29. Hora de Chicas
Un día antes del viaje a Miami para celebrar el cumpleaños de Fugaku, Sasuke llegó a casa y, al pulsar el mando del garaje, la puerta no se abrió. Resopló con paciencia. ¿Lo habían roto los niños? Finalmente, se bajó del coche y lo dejó fuera.
Entró en la casa, y enseguida oyó el bullicio y sonrió. Se estaba acostumbrando a aquello y empezaba a gustarle, a pesar de que el desorden seguía desquiciándolo. Instantes después, Hiashi fue corriendo hacia él para darle un beso y luego se marchó, corriendo de nuevo.
—¡No, no te lo doy ! —Oyó gritar a Hanabi—. El mando de la tele es mío.
—¡Tontaaaaaaaa, dámeloooooo! —Lloraba Hizashi, mientras Shizune intentaba consolarlo.
—Brrrrrrrr —hacía Hiashi con la boca, corriendo con un coche en las manos.
—Mocoso perverso y llorón —dijo Hanabi—. Para mí eres como el 30 de febrero. ¡No existes!
—Señorita Hanabi, ¡no sea cruel con su hermano! Y póngale los dibujos. Ahora le toca a él —intervino Shizune.
—Ahorita mismo, chamaquita, mis lindos oídos dejaron de escucharte.
—¡Señorita Hanabi ! —la regañó la mujer.
Sasuke, tras dejar el portátil sobre la mesa, miró a la niña con seriedad.
—Tú, reina de las telenovelas, que sea la última vez que le hablas así a Shizune. Ella es mayor que tú y le debes un respeto, ¿entendido?
La niña torció el morrillo y, antes de que pudiera decir nada, el balón voló hasta su cabeza.
—¡Tonto… eres un tonto! —gritó.
El niño soltó una risotada y Sasuke, mirando al pequeño peliazul del remolino en el lateral de la cabeza, supo que era Hizashi.
—Hizashi, a la pared de pensar.
Él lo desafió con la mirada, pero cuando vio que no sonreía fue a la pared y le dio la espalda. Sasuke fue a ver si Hanabi estaba bien del pelotazo y, tras comprobar que así era, Suspiro.
—Vamos a ver, ¿qué ocurre?
—¡Quiero ver a Peppa Pig! —gritó Hizashi.
—Brrrrrrr pi… pi… —Jugaba Hiashi, mientras pasaba por su lado corriendo.
Hanabi puso los ojos en blanco.
—¡Odio a esa asquerosa cerda rosa con todo mi ser!
—¡Hanabi ! —la regañó Hinata, apareciendo en escena—. Es la hora de Peppa Pig. Pon ahora mismo los dibujos.
—Eso mismo le estoy diciendo yo, señora —intervino Shizune.
—Pero, mamá —se quejó la niña, enfadada—, son los mismos capítulos repetidos de todos los días.
—Lo sé, cariño, pero ahora le toca a Hizashi la televisión y lo sabes —insistió Hinata y al ver a Hizashi de cara a la pared, miró a Sasuke molesta.
—Sí, he sido yo —dijo él y al notar su gesto, añadió—. Vale, levántale el puñetero y sangriento castigo.
Hiashi corría por el salón con su coche en la mano, Hizashi lloraba mirando a la pared y Hanabi gritaba, mientras Shizune intentaba poner orden.
Sasuke no sabía a quién tranquilizar cuando Hinata, con el tono calmado de siempre, llamó a Hizashi y lo sentó ante el televisor, luego cogió a Hiashi, le quitó el coche y lo acomodó junto a su hermano y a Hanabi le dejó su portátil. En menos de un minuto, todo el caos se había acabado.
Era muy buena...
—¿Tú también odias a Peppa Pig? —Le pregunto Hinata dandole un beso.
Aun sorprendido por lo rápido que había resuelto el problema, le devolvió el beso.
—No, cariño. Pero te quiero a ti.
Al ver que Shizune los miraba y se sonrojaba, Hinata sonrió y, cogiéndolo de la
mano, lo llevó a la cocina. Una vez allí, le señaló el fregadero atascado.
—Hoy he pillado a Hizashi metiendo a saber qué ahí dentro y lo ha atascado. He intentado arreglarlo, pero es imposible. He llamado al fontanero.
Sasuke suspiró y le dio un beso en la punta de la nariz.
—Peor habría sido que hubiera quemado la casa. Por cierto, el mando del garaje no me ha funcionado, ¿sabes algo al respecto?
—Mejor no preguntes.
.
.
.
Al día siguiente, tras dejar a los niños con Kiba y Shino, se marcharon felices a Miami.
Llegaron al hotel Acqualina Resort & Spa on the Beach, donde iban a alojarse, y Hinata sonrió contenta como una niña. Aquello era impresionante. Cuando pararon el coche en la puerta, dos hombres vestidos con chaqueta blanca y pantalón negro les dieron la bienvenida y, luego, de la mano de Sasuke, Hinata entró en el impresionante hall, donde una hermosa señorita los atendió.
Después, un botones los acompañó hasta la planta treinta y ocho, y tras abrir las puertas de una impresionante suite, les dejó las maletas y se fue. Hinata se sintió cohibida, rodeada de tanto lujo, así que Sasuke la abrazó.
—¿Qué te parece?
—Increíble —Contestó alucinada.
Salieron a una terraza que daba al mar y se apoyaron en la barandilla para admirar aquella playa de aguas celestes, en la que estaban dispuestas las hamacas y sombrillas rojas del hotel. Todo era precioso.
Unos minutos después llamaron a la puerta y Sasuke fue a abrir. Eran Izumi, Itachi y Mei. Tras
saludarse, los cinco tomaron algo en la habitación y cuando los chicos salieron a la terraza para hablar, Mei, retirándose el pelo con gesto exagerado las miró.
—¿Os gusta mi nuevo tono de pelo?
Ellas dos la miraron.
—¿Y ese pedrusco? —Preguntó sorprendida Izumi mirando el anillo.
Conseguido su propósito, Mei soltó una carcajada y su excuñada, que la conocía muy bien, sonrió.
—No me lo digas.
Hinata las miró. ¿De qué hablaban?
—¡Síiiiiiiii! —gritó Mei—. Yahiko me ha pedido que me case con él. ¿A que es ideal?
—¡Toma ya! —rio Izumi, abrazándola.
Mei, feliz, se dejó abrazar por las dos.
—Volvió de Milán y… y… me lo pidió —Explico emocionada.
—¿Y tú qué le dijiste? —preguntó Hinata.
Mirando su bonito anillo, Mei sonrió.
—¿Qué le iba a decir? ¡Que sí! Hemos decidido casarnos en enero.
Las tres aplaudieron encantadas. ¡Boda a la vista! Sasuke y Itachi entraron al oírlas, y cuando se enteraron de la buena noticia también la abrazaron y se alegraron por ella. Mei merecía ser feliz.
En la noche todos bajaron a cenar.
—¿Tienes vestido para mañana? —Preguntó Izumi a Hinata.
Ella asintió no muy convencida.
—Por tener, tengo, pero no sé si va a estar a la altura de lo que será la fiesta.
Tras intercambiar una más que significativa mirada con Mei, Izumi sonrió.
—¿Y si mañana, antes de ir a la peluquería, vamos de compras?
—¡Sí! —Palmoteó Mei.
—Sería genial —contestó Hinata divertida.
A la mañana siguiente, las tres salieron juntas. Si alguien sabía dónde comprar un bonito vestido de noche, esa era Mei. Al entrar en varias tiendas, Hinata se quedó sin respiración por el precio de las cosas. Ella no se podía comprar nada de lo que allí se vendía. Izumi sonrió. Era
la misma reacción que ella había tenido al principio de su convivencia con Itachi, y en la tercera tienda, cuando Mei estaba saludando a una amiga, la hizo sentar en un sillón rojo de diseño.
—Lo sé, Hinata. Sé lo que piensas respecto a los precios. Te aseguro que yo la primera vez que salí de compras con Mei y sus amigas, creí que me daba algo. Pero debes pensar que ahora compartes tu vida con un hombre que tiene dinero para pagar esto y más. Y, antes de que me digas nada, sé que tú eres una chica humilde, como lo era yo antes de ser Izumi, la cantante, y entiendo todo lo que piensas. Sin embargo —añadió, sacando una tarjeta del bolso—, Sasuke me ha dado esto para ti. Sabía que si te la daba a ti, no la aceptarías y…
—Y no la voy a aceptar —gruñó Hinata.
Izumi sonrió.
—Hoy será tu presentación oficial en sociedad como la novia de Sasuke Uchiha. El soltero más codiciado por cientos o miles de mujeres; ¿acaso no quieres estar impresionantemente guapa?
Hinata suspiró.
—Sasuke te quiere tal como eres, eso ya lo sabes, pero por favor, dale el gusto y sorpréndelo hasta que la boca le llegue a los pies. No hay nada que le guste más a un hombre que el ver que otros admiran y desean a la mujer que lleva al lado. Y lo sé de buena tinta, porque Itachi me lo confesó hace tiempo.
Ambas sonrieron por ese comentario y, finalmente, cogiendo la tarjeta, Hinata asistió.
—Muy bien. Prometo dejar a Sasuke Uchiha boquiabierto.
Durante horas, visitaron distintas tiendas incansablemente, hasta que Hinata vio un vestido azulón que la enamoró. Era largo, de gasa, con tirantes y escote en uve. En los laterales, a la altura de la cintura, estaba abierto y ribeteado con cristalitos de strass.
El teléfono le sonó. Era un mensaje de Sasuke.
¿Lo estás pasando bien?
Ella le respondió divertida:
Prepárate. Voy a fundir tu Visa.
Al leerlo, Sasuke soltó una carcajada que llamó la atención de su padre y sus
hermanos, los cuales estaban jugando al golf, y respondió:
Hazlo y me harás feliz.
Hinata pasó al probador. La dependienta le llevó un pequeño bolso y unos zapatos de tacón altísimo que iban genial con el vestido y cuando se lo puso y se miró al espejo, se sintió otra mujer. Encantada, salió del probador y Mei y Izumi aplaudieron al ver lo bonito que era el vestido y lo bien que le quedaba.
Sin querer mirar el precio de todo aquello, le entregó a Izumi la tarjeta y dejó que lo pagara ella. Cuando salieron de la tienda eran las dos de la tarde y las tres, satisfechas y contentas con todas las compras que habían hecho, se dirigieron a comer a un bonito restaurante que había frente a la playa.
—¿Vas a cantar en la fiesta de Fugaku? —Preguntó Mei a Izumi.
—Sí. Subiré al escenario, le haré soplar la tarta y luego, antes de la gran fiesta de la salsa, le regalaré una canción que él, como buen puertorro, adora particularmente.
—¡Qué genial! —Exclamó Hinata emocionada.
—¡Qué fastidio, yo canto fatal! —se lamentó Mei.
Hinata sonrió.
—Seguro que no tanto como yo, o si no, pregúntaselo a Sasuke.
Todas rieron divertidas.
—Esta noche a mí me tocará sujetar la vela —comentó Mei.
—¿Por qué? —preguntó Hinata.
—Las dos estáis emparejadas y yo no.
Izumi miró a aquella loca a la que quería tanto.
—Tranquila, Mei, te aseguro que acompañantes no te faltarán, y menos con el vestido que te has comprado.
La guapa pelirroja de pelo rizado soltó una sonrisa picarona.
—Lo sé, cuqui, pero me gusta que me lo recuerdes.
Durante un rato estuvieron charlando y riendo mientras comían y Hinata se sintió una más entre ellas. No hubo una mala palabra ni una mala cara, todo fue diversión, y cuando los paparazzi localizaron a Izumi y comenzaron a hacer fotos, decidieron marcharse a la peluquería. Al llegar allí, Hinata llamó a Shino y, tras consultarle algo, colgó el teléfono y le dijo a la peluquera lo que quería que le hiciera.
Cuando acabaron, horas después, Mei silbo al verla.
—Por el amor de Dios, Hinata, ¡estás ideal!
Izumi aún no se creía lo que veía.
—Wepaaaa, no me quiero perder la cara de Sasuke cuando te vea.
Cuando llegó a la habitación, Hinata sonrió al ver una nota que él le había
dejado.
Hola, cariño.
Espero que hayas pasado un buen día con Izumi y Mei.
Te espero a las ocho en el hall del hotel para ir a la fiesta.
Te quiero.
Sasuke
PS: H_ _ _ _ E_ I_ _ _ _ _ _ _ Y M_ _ A_ _ _.
Divertida al ver aquello, Hinata sonrió y, cogiendo el bolígrafo que había al
lado, rellenó:
HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ.
