EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"El único obstáculo de la vida es la espera del mañana, y la pérdida del día de hoy. Estudio cada paso que doy porque desde que soy padre hay alguien que está siguiendo mis pasos".

ESPERA

CAPITULO XXXV

Stear veía enamorado como Patricia, su Patty se acercaba caminando por aquel pasillo que la llevaba a él hasta el altar, sus pasos eran firmes, sin embargo los nervios que reflejaba en sus ojos eran difíciles de pasar desapercibidos para el inventor, la conocía perfectamente bien, su mirada, sus gestos, e incluso la manera en cómo se mordía el labio inferior cuando quería que la besara, eso siempre había sido de mucha ayuda, incluso cuando estaba enojada, sus labios la delataban y él podía hacer el movimiento, nunca se lo había dicho, prefería seguir así.

-Acepto. – Escuchó decir de pronto a Patty, todo había pasado tan rápido y él ni se había percatado de que ya estaba el sacerdote uniéndolos en sagrado matrimonio, se había quedado abstraído en la belleza de su amada Patty que todo fue en automático, las respuestas, las acciones, no cabía duda que estaba preparado para esa larga batalla a la que se enfrentaría de ahora en adelante, una batalla que siempre había querido luchar y que por fin hoy comenzaba.

Ambos chicos salieron de la iglesia felices mientras los invitados arrojaban pétalos de flores y arroz encima de ellos, se dirigieron a la fiesta y las otras tres parejas los acompañaban. La fiesta fue un poco menos elegante que la de Archie, ¿El motivo? La sencillez de la novia, la dulzura y dedicación con la que había organizado todo con la ayuda de sus amigas y su novio ya que no contaba con la presencia de su madre, ella había llegado un día antes de la boda, junto a su padre, solo como quien dice hicieron acto de presencia, Patty ya no era una O'Brian, desde que se había instalado en América convivía demasiado con los Andrew y era como si la hubieran adoptado, ahora ya era formal, era una Andrew, igual que Candy, igual que Annie, le había parecido tan lejano e imposible cuando conoció por primera vez a su chico de los anteojos, pero ahora le parecía bastante tiempo cuando lo había visto por primera vez y se había enamorado precisamente como una colegiala.

-Felicidades Patty. – Le dijo Candy con su ya notable pancita de embarazo.

-¡Candy! – Dijo emocionada la castaña abrazándose de su mejor amiga, la primera amiga verdadera que había hecho en su vida. - ¡Soy tan feliz! – Le expresaba emocionada.

-¡Te ves feliz Patty! – Le decía Candy con alegría. – Me da mucho gusto verte tan feliz Patty.

-Muchas felicidades. – Dijo Anthony quien iba con su esposa a desearles a los novios una vida llena de dicha y felicidad.

-Muchas gracias Anthony, ¿Sabes? Candy es la única responsable de que todo esto se haya hecho realidad. – Anthony volteó a ver a su esposa y ella seguía viendo a Patty sin comprender.

-¿A mí? – preguntó Candy confusa, sin embargo tenía una sonrisa en sus rostro. Patty asintió.

-Tú fuiste la que siempre me animaste a entablar una relación con Stear a pesar de mi timidez. – Decía emocionada. – Gracias querida amiga, si no me hubieras alentado, esto no sería posible. – Dijo viendo enamorada a su ahora esposo, quien estaba platicando en esos momentos con Albert y Archie ajeno a los ojos marrones que lo miraban embelesados.

-Candy tiene el don de sacar lo mejor de las personas. – Dijo Anthony con una sonrisa, besando la coronilla de su esposa. Candy le sonrió con ternura.

-Todo esto es gracias a ti Patty, tú eras la única capaz de enamorar a Stear, nadie más ha capturado el corazón de mi primo como lo hiciste tú. – Dijo Candy sincera, viendo como el rostro de su amiga se encendía por sus palabras. – Hazlo muy feliz Patty, que él también hará todo lo imposible para que tú lo seas. – Patty asintió con una sonrisa enorme.

-Eres como el amuleto de la suerte de las personas. – Le dijo Anthony una vez que estuvieron a solas.

-¿Cómo es eso? – Pregunto a su esposo, divertida por sus palabras.

-Siempre sacas el lado bueno y noble de las personas y cuando están a su lado, cosas buenas suceden. – Anthony le sonrió enamorado. – Mi vida sin mi madre siempre fue gris pecosa, hasta que te conocí los colores acudieron a mi vida y cuando creí perderte nuevamente se alejaron de mi vida. Hoy puedo decirte que han vuelto a mí con una mayor fuerza e intensidad que me deslumbran tan solo al verte. – Le decía mientras la abrazaba de frente, colocando sus manos alrededor de su amplia cintura. – Te amo pecosa, siempre te he amado y siempre te amaré. – Le dijo aferrándola a su cuerpo con cariño, con ternura, con todos los sentimientos a flor de piel que él mostraba cuando la tenía a su lado.

-Y yo te amo a ti mi príncipe de las rosas. – Dijo Candy sintiéndose plena nuevamente en su pecho, siempre lograba que su corazón se acelerara ilusionado por las palabras que le dedicaba con devoción.

-Bueno tortolitos, creo que ya es hora de retirarnos. – Dijo Archie quien se retiraba con Annie porque ella se sentía algo agotada, al igual que Elisa. Anthony y Candy asintieron.

-¿Y los novios? – Preguntó Anthony buscando por todos lados a los recién casados.

-Mientras estaban en su eterna burbuja aquel par ha emprendido la graciosa huida. – Dijo Archie con una risita traviesa.

-Aún falta despedir a los invitados. – Dijo Anthony viendo con disculpa a su esposa.

-No se preocupen. – Dijo Albert quien había escuchado que Annie no se sentía del todo bien y pues Elisa y Candy con sus embarazos necesitaban descansar. – Yo me encargaré de los invitados. – Dijo con una sonrisa.

-¿Estás seguro tío? – Preguntó Anthony. – Yo puedo quedarme a ayudarte, ¿Verdad amor? –Dijo a su esposa. – Solo acompañaré a Candy a nuestra habitación.

-No te preocupes hijo, además, hay muchas féminas que no me dejarán solo. – Dijo volteando a ver a las chicas que lo esperaban al fondo del salón. – Los chicos rieron por su comentario.

-Pues lo dirás de broma Albert, pero ellas están esperando muy ilusionadas porque elijas a una de ellas. – Dijo Candy un poco incómoda por el comentario de su amigo.

-Lo sé Candy, pero ellas saben que las trato igual a todas, por lo pronto ninguna ha llenado mis expectativas, así que solo soy un amigo. – Dijo tranquilo, él solo las trataba a todas igual para no ser rudo o grosero.

-Está bien tío, te dejamos con tus amigas, nos veremos mañana. – Dijo Anthony y el resto se despidió para irse directamente a sus habitaciones por el elevador de la mansión, sin ser vistos por los demás invitados. La tía Elroy había quedado una vez más junto a Albert para despedir a los invitados y cuando el salón por fin estuvo desierto se acercó a su sobrino.

-Veo que tienes muchas pretendientes. – Dijo seria, sin mucho ánimo de hacer plática.

-Solo son amigas tía abuela. – Dijo con un suspiro.

-Espero pronto llegue la chica que te haga suspirar. – Dijo por último despidiéndose de su sobrino.

-Eso espero yo también. – Dijo Albert en un suspiro que nadie más escuchó, el ver a sus sobrinos casados y próximos a ser padres le hacía desear tener también una familia, sin embargo no había llegado alguna chica que le robara el corazón y que se quedara con él para siempre. – Ya llegará… - Se decía a sí mismo para darse ánimo y seguir adelante.


El tiempo seguía su curso y los rubios se aproximaban más a la ansiada paternidad, el vientre de Candy se vislumbraba ahora sí muy prominente y el rubio se dedicaba acariciarlo como todas las mañanas muy temprano para tranquilizarlo un poco y obligarlo a dormir, se había hecho un ritual diario, de lunes a domingo a la misma hora Anthony le hablaba de mil y un cosas a su bebé, contando a veces un cuento y otras las anécdotas que había tenido con su pecosa y con sus primos, Candy se divertía al escuchar aquellas anécdotas mediante la perspectiva de su esposo.

Elisa algunas veces acompañaba a Tom con los Brower para pasar alguna vez juntos en una cena, ambas mujeres estaban ya muy avanzadas en su embarazo y de pronto sentían algún malestar, lo que los obligaba a ambos estar muy al pendiente de ellas.

-Tom ¿No crees que sería más seguro si nos instalamos un tiempo en Chicago? No quisiera que alguna de ellas tuviera algún inconveniente durante el nacimiento. – Decía Anthony preocupado por ambas mujeres pero más por su rubia que cada día parecía que tenía una semana más.

-Vamos Tonny, ¿Dónde crees que nacen los pequeños del pueblo? Y ahí andan como si nada. – Decía Tom a su hermano, para tratar de tranquilizarlo, sin embargo no lo conseguía muy bien.

-Lo sé, pero no quiero que nada le pase a ninguno de los dos. – Decía Anthony fijando su mirada en aquella rubia ojos verdes que platicaba muy animadamente con Elisa. –Eso sería algo que nunca me perdonaría Tom. – Tom lo escuchó y comprendió el miedo de su hermano, sintiéndose un poco culpable en no demostrarle mucha importancia al miedo que se reflejaba en sus palabras.

-Tienes razón Tonny, lo mejor sería que estuvieras en Chicago para cuando se llegara la hora. – Dijo Tom sonriendo a su hermano para tranquilizarlo un poco. – Sabes que puedes contar conmigo, el trabajo del rancho no se quedará tirado. – Dijo nuevamente con una sonrisa.

-Sé que así será hermano, pero no quiero que descuides a Elisa. Ella necesita de tus cuidados y si Candy no se encuentra aquí prácticamente está sola. – Dijo Anthony.

-Lo sé, Elisa aún es un poco cerrada con las demás personas. – Dijo un poco inconforme.

-No te preocupes, es normal, además no es como que la gente de aquí sea muy platicadora que digamos. – Dijo Anthony, quien sabía bien que la presencia de Elisa causaba cierta incomodidad en las chicas que habían tenido algo que ver o querido tener algo que ver con Tom.

Días después se dirigieron rumbo a Chicago, Candy iba con Anthony en el automóvil, se sentía un poco incómoda por lo avanzado del embarazo, tenía 38 semanas y le faltaba poco para que naciera según el médico del pueblo.

Minutos antes de llegar a la mansión Candy comenzó a sudar de manera abundante, a pesar de que el clima no era caluroso y Anthony notó esa reacción.

-¿Te encuentras bien amor? – Preguntó Anthony un poco angustiado.

-Si corazón, un poco cansada dijo restándole importancia al sudor de su cuerpo. – Anthony siguió conduciendo y se adentró a la entrada de la mansión, Stear y Archie los estaban esperando desde temprano para ayudarlos inmediatamente a bajar las pertenencias del auto, sin embargo en cuanto se detuvo el automóvil una contracción bastante fuerte provocó que la rubia rompiera aguas.

-¡Anthony! – Dijo tratando de parecer tranquila.

-¿Sucede algo? – Pregunto Anthony quien ya estaba del lado de la puerta del copiloto para ayudarla a bajar del automóvil, sin embargo al escuchar el llamado de su esposa sus sentidos se pusieron en alerta.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó Stear quien notó que la rubia no descendía del automóvil, ambos hermanos se dirigieron hacia ellos para ver qué era lo que ocurría.

-¡Ya va a nacer! – Dijo Candy con su mirada fija en la de su esposo.

-¿¡Estás segura!? – Preguntó Anthony inquieto al ver como el rostro de la rubia se distorsionaba por el dolor provocado por las contracciones. De inmediato se regresó al otro lado del automóvil para conducir rumbo al hospital.

-¿Ahora!? – Preguntó Stear quien se sintió inquieto. - ¿Pero aún no es tiempo? – Decía nervioso.

-¡Pues díselo al bebé! – Grito Archie corriendo detrás de su hermano para subirse al automóvil y acompañar a sus primos. - ¡Alfred avisa a todos que vamos al hospital! – Fue lo único que dijo el joven inventor antes de subir al auto. -Anthony maneja con cuidado. – Se quejó el gatito quien notó que Anthony manejaba un poco más rápido de lo normal.

-No te preocupes Anthony, tú sigue. – Dijo Stear volteando a ver a Archie para que se tranquilizara él, estaba más nervioso que la misma Candy, además Anthony era un buen conductor. En un momento llegaron al hospital San José en donde Candy pronto fue atendida. Al llegar Stear salió corriendo junto a Archie para avisar a las enfermeras que ya Candy estaba en labor de parto, inmediatamente se movilizaron las chicas que reconocieron a los primos de Candy y enviaron una camilla para que fuera trasladada directo a la sala de parto.

Después de dos horas de espera, mientras Anthony y sus primos paseaban de un lado a otro, las esposas de cada uno de ellos ya estaban presentes, Albert y la tía abuela también estaban ahí.

-Anthony, siéntate un poco. – Le decía la tía abuela. Sin embargo el rubio no contestaba en absoluto, él quería saber ya de su esposa y se le hacía mucho tiempo el no tener noticias.

-Todo estará bien Anthony. – Decía Albert quien lo veía también muy inquieto.

Stear iba junto a Patty a conseguirle un té para que tratara de controlar los nervios, desde que habían llegado no había pronunciado casi ninguna palabra, solo se limitaba a sonreír de lado o a contestar con monosílabos.

El médico de guardia se acercó a ellos de pronto junto con la enfermera que se había ido con Candy al llegar al hospital.

-¿Cómo está mi esposa? – Preguntó Anthony a la enfermera al ver que ella dirigía su mirada hacia él.

-Su esposa se encuentra muy bien señor Brower. – Contestó el médico a la pregunta hecha por el rubio. – Ella está descansando, ha sido un parto rápido y tranquilo, sin embargo ella está agotada. – Dijo de nueva cuenta, en ese momento fue como si el aire volviera a circular por los pulmones del rubio y lo soltaba de golpe en señal de alivio.

-¿Y mi bebé? ¿Qué fue doctor? – Preguntaba ansioso ahora por su pequeño.

-Ha sido un varoncito muy robusto. – Dijo la enfermera esta vez quien no podía esperar a darle la noticia a Anthony, estaba muy emocionada porque Candy había sido madre.

-¡UN NIÑO! – Gritó Stear olvidándose que estaba en el hospital.

-¡Silencio Stear! – Dijo la tía abuela llamando su atención mientras Stear mostraba sus dientes con una sonrisa boba.

-Lo siento. ¡Es un niño Anthony! – Dijo con el tono más tranquilo y abrazando a su primo, mientras su hermano se abalanzaba sobre él y Albert llegaba a unirse con ellos en un fuerte abrazo.

-¿Qué te pasa Anthony? – Preguntó Archie quien veía que su primo no reaccionaba ante tal alboroto.

-¿Es un niño? – Dijo como si apenas estuviera captando la noticia. -¡Un niño pecosa! – Decía al aire como si Candy estuviera con él. – Volteó su mirada arrasada de lágrimas y con una hermosa sonrisa. – Gracias mi Dios, gracias pecosa, gracias mamá. – Dijo derramando una lágrima por fin de sus azules ojos. – Soy papá. – Decía aún en trance. - ¡Soy papá! – Dijo de nuevo volteando a ver a sus primos. -¡SOY PAPÁ! – Gritó por último mientras Elroy con una sonrisa y unos ojos plagados de lágrimas lo veía emocionada.

-Ah pero como es Anthony no lo regaña usted tía abuela. – Dijo Stear quejándose con la vieja Elroy porque a Anthony no lo retaba. Todos rieron por el comentario del inventor mientras se dedicaban a felicitar a Anthony.

-¿Cuándo puedo verlos? – Preguntó Anthony ansioso, limpiándose una lágrima que seguía escapando de sus ojos.

-Al bebé ya puede pasar a verlo a los cuneros, sin embargo su esposa está durmiendo, y yo creo que alrededor de dos horas más estará dormida. – Dijo la enfermera. – Si gusta puede acompañarme. – Anthony volteó a ver a su familia y ellos asintieron para que acompañara a la enfermera. – Pueden venir si gustan. – Dijo de nuevo volteando a ver a los demás, quienes se pararon inmediatamente para seguir a la dirección que tomaba la enfermera.

Anthony esperaba enfundado en un traje esterilizado, lo dejarían entrar al cunero donde estaba su hijo para que él mismo lo mostrara a su familia, una vez que abrieron la puerta para que entrara, Anthony entro con ansia de conocer a aquel pequeño que tenía que arrullar cada madrugada para que dejara descansar un poco más a su madre.

-¿Candy lo vio? – Preguntó a la enfermera.

-¡Oh sí! Antes de que la lleváramos a su cuarto ella lo vio, se emocionó muchísimo al conocerlo. – Dijo la enfermera también emocionada. – Es un bebé muy hermoso. – Dijo a Anthony. Lo llevó hacia el lugar donde estaba el bebé, en donde estaba una pequeña cuna, dentro de ella estaba un pequeño bebé que se movía inquieto en ella, se podía apreciar su manita blanca moverse entre la sábana que lo había estado cubriendo. Anthony sonrió ante esta acción que realizaba su hijo, al parecer era muy inquieto.

-¿Es él? – Preguntó Anthony quien quería estar seguro de no acercarse a la cuna contigua. La enfermera asintió.

-Felicidades señor Brower. – Dijo tomando al bebé entre sus brazos para entregárselo al rubio, diciéndole como es que debía de cargarlo. Anthony sintió que su corazón se detenía por unos instantes al sentir el peso de su bebé en sus brazos comenzando a temblar un poco al sentir el calor de su frágil cuerpo. El bebé continuaba moviéndose inquieto aún extraño al sentir el contacto en su cuerpo removiéndose en los brazos de Anthony.

-Póngalo cerca de su corazón. – Dijo la enfermera. Así lo hizo el rubio y el pequeño se tranquilizó un poco, sin embargo cuando Anthony habló todo movimiento del bebé se detuvo.

-Gracias. – Dijo en agradecimiento a la enfermera quien ya se retiraba, Anthony sintió que al hablar el movimiento de su hijo cesó, viendo como sus ojitos parpadeaban como buscando de donde venía el sonido. – Hola pequeño. - Le dijo mientras lo mecía entre sus brazos. – Así que tú eres pequeño que nos provocaba tanta náusea. – Le decía con cariño, con la misma voz que utilizaba para calmarlo en la madrugada. – Por fin puedo conocerte, ¿Sabes? Yo te amaba incluso antes de saber que vendrías y cuando supe que venías en camino fui el hombre más feliz del mundo. Te amo hijo, siempre te amaré y te prometo que siempre estaré contigo y con tu madre, los amo, son lo mejor que me ha pasado en la vida. –El pequeño se enfocaba en la voz de su padre quedándose quieto al escuchar aquellas palabras que tal vez no tenían sentido para él, pero por la forma que eran dichas transmitían el mensaje que estaban dando. El pequeño esperaba que su siguiera hablando, y así lo hizo Anthony, continuó hablando a su hijo con todas las emociones que tenía en su pecho para él hasta que quedó completamente dormido en sus brazos. – Eres tan hermoso, igualito a tu madre. – Dijo Anthony apegándolo más a su pecho para darle un tierno beso en su frente, el pequeño apenas se removió por ese contacto siguiendo dormido sintiéndose seguro en los brazos de su progenitor.

Anthony se dirigió hacia el vidrio que estaba para que los familiares de los bebés pudieran observarlo y lo mostró a su tía abuela, a Albert, sus primos y sus esposas.

-¡Es hermoso! – Dijeron Annie y Patty enternecidas por el pequeño de rizos rubios y dos que tres pequeñas pecas que se asomaban de su rostro.

-¡Es igualito a Candy! – Dijo asombrado Albert al ver a su "nieto" frente a él. – Es un niño muy bonito y muy grande. – Dijo de nuevo sorprendido por el tamaño del bebé.

-Lo que no entiendo es ¿Cómo tenía a semejante niño acomodado? - Preguntó Stear a su hermano quien tampoco se explicaba en donde había estado aquel bebé tan grande en el vientre de su prima.

Elroy no decía nada, tan solo lo observaba con sus ojos cargados de lágrimas, estaba abrumada con todos los sentimientos que le retumbaban en la cabeza y en su corazón, nunca creyó que un hijo de Candy le robaría de esa manera el corazón, decía que era porque era hijo de Anthony, sin embargo el pequeño era una copia exacta de Candy y aun así sentía que ya lo amaba tanto como a su sobrino nieto favorito. Anthony como si comprendiera la situación de la tía abuela se salió de aquel cuarto donde estaba y lo llevó directamente con la tía abuela para que ella lo cargara, sabía que ella los quería a todos, pero también sabía que era necesario que ella terminara de limpiar cualquier rastro de rencor en su alma y que mejor manera que sostener un alma pura y noble entre sus brazos.

Anthony extendió a su pequeño para que Elroy lo tomara entre sus brazos y ella se asombró en el acto. Elroy tomó al pequeño con mucho cuidado, habían pasado tantos años en los que había tomado un bebé entre sus brazos que ya no recordaba cómo era aquello. Al sentir aquel frágil cuerpo entre sus cansados brazos recibió una calidez que hacía mucho no percibía en su corazón. Todos la observaban esperando una reacción por parte de Elroy, sin embargo no dijo nada solo comenzó a derramar lágrimas de felicidad que le eran imposibles de contener, algo nunca antes visto en Elroy. Elroy nunca había llorado frente a alguno de los presentes.

-Es hermoso. – Dijo simplemente. -¿Cómo se llamará? – preguntó a Anthony.

-Candy tiene pensado varios nombres, pero aún no sé cuál escogerá. – Dijo con una sonrisa. Elroy siguió admirando al pequeño mientras los demás estaban sorprendidos de verla en ese estado. Elroy le regresó al pequeño a su padre después de haber estado con él algunos minutos.

-Felicidades hijo. – Le dijo con una sonrisa sincera.

-Gracias tía abuela. – Le respondió Anthony de la misma forma. En eso la enfermera llegaba con ellos para avisar al rubio que era hora de que el pequeño se alimentara.

-Señor Brower, tendré que llevarme al bebé para alimentarlo y revisarle su pañal. – Dijo con una sonrisa, Anthony asintió y se lo entregó con mucho cuidado, el bebé de nueva cuenta comenzó a moverse como reconociendo que había cambiado nuevamente de brazos al dejar el calor de los brazos de su padre, removiéndose inquieto por el cambio. – Ya pequeño, en un momento estarás de nuevo en los brazos de tus padres. – Dijo la enfermera al bebé mientras sonreía llevándoselo hacia dentro. – Por cierto señor Brower, si quiere puede pasar a ver a Candy. – Anthony asintió y agradeció con una sonrisa a la enfermera.

-Voy a ir a ver Candy. – Le dijo a su familia. Todos asintieron.

-Muy bien Anthony, nosotros estaremos en la sala de espera. – Dijo Archie a su primo.

-Nosotros igual Anthony. – Dijo Stear.

-Yo iré a dejar a la tía abuela, creo que ya es bastante lo que ha estado aquí. – Dijo viendo a la anciana quien asentía agradecida por el gesto de su sobrino. – Volveré un rato más.

Anthony se despedía de la tía abuela y se dirigía a la habitación de su esposa, abrió la puerta con mucho cuidado y se asomó primero para ver si ella seguía dormida, una vez que confirmó que seguía durmiendo se dirigió con pasos cautelosos para poder sentarse a su lado tratando de no despertarla. El semblante de Candy lucía feliz, sin embargo también lucía cansado, la veía con dulzura mientras ella descansaba. Comprendía muy bien el estado de la pobre rubia, habían pasado horas en la incomodidad del automóvil, pasando entre baches y piedras del camino y de pilón entrar en labor de parto, si él mismo se sentía cansado no quería saber cómo se sentiría su esposa.

Poco a poco el cansancio fue llegando a su cuerpo, las botas le lastimaban sus pies a pesar de estar acostumbrado a usarlas, pero el haber estado caminando por horas de un lado a otro en la sala de espera lo estaban afectando, mientras observaba en silencio la respiración tranquila de su amada se fue arrullando poco a poco mientras tomaba una de sus manos con cariño y la besaba.

-Gracias por hacerme tan dichoso. – Dijo con apenas un susurro de voz. Al recargarse en la cama aún sentado en aquel sillón cayó completamente dormido.

-¿Ya despertaste? – Le dijo la voz de su esposa de pronto al abrir sus ojos. Ella había despertado antes que él y había cerrado sus ojos por un momento cuando él se había despertado por fin. Ella le sonrió tranquila y con dulzura.

-¿Hace mucho que despertaste hermosa? – preguntó apenado por no haber estado al pendiente de ella. No sabía cuánto tiempo había dormido, pero por la ventana ya se escuchaba el canto de los pájaros.

-No hace mucho, sin embargo te vi tan cansado que no quise despertarte. – Contestó sonriendo.

-¿Cómo te sientes?

-Mejor. – Contestó Candy con una sonrisa.

-¿Y el bebé? – Preguntó Anthony a su esposa ya que lo último que había sabido era que lo iban a alimentar.

-Nataly vino hace un rato para decir que pronto lo traerían. – Dijo Candy. -¿Lo has visto? – Preguntó ilusionada a su esposo. Él asintió. - ¡Es hermoso! – Dijo emocionada.

-Es tan hermoso como su madre. – Dijo Anthony sentándose a su lado para abrazarse a ella. – Gracias pecosa, gracias por hacerme tan feliz.

-Gracias a ti amor por hacerme tan dichosa, gracias por regresar a mi vida, gracias por estar a mi lado, gracias mi príncipe de las rosas. – Dijo Candy con los ojos llenos de lágrimas, Anthony la besaba con cuidado limpiando a su vez cada una de ellas.

-No llores hermosa. – Le decía mientras besaba su rostro. Candy asentía sin embargo era tanta su dicha que no podía evitar soltar sus lágrimas. De pronto escucharon un bebé llorar.

-¿Qué sucede? – Preguntó Candy a su esposo quien se dirigió a la puerta para ver lo que sucedía.

-¿Nataly? – Preguntó el rubio cuando vio a la enfermera acercarse con su hijo en brazos y un llanto insistente. -¿Sucede algo? – Preguntó angustiado al escuchar por primera vez el llanto de su hijo.

-No, no se apure señor Brower, pero no puedo calmar al bebé, ya ha comido, le he cambiado el pañal, y el pediatra ya lo revisó, así que tal vez lo que necesita es a sus padres. – Dijo con una sonrisa nerviosa. Anthony estiró sus manos ansioso para abrazar a su hijo y comenzar a hablarle.

-No te preocupes Nataly, deben de ser las cinco de la mañana. – Nataly miró confundida confirmando que efectivamente eran las cinco y media de la mañana. – Él siempre busca esta hora para que lo duerma y para sorpresa de la joven enfermera el bebé comenzó a calmarse al sentir los brazos y la voz de su padre.

-Vaya, creo que será un bebé muy consentido. – Dijo con una sonrisa. – Buenos días Candy, ¿Cómo te sientes? – Preguntó dirigiéndose a la rubia.

-Mucho mejor Nataly. – Contestó Candy.

-Me alegro, has dormido casi toda la noche. – Dijo como plática mientras Anthony mecía y le hablaba a su hijo, mientras el pequeño abría por primera vez completamente sus ojos enfocándose en el rostro de su padre quien se acercaba a él para observar el color de ellos.

-¡Tiene los ojos grises! – Dijo asombrado el rubio.

-¿Grises? – preguntó Candy un poco confundida, ella no tenía experiencia con los recién nacidos, en ese departamento le ganaba su amiga.

-Aún no se le definen Candy, como los puede tener azules, los puede tener verdes. – Dijo tranquila. – Los bebés que nacen con los ojos grises es más normal que tengan los ojos de color.

-Está hermoso mi amor, es idéntico a ti. – Decía Anthony orgulloso mientras Candy los observaba enamorada por tan hermoso cuadro ante ella. Anthony se acercó a ella una vez que había tranquilizado a su hijo como por arte de magia, el pequeño se acomodó en el cuerpo de su madre quien le hacía cariños reconociendo también aquella tierna voz que le hablaba, buscando de nueva cuenta con movimientos de su cabeza de dónde provenía aquella voz.

-Hola mi amor. – Le decía Candy. – ¿Tu eres el pequeño que pateaba a mamá? Eres un bebé muy hermoso mi vida, igual que tu padre. – Decía Candy con amor, ella había encontrado en los ojos de su hijo la mirada penetrante de su amado príncipe, la forma de mover sus labios cuando parecía que iba a decir algo, las cejas fruncidas cuando se quejaba y la sonrisa radiante que a forma de mueca se le reflejaba en su rostro, tal vez sí se parecía mucho a ella, pero la mirada y cada uno de los gestos que hacía eran tan hermosos y tiernos como los de su príncipe de las rosas.

Anthony los observaba feliz, enamorado, viendo como las dos personas que más amaba en el mundo estaban tan compenetradas una en la otra, el pequeño de pronto sintió hambre y cerró sus ojos abriendo su pequeña boca buscando tan ansiado alimento. Candy sonrió y observó a su amado mientras él le regresaba la mirada observando como Candy se preparaba para alimentarlo. El pequeño se abalanzó sobre ella para comenzar a succionar y alimentarse, sintiendo Candy un poco de incomodidad al hacerlo.

-¡Vaya que tiene hambre! – Dijo con una mueca de lado, Anthony se acercó a ella y besó su frente, sentándose junto a ella para observarlo mientras se alimentaba. – Veo que saca a padre en lo glotón. – Dijo con una risita traviesa mientras volteaba a ver a su príncipe para darle un corto beso en los labios.

-Ni como negarlo. – Dijo Anthony mientras se humedecía los labios con su lengua, saboreando el sabor del beso recibido. Una vez que el pequeño se quedó dormido comenzaron a decidir el nombre de su heredero.

-Amor, no hemos decidido que nombre le pondremos. – Dijo Anthony.

-Tienes razón, con lo repentino de todo ni siquiera lo había pensado. – Dijo Candy sorprendida.

-¿Cómo te gustaría llamarlo? – Preguntó de nuevo dejándola a ella decidir el nombre de su hijo.

-Alexander. – Dijo sin pensarlo mucho. - ¿Te gusta? – Preguntó a su esposa.

-Alexander Brower Andrew. – Dijo con una sonrisa. – Me gusta. – Le dijo besando sus labios una vez más. Tocaron la puerta. – Adelante. – Dijo cediendo el paso a la sorpresa que le tenía a su esposa.

Docenas de ramos de flores entraban por la puerta, acompañadas de globos blancos y azules, la habitación pronto se llenó de ellos inundándola de aquel aroma dulce a rosas que desprendía el portal cuando era primavera.

-¡Anthony! – Dijo feliz de ver tantas rosas a su alrededor, dejando solo un espacio para que la gente entrara a verla. - ¡Son hermosas! Creo que dejaste vacío el jardín.

-Vale la pena. – Dijo con una sonrisa enfocando sus ojos en su princesa para regalarle un beso dulce, tierno y húmedo en sus labios, un carraspeo se escuchó de pronto y ambos rubios voltearon sorprendidos por haber sido interrumpidos de pronto.

- Lo sentimos. – Dijo Albert quien era el que había entrado primero, seguido de Stear, Archie y sus esposas. – Venimos a ver a este caballerito. – Dijo con una sonrisa, saludando a los rubios.

-Bienvenidos. – Dijo el rubio. – Quiero presentarles oficialmente a Alexander Brower Andrew. – Dijo con una sonrisa Anthony mientras veía a su familia acercarse a su hijo, Albert lo cargó en sus brazos con mucho cuidado y los demás lo rodeaban precavidos para no despertar al pequeño.

Anthony se acercó a su esposa y se acomodó a su lado acercándola a su pecho con cuidado de no moverla mucho, no quería lastimarla. Candy lo veía profundamente a los ojos perdiéndose en el azul de su mirada, encontrado una vez más esa paz que su alma buscaba siempre en él, esa paz y ese amor que solamente esos ojos habían conseguido brindarle, ambos se perdían inmersos uno y otro en sus miradas verde-azul, enamorados, felices y plenos.

Continuará…

¡Hola hermosas! Por fin después de haber pasado como cuatro días sin poder leer sus comentarios, hoy por fin los leí y al parecer no era la única ya que Mayely también comentó que no sabía si me llegaban los comentarios, y no, no me llegaban, solo me anunciaba que tenía más comentarios pero no podía observarlos, solo me llegaron PM, pero pues como saben esos si los contesto rápido. Gracias por seguir acompañándome hasta este punto, les mando muchos saludos a cada una de ustedes.

Saludos y bendiciones.