Bueno, como ya se ha visto en los anteriores capítulos, aquí también debo avisar de que hay violencia extrema y escenas sangrientas, para los que no os guste eso.

Por cierto, no sé cómo escribir Califa/Kalifa, ya que en la wiki en español y en inglés la nombran de las dos maneras, así que pondré las dos.


Capítulo 45

Law observó con horror cómo aquel monstruo que Mina había conseguido lanzar lejos con un golpe cambiaba de tamaño hasta ser como un oso.

-Puede hacer eso...

Y si era más pequeño, era más ágil y veloz.

Observó que eso comenzaba a correr a gran velocidad hacia la pelirrosa.

Un mal presentimiento lo invadió. Ella estaba aún intentando sacar a sus dos compañeros del shock, así que no percató de que iba directo hacia ella.

El pirata gritó Room con todas sus fuerzas, esperando que su rango de ataque llegara, pero estaba demasiado cansado.

Por escasos centímetros no alcanzó rodearla con sus poderes.

Escuchó un grito que le heló el cuerpo entero.


Duele.

Dolía demasiado.

Sentir aquellas fauces engancharse a su antebrazo como una sanguijuela le provocó un dolor tan agudo que comenzó a gritar.

Sabo reaccionó enseguida y comenzó a prenderle fuego desde un lateral. Kaito aún estaba demasiado adolorido como para siquiera moverse y Kota ¿Dónde diablos estaba el moreno?

Ninguno de sus ataques consiguió desprenderlo del brazo de la revolucionaria.

Los tres presenciaron como el monstruo comenzaba a crecer de nuevo, lentamente.

"Me va a despedazar" pensó ella rápidamente "Si continúa creciendo así, me descuartizará entera".

El horror la inundó completamente. Sintió un pánico que jamás había sentido en su vida.

Miedo.

Tenía miedo.

Ese monstruo seguía creciendo hasta dejarla sin tocar el suelo, mientras continuaba masticando su brazo derecho.

Ningún golpe de ninguno de sus compañeros aflojaba sus fauces. Nada lo conseguía distraer.

Con horror, pudo ver y notar que ya había llegado al hueso.

Comprendió al instante que, incluso si la soltase, iba a perder ese brazo. Ya ni siquiera sentía el dolor de los colmillos masticándola. Había destruido todos los nervios. Su propia sangre le caía en la cara como lluvia. Estaba caliente.

"No voy a morir" pensó con furia "No así".

Reunió todas las fuerzas que pudo con su brazo izquierdo, el cual sostenía su katana roja.

Se armó de todo el valor que tenía y gritó con todas sus fuerzas mientras rebanaba de golpe lo poco que quedaba de su propio brazo.


Law consiguió llegar justo cuando cayó al suelo.

Un enorme chorro de sangre inundó su alrededor. Los gritos de Mina le atravesaron los tímpanos.

No paraba de retorcerse por el enorme dolor.

Law conocía aquella sensación, de cuando Doflamingo le cortó su propio brazo en Dressrosa. Sabía que no podía reaccionar sin importar todas las palabras que intentara decirle.

Así que no dijo nada.

-Room

Se abstrajo del mundo que lo rodeaba, de los gritos, de las explosiones, de la sangre que continuaba manchándole la cara.

Tenía que hacerlo para poder cortar la hemorragia, o si no moriría desangrada en pocos minutos.


Rojo.

Su vista ya no veía otro color que no fuese el rojo.

Le dolía, más que nada de lo que jamás había experimentado en toda su vida. Ni aquellas puñaladas en pecho, ni las llamas rodeando su cuerpo, ni los golpes en aquella celda.

Nada igualaba eso.

Ya no le salía la voz de tanto gritar. Sentía que si lo intentaba una vez más vomitaría sangre. Sentía que sus pulmones tenían ardían.

Comenzó a sentir que perdía el conocimiento.

-¡Ni se te ocurra dormirte, joder! - escuchó que le gritaba una voz demasiado conocida - ¡Si te desmayas morirás!

Sus ojos enfocaron lo más que pudieron.

-Law...

-No hables - le interrumpió mientras continuaba cosiendo - Menos mal que el corte fue limpio, así me has facilitado bastante el trabajo.

Giró la cabeza y vio a Shodai Kitetsu brillar como nunca antes. Parecía como si aquella katana maldita hubiese cobrado vida.

Recordó que aquella espada maldita reaccionaba ante la sangre de su propio dueño, por algo tenía un demonio en su interior.

-¡Lo estás haciendo genial Mina-chan! - escuchó que de pronto Shachi le decía mientras le sostenía la cabeza al mismo tiempo que Penguin le colocaba un sedante en el brazo que le quedaba.

-No...no... - intentó decir.

-Con esto te dolerá menos, Mina-chan.

-No...no me hacen efecto...los sedantes - consiguió decir finalmente.

Ambos piratas miraron con horror a su capitán.

-No lo soportará - dijo Shachi - Está consciente y no soportará la presión si la operas sin sedante. Morirá por shock.

Law miró a Mina. Sentía que el corazón le iba a mil.

-Ponedle algo en la boca - ordenó - Que no se muerda la lengua.

-¡Pero capitán!

-ES UNA ORDEN.

Ambos asintieron y le colocaron un trozo de tela que vio como Penguin se arrancaba del traje que llevaba.

-Aguanta Mina-chan - dijo Shachi con dolor en su rostro - Sé que puedes con esto.

A pesar de que estaba mentalizada, la sensación de tener a alguien tocando sus heridas hizo que su cuerpo entero se estremeciera. Dolía demasiado.

Gruñía por el dolor con tanta fuerza que pensó que se partiría los dientes de tanto apretar.

Entre Sachi y Penguin le mantuvieron el cuerpo lo más quieto que podía a pesar de los espasmos de dolor tan intensos.


Veía a su amado hermano pequeño y a ese pirata imán luchar contra el animal que hacía unos segundos escasos había desfigurado a uno de sus amigos y casi despedazado a la otra.

Le temblaba el cuerpo entero mientras continuaba apretando el cuerpo tembloroso de su compañero. Escuchar los gritos de agonía de Mina le penetraba los oídos. Jamás los olvidaría.

-¡Déjamelo a mi! - escuchó decir al pequeño reno que era parte de la tripulación de Luffy - ¡Debemos tratar inmediatamente las heridas de tu amigo o también morirá!

Sabo asintió, no podía seguir entorpeciendo más. Dejó que aquel reno parlante empezara a curar a su amigo, el cual balbuceaba con dolor.

De lejos, pudo ver a su nakama Kota por delante de un hombre vestido de blanco y con una paloma en su hombro. Si no recordaba mal, aquel hombre era un agente del CP0... y el hermano de su compañero.

Se levantó.

-Lo dejo en tus manos - le dijo al pequeño reno - Eres nakama de Luffy, así que está en buenas manos.

-¡No me haces feliz ni nada por el estilo! - dijo Chopper sonrojándose - ¡Tonto!

Corrió para ayudar a su amigo, pero éste lo detuvo inmediatamente.

-¿¡Pero qué diablos haces!? - gritó Sabo molesto.

-Por favor - dijo el moreno con voz tranquila - Esto es algo personal, no quiero que te involucres.

Sabo miró a su amigo sin entender lo que pasaba.


-Pensé que estabas muerto - dijo sin ninguna emoción Rob Lucci.

-Créeme, casi lo consigues.

Ambos hermanos se miraron fijamente.

Kota pensó que una vez volviese a ver a su hermano a los ojos la furia se apoderaría de él. Pero nada de eso sucedió.

Se quedó en blanco. ¿Miedo? No, no era miedo.

Se tocó la venda que cubría su cuenca vacía. El ojo que perdió por culpa del hombre que estaba delante de sus narices.

-Y pensar que un inútil como tú desperdiciaría la oportunidad de vivir que le permití para entrar al Ejército Revolucionario - dijo Lucci fríamente - Eres un idiota, Kota.

-¡Cállate! - gritó Sabo furioso - ¡Tú no tienes ni idea sobre cómo es él! - apretó los puños con furia - ¡Ni se te ocurra insultar a mi compañero!

Kota miró con asombro a Sabo. Aquel crío tenía las agallas que a él le faltaban.

Su hermano mayor. La persona a la que más había amado en su vida y la primera a la que había admirado. Para él, Lucci había sido un héroe. Pero un héroe no vende a su propio hermano, ni lo envía a prisión... ni lo ejecuta.

Sonrió.

-Debiste haber apuntado al cerebro.

Lucci no dijo nada.

Ambos comenzaron a golpearse con fuerza y a usar sus Frutas del Diablo.

"No soy tan fuerte" pensó fríamente "No podré mantener su ritmo".

Lucci era más fuerte físicamente que él. La batalla iba a tener un resultado obvio.

"No puedo perder de esta manera"

-¡PARAD! - escuchó gritar a una voz femenina de repente.

Kota reconoció aquella voz.

-Califa... ¿Qué diablos haces aquí?

La rubia miró al revolucionario enfadada, con lágrimas en los ojos.

-Sois unos idiotas - también miró a Lucci - ¡Sois hermanos!

-Así que tú también eres una traidora - dijo Lucci con total frialdad - Supongo que también tendré que deshacerme de ti.

Califa miró tranquilamente a Lucci.

-A mi no me das miedo Lucci, nunca lo has hecho.

Era cierto, Califa había trabajado para el Gobierno Mundial desde literalmente el día que nació al ser la hija de un agente del gobierno (aunque realmente nunca llegó a conocerlo). Sin embargo, no era devota por completo, simplemente lo veía como su único medio de supervivencia.

Hizo todo lo que estaba en sus manos para no ser tratada como un desperdicio y sirvió fielmente. Sin embargo, el fiasco de la misión de Water 7 le hizo replantearse si realmente quería seguir viviendo así.

Recordó que años atrás, Kota le propuso irse con él. No aceptar fue el mayor error de su vida. Tal vez ella también habría sido tachada de traidora, pero al menos no habría pasado casi 10 años de su vida como un títere.

-Hace 1 año-

Water 7 había sido la gran mancha en su expediente. El Gobierno Mundial jamás perdonaría semejante metida de pata, ni siquiera a una profesional de CP9 como ella. Incluso le habían dado finalmente una Fruta del Diablo para poder luchar con mayor eficacia.

Había sufrido al ver que Lucci estaba gravemente herido, así que entre todos sus compañeros del CP9 tuvieron que llevarlo de urgencia a un hospital y pagar por sus tratamientos (los cuales no fueron baratos). Tuvieron que huir de la marina al ya no ser bienvenidos por el Gobierno Mundial y pasaron de ser unos respetados agentes a unos forajidos.

Pensó que Lucci cambiaría, incluso ayudaron a las personas del pueblo donde se estuvieron recuperando, pero en cuanto el Gobierno contactó con Lucci para ofrecerle un puesto como parte del CP0, Kalifa entendió que no había nada que ella pudiese hacer.

A ella no la contactaron.

-Supongo que ahora no soy más que una mujer inútil - dijo en voz alta mientras sonreía con tristeza.

Tuvo que venderse para poder conseguir dinero para comer, al fin y al cabo seguía siendo atractiva y al estar en la lista negra ningún local la contrataría para un oficio digno.

Pero cuando vio aquel hombre de pelo negro que se encontraba en el distrito rojo, lo reconoció enseguida.

¿Cuántos años habían pasado? Ya había perdido la cuenta.

-Pensé que habías muerto - dijo ella mientras intentaba mantener la calma.

-Yo también lo pensé - la miró serio - ¿Qué haces aquí? Pensé que seguirías trabajando para ellos...

-Fallé en una misión muy importante - contestó suspirando - Y ya no soy de utilidad.

Kota sintió que le hervía la sangre. También la habían tirado como un trapo sucio a pesar de haber trabajado para ellos durante toda la vida.

-Nunca fuimos nada para ellos, siempre fuimos prescindibles.

Kalifa sonrió.

-Yo sólo quería ser útil, pero supongo que no fue suficiente - miró al moreno - Te he echado de menos. Todos los días.

-Yo también.

-¿Qué has estado haciendo?

Kota tragó saliva.

-Usar lo único bueno que tengo - señaló su cabeza - Y eso me ha mantenido con vida hasta el día de hoy.

Kalifa sonrió.

-Soy feliz al saber que al menos has podido llevar una vida alejada de toda esta mierda.

-No te creas...

Pasaron unos días juntos, hasta que Spandam volvió a reclutarla. Kalifa estaba harta de esa vida, pero sabía que negarse no era una opción, así que aceptó volver.

-¿Realmente vas a continuar con esa mierda, Kalifa?

-Ya sabes que no tengo opción - lo besó - Es mi castigo por no irme contigo aquel día.

-Habrías muerto.

-Pero al menos no te habría abandonado.

-De vuelta al presente-

Kota jamás le contó que era revolucionario, así que cuando la encontró en la guerra, jamás pensó que ella iría con él. Pasaron unas cuantas noches juntos, recordando los viejos tiempos aún sabiendo que era una pésima idea. Siendo de bandos contrarios era una estupidez. Sin embargo había recuperado su trabajo.

¿Enserio ella estaba dispuesta a terminar con todo aquello que le había costado su vida entera, por alguien como él?

Ella se acercó a Kota y lo tomó de la cara.

El revolucionario la miró a los ojos. Califa sacó de su bolsillo un artefacto. Ambos sonrieron porque sabían lo que les deparaba.

-No tienes por qué hacerlo - le dijo Kota mientras apoyaba su frente contra la suya - Huye y sé feliz.

Ella negó con la cabeza.

-Ya tuve mi oportunidad cuando no hice nada por ti cuando te tendieron aquella trampa. No volveré a abandonarte.

-¿A pesar de lo que significa?

-Sí, a pesar de lo que significa.


Law ya casi había acabado la operación. Gracias a dios había podido cerrar correctamente los nervios y vasos sanguíneos y ella no había perdido la conciencia durante el trayecto.

Mina alzó la mirada.

Pudo ver como su compañero Kaito era atendido por el reno de la banda de los Mugiwara, por lo que se sintió tranquila.

Buscó a los otros dos con la mirada. De pronto, Sabo fue lanzado violentamente en la dirección que ella se encontraba.

Bepo detuvo al revolucionario antes de que éste cayera encima de algún herido.

-¿¡Pero qué demonios!? - dijo el rubio mientras recuperaba el aliento del golpe que le había dado su compañero.

-¡Lo siento! - exclamó Bepo nervioso.

-¿Sabo? - preguntó confusa Mina - ¿Dónde está...

Ambos levantaron la vista y vieron a su compañero al lado de una mujer rubia.

La mujer rubia hizo un gesto de pedir perdón a los dos revolucionarios mientras ninguno de estos entendían lo que estaba ocurriendo.


Kota miró a su hermano con una sonrisa.

-Te perdono por todo.

-¿Qué?

-Me he dado cuenta... de que soy totalmente de guardarte rencor a pesar de todo lo que ha pasado - le sonrió con tristeza mientras las lágrimas caían de su rostro - Eres mi hermano, y no puedo evitar amarte.

-Mira que eres débil - dijo Lucci, aunque su voz estaba claramente temblorosa.

¿Qué es eso que sentía en su interior?

Miró a su hermano pequeño y recordó cómo éste lo perseguía cuando ambos eran eran unos enanos que no sabían el triste futuro que les depararía. Cuando él no había sido completamente roto por el Gobierno Mundial.

Kota se sorprendió.

"Entonces aún quedaba algo del tú de antes..."

Sintió la mano de Califa apretando la suya.

-Lo que voy a hacer no es porque te odie, Lucci - dijo mientras las lágrimas continuaban cayendo por su rostro - Lo hago porque eres un peligro para la revolución. Mientras hombres como tú sigan vivos, el mundo jamás podrá cambiar.

-¿De qué hablas? ¿Crees que tienes la fuerza necesaria para matarme? Mira que eres imbécil.

Kota y Califa sonrieron.

-No, sabemos que no lo somos.

Kota miró a Sabo y Mina, luego a Kaito, que estaba un poco más alejado de ellos dos. Estaban lo suficiente lejos como para no resultar heridos.

-Hey, chicos - gritó lo suficientemente alto como para que los tres lo pudieran escuchar - A partir de ahora, os tendré que dejar el resto.

Miró la cara confundida de Sabo y Mina. Kaito sin embargo no dijo nada.

Miró a Califa y ambos sonrieron mientras mantenían sus manos juntas.

Sabía que jamás lo perdonarían por lo que iba a hacer, pero siendo realistas, no había otra salida. Y él siempre lo supo desde el día que Dragon y el resto lo recogieron en su barco después de caer de aquel acantilado.

Sabía que ese era el momento en el que realmente sería útil para el mundo que Dragon y Sabo intentaban crear. Este sería su grano de arena para hacer posible aquel sueño. Por el bien común.

Sonrió con una alegría que ninguno de sus amigos jamás había visto.

-Gracias por darle un significado a mi vida.

Lanzó con fuerza el artefacto que Califa le había dado, una piedra Dyna, capaz de igualar la fuerza de las Armas Ancestrales.

Lo último que vio fue a sus nakamas heridos correr hacia él con una expresión de pánico absoluto.

"Acabad lo que hemos empezado".