiraya volteó a Naruto, él estaba enfurruñado con la boca fruncida y cejas hacía abajo. —La única diferencia es que podría estar sola con ninjas que priorizarán la misión antes que a ella ó acompañada, con un dúo de tontos que preferiría fallar en todas las misiones del mundo antes de que alguien se atreviera a tocarla.
—Ero-sennin.
—Un trío de idiotas, es perfecto, ¿no? —sonrió. —Asegúrate de mantenerlo así.
Naruto agachó la mirada. Pensando en lo que había hecho hace apenas unos días.
—No todas las personas corren con la suerte de encontrar amigos que darían la vida por ti. —completó Jiraya, la lluvia comenzaba a caer más fuerte. —Mucho menos, que sea reciproco.
— ¿Entonces debería hacer que Sakura y Sasuke den la vida por mí?
—Eso no parece correcto. —divagó Jiraya. Naruto se volteó a mirarlo, expectante. —Los tres deberían ser capaces de cuidarse hombro a hombro. Complementarse con sus habilidades y mejorar sus defectos, como equipo. Sé que es difícil perdonar, Naruto. Mucho más recobrar la confianza. Pero no es imposible.
—No creo poder hacer que volvamos a ser los mismos de antes. El equipo siete ya no existe.
— ¿Y quién quiere ser igual que antes? —reclamó Jiraya. — ¡Nadie!
— ¿Qué?
—Cuando avanzas, creces. ¡Y entonces eres mejor persona! Obviamente no puedes volver a los días pasados, Naruto. Deja de anhelarlos. Mejor concentrarte en lo que quieres hacer con tu presente y futuro. ¿Quieres a Sakura y Sasuke a tu lado?
Naruto de repente se sintió más animado, como si una ráfaga electrizante pasara a través de él y encendiera el interruptor de su cerebro. — ¡Sí! —y esa respuesta causó todo un vuelco en su corazón.
— ¿Quieres que ellos dos te vean convertirte en Hokage?
— ¡Sí!
—Entonces asegúrate de que ellos lo sepan. —reprendió Jiraya. — ¿A mí de qué me sirve saber eso, idiota?
— ¡Agh, Ero-sennin!
—Una cosa más. —Una sonrisa pícara se dibujo en el rostro de Jiraya, causando que los sentidos de Naruto se pudieran a la defensiva, sabía que lo vendría. — ¿Quieres casarte con Sakura?
— ¿CA…?
Una carcajada de Jiraya opacó la lluvia. Mientras Naruto avergonzado buscaba disminuir el rubor de su cara, se sintió extrañamente aliviado de conversar con él. Como si ese pequeño momento hubiera opacado todos los malos que pasaron en su vida.
—Ero-sennin.
— ¿Si?
—Tú también obsérvame cuando me convierta en Hokage. —pidió, Naruto, mirándolo de reojo.
—No me lo perdería por nada. Tonto.
