86. Hyuga y Uchiha.

Sakura miró al niño que tenía delante de ella, con un gesto casi despectivo. Él corría de un lado a otro, a veces practicando sus técnicas ninjas, otras solo jugando torpemente. La oscuridad solo le permitía verlo y verse así misma, no obstante, podía notar como debajo de los pasos que daba el contrario, se formaban ondas, como si se encontraran en agua.

— ¿Cuándo vas a dejar de aparecer? —protestó Sakura, sin poderlo evitar. El niño detuvo sus vueltas, que ondeaban las tiras que sobraban del listón en su frente.

—Eso depende de ti, no de mí. —dijo el pequeño Sakura, arqueando una ceja y frunciendo el gesto. — ¿Por qué los adultos le echan siempre la culpa a los niños? Es injusto.

— ¿Me estoy volviendo loca?

—Es probable. —Sakura niño se sentó frente a ella, dándole una sonrisa. —Aunque yo también me pregunto que estoy haciendo aquí, ¿por qué no puedes dejarme ir? ¿eh? ¿por qué? —repitió, sintiéndose molesto de repente. —Tú eres la que me trae aquí siempre que puedes.

—Las alucinaciones no deberían hablar.

—No puedes callarme, soy tú. —reclamó, inflando los mofletes.

Sakura recargó su brazo en su rodilla, sus piernas estaban cruzadas en forma de mariposa, por lo que fue realmente fácil soportar el peso de su rostro, al colocar su barbilla sobre su mano. El infante se comenzó a sentir cohibido por la forma en que era observado, trayéndole recuerdos amargos a Sakura. Parecía que en cualquier momento se echaría a temblar.

¿Sería eso a lo que se le conocería como hablar contigo mismo? No estaba segura de que se refirieran a eso. Encontrarte a tu pequeño yo cuando estabas a una semana de morir, sería considerado más locura que nada.

— ¿Vamos a morir? —preguntó el pequeño Sakura, sus enormes ojos verdes la contemplaban con curiosidad y cierta tensión por la pregunta.

— ¿Lees mi mente?

—Es mi mente también. —contestó sin darle mucha importancia. —Entonces, ¿vamos a morir?

—Sí, supongo que sí. —suspiró Sakura, bajando la mirada. —No podemos hacer mucho, de lo contrario Lee no hubiera salido ileso.

— ¿Quién es Lee? —preguntó, sin comprender.

—Alguien por el que daríamos nuestra vida sin dudarlo. —La Sakura mayor puso los ojos en blanco al ver un nuevo yo, aparecer al lado del más pequeño. Era su yo que había peleado en los exámenes chunnin, tenía manchas de tierra y sangre escurriéndole todavía de la cabeza.

En efecto, se estaba volviendo loca.

—Entonces, ¿vamos a morir? —preguntó la Sakura de doce años.

— ¿Podrían dejar de preguntarlo? —reprochó la original. El pequeño Sakura comenzó a trepar por su espalda, cayendo sobre sus piernas al dar una pirueta por encima del hombro. Sakura lo tomó de la pierna, alzándolo con irritación. —Se sentirán orgullosos de haber tomado esta decisión.

— ¿Hay orgullo en morir sin haber peleado?

—Padre dice que no puedo morir antes de convertirme en Hokage. —comentó el pequeño, soltándose de la Sakura mayor. — ¿Por qué quieres morir?

—No quiero morir.

—Claro que sí. —reclamó la maltrecha. —Somos tú.

—Me rendí en alguna parte del camino, ¿sí? —exclamó la mayor, poniéndose de pie. Ver a sus otros yo que de alguna manera se esforzaban por salir adelante, le hacía sentir patética. —Hice cosas que no pueden ser perdonadas, traicioné a mis personas más amadas.

Sus otros yo, volvieron a tomar asiento, mirándola con reproche.

— ¿Entonces de qué sirvió protegerlos en los exámenes chunnin o contra Zabusa? —contratacó la segunda mayor, molesta. —Si no voy a poder reír con ellos, ¿de qué me sirvió protegerlos?

—Ellos seguirán vivos y serán felices.

— ¿Cómo lo sabes? —su yo niño, ladeó el rostro, desconcertado.

—Solo lo sé. —el tono de Sakura se agrió. No quería pensar en eso, en la felicidad de ambos una vez que muriera.

—Tienes miedo de que te olviden. —comentó la Sakura del listón en el brazo.

—Sí.

—Entonces aférrate a ellos hasta el final.

—.—.—.—.—

Despertó con una terrible jaqueca, solía pasar siempre que tenía ese tipo de sueños. Por lo que de mala gana miró alrededor de la celda, Sasuke estaba tendido en la cama, su respiración era demasiado liviana así que se dio cuenta de que seguía dormido. El día anterior habían ido a las duchas, con la cuenta regresiva ya encima de ellos, Kakashi había dicho que los últimos tres días tendría, al menos ella, la comida que más deseara y demás. Sakura supuso que era la forma que Kakashi tenía de consentirla.

Volviendo a Sasuke, sus cabellos habían retomado su negrura característica por el baño del día anterior. Su piel se veía limpia y fresca, sin ningún rastro de imperfección en ella a pesar de los días que estuvieron metidos ahí. La habitación olía a humedad, con el aroma característico de tierra y roca mojada. No era el mejor lugar para pensar lo malditamente lindo que era el Uchiha. Ella suspiró, olvidándose de esos pensamientos que seguro la arrastrarían a un ambiente incomodo con el contrario.

Después de que Anko se lo llevara, la tensión entre ambos se había refrescado un poco más. Es decir, no hablaba. Pero Sakura ya no sentía esa rigidez asfixiante dentro de la habitación. Sasuke pasaba los días pensativos, apenas dirigiéndole la palabra de vez en cuando.

"Aférrate a ellos hasta el final."

Pero, incluso si lo hacía, si decidía vivir, ¿qué le aseguraba que Naruto y Sasuke la querrían de nuevo en su vida? Los dos fueron demasiado claros con sus palabras y acciones. No la querían cerca porque ya no querían sentir aquel dolor de casi perder a alguien. Sakura tampoco quería. Sin embargo, odiaba el hecho de pensar que no vería a Naruto cuando este se convirtiera en Hokage, que no vería a Sasuke volviendo a sonreír con su hermano.

También quería estar un poco más de tiempo con Kakashi. Experimentar eso que nunca pudo. Hablar con él cientos de cosas, abrazarlo en sus cumpleaños, hacerle un pastel, regalarle algo. Estaba anhelando llevar el apellido otorgado más tiempo, el suficiente para nunca deshacerse de él.

—No quiero morir. —su cuerpo tembló ante las palabras pronunciadas. A sorpresa de Sakura, que tan solo hace un mes pensaba en aquello como el mejor regalo que la vida le dio.

—Lo sé. —Sasuke respondió, haciendo un tintineó con sus cadenas al moverse.

Sakura sintió que la cara se le calentó de pronto, ruborizada hasta las orejas, volvió la vista a Sasuke, quién ya estaba sentado. Sus labios entrepartidos por la falta de agua, se abrieron suavemente, queriendo formar palabras pero al final sin dejarlas partir más allá de sus pensamientos.

— ¿Vas a quedarte callado? —preguntó Sakura, desviando la mirada a pesar de saber que Sasuke no podía verla.

Él se avergonzó, sintió una gotita de sudor resbalarle por la cara, la cual relacionó con la humedad que se sentía, antes de hacerlo con el momento embarazoso. Había despertado unos minutos antes, al no escuchar ruido supuso que Sakura estaría dormida por lo que él se quedó en la misma posición, no fue hasta que Sakura profirió esas palabras que tuvo que contestarlas de inmediato. Sin saber que decir después.

—Es decir, —su lengua se trabó, Sasuke pasó unos segundos dolorosos cuando la mordió por accidente—nadie quiere que mueras. Naruto debe estar trabajando en algo, estoy seguro.

—No voy a dejar que Naruto se convierta en traidor por mi culpa. —sentenció Sakura, preocupada. —Suficiente tuve con que Lee lo hiciera por mí. Ya no tengo otra vida para dar.

—Siempre está la segunda opción, ¿sabes?

— ¿Y cual es esa? —farfulló Sakura, afilando sus ojos. No sonaba algo bueno.

—Escapar conmigo.

Sakura pareció consternada y molesta al mismo tiempo.

—Pensé que ya no me querías a tu lado. —reprochó, ácidamente. Sasuke se removió en su asiento. —Tu recuerdo arderá con ellos. —citó.

—Sé lo que dije. —y la voz de Sasuke se volvió arisca. Genial, Sakura lo había molestado, pero ella también lo estaba. —Pero si no quieres morir, no voy a dejar que lo hagas. Incluso si lo quisieras, no lo haría. —se apresuró a añadir.

—No te entiendo, Sasuke.

—Por supuesto que no lo haces, ¿quién te crees? —Anko entró por la puerta de una patada, Sakura se echó para atrás, sorprendida de la repentina aparición. Sasuke pensó en ese instante que quizás dormir hasta el día de la ejecución no sería mala idea.

— ¿Qué haces aquí?

—Estaba leyendo unos pergaminos hasta que mi melodrama favorito volvió a empezar. —contestó Anko, burlona. Sasuke y Sakura gruñeron bajito. —Quería verlo en primera fila esta vez.

—Cierra la boca. —reprochó Sasuke. — ¿Dónde está Kakashi?

—Fue llamado por la Hokage. —dijo Anko, la escala de su voz descendió tres grados de burla, transformándose en seriedad. —Parecía algo serio.

Sakura miró de reojo a Sasuke.

—Y… —Anko se encerró con ellos, guardando la llave en su gabardina. —hay algo que me está molestando desde hace rato.

— ¿De qué hablas?

—Danzo… fue llamado por los Hyuga.

—.—.—.—.—

Kiba quería estar a su lado, estaba impaciente y se paseaba de un lado a otro en la habitación continua. Shikamaru sentado junto a Shino, estaba cansado de verlo tan nervioso. No importaba cuando le dijera que estaría bien, que Hiashi estaba del lado del clan Hyuga, o que si todo se salía de control, para eso estaban ellos junto a los del clan para contrarrestarlo.

—No se calmará, no hasta que vea a Hinata salir con una sonrisa en el rostro. —le comentó Shino. Shikamaru notó que él también estaba ansioso, pues sus uñas traqueteaban contra la mesa sin descanso. El chico genio les tuvo simpatía, seguramente él estaría igual o peor si se tratara de Ino, Choji o la hija de Asuma.

—A todo esto, ¿el tonto de Naruto no debería estar aquí también? —bufó Kiba.

—Tendría. —contestó Shikamaru. —Pero fue llamada por la Hokage, parecía algo sumamente importante así que no pudo negarse.

—Maldita sea.

Shikamaru llevó un dedo a sus labios, pidiéndole silencio a Kiba. Se escuchaban los pasos de unas personas acercarse, los cuales supuso que serían Danzo junto a algunos ANBU, cubriéndole la espalda. Los chicos que quedaron en silencio, buscando minimizar su presencia. La habitación de conjunto se abrió, los tres escucharon como Hinata era la primera en dar los saludos cordiales, seguida de Neji y su padre. Luego de que la puerta se cerró, Kiba al fin tomó asiento; lo único que se volvió a escuchar, fueron las quedas respiraciones de los tres.

En la habitación contigua, Hinata tomó segundos antes de la llegada de Danzo las manos de su padre y Neji. El líder del clan Hyuga se giró unos segundos a ella, sorprendido de su acción, iba a reprocharle pero la mirada determinada de su hija fue suficiente para dejarlo de nuevo en absoluto silencio. Ella parecía solo buscar más valor del que ya había juntado en esas pocas semanas. Si Hiashi pudiera volver al pasado, se daría un tremendo golpe por haberla llamado débil alguna vez.

—Mis saludos, clan Hyuga. —saludó Danzo, entrando a la habitación. Los cuatro ANBUS que lo seguían, se esparcieron por cada esquina de esta, rodeando a los Hyuga. Una ceja crispó en Neji, molesto por tal insolencia en su propia casa. Hinata en cambio no pareció prestarle atención.

—Gracias por aceptar la visita, Danzo-san. —devolvió ella, haciendo una reverencia con la cabeza. Danzo miró a Hiashi, quién junto a Neji contestó después de Hinata.

— ¿Por qué tú hija es la que está hablando? —preguntó Danzo, analizando la situación en su mente.

—Está en entrenamiento para ser la próxima líder del clan Hyuga. —respondió Hiashi. Danzo pareció unos segundos relajado ante su respuesta, aunque la tensión no desapareció de sus hombros. Cosa que los tres Hyuga notaron de inmediato.

—Pensé que sería el hijo de tu hermano, porta mejores habilidades. —comentó Danzo.

—Con todo respeto, Danzo-san, —cortó Neji. —me parece una falta de respeto lo que está insinuando.

— ¿No eres más fuerte que ella? —preguntó serio. Neji apretó la boca en una delgada línea pálida.

—Mi hermano Neji sobrepasa por mucho mis habilidades. —se metió Hinata, sin perder la compostura. —Eso es un hecho. Sin embargo, no hemos desperdiciado su tiempo trayéndolo hasta aquí para pedirle consejo sobre algo que no le concierne, como el futuro del clan Hyuga.

Danzo se centró por primera vez en ella, a través de su único ojo, Hinata sintió como si mil libras de peso cayeran encima de sus hombros.

—Entonces, dime, futura heredera, para qué estoy aquí.

Hinata llenó sus pulmones de aire asfixiante, apretando los dedos de los pies, que era lo único que Danzo no podía ver, le sostuvo la mirada.

—E-Estoy exigiendo la liberación inmediata de Sakura Haruno y Sasuke Uchiha. —Hinata se sintió molesta al escucharse titubear, pero al menos ya estaba dicho.

—Esa decisión no me concierne.

—Pero es el único que se opondría. —contestó Neji.

—También están…

—Cuando usted esté de acuerdo, ellos lo estarán. —cortó Hinata, molestando a Danzo al no dejarlo terminar. —Siempre hacen eso, ¿no es verdad?

Danzo apretó los labios, conteniendo las palabras. Su expresión era fría, como un bloque de hielo que no se movería a menos de que lo derribaran. Hinata se sintió diminuta ante él, sin embargo, su rostro se mostró pulcro, sin el menor rastro de temor. Neji, su padre y sus amigos estaban a su lado. No tenía por qué temer, todavía.

—Des comprendo el interés de los Hyuga por los prisioneros. Hasta donde sé, se habían mantenido al margen de todo. —comenzó Danzo, en un tono terriblemente peligroso. — ¿Por qué intervenir a una semana de la sentencia? ¿Es porque son amigos del zorro de nueve colas? —Hinata arrugó la nariz al escucharlo. —Hinata-sama pertenece a los nueve novatos de aquel entonces, Neji fue derrotado por él. Entiendo que puedan considerarlo su amigo, y a los que son cercanos a él, no obstante, no hay correlación entre los Hyuga y los prisioneros para hacer una disputa entre el clan Hyuga y Konoha.

Hinata contempló con asombro a Danzo, había sido puntual y directo, sin llegar a ser grosero. Era inteligente, incluso estratega, pero quizás no contempló que Shikamaru ya había previsto cada uno de los movimientos que pudo haber hecho.

—No hay disputa. —contratacó Hinata. —Y tampoco es por el afecto que llegué a tener en su momento, por mis compañeros. El clan Hyuga ha decidido tener bajo su protección al último portador del sharingan en la aldea de la hoja. —sentenció.

—Ese derecho no les pertenece.

—El clan Uchiha y el clan Hyuga son dos de los clanes más antiguos en Konoha. Siendo los principales fundadores de la misma. Creo tener el derecho, de tomarlo bajo mi protección. —declaró Hinata, firme. Danzo soltó una ligera risa, bajándole la moral por segundos.

— ¿Incluso por encima de la Hokage?

—Estará de acuerdo, estoy segura de ello. —siseó Hinata, arrugando las cejas.

— ¿Y por qué decírmelo a mí? —replicó Danzo. — ¿Por qué no ir directo con la Hokage? Si dices que no habría problema, lo que opine un consejero de la hoja, dará lo mismo.

La voz de Hinata quería volver a temblar, pasaba saliva cada dos por tres y estaba segura que Danzo ya había notado lo nerviosa que estaba. Seguro que en poco tiempo terminaría desmayada de los nervios. No obstante, era esa mirada cargada de superioridad lo que impulsaba a Hinata a seguir adelante con el plan.

—Porque usted es el único que puede interponerse en ello. —Hinata repitió las palabras de su primo. Danzo crispó su ceja, sospechando a donde se dirigía la conversación.

El ambiente cambió en un instante. De superioridad, tensión y conjeturas, pasó a ser uno lleno de frialdad, peligro y una batalla para ver quién podía más. Hinata sintió la mirada de Danzo sobre ella, se le clavaba como miles de espadas dentro de su cuerpo, decir que tenía miedo era poco.

— ¿Para qué arriesgar al clan Hyuga? —preguntó. Y Hinata de inmediato notó eso como una amenaza. —Esa chiquilla y el Uchiha, no lo valen.

—Ciertamente. —confirmó Hinata. Neji la miró de reojo, preocupado por el tono de desdén contrario.

—Entonces no veo el sentido de esta conversación. —Danzo intentó ponerse de pie, pero las palabras de Hinata lo obligaron a sentarse de nuevo.

—El clan Hyuga, recuerda. Ve cosas que los demás no pueden, incluso más que los Uchiha. Así que si sabe que es conveniente para la aldea, sabrá que no puede marcharse todavía. —decretó Hinata.

— ¿De qué hablas?

Hinata sintió un nudo en la garganta que le quemó, extendiéndose hasta su pecho. Su mente le pedía arrancarse la garganta para no seguir hablando. Dejar de querer controlar un futuro que no le pertenecía. Pero no había marcha atrás, no en ese punto, ya que si volvía sobre sus pasos, entonces Danzo podría controlar lo que nunca había visto que podía controlar; a su clan.

—La matanza del clan Uchiha. —comenzó, causando un pitido en los oídos de Danzo. —Fuiste tú, el consejo y el tercer Hokage quién la concretó, ¿no?

Danzo se quedó en silencio absoluto, Hiashi formó una leve sonrisa y Hinata le plantó cara a Danzo.

—Eso no es verdad. —Danzo se mostró implacable, sin rastro de duda en su voz o cara.

—Tenían miedo de que el clan Uchiha diera un golpe de estado. —continuó Hinata, enterrándose las uñas en las manos, incluso consiguió abrirse dos pequeñas heridas por la cantidad de fuerza que estaba suministrando. —Así que infiltraron a Itachi Uchiha en su propio clan. Querían que evitara desatar una guerra.

—No tienen nada que pueda probarlo, Hinata-sama.

—Quizás no las tenga, Danzo-san. —recalcó Hinata, con un tono de voz que hizo que Danzo se cuestionara si era verdad lo dicho. —Pero, la sospecha está puesta. Y, ¿qué me hace creer que usted no perpetuará una estrategia similar a mi clan ahora que sé o, según sus palabras, no sé la verdad?

—Hia-

—A la que se tiene que dirigir, es a mí. —bramó ella, molesta.

Neji sintió que su corazón se salía de su pecho. Hinata debería estar igual o peor que él. No obstante, al parecer, el haber practicado con Shikamaru, Kiba y Shino había funcionado bastante bien. Ella estaba actuando como una verdadera líder, lo suficientemente bien para que el rostro de Danzo comenzara a mostrarse nervioso.

— ¿Harán un golpe de estado si no les entrego al Uchiha? —repuso Danzo, afilando la mirada en su dirección.

—No. —contestó Hinata, con voz amarga. —Simplemente me aseguraré de que lo que pasó con el clan Uchiha, jamás pueda pasar con mi clan.

Y fue el turno de Danzo para sentirse amenazado.

—.—.—.—.—

Naruto cerró los ojos con fuerza, volviendo a abrirlos cuando comenzaron a dolerle. Se dejó resbalar en la banca sin darle la menor importancia a los sonidos externos, a sus oídos todo sonaba como un vacío infinito donde estaba cayendo a velocidades inimaginables, sin que nadie lo pudiera tomar para detenerlo. Y, tarde o temprano, acabaría estampado contra el piso.

Sintió un escalofrío recorrerlo, que se fue extendiendo por todo su cuerpo. Los dedos se sentían como si tuvieran miles de animalitos caminando sobre ellos. Naruto volvió a cerrar los ojos.

Y deseó nunca más volverlos a abrir.


Me di cuenta que todo este tiempo he escrito mal el nombre de Hiashi Hyuga. Poniéndole "Hizashi o Hisashi", ya me parecía raro que se pareciera tanto al de Kizashi Haruno. Lo siento, probablemente lo corrija después de acabar la historia.