85. ¿Hay punto de retorno?

En la penumbra Sasuke se acostumbró a mantener los ojos cerrados, sobre todo porque era una molestia que sus pestañas chocaran con el telar que llevaba sobre los ojos. De vez en cuando los abría, sobre todo para que las lagañas no terminaran de cerrarle por siempre los párpados. Escuchaba todo lo que ocurría en la habitación por más diminuto que fuera, así se tratara únicamente de la respiración de Sakura. Bien, al menos consiguió sacarle algún provecho a estar encerrado, con manos y piernas encadenados y ojos cubiertos.

A decir verdad, Sasuke no sabía en que punto se encontraba su relación con Sakura. Si bien era cierto que con aquellas palabras cortó todo tipo de interacción con ella, Sakura parecía recia a querer protegerlo todavía. Lo cual sin duda le irritaba. ¿Para qué había servido eso entonces?

Aun así se limitaba a mantenerse callado.

El porque Naruto no iba a verlo también era un misterio, pero Kakashi solía aparecer con mayor frecuencia, contándole el día a día que tenía en Konoha. Antes le hubiera parecido una estupidez, ahora era lo único que lo mantenía semicuerdo.

También solía pensar en Itachi. En las cosas que lo orillaron a hacer lo que hizo, aún no sentía que mereciera su perdón. Pero al primer mes pudo comprender que quería lograr con sus acciones. La paz. Paz que fue creada con la exterminación de un clan entero, pero… bueno, paz al fin y al cabo.

Sasuke solía preguntarse si él hubiera actuado igual. Es decir, ¿habría podido matar a sus padres y a Itachi? ¿O hubiera dejado vivo a Itachi? Llegó a la conclusión que no hubiera podido hacer lo que él hizo. Amaba demasiado a su familia y a Itachi, en ese tiempo, para poder hacerlo. Habría preferido quitarse la vida antes de que algo malo le pasara a su clan. Es más, seguramente el apoyo a su clan era innegable. Konoha podía irse a la reverenda mierda para variar.

Aunque probablemente eso hubiera significado no conocer a Naruto y Sakura.

No volverse loco con semejantes pensamientos y cosas pasando a su alrededor, era casi imposible. Atribuía al hecho de que Sakura se mantuviera ahí, a su lado, que la cordura no se hubiera salido volando de su cabeza. Y al mismo tiempo se sentía ansioso por las semanas que quedaban para la ejecución.

Naruto debería estar haciendo algo por fuera, eso era seguro. Sin embargo, ¿qué podría hacer él? Escapar sonaba la opción más lógica y estúpida al mismo tiempo, porque odiaría tener que abandonar a Naruto en esa aldea llena de gente que solo se preocupaba por sí misma. Y a su vez, si pedía a Naruto seguirlos, entonces nada mejoraría porque su sueño de ser Hokage quedaría frustrado para siempre. No le iba a hacer eso a su mejor amigo.

—Sakura. Sasuke. —la voz de Kakashi llegó a sus oídos, distrayéndolo de sus pensamientos. —Es momento de su baño. Será mejor que se comporten, como siempre. ¿De acuerdo? Sasuke será escoltado por un ninja de nivel jounin, ¿bien? Sakura yo me iré contigo.

—Espere un momento, sensei. ¿Quién es el otro ninja? —preguntó Sakura.

—Es de nuestra confianza, Sakura. No te preocupes. Confía en mí. —Kakashi le puso una mano en la cabeza a la chica. —Así que andando.

Sasuke no pudo evitar sentir cierto placer al escuchar el tono de preocupación de la voz contraria. ¡Malditos sentimientos traicioneros!

Se separaron al salir de la celda, Sasuke se marchó con el otro ninja mientras oía como Kakashi y Sakura charlaban acerca de la mala comida de los calabozos. Escuchando al último como Kakashi prometía traerle unos dulces a Sakura; ojalá así fuera de considerado con él también. El jounin a su lado no hablaba, ni siquiera le saludó, pero tenía una presencia imponente.

No paso mucho para que descubriera su identidad.

—Muévete, cara bonita. —reclamó, dándole una patada en la parte baja de la espalda. Sasuke traspilló hacía adelante, debido a las cadenas en sus pies.

— ¿Qué rayos haces aquí, Anko? —bramó, molestándose por la agresión.

—Limpiando tu culo, como siempre. —bufó. —De verdad, me hacen entrenarte por tres años y después te condenan a muerte. ¡Debería matarte yo misma!

—La condenada a muerte fue Sakura, no yo.

—Yo no diría eso. —Anko se acercó a él, retirándole la venda de los ojos. Ninguno de los otros ninjas, ni siquiera Kakashi se permitieron hacer eso cuando lo acompañaron a las duchas. Sin embargo, Sasuke agradeció a Anko por primera vez, ya que al fin pudo retirarse las lagañas almacenadas y se le permitió ver algo de luz. A la que tuvo que volver a acostumbrarse poco a poco. —No sé si lo sepas, pero Danzo parece tener mucho interés en los Uchiha.

—Lo sé, maldita sea. —farfulló por lo bajo.

— ¿Qué tanto vas a sobrevivir después de que te dejen libre? Es una buena pregunta. De hecho, apostaría. —comentó Anko, pelando los dientes, en una macabra sonrisa. —Él tiene años de experiencia y poder. No sabemos cuáles son sus habilidades especiales. En cambio, de tu lado, tenemos una cara bonita que tiene una limitante, la marca de Orochimaru…

—La marca de Orochimaru no es una limitante. Me da poder.

—Yo hablaba de Sakura. —prosiguió Anko. —Ciertamente, una vez que la pierdas no habrá mucho que te pueda limitar, excepto quizás, Naruto.

— ¡Basta!

Anko lo desvistió sin el menor interés, por un instante Sasuke se sintió expuesto ante ella, luego recordó quién era y se metió sin más a darse el baño. Esperaba que al menos Kakashi respetara el espacio privado de Sakura o lo mataría de lo contrario. La chica afuera de las regaderas parecía estar jugando con un kunai y murmurando algo acerca de que la ropa de Sasuke apestaba.

— ¿Quieres que te saque? —preguntó Anko, como si fuera la conversación más casual del mundo y no desafiara las ordenes de los consejeros y del Hokage.

— ¿De qué hablas?

—Podría liberarte. Sólo me tendrías que hacer una herida algo mortal, y nunca podrías volver a la aldea, solo eso. —añadió, jugando con la llave del lavamanos. Sasuke que se estaba lavando la cara en ese instante, no contestó nada. —Podrás vivir.

— ¿Y de qué me sirve vivir en soledad?

Anko sonrió ante su respuesta.

—Además, ¿por qué quisieras ayudarme?

—No lo sé. Quizás porque no quiero que al mocoso idiota que eduqué por tres años, muera. —respondió de forma sarcástica. —O solo podría ser porque soy una increíble persona que es generosa con los ninjas moribundos.

—Ya entendí. —murmuró Sasuke. —Como sea, deberías de dejar de decir esas cosas a la ligera o tu querida aldea podría acusarte de traición sin cuestionárselo demasiado.

—Cierto, cierto. —dijo Anko, quitándose con la manga el sudor de la frente que el vapor del agua caliente le causó. —Konoha es terrible.

— ¿Estás siendo sarcástica de nuevo?

—No. —Anko lo miró salir, aventándole una toalla a la cara que Sasuke atrapó en el aire. —Tienes razón. Siento lo de tu hermano.

Sasuke apartó la mirada de ella, haciendo una mueca de molestia. —Ahórrate tu lastima.

—Ojala pudiera. —suspiró Anko. —Pero desgraciadamente me preocupas, por haber sido mi estudiante. Aún eres un mocoso, no lo entiendes, ya lo harás cuando tengas tus propios estudiantes.

— ¿Sólo viniste a proponerme una huida, a tenerme lastima y sermonearme? —replicó Sasuke, frunciendo las cejas. —Siento que falta una paliza de por medio, pero ya vas mejorando.

—Puedo dártela si quieres. —se ofreció, contenta de la propuesta. Sasuke le mandó una mirada cargada de veneno. Ya estaba seco y al parecer Anko le había dejado ropa limpia con la cual cambiarse, pensó en no tomarla al principio, sería deberle más favores, sin embargo, notó que la ninja ya había tirado sus trapos sucios al cesto de basura. —A decir verdad, vine por algo más.

— ¿Humm? —Sasuke se agachó un poco, para que Anko volviera a sellar sus ojos.

Esta vez Anko actuó más cautelosa, acercándose a la oreja de Sasuke, susurró algo por lo bajo, apenas perceptible al oído contrario. "No va a morir." Y el Uchiha supuso que se refería a Sakura, por lo cual sintió un enorme alivio al escuchar esas palabras.

—Así que deja de comportarte como un patán de cara bonita.

— ¿De qué hablas?

—Yo era la ninja que estaba haciendo guardia esa vez. —comentó Anko, refiriéndose a su discusión con Sakura. —Te comportaste como un autentico idiota.

—Era la única forma.

—Agh. —ella emitió un profundo suspiro, limpiando las esposas de Sasuke que aún goteaban. —No sé si eres idiota o te haces, Sasuke. A veces pienso que viene de familia.

— ¿¡Qué!?

—Sakura no va a dejar de protegerte solo porque le hayas dicho que la odias. —replicó Anko. —Lo único que conseguiste de eso es que su relación se fracturara, por lo cual, en vez de ver cómo te protege, ella te cuidará de ahora en adelante desde las sombras.

—Pero…

—Cometió un error, sí. —Anko tiró de sus cadenas, acercándole bruscamente. Sasuke podía sentir su aliento golpear su rostro, olía a azúcar. —Y tú también has cometido varios, ¿no?

— ¿Entonces se trata de ver quién ha cometido más?

—No. Idiota. —reprochó, dejándolo ir. —Se trata de que te des cuenta de que es un ser humano, como tú. Sus decisiones no fueron las mejores, todo sabemos eso. ¡Ella lo sabe! Pero eso no significa que a partir de estos no vaya a crecer como persona.

Sasuke pensó en su pelea en la azotea y cuanto había cambiado desde entonces, más para bien que para mal, a su sorpresa.

—Dime, Sasuke. ¿Quieres observar cómo se convierte en mejor persona desde la banca o quieres acompañarla mientras crece?

—No tengo tiempo de pensar en esas cosas. —cortó.

—Por supuesto que lo tienes, idiota. No irás a ninguna parte en las próximas tres semanas.

Sasuke se sintió irritado al no poder responder a eso.

—.—.—.—.—

Tsunade sabía de modo vago que aquello no era una buena idea. Así que mientras bebía con Jiraya sintió la necesidad de abrazarlo, de pedirle que no se marchara sin el equipo necesario. Él por supuesto, se burlaría de ella, le diría que estaba demasiado ebria y la mandaría a casa, para luego partir.

—Te dije que no bebieras tanto. —reclamó Jiraya, con una mano en la frente y negando con la cabeza. — ¿En qué estabas pensando? La gente hablará mal del Hokage.

—Cállate, viejo tonto. —bufó.

La rubia se alzó, ondeando sus coletas y agitando la cabeza para que el mareo se pasara. Caminó al lado de su compañero por un largo rato, sin emitir palabra. Los dos intercalaban miradas de vez en cuando, sin saber que decir o hacer. Jiraya sabía que necesitaba convencerla de que estaría bien, que la misión sería un éxito y en poco tiempo volvería con ella, a llenarla de problemas como siempre.

Se sentaron en una vieja banca, mientras el atardecer caía. Los dos parecían inmersos en sus pensamientos, quizás pensando en lo que les depararía el futuro. Tsunade sintió que todo el valor que tenía, tanto como mujer y Hokage se le iba de las manos. Entendía mejor que nadie porque no quería dejarlo ir, no era estúpida, ese era el trabajo de él.

—Tienes que volver. —y más que una orden, sonaba a súplica. Jiraya se giró a ella, contemplándola con devastadora sorpresa. —Promételo.

— ¿Para qué quieres que lo prometa? Sabes que lo haré. —respondió Jiraya, trabándose con su saliva al hablar. — ¿Qué te pasa? ¿El alcohol al fin llegó a tu cerebro y te hizo tonta?

Pero la mirada de Tsunade le decía que estaba hablando enserio. Que no quería bromear en ese momento.

—Volveré. —dijo Jiraya, dándole una queda sonrisa. Tsunade afiló los ojos en su dirección, buscando aquella palabra especial que Jiraya no tardó en descifrar. —Lo prometo.

Tsunade sonrió, asintiendo con la cabeza. Aun así tuvo que apartar la mirada de él, sintiendo que las lágrimas se aglomerarían en cuestión de segundos por sus ojos, no quería que la viera llorar. Jiaraya en cambio, con bastante nerviosismo, subiendo y bajando los dedos, dudoso de su acción, agarró valor de alguna parte escondida de su ser y le tomó el mentón, obligándola a verlo.

—El Hokage no debería llorar tan fácilmente. —reprendió. Ella ahogó una risa, que sonó más como un bufido mal contenido.

—Si vuelves…

Ambos se miraron fijamente, sabiendo en que terminarían esas palabras. Jiraya se sintió extrañamente motivado de regresar de inmediato, a pesar de todavía no haber partido. Y, aun con su edad, el corazón comenzó a latirle como un loco, anhelando lo que aquella mirada prometía. Era estúpido, ¿no? Pensar como un adolescente enamorado, justo cuando hace poco había reprendido a Naruto.

Él la soltó, sin poder evitarlo. Si la hubiera sostenido por un momento más, terminaría abrazándola y diciéndole cuanto la amaba. Solo que esta vez, no sería rechazado como siempre. Y si lo escuchaba, no habría querido partir a la misión. Se quedaría al lado de la mujer que más amaba en el universo entero, hasta el final de sus días.

De solo imaginárselo, la sangre borboteaba debajo de su piel, expectante por aquel futuro. Donde podría abrazarla hasta el amanecer.

—Dímelo cuando regrese. —sonrió Jiraya, tan entusiasmado como siempre.

Tsunade observó su espalda mientras él se despedía con la mano, sin volverse a darle la cara. Ella llevó una mano a su pecho, sintiendo su corazón latir. Justo como antes. De verdad, el amor era tan injusto y tonto. ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué no antes? No, quizás ya se había dado cuenta desde hace mucho tiempo atrás. Solo que nunca pensó en que podría perderlo de verdad.

Sus mejillas se refrescaron con el aire que revoloteó sus cabellos. Ella sonrió, confiando en él, igual que siempre.

—Es una promesa. —le comentó al viento.

—.—.—.—.—

Naruto flexionó sus brazos, contando en reversa, al hacer una nueva flexión llegó al numero tres. Según Guy-sensei, esa sería una forma bastante buena de sacar el estrés que llevaba dentro. EL rubio jamás lo vio de aquella manera, no obstante, consiguió relajarse bastante luego de haber hecho doscientas lagartijas. Yamato al lado de Naruto, estaba comiendo su almuerzo, Kakashi estaba tirado en un banco, con el libro sobre su cabeza, dormitando. Según Yamato, pasaba de guardia la mayoría del tiempo por lo que aprovechaba los pequeños lapsos para dormir en donde fuera.

—Quizás debería pedirle a la abuela una misión pequeña, en cual ocuparme al menos dos semanas. —comentó Naruto, sentándose y limpiándose el sudor.

—No es lo más prudente, Naruto. —respondió Yamato, mordiendo un brócoli. —Akatsuki aún te esta buscando.

—Pero si no ocupo mi cabeza…

—Por eso estás entrenando. —suspiró Kakashi. —Jiraya-sama me dejó encargado tu entrenamiento, a cambio, me firmó todos los libros de colección que tengo. Así que no puedo fallarle.

—Ya me extrañaba que de repente me pidieras entrenar. —bufó Naruto. — ¿Fue por eso?

—Me dijo que podrías comenzar a dominar el modo ermitaño. Ahora que ya casi dominas el rasengan, creo que es una buena idea. —comentó.

— ¿Modo ermitaño?

—Invoca a uno de los sapos mayores, él te lo explicará.

Naruto se encogió de hombros, obedeciendo. Cualquier cosa, en lo que Shikamaru acababa el plan, era bienvenida.

—.—.—.—.—

Kiba se sentó al lado de Hinata, cruzándose de brazos, al parecer insatisfecho por las cosas que Shikamaru estaba diciendo. Shino a su lado se mantenía al margen. Hinata en cambio escuchaba con atención, jugando con sus dedos de vez en cuando, sobre todo en los momentos que Shikamaru le decía que debía actuar.

—No hemos avanzado mucho con Sai. —admitió Shikamaru. —Por lo que nuestra última oportunidad, eres tú, Hinata.

—Oye, oye. —se metió Kiba, antes de que Hinata pudiera hablar. —Sakura y Sasuke son importantes para nosotros también, pero lo que le estás pidiendo a Hinata me parece más una locura que un plan, lo cual me es extraño en ti.

—No es una locura. —negó Shikamaru, por enésima vez. —Me he trazado todos los escenarios posibles, doscientos cincuenta y cuatro en total. Pase lo que pase, sé con qué contrarrestarlo.

—Podrías iniciar una guerra, ¿también sabes cómo arreglarlo?

—Sí. —Shikamaru contestó con aburrimiento. —Escucha, de todas la probabilidades, hay un ochenta por ciento de que esto funcione. Tenemos que actuar rápido. O rescatar a esos dos idiotas entrando por la fuerza a la prisión. No tenemos muchas opciones debido al tiempo.

Hinata suspiró, causando preocupación en Kiba. La chica deseaba que su primo Neji estuviera ahí para aconsejarla, pero justo esa mañana había partido en una misión con su equipo, para alejar a Lee de la aldea. Ella observó a Shikamaru, quién le dirigió una mirada insípida pero al mismo tiempo insistente.

—Hinata, no tienes que hacerlo. —murmuró Kiba, poniendo una mano en su hombro. —Mira, encontraremos otra forma.

—Claro que hay muchas formas, pero todas ellas requieren tiempo, Kiba. —contestó Shikamaru, harto de tener que repetir lo mismo. Kiba le dirigió una agria mirada. —Entiendo que sienten que estoy poniendo en peligro a Hinata, pero el plan funcionará y sé cómo contrarrestarlo en dado caso que falle. Así que necesito tu respuesta, Hinata.

Ella titubeó, cruzando miradas con sus dos compañeros de equipo, dio un tendido suspiro.

—De acuerdo.

— ¡Hinata! —Kiba se puso de pie, palideciendo de repente. Shino cerró los ojos, apretando los labios.

—Está bien, Kiba, sé que puedo hacerlo. —aunque sus ojos parecían decir todo lo contrario.

Una vez que salieron del lugar, Shino decidió irse con Shikamaru para interrogarlo más acerca del plan. Kiba en cambió, tan molesto como estaba y todo, se puso al lado de Hinata, andando con ella. La chica sentía la mirada penetrante de él, era incomodo pero entendía que se sintiera así.

— ¿De verdad estás de acuerdo con esto? —dijo Kiba, deteniéndose de pronto, en uno de los parques, antes de llegar al clan Hyuga.

—Sí, Kiba.

Él tronó los dientes, y aunque no intentó ser rudo, tomó de los hombros a Hinata, zarandeándola para que entrara en razón.

— ¿De verdad amas tanto a Naruto para hacer esto? —reclamó, casi al borde de la histeria. Ella echó la cabeza para atrás, ruborizándose con fuerza. — ¿¡Qué tanto estás dispuesta a hacer por él!?

Aún con la vergüenza y todo, Hinata apartó de un manotazo los brazos de Kiba, dando tres pasos atrás para mantener la distancia. La respiración de ambos se había agitado, y se contemplaban con escepticismo. Hinata inhaló y exhaló aire con delicadeza, ese era un movimiento que a Kiba le gustaba demasiado, debido a la finura con la que la chica lo hacía; no obstante, estaba demasiado molesto para concentrarse en ello.

—Yo…

—Lo siento, Hinata. —Kiba hizo una leve reverencia, apenado por su comportamiento. —Es solo que pienso que estás arriesgando demasiado.

—Y tienes razón…—suspiró Hinata, acercándose de nuevo a él, recobrando la confianza en la conversación. Kiba la contempló, expectante. —Aunque te equivocas en algo, Kiba. Esto no lo estoy haciendo solo por Naruto.

— ¿Eh?

—Estoy preocupada por lo que le pueda pasar a mi clan también. Hasta ahora, el clan Hyuga se ha mantenido al margen, cumpliendo con la indicaciones de Konoha. Pero si Danzo es tan malo como Sakura asegura, entonces no se detendrá en los Uchiha, buscará más poder. ¿Y qué otro clan tiene una habilidad similar?

Kiba entreabrió la boca, jamás pensó que Hinata estuviera contemplando esa opción.

—Si bien es cierto que Danzo tiene una obsesión insana con el sharingan, el Byakugan es igual de especial que este. Quizás más. No estoy segura, a lo mejor solo pienso eso porque es mi gen. —masculló, insegura, como antes. Luego llevó una mano a su cabello, jugueteando torpemente con él. —Si voy a ser la líder de mi clan algún día, quiero asegurarme de no tener a un loco rodeándonos.

Hizo una pausa. Kiba la estaba contemplando con atención, lo cual confortó a Hinata. No le estaba pareciendo una idea descabellada como hace unos momentos, de hecho, a gratitud de la chica, los ojos cafés de Kiba mostraban cierta admiración.

—Soy consciente de los riesgos, aun así quiero intentarlo.

Kiba a sorpresa contraria, le sonrió.

—Siento haber dudado de ti. —se disculpó de nuevo, poniéndose al lado de la chica. Ella le dio un asentimiento con la cabeza, tímidamente.

—Yo también lo habría hecho.

—No, Hinata, ya no puedes dudar de ti. —reprendió él, poniéndose delante de ella. —De ahora en adelante, si quieres seguir con esto, debes de mostrarte dura y determinada. ¿Sí?

—Será difícil.

Kiba apretó los labios, incapaz de tomar su mano y reafirmar que estaría con ella en todo momento. Hinata estaba esperando algo que la animara, eso era seguro, así que lo único que pudo hacer fue cortar una flor que sobresalía detrás de ella y tendérsela.

—Estarás bien. Porque sé lo fuerte que eres.


Quise cambiar ligeramente el entrenamiento de Naruto, pues según lo que leí del manga y de algunos foros, tardó nada en dominar el modo ermitaño. Y entiendo que sea el prota, pero fue en poquísimo tiempo. Así que preferí al menos darle "un mes" de entrenamiento, para que sea mas justificable su poder.

Estos dos capítulos más que nada han sido para asentar las relaciones de los demás personajes. Debido que no hay mucho que Sakura pueda hacer por el momento.

¿Cuantos capitulos soportará Fanfiction?