87. Si un día vuelvo a verte.

—Naruto. —llamó Jiraya, dándole un golpecito en la cabeza. El rubio despertó de su ligero sueño, estaba cansado debido al entrenamiento. —Toma esto. —y partió, como siempre, una paleta a la mitad, ofreciéndole una de ellas. Naruto aún adormilado, la agarró con una sonrisa.

— ¿Dónde estabas, Ero-sennin? —preguntó.

—Estaba hablando con algunas mujeres. —y sonrió como Naruto describiría, un pervertido. El menor farfulló por lo bajo. —Dime, Naruto. ¿Regresando harás a Sakura tu novia?

El chico se atragantó con la paleta de hielo, tosiendo de repente con la cara coloreada en un intenso color rojo.

—Eres todavía un niño. —suspiró Jiraya. —A este paso no dudo que Sasuke sepa moverse mejor que tú.

— ¡Y-Yo…!

— ¿Qué pasa si le roba el corazón antes que tú? —en su interior, Jiraya estaba disfrutando infinitamente las caras que ponía el niño rubio. Estaba igual que un tomate. Y, aunque su piel bronceadita no lo hacía resaltar tanto como lo haría con Sakura o Sasuke, el color rojo también le sentaba bien. — ¿Quieres que te aconseje?

—Pero no has tenido novia. —replicó Naruto, queriendo vengarse.

Jiraya le dio un golpe en la cabeza, por habérselo recordado. —Claro que he tenido, solo que nunca las has conocido.

—Pensé que siempre estuviste detrás de la vieja Tsunade. —murmuró Naruto, con unas lágrimas en los ojos.

— ¿Quieres que te ayude o no? —replicó él. Naruto quería decirle que no, pero aquello se sentía como un padre dándole consejos a su hijo, algo que siempre quiso tener. Así que fingiendo no darle mucha importancia, asintió con la cabeza. — ¡Lo sabía! Realmente te gusta esa niña.

—Bah. Déjame en paz, viejo tonto. —Naruto se estaba arrepintiendo al último momento. Jiraya echó su cabeza hacía atrás, ahogando una carcajada al ver lo avergonzado que estaba.

Naruto despertó de pronto, sintiendo el sudor recorrer su rostro y cuerpo. Al ver que se trataba de un sueño se dejo caer de golpe en la cama, llevando una mano a la cara, miró de reojo el reloj en el buro. Dos de la mañana. Apenas hace una hora había logrado conciliar el sueño. Se sentó, incapaz de seguir acostado. Las piernas se sentían entumecidas, con un cosquilleo recorriéndole hasta la punta de los dedos. Tuvo que pararse para dejarse de sentir así. El cielo estaba despejado, como si nada horrible hubiera pasado. Era una noche hermosa.

Se sentía como si le hubieran dado una patada en el estómago, con semejante fuerza que le había terminado por robar todo el aire que alguna vez almacenó en sus pulmones y por más que inhalara, no llegaba nada a ellos.

Los ojos se aguaron al recordar el sueño, sonriendo melancólico al recordar los pequeños consejos que le había dado. Naruto necesitaba gritar. Que todo el mundo escuchara su dolor y no ser el único que se sentía miserable. Estaba a punto de derrumbarse, y todas las manos que una vez estuvieron tendidas a él, comenzaron a desvanecerse poco a poco.

Estaba harto de eso. De que cada que encontraba algo importante, le fuera arrebatado por la vida. Se sentía enfermo de pensar en todas las sonrisas falsas que tendría que dar los días restantes de su vida, fingiendo que no estaba muriendo por dentro. Se le pudría el alma al pensar que a partir de ese día, nada volvería a estar bien.

Se abrazó a sí mismo cuando sintió una corriente fría golpear su espalda. Tenía un enorme nudo en la garganta que no sabía como sacar. Las lágrimas no fluían. Era como si estuviera vacío. Naruto llevó las manos a su cara, queriendo asfixiarse con ellas. Y la pregunta del ¿por qué no fui yo? Rondó su cabeza, martirizándolo una y otra vez.

—Ero-sennin. —volvió a sentarse en su cama, dejándose caer de lado cuando dejó de aplicar fuerza en su cuerpo. Veía la pared desgastada de donde vivía, maltratada por los años y que nunca se había molestado en reparar.

Se sentía perdido, caminando sin rumbo en esa inmensa oscuridad.

Ni siquiera se dio cuenta en que momento estaba afuera de su habitación, con el viento frío soplándole directo en la cara. No se molestó en llevar una chaqueta. Apenas era perceptible de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, demasiado cansado para sentir algo. Era incordió, hace apenas unas semanas que lo había visto, sonriendo. Burlándose de él. Dándole el consejo de seguir adelante. Naruto entreabrió la boca, tensando sus hombros al instante de recordar las palabras de Jiraya.

Inhaló con fuerza todo el aire que pudo en sus pulmones y entonces lo dejó ir, todo el dolor acumulado. Por Sakura y Sasuke, por haber sido tan duro con Tsunade, por su querido maestro. Las lágrimas salieron a flote, inundando todo su rostro, la boca le tembló, pero el llanto continuo silencioso. Incapaz de articular alguna palabra, de reclamarle por haberlo dejado, de agradecerle por haber estado tanto tiempo a su lado, cuidándolo.

—Naruto. —él alzó la vista para encontrarse con el único sonido que llegó a sus oídos. Iruka venía con aspecto casi lúgubre, Naruto tensó los labios, evitando que volvieran a temblar. Su antiguo maestro se sentó a su lado, ladeando el rostro para poder escucharlo.

—Él lo prometió. —barbulló mordiéndose los labios con fuerza. —Que estaría ahí, cuando yo me convirtiera en Hokage. Solo le pude mostrar la peor parte de mí, quejándome, llorando por todo. Necesitaba que él viera en qué tipo de hombre me convertiría, que él había ayudado a formarlo.

—Jiraya-sama sabía en qué hombre te convertirías. —contestó Iruka. —Siempre estaba burlándose de ti, pero a tus espaldas, hablaba de ti con tanto orgullo que contagiaba a todos. Para él, eras como su querido nieto, Naruto. Estaba demasiado orgulloso de ti.

Naruto volteó a mirarlo, sorprendido de sus palabras.

—Es inevitable estar triste, lo sé, Naruto. —siguió él, dando un ligero suspiro. —Pero ten encuentra que Jiraya-sama odiaba verte así. Decaído. Porque también eras su pequeña luz, a la que cuidaría por siempre de ser necesario.

—Iruka-sensei.

—Hay un montón de cosas por las cuales rendirse, pero hay más por las que pelear. —Iruka se puso de pie, para colocarse frente a él. Tomó una paleta que Naruto no sabía que llevaba y la partió por la mitad, dándole una de estas. —Estoy seguro que Jiraya-sama no dudaría en decir cual escogerías, Naruto. Porque fuiste su preciado estudiante.

Naruto tomó lo ofrecido, mordiéndola con fuerza.

—Gracias, Iruka-sensei.

Y a pesar del frío de la noche y de que se trataba de una paleta helada, Naruto la sintió tibia en su corazón.

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Shikamaru resopló, sin saber cómo darle la noticia. A pesar de que Hinata se había esforzado tanto, todo esto quedaría opacado por como se sentía Naruto en estos momentos. La chica de hecho le había pedido que le guardara el secreto, al menos hasta que el luto de Jiraya pasara. Ojalá Hinata pudiera entender que aquello era la única esperanza de Naruto para seguir con los pies en la tierra y no dejarse llevar por los sentimientos de venganza.

Ahora tenía que pedirle ayuda para descifrar el código que Jiraya había mandado.

Cuando tocó la puerta por centésima vez, Naruto al fin se dignó a abrir, llevaba unas ojeras negras debajo de los ojos azules. Parecía un muerto viviente y su cara estaba pálida, seguramente no habría comido nada desde el día anterior. Shikamaru pasó, frunciendo la boca al ver que en efecto, no había rastros de comer ni siquiera ramen.

Luego de un rato observando la foto, Shikamaru se dio cuenta de que el rubio estaba sumido en sus recuerdos. Por lo que se vio obligado a alzarle la voz para traer de nuevo su atención. Al ver que su reacción era lenta, casi indiferente, decidió llevarlo a dar un paseo por la aldea, aun con las quejas que este emitió en un principio.

No tardaron nada a llegar donde Kurenai, sorprendiendo al joven rubio por el niño que llevaba en su vientre. Shikamaru habló acerca de como ese niño sería su alumno, debido a que Asuma lo dejó a su encargo. Intentó ponerse en sus zapatos, aunque en realidad ya lo había estado. Naruto se sintió cohibido, como si sus palabras no fueran suficientes. Shikamaru entonces agregó:

—No vamos a ser niñatos idiotas para siempre.

"¿Lo ves? Decisiones de una niña tonta. Igual que Sasuke al dejarte. Son todos unos idiotas tus amigos. Tú eres un idiota."

—Pronto tendremos que dar en lugar de recibir. —siguió Shikamaru. —Estarás en la otra cara de la moneda, guiando a un niño por el camino del ramen o una tontería así. —se burló, sonriéndole. —Y te llamará "Naruto-sensei".

Naruto lo observó expectante, recordando a su maestro. Una llama de esperanza se comenzó a encender en su corazón.

—Y si queremos honrar sus memorias, debemos convertirnos en alguien igual o más increíbles que ellos, ¿no? —Shikamaru le guiñó el ojo, contento de que sus palabras llegaran a él. —Entonces, ¿qué dices, Naruto?

—Dame esa foto, hay trabajo que hacer.

—.—.—.—.—

Sakura se quedó contemplando a Kakashi fijamente, con las pupilas en apenas una rendija. Estaba atónita. Escuchó la respiración de Sasuke agitarse a su lado, entrecortada, rota. Como un pensamiento fugaz Masamune le llegó a la cabeza, el sentimiento de perderlo fue grotesco, y lo odio. No quería que Naruto se sintiera así nunca. Una lágrima resbaló por su mejilla, sin poderlo evitar. Porque… ella había ayudado a formular el plan espía a Amegakure. Kakashi se acercó a ella, dándole un firme abrazo.

—Naruto… —balbuceó Sasuke. — ¿Dónde está Naruto?

—Debe de estar en su casa ahora mismo. Parecía estar trabajando en algo con Shikamaru, pero se lo han dejado por el momento a una científica. —comentó Kakashi, sin soltar a Sakura. Ella se apartó suavemente de su nuevo padre, quitando los pensamientos egoístas que comenzaban a inundar su mente, acerca de la culpabilidad que no tenía ahí pero que su mente le quería hacer creer que sí. Faltaban tres días para su ejecución, no podría ni imaginarse lo que pasaría con Naruto después de eso. Quedaría destrozado hasta la medula. Su luz no sería suficiente para mantenerlo de pie más tiempo. Y, joder, que no iba a dejar que esta se extinguiera por nada del mundo.

Sasuke se puso de pie, haciendo resonar sus cadenas. Kakashi lo contempló con una mueca, seguro que le pediría llevarlo con él. Ojalá…

La puerta salió volando por los aires, estampando con fuerza a la pared de enfrente, haciéndole una grieta enorme. Anko brincó sorprendida, pues comenzaba a dormitar. Entre el metal de la puerta y las rocas, notó que entre ellas se encontraba un par de esposas enormes, las cuales anteriormente cubrían las manos de Sakura. Como rayo, Sasuke salió corriendo de la habitación luego de que Sakura le arrancara las cadenas de los pies. Ambos ninjas se movieron al ritmo de un chasquido de dedo, Anko supo que podía interponerse en su camino, quizás Kakashi habría podido pararlos. Pero ninguno se movió de su lugar, entendiendo perfectamente a donde iban.

Sakura golpeó con fuerza una de las paredes, sin querer buscar más puertas. Sasuke detrás de ella seguía sus movimientos, aún con los ojos vendados era capaz de moverse, quizás más rápido que Sakura, no obstante, debía seguir su ritmo si no quería perderse y que lo terminaran atrapando. Sakura apretó los labios al ver la acción de confianza que estaba llevando a cabo Sasuke. Y no pudo evitar pensar que sus pequeños yo, tenían razón.

La madrugada carcomía los huesos de ellos, apenas vestidos con harapos de tela. Sin embargo, ninguno se quejó, tampoco voltearon atrás para ver o percibir si alguien los estaba siguiendo. Todos, en ese momento, sabrían donde encontrarlos. Se detuvieron unos diez minutos después, debajo de la casa del rubio. Agitados. Nerviosos también de no saber elegir las palabras correctas.

—Te quitaré las esposas. —dijo Sakura, apretándolas con un puño, liberando el movimiento de manos de Sasuke. —Y la venda.

—No. La venda no. Tiene un sello especial. —musitó él, apartando la cara levemente. —Si lo retiras, perderé la vista.

—Entendido.

Ambos comenzaron a sentir una presión en su estómago, bombeos incesantes en su corazón. Mientras subían por las descuidadas escaleras de madera, pensaban las mejores palabras para esa situación. Quizás fueran las últimas personas que quería ver Naruto, Sakura pensó en aquel genjutsu, en el pequeño niño al que le dio vueltas y le hizo cosquillas. Extrañamente ese pensamiento le hizo correr a la puerta, jaló de más el pomo, llevándoselo consigo. No estaba midiendo la fuerza aplicada.

—No tengo ganas de hablar contigo, abu- —Naruto se quedó a media palabra cuando notó el cuerpo de la chica entrar corriendo y lanzarse a él, abrazándolo con ganas. Sakura hundió la cabeza en su cuello, aspirando el aroma de Naruto, este volvió a sentarse de golpe en la cama, con las manos a los costados de Sakura que buscaron atraparla antes de que esta se aferrase a él.

Los pasos no terminaron ahí, una nueva silueta entró, agarrándose por la pared para no terminar cayéndose con algo que Naruto hubiera dejado tirado por ahí.

—Sa…—no supo que nombre pronunciar primero, se sentía en un sueño.

—Naruto, lo siento, lo siento tanto. —barbulló Sakura, sin querer despegarse ni un milímetro de él. Naruto arrugó el entrecejo, haciendo una línea delgada con sus labios, incapaz de emitir palabra.

—Nos acabamos de enterar. —dijo Sasuke, escuchando el lloriqueo de Sakura se guio hasta la cama. Naruto quiso apartar a Sakura, pedirle que se tranquilizara, pero la chica no cedió. Se aferró mucho más a él.

— ¿Y qué hacen aquí? —su tono fue brusco aunque no de manera intencional. —Escaparon de…

—No íbamos a dejarte solo, idiota. —bramó Sasuke, molesto de pensar que supusiera eso.

Naruto pasó saliva.

—El equipo siete está disuelto. —farfulló, amargo.

—Sí, tienes razón. —completó Sasuke. Aun así no se movió de su lado, ni Sakura se apartó ni un poco. —Pero supongo que los lazos que formamos no.

—Sasuke… —Naruto lo miró pasmado. Sin poderlo evitar, se aferró a Sakura con la misma intensidad que ella a él, ocultando la cara entre el hueco del cuello de la chica, imitándola por completo. Se sentía cálido. Como si la familia a la que perteneció todo este tiempo nunca se hubiera esfumado.

Naruto observó de reojo a Sasuke y sin que el Uchiha se lo esperara fue atraído a ambos, siendo Sakura quien contribuyó a incorporarlo al abrazo grupal. Naruto formó algo similar a una sonrisa rota que destrozó el corazón de Sakura. Sasuke en cambio protestó por lo bajo, que aquello era muy tonto. Ninguno de los otros dos le dio importancia, siguieron abrazándose hasta que los brazos se les entumieron por completo.

Al separarse, Naruto quedó en medio de ambos, con la cabeza agachada. Resintiendo las lágrimas. Sakura se volteó, subiendo a la cama de Naruto, él y Sasuke se giraron a ella, este último insatisfecho de ser el único que no podía apreciar lo que estaba a punto de hacer.

—Ahí. —señaló Sakura, causando confusión en Naruto.

— ¿Qué hay? —su voz opaca perpetró los oídos de Sasuke.

—Una estrella, justo arriba de tu ventana y es la única que puedes ver desde aquí. —comentó Sakura. Naruto se colocó a su lado, tenía razón. —Es esa.

— ¿De qué hablas, Sakura?

—De la estrella que le pertenece a Jiraya-sama. —sonrió la chica. Naruto se mostró atónito. Sasuke escuchó atentamente, sabiendo en su interior a quién pertenecían esas palabras. —Así que nunca la pierdas de vista.

—Él está muerto. —Naruto apretó los dientes, escupiendo palabras resentidas.

—Lo sé. —Sakura seguía mirando el cielo, a pesar de que el sol comenzaba a salir, aquella estrella seguía brillante como siempre.

— ¡Entonces no digas tonterías, Sakura! —gritó. — ¡Ustedes no tenían porque venir aquí, solo van a irse también! ¡Me dejaran solo, todos ustedes! ¡No quiero mirar tontas estrellas, quiero tenerlos a mi lado! ¡Si no hubieran hecho eso…!

—Jiraya-sama igual hubiera partido a la aldea de la lluvia. Lo habría descubierto por él mismo. —replicó Sasuke. —No había nada que nosotros pudiéramos hacer para evitarlo, Naruto.

— ¡Yo debí saber que pasaría! ¡Debí acompañarlo!

—Él probablemente te hubiera detenido. —comentó Sakura, tomando la mano de Naruto. —No iba a entregarte en bandeja de plata a Akatsuki, Naruto. —él apretó la mano de Sakura, sabiendo que tenía razón. Ellos estaba ahí para apoyarlo, pero no podía mostrarse agradecido, su cabeza se sentía a punto de estallar.

—No fue tu culpa, tarado. —dijo Sasuke, cortando todo el aire fúnebre de la habitación.

—Sasuke…

—Naruto. —Sakura llevó una al pecho del chico, el corazón le latía como loco. —El día que te encuentres de nuevo con Jiraya-sama, cuéntale todas tus historias. Seguro se reirá como loco, te reprenderá y se sentirá completamente orgulloso de ti.

—Sakura.

Ella le guiñó el ojo. —Hasta el día en que te conviertas en una estrella y puedas estar a su lado, vuélvete el increíble hombre que todos estamos esperando de ti.

Naruto parpadeó, girando su cabeza a la anterior estrella que Sakura señaló. Seguía ahí, mostrando su ultima iluminación antes de que saliera el sol. ¿Debería creer en eso? ¿Qué él podría estar mirándolo desde el cielo? Sonaba tan tentador tomar esa pequeña esperanza y albergarla en su pecho. Creer que lo podría ver convertirse en Hokage, aún después de que lo había perdido para siempre.

—Ero-sennin me dijo que éramos unos idiotas. —murmuró Naruto, volviéndose a sentar al lado de Sasuke, balanceando los pies por debajo de la cama. Sakura lo rodeó del otro lado, dejándolo de nuevo en medio de ambos. —Por pelear por estas cosas. Por decirnos cosas hirientes. Por hacernos cosas hirientes.

—Suena a algo que él diría. —sonrió Sakura, poniendo su mano encima de la de Naruto. Sasuke a su lado se recargó en Naruto, en un impulso.

—Estoy de acuerdo. —comentó Sasuke.

—Cuando los vi aquí, delante de mí, supe que sus palabras eran verdaderas. —suspiró. —Jamás debimos dejarnos ir.

—Pero lo hicimos. —masculló Sakura. Naruto tomó su mano con fuerza, dándole una mirada rápida. Instintivamente tomó también la de Sasuke y entre los tres hicieron un raro apretón de manos.

—Los tres tenemos caminos distintos, es verdad eso. —comentó Sasuke. —Pero… —hubo un titubeó en su voz, avergonzado por sus palabras. —al menos yo, no quiero recorrerlo solo.

Naruto y Sakura lo contemplaron con asombro. Sasuke agradeció llevar los ojos vendados.

— ¿Y qué haremos si tenemos que separarnos de nuevo? —preguntó Sakura.

Al fin una sonrisa sincera apareció en el rostro de Naruto, no tan espectacular como siempre, pero sí lo suficiente para que Sakura supiera que estaría bien.

—No lo sé. —contestó Naruto. —Lo único que sé, es que seguramente volveríamos a encontrarnos en el camino. Y beberemos una copa juntos. Ya sea en este mundo o en el mundo de las estrellas. —y no pudo evitar echar una mirada atrás, como si estuviera pronunciando esas palabras a su sensei.

El camino que trazaba el futuro era invisible y agonizante. No estaban seguros de cuanto tiempo seguiría doliendo, quizás semanas, años o toda la vida. Pero si de algo estaba seguro Naruto, es que las personas que se encontrara en él, lo ayudarían a hacer más ameno el viaje.

Jiraya había sido uno de ellos, y por siempre estaría agradecido en el fondo de su corazón.

"Un trío de idiotas. Es perfecto, ¿no?"

—Lo es, Ero-sennin. —masculló Naruto, atrapando por los hombros a ambos chicos, abrazándolos contra su pecho.

—.—.—.—.—

— ¿Qué hay de Naruto? —preguntó Hinata a Shikamaru. — ¿Ya se lo has dicho?

—No. Con todo lo de Jiraya-sama no tuvimos demasiado tiempo para conversar de otra cosa. —contestó él, con una mano en la cabeza. —Además, unos sapos se lo llevaron a entrenarlo.

Hinata suspiró. —Bueno, seguro que se alegra mucho al volver. —dijo, recobrando sus energías. —Por cierto, ¿Sakura no podría ayudar con la investigación?

—Tsunade-sama ha dicho que tiene que cumplir quince días más encerrada, junto a Sasuke, por haberse escapado. —suspiró. —Pero estará bien, lo tenemos casi resuelto. Para cuando Sakura salga, ya habremos descifrado todo el mensaje.

Hinata asintió con la cabeza, marchándose del lugar. Neji había regresado a la misión con su equipo, debido a que solo fue traído de vuelta por la conversación con Danzo. Tardaría en volver al menos otro día, seguro que Lee estaría más que contento con la sorpresa que le daría. Ella suspiró. Aún se sentía cohibida por el puesto de líder, pero estaba segura que con la ayuda de su querido primo y padre, se iría acostumbrando. Incluso se había trazado algunas ideas lejanas para implementar en el clan.

Con esos pensamientos en mente, se dirigió a donde Kiba y Shino.

Sakura y Sasuke, de nuevo encerrados, maldijeron por lo bajo su suerte. Ese día se supone que serían ejecutada la chica, no obstante, todo se movía en un ajetreo normal. Kakashi había ido por la noche, llevándoles la cena y, extrañamente, quitándole la venda a Sasuke de los ojos.

— ¿Crees que nos dejen libres? —preguntó Sakura, perceptiva como siempre.

—Sí, como si eso fuera a pasar. —respondió Sasuke. —Konoha no es tan linda, Sakura, ya deberías saberlo.

Ella refunfuñó. —Lo sé. Pero, ¿no te parece extraño? —inquirió. —Sensei estaba de muy buen humor. No puede estar de buen humor, soy su hija.

— ¿Qué? —Sasuke negó con la cabeza, extrañado de escuchar sus palabras.

—Él…—Sakura balbuceó, sonrojada. Le daba pena admitirlo. —… dijo que podía ser… Sakura Hatake.

— ¿Te dio su apellido?

—Sí.

— ¿Y lo aceptaste? —reclamó.

Sakura alzó una ceja. Desde el encuentro con Naruto los dos se encontraban mucho más relajados, incluso conversaban más. Si bien, aun se notaba cierta desconfianza en los ojos de todos, algo les decía que no era impensable recuperarla. Habían crecido juntos, compartido comida y siestas. Se conocían mejor que nadie en el mundo.

Tal vez, los errores del pasado debían quedarse en el pasado y tomar únicamente lo poco que servía de ellos.

— ¿Algún problema? —contestó Sakura, frunciendo la boca.

Sasuke desvió la mirada, cruzándose de brazos. El hambre lo ponía de mal humor, Kakashi ya debería estar ahí, dándoles el desayuno. Anko tampoco solía tardarse demasiado, pasaba más de la una de la tarde. ¿Acaso el último día los matarían de hambre? Aunque a decir verdad, a Sasuke también le comenzaba a parecer sospechoso todo eso. "No va a morir", resonó de nuevo en su cabeza, por parte de su maestra.

Y sonrió.

— ¿De qué te ríes? —preguntó Sakura.

—No tienes que saberlo. —protestó él, frunciendo las cejas. Sakura infló una de sus mejillas.

Estaba a punto de decir alguna frase sarcástica que la hiciera molestar aún más, cuando todo pasó.

SHINRA TENSEI

Fue una vibración extraña, lo cual provocó que Sasuke saltara sobre Sakura, cubriéndola de inmediato con su cuerpo cuando una oleada rompió con toda la celda que los rodeaba, estampándolos bruscamente contra las rocas, quedando enterrados debajo de ellas. El dolor era insoportable, Sasuke sobre ella, enterraba su rodilla en el tórax de la chica. Apenas podía respirar. Pero se olvidó de eso al instante en que notó el chorro de sangre que estaba escurriendo de la cabeza de Sasuke.

— ¡SASUKE!

El chico no respondió. Y Sakura comenzó a sentir verdadero terror, cuando notó que su pulso estaba descendiendo a pasos agigantados.


Ufff. ¡Llegamos a la mitad de la historia! ¡Hurra! ¡Después de tantos capítulos, al fin!