Los meses después de la última batalla habían sido difíciles, no como la batalla, pero lo habían sido. La reconstrucción de la ciudad después del "desastre natural" que sufrió, comenzaron lentas, pero efectivas. La escuela Olystic High, fue de las primeras en entrar a remodelación, las clases se reanudaron de forma inmediata una vez que los edificios estaban listos.
Así que el año escolar terminó lo mejor posible, hace una semana al fin comenzaron las vacaciones. Jason las agradecía, no es que le molestara estudiar, sólo que sin Percy y sus hermanos, todo había sido muy aburrido. Incluso los monstruos perdían su gracia sin ellos. El pelear sin tener nada que proteger era absurdo.
Eso sin contar que cuando llegó su madre si que le puso emoción al asunto, Jason nunca había visto a un dios tan asustado como a su padre ese día.
—¡Me voy unos meses y destruyes la casa! —Un jarrón del departamento en el que estaban salio volando en dirección a Zeus.
—Beryl entiende —El gran y valeroso dios del Rayo, padre de la humanidad, se estaba escondiendo de manera muy valerosa detrás de su hijo romano.
—¿Qué quieres que entienda? ¿Qué has puesto en peligro la vida de mi hijo mientras me decías que no vuelva que tu lo cuidabas? ¡Y que cuando regreso ni tiene una casa! —La puntería de ella era magnífica, atinó a darle en la cabeza con su zapato de tacón sin lastimar a Jason.
—¡Beryl! —Zeus se sobaba la frente, tenía icor dorado corriendo por su nariz, la punta del tacón le había hecho una herida en la frente.
—Beryl ¿Qué? —Jason decidió que era buen momento para irse, su madre había hablado con tanta calma que le dio miedo.
—Mamá si que está enojada —Murmuraba Thalia mirando todo desde la puerta por la cual su hermano rubio salió huyendo.
—Y espera que le diga que me comprometió sin su permiso —Thalia asintió a lo que decía su hermano, no es que ella se fuera a molestar porque lo juntaran con un chico, sino por el hecho de que no le avisaran siendo que es la madre de ellos.
Si, Beryl podía ser de las peores madres, no estar ahí por su trabajo, siempre faltar a eventos importantes, pero cuando más se la requería ella volaría medio mundo por llegar con sus niños. Como cuando Jason era pequeño y enfermo, su madre viajó desde Roma hasta ahí en un jet, tal como había estado para verlo. O los llevaba a comer un picnic al menos una vez al año, sólo los tres, para que les contaran de sus cosas.
Así que si, ella enloqueció por no saber de ese pequeño detalle, ni enterarse de todo lo demás que paso en su ausencia. Dónde se suponía que Zeus cuidaba de sus hijos.
Zeus la tuvo difícil.
Por último Jason estaba viviendo con su madre y Perseo, en una suite de un hotel cinco estrellas. Thalia pronto tuvo que decir adiós también, después de que los dejara acomodados y segura de que no le faltaría nada a su hermano.
—Cuídate y no aprendas las mañas de ese —Advertía ella con su maleta en mano lista para irse.
—¡Te escuché! —Grito Perseo desde adentro del edificio.
—¡¿Por qué crees que lo dije tan alto?! —Contesto ella y luego abrazo a Jason —Te llamaré en cuanto pueda —
—Si, cuídate también —El rubio sonrió sin muchos ánimos y le hizo de la mano mientras la veía irse en el taxi que la llevaría a las cercanías de algún bosque y se reencontrará con las cazadoras.
Si, las despedidas eran difíciles, pero al menos ella había prometido llamar más seguido. Todo comenzó a marchar normal, Perseo le hacía de hermano mayor bastante bien y Beryl le estaba tomando cariño prontamente.
—¿Así terminaste con tu prometida? —Pregunto un día ella mientras comían la cena, estaba disfrutando de unas merecidas vacaciones.
—Si, ella no se lo tomo muy bien —Murmuró el azabache recordando como le arrojo de todo.
—¿Y por qué terminaron? Quiero decir si no te molesta contarme —Aclaro ella, Perseo suspiro.
—No la amaba y la persona que ame alguna vez, volvió a mi, es complicado de explicar —El sonrió tenso, no le gustaba recordar a Teseo, dolía.
—¿Otra chica?
—No —Susurro y el miro a Jason, este solo se concentro en su plato.
—Ah, otro chico —Ella bebió de su copa en lo que Perseo se sonrojaba —No esta mal que ames a un chico, amor es amor —Miro a Jason —También quisiera conocer a tu prometido, tu padre dijo algo que no entendí sobre él —
—Es complicado mamá —Susurro el rubio mirando su plato con atención, había estado evitando el tema Percy lo más que podía.
—Pues espero que se resuelva cariño, no quiero verte triste más tiempo —Ella tomo su mano entra la suya, el le sonrió con tristeza.
Si sólo ella supiera que tal ve, nunca más lo vería, que el era el único que recordaría aquellos días, porque Percy ya ni siquiera pensaba en él.
Pero eso quedó un poco atrás ahora, Jason había cumplido diecisiete años hace unas semanas. Ya había pasado casi un año desde el día en que todo había comenzado, el rubio no quiso celebrar ningún cumpleaños, con el ánimo que tenía no podía hacerlo.
—Vamos, debes divertirte ¿Ya has planeado lo que será tu último año? —Decía Leo mientras terminaban de alistar las cosas, tenía una tabla en la mano con una lista de las cosas por ver.
—No lo sé Leo, la última vez que planee algo, no salió bien y lo sabes —Murmuró el rubio cargando una maleta y subiendo al yate. Sus amigos le convencieron de hacer un viaje en yate, para celebrar su cumpleaños que ya había pasado.
—Será divertido ¡Te lo imaginas! —Piper salto emocionada, llevaba la parte de arriba de su traje de baño y un pequeño short Jean. Ahora colgaba de la espalda de su rubio amigo. —¡Último año! ¡La universidad! —
—Para mi no es el último año —Hazel hablo desde al frente por la escalera que subían los otros dos —Será una pena no verlos el siguiente año —
—Igual te llamaremos siempre —Chillo Piper con emoción bajando de la espalda de Jason y dejando que este siga su camino.
—¿Aún sigue pensando en Percy? —Susurro Nico que estaba atrás de Hazel mirando a Jason.
—Claro que si, el lo amaba —Hazel suspiro con tristeza, miro a Piper que estaba terminando de alistar las cosas con Frank que estaba en la cabina —¿Han sabido algo de Percy? —
—No, nada, se los trago el mar de forma literal —Contesto Piper con suspiro cansado dejando que Frank termine de poner en funcionamiento todos los controles.
—Ya está, podemos irnos. Los equipos de buceo están cargados y listos —Annabeth llegó con ellos junto con su laptop abierta.
—¿Por qué vienes con esa laptop aquí? Se supone que debes divertirte Annabeth —Regaño Piper mientras caminaban a la cubierta, Leo con Will y Perseo subieron más atrás, Jason subió de los camarotes cambiado de ropa.
—¿Por qué llevas siempre una pluma en el pelo Piper? —Devolvió ella.
—Porque me gusta, es obvio.
—Ahí tienes tu respuesta a tu pregunta, a ti te gusta tu pluma, a mi, mi laptop y todo lo que hay en su interior —Se sentó en una de las tumbonas del yate abriendo su laptop.
—El mar ha estado revuelto según las noticias —Comento Perseo poniendo las manos en el borde del barandal del yate.
—Si, dicen que las tormentas azotan en alta mar y que hay remolinos seguido, en especial en las noches —Siguió diciendo Annabeth sin despegar los ojos de la pantalla de su computadora.
—Es perfecto para bucear —Agrego Leo y Will puso cara de horror, en especial viendo como Nico tomaba uno de los trajes.
—Oh no, no lo es —Will se apresuró a quitar los trajes de buceo, pero Jason fue más rápido.
—Claro que si —Comenzaron a jugar a perseguirse, Will quería hacerse de los trajes y el otro se los lanzo a Frank que venía saliendo mientras el Yate se abría paso a altamar —¡Atrapa! —
—Lo tengo —Comenzaron a reír, Nico tomo uno y salió corriendo, Will también reía mientras trataba de atraparlos. Todos estaban riendo como no lo había hecho en meses.
Cuando llegaron a altamar, era el momento perfecto, el mar se veía tranquilo. Jason aún recordaba el día que vio a Percy en el fondo, estaba como ese día, solo que esta vez no habían busques explorando las profundidades marinas. Estaban con sus trajes listos para saltar, Frank, Hazel y Annabeth, estarían esperándoles en caso de que necesitaran algo.
—Bien, traten de no alejarse del grupo y no se alejen de su compañero —Hablo Perseo que estaba como el adulto a cargo por ser el mayor.
—Si, si, no es la primera vez que buceamos Perseo —Jason se puso su máscara con el sangre de oxígeno.
—Lo sé, pero si les pasa algo, me matan a mi —Se río poniéndose la máscara y pronto estaban saltando por la borda de espaldas.
Jason se sintió en calma una vez que estuviera dentro del agua, podía ver algo apenas pasando de su nariz, era precioso aquel lugar. Estuvo deambulando un rato junto con Leo, hasta que lo encontró las mismas ruinas que vieron la primera vez. Jason encendió las luces que llevaba, podía ver ahora en la oscuridad, pasó las manos por las paredes.
Quizá si buscaba en el lugar correcto, si tan sólo...
Ahí estaba, una luz se prendió en la pared, de color azul con una letra extraña, Jason sonrió pasando su mano por el borde de esa letra. Leo llego a su lado y golpeo su hombro, tocaron juntos la pared empujando. Una compuerta se abrió, revelando una habitación, estaba completamente sumergida en la oscuridad y al fondo, como iluminada...
Jason deseo poder gritar, pero sólo pudo avanzar hasta la caja que había en la habitación, junto con Leo nadaron hasta estar cerca. Se detuvo un momento a contemplar al pequeño niño que estaba durmiendo dentro, tan tierno como la primera vez que le vio, con su chupete en la boca.
Con esfuerzo comenzaron a subir la caja, los demás se acercaron a ayudarles, pronto estaba arriba. La caja con un pequeño niño de no más de tres años dormido, sus manitos juntas debajo de su mejilla, sus ojitos cerrados y el cabello negro revuelto, llevaba puesta una túnica de color azul con filos dorados.
—Perseus —Pronuncio Jason en cuanto se sacó el traje a la mitad, dejo todo tirado y a sus amigos no podía importarles menos. Ellos estaban emocionados de ver al pequeño Percy.
Y un Rayo sonó sobre el cielo, los pequeños ojos verdemar se abrieron, ahí estaba el color que más había extrañado Jason en estos meses. El niño se sentó perezoso y al igual que la primera vez, se quedó mirando al rubio, estiró su pequeña mano, tomó su nariz haciéndola su prisionera, sonrió.
—Jason —Susurro en voz baja e infantil, sonrió y el rubio se hecho a llorar, lo levantó en brazos estrechandole contra su pecho —Estas sin camisa pervertido. Te extrañé —
—Hola Percy, hola —El rubio pasaba sus manos por su cara tratando de detener sus lágrimas.
—Hey, no llores —Percy apretó su nariz y le hizo hacer que lo vea a los ojos.
—Pero tú... no recordabas —Murmuró el rubio abrazando a Percy.
—Y sigue sin recordar nada —Una voz hablo a sus espaldas, el azabache avanzo hasta ellos antes de que un par de brazos le envolvieran —Pero de alguna extraña forma, no ha dejado de pensar en ti, tiene pesadillas por no tenerte, le duele el pecho pensando en su rubio —
—¿Y no me extrañaste? —Susurro Perseo quien lo abrazaba.
—Un poco —Las mejillas de Teseo se pusieron rosadas.
—Entonces ¿No recuerda nada? —Jason miraba a Percy que negaba sin soltar su nariz, luego se abrazó a su cuello.
—Aún así, dolia no tenerte, quiero estar contigo —Susurro el pequeño soltando su nariz y poniendo sus pequeños brazos alrededor de su cuello —Te amo, es todo lo que se —
—Y yo a ti ¿puedo? —El pequeño asintió, Jason estiro su mano poniéndola en el chupete. La luz se hizo presente y pronto un Percy adolescente era el que estaba en los brazos de Jason, tenía una camisa azul y jeans.
—Si, la túnica le quedaría pequeña si se transformaba y no podíamos dejar que lo veas desnudo —Aclaro Teseo —Así que aparecerá con ropa al transformarse —Jason miro el anillo en el que se había transformado el chupete, no se había sentido tan feliz de tenerlo desde hace mucho.
—Bien y si no recuerdo ¿Me ayudas a recordar? —Percy jugó con el cabello de Teseo.
—Ah si, quizás este un poquito pegajoso, estaba nervioso y de mal humor, así que le dimos un poquito de calmante natural —Aviso Teseo que estaba siendo abrazado de forma posesiva por Perseo, también besado en el cuello.
—Bien, te ayudaré a recordar —Jason río sujetando bien a Percy.
—Hey todos estamos felices ¡Fiesta! —Leo comenzó a gritar, todos celebraron aunque sólo Jason tocaba a Percy.
—Vamos a hablar sobre lo de las duchas —Percy río de lo que decía Jason.
—Me encantaría tomar duchas contigo.
—No, Percy eso no.
—Si y tendremos sexo —Teseo quiso saltar sobre Jason que estaba rojo.
—¿Sabes lo que es eso? —Tartamudeo Jason.
—Si, Orión me explico, aunque estaba muy rojo cuando lo hizo. Aunque Tritón dice que no debo decir eso, tampoco practicarlo —Dijo con el ceño fruncido, luego puso sus manos en el pecho de Jason —Aunque es injusto, Tritón y Teseo harán eso con sus novios ¿Por qué yo no puedo? —Todos comenzaron a reír de la cara.
—Y recuerda que Tritón dijo que nos mataría a mi y al rubio si eso pasaba —Aviso Teseo por sobre las risas.
—¿Me mata si lo práctico yo contigo? —Susurro Perseo a Teseo, este solo río.
—Si —Los dos se pusieron serios —Primero resolvemos nuestro asunto, con mi madre y luego vemos que pasa —Perseo beso su mejilla.
—De acuerdo, mientras no te vayas —Se besaron en los labios sintiendo esas luces, las explosiones y que el mundo se detenía, lo mismo que al besarse la primera vez.
—Te extrañé mucho —Susurraba Jason un poco más tarde, estaba sentado con Percy sobre sus piernas, este solo sonreía.
Quizá lo del mar, regresaba también a dónde le amaban.
Piritoo terminaba su turno en el acuario, había detenido completamente su búsqueda de parejas, de un dominante. Al único que quería, era a Tritón, pero el estaba en el mar. Y nunca estaría de vuelta.
—Buen trabajo —Alabo Ana —Nos vemos mañana Piritoo —Se despidió mientras corría al auto donde le esperaba su novio Chris.
—Adiós —Miro a la chica irse, también a sus demás compañeros, los chicos nuevos eran lindos, eran tiernos, pero ni siquiera llegaban a asemejar a Orión, Tritón e Hylla, sin ellos ahí todo era más aburrido.
Avanzo unos cuantos pasos por fuera del lugar, miro al cielo, recordaba que había tormentas en altamar y se preguntaba si tal vez Tritón hacia eso porque lo extrañaba. Suspiro soltando el aire poco a poco, miro de nuevo al frente.
Delante de él se estacionó una moto de color negro, con los rines cromados, el chico que la montaba tenía unos pantalones negros de cuero, que definitivamente llamaron la atención de más de uno. En especial de Piritoo, el chico estaba como quería, unas piernas que comenzó a desear que lo apretujaran, obligándole a quedarse quieto.
—Oh dioses —Murmuró Piritoo —Soy fiel, soy fiel, tu amas a Tritón —Pero sus ojos volvieron a viajar al chico de la moto —¿Por qué dioses? —
Lo vio bajar de su moto, dioses la camisa le quedaba ajustada, podía ver un abdomen que definitivamente querría ver sobre él. Sus pensamientos nada sanos comenzaron a revolotear en su cabeza, una dónde esas piernas estaba apretando sus caderas, un látigo en sus manos azotando, pudiendo ver ese abdomen sudado.
—¿Por qué es tan difícil ser fiel? —Se pregunto mientras el chico de la moto se acercaba a él, aún tenía el casco sobre su cabeza, cuando lo retiró, a Piritoo casi le daba algo viendo esa cara y ese cabello.
—Hola Piritoo —Tritón paso una mano por su largo cabello haciendo que Piritoo casi se derrita.
—¡Mi amor! ¡Te amo! —Salto enseguida sus brazos, sin que el otro diga más —¡Te extrañe! ¡Dioses! —Tritón apenas logró sujetarlo entre sus brazos, le dio una vuelta en el aire.
—También te extrañé pequeño Jabalí —Beso su mejilla y Piritoo logró poner las puntas de sus pies en el suelo, lo vio a los ojos, entonces se besaron, un beso suave, pero significó todo para ellos. Algo nuevo después de mucho tiempo para los dos. —Tengo una buena noticia —
—Dime —Piritoo se aferro a él, estaba emocionado apretando su pecho, comenzó a llorar.
—Pero no llores.
—Pensé que no volverías, que tendría que ser anciano y morir para verte de nuevo en la Atlántida —Susurro mientras el otro limpiaba sus mejillas con sus manos.
—Claro que si, sólo que teníamos cosas que resolver —Contesto con una sonrisa y beso su frente con dulzura —Tu padre dijo que podías vivir conmigo y... —Puso su casco sobre su cabeza —Te tengo una sorpresa si aceptas ser mi novio —
—¡Si! ¡Quiero! ¡Novio, prometido, esposo! —Se aferro más a él y el otro río, se subieron a la moto y partieron de ahí.
—Tenías que haber dicho que no —Se quejaba una chica de cabello negro con ojos grises.
—No podía, el compro un departamento, dijo que lo tendría a salvo —Se quejo un hombre a su lado sujetándola por el brazo —Además ¿Qué te molesta? —
—Nada
—Ya sé, tu papi Tritón va a tener una nueva pareja. Tendrás a mi hijo de Padrastro —La chica le golpeo con su rodilla en las partes nobles.
—Ojalá pudieras morirte —Masculló ella dándole un nuevo golpe y el hombre en el suelo reía con dolor —Papá Tritón no me dará un padrastro, porque nunca lo llamaré así —Desapareció en una esquela de humo gris.
Aquiles estaba cansado, las audiciones estaban por terminar, había discutido con su madre hace semanas y por fortuna ya no sabia nada de Andy, se alegraba de dejar de verlo como lo hizo en la antigüedad. Se pasaba de un lado a otro, estaban oyendo de nuevo a un chico.
—¿Qué te parece Aquiles? —El director de la obra, estaba sentado en una de las butacas del lugar.
—No —Suspiro cansado, esto era cada vez más difícil, sólo había una persona que quería que fuera Patroclo. Solo que esa persona no estaba ahí, seguro estaba en el mar esperando que por un milagro que el terminara en el mismo lugar cuando "falleciera".
—Ninguno te convence —El director suspiro levantándose —¿Es que acaso ya tienes a alguien en mente? Porque necesitamos que decidas de... —Aquiles dejo de ponerle atención cuando vio la puerta del teatro abrirse, sólo un segundo basto para verlo y que el corazón se le acelerara.
—Espere un momento —Aquiles corrió emocionado, con el corazón desbocado hacia las puertas, no podía equivocarse, él estaba ahí. Estaba hermoso, tanto como siempre.
Abrió la puerta y vio al chico de espaldas, jadeo de la sorpresa mientras la sonrisa se posaba en sus labios antes de echarse encima de él y abrazarlo con fuerza.
—Pat —Susurro abrazándole, el chico soltó una risita antes de girar aún atrapado en sus brazos.
—Hola Pirra —El rubio lo alzo entre sus brazos haciendo que el otro tenga un colapso de nervios en menos de un minuto —Al suelo, al suelo, por favor, al suelo —Rogó y el otro lo bajo.
—¿Cómo? Dioses pensé que no te vería hasta dentro de siglos —Susurro comenzando a olfatear su cuello, causando cosquillas en el contrario.
—Estuvimos arreglando algunas cosas, por eso tardamos un poco ¡Estudiaré la universidad! —Anuncio sonriendo mucho y Aquiles no pudo ser más feliz, su sonrisa era lo que siempre le llenaba el alma. Y entonces lo besó, con ternura y con algo se deseo, le dio esa sensación de que la marea saltaba sobre ellos mojandoles bajo el sol en pleno verano, el beso sabia a esos días en los que todo era sencillo.
—Te amo Bel, Pat, no importa con que nombre aparezcas, siempre te amaré —Volvió a besarlo después de esa declaración, las mejillas del castaño podían explotar en cualquier momento de lo rojas que estaban.
—Aquiles —El jefe del rubio lo llamo, haciendo que voltee, Belerofonte seguía entre sus brazos. Aquiles sonrió mucho.
—Señor Director déjeme presentarle a Patroclo —Belerofonte lo miro confundido —Llegaste justo a tiempo para las audiciones —
—Pero yo... yo...
—Pero bueno, si te trajo Aquiles entonces vamos a ver que puedes hacer, el no presentaría a cualquiera como su Patroclo —El hombre no le dejo decir más, lo arrastro junto con Aquiles al interior del teatro.
—Será divertido y estudiaras, lo prometo —Aseguro Aquiles antes de que el otro pudiera negarse.
Y sólo bastó una nota, para que el director quedara convencido de que no encontrarían mejor Patroclo. Además de que Aquiles tampoco lo iba a soltar ahora.
Estaban tras una presa pequeña, era solo un juego de niños para ellas, estaba la emboscada, la presa estaba por caer. La primera que la atravesará con su flecha ganaría, sería quien se libraba de lavar platos durante un mes y no pagaría por las hamburguesas.
—Ya te tengo —Susurraba Zoë alistando su arco y flecha, el pequeño conejo estaba en su mira, iba a soltar su flecha cuando despareció —¡Skatá! —
—¡Daimones!
Al parecer no fue la única en perder la presa, se escucharon muchas más maldiciones e insultos, en varios idiomas y lenguas muertas. Las cazadoras salieron de sus escondites, tratando de descubrir quién se había metido en su pequeño juego, fue entonces que perdieron.
—¡Hey! ¡¿Qué fue eso?! —Comenzaron las quejas y las preguntas, una a una fueron marcadas con motas de color verde.
Luego se escuchó una risa, cuando Thalia y Zoë, tenían ya una mancha en el brazo y la frente. Pero ¿De dónde salía la risa? ¡¿Quién estaba jugando con ellas?!
—Cazadoras —Artemisa se hizo presente, pues mucha de ellas estaban llamándola de forma mental.
—Mi señora —Hablo Zoë y abrió mucho los ojos cuando una sombra de la nada envolvió a su señora.
—Te atrape —Pronto pudieron ver con claridad a un rubio muy alto que sujetaba a su señora de forma amistosa.
—Orión —Artemisa se soltó mirándole desde abajo con una sonrisa.
—Le he dado caza a todas sus cazadoras mi señora, he ganado —Hizo una reverencia, las chicas gruñeron, Artemisa río con ganas.
—Eso demuestra que aún les falta por entrenar chicas —Miro a sus cazadoras —Un nuevo entrenamiento servirá —
—¿Contra él? —Zoë gruño de mala gana, no le gustaba el hecho de perder contra Orión, este solo sonrió travieso.
—¿Y has pensado en lo que hablamos? —Pregunto la diosa de la caza haciendo caso omiso a su teniente.
—Si, he traído mi campamento, siempre cerca del tuyo y aún así dando privacidad a tus cazadoras —Asintió él y ella sonrió.
—Ay no —Thalia frunció el ceño con Zoë.
—Cazadoras, el es Orión, nuestro cazador honorario —Acarició su mejilla con gentileza, Zoë y Thalia gruñeron.
Iban a ser unos siglos muy largos de entrenamiento, riñas y peleas infantiles, porque así es como se llevaban ellos. Como hermanos.
