Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.

Capitulo 45. INCERTIDUMBRE


Desperté asustado y sudoroso. Tenía la sensación de haber dormido siglos. Pero seguía aquí, en el hospital. Traté de inclinarme y tuve un retorcijón. Me dolía el estómago. Mejor dicho, me gruñía. Ahora recordaba que apenas había probado bocado desde que se llevaron a mi bebita. ¡Mi cachorrita!

Me levanté presuroso. Afortunadamente me habían retirado el suero. Me calcé las pantuflas y me puse el abrigo por encima de la bata. En las habitaciones el aire es tibio pero en los pasillos helaba. Nuevamente estaba amaneciendo. ¿Tanto habré dormido?

Caminé otra vez, como ya tantas, hasta la zona de neonatología para preguntar por el estado de mi hija. No había nadie fuera y me animé llamar a esa puerta. Afortunadamente me atendió aquella otra enfermera que conocí hace poco y no Leiko

— ¡Señor Katsuki! Pase, tiene que verla— me sonrió. Eso me alentó y con gran emoción di los pasos que me separaban de mi hijita.

Ya no tenía aquella sonda, todavía llevaba la vía en su pequeña manito. Se veía tan pequeñita, tan frágil. Y yo moría por abrazarla, arrullarla y cantarle. Acunarla en mi pecho y decirle que siempre estaríamos juntos.

— ¿Está bien? Perdona no sé tu nombre— le pregunté

—Soy Yumiko— hizo una reverencia. –Su niña está totalmente fuera de peligro. Cambiamos toda su sangre, la anemia retrocedió y ha respondido bien, no hubo incompatibilidad ni nada.

— ¿Cuándo me la puedo llevar?— es lo que más quería. Tenerla conmigo.

—Todavía no. Asumo que en unos días, dos o tres. Ya le dirán. ¿Le gustaría darle el pecho?— preguntó.

— ¿Puedo?— me entusiasmé. Hacía dos días que no la amamantaba. Mis pechos están llenos, he tenido que sacarme leche porque duele cuando la leche se queda estancada.

—Claro. Ya se la saco, siéntese, le traeré un cojín para que esté cómodo.

Obedecí, mientras ella me alcanzaba el cojín y una pequeña cobija. Acomodé mi silla justamente al lado de la incubadora.

Con mucho cuidado tomó a mi bebé y la sacó de aquella caja de cristal. Yo la recibí gustoso entre mis brazos, teniendo cuidado de no doblar su vía. La acomodé y empecé a hablarle.

—Hola mi amor. ¿Cómo estás mi princesa?— empezó a removerse. Estiró la única manita que tenía libre y bostezó. En su boquita pequeña se formó un corazón y mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Aproveche que se despierta. Debe tener hambre— sonrió la enfermera.

No dudé y procedí a intentar que tomara de mi pecho. Saber que puedo alimentarla, darle parte de mí para que crezca, me hace sentir bien. Estaba tan hambrienta, succionó con tal voracidad que solté una carcajada. Es la primera vez que reía en días.

Estaba seguro que todo esto era gracias a Viktor. Él había hecho hasta lo imposible por salvar a nuestra hija. Debo agradecerle.

— ¡Yumiko te necesito en cuidados intensivos!— entró gritando Leiko. No me miró y yo no tenía ganas de verla tampoco.

— ¿Sigue mal?— preguntó.

—Van a ponerle el respirador, apúrate que la doctora Petrova está gritando como loca— eso me alarmó.

—Voy en seguida el señor debe terminar de amamantar a su hija. Fueron indicaciones del doctor Nikiforov, me las dejó escritas aquí— le alcanzó una carpeta.

—No demores por favor— le urgió.

No me animaba a preguntarle nada a Yumiko. ¿Dónde estará Viktor? ¿Por qué le dejó instrucciones escritas? ¿Será que lo atraparon con la sangre de contrabando? Una sensación en mi pecho me molestaba así que tome valor.

—Disculpe. ¿El doctor Nikiforov está en el hospital?— pregunté. Me miró sorprendida. Dudó un momento antes de responder.

—Sí. Está en cuidados intensivos — dijo seriamente. Mi corazón se aceleró.

— ¿Qué le pasa?— pregunté asustado.

—Lo hospitalizaron por una descompensación grave pero desarrolló neumonía.

— ¿Descompensación? ¿Neumonía?— esos términos eran tan extraños. Los había oído nombrar antes pero no los asociaba con nada conocido.

—El doctor Nikiforov está muy débil. Ayer por la tarde me pidió que le ayude a sacarse dos unidades de sangre. Y solo el día anterior ya había donado otra. Una persona solo puede donar dos unidades como máximo. Pero no tres. Se excedió y por eso se desmayó. Lo ingresaron por eso, se descompensó.

— ¿Y la neumonía?— pregunté.

—No lo sé. Es como si hubiera pasado la noche afuera, a la intemperie— dijo moviendo varias cosas.

—Él le dio su sangre a mi hija— dije tristemente recordando cómo le rogué que la salvara.

—Yo estaba de guardia ayer, lo atendí cuando lo ingresaron. No sé en qué turno pasó. La doctora Petrova también estaba cuidándolo. En fin. No se sienta culpable, el doctor Nikiforov es una persona muy comprometida con su trabajo. Es el neonatólogo a cargo de su hija, él hizo todo lo que pudo aún a costa de su propia vida— suspiró mientras seguía ordenando algunos objetos.

— ¿La sangre que pidió aún no llega?— pregunté.

—No lo sé. Y ahora la necesitamos tanto. ¿Ya tomó suficiente?— dijo mirando a mi bebé que había dejado mi pecho.

—Sí gracias— dije con pena. No quería separarme de ella.

—Démela, la pondré en la incubadora boca abajo para que bote el eructo— se la cedí.

No me fui de allí hasta ver que mi pequeña empezaba a cerrar los ojos después de botar sus gases.

Caminé de regreso muy triste. Viktor estaba grave y yo no podía hacer nada para ayudarlo. Él salvó a nuestra hija, dio su sangre para que ella pueda sobrevivir. Hizo lo que le pedí, sin importarle el costo.

Fui hasta su despacho, la puerta estaba entreabierta. ¿Habrá alguien allí? Entré, estaba vacío. Cerré la puerta tras de mí.

¿Qué hice? Yo empujé a Viktor al borde de la muerte. Yo soy culpable de esto.

Me senté en el mismo lugar donde el día anterior le conté la verdad, donde me dijo "¿Crees que por llevarla en tu vientre puedes quererla más que yo?" "Un hijo vale más que mil novias"

¡Vitya tienes que estar bien! ¡Tienes que salvarte! Mi bebé y yo te necesitamos. No te alejaré de tu hija si te recuperas, lo prometo. "Por favor, que Viktor se salve" rogué.

—¿Cerdo?— no me había dado cuenta que en uno de los rincones oscuros había alguien. Me levanté rápidamente. Aquella voz enfadada...

—¿Yurio?— pregunté cuando pude ver su respingada nariz asomar de entre las sombras.

—¡Cerdo! ¡Kobuta-chan!— se acercó y me pegó un golpe en el pecho como era su costumbre.

¿Qué hace Yurio aquí? No lo sé pero estoy feliz de volver a verlo después de tanto tiempo. ¡Yurio! El omega más renegón que conozco y también un gran amigo. Lamentablemente después del incidente con su primo se había marchado de Hasetsu. No puedo creer que esté de vuelta.

— ¿Qué haces aquí?— pregunté sonriéndole.

— ¿Qué haces tú aquí? Yo vine a ayudar a mi primo— respondió.

— ¿Trajeron la sangre?— mi respiración se aceleró.

—Sí. Pero me han dicho que Viktor está mal. ¿Sabes qué pasó? Porque la bruja no me quiere decir nada.

—Viktor le donó tres unidades de sangre a mi hija...— sonreí al escucharlo llamar así a Anya porque en mi mente hace tiempo le había dado ese sobrenombre.

— ¿Eran para tu hija?

—Sí. Nació hace poco pero mi sangre y la suya...

— ¿Tu hija tiene el mismo tipo de sangre que Viktor?— a él nunca se le pasaba nada.

—Sí. ¿Lo que son las cosas no?

— ¡Ay cerdo! Hace tantísimo tiempo que no te veo. ¿Qué ha sido de tu vida? ¿Te casaste con Minami?

—No. No estoy casado, sigo soltero.

—Imagino que pensarás formalizar. Con una hija, deben formar un hogar.

—Mi hija, no es de Kenjirou— confesé.

— ¿No? Pero Anya dijo... que era igualita a él— arrugó la nariz.

— ¿Cuándo les dijo eso?

—No es que sea mi costumbre escuchar las conversaciones telefónicas de la gente pero yo levanté el auricular cuando ella le llamó a mi tía. Dijo que tenías una hija igualita a Minami. Pensé que ya era grande no que recién había nacido.

—Nació hace cinco días. Y no se parece a Kenjirou, no tiene porqué.

—Olvídalo, esa siempre tiene la costumbre de inventar. Se la pasa diciendo que yo le estoy ayudando con lo de su boda, que seré su omega de honor. ¡Patrañas! primero me meto un tubo por el culo antes de participar de algo así. Bruja arribista...

— Entonces... ¿Vinieron a traerle la sangre a Viktor?— pregunté cambiando te tema porque no podía contestar a lo que decía sobre Anya.

—Me llamó para pedirme que contacte a su tío Stefan y me dijo que si la sangre no llegaba a tiempo él mismo la iba a donar. El problema no fue conseguirla, costó una pequeña fortuna pero el dinero es lo de menos. Lo difícil era como pasarla. Por eso vinimos los tres, para despistar en la aduana de Nagasaki. Armé un numerito con Mila tan gracioso que a Beka nadie lo revisó. Y apenas llegamos nos dijeron que Viktor está en cuidados intensivos ¿Qué rayos pasó?

—Dicen que le dio neumonía.

— ¿Neumonía? ¡Somos rusos! ¿Durmió afuera en la calle o qué?

—No lo sé. Yo también estoy preocupado— me senté, me siento tan cansado.

— Cerdo necesitas arreglarte un poco, mírate. Déjame peinarte al menos.

Tomó su bolso mientras yo sonreía. ¿Cuántas veces nos peinamos mutuamente cuando me invitaba a hacer pijamada a su casa para que luego pueda ir a dormir con su primo?

Me pasó el cepillo y desenredó algunos mechones sin dejar de parlotear.

—Estudié cosmiatría ¿Recuerdas que nada me gustaba? Pues al final me decidí por eso. Viktor insistía en que siguiera medicina pero naaah— casi suelto una carcajada, su forma de hablar siempre me ha gustado. —No me va mal, trabajo en un spa junto con Mila, ella es estilista, especialista en mechas y extensiones. Peina a dos cantantes famosas de San Petersburgo...— me olvidé por un momento de mi situación, disfrutando escucharlo.

—La tía Galya le está ayudando a Anya con lo del bodorrio. Otabek y Georgi llevan apostando meses a que esa boda no se va a dar. Mi Beka dice que Viktor va a dejar a Anya y Georgi que Anya solita dejará a mi Viktor cansada de su frialdad. ¡Tengo que contarte de mi Beka! Me casé el año pasado porque me estaban poniendo mala cara cuando él venía a verme... Estoy de bocón hablando tanto y no te he preguntado nada de ti. — ¿Cómo está tu mamá? Quiero comer Katsudon— preguntó.

—Mi mamá falleció hace tres años— solté cuando él tomaba un respiro.

— ¡No!¡Oh Yuuri cuanto lo siento!— me abrazó. — ¿Qué pasó? Ay, si lo hubiera sabido no te...

—Fue un accidente. El auto donde iba, camino a Nagasaki, se volcó.

—Hiroko era tan alegre. Debiste pasarlo muy mal, tú y tu papá.

—Sí, los primeros meses estuve deprimido pero papá y yo lo estamos superando.

— ¿Cómo está tu papá?

—Mejor, dentro de lo que se puede.

— ¿Cómo es tu hijita? ¿Puedo verla?

—Nació amarillita, Viktor dice que le dio ictericia pero tuvo una convulsión porque su sangre y la mía eran incompatibles, eso le ocasionó una anemia severa.

— ¡Pobrecita, tan chiquita! ¿Me dejas verla?— volvió a insistir.

—Está en neonatología, no creo que nos dejen verla, apenas y me dejaron a mí y eso que rogué varias veces...

—A mí no me pueden negar nada. ¡Vamos a verla! Por cierto, si nugget con ketchup no es su padre ¿De quién es?

—De alguien muy especial— sonreí.

— ¿Pero se van a casar? Ya tienen una hijita Yuuri, tienes que darle una familia.

—No. Él es casado— dije para distraer sus pensamientos. Podía ver que la duda empezaba a formarse en su rostro aunque no muy clara.

—Qué pena, cerdo.

Sin querer llegamos hasta neonatología, temblé al pensar que Leiko podía estar allí y echarnos sin consideraciones. Pero nos abrió Lilia.

— ¿Sí?— dijo al vernos.

—Quiero pasar a ver a la hija de mi amigo Yuuri— contestó Yurio muy decidido.

—No es horario de visitas— contestó la mujer que parecía molesta siempre.

—Lo sabemos. Pero Viktor es mi hermano y...

—Déjalos pasar Lilia— escuché al fondo la voz de Chris. La enfermera se hizo a un lado.

Los ojos del suizo me taladraron apenas entramos. Se acercó a saludarme con una misteriosa sonrisa en los labios.

—Qué bueno que ya estés mejor, Yuuri— no esperaba que me diera un abrazo.

—Gracias.

—Ya terminé la revisión de tu hija, ha mejorado bastante. Tiene el color indicado en su piel y mucosas. Ya no hay rastros de bilirrubina ni de anemia. Y tiene unos preciosos ojos— sonrió.

— ¡Yo quiero verla!— saltó Yurio. Me acerqué junto a él atraído por el último comentario de Chris. No había notado lo de los ojos y no hacía más de dos horas que la había amamantado.

—Chris la sacó de la incubadora, ya no tenía vía. Al sacarla de esa brillante luz pude notar el tono rosado de su piel. Estaba medio dormida así que el cambio la fastidió un poco. La envolví en una manta que Lilia me alcanzó. Mi pobrecita bebé estaba sólo en pañal.

Ya en mis brazos me di cuenta que, de alguna forma sus pestañas ya se notaban. Antes parecían solo tenía pelusitas. Pero ahora no, unas enormes y rizadas pestañas plateadas cubrían sus ojos.

— ¡Bebé abre los ojitos, tío Yurio quiere verte!— canturreó mi amigo tomando su manito.

Como si mi cachorra le oyera abrió sus ojitos. Me quedé pasmado. Eran los mismos ojos azul celeste de Viktor. Copiados exactamente.

Mi amigo la miró extrañado y luego me vio a mí. Era claro que estaba confundido. Como no tenía ganas de aclarar nada, sólo besé la frente de mi hija y le susurré lo mucho que la amo.

Antes que Yurio pueda preguntar nada la puerta se abrió. Era Anya.

—¡Chris aquí estás! Vamos a pasarlo a una habitación.

—Ya voy— respondió él. Al vernos Anya sonrió.

— ¡Primo! Lo siento, apenas pude saludarte— se acercó a yurio. Pero al ver a mi hija sus ojos se agrandaron más de la cuenta. En un acto reflejo escondí a mi pequeña de la mirada de la bruja, no sea que le eche mal de ojo. —Qué bueno ya que está fuera de peligro— me sonrió.

—Voy contigo— Chris y ella salieron sin decir más. Pero Anya no me quitó la vista de encima hasta que la puerta se cerró.

— ¿Cómo es que pasó esto? ¿Cuándo?— susurró Yurio mirando a mi bebé.

— ¿Qué?— pregunté.

—No te hagas, cerdo. Esta bebita es hija del viejo.

Su mirada alegre había desaparecido. Se veía desconfiado, como si tratara con un mentiroso. Decidí que ya no puedo callar. Debo explicarle mis razones y sobretodo convencerlo que Viktor no tiene la culpa. Afortunadamente en ese momento Lilia salió llevando una bolsa consigo.

—Hace unos meses me diagnosticaron una enfermedad en el útero. Iban a quitármelo así que mi ginecóloga sugirió salir embarazado para no perderme la oportunidad de ser madre. Y pensé en Viktor— dije intentando sonreír.

—Sí pero nadie hace un hijo con el pensamiento...

—Fui a San Petersburgo con la esperanza... encontré a Viktor en una fiesta, él se estaba cayendo de borracho. No lo recuerda, él no sabía nada.

— ¿Entonces por qué vino a Hasetsu?— preguntó receloso.

—No lo sé.

—Su decisión de volver fue extraña para todos. De un día para el otro dijo que regresaba aquí. Nadie lo entendió, allá tiene mejores oportunidades en su especialidad, había estado meses preparándose para irse con Chris a eso de médicos sin fronteras aunque su abuela se oponía. Y de pronto se le metió la idea de Hasetsu. Los tíos trataron de persuadirlo y Anya... armó varios numeritos pero Viktor se salió con la suya. Y todos teníamos un solo nombre en la cabeza... el tuyo.

—No puedo responder a eso. Pero estoy seguro que Viktor no recordaba. Ayer cuando se lo dije...

— ¡Entonces lo sabe!

—Se lo dije porque mi hija se moría...

—Y él le dio dos unidades más de sangre quedando al borde de la muerte... ese viejo es tan dramático.

—Sí. Él la salvó.

— ¿Y ahora?

— ¿Ahora qué?

— ¿Qué van a hacer?

— No vamos a hacer nada, mi bebé es sólo mía, lo que tu primo haga con su vida no me interesa. Yo sólo quiero llevarme a mi hija a casa.

—Como si él fuera a dejarte hacer eso— dijo sarcásticamente.

—Pues tiene que hacerlo. Yo no quiero nada de Viktor, puede continuar con su vida, casarse y tener sus propios cachorros con Anya.

—Pero no lo va a hacer. Viktor no va a abandonarte con una hija suya.

— ¡Yo no quiero nada Yurio! ¡Nada!. Ojalá regrese a Rusia y...

— ¿Qué son esos gritos?— Leiko había entrado y nos miraba como si fuéramos dos bichos.

—Lo siento yo...— intenté excusarme.

— ¿Qué hace ese bebé fuera de la incubadora?— se acercó a mí con la clara intención de quitármela pero reaccioné más rápido y me puse detrás de Yurio.

—El doctor se la acaba de entregar a su madre— le contestó Yurio.

—Eso es imposible. El doctor Nikiforov está inconsciente en este momento.

—Chris está reemplazando a mi hermano mientras se repone...— Leiko arrugó la frente al escuchar aquello, se dio cuenta que tratar mal a alguien tan cercano a Viktor podía traerle consecuencias y se calmó.

—Necesito pesarla y tallarla otra vez antes de dársela. Si ya no tiene vía se la llevaré en cuanto el doctor Giacometti firme su salida de neonatología.

—Vamos cerdo, te acompaño a tu habitación. Tenemos mucho de qué hablar— pidió Yurio.

Tuve que poner mucho de mi parte para poder dejar a mi hijita allí. Quería estar con ella todo el tiempo.

— ¿Te das cuenta en la situación que va a estar Viktor cuando se recupere?— preguntó mi amigo mientras caminábamos.

—Yurio, te juro que yo no quise ponerlo en ninguna situación. Nunca planeé decirle la verdad. Esperaba dar a luz y verlo en los controles hasta que él y su novia se marcharan de Hasetsu.

—Pero ahora eso no es posible. Viktor no va a dejar a su hija.

— ¿Qué hago? No quiero ser el culpable de arruinar una relación.

—Yo no soy fan de Anya, ni siquiera me cae bien. Pero ella se ha esforzado mucho por conseguir estar con el viejo. La he visto, año tras año, trabajando para hacerse un lugar en su corazón. Ella tiene derecho a saber, Yuuri.

— ¿Crees que deba decirle?

—No. Tu no. Debe ser Viktor pero luego tú debes hablar con ella. Esto va a ser un lío.

—Yo le explicaré, le diré que Viktor no tuvo culpa alguna, el único culpable soy yo. Y no quiero nada, ni mantención, ni apellido... ¡nada!

— ¿No conoces al viejo calvo? ¿Crees que él va a dejar a su hija así como así, largarse a San Petersburgo, casarse y olvidarla?

—Pues...

—Eso no pasará ni en un millón de años. No podemos hacer nada hasta que él despierte.

Dos horas después me trajeron a mi hija. Maro, mi compañero de habitación también estaba muy feliz, le habían dado la noticia que iba a hacer de mama canguro de su pequeño.

Sin embargo aún no tenía noticias de Viktor, tampoco motivos para salir a deambular y preguntar. Esa noche dormí preocupado.

A la mañana siguiente, el Chris vino a darme el alta. Ya puedo irme del hospital pero mi hija no. Mientras Viktor no firme su alta, mi cachorrita no puede salir. Así que me negué a irme. De este hospital no salía sin mi bebé.

—Puede venir a amamantarla pero vamos a necesitar la cama— me dijo Leiko mientras la pesaba.

—No me voy a ir sin mi hija— dije firmemente.

—Eso lo decide el hospital. La doctora Petrova ya firmó su salida, debe ceder su lugar a alguien que lo necesite.

No le contesté porque ella no tenía ninguna autoridad. De aquí no me sacan ni a la fuerza. Después del almuerzo la bruja en persona se presentó.

—Está de alta, puede irse cuando quiera— me sonrió pero sus ojos no me engañan.

—Por favor, quiero quedarme. A mi hija aun no le dan de alta, no quiero dejarla sola.

—Ella no está sola. En neonatología la pueden cuidar mejor que usted. Estará cómoda en la incubadora mientras terminan de hacerle el tratamiento. No será por mucho tiempo.

— ¡No por favor!— rogué. –Tengo que amamantarla.

—Yo puedo firmar el alta de su hija, si se va de inmediato— sus ojos me taladraron. Instintivamente me levanté, mi cachorrita dormía plácidamente entre sus cobijas.

— ¿Y si recae?

—Tendrá que arriesgarse— aquella eterna sonrisa había desaparecido.

—No me iré hasta que Viktor le dé de alta— contesté con firmeza.

—Necesitamos la cama para otra mamita— me tendió la hoja de mi salida. Antes de irse me miró volviendo a sonreír. —Dejaré otra hoja de salida en el puesto de guardia de seguridad. Tiene hasta las 4 de la tarde para abandonar el hospital.

Mis ojos se llenaron de lágrimas ¿Cómo pueden obligarme a dejar a mi bebé? Si Viktor estuviera aquí...

Papá entró, junto a Kenjirou y Seung-Gil. Los dos betas se quedaron callados cuando se dieron cuenta que estaba llorando. Seung-Gil se acercó, me abrazó y acarició a mi cachorrita que estaba dormida.

— ¿Qué te pasa Yuuri?— preguntó.

—Me dieron de alta pero a mi bebé no. Y ahora me piden que deje el hospital porque necesitan la cama— sollocé.

—No pueden hacer eso. Todo hospital tiene un área familiar para que la madre pueda quedarse mientras su bebé sigue internado. Deberían facilitarte una cama si no es aquí en alguna otra área. ¿No se puede hablar con el director?— preguntó Seung-Gil

—No. Él está enfermo— suspiré.

—Hijo, no pueden echarte, éste es un hospital público— intervino Papá. –Además ni siquiera has pagado los gastos médicos. ¿Ya fuiste a la caja a preguntar cuanto se debe?

—Es cierto— añadió Seung-Gil. –Dale largas con el asunto económico, pide cita con la trabajadora social, de ningún hospital te dejan ir si no pagas.

— ¿Dónde está Nikiforov? A buena hora se viene a enfermar—criticó Kenjirou.

—Viktor está enfermo por... porque le dio sangre a mi bebé—dije intentando dejar de llorar. Recordar aquello me ponía peor.

— ¿Es su mismo tipo?— otra vez la mirada inquisitiva de Seung-Gil se posó en mí.

— ¿Puedo cargarla?— preguntó papá mirando que mi pequeña se removía en sus cobijas.

—Claro que sí— la tomé con cuidado y la puse en los brazos de mi padre. Él sonrió tiernamente.

—Podemos intentar ganar tiempo con eso de los pagos— dijo papá. –¿Por qué no van Seung y tú a la caja a preguntar el importe?

—No se me había ocurrido— dije limpiando mis últimas lágrimas, papá siempre le quitaba el drama a todo y hacía las cosas lo más sencillas posibles.

Mi cachorrita se removió en brazos de su abuelo y abrió los ojos. Apenas Kenjirou la miró, su frente se arrugó. Miró al piso y me lanzó una mirada extraña.

— ¡Qué bonitos ojos tiene!— exclamó papá. —Son hermosos ¡mira esa boquita!— papá sonrió cuando la pequeña bostezó. –Se le forma un corazón— añadió. Seung-Gil se levantó rápidamente a observar a mi hija, mis mejillas se colorearon. Mis dos amigos ya se habían dado cuenta pero no creo que mi papá pueda siquiera atar cabos.

—Es tan linda como su madre— agregó Kenjirou todavía con esa mirada acusadora.

—Yo... creo que puedo ir a la caja a preguntar la deuda de Yuuri— Seung-Gil se levantó confundido pero como buen amigo, casi hermano, me miró como diciéndome "me vas a contar después".

—Voy contigo, quiero saber cuánto están cobrando ahora por estos gastos, cuando tu madre dio a luz la partera apenas nos cobró unos yenes...— juntos salieron de la habitación conversando como si nada pasara.

—Yuuri... contéstame con la verdad y no me mientas. ¿Tu cachorra es hija de Viktor?— me sorprendió Kenjirou. solté un poco de aire por la sorpresa, no esperaba que fuera tan directo.

—Si— dije sin poder mirarlo a los ojos.

—Lo de la inseminación fue puro cuento ¿Verdad?

—No quería que supieran...

—Qué bien lo han ocultado, podría jurar que él no sabía.

— ¡Y no lo sabía!

— ¿Cómo no va a saberlo? Esas cosas son bastante intensas ¿Sabes?

— ¡No fue así! Yo lo busqué en San Petersburgo y aproveché una fiesta de su hospital, él estaba muy tomado y yo... aproveché para meterme en su cama— lo miré muy serio.

— ¿Te fuiste hasta Moscú para embarazarte de él, teniéndome a mí a la mano?

— ¡Kenjirou! Ya te dije...

—Conmigo todo hubiera sido más fácil Yuuri. No tendrías que estar pasando por esto. ¿Ya le dijiste a Nikiforov o todavía lo ignora?

—Ya se lo dije. Por eso donó tanta sangre, pero ya se la repusieron, esta mañana llegaron Yurio y Mila.

— ¿Y ahora qué Yuuri? ¿Nikiforov va a dejar a su prometida para casarse contigo?

— ¡No!— quise llorar.

—Díselo a tu papá, Seung-Gil ya se dio cuenta pero tu papá es bastante despistado.

—Lo haré. Gracias— nos miramos un momento, él como si estuviera decepcionado de mí y yo manteniendo la calma porque a pesar de todo, es mi vida, aunque a los demás no les gusten mis decisiones. De pronto la puerta se abrió, era Lilia.

—Debemos llevarnos a la niña para realizarle algunos análisis— pidió. Hice tripas corazón y le di a mi bebé esforzándome por no llorar, porque voy a luchar para que no me echen de aquí, no la voy a dejar sola.

Cuando se llevaron a bebé tomé mi maletín que estaba al pie de mi cama, papá me lo había traído ayer pero no le había agradecido. Fui al baño a darme una ducha y cambiarme de ropa. Lavé mi cabello y me puse una ropa holgada, la panza no había bajado totalmente, me dijeron que poco a poco, con el pasar de los días iría recuperando mi figura. Aunque nunca he sido delgado, al menos solía tener cintura.

Cuando salí Seung-Gil había regresado pero papá no.

—Consultamos tu caso Yuuri, el total de los gastos asciende a 320 mil yenes.

—¿Qué?— me asusté. Eso es... un dineral.

—Acá tengo la lista de lo que te están cobrando— me tendió un recibo. –Puedes abandonar el hospital pero hasta que no pagues el total, tu hija se va a quedar hospitalizada. Dicen que te han hecho una cuenta para que vayas depositando en cuotas si no tienes el total...

—¿Y mientras tanto mi bebé va a estar aquí?

—Tu papá se ha quedado hablando con la trabajadora social, ella dice que no se puede hacer nada, que tuviste que ir a presentar tu caso antes del parto.

—¿Tengo que irme?

—Pregunté en la entrada y sí, hay una orden para que abandones el hospital hoy.

—No me voy a ir— dije saliendo de la habitación. Chris es el que está a cargo del hospital y él no va a dejar que se cometa una injusticia conmigo, estoy seguro que me aprecia... incluso creo que sabe que mi hija...

Caminé seguido de Kenjirou y Seung-Gil, todavía no podía avanzar tan rápido como quisiera pero ya estaba más erguido. La herida no dolía y la rabia por lo que estaba pasando me daba fuerzas.

Llegamos al primer piso, antes que pudiera dar dos pasos Yurio estaba delante de mí.

— Yuuri ¿Y tu bebé?— preguntó al ver que estaba acompañado.

—Está en neonatología, le están haciendo más análisis— contesté.

—El hospital no deja que Yuuri se quede, lo están echando, quieren que se vaya hoy mismo — acusó Seung-Gil.

— ¡No pueden echarte!— Yurio los miró confundido.

—Ya lo hicieron— intenté sonreír. –Quiero hablar con Chris porque no me voy sin mi hija.

—Claro que no. ¡Ni se te ocurra irte!— amenazó y salió corriendo.

Vi a papá en el puesto de vigilancia del hospital, hablaba con el encargado. Yurio no tardó mucho en regresar con Chris.

—Yuuri no tienes que abandonar el hospital— me dijo el suizo.

—Me dijeron que dejarían mi hoja de salida en el puesto de vigilancia y que debo desocupar mi cama a las cuatro a más tardar— respondí. Mi papá llegó hasta nosotros en ese momento.

—El de seguridad dice que tiene órdenes de pedirte que dejes la habitación— dijo papá asustado.

— ¿Órdenes de quién?— preguntó Chris.

—De la obstetra— contestó papá.

—Ven conmigo Yuuri— pidió Chris. Papá me dijo que me esperaría, Kenjirou u Seung-Gil se sentaron en una banca que estaba en el pasillo. Yurio me abrazó y caminamos hacia la oficina de Viktor. Por el camino Chris llamó por teléfono. No tardamos en llegar, me ofrecieron asiento, recordé la última conversación con Viktor y mi corazón latió con fuerza. Escuché la puerta abrirse y me asusté.

— ¿Llamaste Chris?— era Anya.

—Sí. Pasa. ¿Quería preguntarte porque diste órdenes de desalojar a Yuuri Katsuki del hospital?— cuando Anya me miró su sonrisa decayó.

—Así que vino a quejarse— dijo.

—No se ha quejado, yo llamé a Chris— reclamó Yurio.

—Necesitamos la cama. Otra paciente está en labor de parto y tienes una cesárea programada para la noche ¿Dónde colocaré a las nueva mamitas?— intentó excusarse utilizando esa forma de hablar que tenía. Melosa y llena de falsa ternura.

—Hay espacio. Otras habitaciones no están ocupadas.

—Las de obstetricia sí. Pero si puedes acomodarlo es cosa tuya Chris— respondió la rusa.

—Gracias Anya. Pero te recuerdo que soy el director provisional, Viktor me dejó a cargo así que consulta conmigo cuando quieras echar del hospital a algún paciente— le sonrió Chris. No pude evitar una leve sonrisa de satisfacción que disimulé mirando a otro lado.

—Lo tendré en cuenta— la rusa se fue rápidamente.

—Puedes quedarte en la habitación 201. Está muy cerca de neonatología, ya mandé a hacer los arreglos— me sonrió Chris.

—Gracias— dije intentando no llorar.

—Los análisis ya fueron practicados en la bebé. Enviaré a Leiko a que te la lleve, debe estar hambrienta— sonrió.

—Les agradezco mucho, de verdad. Estaba muy triste...

— ¡Anya lo sabe!— dijo Yurio. La miré asustado.

—No lo creo. Y si así fuera no debemos tocar el tema, no nos corresponde a nosotros— habló Chris. ¡Hasta él lo sabe! Por Kami-sama, es tan obvio ahora que mi pequeña es hija del director del hospital, es algo que no quería. —Viktor despertó hace una hora pero todavía no está lo suficientemente fuerte para hablar— me miró Chris. —Yo mismo haré guardia esta noche, ve a vigilarlo y no lo dejes sólo— se dirigió a Yurio.

— ¿Vigilarlo?— pregunté.

—La neumonía que tiene mi amigo se debió a una ventana que dejaron abierta. La que estaba justamente a su lado. No fue casual, alguien lo hizo a propósito— dijo con cólera.

Recordé lo que una de las enfermeras me dijo hace poco... Anya estaba de guardia esa noche. ¡Fue ella! Pero... ¿Por qué? Tal vez ahora dude de la paternidad de mi hija pero en ese momento, cuando Viktor se enfermó ella no podía saberlo, mi cachorrita tenía otro color, estaba enferma ¿Por qué? ¿Por qué Viktor le dio su sangre aún a costa de su salud?

Quisiera salir y preguntarle cuál es su maldito problema, suelo ser muy paciente, muy pacífico pero si se meten con mi hija o con Viktor... Me contuve y acepté lo que Chris me ofreció. Me acompañó a mi habitación y se aseguró que quede bien instalado. Minutos después me dejaron a mi bebé, solo tenía que esperar a que su padre se recupere, estoy seguro que él va a poner orden.