Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


A todos los chicos de los que me enamoré

Capítulo 26

—Entonces ella se desmayó, afortunadamente fue justo antes de que su papá llegara y me disparara por las cosas que estaban saliendo de su boca —dijo Edward, terminando finalmente de contar la historia de mi aparentemente muy chismosa boca drogada, y mirándome con una ceja alzada

Angela echó hacia atrás la cabeza y se rio.

—¡Sólo tú convertirías una muñeca rota en una noche de confesiones drogadas sobre desear el cuerpo de tu novio, Bella!

Suspiré, pero en realidad no podía defenderme. Si hubiera sido más valiente para ir al hospital, el Doctor Cullen no habría tenido que sedarme y yo no habría soltado todo ese tipo de cosas sugerentes sobre mi maravilloso, muy dulce y comprensivo novio.

—Lo siento. Y te lo compensaré. —Le di a Edward mi mejor mirada al estilo Alice, y sentí la emoción a través de mí cuando me sonrió.

—Sí, lo harás. Después de todo, creo que tienes muchas formas interesantes en mente.

Dios. Sentí mis mejillas calentarse mientras Ben, Angela y Edward se reían de mí. Ellos habían venido a ver mi yeso, el cual afortunadamente me habían puesto mientras yo estaba inconsciente. Dormí durante todo el proceso y toda la noche. Al parecer los sedantes y yo no nos llevábamos bien – o nos llevábamos de maravilla, dependiendo del punto de vista.

—Lo haré —le aseguré a Edward, usando mi mano sana para palmearle la rodilla.

—¡Más te vale! No sólo casi haces que me maten, sino que también nos ofreciste de voluntarios para ser niñeros. Y no creas que no lo están planeando ya. Vi la cada de Esme iluminarse ante la sugerencia.

Sacudí la cabeza, sabiendo que esa no era la razón por la que ella se iluminó, pero era mejor dejar esa conversación para cuando Angela y Ben no estuvieran con nosotros.

—Hablando como la niñera con más experiencia en este lugar, ¿ustedes dos a solas con un bebé, que no hará más que llorar un poco y dormir la mayor parte del tiempo? A mí me suena como una buena receta para expiar las culpas —señaló
Angela. Ella era, como siempre, mi salvadora.

—¿Ves? En realidad, te hice un favor —le dije a Edward gracias a mi Mejor amiga.

Edward se veía más feliz que antes.

—Tendré que decirle a mi papá que después de todo, la oferta sí era en serio —dijo.

Con tan sólo esas palabras me emocioné. Edward no había hablado con su papá en quién sabe cuánto tiempo y ahora, gracias a mi muñeca, ya lo había hecho. Y gracias a mi boca, iba hacerlo de nuevo. Definitivamente no se había desarrollado como yo lo había planeado, pero no importaba. Todo lo que importaba era que Edward y su papá podrían tener una relación, y él y su hermanito necesitaban tener una también. Iba a insistir en eso. Si tenía que usar los momentos sexys para sobornarlo, pues lo aguantaría. Era así de benevolente.

Angela se rio entre dientes.

—Eres todo un chico. —Luego se giró hacia mí—. ¿Y tú cómo te sientes?

Ahora que mi muñeca estaba enyesada, me sentía bien.

—Tengo un poco de dolor, pero nada como anoche. El yeso ayudó, y ya me tomé una Aleve hoy.

—Qué bueno. Estaba preocupada por ti. Y Ali estaba vuelta loca, decía que deseaba ser más grande para poder haberte protegido.

Meneé la cabeza ante las palabras de Angela.

—No hay nada que ella pudo haber hecho. Pudo haber sido un accidente, por lo que sabemos. —Quería que lo fuera—. Gracias por traerla a casa y por quedarte con ella hasta que papá y yo regresamos.

Ang y Ben vieron una película con ella, o eso me dijo. Al parecer, Edward me había llevado cargando hasta mi cama. Lamentaba mucho, mucho haberme perdido de eso. Esperaba que pasara de nuevo y así yo estaría despierta la siguiente ocasión. Y estaríamos solos.

—No fue nada. Pero ya no tienes helado Heath Bar. —Angela se rio cuando la miré mal—. ¡Oye! No puedes dejarme a solas con el helado.

—Es cierto —dijo Ben—. Me gustaría añadir que ellas se lo comieron todo y yo no probé nada.

—Como sea. Tú tienes que mantenerte delgado por el fútbol.

Ben se rio mientras le hacía cosquillas en el costado a Angela, haciéndola gritar.

—Más bien todo lo contrario, especialmente después de un juego, loquita.

—Loca como un zorro. Yo me quedé con el helado —señaló, ganándose más cosquillas.

Sonreí mientras me acurrucaba en el costado de Edward. Era agradable estar con mis amigos. Así es cómo debió desarrollarse la noche si no me hubiera caído. Edward recargó su cabeza sobre la mía y jugó con las puntas de mi cabello.

—Pero, en serio, nos alegra que estés bien. ¿De verdad crees que alguien te empujó? —preguntó Ben.

Sentí a Edward tensarse debajo de mí ante la pregunta. Por supuesto, él sabía quién sería la candidata más probable si de verdad fue a propósito.

—No sé. Quiero creer que fue un accidente, pero me pegaron muy fuerte con el codo.

—Fue la bruja de mi prima. ¡Lo sé! —dijo Angela—. Y cuando la vea…

—No fue Tanya —la interrumpió Edward, sonando muy seguro de sí mismo. Tan seguro que me molestó.

Giré la cabeza para verlo.

—¿Cómo lo sabes?

Edward se veía incómodo.

—Le mandé un mensaje anoche mientras te acomodaban el brazo. Ni siquiera fue al juego.

No estaba segura de cómo procesar eso. ¿Seguía hablando con ella de forma regular? ¿O solamente la había contactado porque le preocupaba que ella fuera quién me había hecho caer? De verdad esperaba que esa fuera la razón.

Angela me miró, y me encogí ligeramente de hombros.

—¿Y eso qué? Incluso si no estuvo ahí, fácilmente pudo haberle dicho a una de sus secuaces que lo hiciera por ella. Hay bastantes putas rubias en su grupito. Le mostré algunas fotos a Alice, pero no estaba segura. Apuesto a que fue Jessica.

Edward no tenía nada que contestar a eso y las cosas se sintieron tensas, por decir lo menos. Afortunadamente mi mejor amiga era buena para deshacer la tensión.

—Dame esa muñeca. Edward, ve por los marcadores que están en el cajón del lado derecho de la cocina.

Aparté la vista de Edward mientras él se apuraba a hacer lo que pidió Angela. Ben se recargó en su lugar y miró el juego de fútbol que habían puesto cuando llegaron.

—Oye —dijo Ang. Estábamos prácticamente solas, ya que Ben estaba en su propio mundo—. Él estaba muy preocupado por ti. ¿A quién le importa que le haya mandado un mensaje?

Pero, claro, ella no sabía lo mucho que él quería recuperar a Tanya al principio. Sabía que me amaba. Lo creía. Pero también la amó a ella una vez, y ella podría recordar fácilmente lo genial que era él e intentar recuperarlo. ¿Y entonces qué?

Edward regresó a la sala sosteniendo varios marcadores de colores.

—Aquí tienes, Angela. Pero guárdame un espacio, ¿sí? Necesito ayudar en la decoración del yeso de mi chica. —Y me besó en la mejilla al sentarse de nuevo junto a mí.

—¿Ves? —murmuró Ang mientras se ponía a trabajar en mi yeso.

Quizás. Edward y Ben empezaron a platicar sobre el juego, pero Edward mantuvo su brazo alrededor de mí, y siguió jugando con mi cabello o rozando con su pulgar mi mandíbula.

Miré con interés mientras Angela hacía un lindo dibujo de Edward y de mí sentados en la mesa de la cafetería, él con sus brazos a mí alrededor y sonriendo, yo con una mirada soñadora en mi rostro mientras me recargaba en él. Se dibujó a sí misma y a Ben sentados a nuestro lado. Eran unas caricaturas tan lindas que no pude evitar sonreír. Y representaban perfectamente el cómo nos sentábamos en la cafetería todos los días. Esta era mi vida ahora. Y era bastante genial.

Me reí cuando Angela puso las palabras "RIP la Tarta de Fresa" en la camiseta que su versión en dibujo estaba usando. Así le decíamos a Tanya cuando éramos pequeñas. Y era uno de los apodos más amables que Ang tenía para ella, por así decirlo.

Unos ojos brillantes se encontraron con los míos.

—Algo para que nosotras lo sepamos y ellos se lo pregunten.

Me reí y asentí.

—Me encanta. Gracias, Ang.

—Déjame ver. —Edward tomó mi muñeca, girándola con gentileza para ver el dibujo—. Me encanta —le dijo a Angela, dedicándole una cegadora sonrisa—. El almuerzo es mi hora favorita del día escolar, ya que es el único momento en que puedo estar con Bella. Al menos, por ahora.

Eh.

—¿Qué significa eso?

Sonrió y me besó la nariz.

—Lo sabrás después.

Le lancé una mirada a Ang, que se encogió de hombros y añadió unos cuantos corazones flotando a nuestro alrededor. Además, dibujó un pastel de cumpleaños y unas zanahorias. Tuve que reírme. La cafetería de verdad era nuestro lugar.

Se quedaron por unas horas, ordenaron pizza, contaron bromas e hicieron su mejor esfuerzo por apartar mi mente de lo que había sucedido. Y en su mayor parte, funcionó. El dolor ya no era tan intenso ahora, y a mi parecer, pasar un domingo de flojera con mis amigos era justo lo que había ordenado el doctor. Ali estaba en casa de Lauren, y papá se había ido a pescar con un amigo luego de que le aseguré que estaba bien.

Edward me envolvió en sus brazos cuando Angela y Ben se fueron. Me recargué en él y disfruté de lo cálido, fuerte y perfecto que era. Bueno, casi perfecto. Por mucho que intentara, no podía olvidarme del asunto de Tanya.

—¿Quieres ver una película? ¿O debería irme y dejarte descansar?

Lo último que quería era que se fuera, así que le dije que pusiera una película. Eso hizo y cuando volvió, me jaló a sus brazos y tomó la cobija esponjosa que estaba en el respaldo del sofá para ponerla sobre nosotros.

Intenté perderme en Easy A, la cual sabía que Edward había puesto por mí, pero no podía. Mi mente era un torbellino pensando en la noche anterior, todo lo que había pasado con el papá de Edward y, sí, en Tanya. No podía evitarlo.

—Oye, ¿estás bien? —preguntó Edward, moviéndose para poder verme.

—Claro —mentí—. Me siento bien.

—No es eso lo que pregunté. —Edward se enderezó, girándonos para quedar de frente—. Has estado molesta desde que mencioné lo de mandarle mensajes a Tanya.

Pues, obvio.

—Sí, supongo. No es nada importante. Lo superaré. —Bajé la vista y comencé a quitarle pelusas a la cobija.

—No quiero que tengas que superarlo. —Edward alzó mi barbilla para hacerme que lo viera—. Sólo la contacte para ver si había estado involucrada en tu caída. Ella es la única persona que puedo pensar que te lastimaría a propósito.

Asentí, porque yo tampoco podía imaginar a nadie más queriendo hacerlo. Dejando de lado mis recientes encuentros con Jasper y Tyler, no los creía capaces de hacer algo para lastimarme.

—¿Puedes hablar conmigo, por favor? Siempre hemos sido honestos entre nosotros.

Él tenía razón. Lo éramos. Y amaba eso de nosotros.

—Supongo que no me molesta que la hayas contactado para preguntarle. Me siento molesta porque eso me hizo preguntarme si es que todavía platicas con ella, y no me gusta ese pensamiento.

Edward asintió.

—Lo entiendo. Ella me manda mensajes de vez en cuando. La única vez que le contesté fue cuando me preguntó sobre una tarea de Español. Las veces que ha intentado hablarme sobre su vida o sobre la mía, no le respondo en absoluto. Lo juro.

Eso me hizo sentir mejor. Difícilmente podía culparlo por contestar una pregunta válida sobre la tarea. Siempre y cuando no estuvieran contándose los secretos más profundos de sus corazones a diario. Eso sí apestaría.

—Toma. —Edward me entregó su teléfono—. Míralo.

Comencé a regresárselo. No quería ser ese tipo de chica, la que tenía que revisar el teléfono de su novio para asegurarse de que no estaba engañándola. Nosotros no éramos así.

—No lo necesito, Edward. Te creo.

—Aún así. Quiero que veas lo que dije.

Muy bien. Abrí su conversación.

¿Estuviste en el juego de esta noche?

No. ¿Por qué?

Porque alguien empujó a Bella e hizo que se rompiera la muñeca. Quería asegurarme que no fueras tú.

¿Cómo si fuera a desperdiciar mi tiempo con ella? ¿Por qué pensarías que yo lastimaría a tu noviecita?

Porque eres la única persona a la que no le agrada.

Hay mucha gente a la que no le agrada tu preciosa Bella. No me culpes por su torpeza.

Es en serio lo que te dije. Más te vale que ni tú ni tus amigas hagan algo por lastimarla.

Por favor. Ni siquiera está en mi radar. Ya superé la preparatoria.

Bien por ti. Mantente así.

Vamos, Edward. ¿Por qué estás tan molesto por una muñeca rota? No es como si ella estuviera usando esas manos para algo bueno. ¡No como las usaba yo!

Adiós, Tanya.

¡Vamos, Edward! ¡Estaba jugando! Ambos sabemos que Bella no tiene experiencia. ¡Fue divertido!

¿Edward?

¡Bien! Parece que perdiste el sentido del humor cuando me perdiste a mí. Como quieras.

Siguieron unos cuantos intentos más de recuperar su atención, pero claramente él no había respondido. Me alegraba eso. Estaba enojada por el ataque sobre el sexo, pero era cierto. Aunque ya lo había tocado y a él le había gustado. Más que gustar. Le encantó. ¡Así que, ahí tienes!

—¿Ves? Casi no he platicado con ella en absoluto desde que me di cuenta que comenzabas a gustarme. Aunque lo nuestro todavía no era oficial, sabía que quería que lo fuera, así que la deje ir. De todas formas, querer recuperarla fue algo estúpido.

Lo miré.

—¿Sí?

—Sí. El que ella me dejara fue lo mejor que me pudo haber pasado porque eso me llevo a ti.

Dios. Mr. Seductor estaba de regreso, y yo me había derretido.

—Me alegra mucho que haya pasado. —Era divertido pensar que prácticamente lo había conocido desde toda la vida, pero nunca nos habíamos conocido realmente bien hasta hace poco. Y ahora era mi todo.

—A mí también.

Me besó con gentileza, pero aún así me puso caliente. Me moví para subirme a su regazo, y Edward gimió cuando me acomodé sobre él.

—¿Por qué siempre comienzas cosas que no podemos terminar?

—Eres tú quién dice que no podemos terminarlas —señalé, meciéndome sobre él y haciéndolo gruñir.

—Porque tu papá llegará en cualquier momento. Y porque recientemente te quebraste la muñeca.

Bien. Tenía un punto válido. Me bajé de él con reticencia y me acomodé en sus brazos. Papá llegaría pronto a casa, y puede que embestir no sea lo mejor para mi brazo el día de hoy. Pero esperaba que estuviera bien pronto.

Hice un pequeño puchero mientras Edward se reía y besaba mi cuello.

—Lo prometo, nena. En el instante en que tengamos tiempo de verdad a solas, te haré sentir muy bien.

Dios. No tenía dudas sobre eso. Pero quería hacer lo mismo para él. Al diablo con Tanya y sus insinuaciones. Podía hacer sentir tan bien a Edward como él me hacía sentir a mí. Lo haría. Iba a estar lista la próxima vez que se alzara la oportunidad. Alzarse. Demasiado apto para la situación.

—¿De qué te ríes?

—Sólo me preguntaba si ibas a contactar a tu papá para asegurarnos ese compromiso de niñeros.

Edward me sonrió.

—¿Con un incentivo como ese? ¿Cómo podía negarme?

Bien. Pero tenía que asegurarme.

—¿Estás bien con eso, dejando de lado el tener tiempo a solas?

Edward sacudió la cabeza.

—Si estás preguntando si ya todo está mágicamente resuelto entre mi papá y yo después de anoche, entonces no. Pero tienes razón sobre Alex. Es mi hermano y odiaría que creciera sin conocerme. Amo la relación que tienes con Alice. Demonios, amo la relación que yo tengo con Alice. Mi hermanito merece lo mismo.

Qué bueno. Envolví mis brazos en su cuello lo mejor que pude con mi estúpido yeso y le di un enorme beso.

—Te amo. Y estoy orgullosa de ti. Sé que no es fácil.

—Tú lo haces más fácil. —Me sonrió—. Tus comentarios inapropiados rompieron la tensión.

Qué vergonzoso. Pero al menos sirvió para algo.

—No pretendía decirlos, pero me alegra que ayudaran.

—A mí también. —Edward me besó de nuevo—. Te amo. Incluso cuando estás drogada.

—También te amo, y espero no estar drogada en ningún momento cercano.

Se rio.

—Me parece bien.

Me acurruqué con él y finalmente comenzamos a ver la película.

En algún momento, me quedé dormida de nuevo. Y cuando desperté, Edward ya no estaba. Papá estaba preparando la cena y Ali dormía junta a mí. Me moví para sentarme cuando vi algo nuevo en mi yeso.

Desearía haber estado ahí para atraparte cuando caíste. Prometo que siempre intentaré estar ahí. De ahora en adelante, sólo deberíamos caer enamorados el uno del otro. Te amo.

Y dibujó un enorme corazón alrededor del mensaje, firmándolo como Con amor, Edward. El. Mejor. Novio. Del mundo. Síp, iba a estudiar y a mostrarle lo mucho que lo amaba. Era hora.


Espero que hayan disfrutado del capi, gracias por todo su apoyo siempre 😉