Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.
Nadie había parecido percatarse de nada.
Ben y Rey evitaban observarse demasiado, continuaban conviviendo juntos, actuando tan normal como podían, lavaban los trastes, jugaban juegos de mesa, veían películas en la sala. Pero cuando la noche abrazaba su hogar y todas las luces de la casa se apagaban, ambos se escurrían hacia el único lugar donde nadie podría verlos, su zona neutra; el baño. El lugar que comenzó siendo una maldición, el espacio que compartía con los gemelos ahora se convertía en el refugio perfecto.
Ellos se escondían ahí al menos una hora. Una corta hora donde se permitían ser ellos mismos el uno con el otro.
Ben era la clase de chico atento que te escuchaba y abrazaba antes de lanzase de lleno a tus labios, o al menos; eso sabía Rey. Él era tan dulce con ella, como si temiera lastimar sus sentimientos, como si ella no se muriera de ganas de besarlo cada vez que lo ve cerrando la puerta de su habitación.
La sensación era intoxicante. Un calor recorría cada centímetro de su cuerpo cuando las manos de Ben la presionaban sobre él. Un calor que le obligaba a contraer su cadera, con una creciente y, cada vez más, feroz necesidad de sentirlo.
Ben era todo un caballero manteniendo sus pies firmes y bien plantados en el suelo, conteniendo todas las necesidades de su cuerpo sólo para él.
Recostada sobre su cama, Rey reflexionaba sobre todo, su mente era un enjambre de abejas; zumbando, alejando y atrayendo ideas, un absoluto revoltijo de sentimientos la invadían. Contrastando con los primeros días cuando aún estaba asustada y temerosa, ahora se sentía más confiada en lo que tenían.
Ben era excelente para ocultar secretos, incluso de su hermano. Quien parecía más concentrado en otros asuntos que en lo qué refería a la vida personal de Ben.
Recostada sobre su cama, Rey giró sobre su hombro para tomar su celular en las manos, el reloj en su pantalla marcaba la una y cuarto. Y sus ojos estaban necios en mantenerse abiertos. Pero ¿Quien podría dormir con su cuerpo aún palpitando de la emoción?
Se mordió el labios determinando si mandarle algún mensaje a Ben o dejarlo descansar, quizás incluso ya estaba dormido.
Sus dedos golpearon superficialmente la pantalla de su celular. No había pasado tanto tiempo en realidad, en punto de las doce y media ambos chicos habían vuelto a sus habitaciones. Él no podía estar dormido, no tan rápido. No después de esa noche en particular.
Sentía el calor apoderándose de nuevo de sus mejillas con el simple recuerdo.
Ben Solo la mantenía aprisionada contra la puerta, con una de sus manos en la cintura y la otra en el hombro presionándola con más fuerza de la habitual. Pero las manos de Rey eran siempre más curiosas; acariciando sus brazos, sus hombros, su cabellera, todo lo que estuviera a su alcance, tanto como Ben se lo permitiera. Hoy sus manos estaban sobre su espalda, desesperada por cerrar la brecha que los separaba.
El pecho de Ben fue lo primero en ceder, apenas Rey sintió a Ben más cerca un suspiro se atoró en su garganta, sus labios eran impetuosos, se resistían a alejarse.
La mano en el hombro de Rey se contrajo con sutileza, un movimiento que no paso desapersibido para ella, un movimiento tan insignificante pero con la fuerza para encender cada una de sus terminaciones nerviosas. Ahora necesitaba de él mucho más que antes, su piel ardía por el contacto, desesperada por sentirlo sobre ella.
Y, con esa nueva sensación despierta en su cuerpo, tomó la mano de Ben y la deslizó fraccionada sobre su pecho. Aún con toda su ropa encima la descarga de emociones fue abrumante, para los dos.
Ben palpaba con cuidado el apenas sobresaltado pecho de Rey, sus dedos se movían con delicadeza sobre ella. Rey, en muy pocas ocasiones, utilizaba una camiseta doble para dormir. Hoy no era una de esas pocas ocasiones, pero a pesar del excedente de tela la sensación de Ben reconociendo su cuerpo la encendía, de todas las formas posibles, su cuerpo reaccionaba a los movimientos de chico con armonía.
Ambos corazones latían desenfrenados cuando el beso comenzó a hacerse más débil, separando poco a poco sus labios pero conectando de inmediato sus ojos.
Las manos de Ben se deslizaban poco a poco más hacía abajo deteniéndose en su cadera, enterrando sus dedos en ella y ansioso por poder frotar su pelvis contra ella.
—Descansa...— Alcanzó a murmurar Ben.
—Tú también...
—Lo voy a intentar.— Respondió sonriendo y regalándole un último beso en la frente antes de precipitarse a su habitación.
Rey había permanecido algunos segundos más recargada en su puerta antes de volver en si y regresar a su habitación.
Ella quería más, ansiaba por más.
Su corazón no dejaba de latir, continuaba perdida en su momento con Ben. ¿Es que acaso iban muy rápido? Tenían saliendo algunas semanas, pero su relación comenzó como una feroz tormenta, intensa y fuerte.
Y su cuerpo le exigía más.
Sus ojos se cerraban sin especial fuerza y su respiración se volvió más cortada. Mientras recorría su cuerpo con sus manos imaginando que Ben estaba a su lado.
Pasaba la yema de sus dedos por la ligera curva de su pecho. Un pequeño gemido se atoró en su garganta. Se deslizaba lentamente a lo largo de su abdomen, llegando hasta los pliegues de su pijama.
Cerrando ahora con más fuerza sus ojos y, sin cuestionarse sobre la moralidad de sus actos, colocó sus dedos en la entrepierna. No sabiendo exactamente cómo proceder a partir de ese momento, la pura sensación era electrizante, sus dedos se movían en ligeros círculos. Descubriendo nuevas sensaciones, se perdió en la imagen de Ben aun tocándola.
Su pelvis se movía impetuosa, casi con vida propia sobre su mano, exigiéndose más a sí misma.
¿Pero que más podía entregar?
Esto era nuevo, las cosquillas en la parte baja de su vientre se extendían a cada una de sus terminaciones nerviosas.
Gemía en silencio el nombre de su enamorado cuando cernía sus dedos y lentamente descubría puntos mucho más sensibles dentro de ella.
Un momento que ansiaba fuese eterno, se sentía en la nube más esponjosa, alto en el cielo. Falta de aire, falta de ideas, falta de racionalidad.
Giró su cuerpo contra la cama, aún con su mano explorando cada rincón de su intimidad. Depositando un fuerte gemido en su almohada.
Quería llorar. Quería gritar. Quería a Ben.
La impotencia que sintió justo después, mientras poco a poco caía de regreso a la tierra, la mantenía con la cabeza enterrada en su almohada. Su corazón no dejaba de correr fuertemente en su pecho.
¿Será una imprudencia exigirle más a Ben?
Ella sabía una cosa con certeza. Necesitaba de él. Necesitaba las manos de Ben sustituyendo las suyas. Necesitaba a Ben explorando el mismo cuerpo que ella acaba de tocar.
N/A: Oficialmente terminó mi depresión post-TROS.
Espero, de verdad no volver a pasar por un bloqueo como el que viví estos meses.
Estas últimas semanas he estado muy dedicada en adelantar capítulos. Entonces espero poder actualizar más a menudo.
Gracias a quienes regresaron a leer. Y bienvenidos a quienes acaban de descubrir esta historia.
