Escondite
Valerie, Deborah y Prince llegaron al refugio del Espacio de Hechicería Olvidada, había nubes y claros y mucho viento. Deborah dijo:
-Vosotros a lo vuestro, voy a organizar lo que he traído.
-¿Quieres que te enseñe en el mapa dónde está la poza? – le preguntó Prince.
-No, Prince, déjame apañarme sola, voy a disfrutarlo mucho.
-Vale, pues lo primero, vamos a volver a beber todos agua del pozo.
-Sí, eso sí.
Sacaron agua del pozo y bebieron.
-¿Cuánto tiempo queréis que os deje solos? – preguntó Deborah.
-No sé. Valerie, ¿tú qué dices? – preguntó Prince.
-¿Qué hora es? – preguntó Valerie.
-Las cinco menos cuarto.
-Nos llegan dos horas, ¿no?
-Yo pienso que sí, incluso si quieres hacerlo dos veces.
-Buf… Dos veces no, que quiero estar en forma para Deborah también, con ella me va a costar más.
-Entonces dos horas nos sobran.
-Bueno, pero podemos hacer más cosas, ¿no? Charlar, estar juntos.
-Desde luego.
-Claro, además, a mí en dos horas no me da tiempo de nada – dijo Deborah.
-Pues ven para la hora de cenar y cenamos juntos.
-Buena idea. Si estáis a la faena todavía, dejadme una señal en la ventana, Valerie, como hemos quedado.
-Claro, cariño – dijo Valerie.
-Toma papel higiénico, luego lo dejas en la sala de estar.
-Gracias, guapa, voy al baño.
Valerie fue a usar la letrina y Deborah entró en la casa. Prince se quedó esperando, cuando Valerie salió fue él. Cuando salió, ella ya no estaba fuera, fue a lavarse las manos en el agua que había quedado en el cubo. Entró a la casa, no había nadie en la sala grande, se asomó a la sala de estar, Deborah estaba con el mapa y el diccionario.
-¿Y Valerie? – le preguntó.
-Ni idea, Prince – respondió Deborah - Pregúntale a ella.
-Valerie, ¿dónde te has metido? – le preguntó vinculado.
-Estoy jugando al escondite, mi amor – dijo Valerie, juguetona.
Se carcajearon.
-Ya verás qué pronto te encuentro. Te rastreo y se acabó.
-No… - lastimera - Búscame, no hagas trampa…
Se carcajearon de nuevo.
-¿Esto formaba parte de la sorpresa, Deborah?
-En absoluto, esto es cosa suya – respondió Deborah.
-Valerie, escóndete bien, allá voy.
Subió directamente a los dormitorios y los abrió todos. No estaba, tampoco en los cuartos de las bañeras. Se desvinculó de Deborah.
-Valerie, ¿dónde estás? ¿Estás fuera de la casa?
-Si te lo digo ya no tiene gracia.
-Maldita la gracia que me está haciendo – enfadado - ¿No tenías tanta prisa? Voy a rastrearte.
-No… por favor, búscame… – lastimera otra vez - Te doy una pista, estoy dentro de la casa.
-Vale… – paciente.
Prince bajó a la cocina, que era donde no había mirado.
-Valerie, no estás dentro de la casa, me estás volviendo loco – impaciente.
-Sí que estoy… – lastimera - Lo que pasa es que no buscas bien.
-Valerie, me rindo. Dime dónde estás – autoritario.
-Venga, si es muy divertido jugar al escondite.
-Para mí nunca fue divertido. Los niños del colegio muggle me acosaban, no me trae buenos recuerdos.
-Venga, te doy otra pista, estoy en el piso de arriba.
-Allá voy.
Volvió a subir. Esta vez entró en cada dormitorio de la izquierda y miró debajo de todas las camas.
-Valerie, estoy harto, de verdad – desesperado - Cuando te encuentre se me habrán pasado las ganas de todo.
-Vamos, cariño, que no es tan difícil… – apenada.
Comenzó con los de la derecha, cuando llegó de nuevo a los cuartos de las bañeras se asomó a ellas y vio a Valerie tumbada en el fondo de una.
-¡Te encontré! – de viva voz.
Se metió dentro con ella y se le tiró encima, se morían de la risa.
-¿Has visto como sí que era divertido? – ilusionada.
-Sí, sí que lo es, tienes razón – él también.
-Tienes que volver a la infancia que no tuviste – dulce.
-Gracias, Valerie, por jugar así conmigo – apenado.
-Claro, cariño, tienes que dejarte llevar - lo acariciaba muy tiernamente - Qué feliz soy. Me has cambiado la vida.
-Y tú a mí, Valerie, yo también soy mucho más feliz desde que estoy contigo. Nunca en mi vida me había reído tanto.
-Ven que te abrace, vamos a charlar un ratito.
Él se acurrucó en el hueco de su hombro, ella le acariciaba la cara y le daba besos en la cabeza.
-Me ha chocado algo que nos has contado antes. Me he quedado preocupada.
-¿Qué, Valerie?
-Que en noviembre caíste en una depresión de dos semanas, estando ya con Lily, a raíz de algo que has dicho que no querías recordar. ¿Quieres contármelo?
-Buf… no sé si me apetece mucho, la verdad. Recuerda cómo nos pusimos cuando te conté lo del molino.
-Ya lo sé, cariño. Pero tienes que ir sacando fuera todo lo que te hace daño y no tengo muchas oportunidades de estar contigo. Mejor que lo hagamos ahora que después, ahora estamos descansados y no nos dormiremos, y así luego ya nos olvidamos de todas las penas.
-Vale, te lo cuento.
-Así me gusta.
La puso en antecedentes y luego le mostró lo esencial del que consideraba uno de los peores días de su vida cuando hubiera debido ser de los mejores, aquel día de la pelea con Lily en el Refugio del Príncipe. También le hizo un resumen de las dos semanas posteriores, hasta que se reencontró con Lily en la Torre de Astronomía y se dieron su primer beso. Los dos lloraron mucho.
-Jo… cariño… comías sólo una vez al día…
-Sí, adelgacé mucho.
-¿Y Lily no se daba cuenta?
-No hasta que me vio de cerca una semana después en clase de Pociones.
-¿Y los víboras? Por entonces todavía andabas con ellos.
-Bueno, andar con ellos… Iba y venía de clases y poco más, apenas paraba en casa.
-Pero fuiste a Hogsmeade con ellos en octubre y noviembre, recuerdo veros en el pueblo. Y si apenas ibas a comer una vez al día debieron preocuparse por ti.
-Nunca se preocuparon por mí, Valerie, nunca fueron mis amigos. En las salidas a Hogsmeade que mencionas, fuimos a Cabeza de Puerco y no tomé nada. No tenía dinero y no se dignaron invitarme ni a una cerveza de mantequilla, estando forrados de pasta.
-Qué malos eran, debimos lincharlos a todos.
-Eso mismo me dijo Hipólita el viernes, que ahora se nos habían escapado y vamos a tener que merendárnoslos en la guerra, teniéndolos tan a mano como los teníamos.
-Pues sí, hasta una chiquilla se da cuenta.
-Hipólita no es cualquier chiquilla, ¿eh? Alucinarías con algunas cosas que me dijo sobre su propio futuro.
-Vaya que sí. Debimos lincharlos, ya deben estar entrenando todos los mayores de edad.
-Y los menores, aprendiendo a volar.
-Claro.
-En lo que me hubieran entrenado a mí este verano.
-Jo… qué solo estabas, sólo tenías a Lily. Y nosotros en casa viéndote todos los días y sin enterarnos de nada, qué ciegos estábamos también.
-No te sientas mal, Valerie. Yo no había dado todavía ninguna señal clara de separarme de los maléficos.
-¿Y Anthony? Te veía todos los días en clase y en el dormitorio.
-Debió darse cuenta. En el ritual de la cueva me enteré de que siempre se había fijado en mí y que me admiraba a pesar de todo.
-¿No has hablado con él del tema?
-No.
-Pues habla, jo… Que te diga lo que pensaba, ahora lo recordará.
-Claro.
-¿Y Parkinson?
-Tampoco he hablado con ella de eso en especial, pero ella seguro, seguro que se dio cuenta. Lauren me quiere desde pequeña, desde la noche de la Selección. Rechazó el dogma de la pureza de sangre por mí.
-¿Qué estás diciendo? – muy sorprendida.
-Lo que oyes.
-¿Y desde cuándo estás con ella?
-Como amigos desde enero, pero no me confesó lo que sentía. Lo adiviné y me enteré con seguridad por un ritual que hicimos en el abeto, pero todavía mucho antes de conocer la Magia de la Luna. Yo también me enamoré de ella pero estaba con Lily, y ambos contuvimos lo que sentíamos hasta después de Semana Santa. Y aun así no nos liamos hasta hace muy poco, por respeto hacia Lily.
-Vaya…
-Pienso que debió pasarlo fatal viéndome así, sufre mucho por mí. Cuando éramos pequeños y se enteraba de que me habían atacado los Gryff no pegaba ojo en toda la noche. Y cuando me rompieron el brazo llegó a pensar que había muerto.
-Vaya tela… pobre. Tiene que unirse a nosotros.
-Estoy intentando convencerla de que venga a la playa, pero no se siente segura, no quiere que se entere tanta gente de golpe de que está de nuestra parte.
-La entiendo, es un riesgo para ella si alguien se va de la lengua.
-Claro. De cualquier modo iré con ella un día solos, para despedirnos hasta septiembre, y también le tocaré 'Wish you were here', la aprendí por ella. Identifico la letra con ella y con los dos.
-Desde luego. Es su canción, no la tuya.
-La segunda parte éramos los dos hasta que me destapé, dos almas en la pecera.
-Escrita para vosotros, tal cual. Ya sabe ocluir, ¿verdad?
-Desde luego, fue con ella con quien aprendí. Esto no lo sabe nadie de casa. Trajo un pensadero en su baúl después de Navidad para que aprendiéramos juntos Artes Mentales.
-Vaya… qué engañados nos tienes a todos.
-Protegiendo su secreto, el viejo no puede enterarse.
-Desde luego que no. ¿Y cómo lo hacíais?
-De noche, en mi rincón de la Sala Común, desilusionándonos, con el Muffliato y las pociones de sueño, dos y hasta tres veces por semana durante cuatro o cinco horas cada noche.
-Buaaah… vaya sacrificio.
-Y cuando aprendimos a leer, ocluir y proyectar, manteníamos controlados a los víboras y seguíamos encontrándonos para planear estrategias. Ella ha estado detrás de casi todos los movimientos de La Guardia.
-Wooow… ella es la verdadera cabeza pensante. ¿Todo esto lo sabe Deborah?
-No, ya te he dicho que no lo sabe nadie de casa. No le cuentes nada por el momento.
-Claro que no, nunca traicionaría tu confianza. ¿Lily lo sabe?
-Sí, desde luego. Ayer estuvimos los tres juntos y nos vinculamos como Comunidad. Nuestro Vínculo es tan poderoso o más que el de los catorce oclumantes.
-Vaya tela… - profundamente asombrada.
-Y además se vinculó con Lily como Pareja.
-¿Y contigo no?
-No, lo haremos un día que estemos solos.
-Claro. Vuelvo al tema de lo que me has contado. No comprendo por qué te sentiste tan culpable por tu pelea con Lily. Estuvo muy bien, necesitaba espabilar.
-Sí, pero no de esa manera.
-Venga, Prince, que iba por ahí sin varita, estando amenazada.
-Pero la amenazaban por mi culpa.
-No te equivoques, la amenazaban por ser hija de muggles. Si no lo hubiera sido, los víboras te habrían dejado en paz con respecto a ese tema.
("Vaya, interesante valoración. Y tiene toda la razón, nunca lo había pensado así.")
-¿Lo hablaste con ella? – le preguntó Valerie.
-Sí, y me dio la razón en todo.
-Ahí lo tienes. ¿Por qué no hablaste con ella mucho antes?
-Porque me sentía muy mal por lo que le había hecho. Que era un auténtico cerdo, que no la merecía en absoluto.
-Jo… pobre. Si hubieras hablado con ella se te habría pasado mucho antes.
-Desde luego, pero por entonces pensaba que los malos tragos había que pasárselos solo.
-Y sigues pensándolo, no querías contármelo.
-Ya…
-¿Te ha sentado bien hablar de ello y conocer mi opinión?
-Desde luego.
-¿Te sientes menos culpable ahora?
-Sí.
-Porque no deberías sentirte en absoluto. No le hiciste daño, no la heriste, sólo te pusiste en el papel de sus auténticos enemigos para que se enterara de la amenaza real que sufría. Hiciste algo muy difícil y lo hiciste muy bien.
-Gracias, Valerie.
-¿Ya se te ha pasado el disgusto, cariño?
-Sí, estoy mucho mejor. En especial me ha sentado bien hablar de Lauren contigo. Es una espina que tengo siempre clavada, verla tan sola y no poder hacer más por estar con ella.
-Desde luego, debe ser una tortura, siendo la que más ha hecho por todos. Qué difícil. ¿Quieres contarme algo más?
-Sí, que ayer, después de más de una semana de estar vinculados como Comunidad, me di cuenta gracias a Deborah de que podía vincularme con ella a través de las paredes, y ahora estaremos comunicados siempre que estemos en casa los dos.
-Claro… qué bien… - ilusionada - ¿Y a Lily la alcanzas?
-La rastreo, pero no logro vincularme con ella desde tan lejos.
-Vaya… qué pena – apenada.
-Qué harto estoy de la separación en casas.
-Desde luego, a vosotros os amargó bien la vida.
-Ya te digo.
-Vamos, no te pongas triste otra vez. ¿Vamos a otro sitio que estemos más cómodos?
-Claro, vamos al dormitorio.
-¿No quieres esconderte tú ahora? – ilusionada.
-No me apetece mucho, la verdad. Vas a encontrarme enseguida.
-Pues sí, porque yo sé buscar bien. La primera vez que has subido te he escuchado abrir la puerta y no se te ha ocurrido mirar dentro de la bañera.
-Ya lo sé, soy muy bobo para los juegos infantiles, por eso los otros niños siempre se reían de mí – tímido.
-Eres un encanto – le dio muchos besos - Venga, arriba.
