Capítulo 44
Tú, siempre serás suficiente
Sigo adelante como una autómata que ha olvidado que no tiene motor y que por lo tanto debería parar, detenerse, dejar de luchar.
Mi pierna sana me tiembla por el esfuerzo de no apoyar el otro pie en el suelo, no sé por cuanto tiempo podré seguir así.
Cierro los ojos tomando una respiración más honda que las demás, el humo de la prisión aún se ve desde aquí, no he podido alejarme más de ocho kilómetros, eso siendo positiva.
Estoy moviéndome a ciegas, después de matar a los caminantes que me perseguían me levanté del suelo y no he vuelto a detenerme.
Debo decidir, ¿dar un rodeo por las vías o dirigirme a la carretera? En otras circunstancias seguiría por el bosque sabiendo que ese sería el camino que más probablemente tomaría Daryl.
Pero si me he hecho un esguince como creo, un terreno llano será lo mejor para mí.
Hago un nudo al corazón y finalmente me desvío hacia la derecha.
Mientras tanto no dejo de pensar en si mi unicornio estará bien, sé que es capaz de disparar como el mismísimo Ojo de halcón, pero la duda sigue ahí, al fin y al cabo la prisión se convirtió en una trampa mortal con los caminantes atraídos por las explosiones de los tanques del Gobernador.
Una lágrima se derrama por mi mejilla, luego otra, ya no sé si por el dolor o por la desesperación de haber perdido a mi familia otra vez.
Es como si el aire a mi alrededor ardiese mientras mi corazón se atasca entre mi pecho y mi garganta, sin saber a dónde debe ir para no consumirse en su soledad.
Sé que nadie dijo que la vida tuviera que ser fácil, ¿pero quién carajos decidió que tenía que ser tan jodida la muy cabrona?
Incapaz de aguantar el temblor del sobre esfuerzo al moverme con una sola pierna termino cayendo justo antes de llegar a la cuneta, unos arbusto me cubren mientras yazco entre la hojarasca, jadeando agotada.
Me hago un ovillo intentando fundirme con la tierra para descansar un poco antes de tomar impulso y seguir buscando a mi familia.
Y ahí tirada, sin caminantes cerca, con los árboles como única compañía tengo que aceptarlo, egoístamente me preocupa no volver a ver a mi unicornio, no porque él no sea capaz de protegerse, sino porque se ponga en riesgo por salvar a otros.
No quiero perderle.
No quiero tener que decirle adiós a mi hermano.
Parpadeo confusa al sentir una vibración en la tierra, tarde caigo en la cuenta de que estaba más dormida que despierta, una autentica gilipollez en mi situación.
Apoyo mis manos en el suelo y uso mis antebrazos para arrastrarme más cerca de la cuneta para ver que es lo que se aproxima, de ser el autobús dudo que me hubiese despertado antes de oír el ruido del motor.
Mi boca se abre en o y me agacho todo lo que puedo rezándole a mis Diosas por pasar inadvertida.
Es uno de los malditos tanques del Gobernador, cuando ha avanzado lo suficiente me armo de valor para mirar. Lleva un ritmo ligero y constante.
Pero… ¿Si ya nos ha destruido por qué continúa hacia adelante en lugar de regresar a Woodbury con sus nuevos reclutas descerebrados?
No tiene sentido salvo que… Contengo a duras penas un grito de indignación, el muy cabrón persigue al autobús.
Trato de ponerme de pie solo para terminar comiendo tierra, no me quedan fuerzas.
-Mierda.- Maldigo tumbándome boca arriba, parece ser que de momento no voy a poder irme a ningún lado. Aprieto mis puños hasta clavarme las uñas en las palmas debido a la frustración.
Fantástico, simplemente fantástico.
Mi mundo explota y lo único que puedo hacer es ver como arde gracias a que al parecer soy incombustible.
Llevo mi mente hasta Daryl y sus ojos de cazador.
Ojalá no hubiésemos tenido que separarnos, así no me atormentaría tanto por no poder impedir lo que seguramente va a pasarle a la gente del autobús.
Sé que una persona contra un tanque en movimiento salvo que sea el Capitán América no tiene nada que hacer. Pero no puedo dejar de sentirme culpable. Aun así, si Daryl estuviese aquí lo que haría sería concentrarse en lo que sí puedo hacer, mantenerme viva.
Eso me ayuda a centrarme en mi pie y en que tengo que vendarlo.
Me quito la bota para ver como lo tengo y lo que veo es una bola enorme en lo que sería mi tobillo. Si pudiera reposar durante unos quince días todo sería más fácil, pero no me lo puedo permitir.
Me quito el calcetín y lo toco, solo rozarlo me hace ver las estrellas, contengo a duras penas las ganas de vomitar, tengo que vendarlo, pero aquí no tengo nada con que hacerlo salvo mi camiseta.
Corto la parte inferior dejando mi vientre al descubierto, lo que teniendo en cuenta que ahora soy más lenta a la hora de moverme para escapar de los caminantes no me apasiona demasiado.
Vendo mi pie con las tiras, vuelvo a ponerme el calcetín y la bota, pero la dejo desabrochada, sé que la compresión es buena, pero ahora mismo lo que en verdad me vendría de lujo sería reposar, o aún mejor, un poco de hielo, pero dado que he logrado salir con vida de la prisión no me voy a pasar de lista pidiendo más milagros.
Cuando he descansado lo suficiente ya casi ha oscurecido del todo, un coche pasa junto a mi refugio improvisado, arrugo la nariz asqueada por su olor a cadáver, ¿quién es? Nadie en la prisión tenía un coche que apestara así.
Dudo sobre lo que debo hacer, seguir por la carretera como tenía pensado puede ser mortal, por el Gobernador y por quien parece que le persigue, tal vez sea uno de sus secuaces, como sea lo que está claro más allá de toda duda es hoy no seré capaz de llegar a las vías en la oscuridad.
Debo jugármela. Aprieto los dientes y me pongo en marcha, un paso, después otro, intento convencerme a mí misma de que no es tan difícil.
-Ya he estado sola antes, puedo hacerlo.- Me obligo a no pensar en la suerte de Michonne, Merle, Maggie, Glenn… Mi Diosa, el recuerdo me golpea, Rick estaba en primera línea, joder.
El pensamiento me desequilibra y por poco me lleva al suelo de nuevo, no puedo preocuparme por los demás, no si quiero seguir viva.
Diviso gracias a la luz de la luna casi llena la silueta de un coche abandonado, un Ford mondeo con el maletero abierto, seguramente saqueado por alguien desesperado como yo. De todas formas me acerco para echarle una ojeada, o mejor dicho palpar en su interior por si diese con algo de agua.
Estoy sedienta, noto mi lengua como una lija.
Justo cuando apoyo mis manos en el borde los oigo, gruñidos, muchos aunque aún lejanos, como una ola de muerte que se aproximase para arrastrarme.
Sin pensarlo me tumbo en el interior del maletero y trato de cerrarlo pero algo tiene que estar mal en el mecanismo porque queda abierto como unos ocho centímetros, nerviosa busco en el interior, doy con lo que parece ser una cuerda elástica, la ato al interior de la tapa y a mi brazo para mantenerlo cerrado con mi fuerza. Soy consciente de que es una medida desesperada, como me huelan me aguarda una muerte horrible.
Con mi mano libre saco mi pistola de su funda y le quito el seguro, no quiero irme de este mundo sin antes haberlos encontrado una vez más, sé que eso destrozaría la parte de Daryl que él me permitió descubrir, así que una bala en la cabeza es el último recurso que utilizaré si la buena suerte me abandona.
Inhalo y los gruñidos me rodean, exhalo y golpean el coche al pasar. Inhalo y aprieto con fuerza la cuerda, exhalo y la noche se convierte en un gruñido hambriento.
….
Me detengo ante el cartel en el que pone que Terminus es un lugar seguro en el que hay comida y refugio para todos.
Eso casi me hace soltar una carcajada, casi.
¿Qué clase de tarado anunciaría así su hogar? Si es cierto son idiotas al exponerse así, y si es una trampa… En fin, solo atraería a los desesperados.
Me pongo en marcha, ha sido una noche tan larga como una de las palizas de mi padre, trataba de no pensar, pero mi mente no dejaba de llevarme hasta ella, rodeada por esas cosas, sin poder correr para escapar.
Aprieto la ballesta entre mis manos, ya hemos estado separados antes, por una distancia mucho mayor, sé que puedo confiar en que se las apañe por su cuenta.
Sé que es una luchadora, su luz inunda mi pecho con esa certeza, el problema es que también sé que es humana, una mala pisada ahora mismo para ella sería algo más que un problema.
Miro hacia atrás con la pequeña esperanza de verla ahí, llegando hasta mí a pesar de que parezca imposible reencontrarnos con esa facilidad. Pero lo único con lo que me topo es con el frío aire de la mañana golpeando mi cara.
No, ella no está ahí atrás porque no es pasado, es mi presente, solo daré con ella si continúo hacia adelante.
Mis pisadas sobre las vías son silenciosas haciéndome sentir como un fantasma atrapado entre la vida y la muerte.
Pero a pesar del peso que intenta aplastar mi espalda no me detengo, en el Tanatorio estarán todos esperándonos, volveremos a reunirnos, empezaremos de cero una vez más porque somos lo suficientemente fuertes como para hacerlo.
Mientras no nos rindamos da igual cuantas veces perdamos. Esa es la clave, seguir luchando aunque estemos apaleados por el dolor.
Poco a poco el sol comienza a calentar la tierra y yo recuerdo aquel día tan distinto de este.
Flash Back
Desnuda sobre mi moto bajo la sombra de una inmensa encina, -eres un auténtico sinvergüenza Daryl Dixon,- la miré sonriendo de lado, nervioso sin saber porque, a veces simplemente me pasa.
-Tú sigue así y acabaré follándote ahí mismo.- Dije sabiendo por su forma de seguirme con los ojos que eso era exactamente lo que quería de mí.
Ante mi respuesta se mordió el labio inferior deshaciendo su coleta, -palabras solo son palabras.- Me retó.
-En las películas este sería el momento en el que la mujer hubiese dicho algo así como que es peligroso y que deberíamos regresar a la prisión.- Dije tirando la ropa que había estado recogiendo hasta hace un segundo al lado de la rueda delantera.
-Tal vez, pero para empezar esto no es ninguna película, y para terminar yo no soy como las demás,- su sonrisa iluminó el lugar como un rayo de sol reflejándose en un lago. –Pensaba que ya te habías dado cuenta angelito.-
Me acerqué hasta ella y la besé, acababa de recuperarla después de dos años separados. Cada hora juntos era como un puñetazo en los huevos al Destino por haber querido jodernos al mantenernos separados.
Al alejarme de sus labios ella aún seguía con los ojos cerrados.
¿Por qué decirla que la quería era algo que me costaba tanto?
-Yo también te quiero angelito.- Ahora me miraba a los ojos.
-¿Cómo?-
-Te delatas tú solo con esa cara tan graciosa.-
Me senté en la moto atrayendo sus caderas hacia mí, -¿qué cara?-
-La de intentar resolver una ecuación complicada.- Sus manos pasaron por mi pecho acariciándome despacio hasta bajar a mi miembro, donde comenzó a masturbarme.
Solté un gruñido sin poder evitarlo.
-Lo siento.- Me disculpé.
-Está bien, en serio.- Me aseguró con ternura. -No necesito oírlo mientras me lo demuestres.-
-No parece justo para ti.- Su manos seguían dándome placer.
-Estar separados es lo único que me ha parecido injusto.-
-Ahora estamos juntos.- Dije besando su cuello sintiendo como su piel se ponía de gallina al sentir mi lengua ahí.
-Sí.- Me dio la razón en un jadeo, su pecho subía y bajaba rápido debido a su respiración alterada.
De alguna manera estaba seguro de que no terminaría de acostumbrarme a verla así por mí, parecía más un sueño después de todo lo que habíamos pasado que la realidad.
Mis dedos empezaron a jugar en su interior en ese momento sus ojos se clavaron en los míos como si fueran mis propias flechas.
Jamás podría escapar de esa mirada, y nunca querría hacerlo.
Mi pulgar rodeó su clítoris y su boca buscó la mía desesperada, debía parar aquello.
-Daryl,- su voz fue un ronroneo suave justo antes de atrapar el lóbulo de mi oreja derecha entre sus dientes.
-No,- dije luchando contra mi instinto más visceral.
-Hay más condones en tu alforja.- La miré sorprendido.
-¿Qué?-
-El unicornio los metió por si acaso, dijo que era mejor que sobrasen a que nos quedásemos con las ganas.- Me confesó riendo traviesa.
Sin hacerla esperar me puse uno, agarré sus caderas y entré en ella de una estocada.
-Joder.- Grité saboreando su estrechez, su pasión.
-Dame todo lo que tengas.- Me pidió retadora, y yo caí en su juego sin ninguna intención de evitarlo, porque me divertía tanto como a ella.
Aceleré y su espalda reposó en la moto, su cabeza quedó sobre el manillar, casi parecía que ambas estaban hechas la una para la otra, porque sus siluetas parecían encajar perfectamente, y yo me sentía el jodido rey del mundo rodeado de sus gemidos refugiados del implacable sol de Georgia bajo la sombra aquella gran encina.
De pronto su espalda se arqueó y se vino apretando mi miembro de manera deliciosa.
Al darse cuenta de que no me había corrido porque mi verga seguía dura puso una mano en mi pecho para que parara, se bajó de la mato y se subió como si fuera a conducirla, dándome la espalda y agarrando el manillar fuerte con las manos.
-Me vuelves loco.- Ella se rio mientras le rodeaba la cintura con mi antebrazo para pegarme más a ella por detrás.
-¿En serio? No lo había notado.- Su risa murió en cuanto volví a penetrarla. –Aaahhh sííí.-
Su pelo dorado caía por su espalda cubriendo su trasero, lo aparté mientras aceleraba, lo quería todo de ella, me faltaban manos para abarcarla a pesar de lo pequeña que era.
-Cass.- Advertí tensándome al ver a un caminante, ella le disparó con su ballesta de mano, no me había dado cuenta de que la había dejado colgada del retrovisor por si acaso.
-No te pares.- Me gruñó mirándome mal por encima del hombro.
Eso consiguió sacarme una sonrisa, si estaba a punto de llegar otra vez entonces iba a jugar con ella antes aunque fuese una tortura para mí también.
Fui más lento e hice las estocadas más profundas adrede, con cada una ambos gemíamos de placer y frustración por rozar el orgasmo y no alcanzarlo.
Cuando noté que su agarre perdía fuerza aumenté la velocidad, atraje su cuerpo al mío y ella grito corriéndose de nuevo mientras acariciaba su clítoris, está vez al sentirla apretarme me corrí con un largo gemido de satisfacción.
El sexo para mí nunca había sido tan bueno. Aunque no es como si hubiese tenido demasiado ya que implicaba tener intimidad con otra persona, algo que no me entusiasmaba experimentar con nadie a pesar de que fuera momentáneamente, así que lo evitaba todo cuanto podía.
Pero con ella no había tenido oportunidad, desde que entró en el salón de Ale solo con una camiseta ancha para cubrirse estuve perdido.
-¿Todo bien?- La pregunte llevándola conmigo a la hierba.
-Todo estupendo,- me aseguro, -¿nos podemos quedar así un ratito?- Nos habíamos tumbado al lado de la moto, así que estábamos protegidos relativamente por ese lado.
-Si te apetece.- La tenía entre mis brazos, ahora mismo su voluntad era la única ley que pensaba obedecer.
Cass comenzó a recorrer despacio las cicatrices hechas por mi padre con sus dedos, como si en realidad las heridas fuesen recientes y ella las estuviese curando con mucho cuidado para evitar hacerme daño.
-Soy feliz,- dije respirando el olor a hierba húmeda, -pero una parte de mí no lo entiende.-
-¿Qué no entiendes?- Me preguntó besando mi pecho y abrazándome más fuerte.
-Qué tú me quieras a pesar de mí mismo.- Admití sin saber bien porque.
-¿Qué quieres decir?- Dijo frunciendo el ceño.
-Soy un hombre que se encuentra cómodo en un mundo de muerte, eso no dice mucho a mi favor.-
-Daryl.-
-Es cierto.- Insistí, -además, ¿antes que hubiese podido ofrecerte? Nada y aun así tú te enamoraste de mí, te estabas convirtiendo en una estrella pero no me dejaste ir.-
-Daryl, hablas como si fueras un hombre destrozado por su pasado.- Dijo preocupada.
-Lo soy.- Le aseguré delineando su pómulo con mi pulgar, así desnuda sobre el suelo del bosque con el pelo alborotado parecía una Diosa antigua buscando guerra.
-No.- Negó rotunda. -Puede que tu pasado te forjase, eso no te lo discuto, pero no te destrozó. Si lo estuvieras no me tratarías como lo haces.-
-Cass.-
-Déjame acabar,- me callé y ella volvió a dibujar en mi espalda constelaciones con sus uñas, -tú no necesitas que te tome y te haga un hombre completo, solo tienes que darte cuenta de que no estás solo.- Besó mi hombro, -eres tu propio héroe.-
-No tengo nada de heroico, ni de angelical, ni de bueno.- Negué mirándola, no era como Ale, o como Glenn, ni mucho menos como Rick, y nunca lo sería.
-No sé con quién te estás comparando en tu cabeza pero deja de hacerlo, tú, con todas tus cicatrices…- Besó mis labios y me perdí en su boca, -siempre serás suficiente para salvarte a ti mismo.- Susurró apoyando su cabeza en mi pecho.
En ese instante pensé que aunque pudiese salvarme de todas las situaciones en las que me pusiera la vida, no terminaría de tener sentido si ella no estaba conmigo después para reírnos del infierno que se había desatado.
-Siempre es mucho tiempo.- Dije incorporándola sin demasiadas ganas para que se vistiese, llevábamos fuera mucho tiempo, y no quería seguir hablando de sentimientos, no era lo mío.
-A veces solo es un abrazo.- Respondió sonriéndome de esa manera que me hacía querer unir mi vida a la suya en un beso a pesar de no ser capaz de desencadenar ese te quiero que vivía en mis labios por y para ella.
Fin Flash Back
Miro las vías que se extienden ante mí, ella está de camino al Tanatorio, porque es lo suficientemente fuerte para luchar por su vida a pesar del miedo.
Ahora entiendo lo que quiso decirme, -tú siempre serás suficiente Cass,- porque salvándose ella, de algún modo también me salvaba a mí, por eso íbamos a seguir hacia delante aunque pareciese no tener sentido, para salvarnos.
…
-No podemos seguir así.- Digo mirando de reojo a la mujer que nos apunta con una pistola, parece dura.
-Fuiste tú el que quiso razonar con ellos para que nos llevaran al Tanatorio.- Me echa en cara Merle sin abrir los ojos, lo que me hace soltar un bufido.
Al fin comprendo porque Ale y él se llevan tan jodidamente bien, los dos actúan como niños, aunque Merle lo hace como uno que tiene un trastorno madurativo severo.
-Oye,- Tara se levanta y enseguida la militar la apunta a la rodilla.
-Siéntate.- Le ordena.
-De acuerdo,- la hace caso en el acto. –Solo escúchanos, por favor, llevamos cuatro días intentando haceros entenderlo pero hasta hoy no nos habéis quitado las mordazas.-
-Y como sigas hablando os las volveré a poner.- La advierte.
-Solo dame un minuto por favor,- le pide Tara, al no recibir negativa esta vez continúa, -ellos tienen familia y vosotros los estáis alejando de ellos.- La mujer parece algo incómoda al oír eso. –A mí ya no me queda nadie…- Tara se humedece los labios antes de seguir. –Algo me dice que a ti tampoco, dime, si los tuyos siguiesen vivos y unos militares random te secuestrasen para que les ayudases en su supuesta misión de salvar el mundo ¿lo harías o les estorbarías todo lo que pudieras para que te soltasen?-
-No es una supuesta misión, es la última esperanza para la humanidad.- Le replica la mujer sin parecer demasiado conmovida por su discurso.
-Ya… Sí… Lo entiendo, pero no has respondido a mi pregunta, ¿si estuvieras en su situación qué harías?- Le pregunta mirándola fijamente a los ojos.
-Arg.- Gruñe bajando el arma y golpeando en la cabina, -Abraham para.-
-¿Qué? ¿Por qué?-
-No van a servirnos de nada si tratan de escaparse todo el rato, acabaremos muertos intentando evitar que se vayan cuando nos rodee un grupo de podridos.-
El conductor pisa el freno de forma brusca, y todos menos la militar acabamos en el suelo como si fuéramos croquetas.
Tras una pausa aparece un hombre pelirrojo seguido por otro con un extraño corte de pelo.
-Les necesitamos.- Le dice Abraham apuntando a la mujer con el dedo.
Ella baja de un salto sin intimidarse lo más mínimo por la actitud con la que le habla.
-No nos creen,- guarda su arma y nos hace una señal para que bajemos del camión, arrastrándonos con cuidado le hacemos caso. –Por eso haremos un trato.-
-¿Qué clase de trato?- Pregunto tratando de disimular mi ansiedad.
-Y una mierda, les hemos salvado, seguirán con nosotros y punto.- Dice el pelirrojo obcecado en su misión.
-Tienen gente que depende de ellos, les hemos secuestrado.- Insiste ella.
-Los dos tenéis razón, sin ellos no conseguiremos llegar a Whashington, pero si no están convencidos de la viabilidad de nuestra empresa y además son requeridos en otra localización intentarán volver a ella a como dé lugar su capacidad para evadirse, traicionándonos en el proceso de ser necesario.-
-Gracias por ser la voz de la razón Eugene.- Le dice ella dedicándole una sonrisa.
-Joder.- Gruñe el pelirrojo.
-Este es el trato, daremos la vuelta y os ayudamos a encontrar a los vuestros, una vez hecho esto si es que están vivos claro, todos nos ayudareis a llegar a Whashington.-
-¿Y sí no aceptamos puta?- Pregunta Merle haciéndose el chulito. Sin mediar palabra la mujer le da una patada en la boca que le tira al suelo.
-Si no aceptáis tendréis que recorrer cuatrocientos ochenta y cinco kilómetros a pie solo para llegar hasta donde os recogimos.
-No puedo hablar en nombre de los demás,- digo dando un paso al frente. –Acompañaros o no será una decisión libre de cada uno, pero si nos ayudáis mi mujer y yo iremos con vosotros.-
-¿Así que hablas en nombre de la granjerita? Verás cuando se entere, esa es brava, se te va a encabronar.-
-Cállate Merle.- Le digo sin desviar mis ojos de la militar.
-¿Tú que dices Abraham?- Le pregunta ella.
-¿Sabes cuanta gasolina hemos gastado para llegar hasta aquí Rosita?- Le cuestiona el pelirrojo molesto, -dar la vuelta ahora solo por la promesa de reclutar dos personas es una mierda.-
-Por reclutar a dos personas como mínimo,- Rosita me mira evaluándome -¿tu mujer sabe luchar?-
-Mejor que yo.- Ese comentario le saca una sonrisa.
-Es cierto, retroceder puede ser arriesgado, pero cuanto mayor sea nuestro número más probabilidades tendremos de conseguirlo, en este caso el riesgo iguala el valor del premio prometido.- Dice Eugene posicionándose de nuestro lado.
-Coño.- Abraham da una patada a la rueda trasera del camión.
-No serán solo él y su mujer, yo también me apuntaré,- asegura Tara, -con eso ya seríamos tres.-
-Como ahora.- Le dice el tipo cruzándose de brazos.
-No, no como ahora.- Le responde ella.
-Tara tiene razón, ahora somos vuestros rehenes, si cumplís vuestra parte seremos aliados.- Me pongo ante él. –Si insistes en llevarme ya puedes meterme un bala en la cabeza, porque no cejaré en mi empeño por volver a ver a mi mujer, tendrás que gastar todas tus energías en vigilarme y mantenerme atado. No te serviré de nada.-
-Chico, lo más probable es que ya esté muerta.- Dice intentando razonar conmigo.
-Me da igual que sea lo más probable, no pienso abandonarla.-
El hombre suelta un bufido y coloca sus brazos a cada lado de su cuerpo. –A dar la puta media vuelta, Rosita desátalos, ahora que tienen taxi gratis no querrán escaparse, y tú,- señala a Merle, -el del brazo metálico, nada de mamonadas o te reviento vivo.-
-¿Por qué me lo dice solo a mí?- Se queja el mayor de los Dixon poniendo mala cara mientras Rosita le desata.
-Es evidente,- digo divertido. –Tienes cara de mamón, si ya te lo dice Ale todos los días.- Merle golpea mi espalda antes de subir de nuevo al camión. –Gracias por echarnos un cable, empezaba a pensar en tirarme en marcha aunque me dispararan.- Le confieso a Tara.
-Te lo notaba en la mirada.- Sonríe un poco encogiéndose de hombros. –Además, no tienes nada que agradecerme, estaba con el grupo que arruinó tu hogar así que era lo menos que te debía.-
-Aun así no tendrías porque haberte ofrecido para ir con ellos después, eso ha sido decisivo, gracias.-
-De nada, pero tal vez deberías pensar en que quizá… Bueno.-
-Ellos se equivocan, no conocen a Maggie y…- Sonrió recordando el reencuentro de Ale y Daryl con Merle y Cassidy. –Yo ya he visto milagros así antes, por eso no dejaré de buscarla nunca.- La ayudo a subir de nuevo al camión antes de hacerlo yo para mirar hacia atrás lleno de esperanza. –Te encontraré.- Le prometo a pesar de que no pueda oírme por toda la distancia que nos separa, pero aun así, de alguna manera sé que ella lo siente en su pecho igual que yo. Volveremos a estar juntos.
Y cuando eso pase, nada ni nadie nos volverá a separar jamás. Estoy seguro de eso.
…..
-¿Maggie pasa algo?- Me pregunta Gin mientras vigila fuera del coche al que estoy intentando hacerle un puente.
-No, es solo que…- Me incorporo en el asiento para beber un poco de agua y mirar al este.
-¿Qué?- Me cuestiona sin ocultar su curiosidad.
-Nada, no es nada.- Le digo notando como lentamente una sonrisa se me dibuja en la cara. -¿Sabes?- Me giro para mirarla. –Realmente creo que aunque las cosas se pongan un poco difíciles todo saldrá bien al final.-
-Eso espero.- Dice poniendo un mohín, -echo de menos a Carl, y Mika no está tan mal sin Lizzie pegada a ella.-
-Estoy segura de que volveréis a hacer trastadas antes de lo que imaginas.- Le digo para animarla.
Una enorme sonrisa delata su alegría ante esa posibilidad. –uy, me parece que tendremos que dejarlo para más tarde.- Miro en la misma dirección que ella y veo como un grupo de veinte caminantes se aproxima.
-De eso nada, es el único coche que hemos encontrado al que aún le queda algo de gasolina súbete atrás y cierra la puerta.- Le pido.
-Pero…-
-Saldremos de aquí derrapando.- Le aseguro, ella se ríe y me hace caso.
-¿De verdad sabes derrapar?-
-Claro, pero no se lo digas a mi padre.- Se me escapa sin querer, suspiro y continúo conectando los cables.
-Al principio cuesta, pero luego va doliendo un poquito menos- Me dice tímida intentando animarme al notarme callada.
-Lo sé Gin, estoy bien, tranquila.- Intento no pensar en el hecho de que una niña de diez años sienta la necesidad de consolarme cuando debería ser al revés, al menos si el mundo fuese como antes claro, ahora la edad, la raza o el sexo no importan, todo lo que cuenta es la capacidad de supervivencia y adaptación de las personas en este entorno hostil e imprevisible. Al fin el motor ruge. –Sí, sabía que salir con Roy Hanson no era una completa pérdida de tiempo.- Digo triunfante acelerando y haciendo un trompo, golpeando a algunos caminantes con el maletero del coche en el proceso.
-Ja, ja, ja, oh por favor, hazlo otra vez.- Me pide emocionada.
-Será mejor que volvamos con Karen, pero te prometo que cuando llegues a los pedales te enseñaré a hacerlo.- Le ofrezco mirando su cara por el espejo retrovisor.
-Genial,- dice haciendo un gesto de victoria, bajo la ventanilla y dejo que el aire alborote nuestro pelo.
-Sé que me encontrarás,- le digo al viento, relajándome mientras escucho a Gin tararear una de las canciones de Cassidy, sin darme cuenta la imito, y por primera vez en cuatro días desde que la prisión cayó me siento un poco más yo misma.
Soy consciente de que el dolor por la pérdida de mi familia siempre estará ahí conmigo, pero también que el amor por los que aún me quedan me ayudará a sanarme.
Volveré a ser feliz. Estaré bien.
….
Es el cuarto día desde que cayó la prisión y el peor.
Ya casi hemos llegado a nuestro destino, miro de reojo a Ale y su cara es una máscara perfecta de serenidad pero…
Flash Back
-Vamos lentorra, anímate, ya va quedando menos para que puedas librarte de mí.- Me picó Ale intentando sacarme una sonrisa.
-Hemos pasado toda la noche en un árbol porque te daba pena matar a ese maldito jabalí,- le respondí queriendo asesinarle con la mirada. –Ni se te ocurra ir de simpático ahora conmigo o te saco las tripas.-
-No seas así mujer, pobre animal, apenas habríamos comido nada de él y lo demás habría quedado para los caminantes.-
-Ale mírame bien, ¿tengo cara de que me importe?- Le repliqué irritada.
Le vi poner los ojos en blanco y eso casi consiguió hacerme sonreír, así que tuve que hacer un esfuerzo porque no lo notase, si no se hubiese puesto aún más insoportable.
-¿Qué es eso?- Me preguntó deteniéndose, delante nuestra a unos quinientos metros había una forma negra en mitad de la carretera.
-No lo sé, tal vez un accidente de tráfico.- Su rostro se endurece. -¿Ale?-
-Sigamos avanzando por el linde del bosque, por si acaso.-
-¿Crees que es una trampa?- Le pregunté tensándome.
-Lo que está claro es que no es un ramo de flores, vamos.- Me hizo un gesto y ambos fuimos por la izquierda cubriéndonos con los árboles, el ritmo era más lento pero también nos sentíamos más protegidos.
Cuando llegamos a la altura de la masa calcinada nos dimos cuenta de lo que era.
Él salió como una exhalación directo al autobús.
-No, no, no, no, no.- Su voz era apenas un susurro, pero su angustia me traspasó de punta a punta como un cuchillo.
-Parece que nadie nos va a esperar en el Tanatorio.- Dije con desesperanza, a pesar de mi sentido común había terminado creyendo en las mismas ilusiones que Ale.
-No,- empezó a dar vueltas llevándose las manos al pelo. –Ni hablar.-
-Tenemos que irnos.- Dije notando que debía hacerme con la situación por su bien y alejarlo de allí cuento antes mejor.
-Dame un segundo.- Dijo entrando por una ventana, el aire se me cortó al pensar que acabaría devorado, pero mientras él caminaba entre los asientos y los revisaba me di cuenta de algo, todos estaban completamente muertos.
El Gobernador nunca hubiese tenido la decencia de evitar que siguiesen su existencia como caminantes. ¿Entonces quién lo hizo?
-No están.- Dijo Ale saliendo por la misma ventana, -estoy casi seguro de que no.-
-¿De quienes hablas?-
-De Karen y Gin, bueno y de Carl y Mika, ahí no hay ningún niño, y Karen habría tenido abrazada a Judith, así que habría sido fácil reconocerla. Tienen que estar vivas.-
-O se las llevó el Gobernador.- Conjeturé.
-No, él nos quería muertos a todos.-
-Pero Karen antes era de su grupo.- Intenté hacerle ver ese detalle. –Tal vez ella le pidió clemencia y él acepto.-
-No, ella no se hubiese jugado la vida de los niños confiando en su buena voluntad, no después de que el Gobernador masacrase a sus amigos.-
-¿Entonces como explicas que no estén si es que tienes razón?-
-No sé el porque, lo que me importa es que sus cuerpos no están ahí dentro.- Recogió el fusil que había tirado al suelo y retomó el camino con más energía que antes, tanta que tuve que correr para alcanzarle.
-¿Te has parado a pensar que el Tanatorio puede ser una trampa?- Le pregunté.
-Carol, ellas no están ahí y aunque no sea por esa esperanza por la que estés dispuesta a seguir adelante cosa que entiendo perfectamente aunque ahora mismo me repateé las pelotas, hay otro motivo para seguir yendo al Tanatorio.-
-¿Cuál?- No le veía el sentido a que continuase empeñado en ello.
-Alguien de nuestro grupo ha pasado por aquí.- Sentenció contundente sin mirarme.
-¿Cómo estás tan seguro?-
-A nadie desconocido le habrían importado un puñado de caminantes calcinados, alguien se detuvo para darles descanso, tal vez Daryl ¿quién sabe?- Ante eso no tuve nada que rebatir, pero no pude evitar mirarle preocupada, si al final se equivocaba, si al final todas sus esperanzas se convertían en puñales, ¿él podría soportarlo?
A partir de ese momento no dije nada más, no tenía sentido intentar disuadirle, además, fueran cuales fueran las respuestas la única manera de encontrarlas era continuar hasta el final, hasta el Tanatorio.
Fin flash Back
Llegamos al cementerio y todo está tranquilo, lo único que se oye es el trino de los pájaros.
-Siento haber apretado tanto el paso hoy, quería llegar antes de que anocheciera.- Se disculpa.
-Descuida, yo prefiero no pasar otra noche a la intemperie.- Al fin me mira mientras coloca su rifle en su hombro.
-Quédate aquí por si acaso, yo iré a investigar.-
-No,- niego. –Dijiste que allí estarían los nuestros.-
-Lo sé, pero si tú tienes razón no hay motivo para que mueras por un error mío.-
-No voy a dejarte hacer el idiota solo.- Le advierto empuñando mi cuchillo.
-Bien, pero detrás de mí, no tienes un arma de fuego.- Asiento y comenzamos a avanzar lentamente sin fiarnos ni de una sola de las lapidas que pueblan el lugar como guardianes silenciosos.
Finalmente llegamos hasta la puerta del edificio sin percances. -¿Cuál es el plan ahora? ¿Llamar y ya está?-
-Exactamente- me responde él.
-Eh, estaba de coña.- Intento detenerle pero él golpea la puerta y vuelve a poner el rifle en posición para disparar.
Unos pasos se escuchan al otro lado y noto como el sudor corre por mi nuca, si no son los nuestros estaremos más jodidos que nunca.
Aprieto mi cuchillo en mi mano y me preparo para lo peor rezando por equivocarme.
… 18*/*/*
Escucho golpes en la puerta y mi corazón se acelera, dejo a Judith en el féretro en el que duermen Gin y Maggie, ellas están en la parte de atrás guardando el coche que han conseguido, así que no puedo contar con su ayuda inmediata si quien hay ahí fuera es una amenaza.
Respiro hondo y cojo mi machete, noto mi corazón latiendo pesadamente contra mis costillas, como si quisiera salírseme del pecho con cada paso que doy a la puerta.
Mi mano izquierda se cierra sobre el pomo y con la derecha aprieto más el machete. Si no son de los nuestros no dudaré en matar a quien ponga en riesgo mi vida.
Abro de un tirón y ante mí veo el cañón de un fusil que me apunta directo entre los ojos.
No puede ser.
…
La puerta se abre de un tirón y del mismo modo mi corazón vuelve a latir sin dolor.
-Nena.- Bajo el fusil con ganas de llorar al verla pero sin poder creérmelo del todo, diablos, ella realmente está ante mí, y está bien.
Karen suelta su machete y se lanza a mis brazos apartando de un golpe mi fusil para `poder abrazarme.
Sin dudar la levanto del suelo para dar vueltas con ella a pesar de que mis rodillas parecen hechas de gelatina y no sepa por cuanto tiempo serán capaces de aguantar nuestro peso.
-Te quiero, te quiero, te quiero.- Digo bajándola y besando sus parpados, sus mejillas, su frente y finalmente sus labios.
El beso sabe a un coctel agridulce de lágrimas de felicidad y angustia reprimida.
-Ale, Dios mío.- Otro beso más y al fin me derrumbo cayendo sobre mis rodilla. -¿Estás herido?-
-No.- Niego besando sus nudillos, -estoy mejor que bien, yo… Cuando vi el autobús me asusté tanto, por un minuto pensé que…-
-Ssshhh, eso ya da igual, estamos juntos.- Se ríe nerviosa y se lanza de nuevo contra mí, quedando ambos tirados sobre la hierba.
-Tío Ale.- Chilla Gin lanzándose sobre nosotros como un cohete a reacción.
-Oh Dios,- me aparto un poco de Karen para poder besar a mi pequeñaja en la frente. –No me puedo creer que os tenga entre mis brazos.- Digo apretándolas con todas mis fuerzas.
-Que no respiramos.- Se queja mi niña riéndose.
-Es que estoy contento de ser tan afortunado.- Me disculpo incapaz de reprimir mi alegría.
-¿Entonces no te enfadas?- Me pregunta mirándome con sus preciosos ojos pardos.
-¿Por qué tendría que estarlo?- La cuestiono ante su tono. No puedo imaginarme ni una sola razón por la que pudiese estar enfadado con ella, sobre todo ahora que la estoy abrazando y que sé que está bien.
-Carl, Mika y yo nos bajamos del autobús en la prisión,- me explica con un mohín. –Carl estaba preocupado por su padre, no podía dejarle hacer el memo solo.- Se excusa.
¿Se bajaron allí? Gracias a los Jedi, la fuerza estaba con nosotros aquel día, está claro.
-No la regañes por favor, yo bajé con Judith para buscarlos y eso nos salvó la vida.- Me dice Karen al notarme callado.
Por mi parte no hago más que mirar de una a otra. –Estáis vivas, me importa una luna de Saturno el motivo. Os quiero.- Beso a Karen en los labios. –Os amo.- Beso la frente de Gin de nuevo, -os adoro.- Grito abrazándolas feliz, y ellas se ríen haciéndome sentir el hombre más afortunado del mundo.
…
No puedo quitar mi vista de los tres, son la imagen misma de la felicidad.
-Carol.- Maggie me abraza. –Me alegra verte de una pieza.
-Y yo a ti, sinceramente, después de que esa granada explotase pensé que habías muerto.-
-Que poca fe.- Me dice riéndose, -pero es lógico, no fue una batalla fácil.-
-No,- niego sintiendo una extraña punzada al ver como Ale besa a Karen, es como si su alma hubiese vuelto a su cuerpo al tenerlas con él. –No lo fue.- Me giro con esfuerzo hacia Maggie sabiendo que esto es algo que debo decirle yo.
-¿Qué pasa?- Me pregunta al notarme seria.
-No es fácil decir esto.- Su ceño se frunce.
-Adelante, sea lo que sea.- Me anima.
-Después de perderte de vista,- suspiro, -Ale y yo estábamos arrinconados, no nos quedaba munición suficiente.-
-¿Munición suficiente para qué?- Me pregunta estudiándome con la mirada.
-Glenn estaba rodeado por hombres del Gobernador y más venían en nuestra dirección.- Noto como aprieta los dientes. –Ale quiso intentar ayudarle, habría podido alcanzarle, pero no hubiesen logrado llegar hasta donde yo estaba para ponerse a salvo.- Tomo aire. –Lo siento.-
-¿Le…- La voz le tiembla, pero carraspea y se recompone. -¿Le visteis morir?-
-No, tuvimos que salir corriendo, después Ale le quito munición a una mujer con la que nos topamos pero volver a entrar…-
-Hubiese sido un suicidio,- asiente apoyando su mano en mi hombro. –Hicisteis lo que pudisteis dadas las circunstancias.-
-Pero yo tomé la decisión.- Insisto en culparme, porque sé que de no haber tenido que preocuparse por mí Ale hubiese intentado salvarle a como hubiese dado lugar.
-Eh tranquila,- me consuela, -está bien.-
-Maggie.-
-En serio, si alguien es capaz de salir de un lio semejante ese es Glenn, puede que no tenga sentido pero estoy convencida de que está bien y de que viene hacia aquí.-
Miro de nuevo hacia Ale que sigue tirado con ellas encima y una cara de felicidad inmensa imposible de borrar.
-En realidad creo que tiene todo el sentido del mundo.- Digo sonriendo a mi pesar.
-Sí,- ella se abraza así misma con una risa a punto de nacer en sus labios. –Eh oye,- exclama, -¿a mí no me toca recibir amor?- Se queja echándose encima de ellos también.
-Maggie, no te había visto.- Dice él feliz. –La familia vuelve a reunirse poco a poco.-
-Creo que deberíamos cambiar tu apodo al de colchón,- le pica Maggie, -eres bastante mullido.- Se produce un breve silencio. –Lo… Hey.- Ale le da un lametón en plena cara. –Que asco.-
-Siempre seré un unicornio aunque haga las veces de colchón.- Dice con un tono que intenta ser alegre pero que en realidad suena a derrota.
-Sea como sea nosotras siempre te querremos,- dice Karen besando su mejilla, Gin la imita y de pronto los cuatro son un revoltijo de cosquillas.
Sí, definitivamente entiendo porque Merle y Connors le adoraban como lo hacían, cuándo él es feliz contagia al mundo de esa sensación.
-Oh vamos, no te hagas la digna y únete.- Dice tirando de mi mano pillándome por sorpresa. Gin se me echa encima, Maggie intenta huir pero Karen la agarra de un tobillo mientras Ale intenta que se siente sobre él.
Es una locura maravillosa que nos quita parte del dolor y nos cura lo suficiente para estar listos para el próximo revés del destino.
Mi mirada se cruza con la de Ale por un segundo y él me dedica una sonrisa maravillosa llena de hoyuelos, realmente este español loco es suficiente para hacer feliz a cualquiera.
No sé porque me había empeñado tanto en no querer ver eso de él.
…. 22*/*/*
Hola almas corsarias. Mi Instagram es gloria-corsa por si me queréis stalkear.
Cass y Daryl están luchando contra las circunstancias para volver a encontrarse.
Por otro lado Glenn al fin está yendo en la dirección correcta para recuperar a su familia, ¿cómo creéis que Merle se tomará el hecho de que Carol sea ahora más cercana a su idiota particular?
¿Y Carol seguirá sintiendo cosas por Ale cuando vuelva a ver a Daryl o todo habrá sido consecuencia de haber escapado juntos de la prisión?
Por su parte Ale ha recuperado a parte de la gente a la que quiere, y eso es un mundo para él, uno que estará completo en cuanto recupere a su hermanita pero vosotras no os chivéis que es un secreto.
Gracias en Fanfictió por comentar a Poty90
Y gracias en a mis preciosas Debie_Daryl, are221099 y Kisalifibaeni por comentar/votar.
Como siempre espero que el capítulo os haya gustado, besototes for all.
