— ¿Sirius? — Remus tocó la puerta de la pieza e ingresó al no escuchar respuesta. Su amigo estaba tirado en la cama mirando el techo, con ninguna intención de querer mirarlo El hombre lobo se le acercó y se cruzó de brazos frente a él — ¿Se puede saber que bicho te pico? Me haz estado evitando toda la noche.

Sirius Black se levantó y sentó en la cama dedicándole una mirada seria, mientras un resoplido se escapó de su boca — Necesitaba pensar algunas cosas — se limitó a responder.

— ¿Y eso qué tiene que ver con evitarme? — le cuestionó Remus.

— Que estoy en la disyuntiva de si debo golpearte o agradecerte…

Lupin echó la cabeza hacía atrás, anonadado — ¿Disculpa?

Tras un largo suspiro Sirius continuó — ¿Cómo te lo explico…? Tu… Tu repentina llegada a Grimmauld Place interrumpió una intensa y muy entretenida interacción que estábamos teniendo Valerie y yo.

El rostro del hombre lobo palideció — Tu..u..u…¿Valerie?… Ambos — se dejó caer en la cama. — ¿Ustedes…?

— Remus, respira, solo alcance a darle unos cuantos besos — Sirius se encogió de hombros.

— Merlín — susurró Lupin — Va a matarme —

— Había pensado en una muerte dolorosa para ti, pero después pensé en Tonks y dudo que esté muy contenta, a demás…

— ¡Tu no idiota, tus amenazas me dan lo mismo! — exclamó Lupin tapándose el rostro frustrado.

— ¿Perdón? — se hizo el ofendido Black.

— Valerie va a matarme cuando me vea… — volvió a susurrar Remus, asustado.

Ante el rostro de terror que tenía el hombre lobo, Sirius no puedo evitar las carcajadas que salieron de su boca — Oh, amigo mio, tranquilo. Estoy seguro que podrás ver varias puestas de sol, ella no va a matarte.

— ¿Estas seguro?

— Completamente.

— ¿Y cómo lo sabes? — le cuestionó avergonzado Lupin.

— Porque ella debe estar cuestionándose lo mismo que yo — Remus lo observó sin entender. — De si debemos agradecerte por habernos interrumpido o hechizarte… No se hasta dónde hubieran escalado las cosas sin tu repentina aparición.

— ¿Eso es algo bueno?

Sirius se encogió de hombros — No lo sé. Claramente tengo mucha química con Valerie, pero… No es como que tenga intenciones de aprovecharme de ella. A demás, ya tiene suficientes cosas que pensar con el tema de tener que enfrentar a Voldemort como para que esté dándole vueltas a lo que pudo o no pudo haber ocurrido entre nosotros.

— Ella realmente te importa — señaló Remus observándolo con atención.

— Wow, no saques conclusiones precipitadas viejo amigo. No voy a negar que le tengo cariño, después de todo es una de las mejores amigas de Harry, pero si voy a disfrutar mi tiempo con ella por lo menos que sea de manera correcta. Después de todo, no te puedes imaginar lo maravilloso que se siente que una vampira beba tu sangre…

— ¡¿QUE BEBAN TU SANGRE?!


Al día siguiente, Valerie llegó a La Madriguera y fue recibida con muchísimo entusiasmo por todos los presentes, ella en respuesta saludó a cada uno con mucho cariño.

Draco Malfoy la abrazó fuertemente tras lo cual la regañó por haber tenido la estúpida idea de pelear sola. Todos rieron al ver como Valerie bajó la mirada avergonzada por haber hecho que sus amigos se preocuparan de ella.

Fred y George estaban muy animados apenas llegó y comenzaron a llenarla de preguntas sobre lo que los vampiros podían o no podían hacer. A cada respuesta que obtenían su entusiasmo aumentaba. Estaba claro que querían usar a Valerie como su nuevo conejillo de indias para sus próximos experimentos, cosa que la señora Weasley les prohibió rotundamente. El señor y la señora Weasley por su parte saludaron muy cariñosamente a la vampira, nuevamente agradeciéndole por todo lo que había hecho por sus hijos y Harry, haciéndola sentir como en casa.

Tras la calurosa bienvenida, Ginny y Hermione escoltaron a la vampira hacia la que sería su habitación por los siguientes días. La pieza de Ginny era pequeña, pero muy luminosa. En una pared había un gran poster de un grupo mágico "Las brujas de Macbeth", y en otra una fotografía de Gwenog Jones, capitana del Holyhead Harpies, el equipo femenino de quidditch. Hacia el otro lado tenía un escritorio enfocado hacia la ventana abierta que daba al huerto de arboles frutales. Las dos camas improvisadas para Valerie y Hermione estaban bastante apretadas en el suelo y cortaban un poco el paso.

La vampira sonrió, dejó su pequeña maleta encima de un pequeño mueble y con un movimiento de varita hizo desaparecer la cama más pequeña que había en el suelo para transformarla en un cómodo sillón de terciopelo negro.

— ¿Qué estas haciendo? — le preguntó extrañada Ginny.

— ¿Cómo hiciste para transformar la cama en un sillón? ¿Qué hechizo transfigurador usaste? — preguntó asombrada Hermione y Ginny la reprendió con la mirada. — ¿Qué?

— Puedo enseñarte el encantamiento más tarde si quieres — respondió la vampira riendo, luego le habló a Ginny — Así ustedes podrán dormir más cómodas y no estaremos tan apretadas.

— ¿Y tu donde piensas dormir? Por más que lo piense dudo que puedas echarte cómodamente en el sillón que acabas de crear — mencionó sarcásticamente la pelirroja cruzándose de brazos.

— No necesito dormir — señaló la vampira encogiéndose de hombros.

— ¿Cómo que no necesitas dormir? — le cuestionaron ambas brujas.

— Técnicamente no duermo.

— ¿No puedes dormir? — Ginny abrió los ojos sorprendida.

— Antes solía hacerlo, pero ahora ya no…

— ¿Por qué ya no puedes dormir? — preguntó Hermione.

— Es una muy larga historia, pero desde que rompí el lazo que tenía con mi creador, digamos que perdí ciertas capacidades.

Ambas brujas quedaron absortas frente a la vampira, sin saber que decir.

Luego, tras una pequeña y amigable conversación, las brujas dejaron a la vampira sola para que terminara de acomodar sus pertenencias. Al terminar, Valerie salió de la habitación y escuchó a su alrededor. De pronto, su oído escuchó las voces de dos hombres que no habían bajado a saludarle, por lo que decidió pegarles una pequeña visita.


Repentinamente alguien tocó la puerta de la habitación. Remus Lupin fue a abrirla sin apuro, pero se quedó como piedra al encontrarse frente a frente con la vampira.

— Valerie — exclamó con un gemido de sorpresa. Sirius, que se encontraba terminando de escribir unas cuantas cartas se paró en seco y vio a su amigo como piedra en el marco de la puerta. — ¿Cuán…Cuándo llegaste?

— Recién, vine a saludarlos al no verlos abajo — Valerie le sonrió amablemente al ver la cara de estupor que tenía el mago.

— Oh, si, si, disculpa. Que bueno verte y que ya estés sana y este… — una pequeña mueca burlona se asomó de la comisura de los labios de la vampira, quien alzó la mano y le sacudió el pelo. — Gusto verte de nuevo, Remus — el hombro lobo aguantó la respiración por unos segundos demasiado abochornado.

— Gusto… gusto verte y que hayas llegado bien y… Disculpa — rió forzosamente el hombre lobo. — Creo que iré por algo a la cocina, nos vemos en un rato — y sin mirar atrás abandonó la habitación y bajó las escaleras más rápido de lo que hubiera querido.

— ¿Hice algo mal? — preguntó Valerie extrañada observando las escaleras por donde el mago había desaparecido. Escuchó la risa de Sirius y vio que negaba con la cabeza.

Al ver la mirada de Black clavada en ella, Valerie tragó en seco, un tanto incomoda como expectante. Él camino hacia ella y cuando estuvieron frente a frente la abrazó con fuerza, pegándola contra su cuerpo.

— Que maravilla tenerte aquí, primor — Valerie rió y la respiración de ella le hizo cosquillas en el cuello.

— Sabía que me echarías de menos, Black — la mirada juguetona que le regaló la vampira solo hizo sonreír más al mago. Ese fuego que brillaban en sus ojos era sumamente adictivo y agradecía a Merlín que la vampira no pareciera arrepentida de lo que había ocurrido hace unos días.

— Imposible no extrañarte — admitió Black, le rozó los labios con el pulgar y los miró con cierto deseo, pero luego se alejó de ella hacia la puerta manteniendo cierta distancia.

Valerie negó con la cabeza. Era esa osadía, ese estúpida o tal vez intrépida forma en que Sirius le hablaba y actuaba sin temor a lo que pensarán de él, siempre directo al grano. Inconscientemente no podía dejar de comprar la forma en que actuaba frente al mago al contrario de como lo hizo con Tom… Todo era distinto y lo sabía. Con Tom se controlaba, tenía cuidado, era una persona poderosa y peligrosa, como también atractiva. Sus movimientos eran calculados debido a lo mucho que su sangre la llamaba, pero también todo había sido diferente.

"A demás, con el nuevo desplante que has mostrado, una faceta que me encanta a todo esto, no me cabe duda que ibas a llamar la atención de Sirius". Las palabras de su amiga resonaron en su mente. Ella ya no era la vampira que se había enamorado de Tom.

Así como Tom Marvolo Riddle se había convertido en el temido Lord Voldemort, ella había dejado de lado aquel vano intento por sentirse más humana. Regresó a su vieja osadía, volvió a poner los pies cerca de ese oscuro camino que alguna vez siguió al lado de su creador, había vuelto a abrazar de a poco su naturaleza y regresar a lo que alguna vez fue la verdadera Valerie Deanoff.

— ¿Le ocurre algo a Remus? — preguntó repentinamente Valerie al ver como Sirius se alejaba un poco de ella.

— Nada en particular…— Valerie alzó una ceja y lo miró con cara de no creerle. — Vale, vale… Puede que este un poco nervioso ante tu presencia.

— ¿Y eso por qué?

Black rió — Ya sabes, por su repentina aparición y la desalentadora interrupción que nos hizo sufrir — el mago le sonrió lascivamente.

Valerie abrió los ojos desconcertada — ¿Tú le dijiste que nosotros…?

— ¿Qué nosotros qué, primor? Que yo recuerde, solamente compartimos unos cuantos besos. No veo el daño que pueda causar que Remus lo sepa — se mofó Sirius en su cara.

Valerie se cruzó de brazos, pero le sonrió de manera socarrona — Es verdad… No es como que pueda causar más interrupciones como la que ya hizo…

— ¿Escucho cierta queja en tus palabras? — ronroneó Sirius. Sin que él lo esperara la vampira se movió a una velocidad inhumana, lo pegó contra la pared y lo besó en los labios apasionadamente, Black no tuvo tiempo para reaccionar al sentir esos labios sobre los suyos, pero tan rápido como lo beso se separó de él mientras se mofaba — Sabes… Tampoco creo que haga mucho daño que tu madre ya sepa de esto — el cuerpo de Sirius se tensó y la vampira se alejó con una sonrisa burlona. Los ojos de Black estaban estupefactos de la sorpresa, ¿de verdad ella le había dicho a su madre que…?

— Tienes que estar bromeando…

— ¿Por qué? Walburga es mi mejor amiga, está claro que se iba a enterar tarde o temprano, cariño — se burló la vampira y salió de la habitación dejando a un Sirius Black aterrado y congelado a la pared.

Segundos más tarde, el mago se dejó caer en la cama y se puso la almohada sobre el rostro, intentando ahogar su frustración. Esa vampira si que sabía como arrinconarlo, literal como metafóricamente hablando. Una carcajada se escapó de sus labios. "Merlín, ¿en qué me estoy metiendo?".


— ¿Entonces cuáles son los planes? — preguntó repentinamente Draco al momento en que la mayoría estuvo sentado en la pequeña sala de los Weasley.

— ¿Planes? — cuestionó Ron, pero Malfoy solo miró a la vampira esperando una respuesta.

— No sabemos cual será el siguiente movimiento de Voldemort, pero por ahora nos quedaremos acá. Junto con la Orden del Fénix vigilaremos los perímetros en caso de que algún mortifago aparezca.

— ¿Crees que nos ataquen? — preguntó Ginny con voz temblorosa. Valerie movió los ojos hacia la señora Weasley, pidiéndole permiso con la mirada para poder responder con total sinceridad, la bruja inclinó la cabeza en señal de aprobación, aun con cierto pesar.

— Si bien esperamos que ataquen Grimmauld Place suponiendo que todavía crean que estamos ahí… Si, eventualmente vendrán. No quiero que tengan miedo, tendremos varias defensas dispuestas y se que ustedes son bastante hábiles para defenderse. Lo único que quiero dejar claro es que si las cosas se nos escapa de las manos no duden en hacer caso a cualquier orden que reciban, incluidas las mías ¿de acuerdo?

Casi todos los jóvenes asintieron, pero Valerie los miró atentamente a los ojos — Si les digo que deben correr, correrán. Si les digo que tiene que irse, se irán. Y si les ordeno que me dejen peleando sola, lo harán.

— No — dijo Draco para sorpresa de todos. — Podrás darnos muchas ordenes las cuales la mayoría acataremos, pero no te dejaremos sola por ningún motivo.

— Draco tiene razón — agregó Hermione. — No volveremos a dejar que te expongas sola al enemigo.

— Estamos juntos en esto — señaló Harry con una pequeña sonrisa.

Valerie observó el rostro de cada uno de los jóvenes y les sonrió. Esas miradas determinadas, valerosas e un poco ingenuas. Ella quería mantenerlas así, esas orbes cargadas de emoción y alegría, porque le alegraban sus días. Resopló y sonrió levemente — Esta bien, pero… — su mirada se endureció. — Si estamos en completa desventaja harán exactamente lo que les diga y se irán si se los ordeno. Confío en la capacidad de todos para protegernos y mantener a raya a los mortifagos, aun así, si Voldemort aparece no quiero que nadie lo enfrente y se exponga a un peligro innecesario ¿quedó claro? — ellos asintieron.

Sirius observó con pesar a Valerie y negó con la cabeza. Había comprendido que la vampira solía poner el bienestar del resto por sobre el de ella, aun cuando la inminente batalla debía ser algo enormemente difícil para ella.

Observó la mirada de su ahijado y sus amigos, querían negarse a las palabras de la vampira, aunque no lo hicieron. Intentaban comprender el peso que ella misma se estaba poniendo encima, aun cuando no lograran hacerse la idea de lo que era sobrellevar aquello, pero la respetaban lo suficiente como para no negarse a sus palabras. Pero Sirius tal vez no lo haría, tal vez no quería seguir sus instrucciones porque en algún momento la vampira iba a necesitar apoyo, no solo en la batalla sino también fuera de ella. Necesitaría un hombro en el cual apoyarse para dejar caer la carga que traía consigo y si el podía brindarle esa ayuda, lo haría.


Caída la noche, Sirius Black escuchó las pausadas respiraciones de Lupin y observó el techo sin poder conciliar el sueño. Frustrado y aburrido se levantó en silencio para observar el enorme patio desde la ventana. La luz de la luna cuarto menguante iluminaba los alrededores de la casa, cuando de pronto se percató de una persona de pie cerca del garaje: Valerie.

Sin pensarlo los dos veces el mago se calzó los zapatos y bajó las escaleras hacia el patio.


— Buenas noches, Sirius — dijo la vampira al escuchar los pasos del mago detrás suyo.

— ¿Qué estás haciendo? — le preguntó extrañado al ver como ella movía la varita en extraños círculos No logró reconocer el encantamiento que estaba realizando.

— ¿Sabías que soy incapaz de dormir? — le mencionó la vampira haciendo como que no escuchó su pregunta, sin detener los movimientos de su muñeca.

— ¿Qué? ¿No duermes? Pero… — bufó. — Esa no fue mi pregunta.

Valerie rió suavemente, su risa fue como una ligera brisa. — Estoy creando hechizos de alarma y un escudo protector — le explicó.

— ¿Necesitas ayuda?

— No, gracias. El encantamiento que acabo de realizar es bastante complejo y poderoso. Creará un muro impenetrable para cualquier mortifago que quiera acercarse.

— ¿Tan eficiente es? — le cuestionó Sirius sorprendido por el talento que demostraba en la magia.

— Requiere mucho poder armarlo, como también destruirlo, por algo lo llaman el escudo impenetrable.

— Interesante… — ambos se quedaron en silencio por unos segundos. Valerie sonrió y observó el cielo cuando supo que su encantamiento estuvo listo. Sin decir nada, movió su varita y una banca de madera apareció frente a ella, tomó asiento y se quedó mirando la luna. Sirius no lo pensó dos veces y se sentó a su lado.

— Así que… Realmente le contaste a mi madre — mencionó Black con un tono era tranquilo interrumpiendo el silencio.

— En realidad ella lo adivinó. Dijo que te conocía lo suficiente como para saber que harías alguna movida — el mago resopló molesto. Su madre lo conocía muy bien. — De todas formas, gracias… — Valerie continuó con la mirada clavada en la luna.

— Puede que creas que mucha gente me agradece a diario, pero ¿se puede saber qué es exactamente lo que me estás agradeciendo?

— Por ser tu mismo alrededor mio. Me haces sentir tranquila y relajada. Se que los demás han aceptado de manera muy positiva que soy una vampira, pero eres él único que ha sido el mas fiel a su forma de ser. Hace muchísimo tiempo que nadie me trataba como lo haces tu y eso me agrada… ¿Qué diría Albus si nos viera? — se preguntó en voz alta con una risa disimulada.

— Pues te diría que soy increíblemente adorable.

Valerie carcajeó — Dudo que "adorable" sea una característica que te describa.

— Entonces, podemos estar de acuerdo en que soy irresistible.

La vampira rodó los ojos y suspiró con una sonrisa en el rostro. Apoyó su cabeza en el hombro de Black y volvió a mirar el cielo — De todas formas, gracias Sirius… Sabes muy bien en todo el lío en el que estoy sumergida, pero tus acciones han sido sinceras y me hacen sentir menos perdida de lo que estaba. Se vienen momentos decisivos y creo que has sido de los pocos que esta plenamente consciente de lo duro e importante que será todo esto para mi.

Sirius pasó su brazo por el hombro de la vampira, abrazándola con suavidad — A veces, es bueno poder bajar la guardia unos segundos para relajarse o distraerse un poco. Aun así, más allá de lo entretenido que pueda ser el juego entre nosotros sabes que puedes contar conmigo, Valerie. Voy a apoyarte en todo lo que es importante para ti.

— Te diría que te estás metiendo en la boca del lobo…, pero creo que ya lo sabes.

Sirius rió — Despreocúpate y vive el momento, que sea lo que te nazca o nos nazca. Cuando todo esto acabo y dejemos de lado los momento oscuros veremos que nos depara el futuro.

— Que así sea — respondió con una sonrisa la vampira y ambos se quedaron en silencio, disfrutando la compañía del otro bajo la luna.


Al día siguiente, al caer la tarde noche, los integrantes de La Madriguera estaban disfrutando de una pequeña merienda, cuando repentinamente Valerie se puso de pie abruptamente con las cejas entrecerradas y moviendo la mano para que todos se quedaran callados.

— ¿Valerie, todo bien? — preguntó extrañado Draco.

— No… Algo no esta bien… ¿escuchan algo?

— No, no oigo nada — respondió Remus.

— Exacto — siseó la vampira.

Todo estaba sospechosamente muy, muy silencioso.

— Están aquí — siseó repentinamente Valerie alertando a todos.

De pronto se escuchó una enorme explosión y las paredes de La Madriguera retumbaron tras un gran estruendo. Todos se dirigieron a la venta donde pudieron ver una enorme pared de extraña transparencia que había bloqueado la explosión.

— ¿Qué es eso? — exclamó Ron impresionado.

— Es uno de mis sistemas de defensa, evita que cualquiera pueda acercarse y nos protege de los ataques — explicó la vampira.

De un extremo del patio una lluvia de maleficios se alzó en el cielo e intentó llegar a La Madriguera, los cuales explotaron metros antes al chocar contra una pared del escudo. Ron no despegaba los ojos de del cielo, como un niño pequeño que acabara de descubrir algo asombroso — Valerie, ese encantamiento es impresionante.

— No lo alabes todavía hasta que esos mortifagos se vayan — replicó con un gruñido la vampira.

Tres veces más cayeron ataques contra la casa, pero el escudo los protegió sin problemas. Las explosiones continuaban haciendo temblar las paredes de La Madriguera, pero la protección de Valerie parecía aguantar sin problemas.

De pronto, un singular malefició se alzó en el aire y golpeó la protección mágica con enorme fuerza. Para terror de la vampira su impenetrable escudo comenzó a resquebrajar para luego, en pocos segundo,s destruirse en miles pedazos.

¡¿Cómo era eso posible?! Ningún mortifago podía tener la capacidad para destruir tan potente encantamiento… a menos que…

— Tom… — susurró la vampira.

— ¿Valerie? — preguntó Remus aterrado.

— Voldemort… Voldemort está aquí — y de pronto un diluvio de bolas de fuego apareció en el aire. — ¡Quedense adentro, que solo los adultos salgan! ¡No llamen la atención! — gritó Valerie, corrió hacia el patio sacando su varita y con rápido movimiento de su muñeca bloqueó el ataque con facilidad. Remus, Sirius, el señor y la señora Weasley salieron tras ella, varita en mano.

— ¡Ya alertamos al resto de la Orden! — exclamó el señor Weasley, miró hacia atrás con pesar al ver a sus hijos, Harry, Hermione y Draco observándolos preocupados desde la ventana.

A lo lejos, un numeroso grupo de mortifagos se aglomeró, listos para atacar.

— Estén listos para… — pero las palabras de la vampira fueron ahogadas por una voz diferente que resonó a su alrededor. Era una voz fría y clara. No se podía decir exactamente de donde venía. Parecía emitirse del mismo aire — Ahora que tengo vuestra atención… Se que se están preparando para luchar, pero sus esfuerzos son inútiles. No pueden luchar contra mí. No quiero matarlos. No quiero derramar sangre mágica. Entreguen a Harry Potter, Valerie Dumbledore y aquel mortifago traidor — dijo la voz de Voldemort —, y no les haré daño. Entreguen lo que exijo y nos iremos — cuando las palabras se acabaron un silencio reino alrededor de La Madriguera.

— No — la voz de Valerie resonó con fuerza en el patio. Fuerte y claro, su mensaje le había llegado al enemigo.

— La dichosa nieta de Albus Dumbledore… — la fría voz del mago oscuro volvió a sonar en todas partes. — No es sorpresa tal comportamiento por lo que veo… — la vampira apretó su varita con fuerza, cada palabra que escuchaba le hacía hervir la sangre de rabia. — Podemos resolver esto de manera pacifica, solo debes entregarte.

— He dicho que no.

— ¿Quieres que tus amigos sufran las consecuencias? Lamentarás lo que estás haciendo… — se mofó Voldemort. Aquella frase quedó clavada en Valerie. No. Él se iba a arrepentir. Él iba a pagar caro. ¡Él iba a sufrir! — No seas necia y colabora — susurró el mago oscuro.

— Él único necio aquí eres tu — respondió mordazmente la vampira para sorpresa del resto de la Orden. Sirius y Remus le dedicaron una mirada de preocupación y asombro, su postura tensa y lista para atacar les dio una señal de alarma. Dentro de La Madriguera el resto de los jóvenes magos observó absorto el dialogo que se estaba llevando acabo, todos listos para cualquier cosa que fuera a suceder. — ¡Tendrás que vencerme primero si crees que puedes ponerle un misero dedo encima a Harry!

Una horrorosa y fría carcajada resonó en el aire y Valerie se llenó de furia. Nadie, pero nadie se burlaba de ella. — Que así sea — murmuró para si misma y sin que nadie lo esperara gritó — ¡Incarcerous maxima!

Varios mortifagos saltaron por la sorpresa cuando gruesas cuerdas se enroscaron en sus extremidades y cuellos, cortándoles la respiración y haciendo que perdieran el equilibrio.

— Ataquen — susurró la voz de Voldemort. — Bellatrix, Rodolphus y Dolohov vayan por ella. Si encuentran a Potter, tráiganlo con vida.

El resto de los mortifagos que logró evitar las cuerdas o escaparon de ellas se pusieron en formación para combatir.

— ¡Remus, Molly y Arthur, yo me encargo de los mortifagos que se acerquen, ustedes bloqueen cualquier ataque y mantengan a raya al resto!

— ¡Valerie, no puedes pelear sola! — le gritó Remus furioso.

— Necesitamos ganar el mayor tiempo posible hasta que lleguen los demás miembros de la Orden — recalcó Valerie en respuesta. Un maleficio voló por los aires en dirección a la casa de los Weasley, pero Molly y Arthur lo detuvieron con velocidad. — ¡Sirius! — el aludido se giró para mirar a la vampira — ¡Ve por Harry y los demás, llévatelos de aquí ! — le gritó ella. Sirius quiso contradecirle. — ¡Confía en mi! Necesito que los pongas en un lugar seguro antes de que Voldemort tome parte en la pelea. — Muy a su pesar Sirius asintió y se alejó hacia la casa mientras el resto de los magos de la Orden se concentraron en repeler los ataques de los mortifagos que comenzaron a caer con rapidez sobre ellos.

— ¡Tú! — bramó Bellatrix apareciendo frente a Valerie, seguida de su marido y Antonin Dolohov. — ¡Tú eres la nieta de ese viejo patético!

— ¿Enserio? ¿Tu sola lo descubriste? — se mofó furiosa la vampira. Bellatrix chilló ofendida.

Desde afuera del circulo de batalla, Voldemort miró complacido como sus seguidores atacaban al patético número de magos que se le oponían. No había señales del mortifago traidor, por lo que supuso que estaría todavía demasiado débil como para salir a enfrentarlos. Su sonrisa macabra se ensanchó al ver a sus tres mortifagos frente a la famosa Valerie Dumbledore. Decidió mantenerse al margen y oculto entre las sombras como espectador. Pese a la lejanía logró captar las palabras de Bellatrix — Ven con nosotros mocosa y dejaremos a tus amigos con vida.

— Con todo respeto, Lestrange — le escupió la vampira con odio. — Dudo que seas una mujer de palabra.

— ¡Hija de…! — levantó su varita, pero su marido la detuvo. — ¡Bella, no! Nuestro señor la quiere viva.

— ¡Solo quiero jugar con ella un rato! — se quejó la bruja con los ojos crispados por el odio.

— No hay necesidad de alargar este ataque, puedes venir con nosotros por las buenas o por las malas — le recriminó Dolohov.

— No tengo intenciones de cooperar con ustedes — les respondió con indiferencia la vampira.

Lord Voldemort apretó los puños y su sonrisa macabra se ensanchó. Aquella joven era una autentica serpiente, lo podía notar en su forma de hablar, su postura y desplante. ¿Por qué debía portar aquel rostro que solo lograba generar en él un enorme deseo de destruirla? Nadie, se juró a si mismo, nadie se parecería jamás a aquella Valerie… Esa joven podría haber sido una gran adquisición a sus filas, pero con ese rostro su suerte estaba sellada. Pero su curiosidad era más grande ¿qué tan poderosa podía ser la mismísima nieta de Albus Dumbledore?

— Estarás condenando a todos tus amigos, entonces — le sonrió con malicia Dolohov al escuchar la respuesta de la joven Dumbledore.

— Los únicos que están condenados al fracaso son ustedes. ¡Perros falderos de un hombre que no es capaz de salir de las sombras para enfrentar a su enemigo y envía a sus patéticos servidores a hacer las tareas que el mismo podría hacer!

— ¡Cierra la boca! ¡Nadie habla así de nuestro señor, perra inmunda! ¡Te dejaré claro que…! — Valerie giró su muñeca y de su varita salió una luz negra que golpeó a Bellatrix en el pecho. Innumerables cortes surgieron del cuerpo de la bruja y la sangre brotó de cada herida mientras aullaba de dolor y se retorcía. Los magos que la acompañaban se alejaron de Bellatrix espantados. Voldemort observó la escena y comenzó a reír maniáticamente al ver semejante demostración.

Y fue entonces que Valerie se percató donde estaba escondido y explotó. Aquel hombre se escondía, se burlaba de las torturas de sus propios seguidores, pero sobre todo se reía de ella. No logró controlar la inmensa cólera que se apoderó de todo su cuerpo — ¡Cierra la boca maldito mestizo! — bramó furiosa.

Voldemort abrió los ojos sorprendidos cuando una bola de luz oscura salió de la varita de Valerie Dumbledore en dirección a él. ¿Acaso lo había visto? ¡¿Cómo sabia que se encontraba ahí?!

La bola de luz se dividió en varias líneas negras que tomaron la forma de cuchillos y fueron directo al pecho del mago oscuro. Un enorme escudo se formó escasos segundos antes de que los cuchillos pudieran tocar su cuerpo. Anonadado miró a la joven bruja y le sonrió con malicia, tras lo cual comenzó a aplaudirle — No hubiera esperado menos de la nieta de Albus Dumbledore — ella se limitó a mirarlo con odio.

— Veamos que tanto talento tienes — exclamó Voldemort. — ¡Crucio! — un haz de luz gris salió hacia Valerie, pero ella sin inmutarse movió su brazo y desvió el maleficio como si nada. El mago oscuro se relamió los labios, regocijándose. Oh, aquello era tan maravillosamente triste… ¡Cuanto potencial que sería desperdiciado!

De pronto, Lestrange y Dolohov atacaron simultáneamente a la vampira. — ¡No! — bramó furioso el mago oscuro. — ¡Ella es mía!

Valerie se giró y conjurando un escudo se protegió de ambos maleficios, luego movió su mano y apuntó a ambos magos mientras gritaba — ¡Bombarda máxima! — una enorme explosión envió volando por los aires a los dos mortifagos que aullaron de dolor.

La vampira volvió a posar su mirada en Voldemort y chasqueó la lengua furiosa. El mago oscuro volvió a reír de manera desquiciada y nuevamente le aplaudió. — ¡Maravilloso!

— ¿Esos son los seguidores que lograste conseguir? Una horda de ineptos y débiles ¡igual que tu y tu despreciable existencia! ¡Eres un patético mestizo! — bramó la vampira fuera de si.

Voldemort furioso la atacó. ¡Nadie osaba hablarle así! ¡Nadie! — ¡Avada kedavra! — el malefició asesino voló con rapidez, pero Valerie hizo un circulo con su mano y el maleficio se desintegro. — ¿Eso es lo mejor que tienes? — lo desafió.

— Pagarás caro por tu insolencia — exclamó violentamente Voldemort.

— ¡VALERIE! — la voz aterrada de Harry los interrumpió. Sirius lo cargaba intentando llevarlo lejos de la batalla, pero el joven al ver a su amiga frente al mago oscuro no pudo evitar gritar.

— Potter… — siseó con malicia Voldemort y avanzó unos pasos hacia la dirección donde se intentaban llevar al mago de anteojos.

— Tu y yo no hemos terminado — le cortó el paso la vampira, manteniendo una larga distancia entre ellos.

Voldemort carcajeó — ¿Tú contra mi? No vas a poder detenerme.

Y fue entonces que Valerie supo que el mejor momento para sacarle partido a la situación — Oh, nunca dije que iba a ser yo la que te iba a detener… — agitó su varita y una lluvia de rocas voló contra el mago oscuro, mientras la vampira corrió hacia donde había desaparecido Sirius.

Voldemort bramó furioso, intentando repeler aquella malditas piedras. Para cuando lo hubo logrado vio que la nieta de Dumbledore desaparecía por el costado de la casa. — ¡Pequeña estúpida! ¡No podrán esconderse de mi!

Un fuerte crujido se escuchó cerca de él y una voz grave le respondió — ¿Quién dijo que nos estábamos escondiendo de ti? — Voldemort se dio vuelta. Frente a él, con aquella maldita capa negra, el rostro oculto y su antebrazo al aire mostrando la marca tenebrosa se alzaba el mortifago traidor.

— ¡Tú…!

— Buenas noches, Voldemort… ¿O debería decir, mi lord? — se mofó el mortifago con una reverencia.

El mago oscuro lleno de rabia gritó y comenzó a lanzar un sin fin de maleficios. El mortifago los esquivó todos con gran rapidez, comenzando una singular batalla. Ambos caminaban en círculos mientras se atacan a diestra y siniestra con maleficios y encantamientos, pero parecía que ninguno era capaz de sorprender a su contrincante.

Voldemort estaba cada vez más furioso, aquel mortifago, fuese quien fuese era bastante hábil, no podía negarlo. Odiaba cada vez más que escondiera su rostro bajo esa maldita capa negra, como si se se burlara de él en todo momento. Continuó atacando sin descanso, pero era como si su enemigo leyera cada uno de sus movimiento haciéndole casi imposible la tarea de vencerlo. No recordaba haber tenido que esforzarse más de la cuenta en un duelo, exceptuando su pelea contra Dumbledore.

De pronto, Voldemort se percató que casi todos sus seguidores habían caído y los pocos que quedaban en pie se agruparon para poder atacar al resto de la Orden. Iracundo miró al mortifago — ¡No podrás detenerme por mucho tiempo!

— ¡Nunca dije que quisiera detenerte! — le bramó el mortifago con odio. Sostuvo su varita en alto y gritó — ¡Fiendfyre! — Voldemort abrió los ojos sorprendido y aterrado a la vez. ¿Tan poderoso era aquel mortifago traidor como para controlar semejante magia negra?

Un gran ruido se escuchó cerca del traidor, tras lo cual una enorme llamarada de fuego escapó de su varita dando paso a un peligroso maleficio: el fuego maligno. Aquel no era un fuego normal, las llamas parecían tener vida propia. La maldición creó un fuego mágico de tamaño y calor descomunal, la magia negra era palpable en todo el ambiente. Voldemort observó como el traidor movió la varita y controló sin problemas las llamas y girando su muñeca en círculos sobre su cabeza desató el caos. Las llamas empezaron a mutar y se formó una manda de bestias abrasadoras: llameantes serpientes, quimeras y dragones se alzaron, descendieron y volvieron a alzarse, alimentándose de lo que hubiera a su paso.

Con el movimiento de muñeca del mortifago, el fuego siguió un extraño camino rodeando La Madriguera.

— ¡Alejense de ese fuego! — le ordenó Voldemort a sus hombres. Uno de ellos no alcanzó a esquivar la horda de bestias que se abalanzaron sobre él, matándolo instantáneamente.

Cuando el traidor dejó de mover la varita, el fuego maldito formó un circulo alrededor de la casa, dejando a Voldemort y sus mortifagos fuera de este. El fuego crepitó, protegiendo a los magos que estaban en su interior.

El mago oscuro clavó sus ojos en el mortifago traidor, quien todavía ocultaba su rostro bajo esa capucha. El traidor pareció percatarse de la mirada de Voldemort, porque movió su cabeza en su dirección y le apuntó con su varita de la cual todavía emergía fuego — ¡ARDE EN EL INFIERNO! — bramó con voz ronca.

Y fue entonces que el circulo de fuego se expandió hacia afuera con rapidez en busca de aquellos seres vivos que se cruzaran en su camino.

Varios crujidos se escucharon en la oscuridad de la noche y Valerie apreció como todos los mortifagos, incluidos Voldemort, se habían retirado. Tras unos largos y tortuosos segundos de silencio un largo y cansado suspiro salió de la boca de la vampira, agitó su varita diciendo el contra hechizo y aquel horroroso fuego desapareció. Agotada, se dejó caer de rodillas al suelo.

— Valerie… — Sirius apareció entremedio de La Madriguera, corrió y se abalanzó contra ella, abrazándola con fuerza.

Un horrible quejido de dolor y rabia escapó de los labios de la vampira. Enterró su rostro en el pecho del mago mientras numerosas lágrimas de sangre abandonaron sus ojos.

Un desgarrador grito de dolor cruzó el aire, mientras Valerie desahogaba toda su frustración y pena en brazos de Sirius Black, quien no la soltó en ningún momento, entregándole el apoyo y cariño que necesitaba.

— Él… él estaba aquí… — sollozó. — Quise matarlo, yo… yo… De verdad quise matarlo… Pero, pero… No pude… Estoy tan furiosa…

— Lo que sientes es pena, corazón. Toda esa rabia que sientes es solo tu dolor transformado en rabia por el amor que sientes por él.

— Noooo… — Valerie hipó — Ya no lo amo…. — sollozó.

Sirius le acarició la cabeza — Tranquila… No te tortures más por ahora, solo bota lo que sientes.

— ¡VALERIE! — Harry, Ron, Fred y George corrieron hacia ella, pero la vampira no quiso levantar el rostro, todavía derramando lágrimas por las fuertes emociones que llenaban su cuerpo.

— Chicos, dejenla sola un rato… — les rogó Sirius, preocupado. — Necesita un minuto a solas.

Los chicos la miraron sorprendidos al verla apoyada en Sirius y escondiendo su rostro mientras intentaba reprimir los sollozos que salían de su boca. El resto de la Orden se acercó lentamente. Remus tenía alguna heridas en el hombro, Molly respiraba agotada y el señor Weasley tenia un largo corte en la mejilla y la ceja que no dejaba de sangrar.

— ¡VALERIE, SIRIUS! — Ginny y Hermione aparecieron detrás del garaje, sus rostros llenos de transpiración y las miradas aterradas. Sin que les importara la escena se acercaron a la vampira lo más rápido que pudieron.

— Niñas, por favor, dejenos solos… — volvió a pedir Sirius.

— Lo siento, pero no podemos — exclamó Ginny aterrada titubeando. — Se han… se han…

— ¡SE HAN LLEVADO A DRACO! — gritó Hermione espantada.

A una velocidad inhumana Valerie se puso de pie y todos, excepto Sirius dieron un paso hacia atrás aterrados. Los ojos de la vampira estaban rojos y múltiples lágrimas caían por su rostro dejando hilos de sangre en sus mejillas y labios. Era una imagen demasiado terrorífica ante el odio que se apodero de sus ojos. — ¿Draco…? — la voz de la vampira salió quebrada y rota.

— Mientras nos protegía los mortifagos lo atraparon y se lo llevaron cuando el fuego maldito atacó — explicó Ginny mientras lágrimas caían de sus ojos.

Valerie inhaló varias veces, separándose del resto y rugió hacia el cielo.

Un aura negra rodeó a la vampira mientras el bramido sobrenatural salió de su boca y sus colmillos se alargaron, mostrándole al resto una faceta que jamas habían visto que los lleno de terror: el verdadero rostro de un vampiro.

Fue entonces que ella decidió que era momento de que Lord Voldemort se enterara de la verdadera identidad del mortifago traidor, era momento que supiera que Valerie Deanoff había regresado.


Sorpresa! Nuevo capítulo ¿que les pareció? Nos vemos el próximo lunes y espero sus reviews con ansias. Los quiere, Florence!