Mientras los cuatro hombres buscan a la pequeña Jolyne; Jotaro camina por las calles de Roma tomado de la mano de Kakyoin como cualquier pareja ,sin imaginar que esos idiotas perdieron a su pequeña hija. Ninguno de los dos sospecha de lo que ha pasado con Jolyne. La ignorancia es felicidad y Kakyoin en ese momento es bastante feliz.
Su día no ha sido especialmente productivo, pero estuvieron visitando el Coliseo, lo que se preservó debajo de este luego de la aparición de los hombres del pilar. No lograron sacar mucha información del lugar.
Pero es todo un descanso del caos usual que se percibe estando con el resto de la familia.
– Hay otras ruinas en México, la Fundación Speedwagon se ha encargado de preservarlas, cuando esto termine podemos ir a visitarlas.
Esta vez solos, sin el pequeño ejército que era su familia. La idea del siguiente viaje le parece prometedora.
– Nunca he ido a México, tendré que aprender español.
Jotaro ya había hablado con la Fundación Speedwagon para que les enviaran toda la información que poseían sobre las ruinas mexicanas. Creía en la honestidad de la fundación pero había llegado a sospechar que la máscara pudo ser sustraída por alguno de los miembros, después de todo conocían su poder y sin duda su incalculable valor.
– Se te dará bien, eres uno de los hombres más listos y talentosos que conozco, Kakyoin. Prometo que ese viaje será menos frustrante que este. Siento que no daremos con esta máscara ¿Y si no existió desde un inicio? Pero si nos marchamos y no se trata de un rumor y cae en manos equivocadas no me lo perdonaré...
– Creo que de haber una máscara en este lugar, ya habríamos sabido de casos de vampiros aparte del que ya tenemos.
Kakyoin aun pensaba que tal vez deberían pedir ayuda a Passione, aunque no sabe aun si son de fiar o no y está seguro que Jotaro no lo aceptaría; no es precisamente de los que piden ayuda.
Y aún si lo hicieran, Giorno no revelaría que él posee la máscara. No es que Giorno no quiera compartir información tan importante, pero tampoco podía decirle que tiene tal objeto en su poder a cualquiera.
Incluso su existencia es uno de los secretos que mas recelo guarda, sólo cinco personas en toda la organización saben de su existencia, y de esas solo tres saben su ubicación actual.
– Tal vez no han descubierto cómo funciona. Podemos quedarnos hasta inicios de febrero, nos dará tiempo para decidir que hacer con Dio y Jonathan. Temo que quieran seguirnos a Japón
– Lo más probable es que ellos vayan a seguirnos – muy para su horror – y use a tu ancestro como su excusa.
– No los quiero con nosotros pero Dio no me da opciones. Manipulará a todos y cuando intente echarlo yo seré el malo. Su mera existencia debería ser suficiente motivo para matarlo. Si tan solo pudiera dejarlo aquí en Roma con su hijo...
Jotaro ya no sabe si se siente más a gusto con Dio lejos haciendo quien sabe qué o bajo su ojo vigilante. Tampoco le atrae mucho la idea de dejarlo con alguien con tanta influencia como Don Giovanna. Polnareff le ha contado parte de lo que hace la organización y la sola idea de tener a Dio moviendo los hilos es suficiente para quitarle el sueño.
Lleva la mano de Kakyoin a sus labios y la besa, tampoco quiere que el pelirrojo este conviviendo con el imbécil que casi lo mata.
– Temo que es más peligroso dejarlo aquí con su hijo, – Noriaki comparte esas mismas preocupaciones. – Considerando la influencia que tiene Passione sobre Italia. Dio es manipulador y hasta carismatico. Eso es lo que lo hace verdaderamente peligroso.
Y eso lo dice por experiencia, porque recuerda haber caído ante los encantos del vampiro aun antes de caer bajo el control del implante de carne.
– ¿Estarás bien con él cerca? Conociéndolo y sabiendo cómo es mi madre, temo que acabará viviendo en su casa.
Jotaro no quiere dejar a su madre con ese loco rondándola, pero tampoco quiere vivir bajo el mismo techo que Dio y menos arrastrar a Jolyne y a Kakyoin a ello.
– Si amanece con una estaca atravesada no me haré responsable.
El pelirrojo intenta mostrarse despreocupado, pero eso no le es posible cuando se trata de Dio. No debería estar teniendo esos recuerdos tan oscuros en ese momento. Pero la realidad es que no va a estar bien con él cerca y todo el peligro que representa para el resto de la familia.
Demasiados malos recuerdos para ambos y ese definitivamente no es el mejor momento para tenerlos; así que a Jotaro se le ocurre que pueden cenar los dos solos en una de las tantas plazas de la ciudad. Noriaki le sigue, aun es temprano y no han cenado. Esa es una noche en la que pueden pasarla juntos, una para poder compensar tantas que no hicieron.
Ambos se van a llevar una sorpresa no muy grata al entrar a la plaza.
Casi como si invocaran al maldito vampiro este se encontraba a no más de unos seis metros de ellos con quien indudablemente era Joseph, aunque Kakyoin no le reconoce.
¡¿Porqué se estaban abrazando así?!
Jotaro es pura ira contenida en ese momento. ¿Qué mierda estaba pensando el anciano?
Contrario a lo que se esperaría de un vampiro tan presuntuoso como él, Dio también ha vuelto con las manos vacías. En lo que esperaba por los demás se ha puesto a leer una revista Vogue que le ha robado a alguien de camino.
Joseph encuentra a Dio de vuelta en la Piazza y por lo que ve, tampoco logró hallar a su bisnieta.
Por otra parte, Joseph ya ha dado varias vueltas por el área, sin señal alguna de Jolyne. Teme que alguien le haya secuestrado. Al final, regresa a la plaza con la preocupación a flor de piel.
– ¿Y si se la llevaron? – Pregunta con genuina angustia. – No debimos perderla de vista.
– ¿Y quién se la va a llevar? Si no mal recuerdo su único enemigo era yo y aquí estoy, por supuesto no me sorprendería que Jotaro tuviera otros enemigos. – Deja la revista en una mesa y jala a Joseph del pantalón para tenerlo bien pegado a él. – Culpemos a tu hijo y a Jonathan, no se ven muy listos y estoy seguro que Jonathan aceptará toda responsabilidad.
– ¡Pudo ser cualquiera! No tiene que ser a fuerzas algún enemigo de Jotaro. – Cosa que esta seguro que a su nieto no le faltan.
– Tal vez se la pudo llevar algún enemigo de mi hijo. – Agrega a sabiendas que Joseph va a seguir lloriqueando; mientras pasa sus brazos alrededor de su cuello. – Nos vieron salir de su casa y ella era un blanco vulnerable. Si es así no creo que la maten al instante, los muertos no sirven para negociar.
– Mierda, Dio, ¡Eso no me ayuda en nada! Y no vamos a culpar a Josuke de esto.
Pero culpar a Jonathan si lo ve como una posibilidad.
– ¡Me das asco anciano, esto es el colmo!
Oh no. Reconoce esa voz, y este es el peor momento posible para que Jotaro aparezca. Joseph voltea en dirección de donde proviene esa voz muy poco amistosa. Jotaro suelta a Kakyoin y a grandes pasos se dirige a esos dos.
Y en ese momento Joseph Joestar sintió el verdadero terror.
Porque no era suficiente el perder a Jolyne, ¡Tenía que aparecer Jotaro! Y no solo eso, ¡sino también encontrarlo en esa forma tan comprometedora con Dio!
– ¡J-Jotaro! – Se aparta inmediatamente, empujando a Dio. – Que coincidencia que estés aquí.
¿Dio sabía que Jotaro estaba en la plaza? Sin duda su olfato no le falla y no por nada arrastró a Joseph a su lado.
– ¿Te molesta? Estamos en medio de algo.
Una pena, en verdad quería mantener lo suyo con Joseph con la mayor discreción pero fastidiar a Jotaro no podía dejarlo pasar.
– Jotaro, ¿Quién es ese hombre? – Pregunta Noriaki sobre Joseph. Entrecierra los ojos, tratando de averiguar de quien se trata ese sujeto.
– Espera... ¡¿Joestar san?!
El pelirrojo no tarda en unir los puntos. La herida de Jotaro, convenientemente a la altura del cuello, el rejuvenecimiento de Joseph y su cercanía hacia Dio. Está seguro que Joseph no tiene ni la menor idea de lo que ha causado, pero eso no evita el hecho que al pintor le hierva la sangre.
– ¡Hierophant Green!
Joseph no tiene ni tiempo para reaccionar. Es rápido, mucho más de lo que él puede moverse, Hierophant enreda sus tentáculos en sus piernas y antes que pueda siquiera gritar un ¡Oh my God! Lo tiene levantándole con fuerza por el aire para azotarlo con esa misma violencia contra el suelo. Más de una vez.
Hasta para Jotaro aquello es totalmente inesperado. Debería sentir pena por su abuelo, pero no lo hace; que se joda, él se lo buscó. Lo único que no le gusta es darse cuenta a que conclusión podría haber llegado el pelirrojo.
Nadie debía saber lo que pasó entre ambos y mucho menos Kakyoin. No lo demuestra pero muere de vergüenza y en nada ayuda que Dio se este riendo de la desgracia de su familia. Le recuerda que todo es su culpa y acto seguido Star Platinum le mete un golpe para aventarlo a varios metros lejos de ellos.
Ahora que los ha visto juntos da por hecho que Dio lo sabe todo y hasta sospecha que están planeando juntos algo contra ellos. Sospechó que Jonathan tenía un implante de carne; ahora sospecha de su abuelo o quizá sólo es un idiota que como siempre se ha dejado llevar por la calentura y cualquier otra mierda sexual que le haya ofrecido Dio. Porque tampoco pasa por alto que trae los pantalones con los que Dio salió del departamento.
Si ya se sentía sucio cuando el viejo le mordió, ahora se siente más ultrajado.
– ¿Qué están planeando ustedes? ¿Cuál es el juego, maldito anciano? ¡No volveré a confiar en ti!
Tremenda golpiza que Kakyoin le da a Joseph. El ya no tan viejo Joestar tarda en recuperarse. Se siente aturdido, a duras penas alcanza a ver a Star Platinum dándole su propia golpiza a Dio. Bien merecida, no lo va a negar.
– ¡Sólo salimos de compras, carajo!
Eso no es mentira, pero tampoco es toda la verdad, y siendo realistas es muy poco probable que Jotaro o Kakyoin vayan a creerle.
El castigo de Joseph no va a terminar con esos azotes. Oh no, Hierophant se alza sobre él. No tiene un Stand ofensivo para defenderse, así que lo único que puede hacer es sacar a su Hermit Purple.
– ¡Emerald Splash!
Spoiler: No le sirve de ni un carajo. La lluvia de gemas le cae encima. Afiladas, dolorosas, le cortan la piel aun si sus heridas se regeneran con rapidez por su naturaleza vampirica.
Porque (casi) nadie puede desviar el Emerald Splash.
Más tarde Kakyoin se va a disculpar con Joseph. Tal vez.
Dio no se va a quedar con los brazos cruzados mientras Jotaro le golpea, como hace años The World y Star Platinum se enfrentan. Desde un inicio Jotaro y Dio querían agarrarse a golpes, tal vez ya era hora de acabar con la pelea que tenían pendiente. Jotaro no esta en su mejor momento y Dio se burla, las cosas están muy parejas y Dio no tiene reparo en arrojarle a Jotaro cuanto inmueble encuentre, el entorno siempre es un arma.
Para la gente de los alrededores aquello es todo un espectáculo sin sentido: dos sujetos dándose de golpes mientras que otro parece ser azotado por una fuerza invisible.
Lo que si es seguro, es que van a tener que cobrarles los daños a la propiedad. Giorno va a tener que hablar muy seriamente con esos cuatro, no pueden simplemente hacer destrozos en su ciudad.
Para Josuke que viene llegando, considera dar la vuelta, huir y no mirar atrás. Bien Josuke no puede dejar que esos cuatro se maten, si lo hacen ¿Quién buscará a Jolyne?
– ¡Ya basta!¡Jotaro san, Kakyoin san! ¡No fue solo culpa de otousan y Dio, los cuatro perdimos a Jolyne! -entra a la plaza diciendo eso y a Jotaro no le sienta nada bien-
– ¡PERDIERON A MI HIJA!
Josuke llega en el peor momento posible, para decir lo peor que puede.
– ¡¿QUE HICIERON QUÉ?!
Lo siguiente que sale volando es Dio, contra Joseph quien amortigua du caída. Probablemente no sirva de nada porque luego de que Josuke ha abierto la boca, todos pueden darse por muertos.
Jonathan es el último en llegar a la zona de desastre. Los puede ver a la distancia, y es en ese momento cuando se debate entre ser un caballero, o conservar su pellejo.
– Fue un accidente, la hemos estado buscando, Jotaro.
Ser un caballero es mucho mas difícil hoy en día.
– ¿Qué no les estaban pegando por eso? – Pregunta Josuke alarmado, no es que quisiera ocultarle a Jotaro san que perdió a su hija pero quería encontrarla antes de eso.
– No pero ahora lo hará. Dio no lo admitirá, pero parece que Jotaro sigue en muy buena forma. Suficiente para darle pelea.
Josuke trata de explicarle que solo estaban de compras, que se la estaban pasando bien y que todos se habían comportado pero solo se distrajeron un instante y perdieron a Jolyne.
Hay un momento de tensión, uno muy largo e incómodo en lo que Jotaro se acerca a Josuke con ese aire intimidante.
Joseph en verdad pensó por un momento que Jotaro iba a matar a su hijo y después a ellos. O tal vez al revés: los mataría a ellos primero y después a Josuke. Siendo honestos, el orden no afecta el final.
Jotaro no grita, no enfurece, no enloquece de rabia, solo camina hasta Josuke quien no sabe si huir o pedir clemencia. Jotaro jamás ha sido violento con él, jamás le ha gritado o pegado. Cuando Jotaro esta de frente a Josuke con su metro noventa y cinco, está seguro de que lo va a golpear; también cree que se lo merece.
– Te confié a mi hija y la perdiste.
Es todo lo que le dice.
– Kakyoin, andando.
Había que hablar con la policía y llamar a la Fundación; ellos podrían poner recursos para encontrar a Jolyne, Jotaro es consciente de que tiene muchos enemigos.
Pero al final no hay bajas, ninguna más que de la moral. Kakyoin se retira a lado de Jotaro, aunque si hubiese sido por él, habría seguido con su ataque hacia el par de vampiros tirados en el suelo.
Aquello había sido doloroso, Josuke habría preferido una buena paliza de Star.
– ¡Jotaro san, los seis podemos buscar a Jolyne, no pararemos hasta encontrarla!
Josuke lo sigue. Jotaro simplemente lo ignora.
– ¡Kakyoin san! Por favor...
– Creo que ya has hecho suficiente por hoy, Josuke.
Es lo único que Kakyoin puede decirle frente a los otros dos imbéciles. Apresura el paso para no quedar atrás de Jotaro. A su vez, utiliza el largo alcance de Hierophant Green para tratar de localizar a la pequeña Jolyne.
La gente aún los mira raro pero eso no le importa demasiado a Jotaro quien se mete en una cafetería que lo dejen hacer una llamada.
Se puede ver el momento en el que se le ha roto el corazón a Josuke. Fallarle a Jotaro san y a Jolyne es algo que no se va a perdonar. ¡Y el desprecio de Jotaro san! A Josuke hasta las lagrimitas se le escapan.
Dio le wrysea a Joseph, no va a hacer el esfuerzo de conversar con Jotaro. Conoce a su enemigo y duda que vaya a dirigirles la palabra. Aún pueden buscar a la niña. Joseph se levanta después de Dio y se sacude la ropa. Va a lado de Josuke para asegurarse que se encuentre bien.
Jonathan pone una mano sobre el hombro de Josuke. Le sugiere el continuar la búsqueda por su cuenta.
– Buscaremos a Jolyne por nuestra cuenta, la encontraremos. – No es seguro si se lo dice a Jotaro o a Jonathan pero el segundo ni siquiera lo voltea a ver.
Josuke decide marcharse con los otros tres vampiros. Ya podrá hundirse en la culpa y el autocompadecimiento después de encontrar a Jolyne.
Joseph quisiera poder consolar a su hijo, pero esas cosas no se le dan y menos sabiendo que todos comparten la culpa de haber perdido a su bisnieta.
Josuke murmura un "todo esta bien" a su padre aún si nada esta bien, prefiere enfocarse en encontrar a Jolyne, así como Jotaro lo hace por su cuenta al lado de Kakyoin. Joseph sabe que nada está bien y no lo estaría aún si ellos llegasen a encontrarla. Puede aguantar que Jotaro esté molesto con él, pero no puede ver a Josuke tan decaído por algo que no fue del todo su culpa.
Quiera o no, tendrá que hablar a solas con Jotaro y hacer algo que no suele hacer seguido: asumir toda la culpa.
Pero aún es muy pronto para que Jotaro acceda a hablar con Joseph y más si es a solas. El cuerpo se le estremece cada vez que piensa en lo que pasó la noche anterior, así que considera que lo que necesitan es mantener la distancia.
Hasta que la maldición que existe entre el vampiro y su víctima lo atraiga hacia él.
Jotaro no quiere hablar de lo que sucedió con Joseph y mucho menos con Kakyoin, tiene la sensación de que lo hubiera engañado con Joseph.
Si tan sólo le hubiera contado habría sido capaz de entender a qué se enfrentaba. Aunque no iba a querer saber qué relación tuvieron Dio y Kakyoin.
A Jotaro le daba miedo pensar qué relación podría llegar a tener con Joseph, ¡era su familia! El hombre que fue su única figura paterna. Se siente sucio. Y al mismo tiempo eso le pone bastante. Quiere que pase de nuevo y esa es la razón por la que esta tan enojado con Joseph, odia que tenga tan presente aquel acto como el haber estado con Kakyoin.
Kakyoin no va a cuestionar a Jotaro si no le quiere contar de lo ocurrido en el cementerio. Tampoco le dirá nada si este busca a Joseph. Sabe por experiencia lo que es tener esa horrible conexión con su depredador; otro motivo por el cual él mismo quiere mantenerse lo más lejos posible de Dio.
Kakyoin quiere creer que, a diferencia de Dio, Joseph no sabía del efecto que su mordida tendría sobre Jotaro.
El pelirrojo sucumbió años atrás ante los encantos de Dio, durante un viaje que había hecho con su familia a Egipto. ¿Cómo no hacerlo? Dio siempre ha tenido ese aire seductor y atrayente y, en ese entonces, Kakyoin estaba tan solo, sin nadie a quien pudiera considerar un amigo.
Aún pasados tantos años, puede recordar claramente la sensación de esa primera mordida. El dolor punzante, el adormecimiento que inunda la mente entremezclada con las caricias del vampiro. Embriagante. Adictivo. Era una dulce condena que en un inicio no quiso escaparse.
No fue hasta que vio el tipo de monstruo que era cuando decidió intentar huir. Eso no salió muy bien, así fue como acabó con un implante de carne incrustado y el resto ya es historia…
Que peligrosa relación esta por atravesar Jotaro a lado de Joseph y estando tan cerca de esos vampiros quizá ni él ni Kakyoin podrían escapar.
Y mientras ellos buscan desesperadamente a Jolyne, ella y su nueva amiga se "enfrentan" a un potencial peligro.
