CAPÍTULO 35

—Te amo. Abro los ojos y él está junto a mí. Acaricia mi mano y me mira con tristeza.

—¿Cómo estás? —Pregunta.

—No lo sé, Sasuke… —Digo con sinceridad. Suspira y mira fijamente mi mano. Dejo que la acaricie porque la verdad es que echaba de menos su tacto.

—Tenemos que hablar de nosotros, Sakura. Me enderezo sentándome y cubriéndome con la manta. No estoy preparada, pero debemos hacerlo. Hay que resolver la situación de una vez por todas.

—Necesito desesperadamente que respondas con sinceridad a una pregunta. — Dice. Me levanta y me posiciona sobre sus piernas. Una vez más dejo que lo haga. Su cuerpo cálido entra en contacto con el mío. Me posiciono mejor prestando atención a no tocarlo donde lo han herido. Me besa en la frente y con los dedos comienza a juguetear con mi cabello.

—¿Tú me quieres? —Pregunta. Al grano, él es así. Nunca ha estado seguro de mi amor, si bien sepa en su corazón que lo amo. Hace tiempo, un periodo que ahora parece lejano, conseguí dejarme llevar y aceptar la situación. Qué pena que la ilusión duró poco y luego tuve que enfrentarme a la realidad. Esa en la que él y yo no podemos estar juntos porque nos perjudicamos.

—¿Qué cambia saber si te quiero? Ambos sabemos que no podemos estar juntos. Tú vives en un mundo al revés, un mondo que comprendo y no acepto. No es esto lo que quiero y querría que tú lo comprendieras. Rodea mi rostro y me obliga a mirarlo a los ojos. Dos ojos que expresan mucho. No necesitamos palabras, ambos sabemos que lo sentimos. —Responde a mi pregunta. —Responde con voz afligida.

—Querría odiarte, pero no… Las palabras se ahogan. No consigo hablar, duele demasiado.

—No lo consigues. Te agobias porque sabes que soy la persona equivocada para ti. Sentí lo mismo cuando me he enamoré de ti. Quería hacerte daño, y me doy asco por haberlo pensado, pero cuando te miro a los ojos veo un mundo infinito de posibilidades de ser feliz. Es imposible comprenderlo. Yo quiero

vivir de ti, te necesito como el aire que respiro. ¿Lo entiendes? ¿Cómo puede ser posible? Él me odiaba incluso antes de conocerme, y no entiendo cómo el odio puede transformarse en amor. —¿Por qué no me has dicho lo de Vladan? —Pregunto. Me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja mientras sostenemos nuestras miradas.

—Tenía veinte años cuando todo inició. Sabía que el camino que emprendí no era de los mejores, pero entonces no tenía elección. Era el más grande de mis hermanos y era mi deber cuidar de ellos. Mi padre era un cabrón que pasaba sus días emborrachándose y mi madre, Irina, hacía todo lo que podía hasta que enfermó. Ese desgraciado no se preocupó mínimamente de su salud, la abandonó.

No teníamos dinero, los medicamentos eran demasiado caros y ella sin decir nada se sacrificaba. Mentía diciendo que había comprado los medicamentos, cuando en realidad usaba el dinero para nosotros. El 22 de junio fue un día que no olvidaré nunca. Volví a casa, la llamé, pero no respondió. Cuando fui a su habitación la encontré en el cama despojada de vida. Quería llorar, pero no lo hice, la rabia ocupó su lugar. Juré junto al cabecero de la cama que cuidaría de mis hermanos y abandonaría a mi padre, como él hizo con ella. Mis hermanos eran todavía menores, pero pude obtener su custodia demostrando que mi padre era incapaz de atenderlos. Pasé meses buscando un trabajo y no podía continuar con trabajos efímeros. El dinero no llegaba y la desesperación me llevó al local de Vladan.

Conocí a su sobrino Boyan, el cual me dio una posibilidad. Comencé con los cobros, intimidaba a quien no devolvía lo que debía. Mi duro aspecto asustaba a los deudores y era un trabajo fácil para uno como yo. Al comienzo fue difícil, pero tuve que dejar a un lado la moral y transformarme en un hombre sin escrúpulos. Los meses pasaron y me volví cada vez más conocido por aquellos lares. Nunca había visto tanto dinero, pero no se me subió a la cabeza.

Debía pensar en la familia, y es así como ahorré. No me gustaba lo que hacía, pero era la única solución que había encontrado. Los años pasaban y yo me había resignado a esa vida. Iba todo bien hasta que una noche dije a Boyan que quería dejarlo y montar algo por mi cuenta. No se lo tomó bien, comenzó a gritarme usando palabras fuertes. Sus hombres me rodearon y pensé que era mi fin. A

quella noche sucedió un milagro: la llegada de la policía me salvó. Hacía meses que investigaban a Boyan y yo me encontraba en medio de la redada. Se desencadenó el caos. Disparos, gritos y yo reaccioné instintivamente tirándome al suelo. No sé cómo lo conseguí, pero salí indemne. Tenía mucho miedo, pero conseguí mantener la calma. Volví y esperé, creía que la policía vendría a buscarme también a mí, pero no fue así. Al día siguiente me enteré por los periódicos que Boyan había muerto, y poco después recibí la llamada de Vladan.

Me consideraba culpable de la muerte de su sobrino, estaba convencido que yo estaba detrás de la llegada de la policía. Traté de explicarle que no tenía nada que ver con lo que pasó, pero él me dejó de una pieza con una afirmación que no dejaba lugar a dudas, la sangre se lava con sangre. Temí por mi vida, pero sobre todo por la vida de mis hermanos, y fue en ese preciso momento cuando decidí armarme de valor y crear mi propio clan. Reuní a muchos hombres, personas que había conocido en aquellos tres años.

Me gané su confianza, tomé el control del territorio mientras la sangre se derramaba. Vladan trató por todos los medios de acabar con mi negocio, pero obtuvo escasos resultados. Por mucho que fuera un hombre potente, no conseguía dejarme fuera de combate. Yo, a diferencia de él, usaba el cerebro y manipulaba personas potentes, adentrándome cada vez más en negocios ilegales.

Se dio cuenta de que me estaba haciendo fuerte y durante años guardó silencio. Pensaba que se había resignado y bajé la guardia, pero el asesinato de Natasha fue obra suya, no perdió la ocasión de decírmelo. Llegó a casa una carta con la frase, la sangre se lava con sangre. Me había quitado a la mujer que amaba, me había tocado y hundido. Desde aquel día no he parado de idear un plan para matarlo de una vez por todas.

Matarlo no habría bastado, yo quería destruirlo a él y todo lo que había creado. Sin embargo, todos mis intentos fracasaban y la rabia aumentaba. No tenía más sentimientos, no tenía un corazón y estaba cegado por la venganza hasta que te encontré. Su mirada se enternece. Permanezco estupefacta ante tales revelaciones. Nunca había pensado en la otra cara de la medalla. Siempre he sabido que había algo bueno en él y esto lo corrobora. Se sacrificó por el bien de la familia.

—Me odiabas con todas tus fuerzas. Pensaba que con el tiempo podría arreglar mis errores, pero después la situación se me escapó de las manos. Tú esperabas un hijo nuestro, éramos felices y no podía perderte de nuevo. En aquel periodo tú estabas tranquila y te entregabas completamente. Luego, después de la desgracia, no hablamos mucho. Tú estabas retraída, y por mucho que yo intentara acercarme, tú te alejabas.

Cuando decidí dejarte marchar, pensé que necesitabas tiempo para pensar. Esperaba que me eligieras, pero no lo hiciste. Me has destruido, Sakura, pero a pesar de ello, te quiero como el primer día, si no más. Dejaría que me mataran mil veces por ti y no me importaría nada porque la única prioridad que tengo eres tú.

Parece desesperado y yo me quedo de piedra. Cuanto más hablamos, más cosas descubro. No lo conozco, es como si cada día me mostrara una nueva parte de él. El problema es que no sé cuál de ellas es la verdadera.

—¡Quiéreme! —Suplica. No puedo. Niego con la cabeza y me levanto. Es demasiado, no puedo seguir con esto. Es esto lo que me hace, me manipula y me hace creer que todo es posible. Tengo que mirar la realidad, no existe un lugar donde podamos refugiarnos y vivir nuestro amor.

—Tú me has esclavizado, Sakura, mi corazón está encadenado al tuyo. Él continúa y sus palabras no paran de aumentar la rabia que guardo en mi interior. Me odio porque lo amo cuando debería odiarlo.

—¡Bastaaaa! —Grito a pleno pulmón.

—Para ya de decir tonterías. — Retrocedo, no consigo respirar, me falta el aire. ¡Dios mío!, ahora no. Se pone en pie e intenta acercarse, pero yo retrocedo aún más.

—No te acerques. No permitiré que me arrastres de nuevo a tu mundo. ¿Por qué me has hecho esto? Tenía mi vida e iba todo bien, si bien era una vida hecha de mentiras. ¿Por qué la has querido trastocar? —Grito fuera de mis cabales.

—Querría no haberte conocido. —Murmuro mientras intento retomar el control. Una lágrima desciende por el rostro, pero no por el mío, sino por el suyo. Lo observo petrificada. El hombre de hielo que he conocido hasta ahora está llorando. Me da un vuelco el corazón y no sé explicar lo que está pasando, pero mis pies avanzan. Me acerco y con el pulgar seco esa lágrima.

—Tienes razón, no podemos seguir así. Lo dice convencido y le creo. Sin embargo, no puedo ignorar la realidad que nos rodea.

—Siempre te querré porque no podré querer a nadie más tanto como a ti, Sasuke… No me lo puedo creer, lo he dicho. He dejado que las emociones se liberaran y al final me he abierto.

—Mi corazón te pertenece, el tuyo me pertenece a mí. Solo necesito saber que será para siempre. Me toca el cabello, lo acaricia y se acerca aún más.

—Será un amor eterno, algo único. —Admito.

—Tengo que dejarte ir. Cuatro palabras que nunca me habría esperado. El corazón apenas late, el aire no entra en mis pulmones. No me da tiempo a reaccionar, me besa. Es un beso de despedida. Me está dejando. Me da el beso más delicado de todos. Me está saboreando dulce, lentamente, haciendo de él un beso inolvidable. Un recuerdo que me llevaré siempre. Las lágrimas descienden, no consigo detenerlas. Lloro consciente de que se ha acabado, esta vez lo ha decido él.

—Eres lo más bonito y especial que tengo —Declara entre un beso y otro. Esperamos un hijo Sasuke, el fruto de nuestro amor, pero tú no lo sabrás nunca.

—Te llevaré siempre en mi corazón. Me sonríe, me mira con amor y yo quisiera que el tiempo se detuviera para vivir este instante.

—Te mereces lo mejor de la vida, Sakura, y ha llegado el momento de que vivas como siempre has deseado. Cierro los ojos porque no consigo mirarlo. Hace daño, no estaba preparada para esto. Envuelvo los brazos a su alrededor y lo aprieto con toda la fuerza que tengo. Él hace lo mismo, me abraza apoyando la barbilla sobre mi cabeza y meciéndome.

—Todo irá bien. —Susurra dulcemente. Nada irá bien. Sin él mi vida está incompleta.

—Te quiero. —Lo digo en voz baja, pero su beso en la frente me da a entender que lo ha escuchado. Lo observo, me dejo obnubilar una vez más por esa mirada que gradualmente se transforma perdiendo ese resplandor que amo está volviendo para poner fin a todo esto. Ahora.

—Tienes que marcharte. El chófer de Vladan te está esperando para llevarte donde él. Lo dice fríamente, pero sé que solo es pura apariencia. Por dentro está sufriendo, pero trata de mostrar indiferencia. Quiere ser convincente, pero yo sé la verdad. No lo dejo, sigo abrazándolo. Mi cuerpo rechaza mis órdenes, no quiere alejarse. Lo necesito como el aire que respiro.

—Sé un hombre mejor, Sasuke. Había decidido que me marcharía, pero ahora que ha llegado el momento, no logro llegar hasta el final.

—¡Lo haré por ti! —Responde alejándome. Coge mi mano y me acompaña fuera. Quiere alejarse consciente de que no me verá nunca más. Mi mente divaga, se cuestiona mil preguntas. ¿Y si nunca me ha querido de verdad? No puedo preguntármelo después de lo que ha hecho. Ha puesto su vida en peligro con tal de protegerme, solo una persona enamorada podía hacerlo. Cuando salimos del castillo se detiene en la escalera y se vuelve hacia mí. Coge mi mano entre las suyas, la acaricia y levanta la mirada.

—Cuídate, Sakura, y no olvides nuestro amor. Acuérdate de nosotros. Nunca podría olvidarme de él aunque quisiera. Me da vueltas la cabeza. No puede estar pasando, él no puede querer que me marche. Siempre me ha perseguido, me ha obligado a vivir en su mundo y ahora está renunciando a mí, a nosotros. Había imaginado este momento y creía que dejarlo sería la decisión correcta, debía ser fácil, pero me doy cuenta de que es imposible. No consigo marcharme, lo necesito desesperadamente.

—Abrázame. —Suplico. Una reacción automática, fuera de control. Me atrae hacia él y me besa, esta vez con pasión. Sus brazos me rodean y yo me dejo mecer. Me doblego a la decisión de mi corazón, al amor loco y enfermizo que siento por él. Ya no se trata de lo que es correcto, porque existe algo más importante. Lo necesito porque vivo de su amor. El dolor me desgarra el pecho mientras inspiro su olor como queriendo grabarlo en la mente y no olvidarlo nunca más. Me aferro a sus poderosos hombros y restriego el rostro por su pecho sacando todo el aire que tengo en los pulmones. Hace daño porque es nuestro final.

—Te he querido siempre. Incluso cuando he tenido miedo de ti, te he querido… —Confieso. No tiene sentido confesarle mis sentimientos ahora, y sin embargo, siento la necesidad. No consigo contener las emociones.

—Estás renunciando a nosotros… —Admito por ambos.

—Nunca renunciaré a nosotros, Sakura, pero tengo que tomar la decisión correcta por ti. Entré en tu vida de la manera más equivocada y quiero salir de la mejor manera. Te mereces lo mejor y yo no puedo ofrecértelo, no en este mundo. Me aprieta como queriéndome estrujar pero yo ya no lo siento. Estoy vacía porque él se ha llevado todo. Él ha cogido mi corazón, y lo tendrá para siempre, mientras que yo seguiré adelante con mis recuerdos. Levanto el rostro y me pierdo por última vez en esos ojos azul oscuro de los que me he enamorado.

—Te perdono. Yo te perdono todo. —Digo con voz temblorosa. Me despego de sus brazos mientras mi corazón grita de dolor. Ya no escucho su voz, pero veo sus ojos llenos de amor y tristeza mientras me observan alejarme. Mis piernas tiemblan mientras desciendo la escalinata. Cada paso

que me alejo de él es como una cuchillada derecha en el corazón. Ha renunciado a nosotros. Había decidido marcharme, pero mi seguridad se ha derrumbado en el instante en el que él me ha pedido marcharme. Me detengo junto al vehículo y me vuelvo hacia Alex. Está quieto en el umbral de la puerta con las manos en el bolsillo y los ojos puestos en mí. Tengo la mirada ausente y ya no lo reconozco.

El hombre que conocí nunca se daría por vencido, pero por lo que parece las cosas han cambiado. —Do Svidaniya Lyubov' —Susurro. Miro a Sasuke Volkov por última vez, el hombre que amaré y recordaré para siempre. Subo al coche y me derrumbo. Se acabó. No volveré nunca más a ver al hombre que he amado y no podré dar a mi hijo la familia que se merece. ¿Por qué estoy muriendo si era lo que quería?

Estaba dispuesta a marcharme, quería dejar todo a mis espaldas, y sin embargo, no es tan fácil como pensaba. Me cubro el rostro mientras el coche se aleja. No tengo el valor de mirar atrás, lo vería y tengo miedo de ceder. Debo alejarme, es mejor así. Aprieto el borde de la chaqueta entre las manos y tiro con fuerza. Resiste, no te vuelvas, no detengas el coche, y lo más importante, no corras hacia él.

Me lo repito con la esperanza de que funcione. Respiro a duras penas mientras el coche recorre el camino y sale de la verja. No puedo volver atrás, estoy intentando resistir con todas mis fuerzas. Me encojo en el asiento posterior y cierro los ojos imaginando algo bonito e imposible: nuestro amor.

Las lágrimas descienden y no consigo detenerlas mientras en mi mente desfilan rápidamente imágenes de nosotros dos juntos. El primer encuentro, el intercambio de miradas. Él parecía quererme devorar y yo desafiaba al Infierno librando una guerra sin precedentes. No obstante, nosotros habíamos creado el Paraíso dentro del Infierno. Un lugar donde él y yo podíamos amarnos y comprendernos. Tan diferentes y tan iguales.

Do svidaniya Lyubov: Adiós, cariño.